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sábado, 18 de octubre de 2014

Clítoris-centrismo: la nueva normativa sexual

Una “normativa”, en el lingo postmodernista adoptado por muchos escritores progresistas, consiste en una serie de reglas de conducta impuestas por la cultura dominante por las que se nos hace pagar un precio en rechazo social cuando las infringimos. En materias de sexo, la antigua normativa era que la relación sexual debía consistir en la penetración de la mujer por el hombre, preferiblemente con él encima en la postura del misionero. La mujer debía llegar al orgasmo por la estimulación de la vagina por el pene, y si lo hacía al mismo tiempo que le hombre, pues mejor que mejor. En su denuncia de esta visión tan limitada del sexo, muchas feministas se apresuran a citar a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien al parecer clasificó a las mujeres en “clitorianas” y “vaginales” según tenían orgasmos por estimulación del clítoris o la vagina, y señaló que el orgasmo vaginal representaba un mayor grado de madurez sexual.

Esta visión del sexo fue criticada por primera vez en los dos libros que forman los llamados “Kinsey Reports” publicados en 1948. En ellos Alfred Kinsey escribe que la mayoría de las mujeres que entrevistó no podían tener orgasmos vaginales y propone que el clítoris es el centro de la respuesta sexual femenina, relegando a la vagina a un papel de menor importancia. En los años 70, el feminismo de la segunda ola, sobre todo el feminismo anti-porno, construyó toda una ideología sexual en torno a los informes de Kinsey, en la que la penetración era considerada como un acto intrínsecamente violento y degradante para la mujer. De acuerdo con esta nueva visión del sexo, el orgasmo vaginal no existe, es sólo una invención del patriarcado para hacer que las mujeres se sometan al coito y tengan hijos. El clítoris adquiere así todo un simbolismo del nuevo poder de la mujer: representa su capacidad de alcanzar el placer independientemente del hombre. El pene ya no es necesario y, de hecho, el acto sexual ideal para la mujer consistirá en la estimulación manual u oral (cunnilingus) del clítoris. Como esto se lo puede hacer una mujer a otra, el lesbianismo se convierte en la relación perfecta, ya que contribuye a los objetivos del feminismo separatista, que consisten en que las mujeres construyan una sociedad al margen de la de los hombres. La ironía de todo esto es que, dado que el clítoris es el análogo fisiológico del pene en la mujer, en el fondo de lo que se trata es de sustituir una cultura falocéntrica por una cultura clítoris-céntrica, al mismo tiempo que el feminismo de la segunda ola recogía los esquemas de superioridad, violencia y poder del machismo y se limitaba a hacerles un cambio de sexo.

Aparece así una nueva normativa, tan limitada y represora como la anterior, que impone una forma políticamente correcta de hacer el amor. Desgraciadamente, aún después de la Guerra del Sexo que desbancó las ideas sexo-negativas del feminismo anti-porno, esta normativa clítoris-céntrica sigue siendo predicada por muchos sexólogos. Por ejemplo, esto lo vemos en el artículo “La erección en una mujer necesita 20-30 minutos de la adecuada estimulación de su clítoris”basado en este artículo en inglés. En ellos se nos dan claras instrucciones sobre la manera políticamente correcta de follar: estimulando el clítoris durante 20-30 minutos antes de la penetración. Al parecer, nadie quiere darse cuenta de que esto es tan limitante y falto de imaginación como la antigua postura del misionero.

Por supuesto, no voy a negar que el clítoris es una parte importante de la anatomía sexual femenina, quizás la más importante, como ocurre con el pene en el hombre. También es cierto que para la mayoría de las mujeres la estimulación del clítoris es la manera más efectiva de obtener un orgasmo… aunque no la única. El problema es que, como pasa con todas las normativas, las nuevas reglas afirman la sexualidad de unas al tiempo que invalidan la sexualidad de otras. Porque lo que ocurre en realidad es que la respuesta sexual de las mujeres no es uniforme sino increíblemente variada. Hay una amplia minoría de mujeres a las que no les gusta alcanzar el orgasmo con la estimulación del clítoris. Yo he conocido a varias:

•    Caso A - Esta amiga mía de 48 años me confesó que llevaba toda la vida intentando conseguir un orgasmo estimulándose el clítoris sin lograrlo. Una vez estuvo masturbándose varias horas, hasta que el clítoris se le irritó tanto que tuvo que dejarlo. Sin embargo, ella consigue llegar regularmente al orgasmo cuando se masturba metiéndose dedos y una toalla en la vagina. Su problema parece ser que su clítoris no es lo suficientemente sensible para llevarla al orgasmo.

•    Caso B - A esta mujer, también madura, le ocurre lo contrario que a A: tiene el clítoris tan sensible que su estimulación directa le resulta dolorosa. Sin embargo, B es multiorgásmica y pude llegar al clímax de muchas maneras: penetración vaginal, anal o incluso con una simple azotaina.

•    Caso C - Mujer post-menopáusica con una enorme facilidad para llegar al orgasmo. Empezó por correrse cuando le di una azotaina y ya no paró de hacerlo todo el rato que estuvimos haciendo el amor. Sus orgasmos eran tan intensos que parecían ataques epilépticos, poniendo los ojos en blanco y llegando a perder el conocimiento. En ningún momento le estimulé el clítoris, ya que parecía completamente innecesario. Lo más curioso es que al terminar siguió teniendo orgasmos espontáneos durante un buen rato sin ningún tipo de estimulación sexual. Para mí, esto significa que el orgasmo puede ser un fenómeno puramente cerebral, desligado tanto del clítoris como de la vagina.

