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martes, 18 de septiembre de 2018

Espacios de sumisión

El locus cerúleo de una rata. Las neuronas en amarillo contienen noradrenalina (en verde) y serotonina (en rojo). Imagen de microscopio confocal tomada por el autor. 
En la comunidad BDSM existe un gran interés en lo que en inglés se ha dado en llamar “sub-space”, que podríamos traducir por "espacio de sumisión". Se trata de un estado de euforia al que se llega gracias a la práctica sofisticada del bondage, el sadomasoquismo o la Dominación/sumisión. Todo el mundo parece dar por sentado que este espacio de sumisión se debe a la liberación de endorfinas. Sin embargo, ya he señalado en artículos anteriores que no estas ideas parecen basarse más por mitos que en evidencia científica, aunque es innegable que en una sesión BDSM se pueden llegar a alcanzar notables estados alterados de conciencia. Desgraciadamente, estas experiencias a menudo se pagan con estados emocionales negativos llamados en inglés "sub-drop", o “bajón de sumisión”.

En este artículo quiero proponer que no hay un solo espacio de sumisión sino varios, cada cual con sus propias características distintivas, que incluso a veces pueden ser de signo opuesto. Es importante señalar, no obstante, que apenas se han realizado estudios científicos sobre los masoquistas, y que existen sólo contados estudios sobre los estados alterados de conciencia producidos por el ejercicio extremo o el dolor. Por lo tanto, lo que voy a decir aquí es especulativo. Se basa en mi conocimiento de la neurofisiología del dolor, y en comparar los efectos de drogas con el comportamiento de los participantes en las sesiones de BDSM. Quiero proponer que hay al menos tres estados distintos que podríamos considerarse "espacios de sumisión ".

Espacio de sumisión adrenérgico

La reacción más típica al dolor es la de lucha/huida (”Fight/flight” en inglés). En ella hay una activación del eje hipotalámico-pituitario-adrenal que desencadena la liberación de adrenalina a la sangres por las glándulas suprarrenales. Esto aumenta el ritmo cardíaco, aumenta la circulación sanguínea en la periferia, y promueve la actividad muscular. Al mismo tiempo, dentro del sistema nervioso central hay una activación paralela de vías nerviosas que usan noradrenalina como neurotransmisor. Entre ellos se encuentra una vía que va desde los centros adrenérgicos del bulbo raquídeo (locus cerúleo, A5 y A7) hasta la médula espinal, donde inhibe las señales de dolor que llegan por los nervios sensoriales. Otras vías noradrenérgicas van a la corteza cerebral, activándola y aumentando el estado de alerta. En la práctica, cuando la sumisa entra en este estado, grita, lucha, patea y se ríe, al tiempo que se elevan sus umbrales de dolor. Este espacio de sumisión se caracteriza por la presencia de analgesia, euforia y un alto grado de interacción con el Dominante. Aunque la respuesta de lucha/huida se considera estrés, esto no es necesariamente malo, ya que algunas formas de estrés (llamadas 'eustress') son saludables. Muchas personas buscan el eustress en forma de montañas rusas, películas de terror o deportes de riesgo. El BDSM podría considerarse como una forma de eustress. Una cierta cantidad de eustress puede ser necesaria para una salud y puede servir para contrarrestar los efectos nefastos del ‘distress’ (estrés malo). El espacio de sumisión adrenérgico se parece al efecto de drogas estimulantes como la cocaína y las anfetaminas, que actúan aumentando las concentraciones de noradrenalina y dopamina en algunas áreas clave del cerebro.

Espacio de sumisión de las endorfinas

En este espacio de sumisión también se produce analgesia, pero en casi todos los demás aspectos es opuesto al espacio de sumisión adrenérgico. En él, la frecuencia cardíaca disminuye, y también lo hacen la actividad y el estado de alerta. Estos efectos son causados por la liberación de endorfinas no sólo en la sangre, sino también en regiones cerebrales. Por ejemplo, la inhibición del dolor la produce una vía nerviosa que conecta el área gris peri-acueductal en el medio del cerebro con el núcleo rafe del bulbo raquídeo, y desde allí baja hasta la médula espinal para bloquear las señales de dolor recibidas. Existen sinapsis inhibidoras recíprocas entre el núcleo rafe y los núcleos noradrenérgicos (locus cerúleo, A5 y A7) del bulbo raquídeo, de modo que cuando la vía de las endorfinas se activa las vías adrenérgicas se inhiben, y viceversa. Esto tiene su lógica, ya que mientras que el sistema adrenérgico media la lucha/huida, el sistema de endorfinas está relacionado con el comportamiento de inmovilidad (“freezing”), en el cual el animal se queda inmóvil para evitar ser detectado por un depredador. Se ha comprobado que este comportamiento de inmovilidad y ciertos patrones de liberación de endorfinas conducen a un estado mental llamado en inglés “learned helplessess” (indefensión aprendida), que disminuye el aprendizaje y reduce la respuesta inmune y otras respuestas en detrimento de la salud. Por lo tanto, la liberación de endorfinas está lejos de ser la panacea que muchos creen que es. Esto no quiere decir que la liberación de endorfinas sea mala necesariamente, sino que cuando un sumiso entra continuamente en este estado los efectos a largo plazo pueden no ser deseables. En la práctica, una sumisa en el espacio de sumisión de las endorfinas entra en un estado de somnolencia y en una niebla emocional, deja de gritar y forcejear, y está menos alerta a lo que la rodea. Si se le pregunta cómo está, nos responderá suplicando que continuemos con los azotes, el bondage o lo que sea que la ha puesto en ese estado. El estado de sumisión de las endorfinas es similar al efecto de opiáceos como la morfina o la heroína, ya que las endorfinas activan los mismos receptores que estos fármacos, los receptores mu y delta de opiáceos. Las endorfinas también producen la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, que forma parte de lo que se llama "la vía del placer" que media la motivación y se activa con drogas adictivas.

Espacio de sumisión de la serotonina

Quizás sea éste el espacio de sumisión que mejor merece este nombre porque, mientras que los espacios de sumisión adrenérgicos y de endorfinas son producidos por el dolor y otras actividades sadomasoquistas, este espacio de sumisión ocurre en las relaciones de Dominación/sumisión (D/s), sin que haga falta dolor para alcanzarlo. La entrega, la obediencia y el servicio al dominante probablemente producen la liberación en el cerebro de oxitocina y vasopresina, neuropéptidos que median la vinculación afectiva. Este estado es similar al producido por la droga MDMA (‘éxtasis’), que también aumenta la vinculación emocional, la intimidad y el afecto. El MDMA aumenta la liberación de serotonina, un neurotransmisor que produce un estado de ánimo positivo y que contrarresta la depresión, pero que apenas tiene efecto sobre el dolor. Otro neurotransmisor que podría mediar este espacio de sumisión es la dopamina, que puede aumentar o disminuir el dolor según el estado emocional del individuo. 

Mientras que los espacios de sumisión adrenérgicos y de endorfinas son incompatibles, es posible que el espacio de sumisión de serotonina se pueda combinar con ellos para producir efectos mixtos. Otro detalle importante es que las vías noradrenérgicas, dopaminérgicas y serotonérgicas varían mucho entre los individuos. Por eso es tan difícil recetar medicamentos antidepresivos. Por lo tanto, los espacios de sumisión van a variar considerablemente de una persona a otra. Una técnica de flagelación que resulte ideal para un sumiso puede ser nefasta para otro. Un Dominante consumado no es aquel que ha perfeccionado sus técnicas para que funcionen con todo el mundo, sino el que ha aprendido a leer con precisión la expresión corporal de la sumisa y sabe ajustar la sesión de acuerdo con sus respuestas en cada momento.

"Sub-drop" o "bajón de sumisión"

Quiero terminar abordando el tema del “sub-drop” o “bajón de sumisión”. Parece ser que hay al menos dos tipos de sub-drop: uno que ocurre justo después de la sesión y otro que ocurre uno o dos días más tarde. El primero se debe probablemente a la salida de la reacción adrenérgica de lucha/huida. Después de una fuerte activación del sistema nervioso simpático, el sistema parasimpático entra en acción, disminuyendo la frecuencia cardíaca y reduciendo la circulación sanguínea hacia la periferia. El resultado es que el sumiso se siente frío, cansado y agotado emocionalmente. Una manta, abrazos y un buen apoyo afectivo son la mejor solución. El segundo “sub-drop”, que tiene lugar al cabo de dos días, es similar al efecto rebote que sigue al consumo de MDMA. Podría ser derivado de los espacios de sumisión de las endorfinas o de la serotonina. Es mucho más difícil de tratar, ya que la sesión terminó hace tiempo y es probable que el Dominante no esté disponible para dar apoyo emocional. Encima, el bajón puede durar varios días. La única forma de tratarlo es estar preparado y tener algún tipo de sistema de apoyo emocional al que recurrir (amigos, chocolate, una buena película, etc.).

