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jueves, 18 de junio de 2020

Un ejemplo de maltrato en una relación virtual de BDSM


Hace un par de meses una lectora, Artemisa, me escribió para decirme que un artículo de este blog, Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión, le había sido muy útil para entender lo que había salido mal en su última relación. He pensado que ponerlo en el blog sería interesante para todas. Así que, sin más preámbulos, esto es lo que escribe Artemisa. 

El día anterior a leer el artículo Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión, había dado por conclusa esta relación que, gracias al confinamiento, se ha desarrollado solamente en el mundo virtual. Una duración de alrededor dos meses. Leer tu texto me dejó claro que hice bien en darle fin, pero después de hacerlo (¡cuánta consistencia en mantener mis decisiones!) pensé que quizás dar una última opción de conversación real, desde la persona y no desde el personaje, sería saludable. Quizás no era necesaria esa última opción, por tu comentario “Cuando se niegan a hablar es que la relación no tiene posibilidad de rescate”, pero la decisión ya está hecha. Tampoco creo que fructifique y más habiéndole informado que yo había escrito en esta entrada, por lo tanto, sea lo que sea que publiques o me propongas publicar de esto que te estoy escribiendo, será posible que él lo lea. Mejor será así, dar voz y visibilidad a lo “oculto”. Que se ventile para que sea lo que tenga que ser. Sensación de participar en el “Me Too”.

Contextualizo: yo viví el mundo del BDSM a consciencia unos dos años. Entiendo que cada quién vive su proceso, y por conversaciones mantenidas entiendo que se produce una revisión vital desde los nuevos lentes, que sería poner nombre a preferencias, y se detectan transversalmente en la vida de cada quién. Por ello hablo de vivirlo conscientemente en ese periodo. En fin, durante esos dos años, y al reconocerme como sumisa, viví experiencias que no se las deseo a nadie. Descarté continuar en él y me desvinculé también del mundo virtual. Hace unos dos meses reapareció este hombre, con quien había tomado un café un día. Cordial y respetuoso ese café, además de mucha atracción mutua. Posteriormente, la comunicación no fluyó y descarté absolutamente nada con esta persona. De ello hace como dos años y medio. En este tiempo volvió a comunicarse conmigo, y yo no continuaba la conversación, indicándole que no era de mi interés. Por lo que se ve (yo ya ni lo recordaba) bloqueé su número, pero supongo que debí de desbloquear otros mecanismos de comunicación. Hace dos meses volví a indicarle que mi vida abrazaba mucho más que el BDSM, que no era mi único eje de expresión humana, que mi vida incluía mucho más. Era más, me había jubilado del BDSM - el precio que pagué había sido demasiado elevado para mí y no deseaba exponerme más. Avisé que descartaba el juego sin conocer a la persona exenta de su personaje: primero te quiero conocer, luego ya veremos si jugamos. Aceptó. Es un hombre hábil, ciertamente. Fue descartando cada uno de mis avisos y mi información previa. Al darme cuenta, yo lo iba señalando. Me sentía como en otras situaciones desagradables que yo había vivido. Yo intentaba discernir si era el halo de aquellas, que ahora impregnaba lo que vivía, o si bien el “tufo” salía realmente de ésta relación. Fui sincera, le informé de ello. No siento que salga del personaje, ello me genera toda la desconfianza del mundo. En el momento que me ordenó una práctica que sumaba la transgresión de dos límites míos, sentí que me paralizaba, comencé a sentir ansiedad y terror. Decidí que ahí aquello había finalizado. Se lo comuniqué. Su respuesta fue una afirmación: “me has utilizado…”. Ello se ubica en algo enunciado en el artículo del blog: “provocar sentimientos de culpa”.

Después de esta larga contextualización, van los puntos, tal y como se los escribí a él. Agrego cuestiones a clarificar y/o ejemplos vividos (he utilizado palabras de Hermes en el texto, aunque quizás no cite correctamente su artículo):

  1. Considerar los límites de la sumisa como algo a superar. Le señalé mis límites, pero él no los aceptó y presionaba para desgastarlos o romperlos. Viví las siguientes emociones: ansiedad y miedo. No era SSC (seguro, sensato y consentido). Su insistencia continuada era: tú no tienes límites. Yo insistía que evidentemente sí tengo, otra cuestión es estar en el juego de que le guste oírme decir que no tengo, teniendo presente cuáles son. Él insistía en que yo era su esclava.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”.  Ni siquiera hubo ocasión para conversarlo. No es SSC.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. Le informé repetidamente de mi ritmo. Pero él no respetó mi ritmo, con exigencias y manipulaciones para que yo lo descarte. No era SSC. Reiteradamente le informaba que era demasiado rápido para mí, que me ordenaba y presionaba a decir “sí” a prácticas que jamás había vivido, algunas ni habían estado en mi imaginario, otras que yo había descartado, otras más que yo había ubicado en el mundo de las fantasías y jamás en el de la realidad. Jamás dije “sí” a todas. A otras dije “sí”, aunque eran futuribles. A algunas que dije “sí” y era “no”, y viví las consecuencias. Me alegro que sólo fuera por escrito, que la palabra tiene fuerza, mucha, pero la energía de la presencia ya es delicada, delicada y delicada, y me alegro de no haberla vivido.
  4. Provocar sentimientos de culpa. Cuestionaba mi comportamiento, pero nunca el suyo. Aseguraba que tenía intención de dañarle con mis actos, se victimizaba. Conviertía mi sumisión en una obligación. No era SSC. Sentía que todo era queja, no asumir su responsabilidad, ubicar toda la responsabilidad en mí. Me encaja con la teoría de la atribución causal de Heider: la causa de lo que para él eran “fracasos” era yo, y la de los “éxitos”, él. Absoluto desequilibrio. Un ejemplo: A raíz de irme ordenando por texto la ejecución una práctica nueva para mí, donde de repente él despareció, viví el “bajón de sumisión” -creo que se le sumó que en ese momento yo experimentaba un día de la fase premenstrual, y yo soy muy sensible a los ciclos de mi cuerpo-. Sea lo que sea, le pedí acompañamiento en esta experiencia -empatía, compasión- y, cuando finalmente se comunicó, recibí quejas y reproches.
  5. Exageraciones y mentiras. Llegó a decir que perdía la oportunidad de mi vida si le dejaba. Yo le dije: lástima que hayas escrito esto. Mira dónde se ubica. No era SSC. (En este ejemplo, sentí un rechazo infinito hacia esa persona).

¿Qué hacer cuando se detectan estos síntomas? Le ofrecí una última oportunidad de conversación, pero no escrita, porque así no me sirve. Por aquello de que soy rematadamente optimista y me quedo tranquila una vez agotadas todas las posibilidades.

No creo que él proporcione este espacio. Quizás es saludable para mí que yo lo descarte. Es complejo gestionar la ambivalencia de las sensaciones y los deseos y alinearlos con las alertas que aparecen. Es complejo discernir si emanan de lo que se está viviendo o son reminiscencias de lo vivido en otras situaciones. Quizás meditar, ¿verdad?

Aún y con ello, para ser sincera, reconozco que experimenté el “espacio de sumisión” del que Hermes habla en otra entrada (lo leí después de experimentarlo, así pude nombrarlo), aunque no sé cuánto de autosugestión pudo llegar a existir en ello, pues se dio desde un lugar de desconocimiento real de la persona, así que supongo que obedecía a mi imaginario. Tengo dudas al respecto: ¿cuánto se explica desde la supuesta relación D-s y cuánto a factores ajenos a ella?

El ejercicio de escribirte, con su posible publicación, me facilita la objetivación de las vivencias. Me queda claro, otra vez, como en aquellos dos años dentro del BDSM, ¿con quién estoy? ¿Cómo lo estoy permitiendo? ¿Por qué no me escucha? No es el BDSM, no, son los hombres con quien yo me he topado. Mi parte de responsabilidad es elegir inteligentemente y todavía no soy hábil en ello. Lo sé porque he vivido una relación que se suponía que no se hallaba en el BDSM y resulta que lo fue. Fue precioso.

Gracias por proponérmelo, gracias por leerme. Sea lo que sea, a mí me ha ayudado, si es útil para otras personas, será una alegría.

Un abrazo,

Artemisa           

lunes, 13 de abril de 2020

Once posiciones para un spanking

Dar una azotaina es bastante fácil, pero dar una azotaina que sea buena de verdad, que no sólo te pone el culo rojo sino que se te sube a la cabeza, eso ya requiere un poco de técnica. Entre otras cosas, es bueno saber las diferentes posiciones en la que se puede dar un spanking, cuándo usarlas, y los efectos que tienen tanto en el cuerpo como en la mente.

Ya que por ahora no existen términos parecidos en español, usaré los términos en inglés que mucha gente maneja: spanker es quien da los azotes y spankee quien los recibe. Spanking se traduce al español como azotaina, así que usaré estos términos como sinónimos. Por supuesto, spanker y spankee pueden ser de cualquier género, en cualquier combinación de géneros. Sin embargo, para no complicar las cosas, usaré el género masculino para el spanker y el femenino para la spankee.

El placer del spanking. Dibujo de pattydraws (Fetlife).
Varias cosas contribuyen a una buena azotaina. La más obvia son las sensaciones de placer y dolor. Algunas spankees no toleran el dolor pero aprecian la picazón suave y el calor de los azotes ligeros. Para otras una buena dosis de dolor es importante. Algunas posiciones permiten al spanker mover mejor el brazo y alcanzar mejor el “punto dulce”: la zona del culo en la que cae el peso cuando te sientas. Otra sensación importante es el contacto físico entre los participantes. Algunas posturas estimulan los genitales, llevando a una azotaina que es muy sexual. Sin embargo, hay quien preferirá una experiencia menos íntima.

