Mostrando entradas con la etiqueta Transición española. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transición española. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de febrero de 2021

Sobre mi participación en el golpe de estado del 23-F

 

Fuente The Guardian

Mañana, 23 de febrero, se cumple el 40 aniversario del golpe de Estado (conocido en España como el 23-F) que intentó revertir la transición de España a la democracia y devolver al país a una dictadura fascista. El golpe del 23-F no deja de tener algunas facetas en común con el reciente asalto al Capitolio de los Estados Unidos instigado por Donald Trump.

Un juego de ajedrez que nunca llegué a terminar

La noche del 23 de febrero de 1981, yo estaba jugando al ajedrez en el cuartel del ejército cerca de Burgos. De repente, alguien entró en la habitación con noticias alarmantes:

“¡Es increíble! Estaba escuchando por la radio el traspaso del poder en el Congreso, cuando unos guardias civiles entraron disparando. ¡Los han cogido a todos como rehenes! "

“Todos” significaba el gobierno, el Senado y el Parlamento. El país había sido decapitado.

La transición de España a la democracia

¿Cómo era posible que todo el gobierno, el Senado y el Parlamento estuvieran reunidos en el mismo sitio? Para explicarlo y comprender el significado del golpe, es necesario recapitular lo que había sucedido en España en los cinco años anteriores. Sobre todo para aquellos que no estéis familiarizados con la historia reciente de España.

1.      El 20 de noviembre de 1975 muere el general Francisco Franco, quien había sido dictador desde que ganó la Guerra Civil española el 1 de abril de 1939.

2.      Franco deja como sucesor a Juan Carlos de Borbón, último heredero de una dinastía que había gobernado España durante cientos de años. Fue coronado rey Juan Carlos I en diciembre.

3.      El rey Juan Carlos era un demócrata en secreto y había hecho planes con Adolfo Suárez, miembro de la Falange, para diseñar una transición pacífica a la democracia.

4.      En junio de 1976, el rey Juan Carlos nombra presidente de gobierno a Adolfo Suárez.

5.      Suárez se puso inmediatamente a trabajar para crear una transición legal y pacífica a la democracia, algo que nunca se había hecho antes en ningún lugar del mundo. Para hacer eso, tuvo que trabajar con el Congreso nombrado por Franco para cambiar las leyes.

6.      Todo el proceso se realizó de forma democrática. El pueblo español votó en referéndum para aprobar una ley de transición a la democracia.

7.      Esa ley sentó las bases para las elecciones democráticas, que fueron ganadas por la Unión de Centro Democrático (UCD), un partido centrista creado rápidamente por Adolfo Suárez. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado en el siglo XIX, le seguía de cerca. El Partido Comunista de España (PCE), que había luchado contra Franco durante la dictadura y acababa de ser legalizado, también ganó varios escaños. Otro partido nuevo, Alianza Popular, se posicionó a la derecha de UCD. Hubo partidos franquistas que se presentaron pero no obtuvieron ningún escaño.

8.      En diciembre de 1978, otro referéndum aprueba la nueva Constitución Española, que transforma al país en una monarquía democrática similar a la de otros países europeos como Holanda y Suecia.

9.      Aunque Adolfo Suárez continuó siendo presidente, durante los dos años siguientes su gestión de la economía fue objeto de fuertes críticas por parte de la izquierda (PSOE y PCE), la derecha (Alianza Popular) y dentro de su propio partido, UCD. Incluso corrían rumores de que Suárez había perdido la confianza del rey.

10.  Finalmente, UCD orquestó el derrocamiento de Adolfo Suárez para elegir un nuevo presidente dentro del partido, Leopoldo Calvo-Sotelo. Para ello, se tuvo que realizar una sesión de confirmación en el Congreso, con la asistencia de Gobierno, Senado y Parlamento.

Dada la importancia del hecho, se estaba retransmitiendo en directo por televisión cuando irrumpieron en el Congreso el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero y sus tropas. Puedes ver el vídeo aquí. Tiene 33 minutos de duración, pero el segmento clave son los primeros 3 minutos.

Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Antonio Tejero y Alfonso Armada en el 23-F. Diario de Burgos

El golpe visto desde el cuartel

Al principio me negaba a creerlo. No podía estar pasando. Esos no podían ser guardias civiles, seguramente serían terroristas disfrazados, de la ETA o del GRAPO. Pero, cuando me reuní con los otros soldados en torno a la radio, comencé a entender la importancia de lo que estaba sucediendo.

Había más noticias alarmantes: en Valencia, una región del este de España, el general Jaime Milans del Bosch había ordenado un toque de queda y había sacado los tanques a las calles. Nadie dudaba de que apoyaba el golpe. Nosotros estábamos enlistados en una brigada de tanques. ¿Íbamos a ser los siguientes?

