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lunes, 9 de noviembre de 2015

El Muro de Palabras


Las palabras sirven para comunicarse y la comunicación es esencial en toda relación. Sin embargo, a menudo se usan como armas para atacar a la pareja o a otras personas. En mi vida me he tropezado con demasiada frecuencia con lo que voy a llamar el Muro de Palabras: una persona que habla de forma agresiva durante largos periodos de tiempo de manera que la otra persona se ve obligada a escuchar en silencio y no tiene tiempo de argüir a su favor.

Funciona de la siguiente manera. La persona empieza a hablar y no para por un largo rato, a menudo a base de dar detalles innecesarios y de repetir lo mismo una y otra vez. Si la otra persona la interrumpe, se quejará enardecidamente de la interrupción y luego continuará con su perorata. Sin embargo, usa un doble rasero en lo que concierne a las interrupciones, porque cuando la otra persona consigue finalmente abrir la boca se verá interrumpida enseguida por otra larga diatriba del que lleva la voz cantante, quien súbitamente ha sentido la necesidad imperiosa de clarificar algo que la otra persona acaba de decir. En los casos más extremos que he encontrado del Muro de Palabras, se producía algún silencio ocasional pero en el momento que abría la boca para decir algo mi interlocutor se ponía inmediatamente a hablar al mismo tiempo que yo, bloqueando lo que intentaba decir. De hecho, el Muro de Palabras puede llevar a una situación en la que los dos hablan simultáneamente, una persona intentando desesperadamente hacerse oír y la otra bloqueándola.

 El Muro de Palabras es más difícil de implementar en grupo, pero aun así he visto a una persona tomar el control de una reunión, impidiendo hablar a personas con opiniones contrarias a base de usar su autoridad como coordinadora para darse todo el tiempo de intervención a sí misma.

Quien usa el Muro de Palabras intenta, consciente o inconscientemente, bloquear la comunicación de la otra persona. No está interesado en escuchar, sólo en sermonear. El objetivo es crear un desequilibrio de poder en el que él adopta el papel de un superior sermoneando a un subordinado, como si fuera un adulto riñéndole a un niño o un jefe dándole una reprimenda a su empleado. De hecho, el contenido del discurso en el Muro de Palabras a menudo está lleno de acusaciones. Otras veces quien lo usa se presenta como víctima y el Muro de Palabras se erige bajo la excusa de defenderse contra el presunto maltrato de la otra persona. Por supuesto, puede ser verdad que hay una situación de abuso, pero la manera de evitarla no debería ser el impedirle al presunto maltratador comunicarse. En realidad, el Muro de Palabras es una forma de abuso psicológico en la que el desequilibrio de poder creado por el hecho de que una persona puede hablar y la otra no puede terminar minando la autoestima de la persona silenciada. A menudo, quien lo usa elabora una larga lista de acusaciones que la persona silenciada no tiene posibilidad de refutar. En el peor de los casos, a las acusaciones se le suman amenazas, añadiendo el miedo a las emociones negativas de la culpa y la vergüenza.

¿Qué podemos hacer cuando nos enfrentamos a un Muro de Palabras? No es nada fácil, pues el Muro de Palabras de por sí impide cualquier solución basada en la comunicación. Ahí van algunas ideas:

1. Pídele a una tercera persona que medie en la conversación. Lo mejor es que el mediador esté enterado del problema para así poder arbitrar igualdad de tiempo para hablar. Sin embargo, hay que tener en cuenta de que quien está acostumbrado a usar el Muro de Palabras intentará meter al mediador en su dinámica con protestas de que se le trata injustamente, y al final puede terminar bloqueando la comunicación del propio mediador.

2. Vete. A veces una persona usa el Muro de Palabras sólo cuando está irritada o a la defensiva. En esos casos, postergar la conversación para otro momento donde los ánimos están más calmados soluciona el problema. También puede ser que el intentar hablar con alguien que usa el Muro de Palabras simplemente no valga la pena, pues continuar la conversación en esas circunstancias es una afronta a la dignidad de la persona silenciada.

3. Pregúntate si tú eres parte del problema. Por supuesto, el Muro de Palabras es abusivo, pero a veces se puede usar como mecanismo de defensa contra algo que puedes estar haciendo tú. Obviamente ella no quiere escucharte, pero quizás lo haga por miedo a que algo que puedas decirle vaya a herirla. Aunque tú no uses el Muro de Palabras, eso no te impide soltar amenazas o acusaciones.

4. Usa una palabra de seguridad para indicarle a una persona dada a usar el Muro de Palabras que lleva hablando demasiado tiempo y que le ha llegado el turno de escucharte. Por supuesto, esto depende de que esa persona haya reconocido el problema.

5. Señala el problema diciendo “estás usando un Muro de Palabras”. A menudo el inventar un nombre para un problema ayuda mucho a reconocerlo. Palabras como “sexista”, “homofóbico” y “chantaje emocional” han funcionado muy bien como señales de situaciones de maltrato.

Si se te ocurren algunas otras soluciones, por favor indícalas en los comentarios.


viernes, 22 de mayo de 2015

Cuatro mentiras sobre el amor


Se me ha ocurrido contar cuatro mentiras sobre el amor… Bueno, no contarlas, sino simplemente denunciar cuatro cosas falsas que se suelen decir sobre el amor. Falsas para mí, claro, si no estás de acuerdo para eso están los comentarios. ¿Por qué cuatro? Pues porque no tengo tiempo para escribir un post muy largo y conociendo mi tendencia a enrollarme…

Hoy iba en el coche escuchando uno de mi podcast favoritos, “Rationally Speaking”. Era el episodio dos, porque ahora que Massimo Piggliucci se ha retirado decidí escuchar los episodios antiguos. Este iba sobre el amor. Nada más empezar, va Massimo y dice que el amor tiene que ver sólo con la reproducción. ¿Qué? ¿Y entonces no existe el amor entre amigos? ¿No puede uno amar un libro, una idea, un país? Podemos hacer ésta la primera mentira sobre el amor:

“El amor de verdad sólo existe en la pareja.”

Es un mito del amor romántico que puede hacer mucho daño al llevarnos a valorar el amor a la persona con la que follamos sobre el amor a los amigos. Yo diría que el amor de la amistad es el más auténtico, pues se da desinteresadamente. Nos enamoramos locamente y nos olvidamos de los amigos. Luego nos rompen el corazón ¿y quiénes están ahí para recoger los trocitos? Nuestros amigos, claro.

