miércoles, 26 de mayo de 2021

Úsalo o piérdelo - el sexo cuando los hombres envejecen

Practicar el sexo cuando envejeces te mantiene saludable y te ayuda a disfrutar de la vida

El autor escalando en Joshua Tree en enero del 2021
El pasado mes de enero pasado, en mi cumpleaños, puse la canción de Los Beatles When I'm Sixty-Four. La he venido escuchando desde que tenía 14 años, preguntándome cómo sería yo cuando finalmente llegase a esa edad. Ahora, cincuenta años después, creo que sorprendería a mi antiguo yo si pudiera ver en lo que me he convertido. Todavía practico buceo libre, como lo hacía cuando era adolescente, aunque prefiero ir a lo seguro y bucear con botellas. Esquío en pistas negras. Me hago vías de escalada de primero. Me acabo de jubilar de mi carrera científica y estoy comenzando una nueva como escritor.

Nada de eso está en la canción de los Beatles. Sí, arranco las malas hierbas de mi jardín de vez en cuando, pero no tengo nietos sentados en mis rodillas.

¿Quién podía pedir más?

Sigo siendo sexual. De eso es de lo que quiero hablar en este artículo, con la esperanza de que pueda ayudar a otros hombres que también envejecen.

Las mujeres envejecen de manera diferente a los hombres, especialmente en lo que respecta al sexo. Pasan por la menopausia. Es un tema que abordo en otro artículo.

La testosterona te mantiene saludable

Hay quien habla de la andropausia, el equivalente masculino de la menopausia, pero los cambios en la sexualidad con la edad en los hombres no son comparables con los de las mujeres. Mientras que la menopausia es un cambio drástico en las hormonas femeninas que se produce en un par de años, los hombres experimentan una disminución gradual de la testosterona.

En los 90 se puso de moda en círculos políticamente correctos decir que la testosterona es un veneno, una forma solapada de denigrar a los hombres. El razonamiento era que, como la testosterona promueve la agresión, es culpable de la violencia de los hombres y del abuso de las mujeres. Sin embargo, este artículo científico (Albert et al., 1993) sostiene que, a diferencia de lo que ocurre en otros mamíferos, la agresividad de los humanos es una "agresión defensiva", que aparece en ambos sexos y todas las edades, y por lo tanto independiente de la testosterona. Afortunadamente, llamar veneno a la testosterona parece haber pasado de moda últimamente.

 En realidad, la testosterona es esencial para la salud de los hombres, tanto física como mental. A medida que envejecemos nos ayuda a mantener la densidad ósea, la masa muscular, la fuerza y la movilidad (Rodrigues Dos Santos y Bhasin, 2021; Snyder et al., 2018). También tiene efectos en el cerebro: cuando nos falta, podemos perder la motivación e incluso nos deprimimos.

Y, por supuesto, la testosterona es lo que mantiene vivo nuestro deseo sexual. A medida que disminuye nuestra testosterona con la edad, sentimos menos atracción por las mujeres (o los  hombres, si eres gay) y menos deseo de tener relaciones sexuales. También tenemos menos erecciones espontáneas, que son más débiles y duran menos.

Teniendo en cuenta todo eso, se puede pensar la solución sería ponerse inyecciones de testosterona. Sin embargo, los médicos son reacios a hacer esto por temor a que la testosterona aumente el riesgo de enfermedades cardiovasculares y el cáncer de próstata. Uno de los estudios (Snyder et al., 2018) que documentó los beneficios de la testosterona en una amplia muestra (788 hombres) de hombres mayores (~ 72 años), también detectó un aumento de placas en la arteria coronaria.

Sin embargo, la relación con el cáncer de próstata es mucho más endeble. Otro artículo científico (Slater and Oliver, 2000) mostró que la correlación entre la testosterona y el cáncer de próstata es indirecta: se debe a que los hombres con niveles altos de testosterona tienden a ser más activos sexualmente y contraen más enfermedades de transmisión sexual, que son una causa directa del cáncer de próstata.

Por lo tanto, a menos que tus niveles de testosterona sean patológicamente bajos, es mejor evitar las inyecciones de testosterona.

Cultivar el deseo

Por si acaso, es mejor mantener niveles saludables de testosterona por medios naturales. Esto incluiría los consejos habituales para una buena salud: evitar el sobrepeso, dormir bien, reducir el estrés y hacer ejercicio regularmente. Tener relaciones sexuales y masturbarse contribuye en buena medida a mantener los niveles de testosterona y prolongar tu vida sexual.

Puede que algunos no estén de acuerdo. Muchos hemos tenido la experiencia de estar sin sexo, incluso sin masturbarnos, durante varios días, y vimos que eso aumenta nuestro deseo sexual. ¿No significa esto que nuestra testosterona también aumenta?

Un estudio científico (Kraemer et al., 1976) en un grupo de 20 hombres jóvenes (20-28 años), les hizo llevar un diario de su actividad sexual durante dos meses y dar muestras de sangre cada dos días para medir sus niveles de testosterona. Encontraron que la testosterona aumentaba cada vez que tenían relaciones sexuales. Además, los niveles de testosterona cayeron después de tres días de abstinencia sexual, lo que indica que la abstinencia sexual reduce la testosterona.

Otro estudio (Jannini et al., 1999) examinó a 83 hombres que estaban siendo tratados por impotencia sexual con medicamentos, terapia psicológica o terapia mecánica. Los que lograron una mayor actividad sexual tenían niveles más elevados de testosterona, pero no los que permanecieron impotentes.

Teniendo todo esto en cuenta, podemos concluir que mantenerse activo sexualmente cuando se envejece no solo mantiene vivo el deseo sexual, sino que también mejora la salud física y mental al hacer que el cuerpo produzca más testosterona. El sexo también libera otras hormonas y neurotransmisores que mantienen nuestra salud, como la oxitocina, la adrenalina y las endorfinas.

Como digo en el mi título, en lo referente al sexo al envejecer, o se usa, o se pierde.

No eres un viejo verde

El problema que tienen muchos hombres heterosexuales al envejecer es que sus esposas o amantes pierden el deseo sexual cuando pasan la menopausia. Esto no les pasa a todas las mujeres, por supuesto. Para muchas el deseo sexual sigue igual o incluso aumenta después de la menopausia. Pero cuando sucede lo contrario, puede ser un problema. Tu esposa tiene todo el derecho a volverse asexual, pero eso no significa que también tengas que hacerlo tú. No es sólo que tu vida sexual tiene un enorme valor por sí misma, sino que puede ser esencial para mantenerte saludable y ayudarte a combatir el envejecimiento.

¿Quizás es el momento de considerar la no-monogamia? "¡Pero yo soy demasiado mayor para eso!" puedes pensar. Después de muchas décadas en una relación monógama, ¿cómo vas a volver a ligar? Bueno, sí, puede requerir algo de trabajo, negociar con tu esposa y cambiar de actitud, pero se puede hacer. Yo lo hice, aunque tengo que admitir que fue después de varios años de experiencia con el poliamor.

Lo primero que debes hacer es luchar contra la discriminación por edad de nuestra sociedad, que te dice que los hombres mayores no deben tener deseos sexuales, y menos aún salir con mujeres jóvenes. Eso los convierte en viejos verdes que se dedican a explotar a las mujeres para satisfacer su deseos enfermizos. Porque a las mujeres sólo les gustan los hombres jóvenes con abdominales marcados, ¿verdad? ¿Qué te hace pensar que querrían tener sexo con alguien como tú? ¿Acaso no te has mirado al espejo?

¡Por favor, no caigas en esa trampa! Tienes mucho que ofrecer a las mujeres. Como, por ejemplo, experiencia, empatía, sentido del humor, sabiduría y compasión. Si miras a tu alrededor, verás que muchos hombres jóvenes no son tan atractivos. Y muchos de ellos no saben cómo tratar a las mujeres. Si cuidas tu cuerpo comiendo bien y haciendo ejercicio -lo que deberías hacer de todos modos, si quieres evitar una muerte prematura-, puedes ser atractivo a pesar de tu edad. Y si ha aprendido a ser paciente, sabio y compasivo, eso puede ser precisamente lo que muchas mujeres están buscando.

Pero evita tener una actitud explotadora. Estate preparado para aceptar un no por respuesta. Sé amable y seductor, pregúntale cortésmente y sigue adelante si te rechazan.

