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domingo, 4 de diciembre de 2016

El hombre más deseado (de acuerdo con la novela romántica)

Las novelas románticas son escritas en su inmensa mayoría por mujeres y son leídas por mujeres. Representan uno de los géneros más leídos y más vendidos, sobre todo como libros electrónicos. El libro A Billion Wicked Thoughts propone que analizar los contenidos de las novelas románticas nos puede ofrecer una buena perspectiva sobre el deseo sexual femenino. De hecho, el contenido de las novelas románticas es muy similar y siempre se usan los mismos estereotipos.

Entonces, ¿cómo sería el hombre más deseado por las mujeres, según nos lo presenta la novela romántica?
  • Es un macho alfa: poderoso, adinerado, respetado, inteligente, competente y dominante. Los otros hombres lo consideran un líder y las mujeres quieren cazarlo. 
  • Es agresivo. Se enfrenta al reto de otros hombres y les gana la partida. No tolera que se le desafíe o se le falte al respeto. No se deja manipular por las mujeres. 
  • Es bueno, con un sentido de lo que es ético y la fortaleza suficiente para luchar por ello. Pero siempre a su manera. 
  • Tiene un fuerte deseo sexual. Sabe lo que quiere en el terreno sexual y sabe como conseguirlo. Tiene mucha experiencia y es capaz de hacer gozar a la mujer, pero no pone cortapisas a la búsqueda de su propio placer. Espera que la mujer se someta a él sexualmente. 
  • Su deseo por la heroína de la novela es intenso, casi obsesivo. Una vez que se ha fijado en ella, para él ya no existen las otras mujeres. Ella se convierte en algo especial, en su objeto de veneración. 
  • Es sexualmente promiscuo, pero en le fondo eso no lo satisface. Su amor por la protagonista lo vuelve monógamo. 
  • Tiene una herida oculta, algo que lo hace sufrir profundamente y que sólo la mujer a la que ama puede curar. Ella es su salvación. 
  • Esa curación le produce una transformación en la que revela que bajo toda ese poder y agresividad tiene un corazón muy tierno, que es capaz de abrir completamente a la heroína.  
La trama de la novela romántica es entonces muy simple: la protagonista es rescatada por su héroe quien en el proceso se enamora de ella. Superadas las dificultades iniciales causadas por su excesiva agresividad, la protagonista acaba por encontrar la herida oculta de su amado y le muestra que puede curarlo. Eternamente agradecido, nuestro héroe promete amarla hasta el fin de los tiempos... Y vivieron felices y comieron perdices. 

Por supuesto, muchas de estas cosas chocan con los ideales feministas. Cabe preguntarse entonces si este ideal de hombre viene determinado por la cultura o si tiene algo de innato. La segunda posibilidad viene apoyada por el hecho de que este ideal aparece en muchas culturas, desde la antigüedad hasta nuestros días. Claro que casi todas las culturas han sido patriarcales, así que puede ser que este ideal de las mujeres esté condicionado por ese tipo de sociedad. Lo que está claro es que varias de estas características no son beneficiosas para las mujeres, que al buscar este tipo de ideal acaban eligiendo hombres demasiado egoístas, narcisistas y agresivos. Por lo tanto, haría falta escribir otro tipo de novela romántica que presente un ideal distinto de hombre y de las relaciones de pareja. El problema es que este tipo de novela se vende menos porque no se ajusta a las expectativas de las mujeres. No las pone. Habrá que seguir intentándolo. 


viernes, 8 de agosto de 2014

Las bases éticas del poliamor: consentimiento, reciprocidad, honestidad y seguridad

Una cuaterna de poliamor
Uno de los libros claves sobre poliamor
Todavía hay poca gente que entienda lo que es el poliamor. La mayoría lo confunde con la promiscuidad, la poligamia o el intercambio de pareja. Existen varios libros escritos sobre el tema, aunque desgraciadamente muy pocos en español. Y, de todas formas, no se puede esperar que el público general los lea o emplee mucho tiempo en informarse. Por eso he querido condensar en este breve artículo lo que es el poliamor, haciendo hincapié en por qué es una alternativa ética a la monogamia y a su secuela, la infidelidad.

El poliamor se podría definir como un nuevo tipo de relación amorosa basado en la no-exclusividad sexual y amorosa. La no-exclusividad sexual consiste en aceptar que la persona a la que amamos pueda tener relaciones sexuales con otras personas. Sin embargo, esto no es lo mismo que la promiscuidad indiscriminada, ya que en la mayoría de las relaciones de poliamor las relaciones sexuales se limitan a un grupo reducido de personas o incluso a una única tercera persona (polifidelidad). Cada familia de poliamor establece sus propias reglas a este respecto. La no-exclusividad amorosa quiere decir que aparte de tener relaciones sexuales con más de una persona, también es posible, incluso deseable, el amar a más de una persona. De ahí le viene el nombre al poliamor: más de un amor. Esta libertad de enamorarse de más de una persona es lo que distingue al poliamor de las parejas abiertas y del intercambio de pareja (los llamados “swingers” o “mundo liberal”), ya que en ese tipo de relaciones se permite el sexo con otros siempre que uno no se enamore de ellos. Es decir, se han superado los celos de sexo pero no los de amor. Por el contrario, en la cultura de poliamor se le da una gran importancia a la capacidad de amar y mantener relaciones duraderas con varias personas.

Para mucha gente que practica el poliamor, es fundamental que sea una forma ética de vivir, alejada de la explotación, el sexismo y la falta de honestidad que plagan las relaciones monógamas tradicionales. Sin embargo, esto no es nada fácil, pues en vez de gestionar la relación entre dos personas ahora hay que tener en cuenta a varias. Encima, no todas las relaciones en un grupo de poliamor tienen la misma intensidad o madurez: unas están empezando mientras otras tienen un historial de años; unas son de convivencia mientras otras funcionan a base de citas espaciadas en el tiempo. A pesar de todo, he intentado recoger aquí cuatro condiciones básicas que definen el que una relación de poliamor sea ética, un poco como el “seguro, sensato y consensuado” que demarcan los límites entre el BDSM y el matrato.