Otros ingredientes de una buena azotaina son mentales. El spanker aprecia una buena vista del culo de la spankee y cómo cambia de color a medida que progresa el spanking. Y la spankee tiene una imagen mental de su aspecto mientras que la azotan. El ver expuestos su trasero y su sexo produce una vergüenza erótica que una parte importante de la experiencia. Esto también crea una sensación de vulnerabilidad, que puede ser incrementada en posturas que limitan sus movimientos. Algunas personas consideran el spanking como un castigo, que disfrutan de forma irónica por tener un fetiche de castigo. En ese caso, la vulnerabilidad y la restricción del movimiento aumenta la sensación de sometimiento.

Una última cosa a considerar es la comodidad: un spanking debe doler de forma erótica, pero no por hacer daño en la espalda o las articulaciones. Algunas posiciones no pueden ser mantenidas durante mucho rato, mientras que otras invitan al relax y facilitan concentrarse en las sensaciones y las emociones. Cuando el spanking es un castigo, puede darse en posturas deliberadamente incómodas que se le ordena adoptar a la spankee. No voy a describirlas aquí porque este artículo se centra en spankings que se dan fuera de una estricta disciplina de dominación/sumisión. Tampoco voy a incluir posiciones que incluyen bondage. La comodidad del spanker también es importante. Los movimientos repetitivos y los impactos reverberan en su cuerpo y pueden producir daños que quizás no note hasta horas o días después del spanking, como tendinitis en los brazos o dolores en las lumbares. Es mejor que el spanker tenga soporte para la espalda o pueda moverse libremente sin estar atrapado bajo el peso de la spankee.

He aquí una lista de once posiciones para un spanking y cómo afectan a las sensaciones, la vergüenza, la vulnerabilidad y la comodidad.

1. De pie

Aquí no hay postura: el spanker se aproxima a la spankee por detrás y le pega en el culo. Se usa para azotainas improvisadas y cortas que sirven como advertencia, lo que es a menudo necesario en una relación de disciplina doméstica o de dominación/sumisión. A muchas no les gusta nada que las sorprendan con un azote, así que esto hay que negociarlo por anticipado. Si es consensuado, la sorpresa crea vulnerabilidad y vergüenza, sobre todo si hay otras personas delante. El dolor también es mayor cuando te pilla desprevenida. Para azotainas más largas, estar de pie no es cómodo ni para el spanker ni para la spankee.
Spanking bajo el brazo. Fuente: Erotic Art A-2-Z.

2. Bajo el brazo

Estando los dos de pie, el spanker hace que la spankee se gire y se doble por la cintura, poniéndole el brazo izquierdo alrededor de las caderas y el vientre. Un spanker experimentado puede hacer esto rápidamente para crear un efecto sorpresa. Es incluso mejor si el spanker es fuerte y la spankee ligera de peso, porque así puede levantarla completamente del suelo. La vulnerabilidad es alta cuando la spankee puede sentir el poder físico del spanker. Sin embargo, todo esto pone mucha presión en las lumbares del spanker, por lo que esta postura no es buena para spankings largos. Puede servir para empezar un spanking y luego cambiar a otra postura.

3. Doblada sobre un mueble

Spanking sobre uma mesa. Pattydraws (FetLife).
Se dobla a la spankee sobre un escritorio, una mesa o el respaldo de un sillón. Alternativamente, se hace que se arrodille sobre el borde de la cama, una silla o sobre el asiento de un sillón. En locales BDSM hay incluso bancos de spanking diseñados específicamente para esta postura. El spanker puede presionar sobre la espalda de la spankee con la mano para inmovilizarla. Si el mueble es lo suficientemente alto (por ejemplo, el respaldo de un sillón alto o una tarima) la spankee perderá el contacto de sus pies con el suelo, aumentando su vulnerabilidad. Estar doblada sobre un mueble es bastante humillante. En esta postura el spanker tiene mucho espacio para mover el brazo y puede poner su peso en cada golpe, así que la azotaina puede ser muy vigorosa. Dependiendo del mueble, la postura puede ser bastante cómoda para la spankee, pero sillones con el respaldo duro y estrecho pueden hacer daño en el vientre y las caderas. La mayor pega de esta postura es que apenas hay contacto físico, lo que crea distancia emocional.

4. Sobre el regazo

Ésta es la postura de spanking más clásica. El spanker se sienta en una silla o en el borde de la cama y pone a la spankee bocabajo sobre su regazo. A veces se la llama “sobre las rodillas”, pero en  realidad la spankee está sobre los muslos del spanker y en contacto con su vientre. Normalmente, tanto las manos como los pies se apoyan en el suelo, pero si se empuja a la spankee hacia adelante su pies perderán el contacto con el suelo, aumentando su vulnerabilidad. Las mejores cosas de esta postura es son efecto psicológico, por la imagen mental que crea el tener el culo en pompa, y el contacto con el cuerpo del spanker. A menudo la spankee puede sentir su erección. Sus principales pegas es que si la spankee es grande con relación al spanker, puede haber una tendencia a rodar y caerse de su regazo, lo que puede resultar incómodo para los dos. Otro pequeño problema es que el spanker encuentra más fácil azotar la nalga más alejada de su regazo, con lo que el spanking puede resultar un poco desigual.

5. Cerrojo de piernas

Cerrojo de piernas. Fuente.
Ésta es una variante de la postura sobre el regazo en la que la spankee se apoya sólo sobre uno de los muslos del spanker, quien usa su otro muslo para atrapar las piernas de la spankee. Si se le sujeta una de las manos tras la espalda, la tendremos completamente inmovilizada. La cabeza de la spankee bajará hasta el suelo, mientras que su culo queda en alto y bien en pompa. Como su caderas forman un ángulo más agudo, la zona sensible entre las nalgas y los muslos queda estirada y expuesta a los azotes. Todo ello hace que esta sea una postura muy humillante y de máxima vulnerabilidad. Su mayor problema es la falta de comodidad tanto para la spankee, que sufre presión sobre el vientre y tiene la cara en el suelo, como para el spanker, porque pone tensión en sus lumbares. Por lo tanto, no es aconsejable para spankings largos.

6. A caballo sobre una pierna

Variante de la postura a caballo sobre una pierna.
Erotic Art A-2-Z.
Ésta es otra variante de la postura sobre el regazo que por alguna razón es muy popular en los que practican la disciplina doméstica. El spanker se sienta en un sillón o al borde de la cama, y la spankee se coloca a caballo sobre uno de sus muslos (el izquierdo si él es diestro, el derecho si es zurdo). Entonces la spankee se inclina hacia adelante y el spanker la sujeta con el brazo de forma similar a la postura bajo el brazo. Para completar la inmovilización de la spankee, el spanker puede colocar su pierna derecha tras la pierna izquierda de la spankee para que ella no pueda levantarla, de forma parecida al cerrojo de piernas. La postura puede resultar más cómoda en un sillón, pues así el spanker tiene soporte para su espalda y la spankee puede apoyar la cabeza y los brazos en el respaldo. La posición del culo facilita que las dos nalgas puedan ser golpeadas igualmente. La raja del culo queda abierta y el ano expuesto. El mayor atractivo de esta postura es que pone presión sobre los genitales de la spankee. Si se debate, o simplemente como resultado de las oleadas que generan los azotes, se estimula el clítoris creando un spanking exquisitamente sexual. Por lo tanto, es una buena posición para hacer que una mujer se corra durante una azotaina. La mezcla de dolor y placer crean un estado mental único donde se puede alcanzar un máximo de humillación y vulnerabilidad. Los azotes administrados inmediatamente después del orgasmo son un castigo de lo más eficaz, pues la spankee tiene su mente sensible y receptiva, y se ve frustrada al no poder relajarse tras el placer.

7. Sobre las rodillas

Una manera de hacer más cómoda la posición “sobre el regazo” es que el spanker se siente sobre la cama con las piernas extendidas y su espalda apoyada en la cabecera de la cama. La spankee se tiende bocabajo sobre sus muslos y rodillas, algo más alejada de su vientre. De esta manera el spanker puede alcanzar las dos nalgas con igual fuerza. Otra ventaja es que la spankee descansa todo su peso sobre la cama, lo que resulta más estable y relajado. Si se desea que el culo se ponga más en pompa, el spanker puede cruzar las piernas para poner más volumen bajo el vientre de la spankee. Al ser cómoda y requerir poco esfuerzo, ésta es la posición ideal para spankings largos. Otra ventaja es que hay buen contacto con el cuerpo del spanker. Sin embargo, esta postura no siempre es cómoda para la spankee, ya que tiene que girar la cabeza hacia un lado para respirar. Esto puede acarrear dolores de cuello. Una solución sería sacar la cabeza por el borde de la cama mirando al suelo. Esta posición es menos humillante que otras y evoca una vulnerabilidad moderada. No hay restricción de movimiento: si la spankee decide debatirse, el spanker podrá hacer poco para impedirlo. Un truco para restringir el movimiento es sujetar una o las dos manos de la spankee sobre la parte baja de su espalda.

8. Tijera de piernas

Betty Page en una variante de la tijera de piernas
Ésta es una postura poco conocida que puede resultar muy íntima ya que la spankee tiene expuestos el ano y la vulva al mismo tiempo que el spanker puede verle la cara. Debe hacerse sobre una superficie plana como la cama o el suelo. El spanker se sienta con la piernas extendidas y entreabiertas. La spankee se tiende a su lado izquierdo (derecho si es zurdo) poniéndose medio a caballo sobre su muslo izquierdo de él y entre sus piernas. El spanker entonces pone su pierna izquierda sobre el muslo derecho de la spankee, atrapándolo contra la cama. Es decir, la pierna izquierda del spanker está entre las piernas de la spankee, y la pierna izquierda de ella entre las piernas de él. La spankee tiende a girarse hasta quedar sobre su costado derecho, con lo que el spanker puede verle la cara. La pierna izquierda del spanker fuerza a la spankee a mantener las piernas separadas y puede moverse hasta presionar contra su entrepierna. Conseguiremos así los mismos efectos de abrir la raja del culo y presionar el clítoris que se consigue con la postura de a caballo sobre la pierna. Sin embargo, la presión sobre el clítoris es más sutil y es controlada por el spanker y no la spankee. Y el spanker puede mirarla a la cara para ver los efectos de lo que le hace. Por lo tanto, ésta es la postura en la que se consigue un buen contacto corporal y comunicación. Al ser muy sexual y expuesta, proporciona vulnerabilidad. La postura es muy cómoda para la spankee.

