martes, 17 de junio de 2014

Los siete elementos de sumisión

Aunque se ha escrito bastante sobre las diferentes técnicas que se usan en el bondage y el sadomasoquismo, se ha puesto mucho menos esfuerzo en sistematizar la dinámica de las relaciones de Dominación/sumisión (D/s). Sería un error pensar que éstas consisten simplemente en que el Dominante le da órdenes a la sumisa. Me voy a referir al Dominante como hombre y a la sumisa como mujer, alternando los géneros de vez en cuando, pero lo que digo puede aplicarse a cualquiera de las posibles combinaciones de roles y géneros. También debo aclarar que todo esto se refiere a relaciones de larga duración, no a lo que pasa durante una sesión asilada.

Al hablar de D/s, hay que darse cuenta de que se trata de relaciones en las que conscientemente se elige desviarse de los principios que guían a una relación vainilla: igualdad, autonomía personal, independencia y respeto. Aunque estos valores siguen estando presentes, adquieren una forma distinta por el hecho de que el sumiso le otorga una gran cantidad de poder sobre él a la Dominante, lo que establece una desigualdad básica en la relación. Desde luego, el sumiso va a perder una buena parte de sus autonomía personal. El uso del dolor y la humillación puede dar la impresión a los mal informados de que la relación es abusiva. Sin embargo, todo esto ocurre dentro de los parámetros de “seguro, sensato y consensual”. En particular nos debe preocupar la sensatez, ya que este tipo de relaciones pueden degenerar fácilmente en el abuso psicológico (ver “Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de D/s”). En particular, deberemos prestar especial atención a cosas que puedan dañar la autoestima o que puedan crear dependencia.

Mi propuesta es que una relación de D/s incluye los siguientes siete elementos de sumisión: obediencia, entrega, servicio, disciplina, castigo, actitud y follada mental.

1 - Obediencia

Obediencia es, simplemente, cumplir las órdenes del Dominante. Ésta es la parte más obvia de la relación D/s: uno manda y el otro obedece. Un buen Dominante escoge cuidadosamente las órdenes que da, teniendo en consideración las necesidades de la sumisa y el nivel de desarrollo de la relación. Hay que tener en cuenta que la sumisa es un adulto que vive una vida compleja, con lo que una orden mal pensada puede afectar negativamente su vida. Por otro lado, si el sumiso encuentra que no puede seguir una orden, que debe discutirla o usar la palabra de seguridad para evitarla, su confianza en la Dominante se verá minada. Una buena estrategia puede ser la de delimitar las órdenes a un área de la vida del sumiso que quedaría bajo el control de la Dominante; la más obvia es su sexualidad. Es mejor dejar en paz la vida profesional de la sumisa y las relaciones pre-establecidas que tenga con amigas y parientes… Recordemos que el manipular el entorno social de la sumisa es uno de los signos de abuso emocional. Por supuesto, no se debe ordenar nunca nada ilegal o inmoral; no hay nada más despreciable que un Dominante que usa su sumisa para hacer daño a otros.

2 - Entrega

La entrega significa que la sumisa debe abrirse física y mentalmente al Dominante. Éste puede empezar por afirmar su derecho a tocar íntimamente a la sumisa cuando quiera y donde quiera: sus manos, su nariz, su culo, su coño. El cuerpo de la sumisa está a su disposición para disfrutarlo y para estimularlo con placer o con dolor, a su discreción. Esta entrega física debe venir acompañada de una apertura mental en la que la sumisa lo hace partícipe de sus fantasías secretas, de sus miedos, de sus deseos. De nuevo, el sexo puede ser un buen punto de partida, pero esto se extenderá de forma natural a otras partes de su vida. Por su parte, el Dominante debe abstenerse en lo posible de juzgarla, porque hacer que la sumisa se sienta culpable o avergonzada traicionaría su confianza en él. Ella se ha hecho enormemente vulnerable al revelar sus secretos y si descubre que se usan contra ella su reacción natural será volver a erigir sus barreras defensivas.

La entrega definitiva tiene lugar durante el acto sexual. Aquí debemos abandonar muchos de los escrúpulos del sexo vainilla. A la sumisa no se le hace el amor. Se la folla, con todas las connotaciones de subyugación y humillación que conlleva esa palabra. Puede que se la posea rudamente por detrás, negándole la visión del rostro del Dominante. Puede que se la ate en posturas expuestas y humillantes en las que no pueda negarle el acceso al Dominante o moverse para buscar su propio placer. Puede que se la obligue a ver su propia degradación en un espejo. Puede que ella disfrute de la follada o puede que la deteste, o las dos cosas a la vez, según se lo imponga el Dominante. Y, por supuesto, sólo podrá correrse con su permiso.

3 - Servicio

El servicio quiere decir que el sumiso trabaja para agradar y satisfacer los deseos de la Dominante. Mientras que la entrega es pasiva, el servicio es activo. El servicio también va más allá de la mera obediencia, porque una buena sumisa se esfuerza en anticipar los deseos del Dominante. Por su parte, él debe de tener cuidado de no inhibir su creatividad al ser demasiado controlador. Por supuesto, en la medida de lo posible, el sumiso debe pedir permiso antes de realizar un servicio. El tener a un sumiso bien entrenado en actos de servicio le permitirá a la Dominante relajarse y disfrutar de la relación sin tener que estar pendiente todo el tiempo de decidir lo que hacer a continuación.

4 - Disciplina

La disciplina incluye una serie de ejercicios en los que el Dominante afirma su control sobre la mente y el cuerpo de la sumisa. La manera más evidente de hacer esto en una sesión sería llevar al sumiso por varios niveles de placer y dolor hasta volverlo completamente maleable a su voluntad. En la disciplina es donde la D/s se mezcla con el sadomasoquismo. Tanto el dolor como el placer tienen la propiedad de la “saliencia”, lo que significa que se imponen en la consciencia obligándonos a prestarles atención. Por ese motivo le proporcionan a la Dominante la manera perfecta de invadir la mente del sumiso, ejerciendo su poder de forma irrevocable.