Existen estudios científicos que avalan mi experiencia personal. Por ejemplo, Dwyer (2012) escribe:

“La existencia del punto G es aceptada por muchas mujeres; un cuestionario anónimo que fue distribuido entre 2,350 mujeres profesionales en EE.UU. y Canadá encontró que el 84% de las mujeres ‘creían que un área de alta sensibilidad existe en la vagina’. De las mujeres que respondieron, el 40% dijeron que tenían una emisión de fluidos (eyaculación) en el momento del orgasmo. Además, el 82% de las que dijeron tener la zona sensible (punto Grafenberg) también dijeron eyacular durante el orgasmo”.

¿Entonces va a resultar que Freud tenía razón y que hay mujeres “clitoridianas” y mujeres “vaginales”? Yo creo que eso es simplificar demasiado las cosas. Lo que ocurre es que existe una gran variedad en las respuestas sexuales de las mujeres. Todas son igualmente válidas, por supuesto.

Ilustración herética mostrando la localización del punto G
Pero hay más. Cuando examinamos el caso de la sexualidad masculina vemos que el principal obstáculo para obtener una respuesta más placentera es que se considere al pene como la única fuente de placer. Otras zonas erógenas del cuerpo masculino incluyen los pezones y la próstata, que todo hombre que quiera desarrollar su sexualidad más plenamente debería explorar. Pero no deja de resultar curioso que al mismo tiempo que invitamos a los hombres a investigar este tipo de sensaciones, rompiendo los tabúes culturales que existen contra ellas, les digamos a la mujeres que se conformen con su placer clitoriano y no vayan más lejos en la exploración de todas las posibilidades que les ofrece su cuerpo, que son muchas y más asequibles que las del cuerpo masculino. Por ejemplo, el orgasmo prostático que algunos hombres consiguen alcanzar (y que no se parece en nada al que se obtiene estimulando el pene) tiene muchas similitudes con el orgasmo vaginal femenino. Quizás esto se deba a que las glándulas de Skene que están debajo del punto G son en realidad una próstata femenina, de la que proviene la eyaculación que experimentan muchas mujeres (Davidson, Darling et al. 1989; Darling, Davidson et al. 1990; Schubach 2002; Thabet 2009; Dwyer 2012). Esto contradice el dogma que hoy en día repiten hasta la saciedad muchos sexólogos: “existe un solo tipo de orgasmo”. Si en el hombre son posibles dos tipos distintos de orgasmo, el del pene y el de la próstata, ¿por qué no iba a pasar lo mismo en la mujer? ¿Cuál es la evidencia fisiológica de que sólo exista un tipo de orgasmo? ¿Qué criterios podemos aplicar para decidir que orgasmos que se originan en distintos sitios son en realidad lo mismo? Esta idea clítoris-céntrica de los sexólogos parece basada más en la ideología del feminismo anti-porno de la que hablaba antes que en observaciones con base científica (Gerhard 2000; Jannini, Whipple et al. 2010). Por otro lado, mujeres con amplia experiencia sexual dicen claramente que para ellas, el orgasmo vaginal y el orgasmo clitoriano se experimentan de formas muy distintas (Korda, Goldstein et al. 2010).

Está muy bien querer educar a la gente en cómo vivir una vida sexual más sana, y de paso romper los viejos esquemas culturales del patriarcado y el conservadurismo sexo-negativo, pero hay que tener cuidado que al hacerlo no creemos otras normativas que resulten tan opresoras como la anterior.

Referencias

Darling, C. A., J. K. Davidson, Sr., et al. (1990). "Female ejaculation: perceived origins, the Grafenberg spot/area, and sexual responsiveness." Arch Sex Behav 19(1): 29-47.

Davidson, J. K., Sr., C. A. Darling, et al. (1989). "The role of the Grafenberg Spot and female ejaculation in the female orgasmic response: an empirical analysis." J Sex Marital Ther 15(2): 102-120.

Dwyer, P. L. (2012). "Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot." Int Urogynecol J 23(2): 135-137.

Gerhard, J. (2000). "Revisiting "the myth of the vaginal orgasm": the female orgasm in American sexual thought and second wave feminism." Fem Stud 26(2): 449-476.

Jannini, E. A., B. Whipple, et al. (2010). "Who's afraid of the G-spot?" J Sex Med 7(1 Pt 1): 25-34.

Korda, J. B., S. W. Goldstein, et al. (2010). "The History of Female Ejaculation." J Sex Med 7(5): 1965-1975.

Schubach, G. (2002). "The G-spot is the female prostate." Am J Obstet Gynecol 186(4): 850; author reply 850.

Thabet, S. M. (2009). "Reality of the G-spot and its relation to female circumcision and vaginal surgery." J Obstet Gynaecol Res 35(5): 967-973.


viernes, 10 de octubre de 2014

¿Cómo nos podemos fiar de lo que dice un artículo científico?

La inmensa mayoría de los artículos científicos que se publican pasan enteramente desapercibidos, a pesar de que hay muchos de gran calidad y de una enorme repercusión. Por otro lado, hay veces que un solo artículo científico es recogido por la prensa y sus resultados exagerados para hacerlos parecer que se acaba de descubrir algo que transformará nuestra vida de forma radical o que se ha desbancado un “mito” preexistente. Como hoy en día hace falta hacer una carrera para siquiera empezar a entender el contenido de uno de esos artículos, al público en general (y a los periodistas, aunque no lo quieran reconocer) le resulta imposible juzgar hasta qué punto es cierta la noticia.

