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sábado, 19 de diciembre de 2015

Así maltratamos a nuestra pareja


“Quien bien te quiere te hará sufrir” dice el refrán. Normalmente esto se interpreta como que alguien que te ama te señalará tus imperfecciones y errores, aunque no te guste, pero también se ha señalado que un dicho así puede servir para justificar el maltrato. Sin embargo, hay otra manera más de interpretar el refrán: simplemente constata la realidad más bien irónica de que dos personas que se aman tienden a hacerse daño. Y no precisamente porque estén empeñados en convertirse mutuamente en personas mejores a base de corregir sus errores. Sí, las relaciones amorosas suelen traer consigo una buena carga de sufrimiento. A todo el mundo esto le parece algo inevitable, como si hubiera que pagar un precio por el amor que recibimos.

Pero yo pienso que no tiene que ser necesariamente así. Si nos hacemos daño cuando nos amamos es porque tenemos que estar haciendo algo mal. Al parecer, cuando llegamos a un cierto grado de intimidad con una persona empezamos a permitirnos una serie de comportamientos que crean fricciones e incluso daño emocional. “Las confianzas dan asco”, que dice otro refrán. Entonces, quizás lo que debamos hacer es reconocer esos comportamientos y aprender a evitarlos. No quiero hablar aquí de conductas de franco maltrato, como pueden ser el daño físico o la violación, sino de una serie de estrategias de manipulación psicológica que producen daño emocional y menoscaban la autoestima. En general, se basan en evocar tres emociones clave: el miedo, la culpa y la vergüenza. Aquí os dejo una lista tentativa de conductas nocivas en la pareja.

1. Coacción - La coacción se define como una demanda que no se puede rehusar sin desencadenar serias consecuencias negativas. Un ejemplo sería el sexo coactivo: “como me digas que no quieres sexo conmigo te voy a montar un numerito de mucho cuidado”. Pero se puede usar la coacción para muchas otras cosas: ir a una fiesta, elegir el sitio dónde ir de vacaciones, cómo decorar la casa o si tener hijos. La coacción señala que existe un desequilibrio de poder en la pareja que hace que una persona pueda imponer su voluntad sobre la otra.

2. Amenazas - Las amenazas son una de las formas más directas de coacción. Se basan en inspirar miedo para conseguir lo que queremos.  Una de las amenazas más frecuentes en la pareja es la de la ruptura. Se suele dar cuando existe un desequilibrio de poder basado en que una persona valora la relación mucho más que la otra. Puede ser simplemente porque está más enamorada, o porque la relación le supone una serie de ventajas que no quiere o no puede abandonar. En estos casos la amenaza constante de la ruptura puede convertirse en una continua coacción. A menudo la persona que amenaza con romper va de farol: en realidad no tiene la menor intención de hacerlo, pero sabe que así puede someter a su pareja a su voluntad.

3. Asustar - Las amenazas no son la única forma de inspirar miedo. También se puede crear una situación de ansiedad a base de asustar a la otra persona con actos como gritar, tirar o romper cosas, poner en riesgo la seguridad o la salud, o hacer algo ilegal. La simple presencia del miedo crea un clima de opresión.

4. Chantaje - El chantaje es una forma de coacción que consiste en amenazar con hacer algo que la otra persona no quiere si no accede a nuestras demandas. La forma más reconocible de chantaje es la amenaza de contar algo que la otra persona no quiere que se sepa. Como ejemplo está el “outing”, un nuevo verbo inglés que viene de la expresión “out of the closet” (salir del armario) y que se refiere a revelar a que una persona es gay o bisexual. Hoy en día se generaliza a descubrir que una persona practica el BDSM, el poliamor u otras formas de sexualidad no aceptadas por nuestra cultura.

5. Chantaje emocional - Consiste en utilizar el miedo, la obligación o la culpa (en inglés, “fear, obligation and guilt”, que forman el acrónimo FOG, que significa “niebla”) con el fin de presionar a otra persona de hacer lo que queremos. Se distinguen cuatro formas de chantaje emocional. La primera consiste en amenazar con castigar, privar de un beneficio o hacer daño. Un ejemplo clásico en la pareja es la privación de sexo o de afecto. La segunda consiste en el auto-castigo: en este caso se amenaza con hacerse daño a uno mismo. Un caso extremo sería la amenaza de suicidio (“¡déjala o me mato!”), pero también entra aquí el enfurruñarse o sumirse en un estado depresivo cuando no se obtiene lo que se quiere. La tercera forma de chantaje emocional consiste en adoptar conductas de auto-sacrificio con el fin de evocar sentimiento de culpa. Incluye todos esos actos de servicio que se hacen no porque se quieren hacer o como demostración de amor, sino para luego obtener algo a cambio: “¡me he tirado tres horas preparando la cena y tú no me haces ni caso!”. La cuarta forma es quizás la más difícil de reconocer, pues consiste en utilizar un premio o una tentación para conseguir lo que se quiere. Un ejemplo clásico es cuando le ofrecemos una golosina a un niño a cambio de un beso. En la pareja, ofrecer sexo o afecto como premio puede parecer en principio una buena idea, pero puede llevar a un ambiente de manipulación en el que no se sabe muy bien por qué se hacen las cosas.

6. Traspasar límites - Todos tenemos cosas que no queremos hacer o que no queremos que nos hagan. En inglés se conocen como “boundaries”, que quiere decir límites o fronteras. En una relación sana, cada persona define claramente cuáles son sus límites y la otra persona los respeta escrupulosamente. Los problemas vienen cuando los límites no están bien definidos o cuando se conocen y se rompen a propósito.

7. Incomunicación - Es sabido que la buena comunicación es esencial para el buen funcionamiento de la pareja. Ya resulta difícil en el mejor de los casos, pero a veces se sabotea a propósito como parte de actitudes ofensivas o defensivas, o con fines manipulativos. Un ejemplo es el “tratamiento de silencio”, que consiste en negarse a hablar con la otra persona. Su versión actual es el bloqueo en las redes sociales. Otro ejemplo consiste en hacer justo lo contrario: hablar sin parar para formar un “muro de palabras”  que no le permite a la otra persona expresarse. Formas más sutiles de incomunicación son el no querer escuchar, la comunicación agresiva y la comunicación pasiva. Esta última consiste en pretender que la otra persona nos lea la mente o adivine lo que queremos decir a base de indirectas, tono de voz o lenguaje corporal.

8. Mentiras - El peor tipo de incomunicación es cuando no se dice la verdad. Además, la mentira puede entenderse como una forma de privación de poder ya que la desinformación impide a la otra persona actuar de la forma más favorable para ella. La mentira se suele considerar la principal ofensa en la infidelidad conyugal, aunque a menudo esto es porque no se quiere reconocer el valor exagerado que nuestra cultura otorga a la exclusividad sexual. En realidad, cualquier tipo de mentira o falta de honestidad puede hacer daño en la pareja, ya que mina la confianza mutua.

9. Gaslighting” - “Gaslighting” en una forma extrema de abuso psicológico que consiste en la manipulación sistemática de la información que se suministra a otra persona. Así se va entretejiendo una red de mentiras, medias verdades, secretos y decepciones que generan un visión distorsionada de la realidad. Normalmente se hace con el fin de ocultar una situación de maltrato generalizado. Suele ocasionar un daño grave en la autoestima, incluso a hacer que la víctima llegue a cuestionar su propia cordura. El nombre viene de la obra de teatro Gas Light y de sus adaptaciones al cine.

10. Secretos - La cuestión de si se deben guardar secretos a nuestra pareja es sumamente delicada. Por un lado, todo el mundo tiene derecho a su privacidad; algunas cosas son tan íntimas que absolutamente nadie debe conocerlas. Por otro lado, el ocultar determinadas cosas que nuestra pareja tiene derecho a conocer para su propia seguridad puede ser equivalente a mentir por omisión. Los casos más claros son los de las enfermedades de transmisión sexual y la infidelidad.

11. Invadir la privacidad - Ésta es la otra cara de la moneda de los secretos. Todos tenemos derecho a revelar cosas de nosotros mismo si queremos, cuándo queramos y cómo queramos. También tenemos derecho a que lo que contamos a alguien no se transmita a terceras personas sin nuestro consentimiento. Como decía antes, no es legítimo guardar en secreto algunas cosas, pero eso no quiere decir que esté bien usar la fuerza o la coacción para forzarnos a desvelar un secreto. Un ejemplo de invasión de privacidad desgraciadamente frecuente hoy en día es buscar información en un móvil o en un ordenador sin permiso.