De todas formas, la disciplina va mucho más lejos que el placer y el dolor, y se extiende más allá del tiempo de sesión. El Dominante le dará a la sumisa una serie de tareas para realizar fuera de su presencia con el fin de entrenarla. Éstas pueden incluir, por ejemplo, ejercicios Kegel, llevar un tapón de culo, ejercicios físicos, asignaciones de lectura, horario de acostarse y levantarse, modificaciones en la dieta, escribir un diario, etc. Una forma de disciplina que se les impone con frecuencia a los sumisos es el control de la erección y de la eyaculación. Aunque algunas formas de disciplina pueden ser desagradables, hay que recordar que no se imponen como castigo sino como entrenamiento.

5 - Castigo

Los castigos son necesarios porque el sumiso tiene que enfrentarse con las consecuencias de cometer errores en la relación o en su vida en general. La Dominante puede limitarse a regañarle, puede imponerle un castigo doloroso o puede asignarle una tarea desagradable (ver “Castigar sin pegar en una relación D/s”). El tema de los castigos es delicado porque vivimos en una sociedad tremendamente punitiva que nos expone desde la infancia a la culpa y la vergüenza que conllevan la desobediencia y el fracaso. Por lo tanto, el significado del castigo debe de ser establecido cuidadosamente desde el principio de la relación, enfatizando sus propiedades catárticas y curativas. Así, con la ayuda del Dominante la sumisa puede sacar a la superficie la culpa y la vergüenza asociadas no sólo a su mal comportamiento reciente, sino a errores más graves de su pasado. El dolor y la humillación del castigo erosionan esas emociones negativas, y purifican el ego. Para que este proceso sea verdaderamente curativo es esencial que el castigo termine con un buen cuidado posterior en el que el perdón del Dominante sirva para conseguir que la sumisa se perdone a sí misma. Toda mala acción ha sido pagada y es relegada al pasado, y la sumisa puede avanzar en su vida purificada y libre de culpa. Ha aceptado su debilidad. Ha experimentado el poder que le ha otorgado al Dominante sobre ella. Con ello se ha vuelto más fuerte como persona y mejor como sumisa. Paradójicamente, al entregarse al Dominante ha conseguido liberarse de sus demonios internos.

6 - Actitud

El tener una actitud adecuada significa que la sumisa aprende a desenvolverse y comportarse de una forma que expresa su estado mental de sumisión. Como cada pareja de Dominante y sumisa entiende la D/s de una manera distinta, no todas las sumisas desarrollan la misma actitud. Así, algunas sumisas son mansas y serviles mientras que otras son orgullosas y rebeldes. Por supuesto, el Dominante decidirá qué comportamientos son aceptables cuáles no de acuerdo con la naturaleza de la relación. La actitud apropiada sale de la personalidad del sumiso y es pulida por el entrenamiento hasta producir una desenvoltura y una elegancia que transmite a quien sabe apreciarla la profundidad y la belleza de la relación. Por ejemplo, un tipo de sumisa baja la mirada ante su Dominante, camina detrás de él y habla sólo cuando se le pregunta. Otro tipo de sumisa levanta el mentón con orgullo, reta al Dominante, le mira a los ojos con desafío y dice lo que le parece. Entre estos extremos cabe todo un rango de actitudes, todas igualmente válidas, ya que representan diferentes estilos de entrega, servicio y disciplina.

7 - Follada mental

En inglés se le llama “mind-fucking”, un término que tiene difícil traducción al castellano. Viene de la expresión “don’t fuck with me”, que significa “no me jodas” o “no me vaciles”. Aquí he optado por una traducción literal como “follada mental”. Ésta consiste en juegos psicológicos que la Dominante juega con el sumiso para llevarlo a un estado de derrota y entrega. No hace falta que sea nada complicado, el vacilar o bromear con la sumisa puede ser una forma de follada mental. Sin embargo, en sus formas más elaboradas puede servir para llevarla a un profundo espacio de sumisión, que representa la culminación de su entrenamiento en los otros seis elementos de sumisión. La follada mental requiere una enorme creatividad por parte de la Dominante; es aquí donde muestra su auténtico talento, porque no hay recetas para la follada mental, necesita ser elaborada a la medida de la personalidad del sumiso, de su estado mental en cada preciso momento. Una buena estrategia puede ser el encontrar sus puntos de resistencia, sus conflictos internos, y hacer que se enfrente con ellos. Para lograrlo el Dominante deberá darle a la sumisa su completa atención, concentrándose completamente en leerla. Sin embargo, sin la colaboración del sumiso este proceso estará abocado al fracaso, porque la follada mental no es tanto algo que la Dominante le hace al sumiso como algo que crean entre los dos. Aunque el Dominante tenga mucho talento no le será posible follar mentalmente a la sumisa si ella no se le entrega o si no tiene la disciplina suficiente para seguirlo en el proceso. Por ejemplo, una forma bastante corriente de follada mental consiste en hacer elegir a la sumisa entre dos opciones desagradables. Como la follada mental saca a la superficie sus resistencias, conflictos internos y problemas sin resolver, puede entrañar una chispa de auto-descubrimiento, un paso en un proceso de auto-transformación.

El desarrollar estos elementos de sumisión requiere tiempo y esfuerzo. La Dominante debe ganarse la confianza del sumiso y guiarlo a través de los pasos necesarios para desarrollar cada uno. Por lo tanto, una relación D/s se debe entender como un proceso de entrenamiento, que si se hace bien traerá alegría y satisfacción a los dos participantes. Como pasa a menudo en la vida, lo que importa es el trayecto y no el destino… porque, de hecho, puede ser que no haya ninguna meta que alcanzar.

viernes, 13 de junio de 2014

jueves, 29 de mayo de 2014

Ironías de la vida

Encontrar una geógrafa con la que eres geográficamente incompatible.

Encontrar un químico con quien no tienes ninguna química.