Probablemente saldrás con mujeres mayores, con cuerpos que han soportado los mismos estragos del tiempo que el tuyo. Bríndales el mismo respeto y compasión que esperas que te den. Aprende que el sexo ocurre en un plano superior, más mental que físico, donde el placer, el humor y la conexión se pueden encontrar más allá de las meras apariencias físicas.

Si no consigues ligar o prefieres seguir siendo monógamo, mastúrbate. Hazlo de forma intencionada, no mecánica, dedicándole tiempo, energía y atención. Tal vez sea el momento de pasar del pene a otras partes de tu cuerpo, como los pezones o la próstata. Los mejores orgasmos de tu vida pueden estar en tu futuro… ¿quién sabe?

No tengas miedo de usar la pornografía para mantener vivo su deseo sexual. La tensión sexual que despierta también puede aumentar tu testosterona. Sin embargo, para mí la literatura erótica funciona mejor para encender el fuego de mi imaginación.

¿Quién teme al Viagra feroz?

Otro extraño mito moderno es que las medicinas para tratar la disfunción eréctil son insalubres, ineficaces o políticamente incorrectas.

Nada de eso es cierto.

No tengo disfunción eréctil. Empecé a pensar en usar Viagra después de leer Master of O, una novela erótica BDSM de Ernest Greene. En él, un hombre dominante toma Viagra antes de una sesión sadomasoquista impresionar a su sumisa con una buena erección. La idea tenía su atractivo, así que le pedí una receta al médico. Los resultados me gustaron, y a mis amantes también.

No es cierto que Viagra sea una droga sexista que solo beneficia a los hombres. Las mujeres heterosexuales a las que les gustan las pollas duras tienen muchas razones para cantar sus alabanzas.

Ésta es la base científica. Viagra (sildenafil), Cialis (tadalafil) y Levitra (vardenafil) pertenecen a un grupo de medicamentos llamados inhibidores de la fosfodiesterasa-5 (PDE5). La PDE5 es una enzima que elimina el GMP cíclico, un nucleótido que actúa como segundo mensajero dentro de las células. En los seres humanos, la erección del pene se mantiene mediante la sangre que llena el cuerpo cavernoso en el tallo del pene. Esto requiere GMP cíclico, por lo que cuando es degradado por PDE5 se pierde la erección. Por lo tanto, los inhibidores de PDE5 pueden aumentar la potencia y la duración de una erección. No tienen ningún efecto sobre el cerebro y, por lo tanto, no aumentan el deseo sexual. De hecho, los inhibidores de PDE5 no producen una erección sin un estímulo sexual.

De todas formas, sentir que tu pene se pone duro como una piedra es un estímulo psicológico bastante efectivo, tanto para ti como para tus amantes. El efecto de los inhibidores de PDE5 se empieza a sentir a las dos horas. En mi experiencia, el efecto de Cialis dura dos días o incluso más. Estos medicamentos tienen efectos secundarios leves, pero pueden ser más graves en personas con enfermedades oculares o cardiovasculares, por lo que no deben tomarse sin consultar con un médico. Es mejor ceñirse a la dosis más baja que produce efecto.

Los inhibidores de la PDE5 no producen dependencia, es decir, que no se vuelven necesarios para tener una erección. Todo lo contrario: al llenar repetidamente el cuerpo cavernoso hasta su máxima capacidad, pueden ayudar a evitar que el pene se encoja a medida que se envejece.

Conclusión

El envejecer es inevitable. Al final todos tenemos que aceptar nuestro declive irreversible. Sin embargo, como criaturas vivientes que somos, es una obligación luchar contra él hasta la muerte. Encuentro una cierta belleza en esa tensión entre la lucha y la aceptación. Me aferro a la vida, aunque sé que eso es inútil y que al final perderé. La vida es un proceso. La muerte es el único destino. ¿Y qué mejor manera de expresar el amor a la vida que con el sexo?

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Copyright 2021 Hermes Solenzol

sábado, 1 de mayo de 2021

Para volverte loca 123 - Narcotráfico y golpes de estado

 -El narcotráfico.

-¡Venga ya! -dijo Julio-. ¿Me estás contando que tu padre ha pasado de ser censor y devoto del Opus a ser traficante de drogas?

-Sí, eso es precisamente lo que os estoy diciendo. Ha caído muy bajo. Menos mal que yo lo abandoné a tiempo. Ha perdido todo lo que le hacía ilusión en la vida: su trabajo y su familia. Ahora sólo le queda luchar por su ansiado golpe de estado. El tiempo apremia, la situación política en España se está consolidando a pasos agigantados. Quieren meternos en la OTAN y en el Mercado Común. Una vez dentro, seremos un país europeo más y ya no habrá vuelta de hoja. Si no aprovechan la crisis política actual, se les va a pasar el arroz.

Está claro que se ha informado bien. Me pregunto si habrá renunciado a apoyar ese golpe de estado. No me extrañaría nada que estuviera jugando a dos bandos.

-Así que tiene que recaudar una gran cantidad de dinero en poco tiempo -dijo Julio-. Y el tráfico de drogas es de lo más lucrativo. Pero para eso tendría que irse a Colombia, o a México.

-Te equivocas. La mayor oportunidad para ganar dinero con las drogas ahora mismo está aquí, en España. Concretamente, en Galicia. Ahí es donde está mi padre, estoy seguro.

-¿Los gallegos metidos a narcotraficantes? ¡No me lo puedo imaginar! -dijo Julio-. Y eso que estuve viviendo allí año y pico, haciendo la mili.

-Sí, ya, con el coronel Ayala. Mi viejo amigo, quien te sacó del calabozo. Precisamente creo que mi padre está haciendo negocios con él.

-¿El coronel Ayala dedicado al tráfico de drogas? ¡Eso todavía me resulta más difícil de creer!

-El tráfico de drogas no le interesa demasiado, es verdad. Pero sí los golpes de estado. Por eso está ayudando a mi padre.

-¿Pero cómo es eso de que hay tráfico de droga en Galicia? -dijo ella.

-Galicia tienes miles de kilómetros de costa en el Atlántico. Rías con el agua calma, calas escondidas entre rocas. Si tuvieras que meter cocaína de Colombia en Europa, ¿por dónde entrarías? ¿Por Irlanda? Estaría todavía en una puta isla. ¿Por Portugal? La costa es inhóspita, a mar abierto. ¿Por Francia? Demasiada policía. Los marineros gallegos llevan décadas haciendo contrabando de tabaco. Se conocen la costa mejor que nadie y se han agenciado motoras muy potentes. Con ellas salen al Atlántico, fuera de las aguas territoriales, donde se encuentran con barcos que traen tabaco de Estados Unidos. Pero también podrían traer cocaína de Colombia, o hachís de Marruecos. Más dinero por menos peso. Desde Galicia la droga puede viajar a toda Europa en camiones camuflados.

-¿Pero cómo se le ocurre a tu padre hacer esa locura? -dijo Julio-. ¿Y si lo pilla la policía?

-Esa es precisamente la especialidad de mi padre: compincharse con la policía. Si no, no tendría nada que ofrecerles a los narcos gallegos. Pero, claro, la mayor parte de sus contactos están en Madrid. Ahí es donde interviene el coronel Ayala, quien conoce bien a la Guardia Civil de Galicia.

-Déjame adivinar… Como el coronel Ayala es tu amigo, tú crees que puedes hacer que trabaje con la Mafia en vez de con tu padre -dijo ella.

-No creo que eso sea posible -dijo Julio-. Al coronel Ayala no le interesa el narcotráfico, sino colaborar con el golpe de estado. Y la Mafia no da golpes de estado.

-¡Mi querido cuñado, has puesto el dedo en la llaga! Ese es precisamente el problema que no consigo resolver. Mi amistad con Ayala me permitiría ir a verlo, pero no creo que consiga disuadirlo de que apoye a mi padre. Benito quiere entrar a saco y llevarse a todo el mundo por delante. Forzar a los gallegos a colaborar con él. Yo ya le he dicho que no entiende nada. Los gallegos son desconfiados por naturaleza, y muy individualistas. No se dejarían avasallar. Se las arreglarían para volver a los colombianos y a la policía contra nosotros. Sería un suicidio.

-¡Desde luego! Yo no pienso verme envuelto en algo así -dijo Julio-. Tiene que haber otra forma de rescatar a Cecilia.