1.    Consentimiento: Una relación de poliamor debe producirse entre personas que consienten libremente a tenerla. No valen presiones ni chantajes de ningún tipo. Pero, ¡cuidado!, que lo recíproco también es cierto: no se debe imponer una relación monógama a alguien en contra de su voluntad. Y eso es precisamente lo que ha venido haciendo la sociedad desde hace mucho tiempo: usar todo tipo de presiones para imponer la monogamia.

2.    Reciprocidad: Las reglas son las mismas para todo el mundo. Es decir, que si él es libre de follar o de enamorarse de otras, ella tiene los mismos privilegios. Lo contrario sería injusto y explotador. Por supuesto, puede suceder que un miembro de una pareja le otorgue libertad sexual al otro sin desear usar el mismo privilegio, pero eso es una decisión personal suya que debe poder abrogar en cualquier momento. Esto es lo que distingue al poliamor de la poligamia, donde no existe reciprocidad: un hombre puede tener varias mujeres, pero una mujer no puede tener varios hombres... ¡y ni se te ocurra pensar en relaciones homosexuales en una cultura polígama!

3.   Honestidad: Todo el que participa en una relación de poliamor debe tener acceso a todo lo que necesite saber sobre dicha relación. Es decir, que no caben ni secretos ni mentiras. El poder ser honesto sobre los propios deseos y sentimientos es una de las cosas más valiosas que se gana con el pacto de no-exclusividad. Ya no hay motivos para engañar ni para ocultar nada, ni que has follado con Fulanita ni que te has enamorado de Menganito. Existen, por supuesto, unos ciertos límites a lo que debe ser revelado, ya que todo el mundo tiene derecho a una cierta privacidad, pero lo importante es que todo el mundo sepa lo que ocurre en el grupo familia de poliamor que le concierne. Quizás no necesite saber en qué posturas follásteis ayer noche, pero sí necesito saber que follásteis.

En el poliamor también hay sitio para los hijos
4.    Seguridad: La relación de poliamor no debe causar daño físico o mental a los participantes. No quiero diferenciar aquí entre la seguridad física (“seguro” en el BDSM) y la seguridad mental y emocional (“sensato” en el BDSM), ya que creo que en el poliamor existe un continuo entre estas dos cosas. La seguridad incluye, por supuesto, la protección contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS), ante las que existe un mayor riesgo en el poliamor. Esto debe incluir no sólo el uso de barreras como los condones, sino también revisiones médicas periódicas (al menos una vez al año) que incluyan un panel sobre todas las ETS comunes. El poliamor conlleva también claros riesgos emocionales que deben ser asumidos por todo el que se interna por estos derroteros. Si bien la presencia de varias personas que nos aman supone una mayor ayuda frente a los problemas, los conflictos de relación también se multiplican con el número de personas: no sólo me afecta el que te pelees conmigo, sino también el que te pelees con tu otro amante. Es frecuente oír la queja de que el poliamor está lleno de “dramas”. Por todo eso, es importante entrar en este tipo de relaciones con el firme propósito de no comprometer la estabilidad emocional de la gente de nuestro grupo de poliamor.

domingo, 17 de noviembre de 2013

“50 Sombras de Grey” - ¿una historia de Dominación/sumisión o de maltrato?