Hablar con un buzo sin entrar en profundidades.

viernes, 16 de mayo de 2014

Ahora escribo en Malicieux Magazine

Malicieux Magazine es una revista online dedicada a tratar temas de sexo y de relaciones… iba a decir “de pareja” pero, como yo, esta revista está abierta a que las relaciones sean entre más de dos, es decir, de poliamor. Me invitó a participar Sonia Encinas, que es la Responsable de Comunicación de la revista. Conocí a Sonia hace tiempo por su blog y luego tuve el placer de almorzar con ella en mi última visita a Madrid. Sonia leyó mi trilogía “Voy a romperte en pedacitos”, le gustó y escribió una reseña preciosa en su blog. He aceptado escribir un artículo al mes. Ya ha aparecido el primero, que trata sobre la “pugna de poder”, una dinámica nociva que se establece en muchas parejas y que si no se controla puede hacer mucho daño. Podéis leerlo siguiendo este enlace…

http://www.plaisirmalicieux.com/magazine/relaciones-y-comunicacion/power-struggle-la-lucha-por-el-poder-en-la-pareja.html

Una vez en la página de la revista, podréis leer varias historias eróticas y artículos sobre varios temas relacionados con el sexo. Ya hay uno que trata sobre BDSM y otro sobre poliamor, así que tendré que aguzar la imaginación para sacar temas originales. Por ahora, ya he empezado una historia erótica con temática de Dominación/sumisión.

¿Y este blog? No os preocupéis, que tengo ideas de sobra para seguir escribiendo aquí. Además, ya sabéis que este blog trata de sexo, pero también de muchas otras cosas.

sábado, 26 de abril de 2014

No tengas miedo

Estoy empezando a pensar que muchos de los que escribimos sobre BDSM nos pasamos metiéndole miedo a la gente. Yo mismo, sin ir más lejos. Los dos artículos más leídos de este blog tratan de cómo evitar el maltrato en las relaciones BDSM: “Cómo reconocer el maltrato en las relaciones BDSM” y “50 Sombras de Grey: ¿una historia de Dominación/sumisión o de maltrato?.

Lo que pasa es que a los que participamos en la comunidad BDSM nos parece fundamental evitar todo tipo de situaciones de maltrato, no sólo por el enorme daño que les hace a sus víctimas, sino que por el efecto negativo que tienen en todos los que practicamos el BDSM de una forma segura, sensata y consensuada, y no queremos que se nos persiga por ello. Sin embargo, a veces las cosas que se hacen con la mejor intención tienen consecuencias imprevisibles e indeseadas. A mí, por ejemplo, me han ido llegando mensajes de sumisas principiantes pidiéndome consejo “antes de hacer una locura” y preguntándome si una larga lista de medidas cautelares eran suficientes para garantizar su seguridad.

Por supuesto, nada puede garantizar tu seguridad al 100%, no sólo en el BDSM, sino cuando te subes a tu coche, a un avión o cuando cruzas la calle. Desde siempre vivir conlleva un cierto riesgo y las aventuras aún más; si no, no serían aventuras. Así que convendría considerar al BDSM como un deporte, si bien no de alto riesgo, sí con un cierto riesgo. Pero ya va siendo hora de decir algo bien alto y bien claro: vale la pena. La mayor parte de la gente que prueba el BDSM -sumisas, Dominantes, sádicos y masoquistas- encuentran lo que buscan y así aumentan considerablemente su nivel de felicidad. En realidad, el riesgo de maltrato en una relación BDSM es comparable al de una relación vainilla. Y la mayor parte de los reveses son los mismos que en una relación vainilla: lo peor que suele puede pasar es que te dejen y te rompan el corazón. Sí, de verdad. Los novatos en el BDSM miran aterrados a las varas, las palas, las cuerdas y las cadenas, pero el riesgo en una sesión no suele ser físico sino emocional. Es posible que salgan a la luz cosas que llevabas dentro sin saberlo y que puedes tardar un cierto tiempo en procesar. Pero, si bien una sesión BDSM suscita emociones más fuertes, y potencialmente más peligrosas, que el echar un simple polvo, también disponemos de mecanismos de seguridad de los que no disponen los amantes vainilla: la negociación, los límites, la palabra de seguridad, y un sinfín de consejos y técnicas que se difunden libremente en la comunidad BDSM para todo el que quiera aprenderlas. Las relaciones vainilla se mueven por mecanismos de seducción que pueden conllevar una cierta deshonestidad. Se trata de ver “si me la puedo tirar”, seduciendo, trampeando y excitándola hasta ponerla en un estado en el que no me pueda decir que no… O al menos eso dice el estereotipo. En el BDSM, debido a su complejidad y a la multiplicidad de interacciones disponibles, no cabe hacer eso, hay que negociar la sesión. Es decir, hay que poner sobre la mesa, de antemano, lo que se va a hacer y lo que no se va hacer. Eso aumenta considerablemente las posibilidades de ver venir a los tipos peligrosos, a poco que uno conozca el terreno en el que se está moviendo.

Está bien que el BDSM asuste un poco, pero ése debe ser el miedo que suscitan las montañas rusas y las películas de terror, un miedo sano y divertido. Por supuesto que hay que tomar precauciones, como todo aquel que practica una actividad de riesgo. Pero no debemos dejar que el miedo nos corte las alas y nos impida disfrutar de lo que deseamos. En el BDSM encontrarás mucho más que el simple placer y la satisfacción de unos turbios deseos. Encontrarás una forma de conocerte a ti mismo, de transformarte en una persona más fuerte y más completa. Y hay un riesgo del que también tenemos que hablar bien claro: el riesgo de no hacer nada; de conformarte con una vida gris, vacía, sin sobresaltos, emociones o aventuras. Una vida que contemplarás desde tu lecho de muerte preguntándote si realmente valió la pena haberla vivido. Porque cuando compras seguridad a cambio de libertad a menudo acaban por no salirte las cuentas.

domingo, 13 de abril de 2014

El Sendero del Héroe

Estos días estoy leyendo “The Heroe of a Thousand Faces” (“El Héroe de las Mil Caras”) de Joseph Campbell. Se trata de un estudio clásico sobre mitología publicado en 1949 que ha tenido una influencia muy profunda sobre la cultura, el arte y los movimientos político-sociales desde entonces. Por ejemplo, podemos trazar el linaje de ideas desde las obras de Campbell a “Iron John” del poeta Robert Bly, el libro que lanzó en movimiento mitopoético sobre nuevas masculinidades. Y de ahí a “Women Who Run With The Wolves” (“Mujeres que corren con los lobos”), el libro que establece lado feminista del movimiento mitopoético.