Pero no la hay. Luis y Benito deben tener algo más en mente. Si no, no habrían hablado conmigo en Nueva York.

-Tiene que haber alguna otra posibilidad -dijo ella-. Nos necesitas para algo.

-Sí, hemos pensado que tú nos podrías ayudar. Me hace falta más información, algo con lo que pueda hacer cambiar de bando a Ayala. La clave está en el golpe de estado. He intentado recabar información entre mis contactos. Todos dicen que Tejero lo volverá a intentar. No me extraña, está así de loco. Pero es tan bruto que lo volverán a pillar. No creo que mi padre sea tan tonto de querer colaborar con él. Luego oí de otra conspiración que podría o no podría estar relacionada con la de Tejero… La del general Milans del Bosch, capitán general de la Tercera Región Militar, en Valencia.

-¡Joder! ¡Eso sí que suena peligroso! -exclamó Julio.

-¿Verdad? Casi seguro que es con quien colaboran mi padre y el coronel Ayala.

-Entonces no lo podrás convencer -dijo Julio poniéndose en pie-. El coronel Ayala es un facha de mucho cuidado. Le prestará todo el apoyo que pueda a ese golpe de estado. Lo que tenemos que hacer es recabar toda la información que podamos y dársela a la prensa y a los de UCD. Si denunciamos el golpe de estado, podremos pararlo.

-¿Con qué pruebas? Todo esto lo sé de segunda y tercera mano. Si acusas públicamente al general Milans del Bosch te denunciaría por calumnias, aparte de echarte encima a toda la extrema derecha. Y a mí me crearías un montón de problemas.

Julio se puso a pasear nerviosamente por el despacho.

-Vale, para denunciarlo públicamente nos harían falta pruebas. Y no tenemos la forma de conseguirlas… Pero tú se lo podrías decir a tu padre, Laura. Él le pasaría el aviso a sus amigos del gobierno. Ellos sí que tienen los medios para reunir pruebas.

¡Joder! ¡Ahora sí que me ha puesto entre la espada y la pared!

-Siéntate, Julio -dijo con voz calma-. Mi padre ya sabe que se preparan varios golpes de estado. La situación es mucho más complicada de lo que te imaginas.

Julio se le acercó y se la quedó mirando con los ojos muy abiertos.

-¿Tú sabías que se prepara un golpe de estado y no me has dicho nada?

-¿El gobierno sabe que se prepara un golpe de estado? -dijo Luis.

-Sí y no -le respondió a Luis, ignorando a Julio-. Hay muchos dentro de UCD que están muy descontentos con la gestión de Suárez. Están barajando varias opciones para echarlo.

-¿Incluida la de un golpe de estado? -Luis la escudriñaba fijamente.

-¡Eso no puede ser, Laura! -Julio gravitaba sobre ella, el ceño fruncido y los puños cerrados-. ¿Cómo va a dar UCD un golpe contra su propio gobierno?

-¡Calmaos! Ya os he dicho que la situación es muy complicada. ¡Siéntate ya, Julio! Me estás poniendo nerviosa.

-¡Es que es para estar nervioso! -refunfuñó Julio. Pero finalmente se sentó a su lado.

Luis se inclinó hacia adelante, entrelazando los dedos.

-Laura, es esencial que nos digas todo lo que sepas, si quieres que seamos capaces de rescatar a Cecilia. Ahora mismo no tengo la información que necesito para poner a Ayala de nuestro lado. Pero me da la impresión de que tú sí que la tienes.

-Quizás sería mejor que nos vayamos a casa -dijo Julio, quien parecía haber vuelto a su típico estado de hombre sensato-. Allí me cuentas lo que sabes y entre los dos decidimos lo que vamos a hacer.

-Haced lo que queráis -dijo Luis-. Pero no hay tiempo. En cuanto mi padre participe en un par de descargas de cocaína habrá reunido el dinero suficiente para afianzar su posición entre los narcos y la policía gallega. Ya no necesitará a Ayala y no podremos hacer nada para pararlo. Y tendrá la pasta suficiente para pagar el sanatorio donde tienen a Cecilia y volverse invulnerable.

-¿Cuánto tiempo tenemos?

-De aquí a fin de mes, como mucho. Hasta ahora el tiempo en Galicia no ha sido favorable para que salgan las planeadoras, pero no tardará en mejorar… Dime, Laura, ¿saben los de UCD  del golpe de estado que planea Milans del Bosch? ¿Cuáles son esas opciones que planean para echar a Suárez?

-Elegir a otro presidente de gobierno dentro de UCD.

-Ya veo: una moción de censura… Eso no nos sirve. A Ayala le traen sin cuidado los politiqueos dentro de UCD. Piensa que no son más que una banda de chaqueteros.

-No entiendo nada -dijo Julio-. ¿El gobierno sabe que se prepara un golpe de estado y no hace nada para evitarlo?

Luis se metió los dedos en el pelo y se lo peinó hacia atrás en uno de los tics característicos de su hermana. En su pelo engominado, el resultado fue mucho menos atractivo que con los rizos de Cecilia.

-Benito cree que lo mejor sería matar a mi padre -la voz de Luis adquirió un tinte de angustia-. “Muerto el perro, se acabó la rabia”. ¡Esa es su manera de solucionar las cosas!

-Tú no debes colaborar con eso, Luis -le dijo Julio-. ¿Por qué no lo dejas?

-¿Dejar a la Mafia? ¿Acaso tú no sabes lo que es la omertá?

-¡Ni puta idea!

-¿Qué pasa, que no ves películas de gánsteres? -ahora Luis sonaba irritado-. Significa que la única manera de salirse de la Mafia es con los pies por delante.

-¡Pues qué bien! ¡Lo único que nos faltaba! Razón de más para que Laura y no nos mantengamos alejados de todas tus movidas.

-Si mataran a tu padre, ¿qué sería de Cecilia?

-No lo sé, Laura. Lo tendrían que decidir los que la tienen encerrada. Si la sueltan sin más, se arriesgan a que los denuncie. Lo que le han hecho es un secuestro en toda regla.

Eso le heló la sangre en las venas. Luis tenía razón: no había un segundo que perder. Este juego se estaba volviendo demasiado mortífero.

-Hay otro golpe de estado -dijo pausadamente-. Lo planea el general Armada en nombre del Rey. Quieren instalar en el poder un gobierno de militares y tecnócratas, para “reconducir la democracia”.

-¿Qué? -Julio la miraba incrédulo-. ¿Y tú cómo coño lo sabes?

-¡Lo sabía! -dijo Luis, excitado-. ¡Sabía que al final harían algo para echar a los rojos y a los separatistas de España! ¡Eso es lo que necesitamos! Ese golpe conseguirá más apoyos que el de Milans del Bosch. Cuando lo sepa Ayala, ya no querrá apoyar a mi padre.

-¡Laura, nosotros no podemos vernos involucrados con nada de esto! ¡Tenemos que apoyar a la democracia!

-No, Julio. Lo primero es rescatar a Cecilia. Luego ya veremos lo que podemos hacer.

Julio se volvió a poner en pie, mirándola consternado.

-Mañana mismo salgo para Galicia -dijo Luis-. Y tú deberías venir conmigo, Laura. Tienes que ayudarme a convencer a Ayala. Intenta que tu padre te dé más detalles sobre los planes de Armada.

-Tú no vas a ninguna parte -le dijo Julio.

-¡Yo voy donde me da la gana, Julio! Ya hablaremos en casa.

-¡Vale, pues vámonos!

-¡Hombre, quedaos a comer! ¿No? Carolina ha hecho estofado de cordero. Y Gabi se va a coger una rabieta terrible si ve que os vais.

Luis les sonreía con esa afabilidad un tanto cínica que había adquirido últimamente.

-¡Claro, claro! Nos quedamos a comer. Julio y yo tenemos tiempo de sobra para hablar, más tarde. De todas formas, no puedo irme mañana, Luis. Tengo que pasar por el trabajo y arreglar algunas cosas… A ver si consigo que me extiendan la baja.

Julio negaba lentamente con la cabeza.

He hecho lo mismo que Luis: yo también he traicionado a mi padre.

viernes, 23 de abril de 2021

Para volverte loca 122 - La lucha por el control de la prostitución

 -¿Qué quieres decir? -le preguntó Julio.

