domingo, 2 de junio de 2013

El “punto P” - la próstata como fuente de placer en el hombre

Hace unos meses escribí un artículo en este blog sobre el famoso “punto G” en la mujer, y sobre si puede o no desencadenar un orgasmo distinto al que se consigue con la estimulación del clítoris. Es uno de los artículos más visitados de este blog. Si no lo has leído, aquí tienes el enlace:

http://sexocienciaespiritu.blogspot.com/2012/12/clitoris-o-punto-g-la-controversia-en.html

Poca gente sabe que existe un equivalente del punto G en el hombre: el “punto P”. La “P” viene de próstata, un órgano del tamaño de una nuez situado entre el recto y la vejiga urinaria, rodeando la uretra. La estimulación de la próstata, en condiciones adecuadas, puede producir mucho placer, incluso llevar a un orgasmo que es descrito por los que lo han sentido como más profundo, amplio y duradero que el orgasmo producido por la estimulación del pene. Por lo tanto, vemos que existe un paralelismo entre el orgasmo producido por la estimulación del punto G en la mujer y el orgasmo producido por la estimulación de la próstata en el hombre. Quizás es que los dos son equivalentes, si es verdad que el punto G no es más que la glándula de Skene o próstata femenina. Cabe pensar, por lo tanto, que las respuestas sexuales femenina y masculina son más parecidas de lo que se suele creer, con el orgasmo clitoridal siendo equivalente al orgasmo del pene, mientras que el orgasmo vaginal tiene su contrapartida en el orgasmo que se obtiene estimulando el punto P.

La idea de que existe una sexualidad masculina ajena al pene genera una enorme resistencia en nuestra sociedad, al chocar con mitos sexistas profundamente arraigados. La cultura machista otorga grandes privilegios al hombre, siempre y cuando éste se comporte de acuerdo con las pautas de virilidad y hombría establecidas. En lo referente al acto sexual, se espera que el hombre obtenga su placer penetrando a la mujer, con un pene grande y sólido y una potente eyaculación. Placer que proviene de zonas eróticas que no son el pene, como las nalgas, los pezones y el ano, es algo estrictamente femenino y por lo tanto prohibido al macho. El hombre que trasgrede esta normativa pierde automáticamente el privilegio masculino - es un “afeminado”, un “marica”, y es relegado a un estatus peor que el de la mujer. En particular, ser receptor de sexo anal es considerado el acto por excelencia que priva al hombre de su masculinidad, lo emascula. En lenguaje coloquial, expresiones como “dar por culo”  o “vete a tomar por culo” transmiten el mensaje que recibir sexo anal es el acto más humillante que existe, algo que te quita todo el poder y te somete. Todo esto es una pena, pues la única forma de estimular la próstata es desde el recto, lo que conlleva una penetración anal.

Afortunadamente, en nuestros días la acción combinada de diversos movimientos de liberación sexual, sobre todo el de los gays y el BDSM, ha empezado a abrir una brecha en todos esos prejuicios machistas. Sin duda, el conocimiento de propiedades eróticas de la próstata se remonta a la antigüedad. En tiempos más recientes, se difundió primero entre los gays, y luego fue recogido en la comunidad BDSM en las parejas de mujer dominante y hombre sumiso. Hoy en día comienza a practicarse en parejas vainilla sin ninguna connotación de dominación-sumisión.
Dos tapones de distintos tamaño y un dildo con forma de pene

La próstata puede encontrarse introduciendo un dedo en el ano con la yema hacia delante. Si recorremos la cara anterior del recto, daremos con un bulto del tamaño de un huevo: esa es la próstata. Las primeras veces, la presión sobre la próstata puede resultar desagradable, hasta dolorosa. A veces se notan ganas de orinar, porque esa presión se transmite fácilmente a la vejiga de la orina. En eso se parece a la estimulación del punto G de la mujer. Para producir placer es necesario que el masaje de próstata se realice de forma muy suave, en una situación relajada y sexualmente excitante, acompañándolo de estimulación del pene, los pezones y otras zonas erógenas. Quizás sea necesario que las primeras sesiones sean cortas, e ir entrenando la próstata en sesiones sucesivas en las que se irá aumentando la intensidad y la duración del masaje. Poco a poco, las vías nerviosas que transmiten esas sensaciones al cerebro se van desarrollando, volviéndolas más y más placenteras.
El Aneros

Una dificultad que suele presentarse es que la próstata está demasiado profunda para alcanzarla cómodamente con el dedo, sobre todo si uno trabaja en solitario, autoestimulándose. Por eso es mejor usar dildos de goma. Existen varios tipos. Los “buttplugs” o tapones están pensados para llevarlos puestos un cierto tiempo, lo que facilita la dilatación del ano al tiempo que producen una estimulación suave del recto. Como muestra la foto, tienen una base plana que impide la inserción total, una constricción para el esfínter anal, y un ensanchamiento en el recto. Los dildos propiamente dichos tienen forma de pene, sin constricción para el ano, y están diseñados para follar. Eso se puede hacer moviéndolos con la mano, o la mujer puede ponérselos en la pelvis como si fuera un pene usando un arnés que se llama en inglés “strap-on” (ver foto). Por último, existe un artilugio diseñado especialmente para estimular la próstata: el Aneros (ver foto). La forma curvada del Aneros hace que rodee la próstata, masajeando toda su superficie. En vez de la base plana de los tapones y los dildos, tiene dos bolas que resbalan sobre el perineo y el coxis. Eso hace que le hombre pueda mover el Aneros en el interior del recto con sólo contraer el esfínter anal, masajeando la próstata a su gusto. También existen juguetes eléctricos diseñados para estimular el punto G o el punto P con vibraciones.