Hace unos días escribí un artículo en este blog sobre Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de Dominación/sumisión. Al final del mismo se me ocurrió pensar en cuántos de los 12 puntos que cito ocurren en la relación entre Christian Grey y Anastasia Steele, los protagonistas de la famosa trilogía “50 Sombras de Grey”, sobre la que ya he escrito en mi otro artículo Por qué tiene tanto éxito "50 Sombras de Grey". Hagamos un análisis punto por punto…
  1. No respetar los límites de la sumisa. Grey claramente no los respeta, sino que ejerce una continua presión sobre Anastasia para que acepte una relación de D/s extrema (a tiempo completo o 24/7) para la que ella no está en absoluto preparada.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”. La “palabra de seguridad” aparece poco y tarde en la historia. No se menciona en el contrato que le ofrece Grey, ni él le recuerda que puede usarla antes de las sesiones. Por lo visto sí se usa en el tercer libro, el único que no he leído.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. No solo Anastasia en una completa novata, sino que ni siquiera tiene claro que le guste la D/s. Querer meter a una persona así en una relación de D/s a tiempo completo, con control total sobre su vida, es una absoluta barbaridad. Las cosas hubieran ido mucho mejor si Grey le hubiera ofrecido a Anastasia sesiones ligeras de sadomasoquismo, con azotes eróticos en el culo y algo de bondage. Al final la relación queda reducida a ese BDSM ultraligero, pero para entonces Grey ha perdido toda autoridad como Dominante y Anastasia se ha hecho con el control de la relación… Algo que, por cierto, no suele pasar en la vida real.
  4. Provocar sentimientos de culpa. Queda claro desde el principio que Grey es un hombre frágil y emocionalmente herido, a quien el simple contacto físico le puede ocasionar un ataque de ansiedad. Eso establece una dinámica en la que Anastasia no sólo tiene que cuidar de sus propios sentimientos, sino que tiene que responsabilizarse del sufrimiento de Grey. Eso la coloca en una situación de debilidad en la que su sentimiento de culpa puede ser usado para manipularla psicológicamente.
  5. Hacer a la sumisa romper con su entorno social. Si bien Grey no hace que Anastasia rompa completamente con su entorno social, continuamente se inmiscuye en él, interviniendo en su relación con sus padres y con su mejor amiga. Con los amigos masculinos de Anastasia Grey es mucho menos sutil: sus celos no admiten ningún posible rival.
  6. Aliarse con sus amigos para manipular a la sumisa. En esto Grey no se anda con chiquitas. Más que amigos, él tiene todo un ejército de guardaespaldas y empleados con los que espiar y acosar a Anastasia.
  7. Secretos. Tampoco aquí se anda Grey con sutilezas: le hace firmar a Anastasia un contrato legal en el que ella se compromete a guardar estricto secreto de todo lo que pasa entre ella y Grey. La consecuencia inmediata es que Anastasia no puede buscar consejo de su mejor amiga sobre el tipo de relación al que la quiere conducir Grey. Anastasia tiene miedo genuino de lo que le puede pasar si rompe ese contrato, con toda razón, dado cómo el sistema de justicia americano protege a los adinerados y desprotege a los pobres. Sin poder hablar con nadie de lo que la preocupa, Anastasia cae en el estado de confusión e indecisión típico de las víctimas de maltrato.
  8. Exageraciones y mentiras. Esto es algo que Grey no hace, pero es porque no lo necesita. Desde el principio está claro que él tiene más dinero y poder que nadie, y un ego del tamaño del Universo.
  9. Celos. Está claro que Grey, como muchos maltratadores, padece de celopatía. No soporta la idea de que ella quede con otro hombre, e incluso las amigas de Anastasia le dan celos. Cabe preguntarse si una de las razones por las que se siente atraído inicialmente por ella es porque es virgen y así él la podrá poseer completamente, será el único hombre en su vida.
  10. Falta de respeto por la mujer. Grey tiene problemas con las mujeres. empezando por su madre, una prostituta a quién él detesta y a quien culpa de los abusos que sufrió en la infancia. Siguiendo por Helena, “Ms. Robinson”, la mujer que lo inició en el BDSM y con quien mantiene una relación llena de ambigüedad y conflicto. Y acabando por la sumisa que tuvo antes de conocer a Anastasia, quien sufre de graves trastornos psicológicos… y no queda nada claro hasta qué punto esos trastornos derivan de su relación con Grey.
  11. Consumo de drogas. Grey no consume drogas, pero en la historia vemos cómo Anastasia se emborracha varias veces y eso le hace sucumbir a Grey.
  12. Tomar control de detalles esenciales de la vida de la mujer: dinero, trabajo, vivienda, etc. Ésta es precisamente una de las cosas más claras del modo de actuar de Grey. El contrato de sumisión que le quiere imponer a Anastasia le permitiría tomar control de los aspectos más nimios de su vida: sueño, dieta, ejercicio, salud… Cuando queda claro que ella no va a firmar ese contrato, Grey se empeña en asumir el control de detalles clave de su vida: el coche que conduce, el piso dónde vive… hasta se las arregla para comprar la empresa donde trabaja. Anastasia no puede romper con Grey sin descabalar completamente su futuro.
Bueno, ¿y qué? ¿Quiere decir esto que se trata de un libro inmoral? Hoy en día estamos acostumbrados a leer novelas con las cosas más horrendas que le pueden pasar a alguien. En la popular serie de novelas (llevada con gran éxito a la televisión) “Juego de Tronos” se describen con detalle asesinatos, mutilaciones, ejecuciones y torturas. Los “Juegos del Hambre”, una trilogía para adolescentes, también está llena de violencia, asesinatos y torturas. Y yo, para no ser menos, incluyo pasajes de violencia real y en absoluto consensual en mi trilogía “Voy a romperte en pedacitos”.

Y ahora, la peli...
El problema con “50 Sombras” es bastante sutil. Las reglas éticas que guían a todo escritor vienen a decir que está bien presentar actos de violencia y maldad siempre y cuando quede claro que el autor desaprueba de ellos. Existen varios mecanismos para hacerlo. Por ejemplo, se puede presentar la acción desde el punto de vista de la víctima para que el lector empatice con su sufrimiento. También se suele castigar al “malo”, reestableciendo el sentido de justicia en la historia (algo que, por desgracia, no suele ocurrir en la realidad). Aunque es cierto que “50 Sombras” está contada desde el punto de vista de Anastasia, que en este caso sería la víctima, la autora parece aprobar de la conducta de Grey. Quizás debería matizar esto un poco mejor: E. L. James desaprueba del BDSM, cree que es malsano y asigna a Anastasia la función de “liberar” a Christian Grey de sus perversiones. Sin embargo, está claro que la autora aprueba de la posesividad y los celos de Grey: los presenta como una señal de amor. Y le parece fenomenal todo lo que hace Grey para controlar y poseer a Anastasia, presentando su acoso como el colmo del romanticismo. Por supuesto, todo esto se refuerza con la presente normativa cultural sexista, según la cual está bien que el hombre controle a la mujer, es normal que el hombre tenga más poder que la mujer, los celos son señal de amor y toda la vida social de la mujer debe ponerse al servicio de la sacrosanta monogamia. Este es, precisamente, el problema de “50 Sombras”. Y lo peor de todo es que muchas mujeres se tragan ese mensaje sexista y conservador sin ningún reparo, y parten a la búsqueda de un Christian Grey multimillonario, narcisista y celópata que tome el control de sus vidas, no de la forma lúdica, sensata y consensuada de la D/s, sino de la forma opresiva, explotadora y machista a la que nos han acostumbrado siglos y más siglos de represión de la mujer.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Encuentro de varios centenares de practicantes del poliamor en Los Ángeles

Se conoce popularmente como el “Pool Party” - la Fiesta de la Piscina - y tiene lugar una o dos veces al año en una mansión de Brentwood con un amplio jardín trasero y piscina - de ahí el nombre. Está organizado por el Grupo MeetUp de Poliamor del Sur de California, aunque la casa donde se celebra es la residencia privada de Krishna, Eddie y Angel, que así prestan su generoso apoyo a la comunidad poliamorista. Brentwood es una lujosa zona residencial de Los Ángeles Occidental (“West LA”), situada al pie de las Montañas de Santa Mónica, entre la ciudad de Santa Mónica y el enclave aún más lujoso de Bel-Air.