-Que Verónica y las otras prostitutas están seguras mientras estén en Angelique, pero en cuanto salen de allí están en una situación vulnerable. La banda de don Francisco sabe dónde viven y pueden ir a por ellas en cualquier momento.

Eso ya se lo habían planteado las chicas. No tenía fácil solución.

-¿Y qué sugieres que hagamos? -le preguntó.

Luis hizo rodar su silla de ruedas hasta el aparador sobre el que había un decantador de whisky y un cubilete con hielo.

-¿Seguro que no quieres? -le dijo a Julio.

-No, gracias.

-Yo sí -dijo ella-. Algo bueno tendrá que tener el no estar embarazada.

Julio la miró frunciendo el ceño mientras Luis llenaba los dos vasos. Ella lo ignoró. Vale que no la dejara beber mientras estaba embarazada, pero ahora no había motivo para no hacerlo.

Luis rodó hasta ella para darle el vaso de whisky.

-Volviendo a tu pregunta… Hay varias posibilidades. Ya sé que algunas no os van a gustar, pero os invito a considerarlas con la mente fría. La más obvia sería dejar que mis clientes controlen Angelique. Yo podría negociar con ellos unos términos favorables a las prostitutas. Quizás similares a los que tenían antes con Johnny…

-¡Claro! Porque en definitiva eso es lo que quería la Mafia desde el principio, ¿no? -saltó dijo Julio-. Entonces, todos los riesgos y los sacrificios que han corrido esas chicas, y nosotros, no servirían para nada. Simplemente, les hemos hecho el juego a la Mafia. Porque, si sabíais lo que iba a pasar, ¿por qué no intervinisteis antes?

-No sabíamos lo que iba a pasar, y era inútil planteárselo a las prostitutas mientras estaban bajo el control de Arsenio. Eso hubiera comenzado una guerra entre las dos bandas, con ellas en el fuego cruzado. Pero te puedo anticipar lo que va a pasar en cuanto Arsenio se recupere. Matarán a una de esas chicas… A Verónica, probablemente, ya que es la cabecilla. Luego le dirán a las otras que si no vuelven a someterse seguirán el mismo destino. Pero no os alarméis. Con nuestra ayuda, la situación sería muy distinta. No se atreverán a hacerle nada a alguien que trabaja para nosotros. La respuesta sería inmediata y letal. La Mafia no se anda con tonterías, todo el mundo lo sabe. Matarían a Arsenio y hasta el último de sus esbirros.

Los ojos de Luis brillaron con ferocidad por un instante.

-Es bueno saberlo -dijo Julio con escepticismo-. El problema es que Arsenio está lo suficientemente loco como para empezar una guerra contra la Mafia. Sobre todo si tu padre pone a la policía de su lado.

-Tú no sabes cómo está la situación, Julio -le dijo Luis con aire condescendiente-. Esa sería sólo una batalla dentro de una guerra que ya estamos ganando. Le hemos quitado a la banda de mi padre la mayoría de los burdeles, simplemente a base de comprar los locales. No tienen ni suficiente dinero ni suficiente gente.

-Antes decías que había varias posibilidades -dijo ella-. ¿Cuáles serían las otras?

-Podrían pagarles a mis clientes para que las protegieran. El poder disuasorio no sería el mismo, pero probablemente suficiente. Y las chicas conservarían su independencia.

-¡O sea, servicio de protección, como en las películas! -dijo Julio-. El problema es que una vez que te subes a ese tranvía ya no te puedes bajar. Si dejas de pagarle a los “protectores”, son ellos mismos los que te hacen un desaguisado. La amenaza de Arsenio y de tu padre no va a durar para siempre. ¿Y entonces, qué?

-Aunque mi padre ya no esté en la escena, esas chicas seguirían estando en peligro. El negocio de la prostitución es demasiado lucrativo, atrae a todo tipo de tiburones. Y con la bendita democracia, la situación que tenemos ahora va a seguir por mucho tiempo. El gobierno no se atreverá a perseguir a la prostitución, pero tampoco podrá proteger a quienes la practican.

-Eso es ahora -dijo Julio-. Cuando el PSOE llegue al poder las cosas van a cambiar. ¡Y mucho!

-¡Qué iluso eres, Julio! Los del PSOE no van a legalizar nunca la prostitución. Tienen que hacerles el juego a las feministas, que están en plena campaña contra la prostitución y la pornografía.

-Eso es verdad, Julio. Es lo que dicen en la Liga.

-¿Entonces, qué hacemos, Laura? ¿Le entregamos Angelique a la Mafia? ¿Te imaginas lo que dirá Cecilia cuando se entere?

-No creo que a mi hermanita le preocupe mucho lo que pase en Angelique, con tal de que la saquemos del embolado en el que está metida. Lleva ya más de dos meses encerrada. ¡Debe estar que se sube por las paredes!

-Precisamente. No veo cómo tu plan va a ayudar a rescatarla -le dijo.

-El plan es el mismo en el que venís pensando desde el principio: hay que acorralar a mi padre y hacerlo dar la cara. Pero eso no será suficiente, porque le bastaría con negarse a decirnos dónde está Cecilia. ¿Y entonces, qué? No, tenemos que quitarle todo el poder, todo el dinero. Si es lo que yo pienso, esa clínica debe de estar costándole una fortuna. Cuando no pueda pagarla, no tendrán más remedio que soltar a Cecilia.

-¿Y cómo piensas arrinconar a tu padre de esa manera? -dijo Julio con escepticismo.

-Ya lo estamos haciendo -Luis bebió un sorbo de whisky y sonrió con triunfo-. Ya lo hemos desbancado del negocio de la prostitución en Madrid. Se ha tenido que buscar otra fuente de ingresos.

Luis hizo una pausa dramática, mirando su vaso mientras hacía girar lentamente los cubos de hielo y el líquido ambarino.

-¿Cuál? -dijo ella. 

domingo, 28 de marzo de 2021

Para volverte loca 121 - Los tejemanejes de Luis

 

-¿Y tu padre nunca te dio ninguna pista de dónde podría trabajar el doctor Jarama? -dijo Julio-. Quizás si hicieras memoria…

-No, estoy seguro de que no lo sé. Lo guardan muy en secreto. Ni siquiera lo sabía mi padre cuando yo trabajaba con él.

-¿Y cuándo dejaste de trabajar con él? -le preguntó ella.

-Cuando hubo el juicio contra mí por el ataque a Cecilia. Fue entonces cuando me volví a encontrar con Benito.

Imposible olvidar esos momentos terroríficos. Cecilia y Malena habían ido a declarar en el juicio a Luis por haber agredido a su hermana. Como Luis había perdido sus piernas durante ese ataque, Cecilia declaró a su favor y al final fue exonerado. Pero lo hizo a base de culpar a Benito por el navajazo que en realidad le había dado Luis. Benito, quien había presenciado el juicio en secreto, no había quedado nada contento. Interceptó a Luis y a Cecilia a la salida de los juzgados. Julio y ella iban algo por detrás y acudieron a ayudar a Cecilia. Ángelo, el compinche de Benito, los había encañonado con una pistola que llevaba escondida en el bolsillo de su chaqueta. La situación se resolvió con la intervención de don Francisco, quien le había dicho algo a Benito que le hizo cejar en sus amenazas.

-Sí, recuerdo bien el encontronazo que tuvimos con él ese día -dijo Julio-. ¿Qué fue lo que le dijo tu padre a Benito para convencerlo de que nos dejara en paz?

-Mi padre ya estaba montando su organización y buscaba controlar la prostitución en Madrid. La Mafia estaba haciendo lo mismo y había contratado a Benito para ayudarlos. Mi padre estaba enterado de todo eso. Le ofreció a Benito hacer un pacto con ellos. Dándose cuenta de que no podía hacer nada sin consultar con sus capos, Benito decidió retirarse. Temporalmente, por supuesto.

Luis le dio otro sorbo a su whisky.

-Pero, por lo visto, tu padre no consiguió aliarse con la Mafia -dijo ella.

-Mi padre iba de farol. Sabía perfectamente que si quería hacerse con el dinero de la prostitución de Madrid, iba a tener que competir con la Mafia. Benito también lo sabía. Le dijo a mi padre que me enviara a mí para negociar con él. Me hicieron una oferta que no pude rechazar.

-¿Y eso qué quiere decir? -dijo ella-. ¿Que te ofrecieron mucho dinero o que te amenazaron?