12. Quejas y reproches - Quejarse es algo normal y si algo no funciona bien en la pareja es esencial para la buena comunicación el decirlo. Pero hay muchas formas de decir las cosas. Cuando las quejas y los reproches se hacen con la intención de hacer que la otra persona se sienta culpable y avergonzada, entramos en el terreno del maltrato emocional. Los problemas hay que plantearlos en el momento adecuado, preferiblemente con tiempo de sobra para hablar sobre ello, sin ira y sobre todo sin ánimo de herir y ofender. Como en muchas otras cosas, la cantidad importa: una sarta interminable de reproches es indiscutiblemente abusiva. También hay que prestar atención a dos vicios relacionados con esto. El primero es el de ofenderse fácilmente, el estar a la que salta, de forma que la otra persona se tenga que estar autocensurando constantemente. Obviamente, la buena comunicación no puede darse así. El otro es el victimismo, el presentarse como víctima de abuso cuando en realidad no se es. Una de las mayores ironía del abuso psicológico es que el maltratador  suele presentarse como víctima, incluso estar convencido de que lo es.

13. Avergonzar - La vergüenza, incluso más que la culpa, es la emoción más destructiva de la autoestima. Sólo hay que pensar en todos los casos de adolescentes homosexuales que son llevados al suicidio por la vergüenza que evocan en ellos sus padres, su comunidad religiosa o sus compañeros de clase. Por eso, una de las formas más corrientes de maltrato emocional son los comentarios degradantes y las críticas continuas. Incluso la falta de alabanza cuando es merecida puede minar la autoestima de una persona. Si la persona a la que amamos no es capaz de reconocer nuestros méritos, ¿quién lo va a hacer? Un caso extremo es el llamado “cyber-bullying”, ciberacoso o acoso virtual: el acoso en las redes sociales de personas a base de avergonzarlas en público.

14. No disculparse - Todos tenemos que saber disculparnos, ya que todos cometemos errores. Una disculpa a tiempo puede significar la diferencia entre una pelea conyugal que se resuelve satisfactoriamente y otra que deja cicatrices emocionales para toda la vida. También puede suponer la diferencia entre percibir un error como un acto abusivo o como algo que se hizo sin malicia. La disculpa suele entrañar el reconocernos culpables del daño que hemos hecho, pero aunque no lo seamos todavía podemos disculparnos simplemente por haber participado en algo que hizo sufrir a quien amamos. Cuando en una pareja una persona se disculpa a menudo y la otra nunca es que algo marcha mal.

15. No perdonar - Las disculpas deben ser aceptadas, ya que el no hacerlo mina la dignidad de la persona que se ha disculpado. Esto no quiere decir que todo deba o pueda ser perdonado. De hecho, en muchas situaciones de maltrato nos encontramos con una forma patológica de perdón basada en la codependencia: la víctima constantemente perdona al maltratador, incluso inventando las disculpas más inverosímiles para el maltrato. Por lo tanto, una condición indispensable para perdonar debe ser que el acto a perdonar haya terminado ya. No se puede perdonar a quien persiste en su conducta. Pero, por otra parte, el no otorgar el perdón merecido puede convertirse en maltrato emocional al perpetuar el sentimiento de culpa de quien lo pide. Quizás lo más apropiado a hacer cuando no se puede perdonar a alguien es romper la relación, en vez de continuarla en la situación de desequilibrio de poder que supone el sentimiento de culpa. Una variante de este tema es cuando las disculpas son aceptadas pero utilizadas en el futuro una y otra vez para recordarle su culpabilidad a quien las ofreció. Esta manipulación de la disculpa es incompatible con el perdón sincero. Hay que saber pasar página.

16. Aislamiento social - En las sectas, una técnica muy común para crear dependencia emocional es la de separar a sus adeptos de su entorno de familia y de amigos. La víctima pierde así los elementos de referencia que le permitirían escapar de la adoctrinamiento de la secta. En una pareja se puede dar una situación similar cuando se quiere separar a la otra persona de sus amigos, normalmente por celos.

17. Presión social - También puede darse el caso de que una de las personas de la pareja se vea absorbida por los amigos y familiares de la otra, que por supuesto tendrán una opinión sesgada en caso de conflicto. La presión social también puede tomar la forma de normas culturales que favorecen a una persona más que a la otra. El machismo es un ejemplo de esto, como cuando la sociedad ve normal que el hombre controle el comportamiento de la mujer. Otro caso es cuando una de las personas de la pareja quiere practicar el BDSM o el poliamor, y la otra persona usa la normativa cultural para impedírselo. A veces esto toma la forma de lo que se denomina en inglés “slut-shaming” (“avergonzar a la zorra”), que consiste en provocar vergüenza a una mujer por su comportamiento sexual contraviniendo normas culturales.

18. Sabotaje - Hay veces en que no se respetan las obligaciones laborales, familiares y sociales de la otra persona en la pareja, de tal manera que se la perjudica indirectamente al impedirle cumplirlas. El caso más típico es cuando una pelea de pareja nos deja tan alterados que no podemos concentrarnos en el trabajo. En ese caso el sabotaje es involuntario e indirecto. Un paso más hacia una relación de maltrato es cuando alguien tiene tan poco respeto y consideración hacia su pareja que no pone el mínimo cuidado en respetar sus horarios de trabajo o el tiempo que le dedica a la familia o los amigos, apropiándose de todo ese tiempo y atención, por ejemplo, forzando citas o conversaciones telefónicas en momentos inoportunos. En situaciones extremas de abuso, el maltratador interfiere directamente con el trabajo o el entorno social de su víctima con acciones dedicadas directamente a destruirlos. Conozco el caso de un marido que llamó al jefe de su mujer diciéndole que ella dejaba el trabajo, en contra de los deseos de ella.

Supongo que muchas de estas cosas os resultarán familiares, bien porque las hayáis sufrido, bien porque las hayáis hecho. Desgraciadamente, son conductas usuales en la pareja. Al confeccionar esta lista no pretendo provocar ninguna caza de brujas. Hay que evitar caer en la auto-culpabilización, el miedo y la vergüenza que, al fin y al cabo, son la base del daño emocional que tratamos de evitar. Todos hemos tenido peleas de parejas en las que hemos intentado asustar y herir a la persona a la que amamos. Este tipo de peleas no deben considerarse como algo normal. Van dejando cicatrices que van socavando la relación, sentando la base para peleas posteriores y volviéndola cada vez menos saludable.

Estas formas de maltrato pueden llevarlas a cabo tanto hombres como mujeres. No quiero entrar aquí a discutir si se da más en un género que en el otro, aunque está claro que al ocurrir en una sociedad sexista hay que tener en cuenta el desequilibrio de poder que esto supone. Quizás los hombres seamos más dados a algunas formas de maltrato, como la coacción, el asustar y la incomunicación, y las mujeres a otras, como el chantaje emocional, los reproches y la presión social. Esto resultaría muy difícil de cuantificar.

Lo que sí me parece importante es señalar que en muchos casos el maltrato es mutuo, aun cuando es desigual. Es decir, que aunque una persona maltrate más que la otra, el contraataque y la venganza no están ni justificados éticamente ni suelen resultar efectivos. En la pareja, esto suele llevar a una intensificación del conflicto en una espiral de abuso creciente que acaba por convertir la relación en tóxica. Lo mejor que puede pasar en estos casos es que se llegue a la ruptura. Sin embargo, hay veces que se acaba por aceptar esta situación como normal: las dos personas están tan obcecadas en la búsqueda de poder que carecen de la claridad mental para salir de esa dinámica.

Claro que cuando estas conductas son profundas, maliciosas y generalizadas, con un profundo desequilibrio de poder entre las dos personas, se llega al abuso psicológico. Al contrario que el maltrato físico, el psicológico no deja marcas ni heridas, por lo que es insidioso y difícil de detectar. A menudo se desarrolla gradualmente y viene acompañado de situaciones de dependencia emocional, de forma que la víctima no reconoce su situación. Puede producir serios daños en la autoestima e incluso llevar al suicidio.

A cada cual le corresponde examinar cuidadosamente su conducta para ir eliminando todo elemento de maltrato. Cuando alguien nos abre el corazón eso lo vuelve extremadamente vulnerable, no debemos traicionar la confianza que se deposita en nosotros haciendo daño. El que lo hagamos de forma inconsciente o por ignorancia no nos disculpa. Si queremos que se nos ame de verdad, debemos aprender a amar. Y eso consiste en hacer feliz a nuestra pareja, no en hacerla sufrir.

martes, 21 de abril de 2015

No estás aquí para pasártelo bien

Continuación de la escena "¡Qué brazos tan fuertes tienes!" De mi nueva novela "Contracorriente (Escenas de poliamor)"

Entreabriendo los ojos, vio a Cecilia sentada en sus talones frente a ellos, mirándolos con ojos lastimeros.

-Está surtiendo efecto, eso de darme envidia -observó.

Beatriz se revolvió en sus brazos.

-¡Ay, perdona! -le dijo a Cecilia-. Se me había olvidado que es tu chico. ¡Qué tonta soy! ¡Si es que veo un hombre así y no me sé controlar! Pero no te preocupes, estoy segura de que tú le gustas mucho más que yo… Sólo soy una chica corriente, más bien feílla. Y encima me vuelvo un poco creída y me tienen que poner en mi sitio… ¡Soy tan estúpida! ¡Sí, estúpida, imbécil, zorra asquerosa…!

Julio la agarró por los hombros y la sacudió para hacerla callar. El tono de Beatriz había ido volviéndose gradualmente cada vez más violento.