 Por ejemplo, hace poco se publicó en una oscura revista científica (Clinical Anatomy, índice de impacto 1.157) un artículo que dice desbancar el “mito” del orgasmo vaginal, y que fue anunciado a bombo y platillo por el periódico ABC y en el blog de la Mosca Cojonera. La cita del artículo original es la siguiente:

Puppo, V. and Puppo, G. (2014), Anatomy of sex: Revision of the new anatomical terms used for the clitoris and the female orgasm by sexologists. Clin. Anat. doi: 10.1002/ca.22471 http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ca.22471/abstract

Quizás otro día vuelva a escribir sobre el debate de si existen distintos tipos de orgasmos femeninos (clitoridal, vaginal, anal, etc), uno sólo, o si es como el misterio de la Santísima Trinidad donde son tres y uno a la vez. Como ya hablé de este tema en uno de los artículos más leídos de este blog, hoy quiero dar algunos parámetros para orientarse a la hora de juzgar un artículo científico. Aunque no podamos entender los detalles que se explican en ese artículo, éstas son algunas de las cosas que debemos preguntarnos:

1.   ¿Está publicado en una revista con “peer review”? “Peer review” es el estándar básico de calidad científica. Quiere decir que el artículo ha sido leído y criticado de forma anónima por al menos dos científicos expertos en ese campo, que no son amigos (¡o enemigos!) de los autores. La mayoría de los artículos científicos no son publicados tal y como se presentan, sino sólo cuando se han subsanado una serie de pegas de los revisores, lo que a menudo requiere hacer nuevos experimentos. Y muchísimos artículos son rechazados sin siquiera oportunidad de revisión. Si la revista no tiene “peer review”, eso quiere decir que el artículo ha sido publicado basado simplemente en el criterio del editor, que puede saber mucho pero que no pude ser un experto en todos los campos en que publica. Hay revistas muy prestigiosas, como Scientific American, que no tienen “peer review”, sino que encargan artículos a científicos punteros en su campo.

2.   ¿Se trata de un artículo de investigación o de una revisión (“review”)? Un artículo de investigación es el que contiene resultados originales obtenidos en el laboratorio (investigación básica), en estudios con pacientes (investigación clínica) o en trabajo de campo (en ciencias como la palentología o la zoología, por ejemplo). En el artículo se detallan los métodos empleados, los resultados obtenidos (en figuras y tablas) y cómo los interpretan los autores a la luz de lo que han hecho otros antes. Una revisión no presenta resultados originales, sino que consiste en una compilación de todo el trabajo hecho sobre un determinado tema. Tanto los artículos de investigación como las revisiones son importantes para el avance de la ciencia Pero ¡ojo!  que en una revisión es mucho más fácil para el que la escribe introducir su sesgo y opinión personal, escogiendo qué trabajos citar y cuáles dejar fuera. Esto lo suele paliar la “peer review”, pero no siempre es así.

3.    ¿Cuál es el prestigio de la revista dónde se publica? Hay miles de revistas científicas que publican docenas de artículos en cada número y que se publican a menudo bisemanal o semanalmente, con lo que el flujo de artículos científicos que salen a la luz es inmenso. Las revistas se especializan por campos de investigación, pero también existe una jerarquía muy estricta de calidad. En la cúspide tenemos revistas que publican trabajos de gran impacto en todos los campos de la ciencia: Nature, Science, Proceedings of the National Academy of Sciences USA (PNAS). A la misma altura tenemos revistas que publican sobre la biomedicina ampliamente entendida (Cell) y la cúspide de las revistas de medicina (The Lancet, New England Journal of Medicine). Luego vienen una serie de revistas especializadas pero de enorme prestigio; por ejemplo, en neurosciencia están Neuron, Nature Neuroscience y Journal of Neuroscience. Esta jerarquía no establece porque sí, sino que está basada en una medida objetiva llamada “índice de impacto”, creada en 1975 por el Institute for Scientific Information. El índice de impacto se basa en las veces que los artículos en una revista son citados en todas las otras revistas, algo que se mide de forma continua. Por ejemplo, Nature tiene un índice de impacto de 30. 98, Journal of Neuroscience de 6.75 y Neuroscience Letters de 2.05. Hoy en día se puede saber incluso el índice de impacto de solo artículo. Todo esto fija el campo en el que se juega el juego del prestigio científico. Cada científico intenta colocar sus artículos en la revista de mayor índice de impacto posible, pero si apunta muy alto corre el riesgo de que sea rechazado y tener que volver a empezar. Y no vale mandar el mismo artículo a dos revistas a la vez, eso no está permitido y te descubren enseguida. Por lo tanto, el sistema se perpetúa: las mejores revistas siguen arriba porque continúan recibiendo los mejores artículos, y si tu trabajo es malo acabas por tener que publicarlo en una revista de poca reputación a la que no le vas ayudar mucho al hacerlo. Esto afecta al sistema de “peer review”: las revistas del montón tienen problemas para cubrir su cuota de artículos y pueden llegar a convertirse en un “coladero” de trabajos de muy mala calidad.

4.    ¿Cuál es el prestigio del investigador? Las carreras científicas se labran a base de prestigio. Los campos especializados suelen ser a menudo bastante restringidos, con lo que todo el mundo acaba por conocerse. De la misma manera que se reconoce a los científicos esforzados, meticulosos y capaces de reconocer sus propios errores, también se acaba por saber quién es poco cuidadoso, dogmático y amigo de esconder su propia basura.