Por supuesto, como todo sexo anal, el masaje de próstata requiere solventar problemas de higiene. Esto varía mucho de un hombre a otro; algunos son naturalmente “limpios”, mientras que otros deberán recurrir a lavativas. Pero mejor dejar la higiene del sexo anal para otro artículo.
Un arnés "strap-on"

A un hombre que quiere iniciarse en el placer de próstata, yo le aconsejaría que empezara por su cuenta, explorando primero con el dedo y luego con un dildo adecuado. Es mejor no tener muchas expectativas al principio. Hay que tomárselo como un entrenamiento que requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Cuando la próstata se ha vuelto sensible, sentiremos el deseo de estimular el punto P de forma más vigorosa. Es entonces cuando se le puede pedir a nuestra amante que nos eche una mano follándonos con un “strap-on”. Esos actos sexuales con inversión de roles pueden resultar muy divertidos, excitantes y deliciosamente perversos. Pero, eso sí, antes hay que sacarse los complejos y los prejuicios de la cabeza.

Una forma especial de estimulación de la próstata se llama “milking”, que significa “ordeñar” en inglés. Normalmente la practica una dominatriz en su sumiso en el contexto de una relación BDSM. A menudo se describe como el tratamiento más humillante y frustrante que puede sufrir un hombre. Se trata de masajear la próstata de forma ininterrumpida por un largo espacio de tiempo, de 20 a 45 minutos. La dominatriz no permite que se produzca la eyaculación o el orgasmo, sino que mantiene al sumiso en un estado continúo de intensa excitación sexual. La erección suele desaparecer al cabo de unos minutos, pero el pene empieza a soltar semen en pequeñas cantidades de forma continua, de ahí el nombre de esta práctica.

Con una estimulación parecida, se puede conseguir tener un orgasmo puramente prostático, sin estimulación del pene alguna e incluso sin erección. Sin embargo, ese orgasmo prostático no es fácil de alcanzar… ¡muchos lo intentan y pocos lo consiguen!

lunes, 20 de mayo de 2013

Manos (viñeta BDSM)

-Ya es hora- dijo Marcos, echándole una ojeada al reloj.

Ana le dirigió una mirada nerviosa.

-Vale, vamos- le sonrió.

La desvistió. Normalmente, en una fiesta como ésta ella tendría que estar ya medio desnuda, pero él había insistido en que estuviera vestida hasta que llegase el momento.

Le desabotonó la blusa. Le quitó el sujetador. A continuación la falda, blanca, femenina, muy mona, ni demasiado ajustada ni demasiado corta. Ella misma se quitó las sandalias. Sus braguitas blancas de algodón descendieron por sus piernas.

Ya la miraban. Ana era más bien pequeña. Culito respingón. Piernas estilizadas. Pechos más bien pequeños pero de forma perfecta.

Marcos rebuscó en su bolsa de deportes. Encontró las esposas de cuero y la venda para los ojos, también de cuero, con un forro blando por dentro. Le ajustó la venda sobre los ojos. La lana blanda daba calor. Olvidó las miradas que la rodeaban.

Marcos le puso las esposas, juntándole las manos. Notó metal frío rozándoselas. Una cadena que tintineaba. Sus manos se alzaron, cada vez más alto. Estirándole los brazos sobre la cabeza hasta que casi se tuvo que poner de puntillas. Pero ahí se detuvo. Podía apoyar los talones en el suelo si se estiraba del todo.

¿Dónde estaba Marcos? Yo no lo oía moverse a su alrededor.

-Marcos- lo llamó quedamente. No hubo respuesta. No quería llamarlo en voz alta. Esperó. Sintió el aire frío sobre su cuerpo. Sus pezones se endurecieron.

Oyó pasos a su alrededor. Susurros. Había gente rodeándola. No podía verlos, pero podía sentir el calor de sus cuerpos. Casi podía sentir la gravedad de sus cuerpos atrayéndola, como la luna atrae al mar con las mareas.

Una mano le tocó la espalda. Luego otra. Más manos tomaron contacto con su vientre, sus hombros, sus muslos. Pronto había tantas manos que ya no podía contarlas. No podía distinguirlas unas de otras. La tocaban suavemente. Yemas de los dedos como plumas, danzando caprichosamente sobre su piel desnuda, poniéndole carne de gallina. Un par de veces sintió que empezaban a hacerle cosquillas. Pero ahora las manos presionaban con mayor firmeza, acariciándola más profundamente. También se estaban volviendo más atrevidas, envolviendo sus tetas y sus nalgas, encontrando los puntos más sensibles en el interior de sus muslos.

Manos sobre ella, por todas partes. Lujuriosas, avariciosas. Alimentándose de la suavidad de su piel. Una atraía su atención sobre una parte de cuerpo y enseguida era desviada por otra mano en otro sitio. Un apretón en el culo. Un pellizco en el pezón. Una caricia en sus labios.

El toqueteo de todas esas manos la confundía. Se sentía violada por esas manos de extraños. Y, sin embrago, le gustaba ser tocada. Se entregó a las manos avariciosas. Dejó que la sintieran. Dejó que la gozaran. Podía sentir la excitación que la rodeaba en las respiraciones agitadas. Eran como el viento, arreciando y calmándose.

Unas manos fuertes la agarraron de los tobillos, levantándole los pies del suelo. Más manos sostuvieron sus piernas y su espalda. Flotaba en un mar de manos. Cuando una se iba, otra la reemplazaba, sin dejarla caer. Brazos y piernas subieron y bajaron sobre olas de manos. Las olas también rompían sobre ella, con lenguas de espuma que corrían sobre su vientre y sus pechos. Le abrieron las piernas para que mariposas de dedos pudieran posarse sobre los sitios más suaves de su piel, en el interior de sus muslos, subiendo hacia su coño y su culo. Su sexo se abrió de par en par, chorreando, invitando a esos dedos a entrar en ella. Pero los dedos siempre se detenían antes de llegar a su vagina, su clítoris o su ano. Haciéndola rabiar. Negándole el desahogo.

Llegó como una ola que la empapó entera. No lo sintió en ningún sitio en particular, sino en todas partes a la vez. Olas de placer recorriéndole la piel. Gimió quedamente. Las manos comprendieron. Se detuvieron. Presionaron, apretando suavemente aquí y allí.