9. Sentado sobre la espalda de la spankee

Una variante de sentarse sobre la espalda que pone
menos peso sobre las lumbares. Erotic Art A-2-Z.
El spanking lucha libre (wrestling spanking) es un juego en el que la spankee no se somete al spanking de buenas a primeras, sino que debe ser subyugada a la fuerza y luego inmovilizada por el spanker. En una variante no hay roles predeterminados, sino que los contendientes luchan y el ganador la da una azotaina al perdedor. En cualquiera de los casos, la spankee deberá de ser inmovilizada eficazmente durante todo el spanking, o se escapará y habrá que volver a empezar. La mejor manera de conseguir esto es poner a la spankee bocabajo y luego sentarse sobre su espalda. Sabiendo que su culo es el objetivo, la spankee se sentará y se negará a moverse. Para ponerla bocabajo se le coge un pie con las dos manos, una en los dedos y la otra en el talón, y se lo hace girar (¡con cuidado!). Instintivamente, la spankee girará el cuerpo para proteger su tobillo, poniéndose bocabajo. Esto le da una oportunidad al spanker para sentársele sobre la espalda. La spankee tendría que ser enormemente fuerte para ser capaz de levantar su peso y el del spanker para liberarse, con lo que lo único que le queda es resignarse y esperar a que el spanker decida dejar de azotarla. Ni qué decir tiene que todo este forcejeo tiene sus riesgos y debe practicarse con sumo cuidado. También hay que tener en cuenta que si el spanker es pesado puede hacerle daño a la spankee en las lumbares, que puede ser serio. Otro problema es que el spanker no puede verle la cara a la spankee y la comunicación es más difícil que en otras posiciones. En resumidas cuentas, se trata de una posición arriesgada, sobre todo si se hace a la fuerza, pero con innegables recompensas por lo humillante y dominante que es.

10. Piernas en alto o “postura del pañal” 

Postura de el pañal, usando una pala. Erotic Art A-2-Z.
Ésta es una postura completamente distinta a las otras porque la spankee está bocarriba. Esto permite al spanker mirarla directamente a los ojos mientras la azota. Se tumba a la spankee sobre la espalda y se le levantan las dos piernas hasta que estén perpendiculares al cuerpo o incluso sobre su cabeza. Esto hace que levante las caderas y exponga el culo. Es relativamente fácil quitar la ropa en esta postura: faldas y vestidos caen por efecto de la gravedad, y pantalones y bragas se agarran en la cintura y se suben por las piernas. Pero incluso pegar por encima de la ropa puede ser muy eficaz, pues las nalgas se estiran y se vuelven más sensibles. La zona alta de los muslos está bien a tiro y puede ser castigada a conciencia. El spanker sujeta las piernas con una mano o las coloca sobre un hombro, moviéndolas hacia delante, hacia atrás o hacia los lados para exponer la zona del culo que quiere azotar. Pero la que está más a tiro es el “punto dulce” justo por encima de la arruga que separa el culo de los muslos, lo que permite concentrar la azotaina en esa zona. Por supuesto, la spankee tiene más fuerza en las piernas que el spanker en los brazos, por lo que si ella quiere debatirse no habrá mucho qué hacer. Empujando las piernas hacia la cabeza y permitiendo que las rodillas se doblen se expone completamente el coño, que podrá ser estimulado o azotado. Es una postura que sorprenderá a una spankee debutante por su originalidad, al mismo tiempo que la hace sentirse humillada y vulnerable. También se encontrará físicamente cómoda en ella, agradeciendo incluso el estiramiento de las lumbares. Pero su mayor ventaja es que el spanker puede mirarla a la cara y leer en todo momento sus reacciones, lo que es muy valioso si se trata de una nueva compañera de juego.

11. La carretilla

La carretilla. Erotic Art A-2-Z.
Se trata de otra postura inusual, quizás la más expuesta y humillante para recibir un spanking. No es fácil de adoptar; spanker y spankee deberán colaborar para hacerlo. Si se quiere quitar la ropa de la spankee esto deberá hacerse antes de adoptar la postura, pues luego resultará imposible. Con el spanker sentado, la spankee se sentará sobre sus muslos dándole la espalda. Con la ayuda del spanker, la spankee se irá inclinando hacia adelante, levantando las piernas a los lados del spanker, hasta quedar con la cabeza en el suelo entre sus pies. Al mismo tiempo, el spanker separa las rodillas y encaja las caderas de la spankee entre ellas. El resultado es que la spankee queda con la cabeza en el suelo, las piernas abiertas a los costados del spanker, los pies en alto y el culo entre las rodillas del spanker. El spanker le pude pegar en el culo como si fuera un tambor - por eso hay quien la llama la “postura del bongo”. Quien sepa tocar el tambor puede convertir el spanking en todo un concierto. La postura abre completamente la raja del culo de la spankee, exponiendo el ano y el coño justo ante los ojos del spanker. Este punto de vergüenza es quizás lo más importante de esta postura, pero también el hecho de que una vez adoptada no es fácil salir de ella. Si el spanker la quiere atrapar completamente, no tiene más que ponerle los pies en los hombros y ya no podrá incorporarse. Ella so está completamente indefensa, de todas formas, ya que puede mover los pies y darle una patada en la cara al spanker.  A pesar de lo extraña que es, esta postura es bastante cómoda para la spankee. Su único problema es tener que poyar la cabeza en el suelo y girar el cuello, lo que se puede solucionar dándole un cojín o una almohada. Una de las cosas que no me gustan de esta postura es que invita al spanker a golpear la parte alta y los laterales de las nalgas, pero no la zona de la asentadera y la juntura con el muslo, que son las partes más eróticas. Los azotes se dan de arriba abajo y no de lado, lo que tampoco me resulta tan atractivo. Pero, en resumidas cuentas, dado los niveles elevados de pudor, vulnerabilidad, contacto físico y pura extravagancia, un spanking en la postura de la carretilla puede ser una experiencia de lo más intenso.

Hay otras muchas posturas para spanking, pero éstas son las más comunes.

Recordad que los spankings deben ser seguros, sensatos y consentidos. Esto se consigue negociando la sesión de antemano, y estableciendo límites y una palabra de seguridad. Es perfectamente válido excluir algunas de estas posturas como límites. Es importante saber lo que se quiere, saber lo que se hace y ser respetuoso. Y, sobre todo, pasárselo bien.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Los dos feminismos

Este año que se acaba, 2018, ha sido un buen año para el feminismo. En realidad, paradójicamente, el poder del feminismo ha estado en auge desde la elección de Donald Trump en ese triste otoño del 2016. Ha habido manifestaciones multitudinarias de mujeres en todo el mundo. El movimiento #MeToo ha mostrado la dimensión real de los ataques sexuales contra las mujeres. Un montón de mujeres lograron cargos de primera fila en el gobierno de España, mientras que en Estados Unidos cientos de mujeres eran elegidas como representantes en el Congreso. Como progresista y feminista que soy, todo esto me llena de alegría y esperanza por un futuro mejor.

Sin embargo, hay algunas cosas en este auge del feminismo que me ponen algo nervioso. Y, por lo que veo, muchos otros hombres también lo están. Hay posturas en el feminismo que amenazan con revertir las libertades sexuales que tanto costó conseguir, sobre todo para los que practicamos sexualidades marginadas como el BDSM o modelos de relación alternativos como el poliamor. A veces también se confunde el atacar al patriarcado con el atacar a los hombres. Sin embargo es difícil argumentar, rebelarse contra ciertas posturas dogmáticas, matizar entre posiciones extremas. Al hacerlo te arriesgas a que te traten de machista o, lo que es peor, darle munición al enemigo, a los Republicanos en Estados Unidos, o a los de Vox o del PP en España.

Para mí, la solución a este dilema ha venido al darme cuenta de que en realidad hay dos feminismos, dos ideologías que han estado claramente enfrentadas desde los años 80. Mientras apoyo completamente uno de estos feminismo, el que se ha dado en llamar feminismo sexo-positivo o pro-sexo, me declaro enemigo acérrimo del otro, que muchos llaman “feminismo anti-porno”. Ya escribí sobre esto en un artículo de este blog en el 2014, El Feminismo Anti-Porno, la Guerra del Sexo y el nacimiento del Feminismo Sexo-Positivo. Sin embargo, desde entonces me he dado cuenta de muchas cosas. Yo pensaba que el feminismo anti-porno estaba prácticamente derrotado y que el feminismo de la tercera ola era mayoritariamente pro-sexo. En eso estaba equivocado: el feminismo anti-porno no sólo sigue vivo sino que es tremendamente poderoso. Está atrincherado en las universidades. Ha escalado dentro de la política para instalarse en los más altos cargos. Se ha transformado para camuflarse, para esconder los elementos de su ideología que ahora sabe que le chirrían tanto a hombres como a mujeres. Se ha vuelto mentiroso y traicionero. Pero lo peor de todo es que se ha apoderado descaradamente de la etiqueta feminista, declarando que sus ideas son las del movimiento feminista en general. En realidad están en minoría, pero saben que eso no importa si ellas son las que salen en los periódicos, las que escriben los libros, las que se instalan en los ministerios. El #MeToo les ha dado nuevas fuerzas; han sabido instrumentalizar el sufrimiento de todas esas mujeres para darle más argumentos a su ideología.

Pero vayamos por partes. Este es un problema complejo en el que es necesario matizar. Lo primero que debo decir es que en muchas cosas el feminismo sexo-positivo y el feminismo anti-porno defienden las mismas posturas. Por supuesto, los dos defienden la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Los dos defienden la libertad reproductiva, en su doble vertiente de anticoncepción y libertad de abortar. Los dos luchan contra el maltrato de la mujer: contra la violación, el acoso sexual y la violencia doméstica. Quizás porque estas causas comunes son tan importantes se intentan ocultar las diferencias entre los dos feminismos, no sea que el movimiento se divida y pierda energía en discusiones internas. Creo que esto es un error, porque lo que está ocurriendo en realidad es que el feminismo anti-porno hace que muchas personas, sobre todo hombres, rechacen al feminismo en general y no le presten el apoyo que desesperadamente necesita.

