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jueves, 8 de enero de 2015

Cómo escribir una buena historia erótica - La trama

Toda historia consta de cuatro elementos fundamentales: trama, personajes, entorno y mensaje. A ellos se les podría añadir el estilo con que se escribe, que estaría condicionado por estos cuatro elementos. En este artículo voy a referirme sólo a la trama, con la esperanza de ir abordando los otros elementos en artículos sucesivos.

La trama es lo que pasa en la historia, la serie de eventos que llevan desde la situación inicial al apogeo y a su resolución al final. La clave de la toda trama es el conflicto, que mueve a la historia y crea suspense. Sin conflicto una historia carece de energía, se convierte en una cosa tras la otra sin dirección ni sentido. No hay emoción y el lector se aburre.

Uno de los errores más comunes en las historias eróticas es que falta conflicto. Esto es así porque el sexo es tan excitante que el escritor comete el error de pensar que el sexo de por sí puede sacar adelante la historia. Esto puede llegar a funcionar en una historia corta, pero cuando esto se intenta aplicar a una novela la convierte en una serie de escenas de sexo inconexas. Muchas novelas victorianas son así: sirven para masturbarse con cada escena erótica pero no valen nada como historia. Sin embargo, en la vida real el sexo y las relaciones amorosas están llenas de conflictos que si se introdujeran en una novela crearía una trama estupenda.

Sin embargo, crear conflicto no es nada fácil. Esto se debe en parte a que en la vida real nos hemos acostumbrado a desactivar todo conflicto para evitarnos problemas con la gente que nos rodea. En una historia, por el contrario, debemos aprovechar cualquier fuente de discordia para crearles problemas a los personajes. Como sucede tan a menudo en la vida real, debemos seguir el principio de que si algo puede salir mal, tiene que salir mal. Por supuesto, hacia la mitad de la historia deberemos buscar también formas de resolver los problemas que hemos creado para poder cerrar las tramas. O, si se trata de un drama, llevar a los problemas a su trágica conclusión final.

La mejor manera de crear conflicto es evocar nuestras emociones: ira, miedo, tristeza, deseo sexual… y ver qué imágenes nos evocan. También podemos empezar con un suceso de nuestra vida y darle más dramatismo. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con escribir sucesos autobiográficos de manera literal, pues si hay otras personas implicadas se pueden ofender e incluso ponernos un pleito… Sí, aunque cambiemos los nombres. Es mejor convertir en ficticios hechos y personas reales introduciendo suficientes cambios para borrar toda conexión clara con la realidad.

El conflicto puede ser de varios tipos:

1. Los buenos luchando contra los malos” es el tipo más obvio de conflicto. En erótica nos encontraríamos con la típica historia de celos o con gente que reprime el amor o deseo sexual de los protagonistas.

2. Gente buena con intereses contrapuestos” es un tipo más sutil y menos moralista de conflicto. Los personajes no son ni mejores ni peores que el común de los mortales, pero persiguen fines que son mutuamente incompatibles, lo que los hace enfrentarse. En una historia erótica nos encontramos con el amor o el deseo no correspondido, o con un triángulo amoroso donde nadie es particularmente malvado. Este tipo de trama puede servir para hacer reflexionar al lector, enfrentarlo a opciones éticas nada claras.

3. Lucha contra un suceso externo” consiste en conflictos en los que el protagonista lucha contra algo impersonal, como un cataclismo natural, una guerra o un sistema represivo. En una historia erótica podríamos hacer que nuestra heroína busque su despertar sexual en un ambiente de represión.

4. El “conflicto interno” da lugar a las tramas más sutiles. Consiste en que el protagonista vive una lucha interior entre dos impulsos contradictorios. Se presta mucho a las historias de sexo, ya que es muy común tener resistencias internas al deseo sexual. También puede suceder que el protagonista luche contra la tentación de hacer algo no ético, como una atracción incestuosa o el deseo de abusar de alguien.

Una novela puede tener varios de estos conflictos simultáneamente, lo que hará aumentar su complejidad y originalidad. Una idea aún mejor es enhebrar los conflictos unos con otros, de manera que un conflicto externo se refleje en una pugna interior de algún personaje. De hecho, en mi trilogía Voy a romperte en pedacitos utilizo estos cuatro tipos de conflictos:

1. Los buenos luchando contra los malos”. Los malos en este caso son el padre y el hermano de Cecilia, la protagonista, unos fachas que se oponen a su liberación sexual y se oponen a su relación con Julio.

2. Gente buena con intereses contrapuestos”. Los distintos amigos de Cecilia entran en conflicto con ella; sobre todo Laura, quien llega a quererle arrebatar a su querido Julio. Más adelante, será el propio Julio quien se oponga a Cecilia.

3. Lucha contra un suceso externo”. La novela tiene lugar en la España de la Transición, donde los restos reaccionarios del franquismo y la sociedad machista y represiva se convierten en un serio obstáculo en el camino de Cecilia. De hecho, la liberación sexual de Cecilia sirve como alegoría del cambio que tiene lugar en la sociedad española en este tiempo.

4. Conflicto interno”. Desde el principio Cecilia tiene que luchar contra sus creencias religiosas y perjuicios morales que la impiden liberarse.

Otra cosa importante a tener en cuenta a la hora de crear una trama es que sea original. Se dice que todas las historias ya han sido contadas, porque en realidad todas se basan en un número relativamente pequeño de conflictos fundamentales. Por ejemplo, muchas historias de amor tienen una de estas tramas:

1. El triángulo amoroso: dos personas luchan por el amor de otra.

2. El despertar sexual: El o la protagonista descubre el amor y el sexo.

3. Amor trágico: El amor tiene lugar en unas circunstancias que lo hacen imposible, pero los protagonistas se aman a pesar de todo. Romeo y Julieta.

4. La Cenicienta: Una persona de bajo nivel social es elevada por otra. “50 Sombras de Grey” y un sinfín de novelas románticas cuentan la eterna historia de la chica pobre de quien se enamora un millonario o de un noble.

5. Venganza: La o el protagonista ha perdido su amor y busca vengarse tanto de su rival como de su ex-amor.

6. El amor no correspondido que al final se consigue, como en La Celestina y otras historias de seducción.

7. La búsqueda del Santo Grial. Para conseguir el amor, el o la protagonista tendrá que embarcarse en una misión imposible en la que demostrará ser digno de ese amor.

¿Seríamos capaces de escribir una historia erótica sin caer en alguno de estos tópicos? Las nuevas relaciones alternativas nos dan la oportunidad para ello. Por ejemplo, el BDSM nos permite crear historias de entrega, de perversión o en las que una situación aparentemente degradante sea aceptada al final. En realidad, ya existen muchas historias con estas temáticas. Otra posibilidad es hablar de relaciones homosexuales o bisexuales, o incluso de poliamor entre varias personas.