La bajaron hasta que volvió a estar de pie en el suelo. La cadena tintineó. Le liberaron las manos. Le quitaron la venda de los ojos. Caras sonrientes a su alrededor. Sus amigos. No podía hablar. Entonces vio a Marcos. Le rodeó el cuello con los brazos. Él la levantó y se la llevó en brazos, la cara enterrada en su cuello.

martes, 30 de abril de 2013

Poliamor: preguntas y respuestas


Hace unos meses, la sexóloga Sylvia de Béjar me invitó a escribir una entrada en su blog sobre poliamor. Acepté encantado. Decidimos que lo mejor sería hacerlo en formato entrevista, en la que ella me haría algunas preguntas que yo iría contestando. La entrevista estaba acabada y yo esperaba con cierta impaciencia el día en que se publicaría, cuando hace un par de días Sylvia decidió que no iba a continuar con su blog. Me dijo que quizás sería mejor que la publicara en el mío. Es una pena, pues yo no tengo ni mucho menos la audiencia que tiene Sylvia. De todas formas, aquí está…

¿Qué diferencia el poliamor de las relaciones abiertas?

En ambos casos se rompe la exclusividad sexual sin el secretismo y las mentiras que conlleva la infidelidad, pero difieren en que en las relaciones abiertas los miembros de la pareja no se permiten enamorarse de terceras personas. Por eso, éstas aventuras suelen ser esporádicas y temporales, ya que de prolongarse se verían como una amenaza. Por el contrario, el poliamor, como su propio nombre indica, consiste en establecer relaciones románticas fuera de la pareja donde hay amor además de sexo. A menudo, estas relaciones suponen una alternativa completamente distinta a la pareja tradicional. Por ejemplo, una estructura bastante frecuente es un trío formado por dos mujeres bisexuales y un hombre. En este caso no hay una pareja que tenga supremacía, sino que las tres personas participan en el trío en pie de igualdad. También hay tríos de dos hombres y una mujer, tríos homosexuales de tres hombres o tres mujeres, cuaternas formadas por la unión de dos parejas heterosexuales, etc. En definitiva, mientras que las parejas abiertas son arreglos transitorios y que suelen excluir el amor con terceros, el poliamor son acuerdos a largo plazo donde el amor es una parte esencial de la relación.

Pero, no necesariamente conviven bajo el mismo techo o tienen que relacionarse todos entre sí…

No, por supuesto. En el lenguaje de los poliamoristas, tres personas pueden formar un triángulo, con relaciones por los tres lados, o una V, donde la persona que está en el vértice se relaciona con las otras dos, que no tienen relaciones sexuales entre ellas. Sin embargo, sí que es importante que haya comunicación y al menos una cierta amistad entre todas las personas involucradas. Mi esposa y mi amante son amigas y a veces incluso quedan para verse en mi ausencia, pero no son amantes. En cuanto a lo de vivir bajo un mismo techo, puede ocurrir o no. Ten en cuenta de que estas relaciones, como todas, evolucionan en el tiempo y el amante que al principio estaba algo alejado puede llegar a convertirse en parte de la familia con el tiempo. Es importante enfatizar que existe una enorme variedad de relaciones de poliamor, no sólo por pura cuestión de complejidad matemática, sino porque cada familia poliamorista se basa en distintas ideas y valores.

Es inevitable preguntarte sobre tu mujer. ¿Acaso no tiene amantes?

Ahora mismo, no. Pero sí que los tuvo, y es posible que los vuelva a tener. De un tiempo a esta parte no está en la onda de tener aventuras sexuales. Por otro lado, mi amante tiene otros dos amantes, aunque por ahora yo soy su relación principal... Lógicamente, sería injusto que hubiera libertad para mí y no para ellas. Pero tampoco debemos pensar que el poliamor se hace sólo como un intercambio de libertades: yo te dejo tener relaciones si tú me dejas a mí. Eso sería un tanto mezquino. El poliamor se practica porque se cree en la libertad de amar fuera de la pareja convencional, independientemente de si uno quiere hacerlo o no. Y sí que hay parejas en las una persona es monógama y la otra practica el poliamor. Es simplemente que cada persona tiene necesidades distintas.

¿Y qué pasa con los celos? Los imagino inevitables.

No son inevitables. Por ejemplo, yo no soy nada celoso. Tendría que remontarme a mi adolescencia para recordar la última vez que tuve celos de verdad. Y no soy el único, muchas personas que practican el poliamor aseguran no sentir celos, o sentirlos muy rara vez. Pero muchos poliamoristas los sienten. Lo que pasan es que se aceptan como una emoción más, no algo que tenga que ocasionar un problema con nuestra pareja, o incluso la ruptura. Pasa lo mismo que con la ira: nos enfadamos, pero luego se nos pasa y las cosas vuelven a la normalidad. Sin embargo, existe el mito de que los celos son una señal de amor, lo que no es verdad. En la cultura del poliamor los celos son señal de que algo va mal, de que hay inseguridad, falta de comunicación. Yo suelo comentar con mi esposa, o con mi amante, las relaciones que he tenido con otras mujeres, o que ellas han tenido con otros hombres, y nos reímos, o nos aconsejamos... a veces hasta nos excitamos con eso.

Habrá quien lo considere aberrante: ¡para colmo se excitan contándoselo!

¿Y por qué no? Cada vez hay más parejas que disfrutan viendo películas eróticas o pornografía juntos. Así puedes llegar a conocer el deseo de tu pareja y establecer una relación de complicidad y de intimidad. Cuando ya no existe la barrera de los celos, contarse mutuamente aventuras sexuales no es algo distinto a compartir fantasías sexuales. Lo cierto es que la variedad enriquece la vida sexual. Desde que me eché una amante, disfruto más del sexo con mi esposa... ¡Y ella también!

Volvamos a lo serio... Me resulta fácil entender tu punto de vista si me planteo que lo lógico es que si amamos a una persona, lo que queramos es que ella sea feliz...

Para los que practicamos el poliamor, esa es la mayor prueba de amor que se puede ofrecer. El verdadero amor es desear que la persona a quien amas sea feliz, aunque sean otros quien la ayuden a serlo. Y no es un sacrificio, uno puede llegar a alegrarse de eso. En inglés se ha creado una palabra para definir la emoción de alegrarse cuando la persona a la que amas es amada por otros: se le llama "compersion". A veces también se usa para referirse a que te excite cuando tu amada hace el amor con otro. Es lo opuesto de los celos, si quieres. De todas formas, tampoco quiero idealizar el poliamor... Se dan problemas, y es normal que surjan los celos. Pero he visto muchos casos de "compersion", en mis relaciones y en las de otros.