En resumidas cuentas, las sesiones BDSM son algo más complicadas que simplemente hacer entrar a la sumisa en el espacio de sumisión para que se lo pase bien un rato, y luego esperar que salga de él sin ninguna consecuencia negativa. El cerebro humano es increíblemente complicado y apenas estamos empezando a comprenderlo. Al infligir dolor, o al jugar con poderosas emociones como la vergüenza, la culpa y la sumisión, sometemos a la mente a desafíos extremos. Es difícil predecir lo que va a suceder. Lo único que podemos hacer es ir despacio, prestando mucha atención a cómo reaccionan el cuerpo y la mente, y poco a poco ir descubriendo las actividades que nos hacen gozar a corto plazo, pero que también nos convierten en personas más sanas a largo plazo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Si amas a la ciencia, no vueles en Iberia ni en Air Europa

Arco iris en el cerebro de un ratón modificado genéticamente para expresar proteínas fluorescentes
de varios colores en distintas neuronas

¿Crees que la investigación científica es fundamental para la humanidad? ¿Quieres que se inventen curas para las enfermedades que tendrás cuando envejezcas? ¿Eres consciente de que la investigación biomédica no puede avanzar sin el uso de animales de laboratorio? ¿Te preocupa que España se quede detrás en ciencia? Si contestas que sí a estas preguntas, te sugiero que boicotees a Iberia y Air Europa. Al negarse a transportar animales de laboratorio (ratas y ratones) estas dos compañías han puesto en peligro muchas líneas de investigación en España, sobre todo las que tienen lugar en las Islas Canarias:

http://elpais.com/elpais/2016/10/25/ciencia/1477392195_420271.html
http://diariodeavisos.elespanol.com/2016/10/las-aerolineas-se-niegan-transportar-canarias-ratones-experimentacion/

Sí, ya sé que es difícil viajar dentro de España sin usar estas aerolíneas, pero ya es hora de que se enteren de que somos muchos los que ponemos a la ciencia y a la salud de los seres humanos por encima de la ideología dogmática de los animalistas. Informaos bien: el animalismo no sólo quiere acabar con el Toro de la Vega o las corridas en Cataluña, lo que quiere es privarnos a todos del derecho a comer carne, huevos y leche, a tener perros y gatos, a usar a los animales para cualquier cosa. Y lo peor de todo es que quieren privar a generaciones futuras de los grandes avances en medicina que nos traerá la investigación científica. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

BDSM y estados alterados de consciencia - vídeo-conferencia

Se ha publicado en Vimeo el vídeo de la conferencia que di en Madrid el 25 de junio del 2016. El vídeo consiste en las diapositivas con el audio grabado de la conferencia. La charla dura 1 hora y 39 minutos, pero el vídeo permite saltar a las partes que os parezcan más interesantes. Éste es el enlace al vídeo:

https://vimeo.com/182298029

¡Espero que os guste!

domingo, 6 de diciembre de 2015

Cómo controla el cerebro el sistema inmune: el tono vagal

Encontré en El País este artículo sobre las posibilidades que tiene la estimulación eléctrica del nervio vago para controlar el sistema inmune. Por medio de esta técnica se están tratando enfermedades hasta ahora incurables como la artritis reumatoide.

http://elpais.com/elpais/2015/11/30/ciencia/1448898661_768854.html
dispositivo para estimular el nervio vago

Otra faceta interesante es la posibilidad de regular el tono vagal con meditación, ejercicios respiratorios y otras técnicas que controlan el estrés.

El nervio vago se origina en el bulbo raquídeo y desciende por medio del cuerpo, estableciendo contacto con todos los órganos importantes: corazón, estómago, bazo, páncreas, intestino cápsulas suprarrenales y riñones. Por lo visto, es su contacto con el bazo lo que regula el sistema inmune.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Cambio de planes

Llevo varios meses planteándome las cosas. ¿Qué es lo que quiero conseguir cómo escritor? ¿Qué es lo más importante para mí? ¿Qué mensaje quiero dar? ¿Quién quiero que me lea? ¿Cómo puedo llegar a más gente?

Es importante no quedarse estancado en la vida. Hay que aprender de lo que funciona y de lo que no funciona y cambiar de estrategia de acuerdo con eso. Y éstas son algunas cosas de las que me he dado cuenta:

  • No quiero pasarme la vida escribiendo sobre BDSM. Me atrae mucho la idea de escribir algo en la interacción entre la ciencia y la filosofía.
  • Quizás haya llegado la hora de escribir libros de ensayo y no novelas.
  • Es muy difícil promocionar libros en español viviendo en EE.UU.
  • Por el contrario, he conocido últimamente gente que me podría ayudar a publicar en inglés.
  • Los mecanismos de promoción de libros electrónicos, como Goodreads, funcionan mucho mejor para libros en inglés que para libros en español.
  • Cada vez que escribo sobre ciencia en español mi artículo tiene poco éxito. Sin embargo, si lo hago en inglés se me lee mucho y recibo muchos comentarios. Creo que el público anglosajón está mucho más interesado en temas serios que el público hispano.
  • Es una pena escribir un libro en español y después tener que decirles a mis amigos que no lo pueden leer porque sólo leen inglés. La realidad es que mi entorno social está aquí en EE.UU. y no en España.
  • Una posibilidad muy atractiva es la unir mi carrera como escritor con mi carrera científica, lo que podría hacer escribiendo ensayo sobre ciencia. 
  • Otra posibilidad en la misma dirección es escribir sobre la fisiología del sadomasoquismo.
¿Conclusión? Debería dejar de escribir en español y ponerme a hacerlo en inglés. El problema es que estoy a punto de terminar mi cuarta novela en español, Contracorriente. Incluso tengo escrita un buen trozo de mi quinta novela, Para volverte loca, y tengo planeada la sexta, Nunca podrás volver a casa. Todas son de la saga de Cecilia Madrigal, la protagonista de la trilogía Voy a romperte en pedacitos. No me apetece nada dejarlas. Estoy particularmente entusiasmado con Para volverte loca, donde tocaré dos temas que me parecen fascinantes: el uso de la llamada terapia aversiva para cambiar la orientación sexual de las personas y la pedofilia y su posible cura. Son temas que nunca se han abordado en una obra de ficción, que yo sepa, y que son tremendamente controvertidos.

Por otro lado, se me ha ocurrido una idea para un libro de ensayo (en inglés). Consistiría en explicar desde el punto de vista de la neurociencia por qué los seres humanos somos distintos de los animales, qué nos hace especiales. Lo podría titular Humans are awesome! (¡Los humanos somos impresionantes!). 

¿Qué voy a hacer? Creo que lo mejor es empezar un periodo de transición de unos cuantos años que me llevaría de escribir en español a hacerlo principalmente en inglés. O tal vez siga escribiendo cosas distintas en cada idioma. Por ahora, esto es lo que he decidido:
  • Traducir al inglés mi novela Juegos de amor y dolor. De hecho, ya he traducido tres de los nueve capítulos, o un tercio de la novela.
  • Intentar publicar la versión inglesa de Juegos de amor y dolor en una editorial americana.
  • Según el éxito de novela Juegos de amor y dolor decidir si traduzco las otras novelas o si pago a alguien para que las traduzca.
  • Trabajar sobre la versión en inglés de este blog (al que se puede acceder presionando en la pestaña "English blog"). En el escribiría más artículos sobre ciencia y menos sobre sexo.
  • En cuanto a este blog en español, pasaría a publicar traducciones de los artículos en inglés y alguno que otro exclusivamente en español, según se me vaya ocurriendo.
  • Empezar a escribir Humans are awesome!
  • Publicar Contracorriente, que estará finalizada a fin de este año. Quizás intente publicarla en una editorial. Si esto no funciona en un plazo razonable, la sacaría como libro electrónico.
  • También estoy preparando una nueva edición de Juegos de amor y dolor que tiene como novedad la inclusión de notas hiper-enlazadas con el texto. Los que ya hayáis comprado esta novela podréis bajar gratis la nueva edición.
  • Quiero publicar Juegos de amor y dolor y eventualmente todas mis novelas en papel a través de un servicio especial de Kindle. 
Claro que todo esto es super-ambicioso. Seguramente tendré que descartar alguno de estos proyectos, o reservarlos para cuando me jubile... Pero mi carrera científica va muy bien y no creo que lo haga por muchos años. En fin, ya veremos. Ojalá puediera vivir mil años para hacer realidad todos mis proyectos. 

domingo, 10 de mayo de 2015

¿Por qué sentimos vergüenza?


Desde hace un tiempo siento una gran fascinación por las emociones, quizás porque estoy convencido de que contribuyen en gran medida a nuestra felicidad. De hecho, es frecuente confundir la alegría (que no es más que una emoción) con la felicidad (que es un estado profundo de ser que transciende a las emociones). No voy a entrar aquí en definir la felicidad, sólo apuntar que depende en gran medida de sentir emociones positivas, como la alegría y el amor, y el limitar nuestras emociones negativas, como el temor, la ira y la tristeza.