En términos estilísticos, hay dos formas de ir desarrollando una trama:

1. La exposición consiste en relatar lo que pasa como una visión en conjunto, presentando acontecimientos que se desarrollan a lo largo de un cierto periodo de tiempo o incluso prescindiendo de la secuencia temporal. Se trata aquí de presentar las ideas y sentimientos generales de lo que le ocurre a los personajes. Tiene las ventajas de poder transmitir una cantidad considerable de información en un espacio relativamente pequeño, y de hacer avanzar tramas que se desarrollan en un periodo largo de tiempo. La principal desventaja es que el lector se aleja de los personajes y pierde el contacto emocional con ellos.

2. La escena consiste en presentar la acción en tiempo real, como ocurre en las películas. Se escribe en forma de diálogo, o bien se presentan las acciones en una secuencia estrictamente temporal, tal y como suceden. Tiene la ventaja de tener más dinamismo y conseguir que el lector viva directamente las experiencias del protagonista.

Lo más corriente en una novela es alternar pasajes de exposición y escenas. El estilo literario anglosajón usa mucho las escenas y las separa claramente de la exposición. Por el contrario, el estilo hispánico tiende a usar más la exposición y difuminar su separación de las escenas.

¿Qué es lo mejor para la erótica? Yo creo que para que el sexo sea excitante debe de contarse en forma de escena: la escena de sexo. El lector es un voyeur, quiere ver lo que hacen los personajes en cada momento, oír lo que se dicen. Pero también es importante saber presentar las emociones que sienten los personajes, no sólo lo que hacen. Describir un acto sexual a secas sería más bien pornografía, mientras que la erótica nos metería más en la vida mental de los personajes. Pero a todo se le puede dar muchos matices. El sexo se puede presentar en toda una gama de emociones, desde el sexo mecánico, descarnado e incluso cruel al hacer el amor color de rosa. En cualquier caso, yo recomiendo no escribir escenas de sexo demasiado complicadas y recargadas, lo que suele ser el impulso del que se masturba: quiere que pase de todo. Mi regla es que una escena de sexo tenga como máximo tres elementos. Por ejemplo, bondage, azotaina y follada. Con eso hay más que de sobra, otras cosas se pueden guardar para una nueva escena.

viernes, 8 de agosto de 2014

Las bases éticas del poliamor: consentimiento, reciprocidad, honestidad y seguridad

Una cuaterna de poliamor
Uno de los libros claves sobre poliamor
Todavía hay poca gente que entienda lo que es el poliamor. La mayoría lo confunde con la promiscuidad, la poligamia o el intercambio de pareja. Existen varios libros escritos sobre el tema, aunque desgraciadamente muy pocos en español. Y, de todas formas, no se puede esperar que el público general los lea o emplee mucho tiempo en informarse. Por eso he querido condensar en este breve artículo lo que es el poliamor, haciendo hincapié en por qué es una alternativa ética a la monogamia y a su secuela, la infidelidad.

El poliamor se podría definir como un nuevo tipo de relación amorosa basado en la no-exclusividad sexual y amorosa. La no-exclusividad sexual consiste en aceptar que la persona a la que amamos pueda tener relaciones sexuales con otras personas. Sin embargo, esto no es lo mismo que la promiscuidad indiscriminada, ya que en la mayoría de las relaciones de poliamor las relaciones sexuales se limitan a un grupo reducido de personas o incluso a una única tercera persona (polifidelidad). Cada familia de poliamor establece sus propias reglas a este respecto. La no-exclusividad amorosa quiere decir que aparte de tener relaciones sexuales con más de una persona, también es posible, incluso deseable, el amar a más de una persona. De ahí le viene el nombre al poliamor: más de un amor. Esta libertad de enamorarse de más de una persona es lo que distingue al poliamor de las parejas abiertas y del intercambio de pareja (los llamados “swingers” o “mundo liberal”), ya que en ese tipo de relaciones se permite el sexo con otros siempre que uno no se enamore de ellos. Es decir, se han superado los celos de sexo pero no los de amor. Por el contrario, en la cultura de poliamor se le da una gran importancia a la capacidad de amar y mantener relaciones duraderas con varias personas.

Para mucha gente que practica el poliamor, es fundamental que sea una forma ética de vivir, alejada de la explotación, el sexismo y la falta de honestidad que plagan las relaciones monógamas tradicionales. Sin embargo, esto no es nada fácil, pues en vez de gestionar la relación entre dos personas ahora hay que tener en cuenta a varias. Encima, no todas las relaciones en un grupo de poliamor tienen la misma intensidad o madurez: unas están empezando mientras otras tienen un historial de años; unas son de convivencia mientras otras funcionan a base de citas espaciadas en el tiempo. A pesar de todo, he intentado recoger aquí cuatro condiciones básicas que definen el que una relación de poliamor sea ética, un poco como el “seguro, sensato y consensuado” que demarcan los límites entre el BDSM y el matrato.

1.    Consentimiento: Una relación de poliamor debe producirse entre personas que consienten libremente a tenerla. No valen presiones ni chantajes de ningún tipo. Pero, ¡cuidado!, que lo recíproco también es cierto: no se debe imponer una relación monógama a alguien en contra de su voluntad. Y eso es precisamente lo que ha venido haciendo la sociedad desde hace mucho tiempo: usar todo tipo de presiones para imponer la monogamia.

2.    Reciprocidad: Las reglas son las mismas para todo el mundo. Es decir, que si él es libre de follar o de enamorarse de otras, ella tiene los mismos privilegios. Lo contrario sería injusto y explotador. Por supuesto, puede suceder que un miembro de una pareja le otorgue libertad sexual al otro sin desear usar el mismo privilegio, pero eso es una decisión personal suya que debe poder abrogar en cualquier momento. Esto es lo que distingue al poliamor de la poligamia, donde no existe reciprocidad: un hombre puede tener varias mujeres, pero una mujer no puede tener varios hombres... ¡y ni se te ocurra pensar en relaciones homosexuales en una cultura polígama!

3.   Honestidad: Todo el que participa en una relación de poliamor debe tener acceso a todo lo que necesite saber sobre dicha relación. Es decir, que no caben ni secretos ni mentiras. El poder ser honesto sobre los propios deseos y sentimientos es una de las cosas más valiosas que se gana con el pacto de no-exclusividad. Ya no hay motivos para engañar ni para ocultar nada, ni que has follado con Fulanita ni que te has enamorado de Menganito. Existen, por supuesto, unos ciertos límites a lo que debe ser revelado, ya que todo el mundo tiene derecho a una cierta privacidad, pero lo importante es que todo el mundo sepa lo que ocurre en el grupo familia de poliamor que le concierne. Quizás no necesite saber en qué posturas follásteis ayer noche, pero sí necesito saber que follásteis.