Está claro que entendéis la fidelidad de otra manera....

Sí, aunque en esto, como en muchas otras cosas, no hay unanimidad de opiniones entre los que practicamos el poliamor. Por un lado están los que optan por la "poli-fidelidad", es decir, que acuerdan no mantener relaciones sexuales fuera de su tríada, cuaterna, etc. Por el otro está lo que podríamos llamar "poli-promiscuidad" en el que no hay ningún tipo de acuerdo de exclusividad sexual. Entre los dos extremos existen un número muy grande de posibilidades. Por ejemplo, los miembros de una familia poliamorista pueden acordar tener derecho de veto sobre las nuevas relaciones de los otros miembros. A veces se dan relaciones de poliamor abiertas (sin llegar a ser enteramente promiscuas) que acaban abarcando a un número considerable de personas. Se las llama "tribus". Por ejemplo, A tiene una relación de poliamor con B y C, pero C tiene a D y E como amantes, y resulta que a D le ha gustado B y se lo ha montado con él, etc, etc. Yo creo que lo importante es romper la fijación en quién se acuesta con quién, y pensar más en los problemas éticos de ser honesto, no mentir, saber escuchar, no tener una actitud explotadora de usar a los demás, y estar ahí cuando tus amantes te necesitan. Para mí, esa es la auténtica fidelidad.

¿Y qué pasa con los hijos?

Ese es un tema delicado, que cada cual soluciona de manera distinta dependiendo de la situación concreta. No es lo mismo una pareja nuclear con amantes fuera de casa que una tríada que viven juntos con sus hijos. En el primer caso, y si son niños, se les puede decir simplemente que “mamá va a ver a su amigo”… a fin de cuentas, no les solemos contar a los hijos los detalles de nuestra vida sexual. En el segundo caso, o cuando los hijos son adolescentes, lo mejor es explicarles el tema a fondo, teniendo en cuenta su edad. Muchos padres poliamoristas ven como algo muy positivo el servir de modelo de relaciones sin posesividad ni celos para sus hijos.

¿Cómo encajáis socialmente? ¿Os aceptan?

Por ahora no hay muchos problemas, porque pasamos bastante desapercibidos al ser pocos, pero si esto se generaliza y mucha gente adopta este estilo de vida, yo creo que se puede armar una buena. Date cuenta de que suponemos una amenaza más seria al matrimonio y a la pareja convencional que la homosexualidad, porque al fin de cuentas los homosexuales siempre serán una parte minoritaria de la población, mientras que el poliamor se puede extender de forma muy amplia. Y aunque mucha gente no se apunte, puede influir para que cambie cómo se ven las relaciones de pareja, la exclusividad sexual, los celos, etc. Todo eso va a generar resistencia, pero yo estoy convencido de que aportará cambios sociales muy positivos.

Tal como lo cuentas, parece muy fácil, pero seguro que hay muchos problemas

¡Ya lo creo que los hay! Leyendo en los foros de poliamor, y en mi propia experiencia, uno de los problemas más comunes es la dinámica de primario-secundario, que se da cuando un amante nuevo se une a una pareja nuclear. A los miembros de la pareja preexistente se les suele llamar “primarios”, mientras que la nueva amante es “secundaria”. Se establece así un desequilibrio de derechos, pues los primarios pueden imponer los parámetros de la relación al secundario/a, lo que puede ser injusto y llegar a hacerle daño.  El fenómeno opuesto, que puede llegar a ser un problema, es lo que se llama “energía de relación nueva”: el enorme interés y atracción que genera la novedad de un nuevo amante. La persona que estaba antes en la relación puede sentir que se la quiere menos, cuando no es verdad. Estos problemas son mucho más fáciles de manejar si uno participa en la comunidad de poliamor y se informa bien antes de meterse en estas aventuras. El poliamor requiere estabilidad emocional, capacidad de comunicación y el tener muy claros una serie de valores éticos. No es un juego, sino una posibilidad de crecimiento y transformación personal.

domingo, 28 de abril de 2013

¡Mi novela "Juegos de amor y dolor" ya está a la venta en Kindle!


Mi novela Juegos de amor y dolor, libro 1 de la trilogía Voy a romperte en pedacitos, ya está a la venta como libro electrónico en Amazon Kindle. Para comprarlo, seguid el enlace siguiente

A continuación anticipo algunas preguntas que podéis tener…

¿De qué se trata?
Es una novela erótica, una historia de sadomasoquismo y amor sobre el telón de fondo de La Transición.

¿Y cuánto cuesta?
$5.00 en Amazon.com, 3.94 euros en Amazon.es y otras tiendas de Amazon en Europa. Es el mismo precio de acuerdo con el cambio monetario del día en que se publicó el libro. El mismo precio se aplica al cambio correspondiente en muchos otros países del mundo.

¿Qué necesito tener para leer este libro?
Esta edición está en formato MOBI de Kindle. Se puede leer en cualquiera de los lectores Kindle, y también en iPod, iPad y iPhone con la aplicación Kindle que se puede descargar gratis aquí (http://www.amazon.com/gp/feature.html?ie=UTF8&docId=1000490441 ). También se puede leer en cualquier ordenador con programas de lectura de libros electrónicos como

Ninguno de esos formatos me va bien, ¿no está disponible en otros formatos como EPUB?
Muy pronto pondré a la venta el libro en www.smashwords.com en todo tipo de formatos. Desde www.smashwords.com el libro se distribuirá a todo tipo de proveedores de libros digitales, como Apple, Sony, Barnes&Noble, etc. Intentaré que el precio sea el mismo, aunque puede que sea unos céntimos más caro debido a las normas de los distintos proveedores para fijar los precios. Por lo pronto, Amazon no me permite vender en otros sitios más barato que el precio fijado para Kindle. Ya estoy formateando el libro para Smashwords.com, pero como eso es un pelín más complicado que para Kindle, puede llevarme un cierto tiempo.