-¡Silencio! ¡Aquí mando yo, y si quiero besarte te callas y te aguantas! ¿O tengo que pegarte otra vez?

-Es verdad, Beatriz -intervino Cecilia con voz calma-. Aquí manda él, que para eso es el dominante. A nosotras dos sólo nos queda aguantarnos con lo que quiera hacernos. Para eso me ha traído aquí, para ponerme celosa viendo las cosas que te hace. ¡Y prepárate, que no ha hecho más que empezar!

-No sé por qué digo esas tonterías… -dijo bajando la cabeza-. Seguro que pensáis que estoy loca.

-Loca no sé, pero sí que eres un pelín rara, Beatriz -le dijo con franqueza.

-En todo caso, no soy peligrosa.

-Sólo para ti, por lo visto -observó Cecilia. Le enseñó las muñequeras y tobilleras-. ¿Quieres que se las ponga?

-Sí, será mejor que la atemos antes de que nos haga otro destrozo. Teníamos que haberle hecho caso a Martina. Nos dijo que teníamos que tenerla atada todo el rato.

Cecilia empezó a ponerle las tobilleras.

-¡No me vendéis los ojos, por favor! Me gusta mucho veros.

-No pensaba hacerlo. Yo también quiero verte los ojos.

Le cogió la cara para mirárselos. Eran castaños, grandes y redondos. El ojo derecho se desvió hacia arriba.

-Tengo estrabismo. No me mires… Es muy feo, ya lo sé.

-Pues a mí me parece muy simpático… Tienes unos ojos preciosos, Beatriz.

-Es la primera vez en mi vida que alguien me dice eso… Sois muy buenos conmigo.

-¿Buenos? ¿Después de la paliza que te acabo de dar?

-Fue una azotaina severa, pero muy cariñosa.

-Has dejado de tartamudear  -observó Cecilia mientras le ponía una muñequera.

-Sólo tar-tar-tar… tartamudeo cuando estoy nerviosa.

-¿Y ya no lo estás? -le preguntó él.

-No… No hay nada como una buena paliza para calmarme los nervios.

-¡Menuda masoca estás hecha, Beatriz!

Recordó que le había prometido a Cecilia dejarla tomar la iniciativa. Quizás fuera mejor dejar ver qué se le ocurría hacer con Beatriz. Eso le daría algo de tiempo para hacer sus planes. Beatriz era mucho más imprevisible de lo que había pensado, necesitaba familiarizarse un poco más con ella antes de pasar a juegos más serios.

-Cecilia, ¿por qué no le explicas a esta mocosa cómo tiene que comportarse?

-¡Con mucho gusto, Julio!

Cecilia acabó de cerrar la última hebilla de la muñequera y, de un tirón, hizo que Beatriz se arrodillara en el suelo frente a ella.

-Lo primero que te tiene que quedar claro es que tú no estás aquí para pasártelo bien -le explicó-. Estás aquí para servir a Julio. Tu cuerpo será su juguete esta tarde.

-Sí claro, por supuesto… Perdona, no sé cómo se me ha podido olvidar… Es que es tan simpático que me he puesto a hablar con él como si tal cosa… ¡Qué tonta soy!

Cecilia le dio una bofetada, lo suficientemente fuerte para dejarla herida y desconcertada. Lentamente, se llevó la mano a la mejilla. Cecilia le pinzó los pezones entre el pulgar y el índice y se los retorció hasta hacerla gritar.

-¡Qué sea la última vez que te oigo decir que eres tonta o algo parecido! ¿Me oyes?

-¡Ayyy! Sí, sí, te oigo… ¡Ay, ay, ay, qué daño! ¡Suéltame, te lo suplico!

Cecilia le soltó los pezones. Beatriz se apresuró a cubrírselos con las manos, mirando a Cecilia con reverencia. Julio se sintió impresionado con la firmeza con la que Cecilia se había hecho con la total atención de Beatriz.

-Aquí el único que decide si eres tonta o lista es Julio, ¿te enteras? Si él te llama perra, tú ladras, y si te llama gatita, maúllas. Y, por supuesto, ni se te ocurra volver a pegarte… ¡Mira las marcas que te has dejado! -dijo señalando a las estría rojizas que tenía en los muslos-. Ahora Julio tendrá que dejar sus marcas encima de las que te has hecho tú. ¡Qué vergüenza! ¡Eso no lo hace una buena sumisa!

-Lo siento… Es que pensé que os habíais marchado.

-¡Cállate! Tus excusas no hacen sino empeorar la cosa. Venga, ayúdame a quitarle los zapatos a Julio.

La completa seguridad con la que Cecilia manejaba a Beatriz lo tenía fascinado. De alguna forma se las había apañado para comportarse como la más estricta de las dominantes sin restarle a él la más mínima autoridad. Al contrario, el poder de Cecilia aumentaba el suyo. No queriendo interrumpir la magia del momento, se limitó a mirarlas mientras, una en cada pie, le desataban los cordones y le quitaban los zapatos y luego los calcetines.

-Ahora bésale el pie… No, no lo mires a la cara, mírale sólo el pie… Así.

Cecilia se inclinó hacia delante y se puso a besarle el pie. Beatriz hizo lo propio, mirando a Cecilia de reojo con ansiedad. Como si fuera la cosa más natural del mundo, Cecilia le levantó el pie del suelo y se introdujo su dedo gordo en la boca, chupándoselo como si fuera una golosina. Beatriz la miraba con preocupación. Sin hacerle el menor caso, Cecilia se fue introduciendo en la boca, uno a uno, todos los dedos de su pie izquierdo. Tras un momento de vacilación, Beatriz se metió en la boca el dedo gordo de su otro pie. Desués de los primeros titubeos,  pronto estuvo lamiéndole el pie con la misma dedicación con que lo hacía Cecilia. La humedad y el calor de sus bocas le proporcionaba una sensación deliciosa, tremendamente erótica.

-¡Muy bien, Beatriz! -La animó Cecilia-. Creo que podré convertirte en una buena sumisa.

-Me gusta servir a tu chico. Gracias por enseñarme como tengo que hacerlo.

-Seguro que te han entrado ganas de chupar otra cosa, ¿a que sí?

Beatriz soltó una risita y se puso a lamerle la planta del pie, haciéndole cosquillas.

-Julio, ¿te importa que te desnudemos? -le preguntó Cecilia.

-No hace falta, ya me desnudo yo -dijo sacudiéndose a Beatriz del pie. Las cosquillas empezaban a hacérsele insoportables y no quería perder la dignidad.

-Vale, como quieras… ¡Tú, mocosa, no mires! ¡Date la vuelta! Ahora pon la cabeza en el suelo. ¡Levanta más ese culo! ¡Así! No te muevas hasta que te lo digamos.

La postura humillante de Beatriz le ofrecía una perfecta panorámica de sus nalgas sonrosadas enmarcando ese ano perfecto, ancho y liso. Lamentó que Martina le hubiera prohibido follárselo. Pero a lo mejor sí que podría jugar con él. La idea le puso la verga dura como una piedra justo cuando acababa de quitarse los calzoncillos. Cecilia la miró apreciativamente. Le indicó con un gesto que se volviera a sentar.

-Beatriz, date la vuelta, pero no levantes la cabeza del suelo.

Beatriz hizo lo que se le ordenaba. Cecilia le cogió las manos y se las unió tras la espalda con un mosquetón. Luego la hizo levantar la cara para obligarla a mirar la entrepierna de Julio.

-¡Joder, qué pedazo de polla! -exclamó Beatriz.

-Es bonita, ¿verdad? Tenemos que rendirle el debido respeto, como buenas sumisas. Así…

Cecilia se introdujo su verga en la boca y le propinó una de sus mejores caricias de lengua, levantándole escalofríos de placer por todo el cuerpo. Se le escapó un suspiro. Beatriz lo miraba, alelada.

Cecilia, soltándolo, la descubrió y le dio un bofetón.

-¡No mires a Julio a la cara, sólo a su polla! ¿Qué coño te crees que es esto, una peli porno? Te estaba enseñando lo que tienes que hacer y tú te quedas embobada. ¡Venga, a ver qué tal lo haces tú!

Sujetándole la polla con una mano, agarró a Beatriz por el pelo con la otra para conducirla hacia él.

-Saca la lengua y lámela… ¡Así! Ahora dale un besito, sólo con los labios… Chúpale un poco la puntita… Cuidado, no la toques con los dientes. ¿No te han enseñado cómo se hace esto? Mírame a mí.

Pronto las tuvo a las dos mejilla con mejilla, pasándole las lenguas por toda la polla, alternándose en chuparla. Cecilia controlaba la situación, agarrando su verga con una mano y el pelo de Beatriz con la otra, obligándola a prestar plena atención a lo que hacía. Tan pronto Beatriz se ponía a chuparlo con entusiasmo, Cecilia la separaba y se apoderaba posesivamente de él, dejándola frustrada y expectante. A pesar de lo mucho que disfrutaba del espectáculo, él mismo acabó por sentirse un juguete de los caprichos de Cecilia, atrapado en una montaña rusa de placer y frustración,.