Otra cosa muy común es considerar al amor como algo sublime, inefable. Oímos decir tonterías como que “la ciencia nunca conseguirá explicar el amor”. En realidad, el amor es algo muy sencillo: se trata simplemente de una emoción. Como la alegría, la tristeza, la ira, el orgullo y la vergüenza. ¿Y qué son las emociones? Las emociones son estados mentales que motivan nuestro comportamiento. Detrás de todo lo que hacemos hay una emoción, aunque sea sólo ese leve sentimiento de culpa que nos hace levantarnos por la mañana para ir al trabajo… “¡Arriba, perezoso, que ya son las ocho y media! ¿No te da vergüenza estar todavía en la cama?” Cuanto más fuerte es la emoción, mayor es nuestra motivación para hacer algo. Las emociones también dirigen nuestro pensamiento, por eso cuando estamos enamorados no podemos “quitárnosla de la cabeza”. Hay emociones positivas, que son las que nos atraen hacia algo, y emociones negativas, que son las que nos repelen o nos hacen luchar contra algo. No es que las emociones positivas sean buenas y las positivas malas. El asco es la emoción negativa por antonomasia, pero sentir asco hacia algo que es perjudicial para nuestra salud es bueno. De la misma forma, sentir amor por alguien que nos está haciendo daño es malo. Ese enamoramiento que nos sube a las nubes es muy agradable, pero también lo es el estado mental en que nos ponen muchas drogas. En realidad, son estados muy parecidos, producidos por la liberación de dopamina en la llamada “vía del placer” que conecta el cuerpo estriado con el núcleo accumbens en el cerebro. Resulta que, como hacen las drogas, el enamoramiento disminuye la inteligencia. ¿Quiere eso decir que no debemos enamorarnos? No, simplemente digo que dejemos de creer que…

“El amor es el estado más sublime del que es capaz el ser humano.”

Y tonterías por el estilo. Esa será nuestra segunda mentira. El amor enriquece nuestras vidas y resulta muy saludable, pero no saquemos las cosas de quicio dándole más importancia de la que tiene. Recuerda esto la próxima vez que te encuentres en un charco de autocompasión y melancolía porque te han dejado. No es el fin del mundo. En la vida hay un montón de cosas aparte del amor. ¿Te parece que estoy siendo cínico? Pues el Budismo dice algo parecido. Según él, el estado mental ideal no es el de exaltación amorosa o de una alegría tremenda, sino un estado de serenidad y desapego acompañado de amabilidad hacia todos, más que amor a una persona en concreto.

Vayamos a por la tercera mentira. Para no complicarme mucho la vida, escogeré algo fácil…

“El amor es para siempre.”

O título similar de una peli romántica en la que los amantes se buscan hasta en el Más Allá. No… Lo siento: no existe el “Más Allá”. El amor, como todos los fenómenos de la mente, es producido por el cerebro y no puede sobrevivir al cerebro. Es más, hoy en día conocemos sustancias que si te las tomas dejas de estar enamorado inmediatamente. De hecho, una disminución drástica de la testosterona (incluso en la mujer), puede dar al traste con el más intenso de los romances. Ansiogénicos como las beta-carbolinas (que hacen lo contrario que el Valium), disfóricos como los agonistas del receptor kappa de opiáceos, bloqueadores de la oxitocina… todo eso puede acabar con el amor. ¡Y son simples sustancias químicas! Pero con esto no quiero decir que:

“El amor es una simple cuestión de química.”

Lo que será nuestra cuarta mentira sobre el amor. Simplemente digo que sin cerebro no puede haber amor, porque sin cerebro no hay consciencia. Y como el cerebro no dura para siempre, tampoco lo hace el amor. En realidad, la mayor parte de los amores no duran toda la vida, como lo demuestra la altísima tasa de divorcio. Y el amor de las amistades, ese que decía que era el más sincero, resulta que es el más efímero. En esto creo que también acierta en Budismo cuando nos dice que todo es transitorio y perecedero. El amor no es la excepción: tiene un principio y un final. No sólo eso, sino que es algo que cambia a cada momento, va adquiriendo mil formas distintas. Como todo lo que existe en nuestra mente, es transitorio. Nuestra propia mente es impermanente; no tenemos un alma que viva eternamente. Nosotros cambiamos como todo lo que hay en el universo, tenemos un principio y un fin.

¿Que por qué el amor no es una simple cuestión de química? Esa es una falacia (error de lógica) muy curiosa, de un tipo que se escucha mucho estos días. Yo la llamaría “falso reduccionismo”. El reduccionismo consiste en querer explicar fenómenos complejos en función de fenómenos más sencillos. Por ejemplo, las propiedades químicas del átomo de carbono se pueden explicar en función de fenómenos físicos de la mecánica cuántica. Pero si nos ponemos a explicar en base a la mecánica cuántica las propiedades de moléculas complejas, como el ADN, nos perdemos. Cuando se pasa de un nivel de complejidad a otro, por ejemplo de la física a la química, o de la química a la biología, aparecen lo que se llama “propiedades emergentes”. Las reglas de juego cambian porque las relaciones entre los distintos elementos hacen que el todo sea más que la suma de sus partes. La falacia del falso reduccionismo consiste en pensar que eso no es así, que podemos ignorar las propiedades emergentes. ¿Qué tiene que ver esto con el amor? Pues que el amor, como las demás emociones, es una propiedad emergente de cerebro humano. Decir que el amor es sólo química es como decir que el ADN es sólo neutrones, protones y electrones. Las dos cosas son aparentemente verdad… excepto que la palabra “sólo” nos lleva a engaño porque hemos tirado por la ventana las propiedades emergentes, que son lo más importante.

El amor, como las demás emociones, es una propiedad emergente debida al funcionamiento del cerebro humano. El disparo de potenciales de acción en determinadas neuronas, la liberación de determinados neurotransmisores, forman la base del amor, pero no son lo mismo que el amor, de la misma manera que el flujo de electrones en tu ordenador no es lo mismo que este mensaje que estás leyendo, aunque forme la base del mismo. La información, el sentido de algo, viene dado por la manera en que se relacionan una serie de elementos (circuitos y chips en el ordenador, neuronas en el cerebro), no por los elementos en sí. Somos nuestro cerebro, nuestra mente (que no es más que lo que hace el cerebro al funcionar), y las emociones son una parte fundamental de la mente. Las emociones son lo que da color a nuestra vida, lo que nos hace feliz y lo que nos hace sufrir. Y el amor, emoción positiva que nos une a los demás, es una de las cosas que más puede contribuir a nuestra felicidad.

El amor no es ni mística ni química, sólo el querernos, el desear la felicidad de la persona que tenemos al lado, momento a momento, fluyendo juntos en el río del tiempo, sabiendo que todo va a cambiar, que todo lo vamos a perder... Y, a pesar de todo, amando.