La idea básica de Joseph Campbell es que los mitos creados en todas las culturas tienen importantes rasgos en común. Todos vienen a contar una historia básica, que podemos llamar El Viaje del Héroe o El Sendero del Héroe. Así mismo, en todas estas historias encontramos una serie de personajes o arquetipos, como el Guía, el Guardián del Umbral, la Sombra, el Cambiador de Forma, el Embaucador, el Heraldo y el propio Héroe o protagonista. Campbell postula, quizás siguiendo las ideas del psicoanalista Carl Gustav Jung, que el Sendero de Héroe y todos sus arquetipos forman parte del inconsciente colectivo, una serie de imágenes e instintos que emanan de la estructura ancestral de la mente humana. Quizás esta idea genere un cierto escepticismo, pero es curioso cómo al analizar todo tipo de historias bajo la óptica del Sendero de Héroe, todas acaban ajustándose más o menos a él, sobre todo las que han tenido un mayor impacto sobe el público. Esto incluye no sólo mitos de la antigüedad, sino también novelas y películas contemporáneas. Por ejemplo, es se suele citar como ejemplo del Sendero del Héroe la serie Star Wars, The Matrix o El Señor de los Anillos. Yo me llevé una gran sorpresa cuando, después de terminar de escribir la trilogía “Voy a romperte en pedacitos”, me di cuenta de que el proceso de descubrimiento y liberación sexual de Cecilia Madrigal se ajusta perfectamente al Sendero del Héroe, y muchos de los personajes corresponden a arquetipos. Por ejemplo, para los que la hayáis leído, el Chino es un ejemplo perfecto del arquetipo del Guía, Johnny es un Guardián del Umbral, Luis es la Sombra y Laura es una Cambiadora de Forma.

El Sendero del Héroe se divide en tres actos: Salida, Iniciación y Regreso, dentro de los cuales hay varias etapas.

Acto 1 - Comienzo

  1. La llamada a la aventura: El protagonista recibe una llamada que lo saca de su mundo cotidiano y lo hace enfrentarse con algún defecto suyo.
  2. Rechazo de la llamada: El héroe se muestra reluctante a seguir la llamada, quizás a causa de su defecto.
  3. Ayuda sobrenatural: El héroe se encuentra con un Guía que le ofrece ayuda para su viaje. Si se trata de una historia realista, la ayuda no es sobrenatural, por supuesto, pero tiene un valor simbólico capaz de transformar la mente del protagonista.
  4. Cruce del Primer Umbral: El héroe pasa del mundo cotidiano al mundo de la aventura, a menudo a base de probar su valor y resolución.
  5. Renacimiento (el Vientre de la Ballena): El héroe se encuentra con un obstáculo peligroso; para superarlo deberá dejar algo de sí mismo detrás.

Acto 2 - Iniciación

  1. El Sendero de Pruebas: El héroe se encuentra con una serie de dificultades que le obligan a crecer y superarse.
  2. Encuentro con la Diosa: El héroe se encuentra con un ser poderoso que encarna los aspectos simbólicos de amante, hermana y madre. Con ello se enfrenta a una parte oculta de sí mismo, ganando dominio sobre su vida.
  3. Tentación: El protagonista se enfrenta a una tentación que lo desviará de su camino.
  4. Expiación con el Padre: El héroe se encuentra con una poderosa figura paternal con la que deberá reconciliarse.
  5. Apoteosis: El héroe sale victorioso de su mayor prueba, resolviendo así el defecto con el que comenzó su aventura.
  6. El Premio Final: Como resultado recibe una recompensa, que a menudo regala a otros.

Acto 3 - Regreso

  1. Rechazo del Regreso: El héroe se ve tentado a permanecer en el mundo de aventura.
  2. Huida Mágica: En su huida, el protagonista regresa al mundo cotidiano.
  3. Rescate: Otro personaje deberá rescatar al héroe para traerlo de vuelta a casa.
  4. Cruce del Segundo Umbral: El protagonista se enfrenta a un Guardián del Umbral que le niega el regreso y así recupera su humanidad.
  5. Amo de Dos Mundos: Como recompensa, el protagonista gana control tanto sobre su mundo cotidiano como sobre el mundo de aventura.
  6. Libertad de Vivir: Al final de su aventura, el héroe ha sufrido una transformación que le permitirá disfrutar del resto de su vida.
Por supuesto, no todas las historias tienen un final feliz. Sin embargo, incluso en las tragedias el protagonista va pasando por estas distintas etapas, sólo que en muchas sale derrotado y al final es vencido por el destino o su problemática interior.

Creo que el familiarizarse con el Sendero del Héroe y todos los arquetipos asociados a él puede ser de una enorme ayuda para el novelista, ya que le da las herramientas para dotarle darle a su historia de la profundidad necesaria para llegar al inconsciente del lector y allí remover sus emociones e instintos más básicos.

Referencias

  • Bly, Robert. Iron John - A Book About Men. Vintage Books (Random House), 1992.
  • Campbell, Joseph. The Heroe of a Thousand Faces. Princeton University Press, 1949.
  • Pinkola Estés, Clarissa. Women Who Run With the Wolves: Myths and Stories of the Wild Woman Archetype. Ballantine Books, 1996.
  • Thorn, Han Li. Conflicting Desires - Notes on the Craft of Writing Erotic Stories. Velluminous Press, 2007.

domingo, 6 de abril de 2014

¿Cómo vivir nuestra vida? Hedonismo y eudamonía

El otro día asistí a una charla que resultó ser inesperadamente interesante. La daba el Dr. Steve Cole, profesor del Departamento de Hematología-Oncología de UCLA, y se titulaba “Social Regulation of Human Gene Expression” ("Regulación social de la expresión de genes en humanos", el enlace es a una charla anterior con el mismo título, en YouTube). El profesor Cole planteó una de las preguntas filosóficas más básicas: ¿Cómo debemos vivir nuestra vida? Es decir, ¿qué es lo que buscamos en nuestra vida? Simplificando mucho las cosas, se puede decir que hay dos actitudes básicas ante la vida.

1.    Hedonismo. Ésta es una palabra que a mí siempre me ha sonado mal, pues me recuerda a “hedor”, pero en realidad no tiene nada de malo. Se trata, simplemente, de vivir para ser feliz. No estamos hablando sólo de placeres carnales, como el comer bien y el follar bien, sino de todo aquello que nos haga la vida más grata, como el tener buenos amigos, una pareja y una familia que nos llene, un trabajo creativo y agradable, viajar, leer buenos libros, ver buenas películas, oír buena música, etc. Es la filosofía propugnada en la Grecia clásica por Epicuro, basada en perseguir el placer y evitar el sufrimiento, de forma moderada y racional.