Luis esbozó una sonrisa.

-Fue una decisión difícil. Yo sentía lealtad por mi padre, por supuesto, y por aquel entonces mis ideas políticas me hacían simpatizar con su proyecto de golpe de estado. Pero, en realidad, me trataba fatal. Me quería a su órdenes en todo y no me pagaba. Mi dijo que repartiríamos el dinero en cuanto empezáramos a hacer beneficios, pero yo tenía una familia que mantener y muchas dificultades debido a mi invalidez. Por otro lado, yo estaba resentido con Benito por haberme abandonado medio muerto en la calle cuando me atropelló el camión. Benito y yo pasamos un largo rato a solas aclarando la situación. Me dijo que, en realidad, Adolfo y él fueron corriendo a un bar a llamar a una ambulancia. Gracias a ellos la ambulancia llegó a tiempo, lo que posiblemente me salvó la vida.

-O sea, que no fue que salieron corriendo como conejos porque se les echaba encima todo el barrio de Vallecas -dijo Julio.

-Una turba no ha sido nunca problema para Benito. Iban bien armados.

-Claro, claro -dijo Julio-. O sea, que ahora le estás eternamente agradecido. Tanto que plantaste a tu padre para irte a trabajar con la competencia.

-Déjalo, Julio. Si no lo hubiera hecho, ahora lo tendríamos en contra y tendríamos más problemas para encontrar a Cecilia.

-Efectivamente, querida cuñada… Aunque yo me hubiera opuesto a que secuestrara a Cecilia, de todas formas. Nada bueno puede salir de eso.

Imposible saber si lo decía sinceramente o sólo para atraerlos a su lado.

-De todas formas, por lo que veo te han ido bien tus negocios con Benito -dijo Julio-. Aparte de las medidas de seguridad que has tenido que tomar, claro.

-Mi padre no se tomó nada bien que lo abandonara. Entre nosotros, os diré que creo que ha acabado algo trastornado. Han sido muchos disgustos en muy poco tiempo: enterarse de que Cecilia se prostituía, ver que yo perdía las piernas y, finalmente, que lo abandonara mi madre para irse con ese mejicano.

-No es mejicano, es español, miliciano de la República -protestó ella.

-Ahora es mejicano… Pero no importa, el caso es que mi padre me la tiene jurada. Si pudiera, seguro que me internaba en el mismo sitio donde tiene a Cecilia. A fin de cuentas, me casé con una prostituta. Pero las medidas de seguridad no son sólo por él, mi cliente tiene muchos otros enemigos, como os podéis imaginar.

-O sea, que tu trabajo con la Mafia fue lo que te llevó a representar a las prostitutas de Angelique -dijo ella-. No hizo falta de que yo te convenciera.

-Bueno, en realidad no había planeado hacerlo. Me estaba centrando en adquirir locales como Angelique por medios legales. Muchos están arrendados y, como a mi cliente no le falta el dinero, la forma más fácil de controlar el negocio es simplemente comparando el local a su propietario. Sin embargo, esa vía no funciona con Angelique, ya que Johnny es el propietario del local. Pero con Johnny huido a Estados Unidos, mi padre consiguió apropiarse el local por métodos un tanto turbios, usando sus enchufes con jueces y policías. De paso consiguió secuestrar a Cecilia. Cuando viniste a verme, me di cuenta de que representar a las prostitutas podía ser la manera de quitarle el control de Angelique. Era un asunto sumamente peligroso, de todas formas, porque a ese tipejo al que mi padre dejó a cargo de Angelique, Arsenio, le gusta el juego sucio. Como habéis podido comprobar, desgraciadamente.

-Pues podías habernos avisado -dijo ella.

-¿Acaso no lo hice? Sabía que Arsenio respondería con mano dura contra todo intento de las prostitutas de rebelarse contra él. No me dijisteis que ibais a hacer una reunión con ellas, si no, os hubiera advertido que os atacaría. De todas formas, tomé algunas medidas que, al parecer, han funcionado.

-¡Qué coño de medidas, Luis! -saltó Julio-. Si no llega a ser por Malena, sabe Dios lo que hubiera pasado.

-Sí, claro. ¿Y quién te crees que le dio esas pistolas a Malena?

-¿Se las diste tú? -dijo sorprendida. Malena detestaba a Luis desde que tuvo que defender a Cecilia contra él en las calles de Vallecas.

-Estaba pensando hacérselas llegar a Verónica, pero no podía hacerlo directamente. Si se llegaban a usar sería inconveniente que se me vinculara con ellas. Eso me obligaría a dejar de representarlas como abogado, aparte de traerme un montón de problemas. Entonces Malena vino a verme. Quería que la ayudara con sus papeles de residencia en España. Podía haberse buscado otro abogado, pero Lorenzo y ella tienen problemas de dinero. Me ofrecí a hacerlo gratis. Luego nos pusimos a hablar sobre Cecilia. No os digo nada nuevo si os cuento que Malena cree que estoy relacionado con su secuestro. Le tiene un odio visceral a “los fachos”, como ella dice.

-Tiene buenas razones: los pinochetistas torturaron y mataron a su padre -dijo Julio.

-Claro, claro… Yo le dije que hay que saber perdonar, aún las cosas más horribles que no hacen. Como yo llegué a perdonarle a Cecilia que me mandara de una patada bajo ese camión…

¿La ha perdonado de verdad? ¿O es todo una comedia para que lo ayudemos en sus planes? ¿Cómo nos podemos fiar de un tipo que traiciona a su propio padre?

-Se lo recordé a Malena, y que ella también tuvo algo que ver con mi “accidente”. Como gesto de buena fe, saqué esas dos pistolas del cajón y se las regalé. Le dije así podría defenderse mejor si yo volvía a hacerle daño a Cecilia o a ella. Parece que eso la impresionó. Incluso bajé con ella al sótano, donde tengo un cuarto insonorizado para prácticas de tiro. Le enseñé como usarlas, todas la precauciones que hay que tener con las armas de fuego. Estuvo disparando un buen rato. Tiene buena puntería.

-Como descubrió Arsenio, para su desgracia -dijo Julio.

-Como os podéis imaginar, yo no me podía imaginar que las cosas tomarían el curso que han tomado. Me imaginé que Malena se quedaría con una de las pistolas y te daría a ti la otra. Así tendríais algo de protección si Arsenio decidía ir a por vosotros… Lo que era de esperar, ya que teníais un papel muy visible en apoyar a las prostitutas de Angelique. En fin, siento muchísimo que hayáis perdido a vuestro hijo, pero las cosas podían haber salido mucho peor si Malena no llega a tener esa pistola. Al menos ahora tenemos a Arsenio neutralizado y a las chicas de Angelique independizadas y armadas. Pero esa situación no puede durar indefinidamente.


sábado, 20 de marzo de 2021

Para volverte loca 120 - Visita a Luis Madrigal

 

Madrid, martes 17 de junio, 1980

Al día siguiente a la misma hora de la mañana, Laura llegó a casa de Luis con Julio.

-¿Has visto? Han reforzado la verja y puesto cámaras de seguridad -le dijo Julio mientras esperaban que le abrieran la cancela del jardín.

Efectivamente, detrás de los barrotes de la verja habían puesto unas placas de madera pintadas de negro. Las cámaras estaban a los dos extremos de verja, apuntando hacia ellos.

Les abrió Jorge, el guardaespaldas, quien sin apenas saludarlos los llevó a la casa. Por dentro, las placas de madera estaban coronadas por una cornisa de alambre de espinas, invisible desde la calle. En el jardín habían instalado columpios y un pequeño tobogán de plástico. El césped estaba sembrado de juguetes. Había más cámaras en las esquinas de la casa.

Jorge les abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarlos pasar.

Un pequeño bólido colisionó contra sus piernas nada más franquear el umbral.

-¡Hola, tita Laura! ¿Has venido a jugar conmigo?

-¡Hola, Gabi! ¡Dame un beso!

Algo se le rompió dentro del pecho cuando cogió al niño en brazos. Ya nunca cogería al suyo así.

Gabi se debatió en sus brazos, mirando a todas partes.

-¡Hola, tío Julio! ¿No ha venido la tía Cecilia?

El condenado crío parecía dispuesto a romperle el corazón.

-No, hoy no ha podido venir -dijo Julio-. A lo mejor la próxima vez.