¿Cuáles son, entonces, las diferencias entre el feminismo sexo-positivo y el feminismo anti-porno? Las raíces históricas de estas dos ideologías están descritas en detalle en mi artículo anterior, así que sólo las resumiré aquí, aportando elementos nuevos.  Y, si crees que todo esto me lo estoy inventando, puedes consultar estas entradas de Wikipedia sobre el feminismo anti-porno, el feminismo sexo-positivo y la “Guerra del Sexo” entre estas dos corrientes feministas. Por desgracia, todo esto está en inglés y la información que hay en español es mucho más limitada. En resumidas cuentas, el feminismo anti-porno aparece en los años 70 como una rama radical del feminismo opuesta a la pornografía, el sadomasoquismo y la prostitución. El feminismo sexo-positivo nace en 1980 como oposición al feminismo anti-porno. Se origina en San Francisco con el grupo de lesbianas sadomasoquistas Samois, pero pronto se extiende por todo Estados Unidos, dando lugar a la “Guerra del Sexo” durante las décadas de los 80s y los 90s. Con el nuevo milenio, las posturas de la sociedad sobre el sexo habían cambiado tanto que supusieron la derrota del feminismo anti-porno en los temas de la pornografía y el sadomasoquismo.

El feminismo anti-porno había sostenido que la pornografía sólo puede agradar a los hombres porque la sexualidad masculina es visual mientras que la femenina se basa más en los sonidos, las sensaciones y las ideas. Además, la pornografía es denigrante para las mujeres porque las trata como objetos y degrada su cuerpo con posturas y actos humillantes. Sólo en una situación de explotación, decían, accedería una mujer a aparecer en fotos o películas porno. Sin embargo, al popularizarse la pornografía con el advenimiento de la internet resultó que muchas mujeres empezaron a verla y excitarse con ella. Resulta que a las mujeres también las pone ver imágenes eróticas. No sólo eso, sino que se puso de moda entre las mujeres jóvenes hacerse fotos porno o aparecer en vídeos de contenido sexual. Resultó que las mujeres son mucho más exhibicionistas que los hombres; a muchas les excita la idea de que haya gente excitándose y masturbándose al verlas. Hacen y distribuyen porno casero, gratis. Si quieres verlo, date una vuelta por FetLife.com. De todas formas, la feministas anti-porno no se dan por vencidas. La lucha continúa con libros que hablan de la adicción al porno y los daños que está haciendo a la vida sexual de los jóvenes. Se distingue también entre el porno “machista”, dirigido a los hombre y explotador de las mujeres, y el porno “feminista”, hecho por mujeres para mujeres. Pero a la mayor parte de la gente todo esto le trae sin cuidado. Cada vez se ve más porno, y muchas parejas lo ven juntos como parte de su vida sexual. Como ejemplos de ataques a la pornografía del feminismo anti-porno contemporáneo, ver esto y esto. Como ejemplos de apoyo a la pornografía del feminismo prosexo, ved estos artículos de Apoyo Positivo, de Pikara Magazine, de la actriz Armarna Miller y en Medium.

Algo parecido pasó con el sadomasoquismo, que cada vez es más aceptado socialmente. Sin embargo, a diferencia de la pornografía, el BDSM es practicado sólo por una minoría de la población. Quizás por esa razón, los practicantes del BDSM empezaron a formar organizaciones en los años 70 y 80 siguiendo el modelo de las organizaciones gay. Así surgieron The Eulenspiegel Society de Nueva York, The Black Rose de Washington, DC, The Society of Janus de San Francisco y Threshold de Los Ángeles. Samois, el grupo que dio origen a la Guerra del Sexo, era una rama de Society of Janus. Los argumentos del feminismo anti-porno contra el BDSM eran también más difíciles de responder: en definitiva, el sadomasoquismo practica la violencia contra las mujeres, reproduce desigualdades de roles en el sexo, y usa una parafernalia muy similar a la de los más infames métodos de tortura. El que todo esto se hace de forma consensuada, consentida, segura y como diversión era algo difícil de transmitir. Por eso las sociedades BDSM inventaron el SSC (seguro, sensato y consentido) como los parámetros que distinguen los juegos sadomasoquistas del abuso sexual. En eso el BDSM se adelantó en el tiempo al sexo vainilla: el “yes means yes” (“sí quiere decir sí”) como criterio de consentimiento para el sexo, que hace poco se impuso como ley en sitios como California, ya se usaba en el BDSM en los años 80. Poco a poco el BDSM fue ganando aceptación en la cultura general, ayudado quizás por la fascinación que su estética ejerce aun entre quienes no lo practican. Historia de O (novela y película), las fotos eróticas de Madonna, las películas Eyes Wide Shut, Nueve Semanas y Media y Secretary culminaron con 50 Sombras de Grey en marcar el camino de la aceptación del BDSM, incluso cuando el mensaje de estas obras no era enteramente a favor de estas prácticas. De todas formas, algunas feministas siguen atacando cerrilmente al BDSM desde posturas de ignorancia e incomprensión, como este libro de una “educadora social”. Se sigue luchando contra el BDSM como parte de la “cultura de violación”, mientras que se ignora cómo en el género de la novela romántica, escrita por mujeres para mujeres, se presenta a menudo la violación como algo excitante y positivo. Como ejemplos de los continuos ataques al sadomasoquismo del feminismo anti-porno, leed este artículo de Lidia Falcón o este blog. Como ejemplo de la defensa del BDSM por el feminismo prosexo, leed este artículo en El País, este en El Mundo, esta entrevista con una sumisa feminista, este blog en Amino, y, como no, la opinión de Golfos con Principios.

Pero si hay algo donde el feminismo anti-porno sigue dando la batalla es en el tema de la prostitución, a base de promulgar la idea de que la prostitución es idéntica a la trata de mujeres para su explotación sexual. En este otro artículo del blog presento evidencia de que esto no es verdad: según un estudio de la ONU, al menos el 80% de las prostitutas en Europa practican la prostitución de forma voluntaria. El feminismo sexo-positivo apoya a las trabajadoras del sexo y las ayuda a luchar por legalizar su situación y acabar con el maltrato y la explotación que sufren. Por ejemplo, el famoso consejero sexual Dan Savage ha recibido en su podcast Savage Lovecast a representantes de organizaciones de defensa de las prostitutas, como Coyote. No voy a explicar los argumentos a favor de legalizar la prostitución, de los que hablo en mis novelas y en otros artículos de este blog. Ejemplos de ataques a la prostitución por parte del feminismo anti-porno y de su continua negación de la diversidad de posturas del feminismo sobre este tema son este artículo de Lidia Falcón, estos de la profesora Rosa Cobo en El País y en El Diario y la creación de grupos anti-prostitución.

Las feministas anti-porno también se han posicionado en otros temas de gran relevancia social. Por ejemplo, se oponen al embarazo subrogado, los llamados “vientres de alquiler”, que consiste en que una pareja infértil pague a una mujer para que lleve a cabo la gestación de su hijo. Por lo visto, esto se parece demasiado a la prostitución para el gusto de estas feministas. En definitiva, se trata de pagar por usar el cuerpo de una mujer con fines sexuales, en este caso a la función más biológica del sexo: la reproducción. Por ejemplo, esto es lo que opina Lidia Falcón sobre el tema. Desde mi punto de vista, se trata de una transacción perfectamente legítima donde todo el mundo sale ganando... A condición, por supuesto, de que se haga de forma no explotadora. Para ello se necesita que sea algo regulado por las leyes y bajo la supervisión del Estado, que es precisamente lo que el feminismo anti-porno lucha por impedir.

¿Existe un denominador común a todas estas actitudes anti-sexo del feminismo anti-porno? ¿Se basan en determinadas ideas básicas? Tras mucho reflexionar sobre ello, he llegado a la conclusión de que todas estas posturas están basadas en el rechazo al deseo sexual masculino. Una de las claves de esto es el hecho de que en los años 70, cuando se empezó a atacar a la pornografía y al sadomasoquismo, también se difundió la idea de que la penetración de la mujer por el hombre era un acto intrínsecamente machista y agresor. Se llegó a decir que la penetración es lo mismo que la violación, algo que todavía defienden algunas feministas radicales. La demonización de la penetración se desarrolla progresivamente como reacción a la idea opuesta, propuesta por la Iglesia, los conservadores y gente como Sigmund Freud, de que la única sexualidad “normal” es la lleva a la concepción, es decir, la penetración pene-vagina. Este conflicto entre las concepciones sobre el sexo de los conservadores y el feminismo se puede apreciar en la famosa novela The Handmaid’s Tale  de Margaret Atwood, y en la serie de televisión basada en ella, que se ha convertido en uno de los iconos del feminismo moderno. Por supuesto, el feminismo anti-porno y el feminismo sexo-positivo están de acuerdo en que la sexualidad humana no sirve sólo para la procreación, pero con importantes diferencias. El feminismo sexo-positivo acepta todas los actos sexuales, aunque los argumentos del feminismo anti-porno se han infiltrado en forma de críticas al “coitocentrismo”. El feminismo anti-porno  enfatiza la importancia del clítoris como centro de la sexualidad femenina, niega la existencia del orgasmo vaginal, y presenta el coito vaginal como algo políticamente incorrecto, como argumentaba en un artículo de este blog. Esto ha marginado las preferencias sexuales de millones de mujeres y ha negado a otras una importante fuente de placer: la vagina y el punto G.