Un grupo de emociones particularmente importantes son aquellas que están relacionadas con cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. Por esa razón se denominan en inglés “self-conscious emotions” (Muris and Meesters, 2014): emociones de la consciencia del ser. Normalmente se nombran tres: la culpa, la vergüenza y el orgullo; pero existen otras relacionadas con ellas: la dignidad, la soberbia, el arrepentimiento, el ridículo y el humor. El orgullo, la dignidad y la soberbia son emociones positivas que nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos, mientras que la culpa, el arrepentimiento y la vergüenza son emociones negativas que disminuyen nuestra autoestima.

En particular, la vergüenza es una poderosa emoción con una tremenda capacidad para hacernos daño, pudiendo llevar incluso al suicidio (Lester, 1997, Werbart Tornblom et al., 2015). También se ha visto que el desorden de estrés post-traumático (PTSD) no sólo está causado por el miedo, sino que tiene importantes componentes de culpa y vergüenza (Lee et al., 2001, Wilson et al., 2006). El comprender la vergüenza es también esencial en la lucha por las libertades sexuales y la igualdad. Tanto el “estar en el armario” como el que nos saquen de él a la fuerza (“outing” en inglés) tienen profundos efectos en la autoestima debido a la vergüenza que conlleva que no nos ajustemos a la normativa de la sociedad (Chekola, 1994).

¿Por qué existe la vergüenza? La clave de la supervivencia de los seres humanos es nuestra habilidad de vivir en grupos sociales. En el entorno en el que evolucionó nuestra especie, una persona sola sería incapaz de encontrar alimento y defenderse de los predadores para sobrevivir. Es a base de vivir en grupos como los humanos hemos sido capaces de conquistar casi todos los ecosistemas de la superficie terrestre. Sin embargo, el funcionamiento armonioso de una sociedad humana requiere que se respeten una ciertas reglas que establecen la cooperación mutua, de tal manera que todo el mundo contribuya y nadie se beneficie indebidamente del esfuerzo de otros. También hace falta que haya frenos a la agresividad y que se establezcan jerarquías que hagan que las opiniones y los actos de los individuos con mayor éxito y experiencia se valoren más que las de los demás.

El orgullo, la culpa y la vergüenza son emociones que evolucionaron para hacer que estas reglas sociales estén arraigadas en las profundidades de nuestro psiquismo (Breggin, 2015). Así, la culpa y el arrepentimiento cumplen la función de evitar que se rompan normas sociales y que reparemos el daño causado cuando lo hacemos. La vergüenza y la humillación aparecen frecuentemente asociadas con ataques que nos hacen perder nuestro atractivo social (Gilbert, 1997). Otros investigadores señalan que el orgullo y la vergüenza son señales sociales que benefician tanto a quien las expresa como a quien las observa (Martens et al., 2012). En particular, el mostrar vergüenza puede servir para apaciguar a los otros tras una transgresión social y así evitar o paliar el castigo. Por otro lado, la vergüenza desempeña un papel esencial en la regulación de la conducta social y es uno de los incentivos más fuertes para cambiarse a uno mismo (Lickel et al., 2014). Por ejemplo, el avergonzar al maltratador puede servir para mitigar o poner fin a situaciones de abuso doméstico y acoso sexual. Se ha visto que la vergüenza es fundamental en el tratamiento de personas que abusan sexualmente de niños (Proeve and Howells, 2002).

¿Pero entonces por qué existe la vergüenza como emoción distinta de la culpa? Mientras que la culpa es principalmente un freno a la agresividad y al egoísmo, la vergüenza y su emoción opuesta, el orgullo, actúan como incentivos para la cooperación. El orgullo nos señala un aumento en nuestro status social cuando tenemos éxito, mientras que la vergüenza opera como una señal de alarma que nos advierte que disminuye la estima con que se nos tiene en el grupo. En el entorno evolutivo, la capacidad de una persona para alimentarse y reproducirse debía estar estrechamente asociada a este estatus social, lo que explicaría que la vergüenza esté profundamente arraigada en el funcionamiento de nuestro cuerpo. Por ejemplo, la vergüenza produce rubor, que una respuesta automática del sistema cardiovascular. También produce importantes efectos negativos en el sistema hormonal, como un aumento en la hormona de estrés cortisol, y en el sistema inmune, como un aumento en las citoquinas pro-inflamatorias (Dickerson et al., 2004).

Resulta interesante analizar algunas emociones relacionadas con la vergüenza: la dignidad, la humillación, el ridículo y el humor. Podríamos decir que la dignidad es la manifestación externa del orgullo en nuestro comportamiento. Sin embargo, la dignidad puede ser mentirosa: podemos comportarnos de forma digna aunque por dentro no nos sintamos orgullosos. Si hacemos esto, a menudo la gente que nos rodea intentará desenmascararnos, exponiendo nuestra falta de autoestima al dejarnos en ridículo. El ridículo es, por lo tanto, una pérdida de dignidad que conduce al humor… Cuando el petulante gallito se cae en un charco, todo el mundo se ríe. Cuando una persona con buena autoestima se ve en una situación de ridículo reacciona uniéndose al regocijo general, riéndose de sí mismo. Paradójicamente, esto tiene el efecto de rescatarlo del ridículo. Por el contrario, una persona con baja autoestima intentará mantener su dignidad a toda costa: el petulante gallito se levanta del charco y se ajusta la ropa mojada, muy serio, pretendiendo que no ha pasado nada. El resultado son más risas.

Por otro lado, la humillación y el avergonzar son técnicas muy comunes tanto en el abuso psicológico como en el control de la gente por el poder religioso y político. Por lo tanto, hace falta desarrollar estrategias para desenmascarar esas campañas de humillación masiva. Una de esas estrategias es dar connotaciones positivas a palabras que se usan para humillar, como se hizo en inglés con las palabras “gay”, “slut” (“guarra”) y “pervert” (“pervertido”). En particular, “slut” se aplica ahora a ambos sexos, no sólo a las mujeres, y ha pasado a denominar a una persona liberada sexualmente con un poderoso eroticismo. También se usa en la expresión “slut shaming”, con la que se denuncia la actitud de querer avergonzar a una mujer por su conducta sexual. Por otro lado, neologismos como “homofobia”, “misoginia”, “misandria”, “sexo-negativo” y “erotofobia” se pueden usar para avergonzar a los opresores, exponiendo sus actitudes de odio y de miedo irracional.

En resumen, creo que comprender la emoción de la vergüenza es fundamental tanto por el papel que desempeña en nuestra salud física y mental como por su capacidad para ser usada para el abuso psicológico y la opresión cultural.

Referencias


Breggin PR (2015) The biological evolution of guilt, shame and anxiety: A new theory of negative legacy emotions. Med Hypotheses.

Chekola M (1994) Outing, truth-telling, and the shame of the closet. J Homosex 27:67-90.

Dickerson SS, Gruenewald TL, Kemeny ME (2004) When the social self is threatened: shame, physiology, and health. J Pers 72:1191-1216.

Gilbert P (1997) The evolution of social attractiveness and its role in shame, humiliation, guilt and therapy. Br J Med Psychol 70 ( Pt 2):113-147.

Lee DA, Scragg P, Turner S (2001) The role of shame and guilt in traumatic events: a clinical model of shame-based and guilt-based PTSD. Br J Med Psychol 74:451-466.

Lester D (1997) The role of shame in suicide. Suicide Life Threat Behav 27:352-361.
Lickel B, Kushlev K, Savalei V, Matta S, Schmader T (2014) Shame and the motivation to change the self. Emotion 14:1049-1061.

Martens JP, Tracy JL, Shariff AF (2012) Status signals: adaptive benefits of displaying and observing the nonverbal expressions of pride and shame. Cogn Emot 26:390-406.

Muris P, Meesters C (2014) Small or big in the eyes of the other: on the developmental psychopathology of self-conscious emotions as shame, guilt, and pride. Clin Child Fam Psychol Rev 17:19-40.

Proeve M, Howells K (2002) Shame and guilt in child sexual offenders. Int J Offender Ther Comp Criminol 46:657-667.

Werbart Tornblom A, Werbart A, Rydelius PA (2015) Shame and Gender Differences in Paths to Youth Suicide: Parents' Perspective. Qual Health Res.