2.    Eudamonía. Esta actitud ante la vida se le suele atribuir a Aristóteles, aunque también se relaciona con el pensamiento de Sócrates y Platón. Según ella, debemos vivir para cultivar la virtud, es decir, desarrollar nuestras potencialidades como seres humanos… Si no entiendes lo que eso quiere decir, te confesaré que yo tampoco. Sin embargo, el Dr. Cole propuso una definición bastante más precisa. Para él, la eudamonía consiste en vivir para satisfacer un ideal que nos trasciende a nosotros mismos, es decir, el querer cambiar el mundo para mejor, dejar algo detrás cuando nos muramos. Si queréis, podemos englobar en la eudamonía ideales religiosos como el servir a Dios (Cristianismo), la unión mística con Dios (Hinduismo), el eliminar el sufrimiento (Budismo), etc. Pero también entrarían en ella ideales no religiosos como el llevar a cabo la revolución del proletariado (marxismo), el desentrañar los misterios del universo (ciencia), el salvar al medio ambiente (ecologismo), establecer la igualdad de la mujer (feminismo), etc. En definitiva, en vez de perseguir solamente nuestra felicidad personal, se trata de trabajar en pos de un ideal mayor que nosotros mismos.

Si te paras a pensar, hay mucha gente que vive una vida de eudamonía, mucha más de la que cabría sospechar en un principio. De hecho, casi todas las personas que han hecho algo admirable en al vida entrarían en este grupo. Eso no deja de ser curioso, porque a primera vista cabría sospechar que casi todo el mundo es hedonista. De hecho, el capitalismo y su “lógica de mercados” se basa en la asunción de que todo el mundo se guía por principios hedonistas de maximizar su bienestar, lo que nos llevaría a consumir cada vez más. Por el contrario, la supervivencia del planeta parece depender en que una buena parte de la especie humana adopte una mínima actitud de eudamonía y se sacrifique para dejar un planeta viable a las generaciones venideras.

Patrón de expresión de genes en ratas aisladas socialmente (Lonely) o viviendo en grupo (Socially Integrated)
Pero bueno, ¿qué tiene que ver todo esto con los genes? ¿Por qué se pone un investigador en biomedicina a hablar de Epicuro y Aristóteles? Aquí es donde viene lo más interesante. En lugar de tomar una actitud determinista, tan frecuente estos días, en la que se cree que los genes determinan nuestro comportamiento, el Dr. Cole se puso a estudiar la relación inversa: cómo nuestro comportamiento, incluso nuestra actitud ante la vida, dirige la expresión de determinados genes. Para hacerlo extrajo muestras de sangre de animales de laboratorio y de personas, de las que aisló células del sistema inmune (normalmente llamadas “glóbulos blancos”) para medir en ellas la expresión de más de un millar de genes. Lo primero que vio, tanto en ratas como en monos como en humanos, es que el aislamiento social aumenta la expresión de cerca de un  centenar de genes asociados con la inflamación y disminuye la expresión de otro centenar de genes asociados con la respuesta inmune, sobre todo contra virus. Luego utilizó la misma táctica para estudiar cómo la actitud ante la vida, hedonismo o eudamonía, afecta a estos conjuntos de genes. Para averiguar si una persona determinada se inclinaba hacia el hedonismo o la eudamonía realizó una serie de test psicológicos. Test similares sirvieron para medir la satisfacción de esas personas ante la vida. Encontraron que un grupo nutrido de personas tenían una vida bastante feliz, y que entre ellos se encontraban tanto los que practicaban el hedonismo como la eudamonía. Sin embargo, los test de expresión de genes revelaron diferencias importantes entre los dos grupos. Los que tenían una filosofía hedonista tenían un perfil similar a los que se aislaban socialmente, con alta expresión de genes pro-inflamatorios y baja expresión de genes de respuesta inmune. Aquellos con filosofía de eudamonía, por el contrario, tenían baja expresión de genes pro-inflamatorios y elevada expresión de genes de respuesta inmune. Y el caso es que los genes pro-inflamatorios, como la interleucina-6, aumentan el riesgo a una importante serie de enfermedades, como las asociadas con el sistema cardiovascular.

¿Quiere decir esto que la eudamonía es más saludable que el hedonismo? Creo que esa sería una conclusión prematura. Quizás lo que nos quiera indicar el experimento es que el hedonismo se parece un poco al aislamiento social, ya que todo se centra en uno mismo, mientras que la eudamonía es una actitud más abierta al mundo, una actitud de dar en vez de recibir. Sea como sea, podemos quedarnos con una conclusión mucho más fundamental: nuestros genes no determinan lo que somos, nosotros determinamos qué genes se expresan en nuestro cuerpo. No lo hacemos directamente, claro está, sino en base a cómo decidimos comportarnos, en qué ambiente nos movemos e incluso las decisiones más profundas que tomamos sobre cómo queremos vivir. En definitiva, tu salud y tu felicidad dependen de lo que hagas hoy.

sábado, 22 de marzo de 2014

Consejos a una sumisa principiante

Lo siento, pero para no complicar demasiado las cosas me voy a referir solamente a las sumisas, con ese género, aunque casi todo lo que voy a decir se puede aplicar igualmente a un sumiso. Tampoco voy a intentar dar consejos a una Dominante. Sin embargo, uso aquí la palabra “sumisa” con el significado más general que se le da en español, es decir, no sólo como quien quiere ser sumisa en una relación de Dominación/sumisión (DS), sino también a las masoquistas o las inclinadas a someterse al bondage (“Bottoms”, en inglés). Por último, señalo que lo que voy a decir se basa en mis experiencias y opiniones personales y que lo escribo sabiendo de antemano que hay otras opiniones al respecto, algunas basadas en mitos y creencias que no comparto.