¿Te han gustado mis cuatro mentiras sobre el amor? Si quieres más, lee este otro artículo de este blog:

¿Qué tiene de malo el amor romántico?

viernes, 8 de agosto de 2014

Las bases éticas del poliamor: consentimiento, reciprocidad, honestidad y seguridad

Una cuaterna de poliamor
Uno de los libros claves sobre poliamor
Todavía hay poca gente que entienda lo que es el poliamor. La mayoría lo confunde con la promiscuidad, la poligamia o el intercambio de pareja. Existen varios libros escritos sobre el tema, aunque desgraciadamente muy pocos en español. Y, de todas formas, no se puede esperar que el público general los lea o emplee mucho tiempo en informarse. Por eso he querido condensar en este breve artículo lo que es el poliamor, haciendo hincapié en por qué es una alternativa ética a la monogamia y a su secuela, la infidelidad.

El poliamor se podría definir como un nuevo tipo de relación amorosa basado en la no-exclusividad sexual y amorosa. La no-exclusividad sexual consiste en aceptar que la persona a la que amamos pueda tener relaciones sexuales con otras personas. Sin embargo, esto no es lo mismo que la promiscuidad indiscriminada, ya que en la mayoría de las relaciones de poliamor las relaciones sexuales se limitan a un grupo reducido de personas o incluso a una única tercera persona (polifidelidad). Cada familia de poliamor establece sus propias reglas a este respecto. La no-exclusividad amorosa quiere decir que aparte de tener relaciones sexuales con más de una persona, también es posible, incluso deseable, el amar a más de una persona. De ahí le viene el nombre al poliamor: más de un amor. Esta libertad de enamorarse de más de una persona es lo que distingue al poliamor de las parejas abiertas y del intercambio de pareja (los llamados “swingers” o “mundo liberal”), ya que en ese tipo de relaciones se permite el sexo con otros siempre que uno no se enamore de ellos. Es decir, se han superado los celos de sexo pero no los de amor. Por el contrario, en la cultura de poliamor se le da una gran importancia a la capacidad de amar y mantener relaciones duraderas con varias personas.

Para mucha gente que practica el poliamor, es fundamental que sea una forma ética de vivir, alejada de la explotación, el sexismo y la falta de honestidad que plagan las relaciones monógamas tradicionales. Sin embargo, esto no es nada fácil, pues en vez de gestionar la relación entre dos personas ahora hay que tener en cuenta a varias. Encima, no todas las relaciones en un grupo de poliamor tienen la misma intensidad o madurez: unas están empezando mientras otras tienen un historial de años; unas son de convivencia mientras otras funcionan a base de citas espaciadas en el tiempo. A pesar de todo, he intentado recoger aquí cuatro condiciones básicas que definen el que una relación de poliamor sea ética, un poco como el “seguro, sensato y consensuado” que demarcan los límites entre el BDSM y el matrato.

1.    Consentimiento: Una relación de poliamor debe producirse entre personas que consienten libremente a tenerla. No valen presiones ni chantajes de ningún tipo. Pero, ¡cuidado!, que lo recíproco también es cierto: no se debe imponer una relación monógama a alguien en contra de su voluntad. Y eso es precisamente lo que ha venido haciendo la sociedad desde hace mucho tiempo: usar todo tipo de presiones para imponer la monogamia.

2.    Reciprocidad: Las reglas son las mismas para todo el mundo. Es decir, que si él es libre de follar o de enamorarse de otras, ella tiene los mismos privilegios. Lo contrario sería injusto y explotador. Por supuesto, puede suceder que un miembro de una pareja le otorgue libertad sexual al otro sin desear usar el mismo privilegio, pero eso es una decisión personal suya que debe poder abrogar en cualquier momento. Esto es lo que distingue al poliamor de la poligamia, donde no existe reciprocidad: un hombre puede tener varias mujeres, pero una mujer no puede tener varios hombres... ¡y ni se te ocurra pensar en relaciones homosexuales en una cultura polígama!

3.   Honestidad: Todo el que participa en una relación de poliamor debe tener acceso a todo lo que necesite saber sobre dicha relación. Es decir, que no caben ni secretos ni mentiras. El poder ser honesto sobre los propios deseos y sentimientos es una de las cosas más valiosas que se gana con el pacto de no-exclusividad. Ya no hay motivos para engañar ni para ocultar nada, ni que has follado con Fulanita ni que te has enamorado de Menganito. Existen, por supuesto, unos ciertos límites a lo que debe ser revelado, ya que todo el mundo tiene derecho a una cierta privacidad, pero lo importante es que todo el mundo sepa lo que ocurre en el grupo familia de poliamor que le concierne. Quizás no necesite saber en qué posturas follásteis ayer noche, pero sí necesito saber que follásteis.

En el poliamor también hay sitio para los hijos
4.    Seguridad: La relación de poliamor no debe causar daño físico o mental a los participantes. No quiero diferenciar aquí entre la seguridad física (“seguro” en el BDSM) y la seguridad mental y emocional (“sensato” en el BDSM), ya que creo que en el poliamor existe un continuo entre estas dos cosas. La seguridad incluye, por supuesto, la protección contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS), ante las que existe un mayor riesgo en el poliamor. Esto debe incluir no sólo el uso de barreras como los condones, sino también revisiones médicas periódicas (al menos una vez al año) que incluyan un panel sobre todas las ETS comunes. El poliamor conlleva también claros riesgos emocionales que deben ser asumidos por todo el que se interna por estos derroteros. Si bien la presencia de varias personas que nos aman supone una mayor ayuda frente a los problemas, los conflictos de relación también se multiplican con el número de personas: no sólo me afecta el que te pelees conmigo, sino también el que te pelees con tu otro amante. Es frecuente oír la queja de que el poliamor está lleno de “dramas”. Por todo eso, es importante entrar en este tipo de relaciones con el firme propósito de no comprometer la estabilidad emocional de la gente de nuestro grupo de poliamor.

domingo, 6 de abril de 2014

¿Cómo vivir nuestra vida? Hedonismo y eudamonía

El otro día asistí a una charla que resultó ser inesperadamente interesante. La daba el Dr. Steve Cole, profesor del Departamento de Hematología-Oncología de UCLA, y se titulaba “Social Regulation of Human Gene Expression” ("Regulación social de la expresión de genes en humanos", el enlace es a una charla anterior con el mismo título, en YouTube). El profesor Cole planteó una de las preguntas filosóficas más básicas: ¿Cómo debemos vivir nuestra vida? Es decir, ¿qué es lo que buscamos en nuestra vida? Simplificando mucho las cosas, se puede decir que hay dos actitudes básicas ante la vida.