¡Vaya lío! Yo no entiendo nada de formatos digitales, ¡seguro que al final acabo comprándome el formato equivocado!
No te preocupes por eso. Como el libro lo he colgado libre de DRM, podrás cambiar el formato usando programas como calibre.

¡Pues peor me lo pones! ¿Qué demonios es el DRM?
DRM quiere decir “Digital Rights Management”. Es una restricción que Amazon Kindle pone en los ficheros de sus libros digitales para que no se puedan copiar y distribuir indiscriminadamente. Pero eso también restringe lo que puedes hacer con el libro, por ejemplo, cambiarlo a otro formato digital. Como Smashwords.com distribuye libros sin DRM, decidí colgarlo en Kindle también sin DRM (es una opción que Kindle nos ofrece a los autores). La idea es que todo el mundo tenga el mismo acceso al libro, independientemente de dónde lo compres y en qué formato esté.

¡Fenomenal! Así me lo bajo y se lo paso a todos mis amigos.
Eso sería hacerme una faena a mí, el autor. Puse mucho esfuerzo en escribir este libro y en formatearlo para que los lectores tengáis una buena experiencia leyéndolo. ¿Me vas a escatimar cinco miserables dólares? Los libros digitales no son como los libros impresos, donde la editorial se queda con el 90% del coste del libro. Como los libros electrónicos tienen menos costes, los autores nos quedamos con el 70% de los royalties. Eso nos permite venderlos más baratos para que el lector también se beneficie de la reducción de costes de publicación. Los autores que no ponemos DRM confiamos en que los lectores tengáis un mínimo sentido de lo que es justo y nos paguéis lo que nos corresponde por nuestro trabajo. Si este primer libro de la trilogía se piratea indiscriminadamente, siempre me queda el recurso de vender los otros dos con DRM, y sólo desde Kindle. Eso nos perjudicaría a todos: a vosotros porque tendríais acceso a un solo formato, y a mí porque vendería menos. Pero en realidad lo que sería triste es que los escritores y los lectores no podamos confiar unos en otros. En Internet estamos intentado crear una nueva cultura basada en la confianza mutua y en el sentido de lo que es justo. Si no lo conseguimos, al final les daremos la razón a los grandes monopolios que quieren imponer todo tipo de restricciones en la Red. Y todos saldremos perdiendo.

¡No, si a mí me parece fenomenal apoyar a mis escritores favoritos! ¡Faltaría más! ¿Puedo ayudarte en alguna otra forma?
El gran reto que tenemos los escritores “indie” (independientes) es la promoción (“marketing”) de nuestros libros. Ahí es donde le estamos echando un pulso a las grandes editoriales que hasta ahora han monopolizado el mercado de los libros. Desgraciadamente, la lógica del capitalismo salvaje parece que se impone cada vez más, y no la de la calidad de los libros. Uno de los efectos más deplorables de la forma de operar de las grandes editoriales es cerrarle el acceso a escritores nóveles. Lo que los lectores podéis hacer para poner vuestro granito de arena en aumentar la calidad de los libros es escribir revisiones y comentarios sobre los libro que os gusten en las páginas web destinadas para ello en los sitios de venta en la Red. Si tenéis un blog o participáis en un foro, también es una buena idea poner reseñas de los libros que os hayan gustado. Espero que mis libros sean de vuestro agrado y que me ayudéis de esa manera. Os lo agradeceré un montón.

Te enrollas como las persianas… Aún no nos has contado de qué demonios va el libro ese.
Es que ya he colgado es una sinopsis de la novela en Amazon y en otras páginas de este blog. Sigue el enlace http://sexocienciaespiritu.blogspot.com/p/mi-novela.html . También podéis leer los dos primeros capítulos gratis aquí http://www.scribd.com/doc/127922110/Cumplir-La-Penitencia-Hermes-Solenzol . Así, si no te gusta como escribo, te puedes ahorrar el dinero. Pero, te lo advierto, el libro engancha.

Si me he dejado alguna pregunta sin contestar, para eso está la sección de comentarios. Así que ya sabéis…

domingo, 14 de abril de 2013

Quiero ser un novelista decadente



“Ardiente admiradora
de un novelista decadente,
ser pensante y escribiente.
De algún versillo autora,
aunque ya no estén de moda.”

Dama, dama
por Cecilia (Evangelina Sobredo, http://www.cecilianet.com/?name=web )

Julio azota a Cecilia - Primer esbozo del dibujo para la portada, por Virgo Fortuna

¿Qué es un novelista decadente? Seguramente alguien que escribe historias oscuras, con personajes un tanto retorcidos, asiduos de locales nocturnos, a los que les pasan cosas insólitas, a veces estremecedoras, a veces conmovedoras. Yo soy un tipo de buen carácter, más bien optimista, compasivo, de hábitos diurnos y con un cierto éxito en la vida. Quizás la etiqueta de novelista decadente no me quede muy bien. Pero también es verdad que tengo mi lado oscuro: soy sadomasoquista, mujeriego y promiscuo… Y también ateo y escéptico, que aunque son cosas que a mí me parecen fenomenal, hay mucha gente a las que les todavía les molestan. 

Decididamente, creo que me merezco el calificativo de novelista decadente. A fin de cuentas, acabo de escribir una novela erótica… ¡Qué una! ¡Tres! Iba a ser una, pero cuando acabé de desarrollar todos mis personajes y de cerrar todas las tramas y sub-tramas, sumaban mil doscientas páginas, así que opté por dividirla en tres libros de cuatrocientas páginas cada uno. El tema central es el sadomasoquismo… Sí, ya sé que después de las dichosas 50 Sombras de Grey, parece que lo del sadomaso ya no es tan perverso, marginal y, en fin, decadente, como hace sólo un par de años. Pero yo voy bastante más lejos que “50 Sombras”: cosas como palas y varas para pegar, que hacen que Anastasia Steele salga corriendo y se encierre en su habitación durante una semana en 50 Sombras, a mi Cecilia Madrigal la ponen cachonda y la hacen pedir más y más. Y encima, yo saco a colación los temas de la promiscuidad, la pareja abierta y la prostitución, que tengo la impresión que sumirían a E. L. James en una ataque de apoplejía puritana británica. 