5.    ¿Qué acogida tiene el artículo por otros científicos? En ciencia no se suele criticar a los artículos malos, simplemente se los ignora. Si no te citan, vas de culo. Esto es normal, porque como se publica tanto nadie tiene tiempo para criticar lo malo, sólo para ensalzar lo bueno y construir sobre ello. Una consecuencia importante de esto es que ponerse a tirar cohetes por un artículo que acaba de salir, como hace la prensa, está completamente fuera de lugar. Un artículo tiene que pasar la prueba del tiempo. Muchos descubrimientos sensacionales (por ejemplo, la “fusión fría”) acabaron por ser completamente desbancados a los pocos meses. Nuevamente, el número de citas y el índice de impacto nos sirve de guía sobre como es aceptado el artículo por la comunidad científica.

Raramente podemos juzgar sobre un tema científico basándonos en un único artículo, sino que debemos tener en consideración todo lo que se ha escrito sobre un tema. Esto es cierto aunque se trate de un artículo de revisión, pues estos suelen venir muy a menudo influenciados por las opiniones del autor. Hay que tener en cuenta de que las controversias son muy comunes en ciencia, hay algunas muy acerbas y que tardan décadas en resolverse. Por lo tanto, cuando se trata un tema controvertido lo honesto es reconocer inmediatamente la controversia, aunque a continuación vayamos a tomar parte por uno de los bandos. Cuando no se hace así los científicos que nos lean nos calificarán de deshonestos y dogmáticos y nos volverán la espalda. Los criterios de lo que es verdad, lo que es falso y lo que es mentira son muy distintos entre la ciencia y el periodismo, y no digamos ya en la política. Por eso los científicos quieren siempre establecer una separación muy clara entre lo que es ciencia y lo que no lo es. La ciencia es lo que hace funcionar a la sociedad moderna y nada nos garantiza que seguirá funcionando tan bien como la ha venido haciendo hasta ahora. Cuidarla y respetarla es misión de todos.

Dedicado a La Mosca Cojonera, para que siga realizando la labor tan valiosa que hace.

domingo, 3 de agosto de 2014

Cómo tener orgasmos

El orgasmo femenino no es un mito
Muchas mujeres nunca ha experimentado orgasmos. El porcentaje de mujeres que no tienen orgasmos varían considerablemente de una fuente a otra: desde el 5-15%, a un tercio (33%), hasta el 80% a nivel mundial. Lo que está claro es que muchas mujeres tienen dificultades en alcanzar el orgasmo y lo consiguen con infrecuencia. La anorgasmia puede tener causas fisiológicas que requieren tratamiento médico, pero en la mayor parte de los casos se deben a una mezcla de falta de experiencia, pudor, estrés y rechazo al sexo. Aunque no soy sexólogo, me voy a atrever a escribir una lista de consejos que quizás os puedan ayudar a abrir ese ansiado camino al orgasmo.

1.   Hazlo a solas. Es más fácil llegar al orgasmo a solas que en pareja, porque el meter a otra persona de por medio solo sirve para aumentar el estrés, crear distracciones y sumar sus problemas a los tuyos. Si no consigues llegar al orgasmo, su frustración se sumará a la tuya y tendrás la tentación de culparlo a él (o a ella) del fracaso. Por otro lado, estar sola te permitirá relajarte, disminuir las expectativas, tomarte el tiempo que haga falta y probar técnicas nuevas sin tener que darle explicaciones a nadie.

Frecuencia de masturbación en las mujeres. El 12% no se masturban nunca y el 34% se masturban menos de una vez al mes. Sólo un 4% se masturban a diario o casi a diario.

2.    Mastúrbate a conciencia. Nada de hacerlo medio dormida, con prisas o a escondidas. Elige el momento y el lugar en el que puedas dedicarte a ti misma sin ningún tipo de distracciones. La masturbación debe ser deliberada, planeada con cuidado y merecedora de toda tu atención. No es raro que muchas mujeres no lleguen al orgasmo si tenemos en cuenta lo poco que se masturban (ver gráfico).

3.   No intentes llegar al orgasmo. Sí, lo has leído bien: la mejor manera de tener un orgasmo es olvidarse de tenerlo. Suele ocurrir que el centrarse tanto en el objetivo de tener un orgasmo, y el anticipar la frustración que has sentido al no tenerlos, crea tanta tensión que ella misma se convierte en el mayor obstáculo para llegar al orgasmo. Mastúrbate para darte placer, simplemente. No te frustres si no tienes un orgasmo, sino alégrate por el placer que has sentido. Cuando menos te lo esperes, ese orgasmo tan elusivo hará su aparición.
Familiarízate con la anatomía de tu coño

4.  Explora distintas formas de darte placer. La mayoría de las mujeres llegan al orgasmo estimulándose el clítoris. Sin embargo, hay una minoría considerable de mujeres para las que la estimulación exclusiva del clítoris no funciona. Según mi experiencia, este tipo de mujeres se subdivide en dos categorías. Algunas tienen el clítoris demasiado sensible, por lo que su estimulación directa les resulta desagradable, incluso dolorosa. Paradójicamente, estas mujeres suelen ser a la larga las que tienen los orgasmos más fuertes. Otro tipo de mujeres tienen el clítoris poco sensible: al estimularlo sienten placer, pero no lo suficiente para llevarlas al orgasmo. Si te pasa alguna de estas cosas tendrás que desarrollar una técnica de masturbación propia. Quizás se trate de estimular el clítoris de forma indirecta, acariciándote los labios alrededor del clítoris. Quizás tengas que estimularte los pezones o la vagina al mismo tiempo. Algunas mujeres llegan mejor al orgasmo estimulando el punto G… Pero lee el siguiente consejo…