1.    Hedonismo. Ésta es una palabra que a mí siempre me ha sonado mal, pues me recuerda a “hedor”, pero en realidad no tiene nada de malo. Se trata, simplemente, de vivir para ser feliz. No estamos hablando sólo de placeres carnales, como el comer bien y el follar bien, sino de todo aquello que nos haga la vida más grata, como el tener buenos amigos, una pareja y una familia que nos llene, un trabajo creativo y agradable, viajar, leer buenos libros, ver buenas películas, oír buena música, etc. Es la filosofía propugnada en la Grecia clásica por Epicuro, basada en perseguir el placer y evitar el sufrimiento, de forma moderada y racional.

2.    Eudamonía. Esta actitud ante la vida se le suele atribuir a Aristóteles, aunque también se relaciona con el pensamiento de Sócrates y Platón. Según ella, debemos vivir para cultivar la virtud, es decir, desarrollar nuestras potencialidades como seres humanos… Si no entiendes lo que eso quiere decir, te confesaré que yo tampoco. Sin embargo, el Dr. Cole propuso una definición bastante más precisa. Para él, la eudamonía consiste en vivir para satisfacer un ideal que nos trasciende a nosotros mismos, es decir, el querer cambiar el mundo para mejor, dejar algo detrás cuando nos muramos. Si queréis, podemos englobar en la eudamonía ideales religiosos como el servir a Dios (Cristianismo), la unión mística con Dios (Hinduismo), el eliminar el sufrimiento (Budismo), etc. Pero también entrarían en ella ideales no religiosos como el llevar a cabo la revolución del proletariado (marxismo), el desentrañar los misterios del universo (ciencia), el salvar al medio ambiente (ecologismo), establecer la igualdad de la mujer (feminismo), etc. En definitiva, en vez de perseguir solamente nuestra felicidad personal, se trata de trabajar en pos de un ideal mayor que nosotros mismos.

Si te paras a pensar, hay mucha gente que vive una vida de eudamonía, mucha más de la que cabría sospechar en un principio. De hecho, casi todas las personas que han hecho algo admirable en al vida entrarían en este grupo. Eso no deja de ser curioso, porque a primera vista cabría sospechar que casi todo el mundo es hedonista. De hecho, el capitalismo y su “lógica de mercados” se basa en la asunción de que todo el mundo se guía por principios hedonistas de maximizar su bienestar, lo que nos llevaría a consumir cada vez más. Por el contrario, la supervivencia del planeta parece depender en que una buena parte de la especie humana adopte una mínima actitud de eudamonía y se sacrifique para dejar un planeta viable a las generaciones venideras.

Patrón de expresión de genes en ratas aisladas socialmente (Lonely) o viviendo en grupo (Socially Integrated)
Pero bueno, ¿qué tiene que ver todo esto con los genes? ¿Por qué se pone un investigador en biomedicina a hablar de Epicuro y Aristóteles? Aquí es donde viene lo más interesante. En lugar de tomar una actitud determinista, tan frecuente estos días, en la que se cree que los genes determinan nuestro comportamiento, el Dr. Cole se puso a estudiar la relación inversa: cómo nuestro comportamiento, incluso nuestra actitud ante la vida, dirige la expresión de determinados genes. Para hacerlo extrajo muestras de sangre de animales de laboratorio y de personas, de las que aisló células del sistema inmune (normalmente llamadas “glóbulos blancos”) para medir en ellas la expresión de más de un millar de genes. Lo primero que vio, tanto en ratas como en monos como en humanos, es que el aislamiento social aumenta la expresión de cerca de un  centenar de genes asociados con la inflamación y disminuye la expresión de otro centenar de genes asociados con la respuesta inmune, sobre todo contra virus. Luego utilizó la misma táctica para estudiar cómo la actitud ante la vida, hedonismo o eudamonía, afecta a estos conjuntos de genes. Para averiguar si una persona determinada se inclinaba hacia el hedonismo o la eudamonía realizó una serie de test psicológicos. Test similares sirvieron para medir la satisfacción de esas personas ante la vida. Encontraron que un grupo nutrido de personas tenían una vida bastante feliz, y que entre ellos se encontraban tanto los que practicaban el hedonismo como la eudamonía. Sin embargo, los test de expresión de genes revelaron diferencias importantes entre los dos grupos. Los que tenían una filosofía hedonista tenían un perfil similar a los que se aislaban socialmente, con alta expresión de genes pro-inflamatorios y baja expresión de genes de respuesta inmune. Aquellos con filosofía de eudamonía, por el contrario, tenían baja expresión de genes pro-inflamatorios y elevada expresión de genes de respuesta inmune. Y el caso es que los genes pro-inflamatorios, como la interleucina-6, aumentan el riesgo a una importante serie de enfermedades, como las asociadas con el sistema cardiovascular.

¿Quiere decir esto que la eudamonía es más saludable que el hedonismo? Creo que esa sería una conclusión prematura. Quizás lo que nos quiera indicar el experimento es que el hedonismo se parece un poco al aislamiento social, ya que todo se centra en uno mismo, mientras que la eudamonía es una actitud más abierta al mundo, una actitud de dar en vez de recibir. Sea como sea, podemos quedarnos con una conclusión mucho más fundamental: nuestros genes no determinan lo que somos, nosotros determinamos qué genes se expresan en nuestro cuerpo. No lo hacemos directamente, claro está, sino en base a cómo decidimos comportarnos, en qué ambiente nos movemos e incluso las decisiones más profundas que tomamos sobre cómo queremos vivir. En definitiva, tu salud y tu felicidad dependen de lo que hagas hoy.

domingo, 9 de febrero de 2014

La sumisión de Malena

Este es otro fragmento de la novela que estoy escribiendo, la continuación de "Voy a romperte en pedacitos". Se trata de un primer borrador, la versión final seguramente será más elaborada. También he eliminado algunos detalles que pueden ser "spoilers" para los que no hayáis leído "Voy a romperte en pedacitos". Esta historieta quiere mostrar lo que es la negociación de una relación de dominación-sumisión; cómo los deseos de la dominante y la sumisa convergen en una determinada manera de actuar. 