1.    Ante todo, ten en cuenta tu seguridad. El BDSM es algo muy complejo y no exento de peligros, que muchas veces vienen de la dirección más inesperada. Se suele temer al dolor y al daño físico, cuando es realidad es mucho más preocupante la rotura del consenso, que puede llegar hasta la violación, y el abuso psicológico (sobre ello leed mi artículo “Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de Dominación/sumisión”). Aprende bien el significado de “Seguro, sensato y consensual” y cómo se lleva a la práctica con la negociación de una sesión, el establecer límites y el uso de la palabra de seguridad. Otra cosa que puede tener consecuencias muy graves es que revelen tu afición al BDSM, “sacándote del armario” en contra de tu voluntad. Esto puede acarrear pérdida del trabajo, de hijos, rotura de la pareja, etc.

2.   Juega contigo misma. La mejor manera de aprender sobre tu cuerpo, tus fantasía y tus límites es empezar a practicar el BDSM tú sola. Sí, se puede hacer y es muy divertido. Busca un momento y un lugar en que nadie te vaya a molestar, incluso si haces ruido. Ya lo sé, para algunas personas esto puede ser difícil, pero siempre existe la manera, aunque te tengas que ir a un hotel o a casa de unos amigos comprensivos. Prepara bien el ambiente, cerrando puertas y ventanas. Desnúdate o ponte tu ropa erótica preferida. Empieza por masturbarte con tu fantasía favorita BDSM. Luego puedes darte azotes, probar consoladores o tapones de culo (“butt-plugs”), hacerte corsés de cuerda… ¡lo que se te ocurra! Si te atas a ti misma, asegúrate que dejas siempre libre la mano derecha (a no ser que seas zurda).

3.    Cómprate tus propios “juguetes”. Es importante que tengas tus propios consoladores y tapones de culo que no use nadie más, así que empieza por ahí. Si te gustan las mordazas, hazte con la tuya propia. También es buena idea tener muñequeras y tobilleras a tu medida y una pequeña pala o cepillo de madera para pegarte (si te gusta eso).

4.    Lee mucho sobre BDSM, tanto novelas eróticas como libros de información práctica. Cuanto más informada estés, mejor evitarás los peligros y mejor te lo pasarás en las sesiones. La literatura erótica es lo mejor que hay para definir tus fantasías y los roles que quieres probar.

5.    Intégrate en la comunidad BDSM (mejor en la vida real, pero si no puedes, en internet). No lo hagas sólo para buscar a un Dominante, primero busca gente con la que intercambiar experiencia y opiniones, sobre todo otras sumisas como tú. Haz amigas y amigos. Ve a encuentros y fiestas con la idea de charlar, aprender y mirar, más que ligar. No tengas prisa por encontrar “Tu Dominante”, piensa que si te emparejas con el Dominante equivocado eso te mantendrá alejada de alguien que es realmente compatible contigo. No podrás elegir bien hasta que tengas mucha información a tu alcance.  

6.   Juega “por sesiones” durante al menos un par de años antes de siquiera plantearte una relación DS a tiempo completo (24/7). Ten en cuenta que la relación 24/7 no tiene por qué ser deseable ni convertirse en tu meta. Muchas personas practican el BDSM sin hacer eso. Jugar por sesiones te permitirá probar algo distinto en cada sesión y tener tiempo entre sesiones para procesar tu experiencia y decidir lo que quieres hacer la próxima vez. Si alguien intenta convencerte de que empieces una relación 24/7 siendo una novata, aléjate de él lo antes posible. Ese es uno de los indicios más claros de un Dominante peligroso.

7.    Juega con varios Dominantes antes de elegir a uno en particular. Sí, me has leído bien: al principio es mejor ser promiscua. Cada Dominante (Top) tiene un estilo distinto y diferentes habilidades. No hablo sólo del uso de juguetes sino, más importante todavía, la capacidad de llevarte a un estado mental determinado (el llamado “sub-space”) donde tus fantasías más profundas se hagan realidad. Nunca podrás evaluar lo bueno que es un Dominante hasta que hayas probado con varios. No te creas los mitos románticos de “la entrega” y del Dominante hecho a tu medida que va a aparecer enseguida. Encontrar la relación ideal requiere tiempo y esfuerzo, pero nadie dice que no te lo vayas a pasar bien mientras la buscas.

8.    Ten en cuenta que follar no es un requisito para hacer una sesión BDSM. Si sólo buscas una azotaina, o que te aten, plantéalo directamente desde el principio y establece que el follar está fuera de tus límites. Nunca te dejes chantajear, si él no quiere jugar si no follas con él, y a ti no te apetece, dile que no y en paz. Nunca te veas forzada a hacer algo que no quieres. Por otro lado, si quieres BDSM  y sexo, hazlo con las debidas precauciones contra las enfermedades de transmisión sexual. Usar condón debe ser un requisito absoluto. Además, si practicas el sexo con varias personas es muy aconsejable hacerse un panel de enfermedades de transmisión sexual al menos una vez al año, que debe incluir HIV (SIDA), sífilis, gonorrea, clamidia y herpes genital. Pídele al Dominante de turno con quien vayas a follar los resultados de este análisis.

9.    Un Dominante tiene que ganarse tu confianza, no tiene derecho a ella de entrada. La confianza de una sumisa se gana escuchándola, preocupándose por sus gustos, sus fantasías y sus límites. Y también mostrando lo que el Dominante puede aportar a la relación, sus conocimientos, sus empatía, su seguridad en sí mismo… su capacidad para dominar, en definitiva. La confianza requiere tiempo, tiene que ser construida paso a paso, no puede ser instantánea. Una relación BDSM que valga la pena expone partes muy vulnerables tanto de la sumisa como del Dominante; no se llega a ellas tan fácilmente.

10.    Mantén una actitud abierta sobre cuáles son tus gustos y tus inclinaciones. Es como la comida: algunas cosas no sabrás si te gustan o no hasta que las hayas probado. No seas dogmática ni pongas barreras innecesarias. Una buena forma de aproximarse a algo que no sabes si te va gustar es masturbarse imaginándote que lo haces. Imagínate que te sometes a otra mujer, o que dominas a un tío. Tu propio cuerpo te dirá la verdad sobre tus gustos. Pero ten en cuenta que a menudo la realidad sobrepasa a las fantasías.