5.   Explora tu punto G… Pero no te crees demasiadas expectativas al respecto. Ya describí el punto G y la controversia que existe sobre él en otro artículo de este blog (“¿Clítoris o punto G?”). Hay que tener en cuenta varias cosas. Primero, el punto G puede no estar muy bien definido y ser difícil de localizar. Segundo, el punto G sólo proporciona placer cuando ya existe una cierta excitación sexual y después de ser estimulado un cierto tiempo; al principio, el masajearlo puede resultar incluso desagradable. Tercero, el placer derivado del punto G varía mucho de una mujer a otra, desde muy intenso a prácticamente inexistente; sin embargo, ese placer puede entrenarse con la práctica.

6.   Encuentra el juguete sexual adecuado. Vibradores, consoladores, masajeadores Hitachi… Si tienes el dinero para permitírtelo, prueba varios hasta que encuentres uno que te lleve a la gloria. Puede haber una enorme diferencia de un vibrador barato a uno de calidad. También suele ocurrir que es difícil o imposible estimular el punto G con los dedos, mientras que el consolador adecuado te permitirá hacerlos fácilmente.

7.   Haz ejercicios sexuales.  El tener un orgasmo requiere un mínimo tono muscular alrededor de tu vagina.  El masturbarte con frecuencia ya de por sí te ayudará a conseguir ese tono, pero no está de más el practicar ejercicios Kegel para aumentar la fuerza de tu musculatura pélvica. Sin embargo, es importante evitar tensarse al masturbarse. A veces te puede parecer que el tensar todos los músculos del cuerpo al sentirte cada vez más excitada te llevará al orgasmo, cuando en realidad el orgasmo requiere un cierto nivel de relajación.

8.   Estimula tu imaginación. La clave de una buena masturbación es una buena fantasía erótica. Puedes trabajarte el coño todo lo que quieras; si no pasa nada en tu cerebro no llegarás a ninguna parte. No te reprimas, ni te alarmes por las cosas que te vienen a la mente cuando estás excitada… Determinados actos nunca pasarán de la fantasía a la realidad, y eso está bien. Aunque con otros, nunca se sabe… A veces los sueños más inverosímiles se hacen realidad. En cualquier caso, no te cortes, déjate llevar por la imaginación, a lo mejor además de darte placer acabas por descubrir cosas nuevas sobre ti misma. ¿Que tu imaginación no es suficiente? Pues para eso está la literatura erótica, o el cine. Alimenta tu imaginación con una buena dosis de erotismo y verás qué pronto empieza a ir por libre.

9.   Vive en clave erótica. Tu sexualidad no existe sólo al masturbarte o al follar, la llevas puesta todo el día. No, no se trata de tener las bragas mojadas todo el tiempo, pero una cierta tensión sexual ayudará a poner una sonrisa en tus labios y preparará el terreno para tus sesiones íntimas de placer. Sé un pelín narcisista, aprende a apreciar la belleza de tu cuerpo. Vístete, péinate y depílate para ti, para gustarte a ti misma. Ponte ropa interior sexy. Mírate en el espejo y dite: “¡Ya verás esta noche, cuando te pille por banda!”

10.   Una vez que tu cuerpo se aprende el camino al orgasmo, le resulta más fácil recorrerlo. Es una simple cuestión de desarrollar los nervios y los músculos adecuados. Pasa como con el gimnasio: cuando más se repite un ejercicio, mejor se realiza. Los nervios y las sinapsis que llevan el placer desde tu coño a tu cerebro crecen y se refuerzan con cada masturbación, con cada orgasmo, y el placer se vuelve cada vez más fuerte y más fácil de conseguir.

11.   No te conformes con uno… ¡Para eso eres mujer! En eso nos lleváis definitivamente la ventaja a los hombres. No es raro que una mujer tenga tres, cuatro, seis… ¡una docena! de orgasmos en una sesión de masturbación o al hacer el amor (si su amante consigue seguirla hasta ese punto). El primer orgasmo te suele dejar satisfecha y relajada, quizás con ganas de parar, pero si haces un esfuerzo descubrirás lo que han descubierto muchas mujeres: ¡el segundo es siempre mejor!

12.   Comparte tu experiencia con tu pareja. Una vez que consigas tener orgasmos masturbándote puedes tenerlos también haciendo el amor. No te cortes a la hora de decirle al amante de turno lo que funciona y lo que no funciona para ti. Sí, vale que él sea un experto en las mujeres, pero aquí sólo hay una técnica que valga: la que funciona contigo. Si de verdad es un experto en el sexo, se dejará guiar. Pero no olvides que lo recíproco también cuenta: él (o ella) es el mayor experto en su propio placer. Déjate guiar; no hay mayor placer que el dar placer.