-Pues… pues entonces tienes que jugar tú conmigo. ¡Y hacerme cosquillas, como ella!

-¡Hola Julio, Laura! ¡Pasad!

Dejó a Gabi en el suelo y abrazó a Carolina.

-Lo siento mucho, Laura -le dijo Carolina al oído-. Lo has tenido que pasar fatal. ¡No puedo ni imaginármelo!

-Bueno, ha habido tiempos mejores. ¿Y tú, qué tal?

-Voy tirando… Pasamos mucho tiempo encerrados en casa. Cuestión de seguridad, me dice Luis…

-¿Tan mal está la cosa?

-No sé, Luis no me cuenta nada… Pero ya ves lo que os pasó a vosotros con lo de Angelique… Ojalá que pudiera hablar con Verónica y Tatiana, hace siglos que no las veo.

-Pues estoy segura de que estarían encantadas si las invitaras un día.

Carolina bajó los ojos al suelo.

-No sé si va a poder ser… Luis os está esperando en su despacho. Le cuesta trabajo subir y bajar las escaleras.

A Gabi no le hizo mucha gracia cuando los vio subir. Su madre se lo llevó al cuarto pataleando y protestando.

-¡Luego jugamos contigo, Gabi! -le gritó.

Luis les esperaba al final de las escaleras, de pie sobre sus piernas ortopédicas, apoyado en una muleta. Vestía un pantalón gris oscuro y una camisa blanca desabotonada en el cuello. Bastante formal para llevar un domingo en casa. Se alegró de haberse puesto el vestido verde oscuro, que juzgó lo suficientemente serio para la ocasión. Julio llevaba puestos unos vaqueros y un niqui.

-Se pone muy excitado cuando tenemos visitas -les explicó a modo de saludo-. Cómo no ve a casi nadie…

-Bueno, ya casi tiene edad de ir al jardín de infancia.

-Sí, supongo… Pasad a mi despacho. ¿Queréis algo? ¿Un whisky?

-Yo no, gracias -dijo Julio.

-Yo tampoco.

-Yo me he puesto uno. Una pena, no me gusta beber solo. Sentaos -dijo señalando al pequeño sofá junto a la pared.

Él se sentó en su silla de ruedas frente a ellos y cogió el vaso de whisky que había dejado sobre la mesa de café.

-¿Qué tal por Nueva York?

-Bueno, no fue un viaje de placer, como te puedes imaginar… Pero me trataron bien en la clínica. Todo muy eficiente, impersonal… americano. La verdad, lo prefiero así.

-Ya me imagino… Bueno, no. No me lo imagino… ¡Qué te voy a decir! -masculló.

Se hizo un tenso silencio.

-Ya sé que te encontraste con mi socio, Benito. Supongo que por eso habéis venido a verme. Ya es hora de que aclaremos algunas cosas.

-Yo diría que, más que hora, es un poco tarde -dijo Julio.

Luis le sonrió cínicamente.

-Mi trabajo requiere la máxima discreción, mi querido cuñado. Supongo que lo entenderás. Pero creo que hemos llegado a una situación en la que podemos trabajar juntos, ya que tenemos intereses comunes.

-¿Quieres decir que estás dispuesto a sacar a Cecilia de dónde la tengan encerrada? -le dijo ella-. ¿Sabes dónde está?

-Pensaba que eso ya estaba aclarado -Luis bebió un sorbo de whisky-. Pero entiendo que desconfíes de mí. Hace tiempo yo también era partidario de llevar a Cecilia a algún sitio donde pudieran curarla de esa extraña manía sexual que le ha entrado. Pero ella misma se encargó de disuadirme. Luego me fui dando cuenta de que casarse con vosotros era lo mejor para ella… Bueno, no me malinterpretes, sigo desaprobando la homosexualidad… y ese arreglo que tenéis los tres me parece francamente demencial. Pero últimamente me he vuelto muy pragmático. Lo que funciona, funciona. Mejor dejarlo estar.

-Sí, claro -dijo Julio-. Hay muchas cosas antes nunca hubieras sospechado que podían funcionar y que te han salido de maravilla. Como casarte con una prostituta y adoptar a su hijo. Tus normas morales se han vuelto muy flexibles. Incluso te permiten trabajar para la Mafia, ¿no?

-Efectivamente. Y me temo que, si queréis recuperar a Cecilia, vuestras normas morales de progres impolutos también deberán flexibilizarse un poco. Porque mi padre se ha vuelto muy poderoso, y ni vosotros ni yo vamos a poder doblegar su voluntad. Sólo una alianza estratégica con mis amigos lo hará posible. Sólo cuando hayamos desmontado su organización y lo hayamos privado de su dinero y de su poder podremos rescatar a Cecilia.

-Si sabes dónde está, ¿por qué no nos lo dices y nos dejas ver a nosotros si la podemos sacar de allí? -le dijo Julio.

-Es que no sé dónde está, Julio. Probablemente en las manos de un tal doctor Vicente Jarama… A no ser que mi padre haya cambiado de planes. Hablamos con él hace un par de años, cuando decidimos que había que encontrar un tratamiento para Cecilia. El doctor Jarama se especializa en la terapia de conversión, un tratamiento para curar la homosexualidad.

Le vinieron a la mente imágenes horribles de en lo que podía consistir esa terapia de conversión. ¡Pobre Cecilia! ¿Llegarían a tiempo de evitar lo peor?

-Sí, conocemos al doctor Jarama -dijo ella-. Lo hemos buscado en los directorios médicos de toda España. No aparece en ninguno. ¿Tú sabes dónde trabaja?

-Yo también lo he buscado, créeme, y no he sido capaz de encontrarlo. Pero he oído que hay clínicas secretas donde la gente de dinero ingresa a familiares con determinados problemas que requieren discreción. Casos de homosexualidad, embarazos inconvenientes, demencias seniles de gente importante… cosas que conviene esconder más que curar. Los médicos y el personal sanitario se recluta en secreto. La clínica puede estar en cualquier rincón de España… quizás en una gran ciudad, camuflada como fábrica o empresa de servicios.

-O sea, que incluso podría estar en Madrid -dijo Julio.

-Sí, pero lo dudo. Madrid es un sitio demasiado visible. Es más probable que esté en una capital de provincia… Valencia, Sevilla, Bilbao, Zaragoza… no lo sé, la verdad. Todo esto son especulaciones mías.



lunes, 15 de marzo de 2021

El día que la pillaron

Cuando finalmente se descubre su secreto, una esposa infiel recibe una buena dosis de sus propias perversiones.


Spanking For Sneaking Out, por greenimp666, DeviantArt

Julia se sobresalta al entrar al dormitorio. Ricardo es una presencia amenazante y silenciosa junto a la cama.  

-¡Joder, qué susto! No sabía que estabas aquí.

Julia se sienta en la cama para quitarse los zapatos. No se los debía haber puesto para ir al trabajo. Tienen demasiado tacón.

Ricardo no responde. Paulatinamente, Julia se va dando cuenta cómo cruza los brazos, de cómo la mira.

-¿Pasa algo?

Ricardo cierra la puerta. Luego se planta frente a ella, todavía cruzado de brazos.

-¡Claro que pasa algo! Lo sé, Julia. Lo sé todo.

Niégalo, niégalo, niégalo. Ella deja escapar una risita.

-¿Sabes todo de qué?

Espera que él no note el temblor en su voz.

-Lo que has estado haciendo tras mis espaldas, -descruza los brazos, no sabe qué hacer con las manos-. Vi tu perfil en Fetlife. Todas las fotos guarras que has colgado allí.

Joder. Esto va en serio.

Niégalo, niégalo, niégalo.

-¡Fetlife! Debería haber borrado mi perfil hace tiempo. ¡Hace años que no he estado allí!

Se pone en pie frente a él. Sin los tacones, su frente apenas le llega a la barbilla.

-Entraste anoche, Princesa Zorra. Para colgar tu última foto, la de tus tetas. También le enviaste un mensaje a Switchy, cuyo nombre real es Enrique, tu amigo… ¿o tal vez tu amante?

-Cómo puedes saber todo eso… -murmura.

-No estaba fisgoneando en Fetlife. Pirateé tu cuenta. Y luego también pirateé tu correo electrónico… Sí, tu cuenta encriptada en Protonmail. Me he pasado horas leyendo. Así que, a estas alturas, ya lo sé todo. ¡Absolutamente todo! Así que ya puedes dejar de fingir, Julia. Deja de mentirme.