Dibujo cortesía de Pattydraws

Malena se pasó el día preparándose para su encuentro con Cecilia. Limpió a conciencia toda la casa, haciendo la cama en el dormitorio, barriendo meticulosamente el salón-comedor, quitándole el polvo a las estanterías, sacudiendo el polvo de los cojines del sofá en el patio trasero. Cuando terminó se le ocurrió que quizás habría tenido que hacer lo contrario: dejar el apartamento sucio y desordenado para así darle un motivo a Cecilia para castigarla. Pero no, el tener la casa sucia iba en contra de su manera de ser, sobre todo cuando iba a recibir a su mejor amiga. Además, eso de provocar los castigos a propósito era un poco enrevesado, ¿no? Y, sin embargo, si siempre se portaba bien, Cecilia nunca la castigaría… ¡Qué lío! Esto del sadomasoquismo era demasiado nuevo para ella; tendría que pedirle a Cecilia que se lo explicara mejor.
Lo que sí sabía era que desde que se vio atravesada en el regazo de Cecilia, recibiendo azotes en el trasero bajo la mirada lujuriosa de Lorenzo, no había deseado otra cosa que volver a vivir esa experiencia, volver a sentirse bajo el control de Cecilia, pequeña e indefensa como una niña.
Un par de horas antes de que apareciera Cecilia se duchó, lavándose el pelo a conciencia, cepillándoselo bajo el secador hasta darle el volumen y la ondulación adecuados. Se recortó cuidadosamente el vello del pubis con unas tijeras. Le daba algo de miedo afeitarse el coño como hacía Cecilia; los intentos que había hecho anteriormente habían resultado en escozores muy molestos y algún que otro feo grano de pus. Escogió su mejor ropa interior. No tenía ninguna de esas picardías que sin duda le gustaban a Cecilia, pero unas braguitas nuevas, blancas estampadas con flores, le dieron el aire infantil que quería que Cecilia viera en ella. Rebuscó entre sus sujetadores sin encontrar ninguno que le gustara. Al final decidió no ponérselo; con sus pechos pequeños realmente no lo necesitaba. Completó su atuendo con un vestido cortito, estampado con flores de muchos colores, y unas sandalias de tiras de cuero que se había comprado en el Rastro.
Cecilia tocó el timbre a las cinco en punto. Malena corrió hacia la puerta, pero el gato Lenin llegó antes que ella, restregándose contra madera con el rabo bien tieso. En cuanto abrió la puerta empezó a enroscarse en las piernas de Cecilia, dejando en claro que le pertenecía a él y a nadie más. Y sin duda debía ser así, pues lo primero que hizo Cecilia al entrar fue coger al gato en brazos, acariciarlo detrás de las orejas y frotarse el pelaje anaranjado de su cabeza contra las mejillas. Sólo cuando Lenin saltó al suelo, satisfecho de caricias, Cecilia se le acercó y le plantó un beso en los labios con una sonrisa.
-¡Estás guapísima, Malena! Ese vestido te sienta muy bien.
-Tú también estás muy guapa. ¿Has ido así a la universidad?
Cecilia vestía una camisa de manga corta color crema, desabotonada para revelar vistazos de su sujetador, falda verde oscuro, medias negras y zapatos de medio tacón. Su pelo, más largo de lo habitual, estaba un poco revuelto, formando un halo de rizos en torno a su cabeza.
-Sí, claro. No tenía tiempo de ir a casa a cambiarme. Pero si me abrocho un poco más la camisa creo que voy lo suficientemente decente, ¿no?
-Sí… Es profesional y sexy a la vez… ¿Qué me vas a hacer? Quería haber hecho alguna travesura para que me castigaras, pero no se me ocurrió nada. Ya ves, metida aquí en casa todo el día, me dio por ponerme a limpiar.
-¡Ay, Malena! No seas tonta, no tienes que hacer nada para que te castigue. Anda, ven, vamos a sentarnos en el sofá, que tenemos que hablar.
Fue a tomar asiento a su lado, pero Cecilia la hizo sentarse sobre su regazo. Malena se abandonó en sus brazos, apoyando la cabeza en su hombro, oliendo el perfume de su pelo. Lenin se subió de un salto al respaldo del sofá y se puso a ronronear junto a ellas. Cecilia trazó distraídamente el contorno de las pecas en sus muslos.
-Malena, ya sabes que estoy en deuda contigo. Me recogiste en vuestra casa cuando no tenía a dónde ir y me defendiste cuando Lorenzo quiso echarme aquella vez. Luego peleaste por mí como una leona cuando Luis me atacó con su banda de fachas…
-¡Pero es que no es eso, Cecilia! -la interrumpió, despegándose de ella-. No te pido que me devuelvas ningún favor. Quiero que me hagas lo que quieras hacerme… Que disfrutes de mí… Porque yo te gusto, ¿no?
-Sí, Malena, me gustas mucho. Pero no me vengas con esas, tú también quieres algo de mí, me lo dijiste el otro día… Y eso está bien, de verdad, porque de lo que se trata es de que disfrutemos las dos, cada una a su manera. De hecho, a mí lo que más me haría disfrutar es hacerte feliz. Así que vamos a dejarnos de tonterías y a hablar claramente de lo que queremos.
Malena se volvió a dejar caer sobre el hombro de Cecilia.
-Es que yo no estoy muy segura de lo que quiero… Quiero que me enseñes tu mundo del sadomasoquismo ese. Que me hagas lo del otro día, que me hizo sentirme de una forma muy especial.
-Vale: darte unos azotitos en el culete… No hay ningún problema con eso, Malena… Pero creo que quieres algo más. Cuando fuiste a verme a la universidad me dijiste que quería que fuera tu mamá.
Malena ocultó la cara en el pelo de Cecilia.
-No sé por qué te lo dije… Me da mucha vergüenza hablar de eso.
Cecilia le acarició suavemente el muslo.
-No tiene por qué darte vergüenza, Malena. Somos amigas y hemos hecho muchas gamberradas juntas, ¿no? Ya sé que el otro día te puse muchas pegas, pero me lo he estado pensando y creo que puede ser algo muy bueno para las dos.
-¿De verdad?
-De verdad, Malena. Tú dime cómo te gustaría que fuera y poco a poco vamos viendo lo que podemos hacer.
-Pues… Me gustaría que fueras mi mamá secreta, algo que sólo sepamos nosotras dos. Y que me cojas así en brazos, como estás haciendo ahora, y me acaricies, y me digas lo que tengo que hacer… Estoy perdida, Cecilia, no sé qué hacer con mi vida. Todos estos años, desde que me fui de Chile, he pasado mucho miedo… No sabía dónde ir, qué iba a ser de mí. Y entonces llegaste tú… y solucionaste los problemas que tenía con el Lorenzo… y lo convenciste de que se casara conmigo. Y ahora todo está bien, tengo marido y una casa donde vivir… ya no tengo que correr ni esconderme… ¡Pero mi vida está vacía, Cecilia, no sé para dónde tirar! Tú eres la persona más sabia que he conocido en mi vida. Sé que me puedes aconsejar… incluso decirme lo que tengo que hacer, y yo te obedecería en todo… Y si no lo hago, quiero que me riñas y que me castigues. Ya sé que ya no soy una niña; soy una mujer mayor capaz de tomar sus propias decisiones… ¡Pero ahora mismo me sentiría tan bien si  lo único que tengo que hacer es obedecerte! Me fío de ti, sé que me ayudarás a encontrar mi camino.
Le había salido todo de un tirón, desde el fondo del alma. No estaba segura de haber pensado nunca en esas cosas, pero conforme las decía se daba cuenta de que eran verdad. Le puso la mano en el hombro a Cecilia y se lo apretó, sacudiéndola.
-¿Me entiendes, verdad? -dijo con desesperación en la voz.