Otras de las ideas que subyacen al feminismo anti-porno son sus visones del hombre y la mujer. Al hombre se lo presenta como un ser hipersexual y agresivo, que “piensa con la polla” y vive “intoxicado por la testosterona”, memes misándricos que se han instalado en la cultura moderna. El estereotipo de la mujer que ofrece el feminismo anti-porno es tan asexual como el de la “mujer angelical” del puritanismo anglosajón, sólo que es menos delicada, más agresiva y rechaza estar abocada a la procreación. Como no está sometida al fuerte deseo sexual del hombre, puede usarlo para controlarlo. Pero pare que esto funcione hay que impedirle al hombre encontrar formas de satisfacer su deseo fuera de la pareja; por eso hace falta eliminar la pornografía y la prostitución. Tampoco convienen las parejas abiertas y el poliamor, no sea que sirvan para aumentar la competencia entre las mujeres. Y es que al feminismo anti-porno le gusta ver a las relaciones de pareja como una fuente interminable de conflictos, porque concibe a los deseo sexuales masculino y femenino como irreconciliables. Dice que el hombre vive obsesionado con dominar a la mujer, penetrándola y degradándola sexualmente con actos sadomasoquistas. La mujer, por el contrario, busca conexión emocional y cariño en un sexo igualitario. Como el deseo sexual del hombre es básicamente agresivo y dominante (“malo”) mientras que el de la mujer es cariñoso e igualitario (“bueno”), hay que poner a la sexualidad del hombre al servicio de la de la mujer. Para ello se exhiben pruebas como la “brecha del orgasmo”, que demuestran lo egoístas que son los hombres en el sexo. Hay que “educarlos”, es decir, avergonzarlos y culpabilizarlos, hasta ponerlos al servicio de la sexualidad femenina. Por ejemplo, véanse estos artículos de Lidia Falcón 1, 2, 3.

Por suerte, con el tiempo se va demostrando que todos estos estereotipos que nos quiere vender el feminismo anti-porno no son verdad. La liberación sexual de la mujer iniciada en los años 70 con la invención de la píldora anticonceptiva sigue en marcha. Y a medida que las mujeres se vuelven más libres, comprobamos que quieren disfrutar de su sexualidad de la misma manera que los hombres, lo que también significa ver pornografía, practicar el BDSM, asistir a stripteases en los que se desnudan hombres atractivos  y, quién sabe, incluso tener acceso a la prostitución masculina. En realidad, los deseos sexuales de los seres humanos de ambos sexos existen en un amplio abanico de posibilidades, que van desde un hacer el amor con cariño hasta el sexo más violento.  Y estas preferencias no se dividen claramente de acuerdo con el género: a muchas mujeres les gusta el sexo violento y muchos hombres prefieren el cariño. Por eso el movimiento sexo-positivo, que si bien nació dentro del feminismo ahora existe independientemente, busca la aceptación de todo tipo de sexo consensual y entre adultos, en un plano de auténtica igualdad.

Quiero acabar diciendo que soy plenamente consciente de que la división entre feminismo anti-porno y feminismo prosexo en muchos casos no es demasiado clara: muchas personas tienen opiniones comunes o intermedias entre estos dos bandos. Creo que ahí está precisamente el problema, pues estas posturas se basan en sistemas de valores distintos sobre el sexo y la naturaleza de las mujeres y los hombres. En particular, la visión del sexo como algo sacrosanto que no se puede banalizar ni vender reproduce los valores del conservadurismo religioso y es incompatible con los valores de liberación sexual del feminismo sexo-positivo. Y la concepción de las sexualidades femenina y masculina como fuentes de perpetuo conflicto nos aboca a una guerra entre los sexos que nadie puede ganar. Creo que lo mejor es empezar a delimitar las ideas de los dos feminismos, para que cada cual se apunte al que más le convenza y así evitar que el rechazo al feminismo anti-porno se convierta en un rechazo al feminismo en general.


martes, 18 de septiembre de 2018

Espacios de sumisión

El locus cerúleo de una rata. Las neuronas en amarillo contienen noradrenalina (en verde) y serotonina (en rojo). Imagen de microscopio confocal tomada por el autor. 
En la comunidad BDSM existe un gran interés en lo que en inglés se ha dado en llamar “sub-space”, que podríamos traducir por "espacio de sumisión". Se trata de un estado de euforia al que se llega gracias a la práctica sofisticada del bondage, el sadomasoquismo o la Dominación/sumisión. Todo el mundo parece dar por sentado que este espacio de sumisión se debe a la liberación de endorfinas. Sin embargo, ya he señalado en artículos anteriores que no estas ideas parecen basarse más por mitos que en evidencia científica, aunque es innegable que en una sesión BDSM se pueden llegar a alcanzar notables estados alterados de conciencia. Desgraciadamente, estas experiencias a menudo se pagan con estados emocionales negativos llamados en inglés "sub-drop", o “bajón de sumisión”.

En este artículo quiero proponer que no hay un solo espacio de sumisión sino varios, cada cual con sus propias características distintivas, que incluso a veces pueden ser de signo opuesto. Es importante señalar, no obstante, que apenas se han realizado estudios científicos sobre los masoquistas, y que existen sólo contados estudios sobre los estados alterados de conciencia producidos por el ejercicio extremo o el dolor. Por lo tanto, lo que voy a decir aquí es especulativo. Se basa en mi conocimiento de la neurofisiología del dolor, y en comparar los efectos de drogas con el comportamiento de los participantes en las sesiones de BDSM. Quiero proponer que hay al menos tres estados distintos que podríamos considerarse "espacios de sumisión ".

Espacio de sumisión adrenérgico

La reacción más típica al dolor es la de lucha/huida (”Fight/flight” en inglés). En ella hay una activación del eje hipotalámico-pituitario-adrenal que desencadena la liberación de adrenalina a la sangres por las glándulas suprarrenales. Esto aumenta el ritmo cardíaco, aumenta la circulación sanguínea en la periferia, y promueve la actividad muscular. Al mismo tiempo, dentro del sistema nervioso central hay una activación paralela de vías nerviosas que usan noradrenalina como neurotransmisor. Entre ellos se encuentra una vía que va desde los centros adrenérgicos del bulbo raquídeo (locus cerúleo, A5 y A7) hasta la médula espinal, donde inhibe las señales de dolor que llegan por los nervios sensoriales. Otras vías noradrenérgicas van a la corteza cerebral, activándola y aumentando el estado de alerta. En la práctica, cuando la sumisa entra en este estado, grita, lucha, patea y se ríe, al tiempo que se elevan sus umbrales de dolor. Este espacio de sumisión se caracteriza por la presencia de analgesia, euforia y un alto grado de interacción con el Dominante. Aunque la respuesta de lucha/huida se considera estrés, esto no es necesariamente malo, ya que algunas formas de estrés (llamadas 'eustress') son saludables. Muchas personas buscan el eustress en forma de montañas rusas, películas de terror o deportes de riesgo. El BDSM podría considerarse como una forma de eustress. Una cierta cantidad de eustress puede ser necesaria para una salud y puede servir para contrarrestar los efectos nefastos del ‘distress’ (estrés malo). El espacio de sumisión adrenérgico se parece al efecto de drogas estimulantes como la cocaína y las anfetaminas, que actúan aumentando las concentraciones de noradrenalina y dopamina en algunas áreas clave del cerebro.

Espacio de sumisión de las endorfinas

En este espacio de sumisión también se produce analgesia, pero en casi todos los demás aspectos es opuesto al espacio de sumisión adrenérgico. En él, la frecuencia cardíaca disminuye, y también lo hacen la actividad y el estado de alerta. Estos efectos son causados por la liberación de endorfinas no sólo en la sangre, sino también en regiones cerebrales. Por ejemplo, la inhibición del dolor la produce una vía nerviosa que conecta el área gris peri-acueductal en el medio del cerebro con el núcleo rafe del bulbo raquídeo, y desde allí baja hasta la médula espinal para bloquear las señales de dolor recibidas. Existen sinapsis inhibidoras recíprocas entre el núcleo rafe y los núcleos noradrenérgicos (locus cerúleo, A5 y A7) del bulbo raquídeo, de modo que cuando la vía de las endorfinas se activa las vías adrenérgicas se inhiben, y viceversa. Esto tiene su lógica, ya que mientras que el sistema adrenérgico media la lucha/huida, el sistema de endorfinas está relacionado con el comportamiento de inmovilidad (“freezing”), en el cual el animal se queda inmóvil para evitar ser detectado por un depredador. Se ha comprobado que este comportamiento de inmovilidad y ciertos patrones de liberación de endorfinas conducen a un estado mental llamado en inglés “learned helplessess” (indefensión aprendida), que disminuye el aprendizaje y reduce la respuesta inmune y otras respuestas en detrimento de la salud. Por lo tanto, la liberación de endorfinas está lejos de ser la panacea que muchos creen que es. Esto no quiere decir que la liberación de endorfinas sea mala necesariamente, sino que cuando un sumiso entra continuamente en este estado los efectos a largo plazo pueden no ser deseables. En la práctica, una sumisa en el espacio de sumisión de las endorfinas entra en un estado de somnolencia y en una niebla emocional, deja de gritar y forcejear, y está menos alerta a lo que la rodea. Si se le pregunta cómo está, nos responderá suplicando que continuemos con los azotes, el bondage o lo que sea que la ha puesto en ese estado. El estado de sumisión de las endorfinas es similar al efecto de opiáceos como la morfina o la heroína, ya que las endorfinas activan los mismos receptores que estos fármacos, los receptores mu y delta de opiáceos. Las endorfinas también producen la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, que forma parte de lo que se llama "la vía del placer" que media la motivación y se activa con drogas adictivas.

Espacio de sumisión de la serotonina

Quizás sea éste el espacio de sumisión que mejor merece este nombre porque, mientras que los espacios de sumisión adrenérgicos y de endorfinas son producidos por el dolor y otras actividades sadomasoquistas, este espacio de sumisión ocurre en las relaciones de Dominación/sumisión (D/s), sin que haga falta dolor para alcanzarlo. La entrega, la obediencia y el servicio al dominante probablemente producen la liberación en el cerebro de oxitocina y vasopresina, neuropéptidos que median la vinculación afectiva. Este estado es similar al producido por la droga MDMA (‘éxtasis’), que también aumenta la vinculación emocional, la intimidad y el afecto. El MDMA aumenta la liberación de serotonina, un neurotransmisor que produce un estado de ánimo positivo y que contrarresta la depresión, pero que apenas tiene efecto sobre el dolor. Otro neurotransmisor que podría mediar este espacio de sumisión es la dopamina, que puede aumentar o disminuir el dolor según el estado emocional del individuo. 