En el poliamor también hay sitio para los hijos
4.    Seguridad: La relación de poliamor no debe causar daño físico o mental a los participantes. No quiero diferenciar aquí entre la seguridad física (“seguro” en el BDSM) y la seguridad mental y emocional (“sensato” en el BDSM), ya que creo que en el poliamor existe un continuo entre estas dos cosas. La seguridad incluye, por supuesto, la protección contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS), ante las que existe un mayor riesgo en el poliamor. Esto debe incluir no sólo el uso de barreras como los condones, sino también revisiones médicas periódicas (al menos una vez al año) que incluyan un panel sobre todas las ETS comunes. El poliamor conlleva también claros riesgos emocionales que deben ser asumidos por todo el que se interna por estos derroteros. Si bien la presencia de varias personas que nos aman supone una mayor ayuda frente a los problemas, los conflictos de relación también se multiplican con el número de personas: no sólo me afecta el que te pelees conmigo, sino también el que te pelees con tu otro amante. Es frecuente oír la queja de que el poliamor está lleno de “dramas”. Por todo eso, es importante entrar en este tipo de relaciones con el firme propósito de no comprometer la estabilidad emocional de la gente de nuestro grupo de poliamor.

sábado, 26 de abril de 2014

No tengas miedo

Estoy empezando a pensar que muchos de los que escribimos sobre BDSM nos pasamos metiéndole miedo a la gente. Yo mismo, sin ir más lejos. Los dos artículos más leídos de este blog tratan de cómo evitar el maltrato en las relaciones BDSM: “Cómo reconocer el maltrato en las relaciones BDSM” y “50 Sombras de Grey: ¿una historia de Dominación/sumisión o de maltrato?.

Lo que pasa es que a los que participamos en la comunidad BDSM nos parece fundamental evitar todo tipo de situaciones de maltrato, no sólo por el enorme daño que les hace a sus víctimas, sino que por el efecto negativo que tienen en todos los que practicamos el BDSM de una forma segura, sensata y consensuada, y no queremos que se nos persiga por ello. Sin embargo, a veces las cosas que se hacen con la mejor intención tienen consecuencias imprevisibles e indeseadas. A mí, por ejemplo, me han ido llegando mensajes de sumisas principiantes pidiéndome consejo “antes de hacer una locura” y preguntándome si una larga lista de medidas cautelares eran suficientes para garantizar su seguridad.

Por supuesto, nada puede garantizar tu seguridad al 100%, no sólo en el BDSM, sino cuando te subes a tu coche, a un avión o cuando cruzas la calle. Desde siempre vivir conlleva un cierto riesgo y las aventuras aún más; si no, no serían aventuras. Así que convendría considerar al BDSM como un deporte, si bien no de alto riesgo, sí con un cierto riesgo. Pero ya va siendo hora de decir algo bien alto y bien claro: vale la pena. La mayor parte de la gente que prueba el BDSM -sumisas, Dominantes, sádicos y masoquistas- encuentran lo que buscan y así aumentan considerablemente su nivel de felicidad. En realidad, el riesgo de maltrato en una relación BDSM es comparable al de una relación vainilla. Y la mayor parte de los reveses son los mismos que en una relación vainilla: lo peor que suele puede pasar es que te dejen y te rompan el corazón. Sí, de verdad. Los novatos en el BDSM miran aterrados a las varas, las palas, las cuerdas y las cadenas, pero el riesgo en una sesión no suele ser físico sino emocional. Es posible que salgan a la luz cosas que llevabas dentro sin saberlo y que puedes tardar un cierto tiempo en procesar. Pero, si bien una sesión BDSM suscita emociones más fuertes, y potencialmente más peligrosas, que el echar un simple polvo, también disponemos de mecanismos de seguridad de los que no disponen los amantes vainilla: la negociación, los límites, la palabra de seguridad, y un sinfín de consejos y técnicas que se difunden libremente en la comunidad BDSM para todo el que quiera aprenderlas. Las relaciones vainilla se mueven por mecanismos de seducción que pueden conllevar una cierta deshonestidad. Se trata de ver “si me la puedo tirar”, seduciendo, trampeando y excitándola hasta ponerla en un estado en el que no me pueda decir que no… O al menos eso dice el estereotipo. En el BDSM, debido a su complejidad y a la multiplicidad de interacciones disponibles, no cabe hacer eso, hay que negociar la sesión. Es decir, hay que poner sobre la mesa, de antemano, lo que se va a hacer y lo que no se va hacer. Eso aumenta considerablemente las posibilidades de ver venir a los tipos peligrosos, a poco que uno conozca el terreno en el que se está moviendo.

Está bien que el BDSM asuste un poco, pero ése debe ser el miedo que suscitan las montañas rusas y las películas de terror, un miedo sano y divertido. Por supuesto que hay que tomar precauciones, como todo aquel que practica una actividad de riesgo. Pero no debemos dejar que el miedo nos corte las alas y nos impida disfrutar de lo que deseamos. En el BDSM encontrarás mucho más que el simple placer y la satisfacción de unos turbios deseos. Encontrarás una forma de conocerte a ti mismo, de transformarte en una persona más fuerte y más completa. Y hay un riesgo del que también tenemos que hablar bien claro: el riesgo de no hacer nada; de conformarte con una vida gris, vacía, sin sobresaltos, emociones o aventuras. Una vida que contemplarás desde tu lecho de muerte preguntándote si realmente valió la pena haberla vivido. Porque cuando compras seguridad a cambio de libertad a menudo acaban por no salirte las cuentas.

sábado, 1 de febrero de 2014

He empezado a escribir la secuela de “Voy a romperte en pedacitos”

Cuando terminé de escribir la trilogía “Voy a romperte en pedacitos” me propuse escribir algo enteramente distinto: una novela de ciencia-ficción, esta vez en inglés. De hecho, ya tengo planeada una buena parte de la trama y he escrito unas cuantas páginas. Sin embargo, conforme han ido pasando los meses he empezado a echar de menos a Cecilia y sus amigos. Cuando terminaba “Amores imposibles” no pude evitar planear una posible secuela. Dejé a propósito varias situaciones sin resolver… No puedo deciros cuáles son sin hacer “spoilers” para los que no hayan leído la trilogía. Poco a poco, la trama de la nueva novela ha ido cristalizando en mi mente. Voy a introducir variaciones importantes en el estilo que la convierten en una novela independiente, no en una cuarta parte de la serie. La más importante es que Cecilia ya no será el único “punto de vista”. Para quienes no lo sepáis, “punto de vista” es el personaje a través del cual se vive la acción. En la nueva novela los personajes se separarán, cada cual ofreciendo una experiencia distinta de los sucesos de la trama. Otra novedad es que la acción no transcurrirá exclusivamente en España, sino que me las apañaré para traer a Cecilia a mi querida California para contaros cómo es la vida por aquí… O cómo era al principio de los años 80, pues la nueva aventura de Cecilia empieza pocos meses después del final de “Amores imposibles”.

La nueva trama será más dura que la de “Voy a romperte en pedacitos”. Desde que acabé la trilogía he tenido una serie de experiencias que me han enseñado cosas muy importantes sobre las relaciones, el BDSM y la vida en general. Quiero incorporar todo eso a la narración. Voy a mantener mi compromiso con el realismo, pero ya sabéis que la realidad supera la ficción.

A continuación os dejo una escena de sexo que he escrito para el principio de la nueva novela. En ella volveréis a encontraros con Lorenzo y Malena, dos de los personajes más atractivos de la trilogía… Y con Cecilia, por supuesto.

domingo, 17 de noviembre de 2013

“50 Sombras de Grey” - ¿una historia de Dominación/sumisión o de maltrato?