Wilson JP, Drozdek B, Turkovic S (2006) Posttraumatic shame and guilt. Trauma Violence Abuse 7:122-141.


domingo, 29 de marzo de 2015

El Homúnculo no actuará esta noche en el Teatro Cartesiano


Mucha gente se imagina que la mente funciona de la siguiente manera: las sensaciones de la vista, el oído, el tacto, etc. convergen en una parte de la mente donde está nuestro “yo” o “ego”. Ese “yo” decide lo que hay que hacer y pone en movimiento una serie de mecanismos que hacen que se mueva el cuerpo, se busquen recuerdos, se realicen determinados cálculos… es decir, todo lo que hacemos en nuestra vida. A esa parte de la mente desde la cual somos testigos de todo los que percibimos se la ha llamado el “teatro cartesiano”. El nombre proviene del filósofo francés René Descartes, quien creía en el dualismo: que la mente y el cerebro son entes distintos que se comunican entre sí. Y a ese “yo” que experimenta las sensaciones y decide lo que hay que hacer se le ha llamado el “homúnculo”. Todo esto, por supuesto, es una completa tontería.

El teatro cartesiano
La idea del homúnculo es absurda, en primer lugar, porque nos llevaría a una regresión al infinito. Dentro del homúnculo tendría que haber otro teatro cartesiano con otro homúnculo que a su vez tendría otro teatro cartesiano con otro homúnculo… y así hasta el infinito. En algún momento se tienen que acabar los homúnculos y los teatros cartesianos, así que quizás lo mejor sería descartarlos desde el principio. De hecho, no hay ninguna parte del cerebro que parezca desempeñar las funciones de teatro cartesiano o de homúnculo. Ni estudios de lesiones en el cerebro ni los más modernos métodos de imágenes cerebrales han podido encontrar la sede del “yo” en el cerebro.

Lo miremos como lo miremos, la organización del cerebro humano no deja de ser desconcertante. Por ejemplo, el cerebro no está organizado como un ordenador, donde toda la información converge en un chip central como el i5 fabricado por Intel que tiene el ordenador con el que escribo. Por el contrario, en el cerebro no hay “chip” central, no hay ninguna parte donde converja toda la información. Además, un ordenador procesa la información de forma lineal, grupos de 32 o 64 bits formando cola para pasar por el procesador central. En el cerebro, por el contrario, toda la información se procesa al tiempo, usándose partes del cerebro a veces muy alejadas entre sí. Todas las neuronas del cerebro están activas todo el tiempo, a veces más, a veces menos, pero siempre hay liberación de neurotransmisores en las sinapsis y disparo de potenciales de acción en los axones. El cerebro sigue activo incluso cuando dormimos, incluso bajo anestesia general. La actividad cerebral sólo cesa con la muerte. De nuevo, la analogía con el ordenador nos falla: el ordenador se puede encender y apagar, el cerebro no.

Pero todo esto no quiere decir que no podamos entender cómo funciona el cerebro, sino que tenemos que estar preparados para lo inesperado. Porque, en realidad, la organización del cerebro tiene su lógica. La parte del cerebro que realiza las funciones más complejas de la mente es lo que está más afuera: la corteza cerebral. En el interior hay una serie de núcleos y partes que realizan funciones dispares, normalmente asociadas con las emociones. La amígdala (“almendra”) procesa el miedo y la ansiedad. El estriado y el núcleo accumbens contienen la llamada “vía del placer” responsable por la motivación, el placer y la recompensa. El hipocampo procesa información espacial y temporal. El hipotálamo segrega hormonas que controlan las funciones del cuerpo. En el centro del cerebro está el tálamo, un área donde convergen todas la sensaciones (menos el olfato). Entonces, ¿no podría ser el tálamo el teatro cartesiano? No, porque el tálamo es sólo una estación más de relé, se encarga de distribuir las sensaciones a zonas especializadas de la corteza donde son procesadas: el córtex visual en la parte de atrás del cerebro, el auditivo en la parte lateral y el córtex somatosensorial que forma como una diadema a los lados. Frente al córtex somatosensorial está un hendidura muy profunda: el sulcus central o fisura de Rolando. Al otro lado hay otra “diadema”: el córtex motor primario, encargado el organizar nuestros movimientos con la ayuda del cerebelo. Aquí es donde nos encontramos con algo que tiene bastante lógica: todo lo que está detrás del sulcus central tiene que ver con sensaciones, mientras que todo lo que está delante del sulcus central tiene que ver con acciones. Por lo tanto, el cerebro está organizado siguiendo el principio de “input” - entrada y “output” - salida. En la parte más delantera del cerebro está el córtex prefrontal, encargado de planear decisiones. Está claro entonces, ¿no?: el “yo” está en el córtex prefrontal.

El córtex cingulado
Lo siento, pero no es así. El córtex prefrontal funciona junto con otras dos áreas para procesar las funciones relacionadas con la toma de decisiones: el córtex cingulado anterior y la ínsula anterior derecha. Las paredes de la profunda grieta que separa los hemisferios cerebrales también tienen corteza cerebral; es allí donde encontramos el córtex cingulado. Su función consiste en sopesar las emociones que sentimos, la importancia de cada idea y recuerdo, y con ello dar un voto emocional a la toma de decisiones que será sopesado por el córtex prefrontal. La ínsula es una invaginación del córtex dentro del surco lateral o cisura de Silvio. Es pequeña pero matona, porque allí se procesan cosas muy importantes: la cualidad desagradable del dolor, la cualidad agradable del placer, los orgasmos, la empatía, el asco y muchas otras emociones. Una cosa sumamente curiosa es que la parte anterior de la ínsula existe sólo en los seres humanos, siendo muy rudimentaria en los chimpancés y otros monos antropoides e inexistente en el resto de los mamíferos. Su función consiste en hacer un simulacro de lo que sentiríamos en determinadas condiciones: si me pegas con esa vara, lo que voy a sentir es este tipo de dolor. Por lo tanto, esa capacidad de proyectar emociones y sensaciones hacia el futuro (o en situaciones hipotéticas) pare ser únicamente humana.

La ínsula
¿Qué quiere decir todo esto? Una de las preguntas más fundamentales que nos podemos plantear es qué somos en realidad, en qué consiste lo que llamamos el “yo”, qué es lo que hace que seamos conscientes. De la respuesta que demos a esa pregunta dependerán cuestiones tan importantes como si tenemos libre albedrío, si somos diferentes de los animales, si existe vida después de la muerte, o si algún día podremos subir nuestra mente a un ordenador. El tema de cómo el cerebro produce nuestra consciencia ha sido denominado “el problema difícil” por los filósofos. Algunos, como David Chalmers, creen que no tiene solución. Yo no estoy de acuerdo. Por ejemplo, el problema de qué es la vida tampoco parecía posible de resolver en el siglo XIX; hizo falta el colosal desarrollo de la bioquímica y la biología molecular en el siglo XX para resolverlo. De la misma forma, pienso que la neurociencia está avanzando a pasos agigantados para explicar lo que es la consciencia en términos del funcionamiento de las distintas partes del cerebro y, finalmente, en base a neuronas y neurotransmisores. Claro que filósofos como Chalmers nunca se darán por satisfechos, pero cuando no sólo podamos describir los mecanismos de nuestra consciencia sino también manipularla, sus objeciones dejarán de tener sentido. Quizás no podamos predecir por ahora cómo será esa explicación de la consciencia, pero creo que ya estamos en condiciones de descartar algunas ideas; el homúnculo y el teatro cartesiano entre ellas. Fueron concebidos por el filósofo Daniel Dennett para mostrar como el dualismo cuerpo-mente todavía subyace nuestra forma de pensar sobre la conciencia. Escribiré más sobre el problema de la consciencia en futuros artículos.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Dios no es bueno

Vista de la estación de esquí de Valdesquí desde La Bola del Mundo, con Peñalara al fondo
Éste es un fragmento del capítulo 2 (Cumplir la penitencia) de mi novela Juegos de amor y dolor. Contiene una sesuda conversación entre la protagonista, Cecilia, y Julio, un chico que está enamorado de ella. Cecilia ha sido adoctrinada durante toda su juventud por el Opus Dei pero últimamente está pasando por una crisis de fe. Julio es agnóstico y aquí le presenta argumentos muy sólidos contra la existencia del Dios del cristianismo. He añadido a este fragmento tres notas que no aparecen en la novela. La siguiente edición de esta novela incluirá notas como estas hiper-enlazadas desde el texto. No sé cuándo publicaré esta tercera edición, ya que la voy preparando al mismo tiempo que traduzco la novela al inglés.

***

Una vez en las pistas de Valdesquí, Cecilia bajó esquiando hasta la taquilla a comprar el abono. Luego tuvo que soportar varias colas interminables hasta que consiguió volver a lo alto de la montaña. Se puso a esquiar en la pista de Valdemartín, la más difícil, pero incluso allí había demasiada gente. Empezó a volverle el mal humor y la frustración de los días anteriores. Para colmo, mientras esperaba en la cola del telearrastre un imbécil derrapó encima de ella y la tiró al suelo. Iba a empezar a gritarle, pero se quedó con la boca abierta, confundida. Era Julio. Se echó a reír.

-¡Pero bueno! ¿Tú qué haces aquí?