-Ya sabes que a ti también te voy a dar lo tuyo -le advirtió a Cecilia, quien se sacó su verga de la boca y se la metió a Beatriz en la suya para contestarle:

-Por supuesto… Para eso hemos venido, ¿no?

domingo, 17 de noviembre de 2013

“50 Sombras de Grey” - ¿una historia de Dominación/sumisión o de maltrato?

Hace unos días escribí un artículo en este blog sobre Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de Dominación/sumisión. Al final del mismo se me ocurrió pensar en cuántos de los 12 puntos que cito ocurren en la relación entre Christian Grey y Anastasia Steele, los protagonistas de la famosa trilogía “50 Sombras de Grey”, sobre la que ya he escrito en mi otro artículo Por qué tiene tanto éxito "50 Sombras de Grey". Hagamos un análisis punto por punto…
  1. No respetar los límites de la sumisa. Grey claramente no los respeta, sino que ejerce una continua presión sobre Anastasia para que acepte una relación de D/s extrema (a tiempo completo o 24/7) para la que ella no está en absoluto preparada.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”. La “palabra de seguridad” aparece poco y tarde en la historia. No se menciona en el contrato que le ofrece Grey, ni él le recuerda que puede usarla antes de las sesiones. Por lo visto sí se usa en el tercer libro, el único que no he leído.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. No solo Anastasia en una completa novata, sino que ni siquiera tiene claro que le guste la D/s. Querer meter a una persona así en una relación de D/s a tiempo completo, con control total sobre su vida, es una absoluta barbaridad. Las cosas hubieran ido mucho mejor si Grey le hubiera ofrecido a Anastasia sesiones ligeras de sadomasoquismo, con azotes eróticos en el culo y algo de bondage. Al final la relación queda reducida a ese BDSM ultraligero, pero para entonces Grey ha perdido toda autoridad como Dominante y Anastasia se ha hecho con el control de la relación… Algo que, por cierto, no suele pasar en la vida real.
  4. Provocar sentimientos de culpa. Queda claro desde el principio que Grey es un hombre frágil y emocionalmente herido, a quien el simple contacto físico le puede ocasionar un ataque de ansiedad. Eso establece una dinámica en la que Anastasia no sólo tiene que cuidar de sus propios sentimientos, sino que tiene que responsabilizarse del sufrimiento de Grey. Eso la coloca en una situación de debilidad en la que su sentimiento de culpa puede ser usado para manipularla psicológicamente.
  5. Hacer a la sumisa romper con su entorno social. Si bien Grey no hace que Anastasia rompa completamente con su entorno social, continuamente se inmiscuye en él, interviniendo en su relación con sus padres y con su mejor amiga. Con los amigos masculinos de Anastasia Grey es mucho menos sutil: sus celos no admiten ningún posible rival.
  6. Aliarse con sus amigos para manipular a la sumisa. En esto Grey no se anda con chiquitas. Más que amigos, él tiene todo un ejército de guardaespaldas y empleados con los que espiar y acosar a Anastasia.
  7. Secretos. Tampoco aquí se anda Grey con sutilezas: le hace firmar a Anastasia un contrato legal en el que ella se compromete a guardar estricto secreto de todo lo que pasa entre ella y Grey. La consecuencia inmediata es que Anastasia no puede buscar consejo de su mejor amiga sobre el tipo de relación al que la quiere conducir Grey. Anastasia tiene miedo genuino de lo que le puede pasar si rompe ese contrato, con toda razón, dado cómo el sistema de justicia americano protege a los adinerados y desprotege a los pobres. Sin poder hablar con nadie de lo que la preocupa, Anastasia cae en el estado de confusión e indecisión típico de las víctimas de maltrato.
  8. Exageraciones y mentiras. Esto es algo que Grey no hace, pero es porque no lo necesita. Desde el principio está claro que él tiene más dinero y poder que nadie, y un ego del tamaño del Universo.
  9. Celos. Está claro que Grey, como muchos maltratadores, padece de celopatía. No soporta la idea de que ella quede con otro hombre, e incluso las amigas de Anastasia le dan celos. Cabe preguntarse si una de las razones por las que se siente atraído inicialmente por ella es porque es virgen y así él la podrá poseer completamente, será el único hombre en su vida.
  10. Falta de respeto por la mujer. Grey tiene problemas con las mujeres. empezando por su madre, una prostituta a quién él detesta y a quien culpa de los abusos que sufrió en la infancia. Siguiendo por Helena, “Ms. Robinson”, la mujer que lo inició en el BDSM y con quien mantiene una relación llena de ambigüedad y conflicto. Y acabando por la sumisa que tuvo antes de conocer a Anastasia, quien sufre de graves trastornos psicológicos… y no queda nada claro hasta qué punto esos trastornos derivan de su relación con Grey.
  11. Consumo de drogas. Grey no consume drogas, pero en la historia vemos cómo Anastasia se emborracha varias veces y eso le hace sucumbir a Grey.
  12. Tomar control de detalles esenciales de la vida de la mujer: dinero, trabajo, vivienda, etc. Ésta es precisamente una de las cosas más claras del modo de actuar de Grey. El contrato de sumisión que le quiere imponer a Anastasia le permitiría tomar control de los aspectos más nimios de su vida: sueño, dieta, ejercicio, salud… Cuando queda claro que ella no va a firmar ese contrato, Grey se empeña en asumir el control de detalles clave de su vida: el coche que conduce, el piso dónde vive… hasta se las arregla para comprar la empresa donde trabaja. Anastasia no puede romper con Grey sin descabalar completamente su futuro.
Bueno, ¿y qué? ¿Quiere decir esto que se trata de un libro inmoral? Hoy en día estamos acostumbrados a leer novelas con las cosas más horrendas que le pueden pasar a alguien. En la popular serie de novelas (llevada con gran éxito a la televisión) “Juego de Tronos” se describen con detalle asesinatos, mutilaciones, ejecuciones y torturas. Los “Juegos del Hambre”, una trilogía para adolescentes, también está llena de violencia, asesinatos y torturas. Y yo, para no ser menos, incluyo pasajes de violencia real y en absoluto consensual en mi trilogía “Voy a romperte en pedacitos”.

Y ahora, la peli...
El problema con “50 Sombras” es bastante sutil. Las reglas éticas que guían a todo escritor vienen a decir que está bien presentar actos de violencia y maldad siempre y cuando quede claro que el autor desaprueba de ellos. Existen varios mecanismos para hacerlo. Por ejemplo, se puede presentar la acción desde el punto de vista de la víctima para que el lector empatice con su sufrimiento. También se suele castigar al “malo”, reestableciendo el sentido de justicia en la historia (algo que, por desgracia, no suele ocurrir en la realidad). Aunque es cierto que “50 Sombras” está contada desde el punto de vista de Anastasia, que en este caso sería la víctima, la autora parece aprobar de la conducta de Grey. Quizás debería matizar esto un poco mejor: E. L. James desaprueba del BDSM, cree que es malsano y asigna a Anastasia la función de “liberar” a Christian Grey de sus perversiones. Sin embargo, está claro que la autora aprueba de la posesividad y los celos de Grey: los presenta como una señal de amor. Y le parece fenomenal todo lo que hace Grey para controlar y poseer a Anastasia, presentando su acoso como el colmo del romanticismo. Por supuesto, todo esto se refuerza con la presente normativa cultural sexista, según la cual está bien que el hombre controle a la mujer, es normal que el hombre tenga más poder que la mujer, los celos son señal de amor y toda la vida social de la mujer debe ponerse al servicio de la sacrosanta monogamia. Este es, precisamente, el problema de “50 Sombras”. Y lo peor de todo es que muchas mujeres se tragan ese mensaje sexista y conservador sin ningún reparo, y parten a la búsqueda de un Christian Grey multimillonario, narcisista y celópata que tome el control de sus vidas, no de la forma lúdica, sensata y consensuada de la D/s, sino de la forma opresiva, explotadora y machista a la que nos han acostumbrado siglos y más siglos de represión de la mujer.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión

Existen pocas cosas en las que todo el mundo esté de acuerdo en el mundo del BDSM, pero afortunadamente una de ellas es la necesidad de demarcar claramente la diferencia entre una relación BDSM sana y una relación basada en el abuso y la explotación. Para ello se ha llegado a un acuerdo basado en los parámetros de “seguro, sensato y consensual” (SSC). En líneas generales, esto quiere decir que no debe producirse lesiones físicas graves (“seguro”), que no debe haber daño ni manipulación emocional (“sensato”) y que todo lo que ocurre se realiza con el consentimiento de los participantes (“consensual”). Hay que admitir, de todas formas, que aún existe una cierta controversia sobre el significado exacto del SSC. Hay personas y parejas que quieren vivir el BDSM de forma extrema, lo que les lleva a hacer cosas que la mayoría juzgaría que rompen el SSC pero que dada la experiencia y la trayectoria personal de esas parejas pueden ser perfectamente éticas y legítimas. Sin embargo, hay otros casos en los que existe un claro abuso, maltrato y explotación. El leer varios ejemplos de esto en círculos BDSM de internet me ha llevado a escribir este artículo, que espero que sirva de punto de reflexión sobre este tema. No voy a hablar aquí de casos de violación y abuso sexual realizados con el uso descarado de la coacción y la violencia, sino de formas más sutiles de maltrato que se basan en la manipulación mental y que precisamente por eso pueden resultar más dañinas.