-¡Claro que te entiendo, Malena! Yo misma he sentido cosas parecidas. Pero me da miedo lo que me pides… Yo no soy tan sabia como te crees, he cometido muchos errores en la vida y seguramente los seguiré cometiendo. Tienes que darte cuenta de que yo sola no puedo guiarte en tu vida, tendrá que ser algo que hagamos entre las dos. Podemos hablar y decidir lo que tienes que hacer… Y luego, si te faltan las fuerzas, desde luego que sí puedes contar conmigo para echarte un chorreo, darte unos azotes y ponerte más derecha que una vela, porque eso sí que lo sé hacer muy bien.
Malena sonrió.
-¡Pues eso es lo que quiero! … ¿Me dejarás que te llame mamá?
-Vale. Pero sólo cuando estemos a solas, ¿eh? O, como mucho, delante de Lorenzo.
-Yo no se lo pensaba contar al Lorenzo…
-Pues esa va a ser la primera orden que te voy a dar… Lorenzo tiene que saberlo, Malena. No podemos dejarlo fuera. Siempre hemos sido los tres mosqueteros, ¿recuerdas? Y él siempre se ha portado fenomenal con nosotras. Los secretos envenenan las relaciones de pareja. Es una lección que me costó muy caro aprender y no voy a dejar que tú cometas el mismo error.
-Vale… Pero, por favor, díselo tú. Tú sabes cómo contar este tipo de cosas… y además el Lorenzo siempre te toma muy en serio. Yo me moriría de vergüenza.
-Bueno, ya se lo diré yo, cuando llegue el momento.
-¿Qué más me vas a mandar hacer?
-¡Ay, no lo sé, Malena! Lo tengo que pensar.
-¿Qué tenías pensado hacerme hoy?
-Pues podíamos empezar con una azotaina… Ya sé que es lo que estás deseando.
-¡Ay sí, por favor!
Enseguida se encontró tendida bocabajo sobre los muslos de Cecilia. Hizo una almohada con las manos y reposó la mejilla sobre ellas. Cecilia le acarició las piernas y le levantó el vestido.
-¡Pero que braguitas tan monas! Parecen de niña… Creo que me va a gustar que seas mi niñita, para así poderte dar unos azotitos de vez en cuando.
Malena se rio, dando pataditas excitadas al asiento del sofá. Notó que Cecilia le metía delicadamente los dedos dentro de las bragas y se las bajaba hasta los muslos. A continuación empezaron los azotes, no muy fuertes, pinchazos picantes sobre la piel delicada del pompis. Cecilia se detuvo y le acarició las nalgas, masajeándoselas y separándoselas con rudeza. Luego volvió a pegarle más fuerte, con un ritmo cadencioso y eficaz. El aguijonazo y el calor que le proporcionaban sus manos se convirtió en una sensación de intensidad creciente, hasta llegar al punto en que no pudo evitar quejarse y debatirse.
-¿Qué? Duele, ¿eh? ¿Ves? Mejor que no me obligues a darte una azotaina de castigo, pues te puedo hacer pasar un mal rato. Pero hoy no… hoy vamos a pasárnoslo bien, ¿vale?
Le pegó una serie rápida de cachetes flojitos que hicieron que su piel se despertara en un agradable escozor. Luego, justo cuando empezaba a desear más, vino una tanda de azotes fuertes y espaciados, que cesó en el momento que empezaban a volverse intolerables. Cecilia siguió alternando series de azotes suaves y enérgicos, impidiéndola distraerse un solo momento. Por fin se detuvo y volvió a masajearle el culo.
 -¿Te acuerdas cuando nos gatillábamos juntas en la cama, Malena? A ti siempre te ha gustado mucho eso, ¿verdad?
-Sí… ¿Por qué? ¿Está mal?
-No. Está muy bien. Me gusta que disfrutes. Por eso mismo quiero que lo hagas ahora.
Se quedó un momento desconcertada, ponderando lo que le pedía Cecilia.
-¿Ahora? ¿Mientras me pegas?
-Precisamente. Venga, no me hagas esperar. Ponte el dedito en el clítoris y date gusto hasta correrte.
Malena deslizó la mano entre su cuerpo y las piernas de Cecilia. Alcanzarse el clítoris con el dedo la obligó a poner el culo en pompa de forma más bien obscena. Notó que estaba muy mojada y su postura la excitó aún más. Cecilia volvió a golpearle su pompis ardiente y expuesto, y ella se frotó el clítoris con fruición. El placer hacía que los azotes le dolieran menos y le gustaran más.
-Avísame cuando te vayas a correr, para que te pegue más fuerte -dijo Cecilia tranquilamente.
Por alguna extraña razón, eso la volvió medio loca. Levantó el culo aún más en el aire y se estimuló furiosamente.
-¡Así me gusta, bonita! Ten un orgasmito muy fuerte para mamá.
Eso fue la gota que colmó el vaso.
-¡A… ahora! ¡Me voy! -alcanzó a decir justo a antes de que se desencadenara su clímax.
El orgasmo pareció durar una eternidad. Fiel a su promesa, Cecilia la zurró de lo lindo mientras se corría, el escozor de los azotes mezclándose de forma extraña con las ondas de placer que le surcaban el cuerpo. Planeando por encima de todas esas sensaciones entrecruzadas estaba la satisfacción de saber que le estaba dando a Cecilia lo que le había pedido, que al gozar se entregaba a ella.
Cuando terminó se quedó exhausta, atravesada sobre el regazo de Cecilia, sin fuerzas siquiera para sacarse la mano de la entrepierna. Cecilia ya no le pegaba, pero el trasero le ardía como si lo tuviera al rojo vivo. Una sensación de enorme bienestar le bañaba todo el cuerpo.
Cecilia le acabó de bajar las bragas, levantándole los pies para acabar de quitárselas. No se le ocurrió protestar.
-Mejor que vayas sin braguitas, para que no te escuezan el culete. Además, quiero que te sientas un poco zorrita.
-Sí, mamá -se atrevió a decir. La palabra le envió escalofríos por todo el cuerpo.
Cecilia la hizo incorporarse y la volvió a sentar en su regazo, abrazándola.
-Ahora escúchame bien… Cuando venga Lorenzo, lo seduces y te lo llevas a la cama. Haz todo lo que él quiera, en la postura en él quiera, ¿entendido?
-Sí… Pero, ¿y tú? ¿No vas a correrte? ¿Quieres que te gatille?
-Otro día, Malena. Se nos ha hecho tarde y no quiero que Lorenzo nos pille en plena faena.
-Pero es que yo… yo quiero hacerte gozar a ti también -dijo quejumbrosa.
-Que no, Malena. No te preocupes por mí.
-Vale… mamá. ¿Qué quieres que haga con el Lorenzo? ¿Quieres que me culee?
-Sí… ¿Crees que podrás convencerlo?
-¡Pues claro! ¡Si él siempre quiere!
-¿Ves? Pues precisamente por eso. ¡Tienes que tener satisfecho a tu marido, Malenita!
-Si tú me lo mandas, lo haré de mil amores -dijo entusiasmada.
-Pues eso es lo que yo siempre he querido: que Lorenzo y tú hagáis el amor como dios manda. Quiero que tengas un buen orgasmo cuando te folle, ¿me oyes? Como el que acabas de tener.
-Pero si me he quedado muy a gusto… No necesito más.
-Pues esa es una de las primeras cosas que quiero enseñarte, Malena: a disfrutar más del sexo. A partir de ahora quiero que folles con Lorenzo todos los días que él quiera. No le pongas disculpas. Si no lo haces, te castigaré… Y descuida, que no te van a gustar nada mis castigos.
-Vale, mami. Me portaré bien, te lo prometo.
Cecilia la volvió a besar. Distraídamente, se pasó la mano por el trasero. Tenía la piel caliente y suave al tacto, como terciopelo. Le vino a la cabeza una idea preocupante.
-Pero… cuando el Lorenzo me vea el culo rojo me va a preguntar que por qué es… ¿Qué le voy a decir?
-¡Pues la verdad! Le dices que he venido a verte y que hemos jugado como el otro día. No hace falta que le des más explicaciones. Dile que ya hablaré yo con él.