-Es que me gusta esquiar, ¿no te lo había contado?

-¡Tonto, como no lo voy a saber! Pero… ¡qué casualidad que hayamos subido el mismo día! Y luego encontrarnos en medio de tanta gente, ¿no?

-De casualidad nada. Te vi desde el telearrastre y llevo dos bajadas intentando alcanzarte. ¡Si es que esquías como una loca, chica!

-Pues mira lo que has conseguido: ahora tendré que confesarme de haberte visto otra vez.

-Pues lo siento… A lo mejor, si me voy enseguida, no cuenta.

-Sí que cuenta, así que quédate, total… Además, me has puesto de buen humor. Llevaba un montón de días echando humo por las orejas.

-¿Y eso?

-No sé… Tengo parciales, y esta vez me está costando mucho trabajo estudiar. Me distraigo continuamente. Intento esforzarme y sólo consigo ponerme de mal humor. No sé lo que me pasa…

Sabía que no era una buena idea hablarle de eso, precisamente a él. Pero es que si no se lo contaba a alguien iba a explotar. Julio se le acercó, le puso la mano en el hombro y le dijo al oído:

-Yo sí que lo sé.

-¿Ah, sí? ¿Qué?

-Te pasa lo que a mí, que me he enamorado… de ti, Cecilia. Ya te lo dije.

Se le quedó mirando, boquiabierta, sin saber si lo decía en serio o en broma.

-¿Te crees que estoy todo el rato pensando en ti? ¡Eres un engreído!

-¿Acaso no es eso? Dime la verdad. Tú nunca mientes.

-Bueno, sí que pienso un poco en ti -le confesó-, pero también en otras cosas.

-No se le pueden poner barreras a los sentimientos, Cecilia. Por eso no puedes concentrarte. A mí me pasa lo mismo: estoy todo el rato pensando en ti.

-¿Tú tampoco puedes estudiar?

-Bueno, me las apaño… A veces me pongo a soñar despierto contigo, pero al cabo de un rato se me pasa y me puedo volver a poner a estudiar. Claro que sería mejor poder verte de vez en cuando… Yo creo que a ti también te vendría bien, seguro que así estudiabas mejor.

Les llegó el turno de coger el remonte. El telearrastre era para dos: una especie de ancla de madera en la que cada esquiador se colocaba a un lado del poste central.

-No Julio, ya te he dicho que lo nuestro no pude ser -le dijo cuando se pusieron en marcha.

-¿Y por qué no?

-Porque me lo prohibió mi confesor. Dice que eres una mala influencia.

-Pues en eso tengo que darle toda la razón.

-¡Tonto! Te estoy hablando en serio.

-Y yo también. Desde su punto de vista, no puedo ser peor para ti: alimento tus dudas de fe y te seduzco con mis apabullantes encantos.

-Y encima me haces reír.

-Bueno, eso no es pecado.

-Contigo seguro que sí. Bueno, ahora en serio… Don Víctor me dijo que alguien no puede ser buena persona si no es creyente. Yo se lo discutí: hay personas que no son creyentes y que sin embargo hacen el bien. Por otro lado, hay cristianos que han hecho cosas horribles. La cosa se puso fea cuando sugerí que la propia Iglesia ha sido cómplice de muchas atrocidades.

-¡Qué quieres que te diga! Tienes toda la razón, por supuesto. Pero tienes que entender el problema en profundidad. Hay dos escalas de valores, la religiosa y la humanista. Por un lado, los cristianos definen el bien como la voluntad de Dios, que por lo visto consiste en que creamos en Él; por lo tanto, alguien que no cree no puede ser bueno. Por otro lado, los humanistas definen el bien como algo que beneficia a los seres humanos, con lo que todo el mundo puede hacer el bien y no hace falta la fe.

-Sí, es lo mismo que me explicaste en el hotel de Perpiñán.

-¡Huy! No quería sacar a colación esa noche… Ya sé que no te gusta que te la recuerde.

Cecilia suspiró.

-¡Bueno, ya no tiene remedio! Y la verdad es que tuvimos una conversación muy interesante hasta que… Pero sigue con lo que me estabas contando.

-Pues eso… Para los católicos, las acciones apenas tienen importancia si no hay fe. Algunos protestantes incluso lo llevan al extremo, dicen que la fe es lo único que importa, las acciones no cuentan para nada. De una forma u otra eso lleva a problemas prácticos muy peliagudos. Si los no creyentes somos malvados, entonces está justificado hacernos la guerra, o recurrir a todo tipo de coacciones y amenazas para hacernos creer.

Llegaron al final de la subida. Cecilia se desenganchó del telearrastre y dio dos pasos de patinador a la izquierda.

-¡Sígueme! -le gritó a Julio.

Valdesquí - La flecha indica la roca bajo la cual tiene lugar la conversación de Cecilia y Julio
Fue costeando hacia dos grandes escarpaduras de roca que hay casi en la cima del cerro de Valdemartín. En un lugar tranquilo bajo ellas se echó en la nieve, clavando la cola de los esquíes para hacer una V, las piernas en alto. Julio la imitó. Los dos se quedaron mirando al cielo, que conforme avanzaba el día se había vuelto cada vez más azul.

-Este es mi sitio favorito -le dijo a Julio-. Siempre vengo aquí a relajarme y a disfrutar de la paz de la montaña.

-Bueno, relativamente; aún se oye el ruido del telearrastre. Yo sí que he estado en sitios de montaña donde no se ve un alma y solo se oye el ruido del viento.

-Pero para estar en una estación de esquí, no está nada mal, ¿no? … En cuanto a lo que me decías antes, creo que estás equivocado. No hay contradicción entre las dos definiciones del bien que tú me has dado, porque la voluntad de Dios es precisamente que hagamos el bien a los demás. En eso consiste el humanismo cristiano.

-El humanismo cristiano no es más que una quimera, un invento reciente para responder a las críticas de los humanistas de verdad. El humanismo es una filosofía en la que el hombre es lo más importante; si lo más importante es Dios, yo no es tal humanismo. En cualquier caso, esa solución que tú me has dado lleva a un problema aún más peliagudo. Un problema que los teólogos cristianos nunca han logrado resolver: el de la teodicea.

-¿Teodicea? ¿Qué es eso?

-Teodicea quiere decir defensa de Dios. Es un término que inventó Leibniz (1)…

-¿El matemático que inventó el cálculo diferencial?

-Sí, aunque también fue un gran filósofo. Mucha gente se refiere a este problema como el problema del mal, pero yo creo que es más adecuado llamarlo el problema de la teodicea, porque lo que está en cuestión, en definitiva, no es si existe el mal sino si existe el Dios bueno en el que creéis los cristianos.

-¡Pero eso es absurdo! ¿Cómo no va ser Dios bueno?

-Bueno, vamos a verlo… Partimos de la base de que Dios es omnisciente, omnipotente y el creador del mundo. ¿De acuerdo?

-Eso es evidente, ¿no?

-Muy bien. El caso es que existe el mal en el mundo: enormes cantidades de enfermedades, muerte y sufrimiento. Si Dios ha creado el mundo, también ha creado el mal. No se le puede disculpar a Dios diciendo que Él no se da cuenta del sufrimiento que causa, porque si no lo supiera, no sería omnisciente. Y tampoco se pude decir que Dios no puede hacer nada para remediar el mal del mundo, porque si eso fuera verdad, no sería omnipotente. Por lo tanto, la única conclusión posible es que Dios creó el mal siendo consciente de lo que hacía, por lo tanto, Dios no es bueno.

-¡No puede ser! Tiene que haber algún fallo en ese razonamiento. Dios tiene que ser bueno porque Él mismo es el que decide lo que está bien y lo que está mal.

-¿Ves? Volvemos a lo que te decía antes: esa es la definición religiosa del bien. La definición humanista del bien es lo que es bueno para los seres humanos. Por lo tanto, si quieres, la existencia del mal en el mundo pone de manifiesto que la definición religiosa y la definición humanista del bien son mutuamente incompatibles, al contrario de la lo que tú me decías antes.

-Todo eso es un planteamiento muy simplista. Se basa en nuestro desconocimiento de la naturaleza del mal. Si lo comprendiéramos, entenderíamos por qué Dios lo permite.

-No, Cecilia, no me líes. El mal no es tan difícil de entender, lo experimentamos todos los días, es innegable que existe. Sí, los teólogos intentan justificar la existencia del mal como algo bueno. Pero eso es rizar el rizo; el mal no puede ser bien. Es un argumento bastante simple, por supuesto; precisamente en eso radica su fortaleza.