Creo que el maltrato dentro del mundo BDSM no es muy distinto del que se da en relaciones vainilla, y no existe evidencia de que sea más frecuente. Pero sí es verdad que por su propia naturaleza el BDSM facilita los maltratos. Primero, existen una serie de mitos y discursos sociales dentro de la cultura BDSM que dificultan el reconocimiento de la situación de maltrato. Segundo, la falta de aceptación del BDSM por la sociedad en general dificulta que las víctimas puedan denunciar el maltrato, pues para hacerlo deberán revelarse como aficionadas a estas “perversiones” y exponerse a ser doblemente victimizada por ello. Por otro lado, aunque se ha escrito mucho sobre el maltrato en la pareja, muchas de las descripciones que se hacen del maltratador invitan a pensar que las relaciones BDSM son abusivas, cuando esto está muy lejos de la realidad (como ya expliqué en este artículo Sadomasoquismo y violencia de género). Por estas razones, pienso que es muy importante abordar el tema del maltrato en el contexto exclusivo de una relación BDSM.


Con el ánimo de alertar a potenciales víctimas y de llamar la atención sobre el tema al colectivo BDSM, he confeccionado una lista de los síntomas que potencialmente pueden conducir a situaciones de abuso amparadas en un falso BDSM. Esta lista no pretende ser ni mucho menos exhaustiva y se basa en mis observaciones personales y en los comentarios que he ido leyendo por internet. Por lo tanto, debe considerarse sujeta a discusión y como un proyecto en curso. Las características no se refieren a comportamientos puntuales, sino modos de acción globales. El que una persona posea una o dos de ellas quizás no sea causa de alarma, pero varias juntas deben encender la luz roja. Me refiero al maltratador en género masculino y a la víctima en género femenino porque lo más frecuente es que el hombre maltrate a la mujer, pero eso no excluye que exista el abuso entre todo tipo de combinaciones de géneros.
  1. Considerar los límites de la sumisa como algo a superar. Una de las características esenciales del maltrato es que no se respete la consensualidad. El maltratador verá tus límites como un desafío al control absoluto que quiere ejercer sobre ti e intentará por todos medios desgastarlos o romperlos directamente.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”. La primera pista que suelen dar muchos maltratadores en el mundo BDSM es que objetan al uso de la palabra de seguridad. Es lógico que lo hagan, pues la palabra de seguridad es la mejor herramienta de la que dispone la sumisa para asegurarse de que se respeta su consentimiento en todo momento. Es cierto que hay parejas BDSM que no usan la palabra de seguridad, bien porque para ellos decir “¡para!” es suficiente, bien porque han evolucionado con el tiempo a una relación extrema de D/s donde la sumisa se abandona completamente en la confianza que deposita en el Dominante. La señal de peligro es cuando el Dominante se niega a que uses la palabra de seguridad al principio de una relación. Otras veces se dificulta el uso de la misma, exigiendo que se use lo menos posible, haciendo pagar un precio por su uso (decir que no eres lo suficientemente sumisa, terminar la sesión, mandarte a casa…), o respondiendo con enfados y peleas.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. Normalmente las relaciones BDSM progresan a través de varias etapas. Se empieza haciendo sesiones de juegos ligeros… unos pocos azotes, algo de bondage, ordenar algo que estás desando hacer de todas formas. A lo largo de meses, las sesiones se van haciendo más largas y más intensas, y algunos elementos empiezan a introducirse en la vida real. Si los dos participantes deciden evolucionar a una relación D/s de tiempo completo (también llamada 24/7), esto se va estableciendo de forma gradual, introduciendo órdenes y disciplinas una a una y explorando las consecuencias. Muchas parejas deciden no entrar en esa etapa. Muy pocas llegarán a la relación Amo/esclava, conviviendo en servidumbre total. El maltratador buscará saltarse toda esas etapas intermedias y establecer una relación D/s a tiempo completo de entrada, o incluso de Amo/esclava.
  4. Provocar sentimientos de culpa. El peor maltratador es el que usa métodos de manipulación psicológica para controlarte, y una de las formas más eficaces de hacerlo es a través del sentimiento de culpa. A veces te salen por donde menos te lo esperas. Por ejemplo, puede decirte que le has hecho mucho daño, que has herido sus sentimientos. Si, como haría cualquier persona normal, dices que lo sientes, establece una dinámica en la que continuamente tienes que expiar esa falta, además de tener que tener cuidado para no herir sus sentimientos otra vez. Eso te pone a la defensiva. Se cuestiona tu comportamiento, pero nunca el de él. Una de las acusaciones más frecuentes es que no eres suficientemente sumisa, que no te entregas completamente a él. La sumisión se convierte en una obligación, en algo que define tu valor como persona en lugar de ser una elección que haces porque te hace feliz.
  5. Hacerte romper con tu entorno social. Esta es una técnica muy usada por las sectas: se te convence de que tu familia y tus amigos no te convienen, que ellos tienen la culpa de lo mal que te ha ido hasta ahora. Tienes que romper con ellos e integrarte en el nuevo entorno social del maltratador. Con ello se te priva del referente de personas que te pueden aconsejar y se te pone en una situación de máxima vulnerabilidad psicológica.
  6. Aliarse con sus amigos para manipularte. Los maltratadores más sofisticados se arropan en un entorno de gente que piensa y hace como ellos. Confirman sus mutuas mentiras y pueden llegar a organizar elaborados esquemas de manipulación y presión psicológica. Se impone la “ley del rebaño” y nadie se atreve a romper la disciplina y la lealtad al grupo, aún enfrentados a situaciones moralmente repugnantes. También se suelen cultivar creencias y mitos colectivos (por ejemplo, la supremacía masculina) que justifican el comportamiento abusivo.
  7. Secretos. El maltratador enseguida te exigirá que guardes meticuloso secreto de todo lo que pase entre tú y él. Eso te privará de la posibilidad de buscar consejo y contrastar lo que él te hace con lo que hacen otras parejas o la comunidad BDSM. Es normal que algunas cosas queden en la privacidad del dormitorio, pero el excesivo secretismo debe ser una señal de alerta.
  8. Exageraciones y mentiras. Los maltratadores no suelen ser personas honestas, sino que viven rodeados de una espesa red de exageraciones, verdades a medias y mentiras. Eso suele tener la función de presentarlos como algo que no son en realidad. Te hará creer que es un hombre atractivo, que muchas mujeres están detrás de él, que tienes una gran suerte en que te haya elegido y que perderás muchísimo si te deja. Todo esto nace de la baja autoestima y la inseguridad que son el origen del comportamiento manipulador, que él compensa con un ego hipertrofiado que necesita ser apuntalado en todo momento.
  9. Celos. La posesividad y los celos suelen formar el núcleo central del maltrato, su fuente de origen. Si leemos cuidadosamente las noticias de esos crímenes en las parejas, siempre encontraremos que los celos juegan un papel fundamental en ellos. Los celos son una emoción normal que casi todo el mundo siente en un momento u otro de su vida. Lo que no es normal es que los celos se conviertan en una sospecha continua, en algo que influye en todas las cosas que se hacen. Una buena señal de que las cosas se están saliendo de madre son los celos retroactivos: que él no soporte la idea de que has tenido relaciones con otros hombres en tu pasado y querer hacerte admitir lo malas que fueron.
  10. Ataques y faltas de respeto a otras personas. “Si quieres saber cómo te tratará tu novio, mira cómo trata a su madre”, dice el saber popular. Si ves que él es una persona violenta y agresiva, que le falta al respeto a completos desconocidos por cualquier nimiedad, que empieza peleas de tráfico, en los bares o en los foros de internet, ¿qué te hace pensar que va a comportarse de forma distinta contigo en la intimidad? Presta especial atención a cómo trata a otras mujeres, y a cómo terminaron sus relaciones anteriores. Si además de todo eso empieza a tener explosiones de ira incontrolada cuando está contigo, es mejor que termines la relación cuanto antes.
  11. Consumo de drogas. Es sabido que el consumo de drogas es incompatible con las sesiones de BDSM, pues ésta requieren una mente clara y despejada por parte del dominante y la capacidad de procesar sensaciones y emociones de forma normal por parte de la sumisa. Sin embargo, no es raro encontrar dominantes que consumen drogas estimulantes como la cocaína y las anfetaminas para tener una experiencia más intensa y placentera. Por otra parte, la manera más fácil de abusar de una sumisa es inducirla a tomar drogas que disminuyen su capacidad crítica y debilitan su voluntad.
  12. Tomar control de detalles esenciales de tu vida: dinero, trabajo, vivienda, etc. Lo pueden hacer bajo el pretexto de hacerte un favor, de ayudarte a manejar tus finanzas y a encauzar tu vida. Algunas sumisas entran en la relación en una situación de debilidad económica. El peligro es claro: una vez que el maltratador controle alguno de estos aspectos esenciales de tu vida, escapar de la relación se volverá enormemente difícil. Requerirá ayuda externa, y si él también ha conseguido que rompas con tu entorno social, se volverá prácticamente imposible.
¿Qué hacer cuando se detectan estos síntomas? Si la relación está empezando y las señales son claras, lo mejor es cortarla lo antes posible. Sin embargo, el romper no es siempre la mejor opción y hay relaciones que merecen la pena ser rescatadas. En ese caso mi consejo sería limitar drásticamente la relación D/s hasta que puedan establecerse parámetros más seguros: cambiar la sumisión a tiempo completo (24/7) por juego en sesiones; establecer límites claros y una palabra de seguridad; que la sumisa retome el control sobre su vida y sus relaciones; que el Dominante analice su actitud y sus motivos, etc. Si es posible, es bueno integrarse en una comunidad BDSM, participando en reuniones y buscando amistades que entiendan la dinámica D/s y puedan prestar consejo. No hay que ver las cosas en términos de blanco y negro, bueno y malo. Sí, hay maltratadores que no van a ser reformados fácilmente. Pero también hay hombres confundidos, ignorantes, con actitudes emocionales malsanas, o que han asumido mitos sin darse cuenta de las consecuencias que tienen. Estos últimos se alegrarán a la larga de ser educados en cómo practicar el BDSM de forma segura, sensata y consensual.