Esto debe ser una pesadilla.

Se queda paralizada frente a él. Baja lentamente la mirada al suelo.

-Me has estado mintiendo durante años. Me has estado engañando con Enrique… Y sabe dios cuántos más… ¿A cuántos más te has tirado, Julia?

Su mente corre desbocada. Todas las mentiras que había preparado, todas las evasivas, son ahora inútiles. Si ha pirateado sus correos electrónicos, lo sabe todo. No va de farol.

-¿Cuántos más te han follado, Julia?

El miedo se filtra como un líquido helado en sus venas. Todo está perdido. La casa, las cuentas bancarias, las tarjetas de crédito. Difícil saber qué quedaría después del divorcio.

Tendrá que dejar su trabajo en el museo y conseguir un empleo con un buen salario.

-¿Qué piensas hacer? -se atreve a preguntar finalmente.

-Llevo pensando en eso todo el día… Se me han ocurrido algunas ideas.

-¿Qué ideas?

Le agarra sus pantalones por la cintura, los desabrocha y le abre la cremallera. Se los baja hasta las rodillas.

¿Me va a follar? ¿Un poco de sexo iracundo y ahí se queda la cosa?

-¡Y yo que pensaba que te afeitabas el coño por mí! Pero no, lo hacías por Enrique.

Ella se mira la entrepierna.

-No, por ninguno de los dos. Lo hice por mí.

Él le baja las bragas hasta la mitad de los muslos.

-¡Claro! Para hacerte fotos y enseñárselas al mundo entero. ¡Serás guarra!

-No lo entiendes, Ricardo…

-¡Pues claro que no lo entiendo! Pero estoy seguro de que me vas a explicar.

Ella finalmente se atreve a levantar los ojos para encontrarse con los de él.

-¿Entonces no vas a divorciarte de mí?

-No lo sé… ¿Tú qué crees, Julia? ¿Nos divorciamos? ¿Vale la pena continuar con esta farsa?

-No quiero el divorcio, Ricardo.

-¡No, claro que no! ¡Lo que quieres es seguir disfrutando de nuestro nivel de vida y hacer lo que te da la gana! ¡Follando con quien se te ocurra! ¿Realmente te compensa seguir viviendo una mentira? ¿Aún me quieres, Julia?

-¡Por supuesto que sí! -sus ojos continúan fijos en los de él-. Ya sé que es difícil de entender… difícil de explicar, quiero decir… Pero lo que he estado haciendo no significa que no te ame. Te quiero, Ricardo. Un montón."

Él la mira en silencio. Ella se esfuerza en sostener su mirada.

-¿Y tú? ¿Tú me quieres, Ricardo?

Contiene la respiración esperando su respuesta.

-Sí que te quiero. ¡Si no, todo este asunto no sería tan doloroso!

Julia suelta un suspiro de alivio. Se agacha para subirse las bragas.

-Ni se te ocurra subírtelas.

Ricardo se desabrocha el cinturón. Lo saca lentamente de las presillas de sus pantalones.

-Te diré lo que voy a hacer. Voy pegarte en el culo hasta ponértelo como en esa foto que publicaste en Fetlife.

Ella se ríe.

-¡Pero si a ti esas cosas no te gustan!

-¡Ah, conque no me gustan, eh! Pues ahora mismo me sentiría mucho mejor dándote una buena paliza.

-No tienes ni idea de lo que estás hablando -dice aprensiva.

-No hace falta saber mucho… Sólo que me gustaría infligirte tanto dolor tú me has hecho tú a mí… Pero bueno, tampoco creo que te importara tanto, porque tú disfrutas con esas perversiones. ¿No, Julia?

-Bueno, depende…

-¿Cómo te marcaron el culo en esa foto?

¿Lo dice en serio? ¿Realmente piensa pegarme con el cinturón?

-¡Contéstame, Julia! ¡Y no me mientas!

-Enrique me dio una azotaina. Luego me pegó con una correa.

-¿Así que dejaste que te pegara Enrique, pero yo no puedo zurrarte?

-¡No es eso! No lo hizo para castigarme.

-Pero sí que te mereces que te castigue, ¿o no?

-¿Vamos a arreglar las cosas? ¿Me vas a perdonar?

-¡Respóndeme, Julia! ¿Mereces que te castigue?

Siente un cosquilleo de anticipación en el trasero. Traga saliva.

-¿No me vas a dejar?

-¡No me estás contestando!

-Tú tampoco.

Se desafían con la mirada.

-Las cosas van a cambiar. Se acabó lo de hacer la golfa.

-Por supuesto.

-Y te castigaré si lo haces. Como voy a hacer ahora. ¿Vale?

Solo me va a dar unos cuantos azotes. Luego me follará a lo bestia y todo habrá terminado.

-Vale.

La agarra por la muñeca y la tira bocabajo en la cama. Sus movimientos son bruscos, decisivos. Julia no podría haberse resistido si lo hubiera intentado.

El cinturón cae enseguida sobre sus nalgas. El dolor lacerante disipa toda ilusión de que él iba a andarse con remilgos.

Apenas tiene tiempo para recuperar el aliento cuando recibe el segundo correazo.

-¡Joder, Ricardo! ¡No me pegues tan fuerte!

-¿No? ¿Y por qué no? ¿Qué te crees, que esto es un juego? ¡Quiero hacerte daño, Julia! Que nunca va a ser tanto como el que me has hecho tú a mí.

Acentúa lo que dice con un tercer golpe, aún más fuerte que los anteriores. El dolor la atraviesa, haciéndola gritar.

-¡Así! ¡A ver si te enteras!

Él le pega. Ella aulla.

¡A la mierda!

Se levanta de la cama de un salto. Ricardo se queda con el cinturón levantado.

-¿Qué coño haces?

-Tenemos que hablar sobre ... ¡Ay!

El cinturón cae sobre la delantera de sus muslos con un resultado aún más doloroso que en su trasero.

-¡Auuu, cómo duele! ¡No me pegues en las piernas!

-Si pones el culo, te pego en culo. Si no, en las piernas, o donde sea. Tú eliges.

Sus ojos brillan de furia. Aprieta la boca con determinación. Vuelve a levantar el cinturón. Julia da un paso atrás, pero no consigue evitar que el cinturón vuelve a azotarle los muslos.

Suelta un grito, se da la vuelta y se tira en la cama. El cinturón le azota el trasero una, dos, tres veces, en rápida sucesión. Se encabrita y patalea con cada golpe.

Ricardo se detiene. Le arde el culo. Sus puños se aferran a la colcha.

-¿Has terminado?

Levanta la mirada y lo descubre hurgando en su bolso. Ha encontrado su móvil.

-Las cosas van a cambiar.

-Por supuesto, Ricardo -le tiembla la voz.

-Quiero que rompas con Enrique. ¡Ahora mismo!

Tira el móvil en la cama frente a ella.

 -¿Qué quieres que le diga?

-Que no lo vas a volver a ver.

Ella desbloquea su teléfono.

"No podemos volver a vernos" escribe.

Ricardo se arrodilla en la cama para leer por encima de su hombro.

La respuesta llega de inmediato:

"¿Por qué?"

Ella escribe: "Ricardo se ha enterado de lo nuestro". Le enseña el mensaje a Ricardo.

-Mándalo.

“¡Joder! Lo siento, Julia. Entonces, ¿no os vais a separar?”

Mira interrogativamente a Ricardo. El asiente.

“No.”

-Dile lo que te estoy haciendo -lo enfatiza con un nuevo correazo.

Ella escribe: "¡Me está pegando con el cinturón, Enrique!"

Un nuevo azote. Luego llega la respuesta: "¡Me estáis poniendo a cien!"

"¡¡¿¿Qué??!! ¡¡¡No es un juego, Enrique !!! ¡Me duele un montón! "

“Sí, pero al menos no os vais a separar. Mejor que dé rienda a su rabia. ¡Aguanta, Julia!".

Ricardo le quita el móvil.

-Bueno, parece que él sí que lo ha entendido -murmura, y apaga el móvil.

Los correazos empiezan otra vez, frustrando sus esperanzas de que la paliza hubiera acabado.