-Bueno, pero de todas formas ese argumento no excluye la existencia de Dios -dijo, sintiéndose cada vez más acorralada-. De hecho, cada vez existen más argumentos a favor de la existencia de Dios. La ciencia ha ido progresando hacia la idea de que el Universo ha sido creado. Antes se pensaba que el universo podía ser eterno, pero ahora sabemos que fue creado en un instante, el Big Bang (2). Y encima, ahora se ha visto que las constantes fundamentales de la física (3), como la constante cosmológica o la relación entre la fuerza electromagnética y la fuerza gravitatoria, tienen que tener unos valores muy precisos. Si no, no podría haber vida en el universo. Tendríamos un universo sin estrellas, con la materia uniformemente esparcida por todo el espacio, o donde sólo hubiera agujeros negros.

-¿Sí? No lo sabía. ¿Pero a dónde vas a parar con todo eso?

-¡Pues está clarísimo! El universo ha tenido que ser diseñado por un Creador que estableciera que esas constantes tienen precisamente esos valores.

-Me estás vendiendo la moto, Cecilia. Seguro que eso no es lo que dicen los científicos.

-No, por supuesto. Esto me lo explicó Alfonso, mi profesor, que es ateo como tú. Él se inventa otras explicaciones, como que existe una serie infinita de universos, cada cual con un valor distinto de las constantes fundamentales, así que nosotros vivimos en el universo que permite nuestra existencia. Pero el creer que existan infinitos universos no se basa en ninguna evidencia científica. La existencia de Dios resulta mucho más plausible.

-Vale, pues muy bien, estoy de acuerdo en eso: es posible que exista un Dios que creó el Universo. Por eso digo que soy agnóstico, no ateo. Sin embargo, estamos en las mismas: no es posible que ese Dios creador sea a la vez bueno, omnisciente y todopoderoso, dado que existe el mal en el mundo. Otras religiones ofrecen mejores soluciones para el problema del mal. Por ejemplo, en el Hinduismo el Ser Supremo, Brahama, tiene facetas buenas y facetas malas: Vishnu, el que cuida de la Creación y Siva, el que la destruye. Incluso está la diosa-demonio Kali…

-Pero tú no crees en eso, ¿no? -Lo interrumpió angustiada-. Tú no crees que Dios sea malo.

-No, yo no creo en Dios. Es mejor no creer en Dios que creer en un Dios malvado, ¿no te parece?

-¡No, Dios no es malvado! Lo que pasa es que tuvo que crear el mal para que los hombres tengamos libertad, para que podamos escoger entre el bien y el mal.

-Sí, esa es una de las respuestas clásicas, pero no tiene sentido. Hay muchos males que no elegimos sino que nos vienen impuestos, las enfermedades, por ejemplo. De hecho, ese tipo de males disminuyen nuestra libertad en vez de aumentarla. Si Dios fuera realmente omnipotente le habría sido posible crear un mundo sin mal, pero en el que fuéramos libres.

-Pero, de hecho, Dios creó el mundo sin mal alguno. Antes no existían las enfermedades y la muerte, todo eso empezó con el pecado original.

-Pues estamos en las mismas, Cecilia. ¿Por qué tuvo Dios que crear la posibilidad de que hubiera un pecado original? Eso es ser un poco perverso, ¿no? Es como el padre que deja un paquete de caramelos encima de la mesa y les prohíbe a sus hijos que los coman. ¿Para qué crear la tentación, en primer lugar?

Demasiado tarde, Cecilia se dio cuenta de su error. Le había ido a Julio con un problema, y él le había devuelto uno aún mayor. Una vez comenzada esa conversación, su curiosidad le había impedido terminarla, y ahora se veía sin argumentos para rebatir los de Julio. Lo peor de todo es que iba a ser difícil consultar el problema con don Víctor sin confesarle que había vuelto a ver a Julio. Tenía que haber salido corriendo nada más verlo.

-Bueno, será mejor que me vaya -dijo apenada.

Sacó la cola de sus esquís de la nieve y los dejó caer a un lado. Se puso trabajosamente en pie. Julio hizo lo mismo.

-Lo siento, no debería haberte contado todo esto, -dijo él-. Me he dejado llevar por mi entusiasmo por mis ideas, como siempre. Ya me conoces: cuando me embalo a pensar no hay quien me pare. Soy como tú esquiando.

-No, si soy yo la que me lo he buscado, no debería hablarte de estas cosas. Eres muy listo, Julio. Demasiado. ¿Ves? Por eso precisamente no puedo verte.

-Quédate y nos dedicamos a esquiar solamente, ¿vale? No más filosofía.

-¡Sí, ahora que el daño ya está hecho! -Le dedicó una sonrisa triste-. El caso es que me tengo que ir dentro de nada. Tengo que atravesar esquiando hasta Navacerrada para coger el autobús y con lo pesada que está la nieve se tarda cantidad.

-¿Has venido en autobús? Esa travesía a Navacerrada se las trae. Es mejor que te vuelvas en coche con nosotros.

-¿Y quiénes sois “nosotros”?

-Laura, su amiga Cristina y yo.

-¿La famosa Laura?

-La famosísima Laura.

-¿Y cómo es que no estás esquiando con ellas?

-Estuve con ellas toda la mañana, pero no esquían demasiado bien, sobre todo Cristina. Al final se cansaron y se metieron en el bar, y yo aproveché para venirme a esquiar aquí a Valdemartín.

-Así que sigues saliendo con ella.

No podía evitarlo, cada vez que se imaginaba a Julio con Laura le entraban celos.

-No me estoy acostando con ella, si es eso lo que quieres saber. Pero la veo todos los días en clase y hemos estado subiendo a esquiar los fines de semana. Te hubiera invitado, pero como no quieres verme…

-No creo que a Laura le guste que vaya con vosotros.

-¡Qué, va, al contrario! ¡Si está deseando conocerte!

-¿Le has hablado de mí?

-Le he dicho que nos hicimos muy amigos en Los Alpes. ¿Qué, te vienes con nosotros?

-Bueno, si a Laura no le importa…

-Oye, ni una palabra de lo que te conté Perpiñán sobre ella, ¿eh? -Le advirtió Julio.

-¿Qué te crees, que soy idiota?

-Luego me arrepentí de habértelo contado. Seguramente te molestó que te describiera esa escena tan íntima.

-¡Qué va, al contrario! Me pareció un regalo muy especial que me hacías… Pero entiendo que a Laura le importe que me lo contaras.

-Ya… Lo que te molesta fue lo que pasó luego, ¿no? Lo siento, Cecilia, de verdad. No fui capaz de cumplir mi palabra.

-No fue culpa tuya, Julio. Fui yo la que te lo pedí, lo recuerdo perfectamente. Así que déjalo, ¿vale? No estoy enfadada contigo; si no te quiero ver es por otros motivos… Creo que ya los sabes.

-Sí… Qué pena, ¿verdad?

Cecilia se colocó las gafas de esquiar sobre la cara.

-¡Venga, a esquiar! ¡El último en llegar a la cola es un mono saltarín!

Fue una tarde preciosa de esquí. El sol sesgado del atardecer brillaba con una luz dorada que marcaba cada pequeña irregularidad, cada grumo de nieve en las laderas, envolviendo a todo en una magia irreal que transportaba a Cecilia de vuelta a su adolescencia, cuando aprendió a esquiar en esas mismas pistas en los cursillos que organizaba el club del Opus Dei. Ya no hablaron de más temas serios en los remontes, solo bromearon y se contaron historias de la universidad, de sus padres, de sus hermanos. Esquiaron como le gustaba a Cecilia, a toda velocidad, levantando cortinas de nieve en cada viraje, gritándose y riendo, hasta que el cartel de cerrado en el telearrastre les obligó a bajar al aparcamiento, las piernas doloridas por el ejercicio agotador.


Notas

1. Leibniz - Gottfired Wihelm von Leibniz (1646-1716) es un famoso matemático y filósofo alemán. Descubrió el cálculo diferencial independientemente y al mismo tiempo que Isaac Newton y es su notación matemática la que usa en la actualidad para ello. Julio se refiere aquí a que Leibniz usó la palabra “teodicea” (la defensa de Dios) como título de uno de sus libros sobre filosofía. En él Leibniz defiende la postura opuesta a la que expone Julio: que la existencia del mal en el mundo no contradice la existencia de un Dios a la vez omnipotente y bondadoso porque en realidad vivimos en el mejor de todos los mundos posibles. Es decir, el mal que existe en el mundo es inevitable. Leibniz también justifica la existencia del mal como necesaria para que los humanos tengamos libre albedrío, la misma justificación que esgrime Cecilia.