Referencias:

Jozifkova E (2013) Consensual sadomasochistic sex (BDSM): the roots, the risks, and the distinctions between BDSM and violence. Curr Psychiatry Rep 15:392.
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23933978
http://download.springer.com/static/pdf/581/art%253A10.1007%252Fs11920-013-0392-1.pdf?auth66=1395426681_0faec7450aa5a553251808bf04e8a055&ext=.pdf

martes, 30 de abril de 2013

Poliamor: preguntas y respuestas


Hace unos meses, la sexóloga Sylvia de Béjar me invitó a escribir una entrada en su blog sobre poliamor. Acepté encantado. Decidimos que lo mejor sería hacerlo en formato entrevista, en la que ella me haría algunas preguntas que yo iría contestando. La entrevista estaba acabada y yo esperaba con cierta impaciencia el día en que se publicaría, cuando hace un par de días Sylvia decidió que no iba a continuar con su blog. Me dijo que quizás sería mejor que la publicara en el mío. Es una pena, pues yo no tengo ni mucho menos la audiencia que tiene Sylvia. De todas formas, aquí está…

¿Qué diferencia el poliamor de las relaciones abiertas?

En ambos casos se rompe la exclusividad sexual sin el secretismo y las mentiras que conlleva la infidelidad, pero difieren en que en las relaciones abiertas los miembros de la pareja no se permiten enamorarse de terceras personas. Por eso, éstas aventuras suelen ser esporádicas y temporales, ya que de prolongarse se verían como una amenaza. Por el contrario, el poliamor, como su propio nombre indica, consiste en establecer relaciones románticas fuera de la pareja donde hay amor además de sexo. A menudo, estas relaciones suponen una alternativa completamente distinta a la pareja tradicional. Por ejemplo, una estructura bastante frecuente es un trío formado por dos mujeres bisexuales y un hombre. En este caso no hay una pareja que tenga supremacía, sino que las tres personas participan en el trío en pie de igualdad. También hay tríos de dos hombres y una mujer, tríos homosexuales de tres hombres o tres mujeres, cuaternas formadas por la unión de dos parejas heterosexuales, etc. En definitiva, mientras que las parejas abiertas son arreglos transitorios y que suelen excluir el amor con terceros, el poliamor son acuerdos a largo plazo donde el amor es una parte esencial de la relación.

Pero, no necesariamente conviven bajo el mismo techo o tienen que relacionarse todos entre sí…

No, por supuesto. En el lenguaje de los poliamoristas, tres personas pueden formar un triángulo, con relaciones por los tres lados, o una V, donde la persona que está en el vértice se relaciona con las otras dos, que no tienen relaciones sexuales entre ellas. Sin embargo, sí que es importante que haya comunicación y al menos una cierta amistad entre todas las personas involucradas. Mi esposa y mi amante son amigas y a veces incluso quedan para verse en mi ausencia, pero no son amantes. En cuanto a lo de vivir bajo un mismo techo, puede ocurrir o no. Ten en cuenta de que estas relaciones, como todas, evolucionan en el tiempo y el amante que al principio estaba algo alejado puede llegar a convertirse en parte de la familia con el tiempo. Es importante enfatizar que existe una enorme variedad de relaciones de poliamor, no sólo por pura cuestión de complejidad matemática, sino porque cada familia poliamorista se basa en distintas ideas y valores.

Es inevitable preguntarte sobre tu mujer. ¿Acaso no tiene amantes?

Ahora mismo, no. Pero sí que los tuvo, y es posible que los vuelva a tener. De un tiempo a esta parte no está en la onda de tener aventuras sexuales. Por otro lado, mi amante tiene otros dos amantes, aunque por ahora yo soy su relación principal... Lógicamente, sería injusto que hubiera libertad para mí y no para ellas. Pero tampoco debemos pensar que el poliamor se hace sólo como un intercambio de libertades: yo te dejo tener relaciones si tú me dejas a mí. Eso sería un tanto mezquino. El poliamor se practica porque se cree en la libertad de amar fuera de la pareja convencional, independientemente de si uno quiere hacerlo o no. Y sí que hay parejas en las una persona es monógama y la otra practica el poliamor. Es simplemente que cada persona tiene necesidades distintas.

¿Y qué pasa con los celos? Los imagino inevitables.

No son inevitables. Por ejemplo, yo no soy nada celoso. Tendría que remontarme a mi adolescencia para recordar la última vez que tuve celos de verdad. Y no soy el único, muchas personas que practican el poliamor aseguran no sentir celos, o sentirlos muy rara vez. Pero muchos poliamoristas los sienten. Lo que pasan es que se aceptan como una emoción más, no algo que tenga que ocasionar un problema con nuestra pareja, o incluso la ruptura. Pasa lo mismo que con la ira: nos enfadamos, pero luego se nos pasa y las cosas vuelven a la normalidad. Sin embargo, existe el mito de que los celos son una señal de amor, lo que no es verdad. En la cultura del poliamor los celos son señal de que algo va mal, de que hay inseguridad, falta de comunicación. Yo suelo comentar con mi esposa, o con mi amante, las relaciones que he tenido con otras mujeres, o que ellas han tenido con otros hombres, y nos reímos, o nos aconsejamos... a veces hasta nos excitamos con eso.

Habrá quien lo considere aberrante: ¡para colmo se excitan contándoselo!

¿Y por qué no? Cada vez hay más parejas que disfrutan viendo películas eróticas o pornografía juntos. Así puedes llegar a conocer el deseo de tu pareja y establecer una relación de complicidad y de intimidad. Cuando ya no existe la barrera de los celos, contarse mutuamente aventuras sexuales no es algo distinto a compartir fantasías sexuales. Lo cierto es que la variedad enriquece la vida sexual. Desde que me eché una amante, disfruto más del sexo con mi esposa... ¡Y ella también!

Volvamos a lo serio... Me resulta fácil entender tu punto de vista si me planteo que lo lógico es que si amamos a una persona, lo que queramos es que ella sea feliz...

Para los que practicamos el poliamor, esa es la mayor prueba de amor que se puede ofrecer. El verdadero amor es desear que la persona a quien amas sea feliz, aunque sean otros quien la ayuden a serlo. Y no es un sacrificio, uno puede llegar a alegrarse de eso. En inglés se ha creado una palabra para definir la emoción de alegrarse cuando la persona a la que amas es amada por otros: se le llama "compersion". A veces también se usa para referirse a que te excite cuando tu amada hace el amor con otro. Es lo opuesto de los celos, si quieres. De todas formas, tampoco quiero idealizar el poliamor... Se dan problemas, y es normal que surjan los celos. Pero he visto muchos casos de "compersion", en mis relaciones y en las de otros.

Está claro que entendéis la fidelidad de otra manera....