martes, 10 de diciembre de 2013

Suicidio

Mi querida amiga Erin se quitó la vida hace apenas un mes. Yo, que andaba un poco desconectado de ella, no me enteré hasta dos semanas después. Desde entonces he pasado muchas horas intentando comprender las circunstancias y las razones que la llevaron a hacerlo. Erin no era una persona dada a la melancolía; al contrario, siempre comunicaba un gran alegría a los que estábamos con ella. Sin embargo, una vez intentó contarme algo que llevaba muy dentro. Fue un e-mail que parecía no venir de ninguna parte y que me dejó anonadado…

“¡Deseo tanto que esta mierda de vida se acabe lo antes posible! ¡Estoy tan harta de toda esta mentira! Sólo quiero dormir -to trip the light fantastic (bailar con esa fantástica ligereza)- ¡para siempre! Y, de nuevo, no soy suicida, ¡créeme, no lo soy! ¡Es sólo que estoy tan harta de toda esta basura! No hay nada de bueno o de maravilloso en mi vida. Sólo quiero acelerar el proceso de mi muerte lo mejor que pueda. Quizás debería empezar a tomar crack cocaína o algo así… No sé. ¡Sólo sé que deseo tanto que todo esto termine! He acabado. Estoy tan triste. Espero que puedas empezar a entender esto, Hermes. No se trata de ti - ¡en absoluto! ¡Se trata de mí! ¡Quisiera que tú, y tu mujer, y mi madre y mi amiga Tina, y todos a los que amo y que me importáis os dierais prisa en morir! ¡Para que yo pueda salir de aquí de una puta vez! ¡Detesto mi vida! ¡Quiero que se acabe! Me solía preocupar dejar mi marca en el mundo - hacer algo significativo que ayudara a otros - pero estoy vacía de ‘vida’ y ya no me importa nada. -Algo dentro de mí ha muerto. Sólo quiero dormir. Solía querer ayudar a otra gente a tener una vida mejor y a encontrar la felicidad… pero, lo siento, ya no me preocupo ni por mí ni por nadie. ¡Paz FUERA!”

¡Ahí queda eso! Me disgustó tanto ese e-mail que tuvimos una pelea a causa de él. Poco a poco, conforme las aguas fueron volviendo a su cauce, Erin intentó explicarme lo que quería decir. Quería comunicarme algo muy íntimo suyo, me dijo, algo que no le contaba a nadie. Y yo, al rechazarlo, la había decepcionado profundamente. Me explicó que para ella la muerte no era algo triste, sino un descanso a todo el sufrimiento de su vida cotidiana. Más adelante comprendí de dónde había salido ese e-mail. Unos días antes habíamos visto juntos la película “Mar Adentro”. Yo quería enseñarle la Galicia donde crecí, pero ella se quedó enganchada con la historia de Ramón Sampedro y su deseo de morir.

Otra película que vi hace poco, “What Dreams May Come”, ("Más allá de los sueños", en español) representa el polo opuesto: la repulsa de nuestra cultura hacia los suicidas. En ella el personaje encarnado por Robin Williams tiene que viajar al Infierno de Dante a rescatar a su esposa, que ha cometido el pecado imperdonable de suicidarse. ¿Por qué tiene que ser el suicidio algo tan negativo?

Hablando con Erin comprendí que el suicidio puede considerarse como uno de los actos más subversivos. Es una afirmación radical de nuestra libertad, de nuestra autonomía personal. No le pertenecemos a la sociedad, ni a Dios, ni siquiera a las personas que nos aman. Nuestra vida es nuestra y hacemos con ella lo que nos da la gana. Y el que quiera entenderlo que lo entienda y el que no, ajo y agua… Mejor todavía: el suicida comprende que lo que más tememos, la muerte, no es nada. Es una moneda con dos caras: la de perder todo lo que tenemos pero también la de liberarnos definitivamente de todo lo que nos hace sufrir. Así que, si hacemos balance de nuestra vida quizás lo segundo pese más que lo primero, y entonces la opción es clara. Al parecer, Erin lo tenía así de claro.