2. Big Bang - La teoría del Big Bang (“Gran Explosión”) es la teoría actualmente aceptada sobre el origen del Universo. Sostiene que el Universo empezó hace 13,800 millones de años cuando toda la materia, la energía y el espacio estaba contenida en un solo punto (singularidad), que pasó a formar una explosión de materia primordial a presiones y temperaturas extremas. A partir de ahí el Universo siguió expandiéndose y enfriándose, creándose estrellas y galaxias, hasta llegar al estado actual. El Universo seguirá enfriándose hasta llegar, en un futuro muy lejano, a un estado de “muerte térmica”. A partir de su formulación en los años 20, esta teoría ha sido confirmada por multitud de observaciones astronómicas de distintos tipos, que incluyen el alejamiento mutuo de las galaxias, la estructura a larga escala del Universo y el trasfondo cósmico de radiación de microondas (“microwave cosmic background”, que representa la radiación producida por el Big Bang). Uno de los formuladores de la teoría del Big Bang fue el sacerdote católico Georges Lemaitre. Cecilia se refiere al hecho de que antes de la teoría del Big Bang muchos científicos pensaban que el Universo es eterno, lo que contradecía la historia bíblica de la creación. Al descubrirse que el Universo en realidad tiene un principio, esto abre la puerta a poder considerar que el Universo fue creado por Dios. Sin embargo, mucho científicos argumentan que la idea de que el Universo es creado es innecesaria, ya que a nivel de partículas subatómicas se dan acontecimientos sin causa (fluctuaciones cuánticas). Una de esas fluctuaciones pudo dar origen al Universo.

3. Las constantes fundamentales de la física - En sentido estricto, estas constantes son valores numéricos presentes en las ecuaciones fundamentales de la física que son adimensionales, es decir, que tienen el mismo valor en cualquier sistema de unidades. Ejemplos son la constante de estructura fina (que determina la fuerza de la interacción electromagnética entre fermiones y fotones), la constate de acoplamiento gravitacional y la relación de masas entre el protón y el electrón. Este término también se ha usado para referirse a constantes físicas universales pero que tienen dimensiones, como la velocidad de la luz, la permitividad eléctrica del vacío y la constante de Planck. Cecilia se refiere aquí a lo que más tarde se llamaría el “Principio Antrópico” y al problema del “Ajuste Fino” (“Fine Tuning”) del Universo. Este problema surgió cuando los científicos se dieron cuenta de que si las constantes fundamentales tuvieran valores ligeramente distintos a los que tienen no existiría vida en el Universo, ya que no se podrían formar ni estrellas ni planetas. Existen dos formulaciones del Principio Antrópico para dar respuesta al problema del Ajuste Fino. El Principio Antrópico Fuerte defendido por John Barrow y Frank Tipler sostiene que esto es así porque el Universo está destinado a dar lugar a vida consciente y pensante. El Principio Antrópico Débil, sostenido entre otros por Brandon Carter, dice que el Ajuste Fino del Universo se debe a un simple sesgo de muestra: sólo en un Universo capaz de generar vida consciente habría seres preguntándose por qué viven en un Universo con esas características tan especiales. El Principio Antrópico Débil gana más fuerza en el contexto de la idea, cada vez más aceptada, de que nuestro Universo nos es más que uno entre una infinidad de universos posibles, cada uno con valores distintos de las constantes fundamentales. Cecilia argumenta que el Principio Antrópico Fuerte apoya la existencia de Dios. El problema de “Ajuste Fino” y los Principios Antrópicos no salieron a la luz pública hasta los años 80. Sin embargo, el citarlos aquí no es un anacronismo porque en realidad Brandon Carter mencionó el Principio Antrópico en una conferencia en Cracovia (Polonia) en 1973. Como estudiante de física, Cecilia pudo haberse enterado de esta cuestión y haber comprendido como podía usarse para respaldar la fe cristiana.

viernes, 10 de octubre de 2014

¿Cómo nos podemos fiar de lo que dice un artículo científico?

La inmensa mayoría de los artículos científicos que se publican pasan enteramente desapercibidos, a pesar de que hay muchos de gran calidad y de una enorme repercusión. Por otro lado, hay veces que un solo artículo científico es recogido por la prensa y sus resultados exagerados para hacerlos parecer que se acaba de descubrir algo que transformará nuestra vida de forma radical o que se ha desbancado un “mito” preexistente. Como hoy en día hace falta hacer una carrera para siquiera empezar a entender el contenido de uno de esos artículos, al público en general (y a los periodistas, aunque no lo quieran reconocer) le resulta imposible juzgar hasta qué punto es cierta la noticia.

 Por ejemplo, hace poco se publicó en una oscura revista científica (Clinical Anatomy, índice de impacto 1.157) un artículo que dice desbancar el “mito” del orgasmo vaginal, y que fue anunciado a bombo y platillo por el periódico ABC y en el blog de la Mosca Cojonera. La cita del artículo original es la siguiente:

Puppo, V. and Puppo, G. (2014), Anatomy of sex: Revision of the new anatomical terms used for the clitoris and the female orgasm by sexologists. Clin. Anat. doi: 10.1002/ca.22471 http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ca.22471/abstract

Quizás otro día vuelva a escribir sobre el debate de si existen distintos tipos de orgasmos femeninos (clitoridal, vaginal, anal, etc), uno sólo, o si es como el misterio de la Santísima Trinidad donde son tres y uno a la vez. Como ya hablé de este tema en uno de los artículos más leídos de este blog, hoy quiero dar algunos parámetros para orientarse a la hora de juzgar un artículo científico. Aunque no podamos entender los detalles que se explican en ese artículo, éstas son algunas de las cosas que debemos preguntarnos:

1.   ¿Está publicado en una revista con “peer review”? “Peer review” es el estándar básico de calidad científica. Quiere decir que el artículo ha sido leído y criticado de forma anónima por al menos dos científicos expertos en ese campo, que no son amigos (¡o enemigos!) de los autores. La mayoría de los artículos científicos no son publicados tal y como se presentan, sino sólo cuando se han subsanado una serie de pegas de los revisores, lo que a menudo requiere hacer nuevos experimentos. Y muchísimos artículos son rechazados sin siquiera oportunidad de revisión. Si la revista no tiene “peer review”, eso quiere decir que el artículo ha sido publicado basado simplemente en el criterio del editor, que puede saber mucho pero que no pude ser un experto en todos los campos en que publica. Hay revistas muy prestigiosas, como Scientific American, que no tienen “peer review”, sino que encargan artículos a científicos punteros en su campo.

2.   ¿Se trata de un artículo de investigación o de una revisión (“review”)? Un artículo de investigación es el que contiene resultados originales obtenidos en el laboratorio (investigación básica), en estudios con pacientes (investigación clínica) o en trabajo de campo (en ciencias como la palentología o la zoología, por ejemplo). En el artículo se detallan los métodos empleados, los resultados obtenidos (en figuras y tablas) y cómo los interpretan los autores a la luz de lo que han hecho otros antes. Una revisión no presenta resultados originales, sino que consiste en una compilación de todo el trabajo hecho sobre un determinado tema. Tanto los artículos de investigación como las revisiones son importantes para el avance de la ciencia Pero ¡ojo!  que en una revisión es mucho más fácil para el que la escribe introducir su sesgo y opinión personal, escogiendo qué trabajos citar y cuáles dejar fuera. Esto lo suele paliar la “peer review”, pero no siempre es así.

3.    ¿Cuál es el prestigio de la revista dónde se publica? Hay miles de revistas científicas que publican docenas de artículos en cada número y que se publican a menudo bisemanal o semanalmente, con lo que el flujo de artículos científicos que salen a la luz es inmenso. Las revistas se especializan por campos de investigación, pero también existe una jerarquía muy estricta de calidad. En la cúspide tenemos revistas que publican trabajos de gran impacto en todos los campos de la ciencia: Nature, Science, Proceedings of the National Academy of Sciences USA (PNAS). A la misma altura tenemos revistas que publican sobre la biomedicina ampliamente entendida (Cell) y la cúspide de las revistas de medicina (The Lancet, New England Journal of Medicine). Luego vienen una serie de revistas especializadas pero de enorme prestigio; por ejemplo, en neurosciencia están Neuron, Nature Neuroscience y Journal of Neuroscience. Esta jerarquía no establece porque sí, sino que está basada en una medida objetiva llamada “índice de impacto”, creada en 1975 por el Institute for Scientific Information. El índice de impacto se basa en las veces que los artículos en una revista son citados en todas las otras revistas, algo que se mide de forma continua. Por ejemplo, Nature tiene un índice de impacto de 30. 98, Journal of Neuroscience de 6.75 y Neuroscience Letters de 2.05. Hoy en día se puede saber incluso el índice de impacto de solo artículo. Todo esto fija el campo en el que se juega el juego del prestigio científico. Cada científico intenta colocar sus artículos en la revista de mayor índice de impacto posible, pero si apunta muy alto corre el riesgo de que sea rechazado y tener que volver a empezar. Y no vale mandar el mismo artículo a dos revistas a la vez, eso no está permitido y te descubren enseguida. Por lo tanto, el sistema se perpetúa: las mejores revistas siguen arriba porque continúan recibiendo los mejores artículos, y si tu trabajo es malo acabas por tener que publicarlo en una revista de poca reputación a la que no le vas ayudar mucho al hacerlo. Esto afecta al sistema de “peer review”: las revistas del montón tienen problemas para cubrir su cuota de artículos y pueden llegar a convertirse en un “coladero” de trabajos de muy mala calidad.