Me gusta la novela erótica, pero casi todas las que he leído me han dejado insatisfecho. La típica novela erótica, sobre todo si es sadomasoquista, no es más que una serie de escenas de sexo de complejidad creciente, débilmente hilvanadas por una trama que no lleva a ninguna parte. Lo más normal es que nos cuenten la perversión creciente de una protagonista que empieza como virgen y acaba sufriendo algún tipo de tragedia al final de la historia, no sea que vayamos a pensar que las personas normales podemos embarcarnos en semejantes aberraciones sin tener que sufrir duras consecuencias. En el fondo, con esto se hace más que perpetuar la actitud de rechazo que existe en nuestra sociedad hacia el sadomasoquismo y otras formas de sexualidad alternativa. De eso no se libra ni siquiera Historia de O, en la que se sugiere que la protagonista acaba suicidándose cuando la abandona Sir Stephen. Y de 50 Sombras, ¡para qué hablar! - el final feliz consiste en la “curación” de las perversiones de Christian Grey. Cuando escribí mi novela, decidí que no castigaría a mis personajes por sus gustos sexuales, ni que tampoco acabaría “curándolos” de ellos. Tendría que inventarme algún tipo de final que no pudiera interpretarse como una condena del sexo, si bien evitando lo excesivamente empalagoso.

Las premisas con las que desarrollar la novela estaban en mi mente desde el principio. Tendría que haber una trama compleja e interesante, que creara tensión y suspense, que supusiera una transformación profunda de los personajes. Habría buenos y malos, pero sobre todo problemas entre personajes humanos, con sus virtudes y sus defectos, enfrentados por tener la mala suerte de perseguir objetivos incompatibles. Violencia, la justa. El sexo y el amor proporcionarían la acción que propulsaría la trama. En cuanto a las escenas de sexo, no me preocupaba encontrar la suficiente variedad, pues tenía numerosas vivencias en que basarlas además de poseer una imaginación muy rica - como dicen en inglés “una mente sucia no debe desperdiciarse”. 

El realismo también me resultaba muy importante. Muchas novelas eróticas se basan en escenarios fantásticos, de cuentos infantiles o ambientes medievales con caballeros y princesas. Yo quería sexo entre mujeres y hombres de carne y hueso, sin siquiera recurrir a ambientes exóticos, como Emmanuelle, o de riqueza extravagante, como en 50 Sombras. Ya puestos, elegiría personajes de distinta extracción social, desde una pija hasta proletarios comunistas, y así enriquecería la trama con una dosis de conflicto de clase. En realidad, había elegido desde el principio que mi historia tendría un trasfondo político, y que la progresiva liberación sexual de Cecilia iría paralela a los cambios sociales que experimentó España durante la Transición. Eso fue porque mi primera fuente de inspiración fue la novela que lanzó a la fama a Almudena Grandes, Las edades de Lulú, en la que se engarzan de manera genial la política con el erotismo. También me inspiré en la popular serie de televisión “Cuéntame cómo pasó”, que me mostró cómo los acontecimientos no sólo pueden, sino que deben afectar a la trayectoria de los personajes. 

De esta forma mi novela, al contrario de lo que suele suceder, ocurriría en una época bien establecida. Para remacharlo, empecé a ponerle fecha a cada escena. No sólo eso, sino que llevado por mi instinto de exactitud científica me preocupé de que los días de la semana se ajustaran al calendario y, gracias a un sitio de internet que encontré, que el tiempo meteorológico fuera también exacto. Y entonces pasó una cosa muy curiosa: la lluvia, el viento, las tormentas y las nevadas a menudo encajaban perfectamente con los sucesos de la historia (y si no lo hacían, bastaba con correr la acción adelante o atrás unos días o una semana), proporcionando el telón de fondo perfecto o incluso cambiando el estado de ánimo de los personajes. Cuando le conté lo que estaba haciendo, mi mujer (sin duda para pincharme) me comentó que qué suerte tenían las mujeres de mi historia, no tener que preocuparse de si tenían la regla a la hora de hacer el amor. Ni corto ni perezoso, escribí una página de Excel donde metí las fechas de todas mis escenas; luego le asigné a Cecilia un periodo de 28 días (tomaba la píldora durante casi toda la novela) y cuando le tocaba la regla, introduje cambios en la escena o la moví a un momento más oportuno.

Espero que con todo esto os hayan entrado ganas de leer mi novela decadente. No tendréis que esperar mucho: el primer libro, Juegos de amor y dolor, ya está completamente acabado y formateado para ser publicado en Kindle. Incluso he hecho la portada, usando un dibujo erótico basado en una de las escenas que me hizo Virgo Fortuna - aquí podéis ver el primer esbozo. Espero ponerlo a la venta en una semana. Pondré más noticias en este blog a menudo que se acerque la fecha de publicación.

martes, 9 de abril de 2013

Saber

Saber lo que se sabe es conocimiento.
Saber lo que no se sabe es humildad.
No saber lo que se sabe es confusión.
No saber lo que no se sabe es imprudencia.
Enorgullecerse de la propia ignorancia
es la peor estupidez.

miércoles, 3 de abril de 2013

¿Cuál es la naturaleza última de la realidad?



Cuando se debate si son ciertos el materialismo, el idealismo, el dualismo, etc., lo que estamos debatiendo es en qué consiste la naturaleza última de la realidad. Lo que queremos es asignar un nombre a X cuando decimos: “En realidad, todo lo que existe es X”. Así, X puede ser materia-energía (materialismo), ideas (idealismo), leyes de la física (platonismo científico), información (informacionismo), etc.

Podríamos llamar a esto el problema de la Realidad Última (no sé si esto es un término en castellano, traduzco del inglés “Ultimate Reality”). Es importante señalar que éste no es un problema científico, sino una cuestión metafísica (o filosófica). Porque, aunque la respuesta tiene que ser consistente con los conocimientos de la ciencia, no parece posible (al menos, a primera vista) emplear el método científico para contestarla. Podemos argumentar cuál es la mejor opción en base a la lógica (aunque quizás no lleguemos muy lejos con eso) o, mejor, en base a la consistencia interna de la idea, su utilidad y lo fructífera que es (es decir, si nos sirve como instrumento para comprender mejor la realidad).