En internet se anunciaba que asistirían más de 300 personas. Mi mujer y yo llegamos puntualmente a las siete y la enorme mansión estaba ya llena de bote en bote. Después de dejar los zapatos en la pila de calzado junto a la puerta, nos abrimos paso como pudimos hasta el salón. Junto  la pared, una fila de personas sostenían papeles anunciando los grupos de discusión que se reunirían de 7 a 9. Incluían “Poly 101”, “¿Soy poliamorista?”, “Celos y comunicación”, “Familias de poliamor”, “Grupo de mujeres”, “Poliamor y BDSM” y varios que simplemente decían “Discusión abierta”. El de “Poliamor y BDSM” lo moderaba Deborah, la organizadora de este grupo MeetUp y a quien yo conocía de otras reuniones, así que nos apuntamos. Sin embargo, la discusión en ese grupo resultó decepcionante: había una dominatriz y un dominante profesionales que enseguida acapararon la conversación y parecían dispuestos a no dejar participar a nadie más. Cansados de escucharlos hablar sobre lo buenos que eran como dominantes, lo malos que eran todos los demás y la cantidad de sumisos y sumisas que tenían, decidimos probar suerte con los otros grupos. Después de dar varias vueltas, nos quedamos en el de “Familias de poliamor”, donde tenía lugar una discusión verdaderamente fascinante. Muchos de los participantes eran personas que había vivido en familias de poliamor durante mucho tiempo y habían educado en ellas a sus hijos. La conversación giraba en torno a los distintos problemas que esto presentaba… Cómo reaccionan los niños ante la presencia de varios adultos en la casa que asumen funciones de padres. Cómo explican su situación familiar en el colegio. Qué pasa cuando uno de los adultos abandona la relación. Y, muy importante, problemas legales que pueden ocurrir con esta situación. Una de las participantes era Terry Lee Brussels, fundadora del veterano grupo de poliamor “Live the Dream”. Nos contó una conmovedora historia de cómo, a raíz de la denuncia de un vecino, le habían quitado a sus hijos durante 9 meses. Tras una dura batalla legal consiguió no sólo que le devolvieran a sus hijos, sino cambiar la ley para que evitar este tipo de situaciones. Otros participantes contribuyeron historias parecidas, y se llegó a la conclusión que los poliamoristas debíamos organizarnos en grupos de solidaridad para luchar por nuestros derechos. Rachel, una atractiva rubia que moderaba el grupo, comentó que ella había organizado un grupo de familias poliamoristas con niños, que se reunían periódicamente en su casa. En él, mientras los padres conversan sobre temas de poliamor, los niños juegan juntos y comprueban que su tipo de familia no es algo tan raro.

A las nueve, los grupos de discusión se desbandaron y comenzó la fiesta. En la cocina había comida y bebida abundante. En una terraza varias personas bailaban animadamente. Pero lo que más nos llamó la atención fue la piscina, llena a rebosar de gente desnuda. Se nos había advertido que no habría sexo - ésta no era una reunión de swingers - pero lo que sí había eran muchos abrazos y besos colectivos. Un grupo de chicos jóvenes se pasaban a una chica de unos brazos a otros, besándola cada uno. Pero no todos eran jóvenes, porque si había algo de especial en esta fiesta era la gran variedad de sus participantes. Había gente de todas la razas: blancos, afro-americanos y asiáticos… hasta pudimos conversar en español con varios latinoamericanos. La edad parecía oscilar entre jóvenes de 20 años hasta gente mayor, pasados los 60. Muchos se conocían de reuniones anteriores y, a juzgar por la profusión de besos y abrazos, en muchos casos se trataba de un conocimiento bastante íntimo.

El problema con el poliamor es que cuando hablas con la gente tienes que abandonar el esquema convencional de la pareja. Te hablan de su esposa, de su amante, del amante de la esposa, del ex que los dejó hace un año… A no ser que prestes cuidadosa atención, enseguida acabas hecho un lío y no sabes muy bien de quién están hablando. Es como una especie de viaje al futuro, a un escenario de ciencia-ficción donde las reglas sociales por la que nos movemos habitualmente están cambiadas de raíz. De hecho, a los poliamoristas les encanta la ciencia-ficción, y citan más a menudo a Robert A. Heinlein, autor de las novelas que describen relaciones de poliamor “Stranger in a Strange Land” y “The Moon is a Harsh Mistress”, que a Dossie Easton y Janet Hardy, las autoras del famoso tratado de poliamor “The Ethical Slut” (traducido al español como “Ética Promiscua”). Y es que el poliamor es algo mucho más profundo que hacer un intercambio de parejas de vez en cuando o que tener una pareja abierta. En una auténtica familia de poliamor la “pareja” ha quedado muy atrás; son un grupo de tres, cuatro o más personas que no sólo follan entre ellas, sino que tienen entre ellos relaciones emocionales tan profundas como la de cualquier marido-mujer tradicional. Se me quedó grabada una frase que le oí decir a una mujer en la fiesta: “Tener una relación de poliamor contigo quiere decir que si tienes hambre te daré de comer; si estás sólo te haré compañía; si no tienes casa puedes venirte a vivir conmigo, y si necesitas sexo puedes follar conmigo”.

martes, 30 de abril de 2013

Poliamor: preguntas y respuestas


Hace unos meses, la sexóloga Sylvia de Béjar me invitó a escribir una entrada en su blog sobre poliamor. Acepté encantado. Decidimos que lo mejor sería hacerlo en formato entrevista, en la que ella me haría algunas preguntas que yo iría contestando. La entrevista estaba acabada y yo esperaba con cierta impaciencia el día en que se publicaría, cuando hace un par de días Sylvia decidió que no iba a continuar con su blog. Me dijo que quizás sería mejor que la publicara en el mío. Es una pena, pues yo no tengo ni mucho menos la audiencia que tiene Sylvia. De todas formas, aquí está…

¿Qué diferencia el poliamor de las relaciones abiertas?