Mientras que los espacios de sumisión adrenérgicos y de endorfinas son incompatibles, es posible que el espacio de sumisión de serotonina se pueda combinar con ellos para producir efectos mixtos. Otro detalle importante es que las vías noradrenérgicas, dopaminérgicas y serotonérgicas varían mucho entre los individuos. Por eso es tan difícil recetar medicamentos antidepresivos. Por lo tanto, los espacios de sumisión van a variar considerablemente de una persona a otra. Una técnica de flagelación que resulte ideal para un sumiso puede ser nefasta para otro. Un Dominante consumado no es aquel que ha perfeccionado sus técnicas para que funcionen con todo el mundo, sino el que ha aprendido a leer con precisión la expresión corporal de la sumisa y sabe ajustar la sesión de acuerdo con sus respuestas en cada momento.

"Sub-drop" o "bajón de sumisión"

Quiero terminar abordando el tema del “sub-drop” o “bajón de sumisión”. Parece ser que hay al menos dos tipos de sub-drop: uno que ocurre justo después de la sesión y otro que ocurre uno o dos días más tarde. El primero se debe probablemente a la salida de la reacción adrenérgica de lucha/huida. Después de una fuerte activación del sistema nervioso simpático, el sistema parasimpático entra en acción, disminuyendo la frecuencia cardíaca y reduciendo la circulación sanguínea hacia la periferia. El resultado es que el sumiso se siente frío, cansado y agotado emocionalmente. Una manta, abrazos y un buen apoyo afectivo son la mejor solución. El segundo “sub-drop”, que tiene lugar al cabo de dos días, es similar al efecto rebote que sigue al consumo de MDMA. Podría ser derivado de los espacios de sumisión de las endorfinas o de la serotonina. Es mucho más difícil de tratar, ya que la sesión terminó hace tiempo y es probable que el Dominante no esté disponible para dar apoyo emocional. Encima, el bajón puede durar varios días. La única forma de tratarlo es estar preparado y tener algún tipo de sistema de apoyo emocional al que recurrir (amigos, chocolate, una buena película, etc.).

En resumidas cuentas, las sesiones BDSM son algo más complicadas que simplemente hacer entrar a la sumisa en el espacio de sumisión para que se lo pase bien un rato, y luego esperar que salga de él sin ninguna consecuencia negativa. El cerebro humano es increíblemente complicado y apenas estamos empezando a comprenderlo. Al infligir dolor, o al jugar con poderosas emociones como la vergüenza, la culpa y la sumisión, sometemos a la mente a desafíos extremos. Es difícil predecir lo que va a suceder. Lo único que podemos hacer es ir despacio, prestando mucha atención a cómo reaccionan el cuerpo y la mente, y poco a poco ir descubriendo las actividades que nos hacen gozar a corto plazo, pero que también nos convierten en personas más sanas a largo plazo.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La postura de la carretilla (parte 2)

Beatriz se deslizó de su regazo y salió corriendo hacia su dormitorio. Julio la siguió. Era un cuarto pequeño con una ventana que daba a un patio interior. Una de las paredes era toda un estantería de libros. Aparte de eso había sólo una cama estrecha y a su lado un escritorio cubierto de papeles y de libros. Beatriz abrió el cajón inferior del escritorio, que se podía abrir desde la cama, y sacó dos dildos de goma. Uno era delgado, de un calibre de poco más de un dedo. El otro era negro, con forma de polla y más grueso.

-¿Éste es el más grande? -dijo Julio, sopesándolo.

-Sí. Ya casi no me cuesta nada de trabajo metérmelo en el culo. Está bien, ¿verdad?

Por toda respuesta, Julio se abrió la bragueta y extrajo su verga en erección. Colocó el consolador negro al lado. Era claramente más delgado que su pene.

-Pues no sé si va a ser suficiente, ¿ves?

-¡Ay, qué gracia! Se ve que Martina lleva tiempo sin ver una polla.

-Pues ya veremos si luego sigue haciéndote tanta gracia, porque yo ya me he hecho a la idea de que voy a darte por culo.

Beatriz le agarró la verga, que terminó de endurecerse de inmediato.

-¡Joder, es verdad! La tienes muy grandota -dijo con una sonrisa satisfecha.

-¿Y eso no te preocupa?

-Me tendré que aguantar con lo que haya. Después de montarte toda esta movida, ya no me puedo echar atrás.

-Bueno, ya veremos… ¿Tienes lubricante y condones?

Beatriz sacó un bote de lubricante y una tira de condones del mismo cajón y se los dio.

-Venga, volvamos al salón.

En cuanto volvieron al sofá, Beatriz se sentó sobre sus muslos y ella misma adoptó la postura de la carretilla. Desde luego, a la chica no le faltaba entusiasmo.

Julio no se molestó con el dildo más pequeño, embadurnó el grande de lubricante y lo apuntó cuidadosamente al ano de Beatriz. En cuanto presionó, Beatriz dio un grito de alarma.

-¿No decías que entraba?

-Sí, sí… Pero tiene que ser un poquito más despacio.

Julio dejó el consolador sobre la mesa de café, cogió el bote de lubricante y aplicó un poco sobre su ano. Luego le introdujo su índice izquierdo.

-¡Ay, ay, qué gustito! -dijo Beatriz dando pataditas en el respaldo del sofá.

-Vale, a ver si así consigo que te relajes un poquito.

-¡Seguro que sí! Me encanta que me folles el culo con el dedo.

Estuvo un rato masajeándole el ano con el dedo, hasta que pudo introducirle otro. Entonces echó mano del consolador, que esta vez entró sin mucho problema.

-¡Guau! ¡Ahora sí que me has abierto el culo -anunció Beatriz.

Sin embargo, por la manera en que ella contrajo las nalgas, no debía de resultarle muy cómodo. Le zurró con la mano derecha mientras la follaba con el consolador con la izquierda. Beatriz acusó el efecto de inmediato, retorciéndose y gimiendo.

-¿Ves? ¿A que esto ya no es tan divertido?

-¡Sí! ¡Sí que lo es! -dijo testaruda.

Decidido a darle una lección, volvió a pegarle y a follarla con el consolador. Pero no duró mucho. El espectáculo del dildo forzando el culito de Beatriz en mitad de sus nalgas enrojecidas lo ponía a cien. Quería tomar posesión de él enseguida.

-Bueno, creo que ya estás todo lo preparada que vas a estar.

-Sí… ¡Métemela a lo bestia!

Le sacó el dildo y la hizo incorporarse sobre su regazo.

-¡Escúchame, tonta! ¡Tú no sabes la que se te viene encima!

-Sí que lo sé… Me va a doler un montón, pero no me importa.

-Eso lo vamos a ver enseguida.

La hizo arrodillarse doblada sobre el asiento del sofá. Le dio el consolador.

-A ver, fóllate con esto como haces por las noches, que quiero verlo.

Beatriz se lo metió en el culo y empezó a bombearse tímidamente con él.

-Normalmente lo hago un poco más deprisa -se disculpó-, pero no quiero que se me irrite.

Se desnudó rápidamente, sin dejar de mirarla. Se puso un condón y lo untó bien con lubricante. Beatriz seguía follándose lentamente con el dildo, soltando algún que otro gemido.

Era una locura. Beatriz no lo iba a poder soportar. Decidió cambiar de plan.

Arrodillándose detrás de ella, le sacó el consolador del culo y lo dejó caer sobre la alfombra. Enfiló su verga a su vagina y empezó a penetrarla con cuidado.

-¡Ay no, por favor! Así no… ¡Encúlame!

-No estás preparada, Beatriz. Te iba a hacer demasiado daño.

-¡Sí que lo estoy! ¿Ahora vamos a desperdiciar todo el trabajo que nos ha costado prepararme? ¡Por favor, Julio, quiero sentirte dentro de mi culito! -lloriqueó.

-¡Pero mira que eres cabezota! ¡Muy bien, pues ahora verás!

Salió de su vagina y, separándole bien las nalgas para ver lo que hacía, apoyó el glande en ese botón color canela que tanto lo tentaba. Empujó hacia delante y no encontró gran resistencia. Su glande desapareció dentro de ella.

-¡Jodeeer! -exclamó ella-.¡La tienes enorme!

Se dio cuenta de que ella había clavado los dedos en el asiento del sofá y lo estrujaba hasta dejarle blancos los nudillos. Pensó en sacársela pero, como si le leyera la mente, Beatriz le dijo:

-¡Sigue, sigue! Total, ya estás dentro…

Prosiguió su avance lentamente, hasta enterrar completamente la verga en su recto.

-¡Ay, Julio, por fin! ¡Ya tienes mi culito, como tú querías! ¡Qué ilusión! ¡No sabes la de veces que he soñado con este momento!

-¿No te duele?

-No… Bueno, casi nada… ¡Venga, fóllame!

Se retiró y la embistió un poco más fuerte. Beatriz dio un gritito de alarma. Su respiración se volvió agitada.

-¿Ves, tonta?

-No… ¡Si me está gustando muchísimo! -sollozó.

-Pues no lo parece.

-No… es que tiene que ser así… Tiene que ser una enculada en toda regla… Que me deje hecha polvo… Por favor, Julio, no te cortes… Házmelo de verdad, ¿vale?

A él también le gustaba esa idea. La agarró por las caderas y empezó a follarla despacio, esperando de un momento a otro que ella le suplicara detenerse. En vez de eso, ella se puso a entonar una letanía que lo hizo olvidar toda su cautela:

-¡Jodeeer! ¡Que enculadaaa! ¡Si es que la tienes enorme! ¡Mi culitooo! ¡Cómo me lo vas a dejar, al pobre! ¡Me voy a acordar de esto una semana! ¡Qué fuerte! ¡Qué pasadaaa!