11.    Define tu rol, no dejes que nadie lo defina por ti, ni aceptes convenciones que van contra tus gustos. No dejes que te encasillen los demás, incluso (¡sobre todo!) tu Dominante. En el BDSM se puede ser muchas cosas aparte de sumisa en una relación DS. Si te atrae el dolor erótico, serás masoquista. Si lo que te gusta es que te aten, lo tuyo es el bondage. Incluso dentro de la DS hay muchas modalidades: Amo/esclava, Papá/niña, Maestro/discípula, disciplina doméstica, etc. (Ver mi artículo “El BDSM en toda su rica variedad”).

(Dedicado a kittylaura de FetLife)

jueves, 13 de marzo de 2014

El Mito del Dominante Nato

En foros BDSM de internet es frecuente encontrarse a alguien (hombre o mujer) que piensa más o menos así:

“Yo soy Dominante desde que tengo memoria, así que esto es una característica básica de mi personalidad. En mi trabajo, con mis amigos y con mis familiares tengo tendencia a controlarlo todo, a dar órdenes y querer imponer mi voluntad. En la mayor parte de esas situaciones debo reprimirme para que no me miren mal, pero en el ambiente BDSM por fin puedo expresar mi auténtica naturaleza sin ambages. De hecho, se me respeta y se me admira por ser tan Dominante. Hay muchos que aspiran a ser Dominantes como yo, pero no son más que fraudes, personas que no han nacido con mi impresionante personalidad. Van a clases de BDSM, leen libros, preguntan en los foros, sin darse cuenta de que si fueran Dominantes de verdad, como yo, no les haría falta nada de eso. En el fondo lo que hacen es jugar a asumir el rol de Dominante, pero no lo llevan dentro como me pasa a mí. Creen que esto es un disfraz de quita y pon, así que los verás un día haciendo de Dominantes y otro de sumisos, pero en realidad no son ninguna de las dos cosas. Lo mismo pasa con las sumisas: hay sumisas de verdad, que lo llevan en el alma, y sumisas de mentirijillas, que sólo juegan a serlo porque está de moda o porque piensan que así pueden atraer a algún hombre interesante. Como Dominante auténtico, yo necesito estar con una sumisa que también sea auténtica. Si alguna me viene con un montón de límites, palabras de seguridad y otras zarandajas, eso es señal de que no es una sumisa auténtica, que no está preparada para aceptar la voluntad de un Dominante impresionante y auténtico como yo.”

Creo que ésta es una actitud errónea por varias razones:

1.    Si el ser Dominante fuera una característica innata, sería genético. Habría familias con muchos Dominantes y otras con muchos sumisos, pero no es así. Por el contrario, en países multiculturales como EE.UU. el BDSM parece asociarse a determinadas culturas, por ejemplo, el catolicismo y el judaísmo. Por lo tanto, el gusto por dominar o someterse deriva de factores culturales, no innatos.

2.    No existe asociación entre ser dominante y controlador en la vida real y ser Dominante en el plano sexual y BDSM. De hecho, muchos sumisos y sumisas ocupan puestos de autoridad en la vida real. El rol que se elige tiende a compensar la situación en la que nos encontramos en el día a día.

3.    El entender la dominancia desde esta perspectiva puede crear actitudes mentales poco sanas, como el autoritarismo, el egocentrismo, el narcisismo y el desprecio a los demás.

4.    Los papeles de Dominante y sumisa son elegidos de forma consensuada después de una negociación, para disfrute mutuo. No se trata de que el Dominante conquiste a la sumisa en base a su arrolladora personalidad. Eso pasa en las novelas y las fantasías, no en la vida real.

5.    La creencia que ser Dominante es algo “que se lleva en la sangre” puede llevar a desdeñar el aprender de otros con más experiencia. Eso resulta en sesiones menos sofisticadas y menos seguras.

6.    El exigir a una sumisa que sea “auténtica” sometiéndose al Dominante sin respetar sus propios límites puede llevar a situaciones de maltrato, como las que exponía en otro artículo de este blog.

7.    Los mejores Dominantes entienden este rol como un acto de servicio en el que guían a la sumisa a encontrar su placer y su felicidad. Entender la D/s como la mera satisfacción de los deseos del Dominante no suele funcionar bien a largo plazo.

8.    Personas que practican el BDSM durante muchos años suelen evolucionar en sus gustos. Algunos empiezan a cambiar de rol (“switch”) o aprenden técnicas o relaciones nuevas. Hacer siempre lo mismo termina por aburrir, mientras que el BDSM ofrece enormes posibilidades de exploración y descubrimiento interior. Encasillarse en un rol determinado es empobrecedor.

Creo que el BDSM puede ser algo más profundo que el pasar un buen rato, hacer realidad determinadas fantasías y masajearnos un poco el ego. Puede ser un camino de autodescubrimiento y transformación personal. Estos mitos que lo entienden como una interacción de roles estáticos cierran estas posibilidades y empobrecen la relación.

lunes, 24 de febrero de 2014

Mujeres cabreadas


"Mujer enfadada" por Nicolai Fechin
Éste es uno de esos artículos de mi blog que me resisto a escribir. Son temas complicados, con muchas vertientes, que temo no conocer en profundidad. Por eso quiero empezarlo diciendo que lo que voy a decir es más un proceso de exploración personal que una opinión formada. A pesar de ello, es un tema importante en el que creo que mi reflexión puede ayudar a mucha gente en su proceso de descubrimiento personal. Voy a hablar de la relación de las mujeres con la ira. Seguramente a más de una se le ocurra pensar que, siendo hombre, no tengo derecho a opinar sobre esto, lo que en realidad no es más que una forma de censura. Ya he manifestado antes que me considero feminista. Si alguien no está de acuerdo con mis opiniones que exponga las suyas en los comentarios, que para eso están.

Una de las formas más insidiosas que tiene el machismo para reprimir a la mujer consiste en suprimir su ira y su agresividad. Esto se hace a base de estereotipos destinados a menospreciar a la mujer que se enfada: es una “histérica”, una “marimandona” o incluso una “marimacho”. En EE.UU. el insulto universal para denostar a la mujer agresiva es “bitch” (perra) y que aplican tanto los hombres a las mujeres como las mujeres a otras mujeres. La idea detrás de estos reflejos tan enquistados en la sociedad es que la agresividad es uno de los privilegios del hombre que la mujer no tiene derecho a apropiarse. La cólera del macho es algo que impone respeto, mientras que la de la mujer se vuelve enseguida contra ella y se utiliza para minar su autoestima. Máxime cuando una de las reacciones naturales de la mujer enfadada es echarse a llorar, lo que instantáneamente se interpreta como un signo de debilidad e impotencia. El resultado de toda esta represión en el quitarle el poder a la mujer, tanto en el ámbito familiar como en el laboral. En caso de conflicto, la mujer deberá enfrentarse a la cólera del hombre sin poder responder con su propia agresividad. En el peor de los casos, esto marcará el principio de una situación de maltrato físico o psicológico.