4.    ¿Cuál es el prestigio del investigador? Las carreras científicas se labran a base de prestigio. Los campos especializados suelen ser a menudo bastante restringidos, con lo que todo el mundo acaba por conocerse. De la misma manera que se reconoce a los científicos esforzados, meticulosos y capaces de reconocer sus propios errores, también se acaba por saber quién es poco cuidadoso, dogmático y amigo de esconder su propia basura.

5.    ¿Qué acogida tiene el artículo por otros científicos? En ciencia no se suele criticar a los artículos malos, simplemente se los ignora. Si no te citan, vas de culo. Esto es normal, porque como se publica tanto nadie tiene tiempo para criticar lo malo, sólo para ensalzar lo bueno y construir sobre ello. Una consecuencia importante de esto es que ponerse a tirar cohetes por un artículo que acaba de salir, como hace la prensa, está completamente fuera de lugar. Un artículo tiene que pasar la prueba del tiempo. Muchos descubrimientos sensacionales (por ejemplo, la “fusión fría”) acabaron por ser completamente desbancados a los pocos meses. Nuevamente, el número de citas y el índice de impacto nos sirve de guía sobre como es aceptado el artículo por la comunidad científica.

Raramente podemos juzgar sobre un tema científico basándonos en un único artículo, sino que debemos tener en consideración todo lo que se ha escrito sobre un tema. Esto es cierto aunque se trate de un artículo de revisión, pues estos suelen venir muy a menudo influenciados por las opiniones del autor. Hay que tener en cuenta de que las controversias son muy comunes en ciencia, hay algunas muy acerbas y que tardan décadas en resolverse. Por lo tanto, cuando se trata un tema controvertido lo honesto es reconocer inmediatamente la controversia, aunque a continuación vayamos a tomar parte por uno de los bandos. Cuando no se hace así los científicos que nos lean nos calificarán de deshonestos y dogmáticos y nos volverán la espalda. Los criterios de lo que es verdad, lo que es falso y lo que es mentira son muy distintos entre la ciencia y el periodismo, y no digamos ya en la política. Por eso los científicos quieren siempre establecer una separación muy clara entre lo que es ciencia y lo que no lo es. La ciencia es lo que hace funcionar a la sociedad moderna y nada nos garantiza que seguirá funcionando tan bien como la ha venido haciendo hasta ahora. Cuidarla y respetarla es misión de todos.

Dedicado a La Mosca Cojonera, para que siga realizando la labor tan valiosa que hace.

domingo, 6 de abril de 2014

¿Cómo vivir nuestra vida? Hedonismo y eudamonía

El otro día asistí a una charla que resultó ser inesperadamente interesante. La daba el Dr. Steve Cole, profesor del Departamento de Hematología-Oncología de UCLA, y se titulaba “Social Regulation of Human Gene Expression” ("Regulación social de la expresión de genes en humanos", el enlace es a una charla anterior con el mismo título, en YouTube). El profesor Cole planteó una de las preguntas filosóficas más básicas: ¿Cómo debemos vivir nuestra vida? Es decir, ¿qué es lo que buscamos en nuestra vida? Simplificando mucho las cosas, se puede decir que hay dos actitudes básicas ante la vida.

1.    Hedonismo. Ésta es una palabra que a mí siempre me ha sonado mal, pues me recuerda a “hedor”, pero en realidad no tiene nada de malo. Se trata, simplemente, de vivir para ser feliz. No estamos hablando sólo de placeres carnales, como el comer bien y el follar bien, sino de todo aquello que nos haga la vida más grata, como el tener buenos amigos, una pareja y una familia que nos llene, un trabajo creativo y agradable, viajar, leer buenos libros, ver buenas películas, oír buena música, etc. Es la filosofía propugnada en la Grecia clásica por Epicuro, basada en perseguir el placer y evitar el sufrimiento, de forma moderada y racional.

2.    Eudamonía. Esta actitud ante la vida se le suele atribuir a Aristóteles, aunque también se relaciona con el pensamiento de Sócrates y Platón. Según ella, debemos vivir para cultivar la virtud, es decir, desarrollar nuestras potencialidades como seres humanos… Si no entiendes lo que eso quiere decir, te confesaré que yo tampoco. Sin embargo, el Dr. Cole propuso una definición bastante más precisa. Para él, la eudamonía consiste en vivir para satisfacer un ideal que nos trasciende a nosotros mismos, es decir, el querer cambiar el mundo para mejor, dejar algo detrás cuando nos muramos. Si queréis, podemos englobar en la eudamonía ideales religiosos como el servir a Dios (Cristianismo), la unión mística con Dios (Hinduismo), el eliminar el sufrimiento (Budismo), etc. Pero también entrarían en ella ideales no religiosos como el llevar a cabo la revolución del proletariado (marxismo), el desentrañar los misterios del universo (ciencia), el salvar al medio ambiente (ecologismo), establecer la igualdad de la mujer (feminismo), etc. En definitiva, en vez de perseguir solamente nuestra felicidad personal, se trata de trabajar en pos de un ideal mayor que nosotros mismos.

Si te paras a pensar, hay mucha gente que vive una vida de eudamonía, mucha más de la que cabría sospechar en un principio. De hecho, casi todas las personas que han hecho algo admirable en al vida entrarían en este grupo. Eso no deja de ser curioso, porque a primera vista cabría sospechar que casi todo el mundo es hedonista. De hecho, el capitalismo y su “lógica de mercados” se basa en la asunción de que todo el mundo se guía por principios hedonistas de maximizar su bienestar, lo que nos llevaría a consumir cada vez más. Por el contrario, la supervivencia del planeta parece depender en que una buena parte de la especie humana adopte una mínima actitud de eudamonía y se sacrifique para dejar un planeta viable a las generaciones venideras.

Patrón de expresión de genes en ratas aisladas socialmente (Lonely) o viviendo en grupo (Socially Integrated)
Pero bueno, ¿qué tiene que ver todo esto con los genes? ¿Por qué se pone un investigador en biomedicina a hablar de Epicuro y Aristóteles? Aquí es donde viene lo más interesante. En lugar de tomar una actitud determinista, tan frecuente estos días, en la que se cree que los genes determinan nuestro comportamiento, el Dr. Cole se puso a estudiar la relación inversa: cómo nuestro comportamiento, incluso nuestra actitud ante la vida, dirige la expresión de determinados genes. Para hacerlo extrajo muestras de sangre de animales de laboratorio y de personas, de las que aisló células del sistema inmune (normalmente llamadas “glóbulos blancos”) para medir en ellas la expresión de más de un millar de genes. Lo primero que vio, tanto en ratas como en monos como en humanos, es que el aislamiento social aumenta la expresión de cerca de un  centenar de genes asociados con la inflamación y disminuye la expresión de otro centenar de genes asociados con la respuesta inmune, sobre todo contra virus. Luego utilizó la misma táctica para estudiar cómo la actitud ante la vida, hedonismo o eudamonía, afecta a estos conjuntos de genes. Para averiguar si una persona determinada se inclinaba hacia el hedonismo o la eudamonía realizó una serie de test psicológicos. Test similares sirvieron para medir la satisfacción de esas personas ante la vida. Encontraron que un grupo nutrido de personas tenían una vida bastante feliz, y que entre ellos se encontraban tanto los que practicaban el hedonismo como la eudamonía. Sin embargo, los test de expresión de genes revelaron diferencias importantes entre los dos grupos. Los que tenían una filosofía hedonista tenían un perfil similar a los que se aislaban socialmente, con alta expresión de genes pro-inflamatorios y baja expresión de genes de respuesta inmune. Aquellos con filosofía de eudamonía, por el contrario, tenían baja expresión de genes pro-inflamatorios y elevada expresión de genes de respuesta inmune. Y el caso es que los genes pro-inflamatorios, como la interleucina-6, aumentan el riesgo a una importante serie de enfermedades, como las asociadas con el sistema cardiovascular.

¿Quiere decir esto que la eudamonía es más saludable que el hedonismo? Creo que esa sería una conclusión prematura. Quizás lo que nos quiera indicar el experimento es que el hedonismo se parece un poco al aislamiento social, ya que todo se centra en uno mismo, mientras que la eudamonía es una actitud más abierta al mundo, una actitud de dar en vez de recibir. Sea como sea, podemos quedarnos con una conclusión mucho más fundamental: nuestros genes no determinan lo que somos, nosotros determinamos qué genes se expresan en nuestro cuerpo. No lo hacemos directamente, claro está, sino en base a cómo decidimos comportarnos, en qué ambiente nos movemos e incluso las decisiones más profundas que tomamos sobre cómo queremos vivir. En definitiva, tu salud y tu felicidad dependen de lo que hagas hoy.