Hace unos días escribí un artículo en este blog sobre Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de Dominación/sumisión. Al final del mismo se me ocurrió pensar en cuántos de los 12 puntos que cito ocurren en la relación entre Christian Grey y Anastasia Steele, los protagonistas de la famosa trilogía “50 Sombras de Grey”, sobre la que ya he escrito en mi otro artículo Por qué tiene tanto éxito "50 Sombras de Grey". Hagamos un análisis punto por punto…
  1. No respetar los límites de la sumisa. Grey claramente no los respeta, sino que ejerce una continua presión sobre Anastasia para que acepte una relación de D/s extrema (a tiempo completo o 24/7) para la que ella no está en absoluto preparada.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”. La “palabra de seguridad” aparece poco y tarde en la historia. No se menciona en el contrato que le ofrece Grey, ni él le recuerda que puede usarla antes de las sesiones. Por lo visto sí se usa en el tercer libro, el único que no he leído.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. No solo Anastasia en una completa novata, sino que ni siquiera tiene claro que le guste la D/s. Querer meter a una persona así en una relación de D/s a tiempo completo, con control total sobre su vida, es una absoluta barbaridad. Las cosas hubieran ido mucho mejor si Grey le hubiera ofrecido a Anastasia sesiones ligeras de sadomasoquismo, con azotes eróticos en el culo y algo de bondage. Al final la relación queda reducida a ese BDSM ultraligero, pero para entonces Grey ha perdido toda autoridad como Dominante y Anastasia se ha hecho con el control de la relación… Algo que, por cierto, no suele pasar en la vida real.
  4. Provocar sentimientos de culpa. Queda claro desde el principio que Grey es un hombre frágil y emocionalmente herido, a quien el simple contacto físico le puede ocasionar un ataque de ansiedad. Eso establece una dinámica en la que Anastasia no sólo tiene que cuidar de sus propios sentimientos, sino que tiene que responsabilizarse del sufrimiento de Grey. Eso la coloca en una situación de debilidad en la que su sentimiento de culpa puede ser usado para manipularla psicológicamente.
  5. Hacer a la sumisa romper con su entorno social. Si bien Grey no hace que Anastasia rompa completamente con su entorno social, continuamente se inmiscuye en él, interviniendo en su relación con sus padres y con su mejor amiga. Con los amigos masculinos de Anastasia Grey es mucho menos sutil: sus celos no admiten ningún posible rival.
  6. Aliarse con sus amigos para manipular a la sumisa. En esto Grey no se anda con chiquitas. Más que amigos, él tiene todo un ejército de guardaespaldas y empleados con los que espiar y acosar a Anastasia.
  7. Secretos. Tampoco aquí se anda Grey con sutilezas: le hace firmar a Anastasia un contrato legal en el que ella se compromete a guardar estricto secreto de todo lo que pasa entre ella y Grey. La consecuencia inmediata es que Anastasia no puede buscar consejo de su mejor amiga sobre el tipo de relación al que la quiere conducir Grey. Anastasia tiene miedo genuino de lo que le puede pasar si rompe ese contrato, con toda razón, dado cómo el sistema de justicia americano protege a los adinerados y desprotege a los pobres. Sin poder hablar con nadie de lo que la preocupa, Anastasia cae en el estado de confusión e indecisión típico de las víctimas de maltrato.
  8. Exageraciones y mentiras. Esto es algo que Grey no hace, pero es porque no lo necesita. Desde el principio está claro que él tiene más dinero y poder que nadie, y un ego del tamaño del Universo.
  9. Celos. Está claro que Grey, como muchos maltratadores, padece de celopatía. No soporta la idea de que ella quede con otro hombre, e incluso las amigas de Anastasia le dan celos. Cabe preguntarse si una de las razones por las que se siente atraído inicialmente por ella es porque es virgen y así él la podrá poseer completamente, será el único hombre en su vida.
  10. Falta de respeto por la mujer. Grey tiene problemas con las mujeres. empezando por su madre, una prostituta a quién él detesta y a quien culpa de los abusos que sufrió en la infancia. Siguiendo por Helena, “Ms. Robinson”, la mujer que lo inició en el BDSM y con quien mantiene una relación llena de ambigüedad y conflicto. Y acabando por la sumisa que tuvo antes de conocer a Anastasia, quien sufre de graves trastornos psicológicos… y no queda nada claro hasta qué punto esos trastornos derivan de su relación con Grey.
  11. Consumo de drogas. Grey no consume drogas, pero en la historia vemos cómo Anastasia se emborracha varias veces y eso le hace sucumbir a Grey.
  12. Tomar control de detalles esenciales de la vida de la mujer: dinero, trabajo, vivienda, etc. Ésta es precisamente una de las cosas más claras del modo de actuar de Grey. El contrato de sumisión que le quiere imponer a Anastasia le permitiría tomar control de los aspectos más nimios de su vida: sueño, dieta, ejercicio, salud… Cuando queda claro que ella no va a firmar ese contrato, Grey se empeña en asumir el control de detalles clave de su vida: el coche que conduce, el piso dónde vive… hasta se las arregla para comprar la empresa donde trabaja. Anastasia no puede romper con Grey sin descabalar completamente su futuro.
Bueno, ¿y qué? ¿Quiere decir esto que se trata de un libro inmoral? Hoy en día estamos acostumbrados a leer novelas con las cosas más horrendas que le pueden pasar a alguien. En la popular serie de novelas (llevada con gran éxito a la televisión) “Juego de Tronos” se describen con detalle asesinatos, mutilaciones, ejecuciones y torturas. Los “Juegos del Hambre”, una trilogía para adolescentes, también está llena de violencia, asesinatos y torturas. Y yo, para no ser menos, incluyo pasajes de violencia real y en absoluto consensual en mi trilogía “Voy a romperte en pedacitos”.

Y ahora, la peli...
El problema con “50 Sombras” es bastante sutil. Las reglas éticas que guían a todo escritor vienen a decir que está bien presentar actos de violencia y maldad siempre y cuando quede claro que el autor desaprueba de ellos. Existen varios mecanismos para hacerlo. Por ejemplo, se puede presentar la acción desde el punto de vista de la víctima para que el lector empatice con su sufrimiento. También se suele castigar al “malo”, reestableciendo el sentido de justicia en la historia (algo que, por desgracia, no suele ocurrir en la realidad). Aunque es cierto que “50 Sombras” está contada desde el punto de vista de Anastasia, que en este caso sería la víctima, la autora parece aprobar de la conducta de Grey. Quizás debería matizar esto un poco mejor: E. L. James desaprueba del BDSM, cree que es malsano y asigna a Anastasia la función de “liberar” a Christian Grey de sus perversiones. Sin embargo, está claro que la autora aprueba de la posesividad y los celos de Grey: los presenta como una señal de amor. Y le parece fenomenal todo lo que hace Grey para controlar y poseer a Anastasia, presentando su acoso como el colmo del romanticismo. Por supuesto, todo esto se refuerza con la presente normativa cultural sexista, según la cual está bien que el hombre controle a la mujer, es normal que el hombre tenga más poder que la mujer, los celos son señal de amor y toda la vida social de la mujer debe ponerse al servicio de la sacrosanta monogamia. Este es, precisamente, el problema de “50 Sombras”. Y lo peor de todo es que muchas mujeres se tragan ese mensaje sexista y conservador sin ningún reparo, y parten a la búsqueda de un Christian Grey multimillonario, narcisista y celópata que tome el control de sus vidas, no de la forma lúdica, sensata y consensuada de la D/s, sino de la forma opresiva, explotadora y machista a la que nos han acostumbrado siglos y más siglos de represión de la mujer.

sábado, 26 de octubre de 2013

Juegos de amor y dolor - segunda edición

Acabo de publicar la segunda edición de Juegos de amor y dolor, el primer libro de la trilogía Voy a romperte en pedacitos. Está a la venta como libro electrónico en los mismos puntos de ventas que antes, Amazon y Smashwords; al comparlo se descarga automáticamente la segunda edición. La primera edición ya no es accesible. Los enlaces de compra están aquí Juegos de amor y dolor.