En ambos casos se rompe la exclusividad sexual sin el secretismo y las mentiras que conlleva la infidelidad, pero difieren en que en las relaciones abiertas los miembros de la pareja no se permiten enamorarse de terceras personas. Por eso, éstas aventuras suelen ser esporádicas y temporales, ya que de prolongarse se verían como una amenaza. Por el contrario, el poliamor, como su propio nombre indica, consiste en establecer relaciones románticas fuera de la pareja donde hay amor además de sexo. A menudo, estas relaciones suponen una alternativa completamente distinta a la pareja tradicional. Por ejemplo, una estructura bastante frecuente es un trío formado por dos mujeres bisexuales y un hombre. En este caso no hay una pareja que tenga supremacía, sino que las tres personas participan en el trío en pie de igualdad. También hay tríos de dos hombres y una mujer, tríos homosexuales de tres hombres o tres mujeres, cuaternas formadas por la unión de dos parejas heterosexuales, etc. En definitiva, mientras que las parejas abiertas son arreglos transitorios y que suelen excluir el amor con terceros, el poliamor son acuerdos a largo plazo donde el amor es una parte esencial de la relación.

Pero, no necesariamente conviven bajo el mismo techo o tienen que relacionarse todos entre sí…

No, por supuesto. En el lenguaje de los poliamoristas, tres personas pueden formar un triángulo, con relaciones por los tres lados, o una V, donde la persona que está en el vértice se relaciona con las otras dos, que no tienen relaciones sexuales entre ellas. Sin embargo, sí que es importante que haya comunicación y al menos una cierta amistad entre todas las personas involucradas. Mi esposa y mi amante son amigas y a veces incluso quedan para verse en mi ausencia, pero no son amantes. En cuanto a lo de vivir bajo un mismo techo, puede ocurrir o no. Ten en cuenta de que estas relaciones, como todas, evolucionan en el tiempo y el amante que al principio estaba algo alejado puede llegar a convertirse en parte de la familia con el tiempo. Es importante enfatizar que existe una enorme variedad de relaciones de poliamor, no sólo por pura cuestión de complejidad matemática, sino porque cada familia poliamorista se basa en distintas ideas y valores.

Es inevitable preguntarte sobre tu mujer. ¿Acaso no tiene amantes?

Ahora mismo, no. Pero sí que los tuvo, y es posible que los vuelva a tener. De un tiempo a esta parte no está en la onda de tener aventuras sexuales. Por otro lado, mi amante tiene otros dos amantes, aunque por ahora yo soy su relación principal... Lógicamente, sería injusto que hubiera libertad para mí y no para ellas. Pero tampoco debemos pensar que el poliamor se hace sólo como un intercambio de libertades: yo te dejo tener relaciones si tú me dejas a mí. Eso sería un tanto mezquino. El poliamor se practica porque se cree en la libertad de amar fuera de la pareja convencional, independientemente de si uno quiere hacerlo o no. Y sí que hay parejas en las una persona es monógama y la otra practica el poliamor. Es simplemente que cada persona tiene necesidades distintas.

¿Y qué pasa con los celos? Los imagino inevitables.

No son inevitables. Por ejemplo, yo no soy nada celoso. Tendría que remontarme a mi adolescencia para recordar la última vez que tuve celos de verdad. Y no soy el único, muchas personas que practican el poliamor aseguran no sentir celos, o sentirlos muy rara vez. Pero muchos poliamoristas los sienten. Lo que pasan es que se aceptan como una emoción más, no algo que tenga que ocasionar un problema con nuestra pareja, o incluso la ruptura. Pasa lo mismo que con la ira: nos enfadamos, pero luego se nos pasa y las cosas vuelven a la normalidad. Sin embargo, existe el mito de que los celos son una señal de amor, lo que no es verdad. En la cultura del poliamor los celos son señal de que algo va mal, de que hay inseguridad, falta de comunicación. Yo suelo comentar con mi esposa, o con mi amante, las relaciones que he tenido con otras mujeres, o que ellas han tenido con otros hombres, y nos reímos, o nos aconsejamos... a veces hasta nos excitamos con eso.

Habrá quien lo considere aberrante: ¡para colmo se excitan contándoselo!

¿Y por qué no? Cada vez hay más parejas que disfrutan viendo películas eróticas o pornografía juntos. Así puedes llegar a conocer el deseo de tu pareja y establecer una relación de complicidad y de intimidad. Cuando ya no existe la barrera de los celos, contarse mutuamente aventuras sexuales no es algo distinto a compartir fantasías sexuales. Lo cierto es que la variedad enriquece la vida sexual. Desde que me eché una amante, disfruto más del sexo con mi esposa... ¡Y ella también!

Volvamos a lo serio... Me resulta fácil entender tu punto de vista si me planteo que lo lógico es que si amamos a una persona, lo que queramos es que ella sea feliz...

Para los que practicamos el poliamor, esa es la mayor prueba de amor que se puede ofrecer. El verdadero amor es desear que la persona a quien amas sea feliz, aunque sean otros quien la ayuden a serlo. Y no es un sacrificio, uno puede llegar a alegrarse de eso. En inglés se ha creado una palabra para definir la emoción de alegrarse cuando la persona a la que amas es amada por otros: se le llama "compersion". A veces también se usa para referirse a que te excite cuando tu amada hace el amor con otro. Es lo opuesto de los celos, si quieres. De todas formas, tampoco quiero idealizar el poliamor... Se dan problemas, y es normal que surjan los celos. Pero he visto muchos casos de "compersion", en mis relaciones y en las de otros.