13.   No dejes que saboteen tu sexualidad. Rechaza esas ideas tóxicas de castidad, de pudor, de que sentir placer te convierte en una mala mujer, de que amar a los hombres es traicionar a las mujeres. Se infiltrarán en tu inconsciente con su veneno de culpa y de vergüenza, que destruirá no sólo tu placer sino también tu autoestima. Rodéate de amigas y amigos que compartan una visión sana del sexo. Ayuda a escapar a las que siguen prisioneras de la represión. Recuerda: el sexo es política y la revolución empieza en tu propio coño.

domingo, 2 de junio de 2013

El “punto P” - la próstata como fuente de placer en el hombre

Hace unos meses escribí un artículo en este blog sobre el famoso “punto G” en la mujer, y sobre si puede o no desencadenar un orgasmo distinto al que se consigue con la estimulación del clítoris. Es uno de los artículos más visitados de este blog. Si no lo has leído, aquí tienes el enlace:

http://sexocienciaespiritu.blogspot.com/2012/12/clitoris-o-punto-g-la-controversia-en.html

Poca gente sabe que existe un equivalente del punto G en el hombre: el “punto P”. La “P” viene de próstata, un órgano del tamaño de una nuez situado entre el recto y la vejiga urinaria, rodeando la uretra. La estimulación de la próstata, en condiciones adecuadas, puede producir mucho placer, incluso llevar a un orgasmo que es descrito por los que lo han sentido como más profundo, amplio y duradero que el orgasmo producido por la estimulación del pene. Por lo tanto, vemos que existe un paralelismo entre el orgasmo producido por la estimulación del punto G en la mujer y el orgasmo producido por la estimulación de la próstata en el hombre. Quizás es que los dos son equivalentes, si es verdad que el punto G no es más que la glándula de Skene o próstata femenina. Cabe pensar, por lo tanto, que las respuestas sexuales femenina y masculina son más parecidas de lo que se suele creer, con el orgasmo clitoridal siendo equivalente al orgasmo del pene, mientras que el orgasmo vaginal tiene su contrapartida en el orgasmo que se obtiene estimulando el punto P.

La idea de que existe una sexualidad masculina ajena al pene genera una enorme resistencia en nuestra sociedad, al chocar con mitos sexistas profundamente arraigados. La cultura machista otorga grandes privilegios al hombre, siempre y cuando éste se comporte de acuerdo con las pautas de virilidad y hombría establecidas. En lo referente al acto sexual, se espera que el hombre obtenga su placer penetrando a la mujer, con un pene grande y sólido y una potente eyaculación. Placer que proviene de zonas eróticas que no son el pene, como las nalgas, los pezones y el ano, es algo estrictamente femenino y por lo tanto prohibido al macho. El hombre que trasgrede esta normativa pierde automáticamente el privilegio masculino - es un “afeminado”, un “marica”, y es relegado a un estatus peor que el de la mujer. En particular, ser receptor de sexo anal es considerado el acto por excelencia que priva al hombre de su masculinidad, lo emascula. En lenguaje coloquial, expresiones como “dar por culo”  o “vete a tomar por culo” transmiten el mensaje que recibir sexo anal es el acto más humillante que existe, algo que te quita todo el poder y te somete. Todo esto es una pena, pues la única forma de estimular la próstata es desde el recto, lo que conlleva una penetración anal.

Afortunadamente, en nuestros días la acción combinada de diversos movimientos de liberación sexual, sobre todo el de los gays y el BDSM, ha empezado a abrir una brecha en todos esos prejuicios machistas. Sin duda, el conocimiento de propiedades eróticas de la próstata se remonta a la antigüedad. En tiempos más recientes, se difundió primero entre los gays, y luego fue recogido en la comunidad BDSM en las parejas de mujer dominante y hombre sumiso. Hoy en día comienza a practicarse en parejas vainilla sin ninguna connotación de dominación-sumisión.
Dos tapones de distintos tamaño y un dildo con forma de pene

La próstata puede encontrarse introduciendo un dedo en el ano con la yema hacia delante. Si recorremos la cara anterior del recto, daremos con un bulto del tamaño de un huevo: esa es la próstata. Las primeras veces, la presión sobre la próstata puede resultar desagradable, hasta dolorosa. A veces se notan ganas de orinar, porque esa presión se transmite fácilmente a la vejiga de la orina. En eso se parece a la estimulación del punto G de la mujer. Para producir placer es necesario que el masaje de próstata se realice de forma muy suave, en una situación relajada y sexualmente excitante, acompañándolo de estimulación del pene, los pezones y otras zonas erógenas. Quizás sea necesario que las primeras sesiones sean cortas, e ir entrenando la próstata en sesiones sucesivas en las que se irá aumentando la intensidad y la duración del masaje. Poco a poco, las vías nerviosas que transmiten esas sensaciones al cerebro se van desarrollando, volviéndolas más y más placenteras.
El Aneros

Una dificultad que suele presentarse es que la próstata está demasiado profunda para alcanzarla cómodamente con el dedo, sobre todo si uno trabaja en solitario, autoestimulándose. Por eso es mejor usar dildos de goma. Existen varios tipos. Los “buttplugs” o tapones están pensados para llevarlos puestos un cierto tiempo, lo que facilita la dilatación del ano al tiempo que producen una estimulación suave del recto. Como muestra la foto, tienen una base plana que impide la inserción total, una constricción para el esfínter anal, y un ensanchamiento en el recto. Los dildos propiamente dichos tienen forma de pene, sin constricción para el ano, y están diseñados para follar. Eso se puede hacer moviéndolos con la mano, o la mujer puede ponérselos en la pelvis como si fuera un pene usando un arnés que se llama en inglés “strap-on” (ver foto). Por último, existe un artilugio diseñado especialmente para estimular la próstata: el Aneros (ver foto). La forma curvada del Aneros hace que rodee la próstata, masajeando toda su superficie. En vez de la base plana de los tapones y los dildos, tiene dos bolas que resbalan sobre el perineo y el coxis. Eso hace que le hombre pueda mover el Aneros en el interior del recto con sólo contraer el esfínter anal, masajeando la próstata a su gusto. También existen juguetes eléctricos diseñados para estimular el punto G o el punto P con vibraciones.