¿Por qué una segunda edición? Bueno, como es mi primera novela supongo que era inevitable que hubiera algún error. Conversando con mis lectores me di cuenta de que uno de los personajes principales no estaba reflejado en la obra como yo pretendía. Eso tenía una cierta influencia negativa en la trama. Afortunadamente, bastaba cambiar unas pocas escenas para que el personaje saliera mucho mejor parado. Así que en esta segunda edición hay cambiadas ocho escenas, una de ellas completamente nueva, con lo que la novela es un poco más larga. ¿Qué cuál es el personaje con problemas? Eso no os lo voy a decir... A ver si lo adivináis.

Para los que no os decidís a gastaros los tres euros (o cuatro dólares) que pido por el libro sin saber si vale la pena, aquí podéis leer los tres primeros capítulos, gratis.

Juegos de amor y dolor by HermesSolenzol



domingo, 20 de octubre de 2013

Escribamos una novela erótica...

Cecilia Madrigal
Escribamos una novela erótica. Pero no una novela erótica cualquiera; una novela erótica de calidad. No unas de esas novelas victorianas que son sólo una sarta de escenas de sexo débilmente enlazadas por una trama superficial, con personajes que sólo saben follar. Pero que tampoco tenga una de esas tramas que no esté relacionada en absoluto con el sexo, simplemente sazonada aquí y allá con alguna  escena erótica. No, el meollo de la historia tiene que ser el sexo. Y con el amor… El amor y el sexo tienen que ir de la mano, nutriéndose el uno del otro, como pasa en la vida real.

El lector tiene que sentirlo todo en carne propia, experimentando no sólo excitación sexual sino sintiendo las emociones de la protagonista. Sí, tiene que llegar a identificarse completamente con la protagonista, viviendo todo lo que le pasa en carne propia. ¿Cómo vamos a conseguir esto? Para empezar, usemos un solo punto de vista: el de la protagonista, Cecilia Madrigal. El “punto de vista” en una historia es el personaje a través del cual contemplamos toda la acción. No tiene por qué ser el protagonista; por ejemplo, las historias de Sherlock Holmes están contadas desde el punto de vista del Dr. Watson. El lector tiende a identificarse inconscientemente con el punto de vista, por lo que si en vez de hacerlo saltar de un personaje a otro lo centramos en Cecilia lograremos que se meta más dentro de ella. En segundo lugar, escribamos la novela en tercera persona (es decir, diciendo “ella hizo esto, aquello y lo otro”), porque la primera persona (“yo hice esto, aquello y lo otro”) crea una separación entre “yo”, el que narra y “tú”, el que lee. En tercer lugar, abramos ocasionalmente una ventana a la mente de Cecilia, revelando al lector sus pensamientos y sentimientos; así sentirá que está dentro de ella. En cuarto lugar, haremos que la trama acabe por transformar radicalmente a Cecilia, para que así el lector experimente la transformación como si le ocurriera a él. Es importante seguir esta transformación paso a paso, lo que conseguiremos evitando saltos atrás y adelante en el tiempo. El problema es que sin cambios de puntos de vista y sin saltos en el tiempo, la historia será completamente lineal, lo que algunos pueden consideran aburrido y señal de poca sofisticación por parte del escritor. Hoy en día está de moda confundir al lector con una barullo de diferentes personajes/puntos de vista y con saltos de tiempo y lugar. Eso puede estar bien para algunas historias, pero no para ésta, porque lo que queremos es que el lector se concentre las emociones y la vida interior de Cecilia. Así que, para dejar perfectamente claro que escribimos una historia lineal a propósito, le vamos a poner fechas a los días. Y las fechas van a ser exactas: si escribo “miércoles, 31 de enero, 1979” es que el 31 de enero de 1979 era, efectivamente, miércoles. Hay calendarios en internet que hacen que esto sea muy fácil. Y no sólo eso, también hay sitios en internet que te dicen el tiempo que hacía ese día: las temperaturas máximas y mínimas, si hizo sol, llovió o nevó, la fuerza del viento, etc. Así que escribamos una novela realista a tope, con la meteorología real. Quizás así nos llevemos alguna sorpresa… el tiempo suele pillar a todo el mundo desprevenido.

Sí, el realismo aumentará la fuerza de acción, haciéndola más creíble, más próxima. Nada de fantasías. Nada de Bellas Durmientes eróticas. Nada de vampiros, brujas o duendes. Nada de millonarios estrafalarios, príncipes azules que pierden la cabeza por mujeres de baja extracción social. No, ésta va a ser una historia de gente como tú y como yo… El sexo será como es en realidad: a veces problemático, a veces con fallos. Ocasionalmente Cecilia no llegará al orgasmo y se quedará frustrada… Y tendrá sus reglas, perfectamente calculadas de acuerdo con el calendario, y tendrá que ajustar a ellas sus relaciones sexuales. Pero no por ser realista el sexo dejará de ser excitante. Al contrario, lo será más. Porque Cecilia no tendrá una sexualidad sencilla, sino que le gustará el sadomasoquismo desde el principio. Más adelante verá el sexo como una herramienta de transformación personal e incluso social, lo que la llevará a vivir increíbles aventuras eróticas. No quiero adelantar nada más, sólo decir que exploraremos los aspectos más insólitos del sexo, las situaciones eróticas más extremas. Y nada de repeticiones; cada escena de sexo será distinta de las demás. Empezaremos por las más sencillas y, a medida que evoluciona el descubrimiento sexual de Cecilia, las haremos más complejas y elaboradas. Porque ella será insaciable en su curiosidad y en sus ganas de aventuras. Una mujer poco corriente: inteligente; fuerte; determinada hasta rayar en la obsesión y capaz de amar y de sentir con una gran intensidad. 