Sí, aunque en esto, como en muchas otras cosas, no hay unanimidad de opiniones entre los que practicamos el poliamor. Por un lado están los que optan por la "poli-fidelidad", es decir, que acuerdan no mantener relaciones sexuales fuera de su tríada, cuaterna, etc. Por el otro está lo que podríamos llamar "poli-promiscuidad" en el que no hay ningún tipo de acuerdo de exclusividad sexual. Entre los dos extremos existen un número muy grande de posibilidades. Por ejemplo, los miembros de una familia poliamorista pueden acordar tener derecho de veto sobre las nuevas relaciones de los otros miembros. A veces se dan relaciones de poliamor abiertas (sin llegar a ser enteramente promiscuas) que acaban abarcando a un número considerable de personas. Se las llama "tribus". Por ejemplo, A tiene una relación de poliamor con B y C, pero C tiene a D y E como amantes, y resulta que a D le ha gustado B y se lo ha montado con él, etc, etc. Yo creo que lo importante es romper la fijación en quién se acuesta con quién, y pensar más en los problemas éticos de ser honesto, no mentir, saber escuchar, no tener una actitud explotadora de usar a los demás, y estar ahí cuando tus amantes te necesitan. Para mí, esa es la auténtica fidelidad.

¿Y qué pasa con los hijos?

Ese es un tema delicado, que cada cual soluciona de manera distinta dependiendo de la situación concreta. No es lo mismo una pareja nuclear con amantes fuera de casa que una tríada que viven juntos con sus hijos. En el primer caso, y si son niños, se les puede decir simplemente que “mamá va a ver a su amigo”… a fin de cuentas, no les solemos contar a los hijos los detalles de nuestra vida sexual. En el segundo caso, o cuando los hijos son adolescentes, lo mejor es explicarles el tema a fondo, teniendo en cuenta su edad. Muchos padres poliamoristas ven como algo muy positivo el servir de modelo de relaciones sin posesividad ni celos para sus hijos.

¿Cómo encajáis socialmente? ¿Os aceptan?

Por ahora no hay muchos problemas, porque pasamos bastante desapercibidos al ser pocos, pero si esto se generaliza y mucha gente adopta este estilo de vida, yo creo que se puede armar una buena. Date cuenta de que suponemos una amenaza más seria al matrimonio y a la pareja convencional que la homosexualidad, porque al fin de cuentas los homosexuales siempre serán una parte minoritaria de la población, mientras que el poliamor se puede extender de forma muy amplia. Y aunque mucha gente no se apunte, puede influir para que cambie cómo se ven las relaciones de pareja, la exclusividad sexual, los celos, etc. Todo eso va a generar resistencia, pero yo estoy convencido de que aportará cambios sociales muy positivos.

Tal como lo cuentas, parece muy fácil, pero seguro que hay muchos problemas

¡Ya lo creo que los hay! Leyendo en los foros de poliamor, y en mi propia experiencia, uno de los problemas más comunes es la dinámica de primario-secundario, que se da cuando un amante nuevo se une a una pareja nuclear. A los miembros de la pareja preexistente se les suele llamar “primarios”, mientras que la nueva amante es “secundaria”. Se establece así un desequilibrio de derechos, pues los primarios pueden imponer los parámetros de la relación al secundario/a, lo que puede ser injusto y llegar a hacerle daño.  El fenómeno opuesto, que puede llegar a ser un problema, es lo que se llama “energía de relación nueva”: el enorme interés y atracción que genera la novedad de un nuevo amante. La persona que estaba antes en la relación puede sentir que se la quiere menos, cuando no es verdad. Estos problemas son mucho más fáciles de manejar si uno participa en la comunidad de poliamor y se informa bien antes de meterse en estas aventuras. El poliamor requiere estabilidad emocional, capacidad de comunicación y el tener muy claros una serie de valores éticos. No es un juego, sino una posibilidad de crecimiento y transformación personal.

domingo, 3 de marzo de 2013

Sadomasoquismo y violencia de género



Viene en el periódico El Mundo que Rosario Ballester, la coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer en Huelva, acusa al sadomasoquismo, y en particular a la popular novela erótica “50 Sombras de Grey”, de promover la violencia de género. 

"El Instituto Andaluz de la Mujer vincula las 'Sombras de Grey' con la violencia de género"
http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/27/andalucia/1359302899.html
 
Afortunadamente, los comentarios de los lectores reflejan casi unánimemente su indignación ante semejante aserción. Una excepción, sin embargo, es la lectora que firma con el pseudónimo de LeeRemick (comentarios 22-25, 38-40). Dejando a un lado los ataques a los zapatos de tacón, que no vienen al caso, éstas son las cosas que dice LeeRemick sobre el sadomasoquismo:

“El s/m es una parafilia (sadismo y masoquismo sexual, respectivamente) por lo tanto no se debería hacer apología, como de la pedofilia o pederastia. Me ha llamado la atención en la Sexta una psicóloga diciendo que esto es distinto a la violencia machista porque es consentido ¿acaso el maltrato doméstico no es a menudo consentido durante años? Se están anteponiendo los deseos y fantasías sexuales de las personas en la industria del porno y la literatura erótica (que ya sabemos que incluyen violaciones, etc), en vez del bien común y la educación social dirigida a la prevención de delitos sexuales y eso es un grave error. Luego la gente se pregunta cómo hay tanto detenido en las operaciones de pornografía infantil... hombre, es que debe haber prevención (la apología de la pederastia en España no es delito), solo a base de cárcel o multas, no se hace nada. La gente no tendría las fantasías sexuales aberrantes que tiene si la industria del porno y la cultura sexual que hay (que en Europa arrastramos desde el marqués de Sade) fuera diferente. (…) No hay que olvidar que a veces ambos miembros de la pareja no son parafilicos en el sentido s/m (a veces uno es el sádico y empuja al otro a la sumisión); o sea, que la normalización social de las parafilas es un error en tanto que si tu pareja es sádica, no le puedes mandar a terapia (y menos con los psicólogos progres que tenemos ahora, que todo lo ven normal a menos que "no haya consentimiento" como si lo legal se equiparara a lo normal), si no que la única alternativa que te dan es la adaptación a su parafilia (masoquismo).”

Creo que vale la pena analizar cada una de estas afirmaciones por separado:

1.      La supuesta relación entre el sadomasoquismo y la pornografía infantil. No existe tal relación; ésta es una acusación falsa que se hace a menudo contras formas de sexualidad que se no se pueden condenar con otros argumentos. Cabe recordar que durante décadas se acusó a los homosexuales de ser pederastas. Ahora sabemos a ciencia cierta quienes son los auténticos pederastas: precisamente muchos de los curas que hacían tales acusaciones.

2.      La industria porno causa el sadomasoquismo. Esta es una simple confusión de causa y efecto. Si no existieran gente con fantasías sadomasoquistas, no habría pornografía sadomasoquista. Y a la inversa: a los que no tienen tendencias sadomasoquistas no les gusta este tipo de pornografía. Finalmente, si el sadomasoquismo no es malo, tampoco tiene porque serlo la pornografía S/M.

3.      Si uno de los miembros de una pareja es sádico eso condena al otro miembro a ser masoquista. No es verdad. Eso implicaría una relación S/M no consentida, lo que es condenado por la inmensa mayoría de los sadomasoquistas.

4.      “Si tu pareja es sádica, no le puedes mandar a terapia”. ¡Pues claro que no! Hacerlo sería una grave violación de su libertad personal.

5.      El maltrato doméstico a menudo es consentido, por lo que el consentimiento no disculpa las prácticas sadomasoquistas. He dejado esto para el final porque es quizás el argumento más convincente. Creo que esto es algo a lo que los que defendemos el S/M deberíamos prestar más atención.

Es cierto que en numerosos casos de violencia de género se crea una relación de codependencia donde la mujer disculpa o “perdona” al hombre que la maltrata. Sin embargo, esto es muy distinto del consentimiento que se requiere en las relaciones sadomasoquistas. En el S/M el consentimiento ha de darse antes de la sesión, y puede retirarse en cualquier momento con el uso de una palabra de seguridad. Por el contrario, el maltrato ocurre sin ningún consentimiento previo y la maltratada es incapaz de interrumpirlo.

Todos los que estamos en contacto con el mundo S/M sabemos que las sesiones S/M tienen lugar de una manera completamente distinta al maltrato. Se dan con un espíritu lúdico, ritual y controlado, no de ira, celos o venganza. El sádico no está enfadado con la sumisa, aunque a veces finja estarlo. Cada golpe está perfectamente estudiado para conseguir un determinado efecto, sin que se produzca daño grave o más dolor que el que quiera soportar el masoquista. Porque hay que recordar que el consentimiento es sólo uno de los tres parámetros que hacen que el S/M se desarrolle de una forma ética. Los otros dos parámetros son seguridad y cordura (“safe, sane and consensual” en inglés). La seguridad consiste precisamente en que no se produzcan lesiones graves (daño a los músculos, órganos internos, huesos o articulaciones). Para ello el sádico debe de aprender cómo realizar estas prácticas de forma segura: cómo pegar, cómo atar, cómo usar los distintos implementos. La cordura consiste en que tampoco debe haber daño emocional o psicológico. En particular, el dominante se abstendrá de usar las debilidades emocionales de la sumisa para coartar su libertad o crear dependencia. Los requisitos de seguridad y cordura deben cumplirse sobreañadidos al requisito de consentimiento del masoquista. Es decir, que no se debe hacer nada que no sea seguro o cuerdo aunque la sumisa consienta a ello, o incluso lo pida.