Beatriz parecía excitarse con ese canturreo. La vio meterse la mano entre las piernas para masturbarse. Oírla lo excitaba un montón. Empezó a follarla sin contemplaciones, con la vista clavada en su pene entrando y saliendo entre esas nalgas enrojecidas, tan pequeñas en comparación con la barra de carne que las dividía en dos. Beatriz no detuvo su canción, que se fue transformando gradualmente en un gemido puntuado por un gritito cada vez que él llegaba al fondo:

-¡Ay, dios mío! ¡Qué follada! ¡Ah!

-¡No, si ya lo sabía yo que llegaríamos a esto! ¡Ah!

-¡Con lo zorra que soy! ¡Ah!

-¡Me están dando por culo pero que muy bien! ¡Ah!

-¡Me lo merezco, por tonta del culo! ¡Ah!

-¡Porque mira que soy imbécil! ¡Ah!

-¡Enamorarme como una gilipollas! ¡Ah!

-¡De un hombre que es de otra! ¡Ah!

-¡No digas eso! ¡No digas eso, puta! -le gritó él, excitado hasta el paroxismo. Le dio un azote lo más fuerte que pudo, luego otro con la mano izquierda. Beatriz rompió a llorar, aullando y sacudiéndose con los sollozos. Sabía que debía pararse  y consolarla, pero la misma saña que Beatriz sentía hacia sí misma ahora lo poseía a él. La punta del pene le ardía de placer. La violencia con que extraía su gozo de ella lo enloquecía.

-¡Eso, a ver si aprendes de una puta vez! -le dijo entre dientes-. ¡Aprende a no ser tan tonta! ¡A ofrecerte a algo no que vas a ser capaz de aguantar! ¡Y deja de insultarte de una puta vez! Ya te enseñaré yo a quererte un poquito más…

Beatriz soltó un gemido que parecía salirle del alma. Julio pensó que le había hecho demasiado daño, pero enseguida se dio cuenta por sus convulsiones de que se estaba corriendo. Lloró y gritó durante todo el orgasmo, luego se desplomó exhausta sobre el sofá. Julio siguió follándola con el mismo ritmo implacable, ascendiendo concienzudamente hacia su propio clímax, disfrutando del espectáculo de su cuerpecito sometido a sus caprichos. Cuando eyaculó lo hizo en varias acometidas firmes, llenándola hasta el fondo para hacerla comprender que completaba su posesión de ella.

Escena erótica de mi nueva novela Para volverte loca.

sábado, 5 de noviembre de 2016

La postura de la carretilla (parte 1)

Beatriz se ofreció a llevarlo en su Vespino. Julio sugirió ir en metro, pero Beatriz no quería dejar la Vespino en la calle y se negaba a separarse de él. Se ve que tendía miedo a que la dejara plantada si lo dejaba apartarse de ella un solo momento.

La Vespino parecía un artilugio ridículamente pequeño con ellos dos encima, pero Beatriz le dio caña al acelerador y salieron disparados hacia el Paraninfo, luego por la calle Isaac Peral hacia el norte. Beatriz conducía como una posesa, acelerando y frenando bruscamente,  haciendo slalom entre los coches, pasando tan cerca que Julio pensó que se iba a dejar la rodilla en algún espejo retrovisor. Le dijo varias veces que fuera más despacio, pero Beatriz parecía no oírlo a través de su casco. No había pasado tanto miedo desde aquel día que habían volcado en el velero de Laura, varios kilómetros mar adentro.

Beatriz giró a la derecha por Cea Bermúdez y acabó deteniéndose en la calle de Bretón de los Herreros, a un paso de la casa de los padres de Julio.

-¿Estás segura de que no va a venir tu padre? -le preguntó secándose las manos sudorosas en los vaqueros.

-Segurísima -dijo ella quitándose el casco-. Está en Tenerife y no vuelve hasta mañana. Ayer mismo hablé con él por teléfono.

La siguió al interior de una casa de vecinos como todas las de ese barrio. Beatriz lo miró nerviosa en el ascensor. Julio decidió meterla en cintura a las primeras de cambio.

Ella sacó las llaves, abrió la puerta y se internó con paso decidido en su casa.

-¡Eh, eh, eh! -le dijo él desde la puerta-. ¡Vuelve aquí ahora mismo!

Beatriz volvió junto a él con una mirada interrogativa.

-Quiero que te desnudes aquí mismo, en la entrada -le dijo cerrando la puerta tras él-. Quítatelo todo.

Ella le dirigió una sonrisa traviesa y enseguida se bajó la cremallera de la falda, que cayó al suelo junto a sus pies. Sin perder un instante se quitó las bragas, como para demostrarle lo ansiosa que estaba de quedar a su merced. Se desabrochó los botones de la camisa en un tiempo récord. No llevaba sujetador debajo. Los zapatos y las medias desaparecieron como por ensalmo.

-¡Vaya, vaya! ¡Te desnudas a la misma velocidad con la que conduces esa puta Vespino!

-Me ha entrenado Martina -dijo ella con orgullo-. No creas, que me llevé mis buenos azotes hasta que aprendí a hacerlo lo suficientemente rápido para ella.

Su cuerpecito desnudo le inspiraba saña y ternura al mismo tiempo. Tenía los brazos y las piernas delgados, pechos insignificantes, caderas afiladas, vientre plano y un pubis afeitado de aspecto delicioso. Le metió un brazo entre las piernas y la levantó en vilo. Beatriz soltó un quejido de placer al sentir la repentina presión en su coño.

-¡Y ahora, pequeña, te vas a enterar de lo que vale un peine!

Beatriz se colgó de su cuello y escondió la cara en su hombro. Cargó con ella pasillo abajo, cruzando una doble puerta acristalada para entrar en la sala de estar. Delante de la estantería de pared completa donde estaba la televisión había un tresillo color crema de aspecto cómodo. Se sentó en medio del sofá con Beatriz encima. Hábilmente, la hizo girar para dejarla de espaldas a él. Le pellizcó los pezones hasta que la oyó quejarse. Luego, poniéndole las manos en los hombros, la empujó hasta hacia delante hasta que tuvo su cabeza en sus pies. Beatriz quedó doblada entre sus rodillas con una pierna a cada lado de sus caderas. Era una postura tremendamente expuesta y humillante, que Cecilia y él llamaban “la carretilla”. El pompis redondito de Beatriz quedaba justo encima de su regazo, listo para ser golpeado como un tambor, las nalgas separadas para ofrecerle una buena vista del coño y de ese ano color canela, ancho y liso, que tanto lo había cautivado desde el primer momento en que lo vio. Sorprendida, Beatriz empujó con las dos manos en el suelo para levantar la cabeza y volverse a mirarlo.

-¿Por qué me pones cabeza abajo?

-Para tenerte bien expuesta. ¡Verás qué bien!

-¡Joder, es verdad! Me lo debes estar viendo todo. ¡Qué pasada!

Julio no perdió el tiempo. Quería aprovechar el factor sorpresa para sacarla de su equilibrio y así hacer el castigo más efectivo. Le plantó dos sólidos azotes, uno en cada nalga. Beatriz no se quejó, pero su respiración se volvió más agitada.

Hacía tiempo que no vivía una situación tan excitante. Le tenía que dar a esa mequetrefe una buena lección por haber estado acechándolo, por haberle hecho pasar tanto miedo en esa puta motocicleta. Se puso a pegarle fuerte, a buen ritmo, alternando de una nalga a otra. Beatriz se puso a hacer un comentario en directo de lo que sentía:

-¡Ay, ay! ¡Qué fuerte me estás pegando! ¡Ay, cómo duele! ¡Mi culitooo! ¡Joder, qué paliza! ¡Qué pasadaaa!

Siguió diciendo cosas por el estilo, que a él le sonaban super-excitantes. Encima respondía de forma preciosa, contrayendo el culo, apretando sus piernecitas contra él, dando pataditas al aire, palmadas y puñetazos en la alfombra, pero sin intentar en ningún momento zafarse de él. El pompis pequeñito y respingón de Beatriz pronto estuvo de color rojo cereza.

Hacía tiempo que no se sentía tan sádico, con tantas ganas de ensañarse con alguien. Se le ocurrió que estaba descargando la pena y la frustración de que le hubieran quitado a Cecilia en esa pobre chica que en realidad no había hecho nada malo, sólo ser tan tonta como para ir a enamorarse de él. Se detuvo y se puso a acariciar la piel caliente y enrojecida.

-¿Por qué paras? ¡Si aún no me has castigado lo suficiente! -dijo ella con llanto en la voz.

Julio tiró de ella hasta sentarla en su regazo. Podía sentir el calor que irradiaba su trasero a través de la tela de sus pantalones.

-¿No has tenido bastante? Estás llorando.

-¿No te gusta hacerme llorar? A mí me parece muy bonito -sollozó, puntuándolo con un sorbetón de mocos.

-Me encanta hacerte llorar -reconoció, lamiéndole las lágrimas de las mejillas.

Beatriz se rio. Le puso las manos en la nuca y le dio un beso, mojándole la cara.

-Nunca me habían zurrado en esa postura. ¡Es una auténtica pasada!

-A mí también me gusta. Me ofrece una buena panorámica de tu culito.

-¡Que te vas a follar dentro de nada!

-Hablando de eso… Quiero que me enseñes esos dos consoladores que te ha dado Martina.

-¡Ah, sí! ¡Ven!

Escena erótica de mi nueva novela Para volverte loca.

domingo, 11 de septiembre de 2016

BDSM y estados alterados de consciencia - vídeo-conferencia

Se ha publicado en Vimeo el vídeo de la conferencia que di en Madrid el 25 de junio del 2016. El vídeo consiste en las diapositivas con el audio grabado de la conferencia. La charla dura 1 hora y 39 minutos, pero el vídeo permite saltar a las partes que os parezcan más interesantes. Éste es el enlace al vídeo:

https://vimeo.com/182298029

¡Espero que os guste!

lunes, 16 de mayo de 2016

La comunidad BDSM muestra un mayor rechazo a la violación

Un nuevo trabajo de investigación por parte de la University of Northern Illinois muestra que la comunidad BDSM ha desarrollado una cultura de consentimiento que lleva a una menor aceptación de los mitos sobre la violación, el machismo y el echarle la culpa a la víctima. Lo explica muy bien este artículo:

https://broadly.vice.com/en_us/article/bdsm-communities-are-less-rapey-than-the-general-population

martes, 12 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (2)

(Fragmento de mi nueva novela Escenas de poliamor)



Era un hotel de segunda categoría, situado fuera de la primera línea de playa. La habitación estaba decorada con pretensiones modernistas. Contenía una cama de matrimonio y dos sillones forrados de plástico. El cuarto de baño daba a un corto pasillo de entrada. Art caminó de forma mecánica a uno de los sillones y se desplomó sobre él.