Puestos a ser realistas, rodeemos la historia de un ambiente interesante: Madrid al final de los 70s, durante la Transición. Seguiremos la historia de la época paso a paso, haciendo que cada acontecimiento político influya lo que les pasa a los personajes. Mostremos cómo el enorme cambio social y cultural que sufrió España en esa época condiciona lo que deciden hacer esos personajes. Mejor aún: hagamos que la propia trama sea una metáfora de la transformación que sufre el país. Cecilia es España misma, evolucionando desde la opresión de la dictadura a la libertad de la democracia. Por lo tanto, Cecilia empezará la historia como una chica obediente y religiosa, como era la España franquista, y poco a poco irá va descubriendo su sexualidad, nuevas ideas, formas distintas de amar… en definitiva, la libertad. Cada uno de los personajes también será un símbolo de las ideas políticas y las clases sociales que se movilizaron durante la Transición. Julio, el novio de Cecilia, representará la clase media sensata y progresista que votaba al PSOE. Luis, el hermano de Cecilia, representará a los jóvenes fachas de Fuerza Nueva, que querían volver atrás el reloj. Don Francisco, el padre de Cecilia, representará las viejas generaciones franquistas, más calmadas pero más peligrosas aún que los jóvenes fachas. Concha, la madre de Cecilia, representará la generación sojuzgada durante la postguerra que ansía en secreto la libertad. Laura, la rival de Cecilia, representará las clases altas pero favorecedoras del cambio democrático que votaban a UCD. Lorenzo representará la clase obrera y los militantes disciplinados de PCE. Malena, su novia, representará los exiliados de las dictaduras de Chile y Argentina. Johnny representará a los españoles que emigraron e hicieron fortuna en el extranjero, trayendo a España nuevas ideas. El Chino traerá otro tipo de ideas: las del lejano Oriente.

Ya están puestas todas las fichas sobre el tablero; la partida de ajedrez puede empezar. Cecilia ayudada por Julio y sus amigos empezará el largo camino de su descubrimiento del eroticismo y la libertad. Su padre y su hermano harán todo lo posible para impedírselo. Laura, Johnny, Lorenzo, Malena y el Chino aportarán giros inesperados a la acción, lanzando a Cecilia en direcciones inesperadas. Al final todo acabará bien, claro, como pasó con la propia Transición… ¿O tal vez no fue enteramente así? Nada termina al gusto de todos, y esta novela no va a ser la excepción.

Los políticos españoles de la Transición. ¿A cuántos puedes reconocer?

lunes, 20 de mayo de 2013

Manos (viñeta BDSM)

-Ya es hora- dijo Marcos, echándole una ojeada al reloj.

Ana le dirigió una mirada nerviosa.

-Vale, vamos- le sonrió.

La desvistió. Normalmente, en una fiesta como ésta ella tendría que estar ya medio desnuda, pero él había insistido en que estuviera vestida hasta que llegase el momento.

Le desabotonó la blusa. Le quitó el sujetador. A continuación la falda, blanca, femenina, muy mona, ni demasiado ajustada ni demasiado corta. Ella misma se quitó las sandalias. Sus braguitas blancas de algodón descendieron por sus piernas.

Ya la miraban. Ana era más bien pequeña. Culito respingón. Piernas estilizadas. Pechos más bien pequeños pero de forma perfecta.

Marcos rebuscó en su bolsa de deportes. Encontró las esposas de cuero y la venda para los ojos, también de cuero, con un forro blando por dentro. Le ajustó la venda sobre los ojos. La lana blanda daba calor. Olvidó las miradas que la rodeaban.

Marcos le puso las esposas, juntándole las manos. Notó metal frío rozándoselas. Una cadena que tintineaba. Sus manos se alzaron, cada vez más alto. Estirándole los brazos sobre la cabeza hasta que casi se tuvo que poner de puntillas. Pero ahí se detuvo. Podía apoyar los talones en el suelo si se estiraba del todo.

¿Dónde estaba Marcos? Yo no lo oía moverse a su alrededor.

-Marcos- lo llamó quedamente. No hubo respuesta. No quería llamarlo en voz alta. Esperó. Sintió el aire frío sobre su cuerpo. Sus pezones se endurecieron.

Oyó pasos a su alrededor. Susurros. Había gente rodeándola. No podía verlos, pero podía sentir el calor de sus cuerpos. Casi podía sentir la gravedad de sus cuerpos atrayéndola, como la luna atrae al mar con las mareas.

Una mano le tocó la espalda. Luego otra. Más manos tomaron contacto con su vientre, sus hombros, sus muslos. Pronto había tantas manos que ya no podía contarlas. No podía distinguirlas unas de otras. La tocaban suavemente. Yemas de los dedos como plumas, danzando caprichosamente sobre su piel desnuda, poniéndole carne de gallina. Un par de veces sintió que empezaban a hacerle cosquillas. Pero ahora las manos presionaban con mayor firmeza, acariciándola más profundamente. También se estaban volviendo más atrevidas, envolviendo sus tetas y sus nalgas, encontrando los puntos más sensibles en el interior de sus muslos.

Manos sobre ella, por todas partes. Lujuriosas, avariciosas. Alimentándose de la suavidad de su piel. Una atraía su atención sobre una parte de cuerpo y enseguida era desviada por otra mano en otro sitio. Un apretón en el culo. Un pellizco en el pezón. Una caricia en sus labios.

El toqueteo de todas esas manos la confundía. Se sentía violada por esas manos de extraños. Y, sin embrago, le gustaba ser tocada. Se entregó a las manos avariciosas. Dejó que la sintieran. Dejó que la gozaran. Podía sentir la excitación que la rodeaba en las respiraciones agitadas. Eran como el viento, arreciando y calmándose.

Unas manos fuertes la agarraron de los tobillos, levantándole los pies del suelo. Más manos sostuvieron sus piernas y su espalda. Flotaba en un mar de manos. Cuando una se iba, otra la reemplazaba, sin dejarla caer. Brazos y piernas subieron y bajaron sobre olas de manos. Las olas también rompían sobre ella, con lenguas de espuma que corrían sobre su vientre y sus pechos. Le abrieron las piernas para que mariposas de dedos pudieran posarse sobre los sitios más suaves de su piel, en el interior de sus muslos, subiendo hacia su coño y su culo. Su sexo se abrió de par en par, chorreando, invitando a esos dedos a entrar en ella. Pero los dedos siempre se detenían antes de llegar a su vagina, su clítoris o su ano. Haciéndola rabiar. Negándole el desahogo.

Llegó como una ola que la empapó entera. No lo sintió en ningún sitio en particular, sino en todas partes a la vez. Olas de placer recorriéndole la piel. Gimió quedamente. Las manos comprendieron. Se detuvieron. Presionaron, apretando suavemente aquí y allí.

La bajaron hasta que volvió a estar de pie en el suelo. La cadena tintineó. Le liberaron las manos. Le quitaron la venda de los ojos. Caras sonrientes a su alrededor. Sus amigos. No podía hablar. Entonces vio a Marcos. Le rodeó el cuello con los brazos. Él la levantó y se la llevó en brazos, la cara enterrada en su cuello.

domingo, 28 de abril de 2013

¡Mi novela "Juegos de amor y dolor" ya está a la venta en Kindle!