A la vista de todo esto, no es de extrañar que la reacción de las feministas es la de reclamar su derecho a la ira y a la agresividad. Y lo han hecho hasta tal extremo que el feminismo ha quedado impregnado desde hace tiempo de una enorme carga de ira. A veces parece que las feministas están empeñadas en una competición interna para ver quién está más cabreada. ¡Y no se te ocurra decirles que se calmen un poco, porque se te echarán encima! Te dirán, y no les falta razón, que tienen derecho a estar enfadadas. Sobre todo si han sufrido maltratos de parte de algún hombre o han experimentado alguna otra forma de represión machista.

Pero no hay que confundir el derecho a cabrearse con la conveniencia de hacerlo. Como señalaba en mi artículo “Cuando el dragón se despierta”, la ira tiene efectos nocivos considerables para nuestra salud mental y nuestras relaciones sociales. Es verdad que los hombres somos más propensos a la ira que las mujeres. Precisamente por ello, hay un momento en nuestras vidas en que nos damos cuenta que tenemos que controlarla. Me consta que muchos hombres vivimos en un estado continuo de vigilancia de nuestra propia agresividad. Los que no lo hacen corren el riesgo de acabar siendo maltratadores, matones o explotadores de los más débiles, porque la cólera y la agresividad tienen la tendencia a convertirse en hábitos peligrosos que ciegan a los que caen en sus manos. Las mujeres, por el contrario, se ven estimuladas por las corrientes de liberación de la mujer a alentar y a expresar su ira. Aunque las mujeres tienen menos tendencia que los hombres a convertirse en maltratadoras, la ira no deja de tener efectos muy nocivos ellas, pues suele venir acompañada de otras emociones negativas como la desconfianza, el temor, la preocupación y la tristeza. Particularmente dañina es la ira que se manifiesta como un continuo estado de malhumor y hostilidad. El científico Richard Davidson, especializado en el estudio de las emociones, descubrió que el cerebro humano funciona en dos estados mutualmente excluyentes: uno dominado por las emociones negativas y controlado por el córtex prefrontal derecho y otro en el que predominan las emociones positivas basado en la actividad el córtex prefrontal derecho. Por lo tanto, cuando emociones negativas como la ira toman el control nos suelen arrastrar a un estado de infelicidad que también dificulta las relaciones sociales. Esto se ve agravado por el hecho de que las emociones tienden a convertirse en hábitos, con lo que una vez que caemos bajo el control de la ira, el miedo y otras emociones negativas, éstas tienden a invadir nuestras vidas, haciéndonos ver todo a través de su particular cristal oscuro.

Lo que me hizo llegar a estas reflexiones fueron repetidos encuentros con mujeres con tremendos problemas de ira en sus vidas. Que no se me malinterprete: no niego que esas mujeres tengan razones para estar enfadadas. De hecho, en muchos casos esa ira proviene de situaciones de maltrato. Tampoco niego que tengan derecho de estar enfadadas. Lo que digo es que la ira se convierte en una secuela más del maltrato que les impiden recuperar una vida normal. La ira enconada muchas veces da lugar a la depresión. Si, por el contrario, la ira se expresa demasiado a menudo, la mujer en cuestión puede verse abocada a una situación de soledad cuando con su hostilidad aleja a los que se le acercan. Como canta Mark Knopfler en “Nadie tiene la pistola”, arremeter contra la persona que nos quiere es completamente autodestructivo.
Thelma y Louise, mujeres en búsqueda de la libertad

La película Thelma y Louise ilustra de manera perfecta toda esta problemática de maltrato, lucha por la liberación, empoderamiento, justificación de la violencia y comportamiento autodestructivo. Louise salva a Thelma de ser violada, lo que desencadena su ira reprimida causada por su propia violación e incapacidad de castigar a su agresor. Al principio las dos viven su fuga como liberación y empoderamiento. En una escena catártica, las dos se vengan en un conductor de camión machista y más bien corto de ideas. Desgraciadamente, las cosas acaban por escapárseles de las manos y se acaban internando en un camino sin salida.


Por lo tanto, el empoderamiento que se supone que se obtiene al expresar la agresividad es cuestionable. ¿Es real o ilusorio? Es fácil llevarse a engaño, porque la ira emborracha, sobre todo cuando es compartida. La indignación, el sentimiento de superioridad moral, el enardecimiento de sentirse parte de un grupo con objetivos comunes, son emociones enraizadas en lo más profundo de la mente humana. Si no son temperadas por la duda y la razón, llevan al fanatismo, al odio y a la violencia. Esos cabreos colectivos en los que tristemente degeneran muchos movimientos políticos y sociales son notorios por su ineficacia. Producen la ilusión de movimiento pero, una vez finalizada la catarsis colectiva, todo el mundo vuelve a casa y nada cambia. Los motores del cambio real es el trabajo continuado, pertinaz y silencioso; el apoyo mutuo; la organización con un reparto eficaz del trabajo; en definitiva, las relaciones humanas basadas en la amistad, el idealismo y el altruismo. Curiosamente, mientras que la agresividad y la mentalidad de guerrero son atributos masculinos, las relaciones personales, la confianza mutua y el desinterés necesarios para crear movimientos sociales eficaces son más propias del carácter femenino. Por lo tanto, quizás lo mejor sería que las mujeres no intentaran tanto apropiarse del dudoso privilegio de la agresividad y la ira, y se aprovecharan de lo que saben hacer mejor: hacer amigas y colaborar. Ahí es dónde se encuentra el verdadero poder.

Como decía al principio, todo esto no son más que una amalgama de ideas en proceso de formación. Por supuesto, he simplificado mucho lo que es en realidad un problema enormemente complejo que no se presta a soluciones fáciles. Por eso estoy particularmente interesado en conocer qué experiencias habéis tenido con la ira en vuestras vidas.