Por supuesto, como todo sexo anal, el masaje de próstata requiere solventar problemas de higiene. Esto varía mucho de un hombre a otro; algunos son naturalmente “limpios”, mientras que otros deberán recurrir a lavativas. Pero mejor dejar la higiene del sexo anal para otro artículo.
Un arnés "strap-on"

A un hombre que quiere iniciarse en el placer de próstata, yo le aconsejaría que empezara por su cuenta, explorando primero con el dedo y luego con un dildo adecuado. Es mejor no tener muchas expectativas al principio. Hay que tomárselo como un entrenamiento que requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Cuando la próstata se ha vuelto sensible, sentiremos el deseo de estimular el punto P de forma más vigorosa. Es entonces cuando se le puede pedir a nuestra amante que nos eche una mano follándonos con un “strap-on”. Esos actos sexuales con inversión de roles pueden resultar muy divertidos, excitantes y deliciosamente perversos. Pero, eso sí, antes hay que sacarse los complejos y los prejuicios de la cabeza.

Una forma especial de estimulación de la próstata se llama “milking”, que significa “ordeñar” en inglés. Normalmente la practica una dominatriz en su sumiso en el contexto de una relación BDSM. A menudo se describe como el tratamiento más humillante y frustrante que puede sufrir un hombre. Se trata de masajear la próstata de forma ininterrumpida por un largo espacio de tiempo, de 20 a 45 minutos. La dominatriz no permite que se produzca la eyaculación o el orgasmo, sino que mantiene al sumiso en un estado continúo de intensa excitación sexual. La erección suele desaparecer al cabo de unos minutos, pero el pene empieza a soltar semen en pequeñas cantidades de forma continua, de ahí el nombre de esta práctica.

Con una estimulación parecida, se puede conseguir tener un orgasmo puramente prostático, sin estimulación del pene alguna e incluso sin erección. Sin embargo, ese orgasmo prostático no es fácil de alcanzar… ¡muchos lo intentan y pocos lo consiguen!

domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Clítoris o punto G? La controversia en torno al orgasmo femenino



La versión oficial, la defendida por los sexólogos y otros expertos, es la siguiente. Existe un solo tipo de orgasmo femenino: el que es desencadenado por la estimulación, directa o indirecta, del clítoris. Aunque algunas mujeres sean capaces de alcanzar el orgasmo durante la penetración, esto se debe a que el pene estimula el clítoris indirectamente con sus movimientos en la vagina. Por lo tanto, el orgasmo vaginal propiamente dicho no existe. Las paredes vaginales están prácticamente desprovista de terminaciones nerviosas que puedan desencadenar el orgasmo. La eyaculación femenina es un mito, lo único que sucede es que algunas mujeres producen una gran cantidad de lubricación vaginal.

Por ejemplo, la sexóloga Raquel Díaz Illescas escribe en su blog Sexualidad Positiva: “Dejemos ya de hablar de una vez de aquello del orgasmo clitoridiano o el vaginal: hay simplemente un orgasmo. Otra cosa será la manera en que lleguemos a éste. Unas mujeres llegarán con más facilidad con la estimulación manual, otras con el rico y placentero sexo oral, otras con la motivación indirecta durante el coito, otras no tendrán problema en conseguirlo de cualquier forma y algunas estarán todavía esperando a tenerlo con la penetración. Lo que está claro es que el orgasmo femenino tiene como protagonista principal al clítoris.” (http://sexualidadpositiva.blogspot.com/2011/09/el-protagonista-de-los-orgasmos.html)

Sin embargo, existe otra versión, la que cuentan muchas mujeres (y sus amantes) que se han embarcado en una exploración minuciosa y profunda de su propia sexualidad. Según ella, existen al menos dos tipos de orgasmos distintos, clitoridal y vaginal, que difieren en la calidad de la sensación más que en su intensidad. El orgasmo vaginal se puede desencadenar independientemente de la estimulación del clítoris a través de un punto situado en la cara anterior de la vagina, el llamado punto Grafenberg (normalmente abreviado como “punto G”). A menudo, el orgasmo vaginal va acompañado de la emisión de un chorro de líquido claro que es claramente distinto de la orina o del exudado vaginal. Aunque muchas mujeres son incapaces de alcanzar el orgasmo vaginal de entrada, éste se puede entrenar a base de sensibilizar el punto G a base de masajes prolongados con el dedo.

¿Quién tiene razón? Para mí está muy claro que la segunda versión es la correcta. Digo esto basándome en mi experiencia personal con muchas mujeres, en cosas que he leído escritas por otras mujeres, y en hechos conocidos sobre la fisiología del orgasmo femenino. En primer lugar, debo decir que las mujeres varían enormemente en cuanto a su respuesta sexual. Es cierto que hay mujeres “clitoridianas” que son incapaces de alcanzar el orgasmo como no sea con la estimulación del clítoris. Pero también es cierto que hay otro grupo numeroso de mujeres “vaginales” que prefieren alcanzarlo con la estimulación vaginal, no sólo con el coito, sino que prefieren masturbarse a base de introducirse los dedos o consoladores en la vagina. Incluso conozco mujeres que no soportan la estimulación directa del clítoris, porque lo tienen tan sensible que esto le resulta desagradable o hasta doloroso. A otras les pasa justo lo contrario: su clítoris es más bien insensible, mientras que su vagina es una fuente mucho más fiable de placer. En cuanto a la eyaculación femenina, he sido testigo de ella en varias ocasiones. También he visto vídeos en internet que la muestran bastante claramente, aunque por supuesto esto es algo que es fácil de trucar. Pero cuando eres tú mismo el que la provoca, ya no existe margen de duda.
Las glándulas de Skene de acuerdo con un diseño hecho en 1953 por el Dr. Frank H. Netter