-¿A que no sabes quién se está haciendo una paja ahora mismo pensando en lo que le está pasando a tu lindo trasero? -le dice mientras sigue pegándole implacablemente.

El dolor se acumula hasta convertirse en una mezcla infernal de aguijonazos y quemaduras, renovada cada pocos segundos con un nuevo azote. Julia se aferra a la cocha, sollozando y gimiendo. No se atreve a moverse, ni siquiera a suplicar, esperando que Ricardo se apiade de ella y termine el castigo.

Ricardo se detiene. Se oye un clic. Se atreve a mirar hacia atrás y ve que Ricardo le está haciendo fotos del culo con su móvil. Él le quita los pantalones y las bragas y le separa los pies de una patada. Más clics.

Tira el móvil en la cama frente a ella.

-Míralas.

Su pompis es una masa rojiza de cardenales y moratones. Las últimas fotos muestran su ano y los labios hinchados de su coño.

-Pensé que serían una buena adición a tu colección de fotos en Fetlife. Vamos, a subirlas.

-Estás de coña.

-¿Prefieres que siga dándote con el cinturón?

Se apresura a salir de la cama. Ricardo la agarra del brazo y la lleva hasta su ordenador portátil. Ignorando sus quejas, la obliga a sentarse en la silla. Es como sentarse en una parrilla. Conecta su móvil al ordenador, abre Chrome y Fetlife. Ricardo la hace subir la primera foto y le dicta el pie de foto:

Esto es lo que le pasó a mi culo cuando mi marido se enteró de que soy una adúltera y una zorra.

Luego tiene que subir la foto que muestra su partes íntimas y escribir:

Éste es mi coño de puta y mi ano perverso, en medio de mis nalgas bien azotadas.

La primera imagen comienza a recibir "loves" mientras que la segunda aún se está subiendo.

-¿Ves? Les gustan. ¿Por qué publicas esas fotos, Julia?

Está demasiado confundida y dolorida como para mentirle.

-Me gusta pensar en la cantidad de la gente que masturba contemplando mi cuerpo.

-Y también imaginándose lo estupendo que sería follarte. Aunque con éstas estarán fantaseando con los gritos que das cuando te dan unos buenos correazos en el culo.

-Sí, seguro que algunos se están masturbando con eso.

-¡Pero tú eres mía, Julia, y de nadie más! ¡Te lo voy a demostrar!

La levanta de un tirón de la silla y la dobla sobre el borde de la cama. Ella lo oye bajarse la cremallera y presiente lo que se avecina.

Su polla dentro de ella le proporciona un placer inusitado, a pesar de que sus nalgas arden cuando él se las agarra. Pero él sale de ella justo cuando se acercaba al orgasmo.

Siente el glande presionando sobre su ano.

-¡Espera! ¡No estoy preparada para eso!

La penetra de todas formas, con la ayuda de los jugos de su coño. Hay un momento de dolor sordo, luego sólo la indignidad de la polla que le va llenando el recto. Ricardo intenta bombearla, pero hay demasiada fricción. Se retira y le da una palmada en el pompis.

-¡Lubrícate!

Se arrastra hasta la mesilla de noche, saca la botella de lubricante del cajón y se aplica un generoso pegote en el culo. Luego vuelve a su sitio y le ofrece el culo.

Ahora su polla se desliza con facilidad, lo que le permite bombearle el culo con movimientos rápidos y vigorosos. No le deja ninguna duda de que se trata de una follada de castigo, acompañada de algún que otro azote en sus nalgas doloridas. Hay poco placer y una creciente irritación en el ano. Pero Julia se siente bien. Sometida. Aliviada. La está haciendo suya, y eso significa que no la dejará. Eso es lo que más importa.

Cuando termina de follarla, la hace desnudarse y la manda a la cocina a preparar la cena. El culo le arde por fuera y por dentro por la paliza y la follada. Llora quedamente y tiembla mientras deambula por la cocina. Pero se siente extrañamente en paz. No se esperaba un castigo tan severo, pero la verdad es que se lo merecía. Enrique tenía razón: ahora Ricardo la perdonará y las cosas volverán a la normalidad.

Ignorando sus súplicas, Ricardo la hace sentarse a la mesa. Mientras ella se retuerce, buscando una postura cómoda, él le plantea presenta sus perspectivas:

-Estarás confinada en casa una buena temporada, así te vuelves a casa directamente desde trabajo todos los días. Y los fines de semana de semana te quiero conmigo, donde pueda verte.

-¡Por ​​favor, Ricardo! ¿No me has castigado ya bastante?

-No se trata de castigarte, sino de que no puedo fiarme de ti. Sé que me engañarás a la primera oportunidad que se te presente, y no pienso permitirlo. Ya sé que yo tengo parte de la culpa. No te he prestado la debida atención. No me di cuenta de cuánto necesitas el sexo, de cuánto necesitas tus perversiones.

-Intenté decírtelo, pero te reíste. Dijiste que no necesitábamos meter esas perversiones en nuestro dormitorio.

-No lo entendía, pero ahora sí. Cuando te estaba azotando, sentí que eras mía como nunca antes lo había sentido. Y ahora quiero más. Quiero que tus deseos sean míos y de nadie más.

-Pues sigues sin entenderlo. Eso es posesividad, no kink.

-¡Me da igual, esa va a ser mi perversión a partir de ahora! ¿O acaso yo no tengo derecho a mis perversiones? Si te gusta, bien, y si no, lo aceptarás porque estás en deuda conmigo. Tal y como te entregaste a otros, ahora te vas a entregar a mí. Si no, vamos a tener problemas. Espero que ya te habrás dado cuenta de que voy en serio.

-Sí, Ricardo -le dice dócilmente.

-¡Muy bien! Esto es lo que vas a hacer a partir de ahora. Vuelves a casa directamente del trabajo y te desnudas nada más llegar. Lo único que necesita llevar puesto es tu anillo de bodas. Limpias la casa y preparas la cena. Te follaré todas las noches, como a mí me apetezca, y no pienso tolerar ninguna excusa ni ninguna queja. Y, por supuesto, si no estoy satisfecho con tu comportamiento, te castigaré de la forma que considere necesaria. ¿Comprendido?

Ella asiente y rompe a llorar otra vez. Está demasiado cansada y dolorida para protestar. Además, Ricardo todavía parece cabreado.

Aún queda mucho de qué hablar. Pero tal vez no esa noche.

A menudo ha fantaseado con un hombre dominante que la haría entregarse y la controlaría completamente. Y ahora lo ha encontrado en el lugar más inesperado. Aun así, no está segura de poder aceptar sus condiciones.

Inmersa en estos pensamientos, Julia limpia la cocina. Ricardo ve una película en la tele. No la ha invitado a sentarse con él.

De todos modos, no es que le apetezca mucho sentarse.

Julia se va a la cama. Se acuesta boca abajo y llora hasta quedarse dormida.

NOTA: Esta historia está pensada para ser turbadora e invitar a pensar. Considera si cada uno de los personajes actúa de forma ética. Por supuesto, Julia hizo mal al engañar a su marido, pero ella estaba convencida de que esa era su única forma de experimentar el BDSM. Por su parte, Ricardo usa el BDSM como una excusa para su posesividad y no tiene en cuenta las necesidades de Julia. Enrique se centra en el morbo que le produce que Julia sea castigada. Es egocéntrico y no la apoya lo suficiente.

La historia plantea las siguientes preguntas:

1. ¿Hay sitio en el BDSM para un castigo real por una infracción real?

2. ¿Cómo afecta al consentimiento el hecho de que sea un castigo real?

3. ¿Está Ricardo coaccionando a Julia para que acepte su castigo con la amenaza del divorcio? ¿Es eso consensual?

4. ¿Debería haber informado Ricardo a Julia de la severidad del castigo que pretende infligirle? ¿Da Julio un consentimiento informado?

5. ¿Es una buena idea hacer una escena BDSM cuando estás enfadado?

6. ¿Terminó el consentimiento de Julia cuando se levantó de la cama y dijo "tenemos que hablar"?

7. ¿Le está dando Enrique un buen consejo a Julia cuando le dice que debe aceptar su castigo?

8. ¿Es razonable que Ricardo quiera confinar a Julia porque ya no confía en ella?

9. Al aceptar las nuevas restricciones a su comportamiento, ¿está Julia siendo presa de la manipulación emocional o simplemente está cumpliendo su deseo de ser dominada?