Está claro que entendéis la fidelidad de otra manera....

Sí, aunque en esto, como en muchas otras cosas, no hay unanimidad de opiniones entre los que practicamos el poliamor. Por un lado están los que optan por la "poli-fidelidad", es decir, que acuerdan no mantener relaciones sexuales fuera de su tríada, cuaterna, etc. Por el otro está lo que podríamos llamar "poli-promiscuidad" en el que no hay ningún tipo de acuerdo de exclusividad sexual. Entre los dos extremos existen un número muy grande de posibilidades. Por ejemplo, los miembros de una familia poliamorista pueden acordar tener derecho de veto sobre las nuevas relaciones de los otros miembros. A veces se dan relaciones de poliamor abiertas (sin llegar a ser enteramente promiscuas) que acaban abarcando a un número considerable de personas. Se las llama "tribus". Por ejemplo, A tiene una relación de poliamor con B y C, pero C tiene a D y E como amantes, y resulta que a D le ha gustado B y se lo ha montado con él, etc, etc. Yo creo que lo importante es romper la fijación en quién se acuesta con quién, y pensar más en los problemas éticos de ser honesto, no mentir, saber escuchar, no tener una actitud explotadora de usar a los demás, y estar ahí cuando tus amantes te necesitan. Para mí, esa es la auténtica fidelidad.

¿Y qué pasa con los hijos?

Ese es un tema delicado, que cada cual soluciona de manera distinta dependiendo de la situación concreta. No es lo mismo una pareja nuclear con amantes fuera de casa que una tríada que viven juntos con sus hijos. En el primer caso, y si son niños, se les puede decir simplemente que “mamá va a ver a su amigo”… a fin de cuentas, no les solemos contar a los hijos los detalles de nuestra vida sexual. En el segundo caso, o cuando los hijos son adolescentes, lo mejor es explicarles el tema a fondo, teniendo en cuenta su edad. Muchos padres poliamoristas ven como algo muy positivo el servir de modelo de relaciones sin posesividad ni celos para sus hijos.

¿Cómo encajáis socialmente? ¿Os aceptan?

Por ahora no hay muchos problemas, porque pasamos bastante desapercibidos al ser pocos, pero si esto se generaliza y mucha gente adopta este estilo de vida, yo creo que se puede armar una buena. Date cuenta de que suponemos una amenaza más seria al matrimonio y a la pareja convencional que la homosexualidad, porque al fin de cuentas los homosexuales siempre serán una parte minoritaria de la población, mientras que el poliamor se puede extender de forma muy amplia. Y aunque mucha gente no se apunte, puede influir para que cambie cómo se ven las relaciones de pareja, la exclusividad sexual, los celos, etc. Todo eso va a generar resistencia, pero yo estoy convencido de que aportará cambios sociales muy positivos.

Tal como lo cuentas, parece muy fácil, pero seguro que hay muchos problemas

¡Ya lo creo que los hay! Leyendo en los foros de poliamor, y en mi propia experiencia, uno de los problemas más comunes es la dinámica de primario-secundario, que se da cuando un amante nuevo se une a una pareja nuclear. A los miembros de la pareja preexistente se les suele llamar “primarios”, mientras que la nueva amante es “secundaria”. Se establece así un desequilibrio de derechos, pues los primarios pueden imponer los parámetros de la relación al secundario/a, lo que puede ser injusto y llegar a hacerle daño.  El fenómeno opuesto, que puede llegar a ser un problema, es lo que se llama “energía de relación nueva”: el enorme interés y atracción que genera la novedad de un nuevo amante. La persona que estaba antes en la relación puede sentir que se la quiere menos, cuando no es verdad. Estos problemas son mucho más fáciles de manejar si uno participa en la comunidad de poliamor y se informa bien antes de meterse en estas aventuras. El poliamor requiere estabilidad emocional, capacidad de comunicación y el tener muy claros una serie de valores éticos. No es un juego, sino una posibilidad de crecimiento y transformación personal.

lunes, 14 de enero de 2013

¿Se pueden evitar los celos?


De todas las emociones negativas y destructivas que se pueden tener, los celos son sin duda la que cuenta con mejor prensa. Las novelas, las películas, las series de televisión… todas están de acuerdo en reafirmar la misma creencia: los celos son una parte inevitable de toda relación amorosa. Muchas veces se va incluso más lejos, para afirmar que los celos son una señal de amor. Sin embargo, los celos son la causa de una desmesurada cantidad de sufrimiento. Muchas parejas entran en una dinámica de celos, sospechas, prohibiciones y lucha por la libertad que a menudo llevan a la destrucción de la relación. Lo vemos por todas partes: infidelidad sexual que lleva inmediatamente al divorcio, dejando una estela de familias rotas y niños que tienen que aprender a luchar para mantener su relación con sus dos padres. En los casos más extremos, los celos son la causa de la violencia de género que produce un daño extremo, incluso la muerte, a muchas mujeres.

¿Es verdad que los celos son una parte inevitable de la naturaleza humana? ¿Que tenemos que aceptarlos como centinelas de la sacrosanta pareja monógama? ¿O es posible amar dejando que la persona que amamos sea amada por otros? Cada vez más gente elige vivir en relaciones que desafían al canon de la monogamia, como las parejas abiertas y el poliamor. Sí, es verdad que aún en este tipo de relaciones también se dan los celos, pero no se aceptan como algo positivo, sino como un obstáculo a vencer. 