Por el contrario, en la violencia doméstica el maltratador pierde el control sobre sus actos; está presa de una ira irracional. A menudo está borracho, bajo el efecto de drogas o presa de un ataque de celos. Golpea sin ton ni son, sin preocuparse del daño que ocasiona o incluso deseando causar el mayor daño posible. Y las disculpas o el “perdón” de la maltratada no son más que evidencia de un abuso emocional que ha creado una situación de dependencia. No pueden confundirse con el consentimiento dado de antemano.

Por supuesto, no existen garantías de que todas las relaciones S/M cumplan estos requisitos. Pero la mayoría sí lo hacen, porque se ha creado una cultura y una comunidad BDSM a nivel internacional que lo exige. Y, de no cumplirse, la propia comunidad BDSM es la primera en marginalizar a los infractores y denunciarlos como maltratadores. A fin de cuentas, los masoquistas también forman parte de esa comunidad y es en su propio interés que se respeten estas normas.

lunes, 14 de enero de 2013

¿Se pueden evitar los celos?


De todas las emociones negativas y destructivas que se pueden tener, los celos son sin duda la que cuenta con mejor prensa. Las novelas, las películas, las series de televisión… todas están de acuerdo en reafirmar la misma creencia: los celos son una parte inevitable de toda relación amorosa. Muchas veces se va incluso más lejos, para afirmar que los celos son una señal de amor. Sin embargo, los celos son la causa de una desmesurada cantidad de sufrimiento. Muchas parejas entran en una dinámica de celos, sospechas, prohibiciones y lucha por la libertad que a menudo llevan a la destrucción de la relación. Lo vemos por todas partes: infidelidad sexual que lleva inmediatamente al divorcio, dejando una estela de familias rotas y niños que tienen que aprender a luchar para mantener su relación con sus dos padres. En los casos más extremos, los celos son la causa de la violencia de género que produce un daño extremo, incluso la muerte, a muchas mujeres.

¿Es verdad que los celos son una parte inevitable de la naturaleza humana? ¿Que tenemos que aceptarlos como centinelas de la sacrosanta pareja monógama? ¿O es posible amar dejando que la persona que amamos sea amada por otros? Cada vez más gente elige vivir en relaciones que desafían al canon de la monogamia, como las parejas abiertas y el poliamor. Sí, es verdad que aún en este tipo de relaciones también se dan los celos, pero no se aceptan como algo positivo, sino como un obstáculo a vencer. 

El primer paso para evitar los celos es comprenderlos. Para empezar, hay varios tipos distintos de celos…

1.      Celos de sexo. Los más corrientes. Surgen cuando nuestra pareja tiene relaciones sexuales, o desea tenerlas, con otra persona. Se suelen manifestar como asco al imaginar a la persona amada follando con otro o con otra: nos fijamos en la repulsión que nos produce un cuerpo extraño en contacto con el cuerpo que deseamos. También provoca ira hacia el rival y hacia nuestro compañero o compañera, que puede llevar, como es bien sabido, hasta la violencia física y el asesinato. Hoy se especula que este tipo de celos se da más en los hombres que en las mujeres y pueden estar relacionados con la hormona social vasopresina, que produce un apego basado en la posesividad y la territorialidad.

2.      Celos de amor. Algunas personas pueden tolerar que su pareja tenga relaciones sexuales, siempre y cuando se mantengan en un nivel superficial y no lleven al enamoramiento. Otras veces los celos de amor se dan al mismo tiempo que los celos de sexo, sólo que el sexo con otra persona se rechaza más que nada porque tememos que es una señal de amor. Aunque también despiertan la ira, los celos de amor suelen venir acompañados de tristeza, desesperanza y pérdida de la seguridad en uno mismo. Cabe especular que son más propios de la mujer que del hombre y que están relacionados con la oxitocina que, como la vasopresina, motiva el comportamiento monógamo. Sin embargo, al contrario que la vasopresina, el apego que produce la oxitocina se basa más en el deseo de amparar que en la posesividad.

3.      Envidia. A veces es difícil distinguir la envidia de los celos. Por ejemplo, si a mí me gusta Fulanita y ella empieza a salir con otro, lo que siento hacia él se debería llamar envidia, ya que al no tener yo una relación con Fulanita, no habría celos propiamente dichos. Casos más claros serían, por ejemplo, cuando se envidia el amor que vemos en otra pareja.

Existen varias razones para pensar que los celos no son inevitables. La más convincente es que existen hoy en día miles de personas que practican la pareja abierta y la poliamoría, y que no sienten celos cuando su amado o amada tienes relaciones sexuales con otros (celos de sexo), o incluso cuando se enamora de otra (celos de amor). Pero, ¿no será esto porque algunas personas son naturalmente no-monógamas? Desde que se descubrió el papel que juegan la oxitocina y la vasopresina en la monogamia (véase mi blog anterior sobre la oxitocina), se ha especulado que hay personas que producen una mayor cantidad de estos péptidos (o de sus receptores) y son naturalmente monógamas, mientras que otras personas serían naturalmente “infieles” por la razón contraria. Personalmente, prefiero creer que el ser humano tiene la capacidad de controlar sus propios sentimientos y estilo de vida, y no es un simple esclavo de su bioquímica.

No nos confundamos, no estoy diciendo que las emociones se pueden controlar a base de un esfuerzo de la voluntad. Al contrario: una vez presente en nuestra mente, cualquier emoción es muy difícil de suprimir. Si estamos enfadados, o tristes, o asqueados, seguramente seguiremos así durante un tiempo. Pero también es verdad que las emociones se pueden controlar evitando que aparezcan en primer lugar, o acortando su duración a base de no alimentarlas si ya han aparecido. En el caso concreto de los celos, si hemos decidido vivir sin ellos podemos introducir una serie de cambios en nuestra forma de pensar que a la larga los hagan menos frecuentes y menos dolorosos, llegando incluso a hacerlos desaparecer. Esto es lo que yo aconsejaría…

1.      Examina tus creencias. Si sigues convencido de que tienes la obligación de estar celoso, de que los celos contribuyen a la estabilidad de la pareja, o de que son una señal de amor, difícilmente podrás evitarlos.

2.      Si te sientes celosa, reconócelo. Primero, delante de ti misma, y luego cuéntaselo a tu pareja. Pero esto no quiere decir que reacciones con ira o culpabilizándola. Al contrario, si le haces saber que a pesar de estar celoso luchas por evitarlo, la tendrás de tu lado.

3.      Si sientes celos de sexo, examina esa imágenes que te producen tanta repugnancia. A la mayor parte de la gente les excita la imagen de dos personas haciendo el amor. ¿Por qué no sentir lo mismo si la imagen incluye a la persona a la que quieres? ¿Qué detalles en la imagen de tu amada haciendo el amor con otro te dan asco? 

4.      Toma conciencia de toda esa propaganda encubierta a favor de los celos con las que se nos bombardea a diario. 

5.      Niégate a participar en esas convenciones sociales que refuerzan la idea de los celos como algo positivo: el hablar de “cuernos”, de “infidelidad”, de “engaño”, para referirse a las relaciones sexuales fuera del corsé de la monogamia.

6.       El sexo es sólo eso: sexo. No es engaño si no se miente sobre ello. No es infidelidad si mantenemos el amor y la lealtad a nuestra pareja, si la tratamos con respeto y con cariño.

7.      Los celos de amor suelen ser un síntoma de inseguridad. Ese miedo a ser abandonada, a que te dejen de querer, viene de una baja autoestima. Si estuvieras segura de que eres lo mejor para él, no tendrías tanto miedo a que te abandone.

8.      Nunca se te ocurra poner celosa a tu pareja para asegurarte su amor. Sólo conseguirás lo contrario: que la sospecha y la mentira se instalen en tu relación.

9.      ¿Qué hay de malo en que alguien quiera a la persona que tú quieres? Si es tan maravillosa, y tú la quieres, ¿por qué no la va a querer alguien más? 

10.  El amor no se rige por las leyes de la aritmética. No es que tengamos una cantidad fija de amor que haya que repartir entre varias personas. El amor no es cuantificable. Por lo tanto, cuando tu pareja le da a alguien su amor, no te lo quita a ti. 

11.  Existe una emoción positiva opuesta a los celos. En inglés se le ha llamado “compersion”, por lo que quizás la podamos traducir al castellano como “compersión”. Se refiere a la alegría que se siente cuando la persona a la que amamos es amada por otros. Incluso a excitarse sexualmente con la imagen de nuestra pareja haciendo el amor con otros. Si alguna vez sientes algo así, aprécialo. La compersión anuncia el fin de los celos. 

Quizás todo esto te parezca utópico, absurdo. Pero lo cierto es que cada vez somos más los que vivimos sin celos. Hablamos con nuestra mujer sin pudor de las chicas que nos gustan. Nos tomamos una cerveza con nuestra amante y sonreímos mientras ella nos cuenta su aventura sexual de la noche anterior. Es una forma bonita de vivir porque, en definitiva, vivir rodeados de amor no puede ser malo… aunque ese amor no vaya siempre dirigido a nosotros.