Desde ese punto de vista, el idealismo de por sí no parece ni lógico (pues para que haya ideas tiene que haber un cerebro que las genere), ni útil (en principio se puede concebir cualquier tipo de relación arbitraria entre las ideas), ni fructífero. Sin embargo, el platonismo científico y el materialismo parecen estar, al menos, a la par. En definitiva, el concepto de materia-energía es inútil sin las leyes que la gobiernan, por lo que, siguiendo el Principio de Parsimonia, podríamos prescindir de la materia-energía y decir que lo que existe en realidad son simplemente esas leyes. Por ejemplo, la ley E=m*c2, ¿existía antes, y Einstein la descubrió? (platonismo científico) ¿O Einstein la inventó? (materialismo) Si optamos por la segunda respuesta, resulta algo difícil explicar cómo los objetos obedecían a esa ley antes de que naciera Einstein. 

En mi opinión, el informacionismo es un refinamiento del platonismo científico porque la información tiene la ventaja de ser cuantificable, lo que la hace en cierta medida tan tangible como la materia-energía - se puede medir. Por otra parte, el universo tiene una serie de propiedades que recuerdan mucho a la información: así cómo la información ocurre en cantidades discretas (bits), lo mismo ocurre con la materia, la energía y hasta el espacio-tiempo (la distancia de Plank y el tiempo de Plank, que no se pueden subdividir). El informacionismo, por otra parte, es más útil y fructífero que el materialismo. Al materialismo le resulta difícil explicar los sistemas auto-organizativos y las propiedades emergentes, lo que es clave para entender lo que es la vida, mientras que el informacionismo predice estas cosas como el resultado del procesamiento de la información. El informacionismo explica muy bien la termodinámica: la entropía no es más que información, una idea ampliamente aceptada hoy en día. Por último, el informacionismo rompe la aparente dualidad entre el cerebro y la mente, la mente no es más que un programa informático (aunque se rige por leyes distintas a la de los ordenadores). 

Por supuesto, habrá quien diga que el problema de la Realidad Última no tiene sentido. Como decía más arriba, es un problema filosófico, no científico; la ciencia puede apañárselas muy bien sin resolverlo. Algunos filósofos lo soslayan buscando una definición de lo “natural” o lo “físico” que evite toda referencia al concepto de materia, materia-energía, o cualquier entidad que se pueda considerar como “la Realidad Última”. Por ejemplo, ésta: “El universo es un sistema causalmente cerrado: todo efecto tiene su causa y toda causa, su efecto; que están siempre dentro del universo”. Esto excluye la idea de Dios, el alma o seres espirituales, porque serían seres que existen fuera del universo que producen efectos dentro del universo. Sin embargo, este principio se enfrenta enseguida con un problema: en la mecánica cuántica se dan fenómenos si causa, por ejemplo, una partícula elemental que se divide espontáneamente en dos. Pero la mecánica cuántica no elimina la causalidad, simplemente se pasa de una causalidad rígida a una causalidad probabilística. Si empleamos este tipo de causalidad probabilística en la definición anterior, pude llegar a funcionar bastante bien. 

De todas formas, yo creo que el problema de la Realidad Última es importante, porque necesitamos comprender qué es el mundo para entender nuestra relación con él y así nuestra propia vida. Además, como he apuntado cuando hablaba del informacionismo, el adoptar una cierta idea sobre la realidad última puede proporcionarnos un marco de referencia más apropiado para entender mejor el mundo, organizando nuestros conocimientos científicos en una visión más coherente de la realidad.

sábado, 30 de marzo de 2013

Cecilia va al infierno

Ésta es una nueva escena erótica que escribí recientemente para insertarla en el primer capítulo de mi novela “Juegos de amor y dolor”. Este capítulo se centra en la crisis religiosa de Cecilia, ya que su abandono del cristianismo es el pre-requisito que abre las puertas a su exploración del sadomasoquismo. El problema es que en este capítulo apenas hay escenas de sexo, ya que Cecilia vive en un estado de completa represión sexual a causa de sus creencias religiosas. Sin embargo, nada le impide tener sueños eróticos… 