El primer paso para evitar los celos es comprenderlos. Para empezar, hay varios tipos distintos de celos…

1.      Celos de sexo. Los más corrientes. Surgen cuando nuestra pareja tiene relaciones sexuales, o desea tenerlas, con otra persona. Se suelen manifestar como asco al imaginar a la persona amada follando con otro o con otra: nos fijamos en la repulsión que nos produce un cuerpo extraño en contacto con el cuerpo que deseamos. También provoca ira hacia el rival y hacia nuestro compañero o compañera, que puede llevar, como es bien sabido, hasta la violencia física y el asesinato. Hoy se especula que este tipo de celos se da más en los hombres que en las mujeres y pueden estar relacionados con la hormona social vasopresina, que produce un apego basado en la posesividad y la territorialidad.

2.      Celos de amor. Algunas personas pueden tolerar que su pareja tenga relaciones sexuales, siempre y cuando se mantengan en un nivel superficial y no lleven al enamoramiento. Otras veces los celos de amor se dan al mismo tiempo que los celos de sexo, sólo que el sexo con otra persona se rechaza más que nada porque tememos que es una señal de amor. Aunque también despiertan la ira, los celos de amor suelen venir acompañados de tristeza, desesperanza y pérdida de la seguridad en uno mismo. Cabe especular que son más propios de la mujer que del hombre y que están relacionados con la oxitocina que, como la vasopresina, motiva el comportamiento monógamo. Sin embargo, al contrario que la vasopresina, el apego que produce la oxitocina se basa más en el deseo de amparar que en la posesividad.

3.      Envidia. A veces es difícil distinguir la envidia de los celos. Por ejemplo, si a mí me gusta Fulanita y ella empieza a salir con otro, lo que siento hacia él se debería llamar envidia, ya que al no tener yo una relación con Fulanita, no habría celos propiamente dichos. Casos más claros serían, por ejemplo, cuando se envidia el amor que vemos en otra pareja.

Existen varias razones para pensar que los celos no son inevitables. La más convincente es que existen hoy en día miles de personas que practican la pareja abierta y la poliamoría, y que no sienten celos cuando su amado o amada tienes relaciones sexuales con otros (celos de sexo), o incluso cuando se enamora de otra (celos de amor). Pero, ¿no será esto porque algunas personas son naturalmente no-monógamas? Desde que se descubrió el papel que juegan la oxitocina y la vasopresina en la monogamia (véase mi blog anterior sobre la oxitocina), se ha especulado que hay personas que producen una mayor cantidad de estos péptidos (o de sus receptores) y son naturalmente monógamas, mientras que otras personas serían naturalmente “infieles” por la razón contraria. Personalmente, prefiero creer que el ser humano tiene la capacidad de controlar sus propios sentimientos y estilo de vida, y no es un simple esclavo de su bioquímica.

No nos confundamos, no estoy diciendo que las emociones se pueden controlar a base de un esfuerzo de la voluntad. Al contrario: una vez presente en nuestra mente, cualquier emoción es muy difícil de suprimir. Si estamos enfadados, o tristes, o asqueados, seguramente seguiremos así durante un tiempo. Pero también es verdad que las emociones se pueden controlar evitando que aparezcan en primer lugar, o acortando su duración a base de no alimentarlas si ya han aparecido. En el caso concreto de los celos, si hemos decidido vivir sin ellos podemos introducir una serie de cambios en nuestra forma de pensar que a la larga los hagan menos frecuentes y menos dolorosos, llegando incluso a hacerlos desaparecer. Esto es lo que yo aconsejaría…

1.      Examina tus creencias. Si sigues convencido de que tienes la obligación de estar celoso, de que los celos contribuyen a la estabilidad de la pareja, o de que son una señal de amor, difícilmente podrás evitarlos.

2.      Si te sientes celosa, reconócelo. Primero, delante de ti misma, y luego cuéntaselo a tu pareja. Pero esto no quiere decir que reacciones con ira o culpabilizándola. Al contrario, si le haces saber que a pesar de estar celoso luchas por evitarlo, la tendrás de tu lado.

3.      Si sientes celos de sexo, examina esa imágenes que te producen tanta repugnancia. A la mayor parte de la gente les excita la imagen de dos personas haciendo el amor. ¿Por qué no sentir lo mismo si la imagen incluye a la persona a la que quieres? ¿Qué detalles en la imagen de tu amada haciendo el amor con otro te dan asco? 

4.      Toma conciencia de toda esa propaganda encubierta a favor de los celos con las que se nos bombardea a diario. 

5.      Niégate a participar en esas convenciones sociales que refuerzan la idea de los celos como algo positivo: el hablar de “cuernos”, de “infidelidad”, de “engaño”, para referirse a las relaciones sexuales fuera del corsé de la monogamia.

6.       El sexo es sólo eso: sexo. No es engaño si no se miente sobre ello. No es infidelidad si mantenemos el amor y la lealtad a nuestra pareja, si la tratamos con respeto y con cariño.

7.      Los celos de amor suelen ser un síntoma de inseguridad. Ese miedo a ser abandonada, a que te dejen de querer, viene de una baja autoestima. Si estuvieras segura de que eres lo mejor para él, no tendrías tanto miedo a que te abandone.

8.      Nunca se te ocurra poner celosa a tu pareja para asegurarte su amor. Sólo conseguirás lo contrario: que la sospecha y la mentira se instalen en tu relación.

9.      ¿Qué hay de malo en que alguien quiera a la persona que tú quieres? Si es tan maravillosa, y tú la quieres, ¿por qué no la va a querer alguien más? 

10.  El amor no se rige por las leyes de la aritmética. No es que tengamos una cantidad fija de amor que haya que repartir entre varias personas. El amor no es cuantificable. Por lo tanto, cuando tu pareja le da a alguien su amor, no te lo quita a ti. 

11.  Existe una emoción positiva opuesta a los celos. En inglés se le ha llamado “compersion”, por lo que quizás la podamos traducir al castellano como “compersión”. Se refiere a la alegría que se siente cuando la persona a la que amamos es amada por otros. Incluso a excitarse sexualmente con la imagen de nuestra pareja haciendo el amor con otros. Si alguna vez sientes algo así, aprécialo. La compersión anuncia el fin de los celos. 