Por suerte, la atención de Jack estaba completamente centrada en ella. Se apresuró a quitarle la ropa y se puso a sobarla por todo el cuerpo. La besó y ella respondió con la misma pasividad con que lo había hecho Art, quien los contemplaba con mirada inexpresiva, despatarrado en el sillón.

Jack se separó de ella y se desnudó apresuradamente, dejando caer su ropa descuidadamente al suelo. Tenía una fuerte erección.

¡Ya está, éste me folla ya mismo! Es una pena, porque a mí el que me gusta es Art. Puedo descubrir el percal: “¡Ja, ja, no estoy drogada! Parece que le diste el cubata equivocado a Art… ¡qué gracia! ¿verdad? ¡Bueno, adiós, buenas noches! Encantada de haberos conocido.”

No, un tío que va por ahí drogando a las chicas seguramente no se lo va a tomar con buen humor. Puede ponerse violento…

Aunque si sigo fingiendo y me dejo, sería una violación… No es que me vaya a quedar traumada, por peores cosas he pasado… Es sólo que me jode que un hijo puta como éste se vaya a salir con la suya. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer?

Se moría de ganas de mear. Tampoco iba a ser muy agradable si la follaba con la vejiga llena.

Jack se le acercó. Le sobó un poco más las tetas y el culo. Le metió un dedo en la raja del coño.

-Wow! I got her really wet! Do you want to feel how wet she is, Art?

Era verdad: estaba muy mojada. La situación no dejaba de ser excitante.

-Art?

Jack dejó de manosearla y se volvió a mirarlo.

-Art, do you want to touch her, too?

Art balbució algo incoherente. Jack se le acercó y le cogió la cara entre las manos.

-What’s wrong with you, Art?

-I’m all right -dijo Art arrastrando las palabras.

-You are a real light weight, man! A little dope and a little booze and you’re out!

¡Tengo que hacer algo, enseguida!

La solución era muy sencilla. Cecilia dejó escapar el pipí, que cayó formando una pequeña cascada sobre el suelo. Jack lo oyó y se volvió inmediatamente a mirarla.

-What the hell are you doing, girl? Stop! Fuck! Fuck!

Intentó arrastrarla del brazo al cuarto de baño, pero ya era demasiado tarde. Su meada había terminado, dejando un gran charco de orina sobre el parqué. Jack la miró consternado.

-Shit! Look at the bloody mess you’ve made!

 Se volvió a mirar a Art.

-Art, give me a hand cleaning this up.

Art se levantó despacio del sillón y se arrodilló junto a ellos. Empezó a empujar la orina con las manos.

-What are you doing? Are you out of your mind?

Art levantó la vista hacia él con una expresión de incomprensión.

-What we need is something to soak it up. All right, wait here, I’ll take care of it…

Jack se metió en el cuarto de baño.

Esa era su oportunidad. No había un instante que perder.

-Where are the pills, Art? -le preguntó.

-The pills? -dijo Art con la mirada perdida en el vacío.

-Yes, the pills… The pills that he put in my drink.

-His pocket…

Cecilia se abalanzó sobre los pantalones de Jack y rebuscó en los bolsillos. Lo encontró enseguida: un sobre con algo dentro que parecían pastillas. No se detuvo a indagar, escondió el sobre en su puño y volvió a ponerse de pie en medio del charco de orina. Justo a tiempo: Jack salió del cuarto de baño con un puñado de papel higiénico y un par de toallas. Se quedó mirándola, pensativo. ¿La había visto moverse? Cecilia se concentró en mirar al vacío con la misma mirada perdida que tenía Art.

Jack le tiró las toallas y el papel higiénico a Art, quien seguía arrodillado en el charco de orina.

-Here, use this! -Luego se volvió hacia ella-. You’re a bloody mess! I better throw you in the shower.

La condujo al cuarto de baño. Cecilia lo siguió mansamente, metiéndose en la bañera cuando él la llevó hasta el borde. Jack abrió la ducha. Un chorro de agua fría le cayó directamente sobre el pubis. Se estremeció un poco, pero no intentó esquivar el agua. Al menos ya no tendría que pasar más tiempo mojada con su propia meada.

Jack la miró un momento, luego se dio la vuelta y salió del cuarto de baño.

Cecilia respiró aliviada. Había estado temiendo que descubriera el sobre de pastillas en su puño. Salió inmediatamente de la bañera y lo miró: el papel estaba todavía bastante seco. Prestó oído a lo que pasaba en la habitación. Jack le decía algo a Art, luego oyó un sonido a chapoteo. Al parecer, Jack se había puesto a recoger él mismo el pipí del suelo con las toallas. Eso le daba unos segundos.

Con el corazón latiéndole a todo trapo, vació el sobre junto al lavabo. Dentro había tres pequeñas píldoras blancas. ¿Qué hacer? Había dos vasos de cristal que sobre el lavabo. Si le pasaba como a ella, Jack tendría sed después de bailar en la discoteca. Rápidamente, aplastó una de las pastillas con el culo de un vaso y empujó el polvillo resultante al borde del lavabo y dentro del vaso. Dejó ese vaso junto al lavabo y escondió el otro tras la taza del váter. Tiró el sobre y el resto de las pastillas al váter.

Jack le decía algo a Art en el dormitorio. Sonaba irritado. Corrió a volver a meterse bajo la ducha, dejando que le cayera el agua fría en la cara para despejarla. Cuando abrió los ojos vio que Jack la miraba desde la puerta.

-No estás drogada… ¡Estás pretendiendo! -exclamó.

Cecilia permaneció inmóvil bajo el chorro de agua fría, deseando contra toda esperanza que Jack decidiera que se había equivocado.

Él abrió la cortina de la ducha de un golpe y cerró el grifo.

-¡Maldita perra! ¡Has drogado a Arthur!

Siguió fingiendo su pose de zombi. Era lo único que podía hacer.

Jack la hizo volverse hacia él de un tirón en el brazo. Luego le sacudió un bofetón con el revés de la mano, derribándola en la bañera.

¡Cómo he podido ser tan tonta de pensar que podía ganar a este juego! ¡Tenía que haberme marchado en cuanto me di cuenta de lo que hacían!

-¡Para de pretender! ¡No me engañas! ¡Te voy a enseñar!

Jack la miraba apretando los puños, el rostro contraído en una máscara de ira.

Intentó ponerse en pie. Quizás podría salir corriendo de la bañera y escapar a la calle, aunque fuera desnuda. No sería la primera vez que huía desnuda por las calles. Seguramente alguien la ayudaría.

Jack la volvió a derribar de un tortazo. Se metió en la bañera y la emprendió a patadas con ella. Cecilia se hizo un ovillo en el fondo de la bañera, intentando encajar los golpes lo mejor que podía. No pudo evitar sollozar de miedo y de dolor.

Jack dejó de pegarle. Lo oía jadear sobre de ella. Oyó abrirse un grifo y correr el agua. Se atrevió a abrir un ojo y mirarlo a través de sus greñas.

Jack estaba bebiendo del vaso que había dejado sobre el lavabo.

Volvió a cerrar los ojos, antes de que su mirada la delatara.

¿Se habrá disuelto la pastilla en el agua? ¿Cuánto tiempo tardará la droga en hacerle efecto? ¿Media hora? ¡Joder, en ese tiempo pueden pasar muchas cosas! Como siga pegándome me va a hacer daño de verdad.

-¡Por favor, no me pegues más! -le suplicó entre lágrimas-. Haré lo que tú me pidas. ¡Cualquier cosa!

Jack la agarró del pelo y la levantó hasta ponerla de rodillas. Acercó su cara a su polla. Estaba empalmada.

-¿Sí? ¿Vas a chupar mi polla?

Cecilia la cogió en la mano. Iba a metérsela en la boca cuando Jack la volvió a derribar de un tortazo.

-Para morderla, ¿verdad? ¡No guapa! Conozco los trucos. No… ¡Voy a darte por culo!

La volvió a agarrar del pelo para hacerla ponerse en pie. La hizo salir de la bañera y le tiró una toalla.

-¡Seca!

Cecilia empezó a secarse cuidadosamente, sin quitarle la mirada de encima por si volvía a pegarle. Lloraba de rabia. Tenía magullados los muslos, el culo y la espalda. Le ardían las mejillas de los bofetones y tenía el labio hinchado. Pero ahora al menos tenía la esperanza de poder ganarle la partida. Se puso a secarse el pelo con la toalla, intentando ganar tiempo.

Jack, obviamente, no estaba dispuesto a dejarla. Le quitó la toalla de un manotazo y la empujó fuera del cuarto de baño.

Art estaba todavía arrodillado en el suelo, frotándolo fútilmente con una toalla.

-Leave that, you dumb fool! Come on! Stand up!

Jack agarró a Art de las manos y lo hizo ponerse en pie. Él se quedó  mirándolos con gesto inexpresivo. Jack negó con la cabeza.

-I guess you’re in no shape to fuck her… Well, too bad!

La volvió a agarrar del pelo y la empujó sobre la cama, dejándola doblada sobre el borde. Cecilia supo lo que se le avecinaba y apretó los puños con impotencia. Disimuladamente, se volvió a mirarlo. Estaba frotándose la polla para aumentar su erección. Se escupió en la mano y se le acercó por detrás. Lo de que le iba a dar por culo iba completamente en serio. Así, con un poco de saliva por todo lubricante, iba a resultar doloroso.