También existe evidencia científica de la existencia del punto G y de la eyaculación femenina. El punto G no está presente en la pared vaginal, sino que es un tejido situado inmediatamente debajo de su cara anterior, llamado las glándulas de Skene o glándulas uretrales o parauretrales (http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndulas_de_Skene , http://en.wikipedia.org/wiki/Skene%27s_gland). La función fisiológica de las glándulas de Skene sigue siendo un misterio; lo que sí está claro es que son análogas a la próstata masculina. A veces, durante la estimulación sexual, las glándulas de Skene producen un líquido inodoro y transparente que es emitido a chorros durante el orgasmo, formando la eyaculación femenina. Este líquido es distinto de la lubricación vaginal, que es producida por unas glándulas distintas, las glándulas de Bartolino (http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndula_vestibular_mayor ). Al contrario de la lubricación vaginal de estas glándulas, la secreción de las glándulas de Skene contiene marcadores bioquímicos similares a los producidos por la próstata masculina, como la enzima PDE5 (fosfodiesterasa específica de cGMP tipo 5) y antígeno específico de próstata. Recordemos que, en el hombre, la próstata es el órgano que fabrica el semen, en el que son suspendidos los espermatozoides que provienen de los testículos. Por lo tanto, en la mujer las glándulas de Skene producirían un líquido parecido al semen y es completamente apropiado llamar su secreción “eyaculación femenina”.

De hecho, el punto G y el fenómeno de la eyaculación femenina han sido conocidos desde la antigüedad en numerosas culturas (Korda, J. B., S. W. Goldstein, et al. (2010). "The History of Female Ejaculation." J Sex Med 7(5): 1965-1975). Son descritos por textos taoístas del siglo IV, en el Kamasutra hindú, y por Aristóteles y Galeno en el mundo occidental. Entonces, ¿por qué existe tanta controversia hoy en día en cuanto a su existencia? La razón, por increíble que parezca, es ideológica y política. En 1976 se publica el best-seller “El Informe Hite”, escrito por la feminista americana Shere Hite. En él se explica que para la mujer la mejor forma de alcanzar el orgasmo es masturbarse tocándose el clítoris, y que la estimulación interna de la vagina no es necesaria. Eso desencadena una crítica de los trabajos anteriores sobre el orgasmo femenino: el doctor Ernst Grafenberg es tachado de machista y acusado de haberse inventado el punto G con el motivo de convencer a las mujeres de practicar el coito vaginal, para así relegarlas a su función de reproductoras y proveedoras del placer masculino. También es acusado de machista Sigmund Freud. Por ejemplo, en su artículo Orgasmo femenino: ¿vaginal y clitoridiano?, la sexóloga Raquel Díaz Illescas escribe: “Freud decía que sólo las mujeres que habían alcanzado una madurez psicosexual eran capaces de disfrutar con el coito; las que lo hacían a través de la estimulación del clítoris eran unas inmaduras. (…) Fue el prestigioso Freud el primero que abordó la categorización de mujeres clitoridianas y mujeres vaginales, tratando así el tema en uno de sus más celebres trabajos “Tres ensayos sobre teoría sexual”; sin duda, una de las obras que revolucionó a la sociedad del momento y que tanto ha despistado a las generaciones que le sucedieron.” Al parecer, una buena parte de los sexólogos se ha apuntado a esta visión políticamente correcta sin pararse a examinar con el debido cuidado la evidencia a favor de orgasmos vaginales y la eyaculación femenina. Afortunadamente, hoy en día hay una nueva generación de feministas dispuestas a explorar en profundidad la sexualidad femenina y a rechazar los reflejos puritanos (por ejemplo, en contra de la pornografía y el sadomasoquismo) de las feministas de la vieja escuela. Y el punto G y la eyaculación femenina han vuelto a ponerse de moda.

Corremos incluso el peligro de caer en el extremo opuesto. Hoy en día proliferan artículos, vídeos e incluso cursillos que quieren enseñar a las mujeres cómo conseguir eyacular, o “squirt”, como se dice en slang inglés. La eyaculación femenina, de por sí, no me parece una meta importante. Al parecer, el tamaño de las glándulas de Skene varía mucho de una mujer a otra, y algunas pueden carecer completamente de ellas. Esto puede llegar a traumar a más de una, que se sentirá frustrada al no poder conseguir el nuevo galardón de la mujer realizada sexualmente. Por favor, no exageremos. Creo que lo importante es que nos demos cuenta de que  la sexualidad femenina existe en una gran variedad de formas. Hay que dejar que cada mujer explore su sexualidad a su manera, sin metas arbitrarias ni complejos, sino como una forma más de autoconocimiento y experiencia vital. De todas formas, el orgasmo vaginal tiene la capacidad de movilizar emociones de una forma en la que no lo hace el orgasmo clitoridal, y no es mala idea para las que no lo conocen intentar experimentarlo.

Referencias:

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  4. Foldes P, Buisson O (2009) The clitoral complex: a dynamic sonographic study. J Sex Med 6:1223-1231.
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  14. Zaviacic M, Ablin RJ (2002) The G-spot. Am J Obstet Gynecol 187:519-520; discusssion 520.