Quizás todo esto te parezca utópico, absurdo. Pero lo cierto es que cada vez somos más los que vivimos sin celos. Hablamos con nuestra mujer sin pudor de las chicas que nos gustan. Nos tomamos una cerveza con nuestra amante y sonreímos mientras ella nos cuenta su aventura sexual de la noche anterior. Es una forma bonita de vivir porque, en definitiva, vivir rodeados de amor no puede ser malo… aunque ese amor no vaya siempre dirigido a nosotros. 


domingo, 2 de diciembre de 2012

Oxitocina, monogamia y castigo altruista



Déjame presentarte a un curioso ratoncito, el Microtus ochrogaster, llamado en inglés “prairie vole” (algo así como “ratón de la pradera”). 
http://en.wikipedia.org/wiki/Prairie_Vole 

"Voles" de la pradera con sus crías.
Este pequeño roedor ha generado mucho interés entre los científicos últimamente. Como podéis ver en la foto, el “vole” de la pradera es un roedor con cola corta y orejas pequeñas, cuyo hábitat se extiende desde las Montañas Rocosas hasta los Apalaches en Norteamérica. Lo más curioso sobre estos ratoncitos es que son estrictamente monógamos: un macho y una hembra forman un vínculo que dura toda la vida. Sin embargo, un primo cercano del “vole” de la pradera, el “vole” de la montaña (“montane vole”) no es en absoluto monógamo. En vista de esto, algunos científicos decidieron averiguar en qué se diferencia el cerebro de las dos especies de “voles”. Descubrieron que las hembras de los “voles” de la pradera tienen más oxitocina y receptores de oxitocina en el nucleus accumbens y la amígdala, que son áreas del cerebro involucradas en las emociones y la toma de decisiones. La oxitocina es un péptido, una hormona cuya principal función es la de inducir contracciones en el útero durante el parto. Pero más recientemente se ha descubierto que la oxitocina también está presente en el cerebro, donde actúa como un neuropéptido (péptido neurotransmisor) que interviene en relaciones sociales. Por ejemplo, se ha visto que aumenta cuando se acaricia a un perro, tanto en el perro como en la persona que lo acaricia. Pero volvamos a nuestros amigos los “voles”; los científicos introdujeron modificaciones genéticas en los “voles” de la montaña (los que son promiscuos) para aumentar la producción de oxitocina en sus cerebros. ¡Y voilá! los “voles” de la montaña se volvieron tan monógamos como sus primos los “voles” de la pradera. Pero cuidado, que todo esto se refiere a las hembras. ¿Qué pasa con los “voles” macho? En ellos el comportamiento monógamo está determinado por otro neuropéptido, la vasopresina, similar a la oxitocina.

La oxitocina también atrajo la atención de investigadores en una campo muy distinto: la economía. Algunos economistas no convencionales decidieron investigar unas de las asunciones básicas del capitalismo: que las decisiones del mercado son racionales. Y descubrieron que no lo son. Al contrario, los intercambios humanos consisten más en decisiones basadas en la confianza y la empatía que en decisiones calculadas a sangre fría sobre lo que vamos a perder y lo que vamos a ganar. Por ejemplo, gente de todas las culturas practica algo llamado “castigo altruista”, que consiste en castigar a personas que vemos que son injustas y poco dignas de confianza aunque tal castigo conlleve una pérdida para nosotros. Esto se estudió con un experimento llamado el “juego del ultimátum”. En él hay dos jugadores; al primero se la da una cierta cantidad de dinero, por ejemplo 10 euros, de los cuáles debe ofrecer una parte al jugador número dos. Si éste acepta la oferta, ambos se quedan con la cantidad acordada. Sin embargo, el jugador dos también puede rechazar la oferta, en cuyo caso ambos pierden todo el dinero. Los resultados del juego del ultimátum son similares con jugadores de todos lo sexos, religiones y culturas: por debajo de una cierta cantidad (ésta sí suele variar, pero suele ser alrededor de los 3 o 4 euros para una oferta total de 10 euros), el jugador dos decide que el jugador uno está siendo injusto y rechaza la oferta. Eso significa que está dispuesto a perder 2, 3 o 4 euros con tal de castigar al jugador uno por ser avaricioso, por eso se le llama a esto “castigo altruista”. ¿Qué tiene que ver esto con la oxitocina? Si se aumentan los niveles de oxitocina en la sangre, los jugadores tienden a ser más generosos: el jugador uno ofrece más dinero y el jugador dos acepta ofertas más bajas. Curiosamente, también hay diferencias en cuanto al sexo, los hombres tienden más al castigo altruista que las mujeres, y la testosterona produce efectos contrarios a la oxitocina.

A la oxitocina y la vasopresina se les ha comenzado a llamar “hormonas sociales” por su fuerte influencia en comportamientos sociales como la vinculación afectiva, la confianza y la empatía. Sin embargo, no debemos caer en la simple interpretación de que la oxitocina nos hace buenos. También se ha visto que este neuropéptido participa en algunos comportamientos humanos nada admirables, como la xenofobia y la intolerancia; en general, aumenta la vinculación con individuos que pertenecen a nuestro grupo y la exclusión de individuos que percibimos como extraños. Por otro lado, la monogamia que la vasopresina produce en los machos tiene que ver más con la posesividad que con la vinculación emocional: el macho percibe a la hembra como parte de su territorio y la defiende como tal. En cuanto al castigo altruista, también tiene su lado bueno, como la motivación para perseguir a los criminales, y su lado malo, como las riñas de carretera y otros conflictos que comienzan con la idea de que un extraño intenta aprovecharse de nosotros. 

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