-¡Cómo te atreves a presentarte aquí vestida como una zorra!
El rostro de don Víctor está rojo, congestionado. Las venas de su cuello se hinchan al gritarle.
-Pero si yo… 
Se interrumpe al comprobar que es verdad: lleva puestos zapatos de tacón de aguja, medias negras de red, una minifalda cortísima negra y una blusa celeste con los botones de arriba desabrochados, mostrando su escote. Retrocediendo, se cubre el pecho con una mano; con la otra estira del borde de la minifalda, como si así pudiera cubrirse las piernas. Lo peor de todo es que la excita estar vestida así. Su sexo, empapado, reclama las caricias de su mano. La abruma la vergüenza de que don Víctor la vea en ese estado.
-Necesitas un castigo… Las disciplinas.
El látigo de cuerdas se ha materializado en las manos del cura.
-¡No por favor!
Sí, por favor, alguien grita en su interior.
-Yo… Yo no debo… ¡Señor, protégeme de la tentación! -Don Víctor se pasa la mano por la cara-. ¡Matilde! ¡Matilde!
Ha aparecido Matilde, quien tiene ahora las disciplinas en la mano. Le dedica una sonrisa cruel, al tiempo que la aferra por la muñeca.
-Sí… ¡Yo sé lo que te hace falta a ti, pequeña!
Matilde tira de ella, y Cecilia avanza a trompicones, luchando por no caerse con sus ridículos zapatos. Caminan por un pasillo oscuro. Vislumbra la cara de Luis, que le sonríe sardónicamente. Frente a ella se abre la puerta de la habitación de Matilde. La hace cruzar el cuarto a grandes zancadas. Al fondo hay otra puerta, que Cecilia nunca antes había notado. Por ella entran en una mazmorra de paredes de piedra.
-¡Quítate ahora mismo esa ropa de puta! -la increpa Matilde.
Cecilia iba a protestar, pero es inútil, porque de alguna manera ya está desnuda. Matilde la ha aprisionado con unos grilletes sujetos por cadenas al techo. Cecilia se retuerce, aterrada por el castigo que se avecina. ¡Pero no! Tiene los pezones erguidos, el coño empapado. Aprieta los muslos, intentado aplacar el deseo que la quema por dentro.
-¡Ves! ¡Ya lo sabía yo! Tienes el demonio en el cuerpo. ¡Pero no te preocupes, que yo te lo voy a sacar!
Matilde la azota con las disciplinas en la espalda, en las piernas, en el culo, en los pechos. Los azotes arden como un hierro al rojo, pero más que doler la excitan. Sigue apretando las piernas para darse placer.
-¡No hagas eso! -le grita Matilde mientras la azota con más violencia aún-. ¡Tienes que luchar contra la tentación, Cecilia!
-¡Sí! ¡Sí! ¡Yo no quiero! ¡Dile que se vaya!
-¡Reza! ¡Arrepiéntete y reza, Cecilia! Sólo así lograrás que salga el demonio que llevas dentro.
Empieza a balbucear un padrenuestro mientras los golpes le siguen lloviendo por todo el cuerpo. Pero no sirve de nada. Tiene todo el cuerpo ardiendo de deseo. El dolor no sirve más que para inflamar su deseo.
-¡No puedo! -grita-. Soy masoquista… Cuando me azotas sólo consigues alimentar mi pecado.
-¡No! Tu pecado es la soberbia. Es resistirte a creer. ¡Humíllate! ¡Humíllate ante Dios Nuestro Señor! ¡Prométeme que vas a pitar! ¡Prométeme que vas a hacerte de la Obra!
-No sé… ¡No puedo, Matilde! No puedo hacerme de la Obra porque no sé si quiero ser cristiana.
-¡Que no quieres ser cristiana! -Matilde la mira con los ojos desorbitados. Se le ha deshecho su eterno moño y el pelo se le arremolina en torno a la cara-. ¡Pues si no quieres ser hija de Dios, serás hija del demonio! ¡Al infierno! ¡Al infierno de cabeza!
Los grilletes han desaparecido. Matilde la arrastra hacia una puerta al fondo de la mazmorra. Sobre ella hay un tablón en llamas que pone “Infierno”. Cecilia se resiste, pero no puede evitar ser engullida por la puerta. Al otro lado hay un pozo con paredes de piedra. Cecilia cae por él, girando descontrolada. Quiere gritar, pero algo le ha quitado la voz. Varias veces se golpea contra las paredes, pero la piedra ha dado paso a una sustancia blanda, húmeda y viscosa, que la deja envuelta en una especie de moco pegajoso.
Cuando abre los ojos está tendida en el suelo de otra mazmorra. Sobre ella se alza un demonio de piernas y brazos fornidos. Cecilia lo reconoce al instante: es Julio.
-Sabía que ibas a venir -le dice con una sonrisa sardónica-. ¡Verás lo bien que nos lo vamos a pasar ahora, Cecilia!
-Yo no quiero, Julio… -balbucea-. No quiero estar aquí… Devuélveme con Matilde… Yo sólo quiero ser buena.
Julio se ríe a carcajadas.
-¡Quiere ser buena, dice! ¡No, Cecilia! ¡El bien no importa, lo que importa es la libertad! Y ahora que eres libre como un pajarito ya no puedes volver a tu jaula.
Otro demonio se ríe con voz de mujer. Cecilia se vuelve y ve que es Laura. Su pelo rubio se le arremolina sobre la frente, formando dos cuernos dorados. Está completamente desnuda, sentada sobre una mesa de gruesos tablones burdamente clavados.
-¡Si eres más tonta, no naces, Cecilia! -Se vuelve a reír-. ¡Pégale, Julio! Es lo único que entiende…
Un azote le hace arder el culo. Al volverse, ve que Julio tiene en la mano una gruesa correa en llamas. Le vuelve a pegar, esta vez alcanzándola en la parte delantera de los muslos. Pero, curiosamente, en vez de dolor siente placer. Se encoje, bajando las manos hacia su sexo, ansiando acariciárselo, pero la culpa y la vergüenza no se lo permiten.
-¡Mírala! ¡Será imbécil! ¡Está deseando masturbarse y no se atreve! ¡Qué aquí ya puedes hacerlo, tontina! ¡Mira, como yo!
Laura ha puesto los pies sobre la mesa, las piernas dobladas a los lados de su cuerpo formando una gran uve blanca. En el vértice de la uve, su coño se abre como una gran grieta de piedra. De su interior brotan llamas amarillas y rojas.
-¡Venga, Cecilia! ¡No me seas meapilas! -la increpa el Julio-demonio.
-Ésta no tiene remedio… O la espabilamos, o se nos derrite aquí mismo. ¡Fóllala, Julio! ¡Viólala!
-¡Claro que sí, pequeña! ¡Ven aquí, que ya va siendo hora de que pierdas el virgo!
Con horror, Cecilia se percata de que entre las piernas de Julio está creciendo un pene descomunal, un engendro que parece más de madera que de carne, cubierto de cortezas y nudos.
-¡No, por favor! ¡Julio, no me metas eso, que me vas a destrozar! Si ya me masturbo, ya… ¡mira!
Cecilia hunde los dedos en la ranura húmeda de su coño, mientras los demonios de Julio y Laura la miran con aire divertido. Siente flaquear su piernas y acaba arrodillada en el suelo, la cabeza echada hacia atrás. Unas pocas fricciones del clítoris bastan para llevarla a un orgasmo descomunal, que le sacude todo el cuerpo como un ataque epiléptico.

Se despertó con los dedos metidos en el coño, todavía sacudiéndose con el orgasmo. Enseguida la llenó un enorme sentimiento de culpa.
¡Dios mío, qué he hecho! ¡Si estaba masturbándome de verdad! Pero no, si ha sido todo un sueño… yo no quería. No, ha sido pecado… Me tendré que confesar… Pero, ¿cómo le cuento yo a don Víctor este sueño?