También es verdad que determinadas personas están fascinadas por la idea de la muerte y el suicidio. Existe toda una subcultura en torno a ello. Por ejemplo, la canción “Asleep” de Emily Browning recoge sentimientos muy parecidos a los del e-mail de Erin…


La verdad es que a mí me costó mucho trabajo entender todo esto. A mí me gusta la vida. Si pudiera viviría mil años. Lo que me llena de frustración es no tener suficiente tiempo para aprender todo lo que quiero aprender, para hacer todo lo que quiero hacer, para escribir todos esos libros que se quedarán para siempre en mi imaginación. Pero ahora, gracias a Erin, he llegado a comprender en mis huesos el significado de la muerte y a dejar, en cierta medida, de temerla.

Pero también soy consciente de que en la gran mayoría de los casos el suicidio tiene poco de romántico, de ese acto de liberación personal del que hablaba antes. El suicidio a menudo no es más la consecuencia final de una enfermedad que a veces es mortal: la depresión. Gracias a los avances de la neurociencia, hoy en día entendemos que existen estados del cerebro que son incompatibles con la vida, donde el sufrimiento se hace tan profundo que hay que buscar una salida de inmediato. Y también sabemos que ese estado se puede evitar con la medicación adecuada, que literalmente te puede salvar la vida. Es aterrador pensar que hay gente que puede pasar por algo así. Espero de todo corazón que ese no fuera el caso de Erin, que ella simplemente logró hacer realidad ese deseo tan profundo que yo no supe comprender.

May you trip the light fantastic, Erin!

domingo, 8 de diciembre de 2013

¡“Sexo, ciencia y espíritu” cumple un añito!


Según el archivo del blog, el primer artículo lo publiqué el 25 de noviembre del 2012… Sí, es verdad, ya hace unos días desde el cumpleaños, pero es que he estado muy liado últimamente. Más vale tarde que nunca, ¿no?

Ese primer artículo fue “¿Por qué tiene tanto éxito ’50 Sombras de Grey´?” que sigue siendo uno de los más leídos del blog, con 239 visitas hasta ahora. El más leído de todos también trata de esa dichosa novela: “’50 Sombras de Grey’, ¿una historia de Dominación/sumisión o de maltrato?”, con 1340 visitas. De hecho, ese artículo recopiló 1100 visitas en un solo día, más de las que suele recibir mi blog en un mes. Y así fue como, cuando ya lo consideraba imposible, el blog rebasó la línea de las 10,000 visitas antes de cumplir un año.
Bueno, no me hago ilusiones: 10,000 visitas al año no son muchas. Blogs con más éxito han recogido cientos de miles de visitas en tres o cuatro años de singladura. Pero por algo se empieza, ¿no?

Creo conocer las razones por las que este blog no es demasiado popular. En primer lugar, no se concentra en un tema determinado. No es un blog sobre BDSM, ni sobre poliamor, ni sobre ciencia, ni sobre literatura, sino que va picoteando sobre esos y otros muchos temas sin ton ni son. Pero no quiero escribir otra cosa, porque así es mi vida, esas son las cosas que amo y si escribiera sólo sobre una de ellas acabaría por aburrirme. En definitiva, creo que las personas debemos buscar el equilibrio entre nuestro intelecto, nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestra sexualidad. Así que, ¿por qué no hablar de todo un poco? Además, los temas mejoran cuando se mezclan… ¿Qué tal si hablamos de sadomasoquismo desde el punto de vista de la fisiología del dolor? ¿O de cómo el entender nuestras emociones nos libera espiritualmente?

Otra de las razones por las que el blog no tiene un éxito fulminante es que no me “mojo el culo” hablando de mi experiencia personal. Se entiende que los blogs tienen que ser un poco como diarios que van recogiendo el aprendizaje del que los escribe a través de su vida, haciendo hincapié en los sentimientos, en su crecimiento como persona. Reconozco que me da reparo hablar demasiado de mí mismo cuando se trata de temas tan íntimos como el sexo, el BDSM y las personas a las que amo. Por supuesto, “Hermes Solenzol” es un pseudónimo, con lo que este blog no impactaría mi carrera profesional. Pero no es eso lo que me preocupa. “Hermes Solenzol” no es un simple nick de un foro de internet, sino mi pseudónimo de escritor que, si mi novela acaba por tener el éxito que ansío, un día podría conectarse con mi nombre real. Lo que escribo en el blog equivaldría entonces a “salir del armario” como practicante del BDSM, el poliamor y unas cuantas cosas más. Y eso podría hacer sufrir a determinadas personas a las que quiero y tendría un impacto difícil de ponderar en mi carrera como científico. Por lo tanto, de momento prefiero hablar de estos temas de forma impersonal, a sabiendas de que sería mucho más interesante escribir sobre los momentos de felicidad y los dramas dolorosos que han aportado a mi vida. Pero sigo planteándomelo y, quién sabe, quizás pronto cambie de táctica.

Empecé el blog con planes muy ambiciosos. Este iba a ser un blog bilingüe, es español y en inglés. Escribiría mis artículos en una de esas lenguas y luego lo traduciría a la otra. No pudo ser. Traducir requiere mucho esfuerzo, aún entre lenguas en las que tengo completa fluidez, y es mucho más aburrido que escribir algo nuevo. Así que “Sexo, ciencia y espíritu” salió adelante, mientras que “Sex, science and spirit” languideció desde el comienzo. Esto se debió a dos razones fundamentales. Primero, a me gusta más escribir en español; es mi lengua materna por la que siento una gran nostalgia y también creo que es intrínsecamente más bonita y maleable que el inglés. Segundo, porque el blog tenía que cumplir la función de promocionar mi novela “Voy a romperte en pedacitos” (algo que me cuesta mucho hacer, soy escritor y científico, no publicista) y eso lógicamente tenía que hacerlo en español. De todas formas, estoy empezando a escribir una nueva novela, esta vez en inglés, por lo que poco a poco empezaré a incorporar contenidos a la versión inglesa del blog.
En cuanto a este blog, tengo un montón de artículos en proyecto sobre temas que creo que son muy interesantes. Como los artículos más leídos hasta ahora son comentarios sobre libros, voy a escribir más sobre eso, analizando varias novelas eróticas y mis escritoras y escritores favoritos, tanto en inglés como en español.

Quiero acabar señalando lo que más satisfacción me ha producido de entrar en el mundo de los blogs: los nuevos amigos que he hecho. Dora, Fenec, xana, Sylvia y Antje… en ningún orden en particular. ¡Muchas gracias por la amistad y el apoyo que me habéis brindado! Espero que nuestra amistad siga creciendo en el futuro que sigamos ayudándonos con nuestros blogs, haciendo llegar a la gente un poquito de nuestras vidas.