Mi novela Juegos de amor y dolor, libro 1 de la trilogía Voy a romperte en pedacitos, ya está a la venta como libro electrónico en Amazon Kindle. Para comprarlo, seguid el enlace siguiente

A continuación anticipo algunas preguntas que podéis tener…

¿De qué se trata?
Es una novela erótica, una historia de sadomasoquismo y amor sobre el telón de fondo de La Transición.

¿Y cuánto cuesta?
$5.00 en Amazon.com, 3.94 euros en Amazon.es y otras tiendas de Amazon en Europa. Es el mismo precio de acuerdo con el cambio monetario del día en que se publicó el libro. El mismo precio se aplica al cambio correspondiente en muchos otros países del mundo.

¿Qué necesito tener para leer este libro?
Esta edición está en formato MOBI de Kindle. Se puede leer en cualquiera de los lectores Kindle, y también en iPod, iPad y iPhone con la aplicación Kindle que se puede descargar gratis aquí (http://www.amazon.com/gp/feature.html?ie=UTF8&docId=1000490441 ). También se puede leer en cualquier ordenador con programas de lectura de libros electrónicos como

Ninguno de esos formatos me va bien, ¿no está disponible en otros formatos como EPUB?
Muy pronto pondré a la venta el libro en www.smashwords.com en todo tipo de formatos. Desde www.smashwords.com el libro se distribuirá a todo tipo de proveedores de libros digitales, como Apple, Sony, Barnes&Noble, etc. Intentaré que el precio sea el mismo, aunque puede que sea unos céntimos más caro debido a las normas de los distintos proveedores para fijar los precios. Por lo pronto, Amazon no me permite vender en otros sitios más barato que el precio fijado para Kindle. Ya estoy formateando el libro para Smashwords.com, pero como eso es un pelín más complicado que para Kindle, puede llevarme un cierto tiempo.

¡Vaya lío! Yo no entiendo nada de formatos digitales, ¡seguro que al final acabo comprándome el formato equivocado!
No te preocupes por eso. Como el libro lo he colgado libre de DRM, podrás cambiar el formato usando programas como calibre.

¡Pues peor me lo pones! ¿Qué demonios es el DRM?
DRM quiere decir “Digital Rights Management”. Es una restricción que Amazon Kindle pone en los ficheros de sus libros digitales para que no se puedan copiar y distribuir indiscriminadamente. Pero eso también restringe lo que puedes hacer con el libro, por ejemplo, cambiarlo a otro formato digital. Como Smashwords.com distribuye libros sin DRM, decidí colgarlo en Kindle también sin DRM (es una opción que Kindle nos ofrece a los autores). La idea es que todo el mundo tenga el mismo acceso al libro, independientemente de dónde lo compres y en qué formato esté.

¡Fenomenal! Así me lo bajo y se lo paso a todos mis amigos.
Eso sería hacerme una faena a mí, el autor. Puse mucho esfuerzo en escribir este libro y en formatearlo para que los lectores tengáis una buena experiencia leyéndolo. ¿Me vas a escatimar cinco miserables dólares? Los libros digitales no son como los libros impresos, donde la editorial se queda con el 90% del coste del libro. Como los libros electrónicos tienen menos costes, los autores nos quedamos con el 70% de los royalties. Eso nos permite venderlos más baratos para que el lector también se beneficie de la reducción de costes de publicación. Los autores que no ponemos DRM confiamos en que los lectores tengáis un mínimo sentido de lo que es justo y nos paguéis lo que nos corresponde por nuestro trabajo. Si este primer libro de la trilogía se piratea indiscriminadamente, siempre me queda el recurso de vender los otros dos con DRM, y sólo desde Kindle. Eso nos perjudicaría a todos: a vosotros porque tendríais acceso a un solo formato, y a mí porque vendería menos. Pero en realidad lo que sería triste es que los escritores y los lectores no podamos confiar unos en otros. En Internet estamos intentado crear una nueva cultura basada en la confianza mutua y en el sentido de lo que es justo. Si no lo conseguimos, al final les daremos la razón a los grandes monopolios que quieren imponer todo tipo de restricciones en la Red. Y todos saldremos perdiendo.

¡No, si a mí me parece fenomenal apoyar a mis escritores favoritos! ¡Faltaría más! ¿Puedo ayudarte en alguna otra forma?
El gran reto que tenemos los escritores “indie” (independientes) es la promoción (“marketing”) de nuestros libros. Ahí es donde le estamos echando un pulso a las grandes editoriales que hasta ahora han monopolizado el mercado de los libros. Desgraciadamente, la lógica del capitalismo salvaje parece que se impone cada vez más, y no la de la calidad de los libros. Uno de los efectos más deplorables de la forma de operar de las grandes editoriales es cerrarle el acceso a escritores nóveles. Lo que los lectores podéis hacer para poner vuestro granito de arena en aumentar la calidad de los libros es escribir revisiones y comentarios sobre los libro que os gusten en las páginas web destinadas para ello en los sitios de venta en la Red. Si tenéis un blog o participáis en un foro, también es una buena idea poner reseñas de los libros que os hayan gustado. Espero que mis libros sean de vuestro agrado y que me ayudéis de esa manera. Os lo agradeceré un montón.

Te enrollas como las persianas… Aún no nos has contado de qué demonios va el libro ese.
Es que ya he colgado es una sinopsis de la novela en Amazon y en otras páginas de este blog. Sigue el enlace http://sexocienciaespiritu.blogspot.com/p/mi-novela.html . También podéis leer los dos primeros capítulos gratis aquí http://www.scribd.com/doc/127922110/Cumplir-La-Penitencia-Hermes-Solenzol . Así, si no te gusta como escribo, te puedes ahorrar el dinero. Pero, te lo advierto, el libro engancha.

Si me he dejado alguna pregunta sin contestar, para eso está la sección de comentarios. Así que ya sabéis…

sábado, 30 de marzo de 2013

Cecilia va al infierno

Ésta es una nueva escena erótica que escribí recientemente para insertarla en el primer capítulo de mi novela “Juegos de amor y dolor”. Este capítulo se centra en la crisis religiosa de Cecilia, ya que su abandono del cristianismo es el pre-requisito que abre las puertas a su exploración del sadomasoquismo. El problema es que en este capítulo apenas hay escenas de sexo, ya que Cecilia vive en un estado de completa represión sexual a causa de sus creencias religiosas. Sin embargo, nada le impide tener sueños eróticos… 


-¡Cómo te atreves a presentarte aquí vestida como una zorra!
El rostro de don Víctor está rojo, congestionado. Las venas de su cuello se hinchan al gritarle.
-Pero si yo… 
Se interrumpe al comprobar que es verdad: lleva puestos zapatos de tacón de aguja, medias negras de red, una minifalda cortísima negra y una blusa celeste con los botones de arriba desabrochados, mostrando su escote. Retrocediendo, se cubre el pecho con una mano; con la otra estira del borde de la minifalda, como si así pudiera cubrirse las piernas. Lo peor de todo es que la excita estar vestida así. Su sexo, empapado, reclama las caricias de su mano. La abruma la vergüenza de que don Víctor la vea en ese estado.
-Necesitas un castigo… Las disciplinas.
El látigo de cuerdas se ha materializado en las manos del cura.
-¡No por favor!
Sí, por favor, alguien grita en su interior.
-Yo… Yo no debo… ¡Señor, protégeme de la tentación! -Don Víctor se pasa la mano por la cara-. ¡Matilde! ¡Matilde!
Ha aparecido Matilde, quien tiene ahora las disciplinas en la mano. Le dedica una sonrisa cruel, al tiempo que la aferra por la muñeca.
-Sí… ¡Yo sé lo que te hace falta a ti, pequeña!
Matilde tira de ella, y Cecilia avanza a trompicones, luchando por no caerse con sus ridículos zapatos. Caminan por un pasillo oscuro. Vislumbra la cara de Luis, que le sonríe sardónicamente. Frente a ella se abre la puerta de la habitación de Matilde. La hace cruzar el cuarto a grandes zancadas. Al fondo hay otra puerta, que Cecilia nunca antes había notado. Por ella entran en una mazmorra de paredes de piedra.
-¡Quítate ahora mismo esa ropa de puta! -la increpa Matilde.
Cecilia iba a protestar, pero es inútil, porque de alguna manera ya está desnuda. Matilde la ha aprisionado con unos grilletes sujetos por cadenas al techo. Cecilia se retuerce, aterrada por el castigo que se avecina. ¡Pero no! Tiene los pezones erguidos, el coño empapado. Aprieta los muslos, intentado aplacar el deseo que la quema por dentro.
-¡Ves! ¡Ya lo sabía yo! Tienes el demonio en el cuerpo. ¡Pero no te preocupes, que yo te lo voy a sacar!
Matilde la azota con las disciplinas en la espalda, en las piernas, en el culo, en los pechos. Los azotes arden como un hierro al rojo, pero más que doler la excitan. Sigue apretando las piernas para darse placer.
-¡No hagas eso! -le grita Matilde mientras la azota con más violencia aún-. ¡Tienes que luchar contra la tentación, Cecilia!
-¡Sí! ¡Sí! ¡Yo no quiero! ¡Dile que se vaya!
-¡Reza! ¡Arrepiéntete y reza, Cecilia! Sólo así lograrás que salga el demonio que llevas dentro.
Empieza a balbucear un padrenuestro mientras los golpes le siguen lloviendo por todo el cuerpo. Pero no sirve de nada. Tiene todo el cuerpo ardiendo de deseo. El dolor no sirve más que para inflamar su deseo.
-¡No puedo! -grita-. Soy masoquista… Cuando me azotas sólo consigues alimentar mi pecado.
-¡No! Tu pecado es la soberbia. Es resistirte a creer. ¡Humíllate! ¡Humíllate ante Dios Nuestro Señor! ¡Prométeme que vas a pitar! ¡Prométeme que vas a hacerte de la Obra!
-No sé… ¡No puedo, Matilde! No puedo hacerme de la Obra porque no sé si quiero ser cristiana.
-¡Que no quieres ser cristiana! -Matilde la mira con los ojos desorbitados. Se le ha deshecho su eterno moño y el pelo se le arremolina en torno a la cara-. ¡Pues si no quieres ser hija de Dios, serás hija del demonio! ¡Al infierno! ¡Al infierno de cabeza!
Los grilletes han desaparecido. Matilde la arrastra hacia una puerta al fondo de la mazmorra. Sobre ella hay un tablón en llamas que pone “Infierno”. Cecilia se resiste, pero no puede evitar ser engullida por la puerta. Al otro lado hay un pozo con paredes de piedra. Cecilia cae por él, girando descontrolada. Quiere gritar, pero algo le ha quitado la voz. Varias veces se golpea contra las paredes, pero la piedra ha dado paso a una sustancia blanda, húmeda y viscosa, que la deja envuelta en una especie de moco pegajoso.
Cuando abre los ojos está tendida en el suelo de otra mazmorra. Sobre ella se alza un demonio de piernas y brazos fornidos. Cecilia lo reconoce al instante: es Julio.
-Sabía que ibas a venir -le dice con una sonrisa sardónica-. ¡Verás lo bien que nos lo vamos a pasar ahora, Cecilia!
-Yo no quiero, Julio… -balbucea-. No quiero estar aquí… Devuélveme con Matilde… Yo sólo quiero ser buena.
Julio se ríe a carcajadas.
-¡Quiere ser buena, dice! ¡No, Cecilia! ¡El bien no importa, lo que importa es la libertad! Y ahora que eres libre como un pajarito ya no puedes volver a tu jaula.
Otro demonio se ríe con voz de mujer. Cecilia se vuelve y ve que es Laura. Su pelo rubio se le arremolina sobre la frente, formando dos cuernos dorados. Está completamente desnuda, sentada sobre una mesa de gruesos tablones burdamente clavados.
-¡Si eres más tonta, no naces, Cecilia! -Se vuelve a reír-. ¡Pégale, Julio! Es lo único que entiende…
Un azote le hace arder el culo. Al volverse, ve que Julio tiene en la mano una gruesa correa en llamas. Le vuelve a pegar, esta vez alcanzándola en la parte delantera de los muslos. Pero, curiosamente, en vez de dolor siente placer. Se encoje, bajando las manos hacia su sexo, ansiando acariciárselo, pero la culpa y la vergüenza no se lo permiten.
-¡Mírala! ¡Será imbécil! ¡Está deseando masturbarse y no se atreve! ¡Qué aquí ya puedes hacerlo, tontina! ¡Mira, como yo!
Laura ha puesto los pies sobre la mesa, las piernas dobladas a los lados de su cuerpo formando una gran uve blanca. En el vértice de la uve, su coño se abre como una gran grieta de piedra. De su interior brotan llamas amarillas y rojas.
-¡Venga, Cecilia! ¡No me seas meapilas! -la increpa el Julio-demonio.
-Ésta no tiene remedio… O la espabilamos, o se nos derrite aquí mismo. ¡Fóllala, Julio! ¡Viólala!
-¡Claro que sí, pequeña! ¡Ven aquí, que ya va siendo hora de que pierdas el virgo!
Con horror, Cecilia se percata de que entre las piernas de Julio está creciendo un pene descomunal, un engendro que parece más de madera que de carne, cubierto de cortezas y nudos.
-¡No, por favor! ¡Julio, no me metas eso, que me vas a destrozar! Si ya me masturbo, ya… ¡mira!
Cecilia hunde los dedos en la ranura húmeda de su coño, mientras los demonios de Julio y Laura la miran con aire divertido. Siente flaquear su piernas y acaba arrodillada en el suelo, la cabeza echada hacia atrás. Unas pocas fricciones del clítoris bastan para llevarla a un orgasmo descomunal, que le sacude todo el cuerpo como un ataque epiléptico.

Se despertó con los dedos metidos en el coño, todavía sacudiéndose con el orgasmo. Enseguida la llenó un enorme sentimiento de culpa.
¡Dios mío, qué he hecho! ¡Si estaba masturbándome de verdad! Pero no, si ha sido todo un sueño… yo no quería. No, ha sido pecado… Me tendré que confesar… Pero, ¿cómo le cuento yo a don Víctor este sueño?