Blindado Móvil con Ruedas (BMR)

Efectivamente, enseguida oímos a las trompetas tocar "generala", el toque de alarma. Nos dieron a cada uno un rifle automático cetme y varios cargadores de munición. Mi escuadrón estaba dotado de Blindados Móviles con Ruedas (BMRs), vehículos todo-terreno de transportes de tropas, fuertemente blindados, con seis ruedas y una ametralladora operada desde el interior. Podían moverse en carreteras de hasta 100 km/h, mucho más rápido que cualquier tanque. Eran el arma perfecta para controlar una ciudad. Los conductores alinearon los vehículos en el patio y establecieron conexión de radio. Se nos ordenó apagar las radios y esperar en nuestras camaretas. Nadie sabía de qué lado estábamos.

Por aquel entonces yo no había leído tanto sobre la Guerra Civil como ahora, pero había oído decir que aquellos a los que la guerra pilló en el ejército tuvieron que seguir en él durante muchos años. Yo llevaba trece meses haciendo la mili, desde enero de 1980. Sólo me faltaban un par de semanas para licenciarme. Y ya no aguantaba más. Antes de ser reclutado me había licenciado en la Universidad Autónoma de Madrid con un título en bioquímica y estaba ansioso por empezar mi doctorado en neurociencias. No pensaba pasarme el resto de mi juventud en el ejército apoyando una dictadura. Prefería morir.

Lo pensaba en serio, al igual que muchos de mis compañeros. A menudo hablábamos de política, aunque no nos estaba permitido hacerlo. La transición a la democracia había sido un proceso emocionante; todos teníamos las ideas políticas bastante claras. No íbamos a participar en el establecimiento de una nueva dictadura. Y estábamos armados. Si nos ordenaran disparar contra la gente, podíamos decidir apuntar nuestros fusiles a los oficiales. Lo que podía significar la muerte, claro. Quizás otros soldados nos dispararan a nosotros. Pero al menos habríamos muerto por una buena causa, no defendiendo al fascismo.

Los sargentos debían saber lo que estábamos pensando. Actuaban de forma recelosa, evitando mirarnos a los ojos y contestar a nuestras preguntas.

Empecé a forjar un plan más elaborado. Si nos ordenaban meternos en los BMRs, secuestraría el mío tan pronto como saliéramos a la carretera. Yo era cabo, así que con un poco de suerte estaría a cargo del vehículo. Le diría al conductor que nos llevase a la frontera francesa. Una vez allí, nos rendiríamos a las autoridades francesas y pediríamos asilo político. Había muchas posibilidades de que mis compañeros estuvieran de acuerdo con el plan. Si hiciera falta, le dispararíamos con la ametralladora a todo lo que se interpusiera en nuestro camino. La frontera francesa estaba a sólo un par de horas. Con el revuelo que había, podíamos llegar antes de que nadie se diese cuenta de que habíamos desertado. O podían matarnos por el camino.

Pronto cayó la noche. Me acosté en mi litera, vestido, con las botas puestas, un arnés lleno de cargadores, el cetme a mi lado. Alguien encendió la radio, muy bajito para que no la oyeran los sargentos. Así fue cómo escuchamos al rey Juan Carlos. Según la Constitución, si el gobierno quedaba incapacitado, toda la autoridad recaía sobre él. Y el rey ordenaba arrestar a Antonio Tejero y a Milans del Bosch. Estaba en contra del golpe.

Yo lloraba quedamente. Algunos de mis compañeros también lo hicieron, como y probablemente mucha gente en toda España.

El día después

Pero aún no se había acabado. Tejero todavía tenía como rehén a todo el gobierno. Milans del Bosch aún controlaba el País Valenciano. Desde la época de Franco, el Ejército español estaba dividido geográficamente en Capitanías Generales, cada una bajo las órdenes de un Teniente General. Milans del Bosch era uno de ellos. Si otros generales se volvían contra el rey, el golpe aún podía tener éxito. O podía empezar otra guerra civil. A fin de cuentas, la Guerra Civil había empezado con un golpe de estado fallido. Y produjo cerca de un millón de muertos en un país de veinte millones de habitantes.

Nadie sabía de qué lado estaba nuestro Teniente General. Todavía no había tomado partido.

Pero cuando amaneció el nuevo día, el rey estaba ya firmemente al mando. Con alivio, devolvimos nuestras armas y municiones a la armería.

En un irónico golpe de suerte, ese día yo estaba arrestado. Eso supuso que tenía que quedarme dentro del barracón fregando pisos, mientras que a mis compañeros los hacían desfilar durante varias horas en el patio. Parecía que nuestros oficiales no estaban muy contentos. ¿Quizás porque querían que hubiera triunfado el golpe?

A solas en el barracón, yo podía escuchar la radio mientras fregaba el suelo. Un grupo de periodistas había pasado la noche en la Plaza de las Cortes de Madrid. El famoso periodista deportivo José María García hacía de locutor de radio con el mismo tono de voz que usaba para comentar un partido de fútbol.

Mientras yo escuchaba en directo, el general Alfonso Armada se ofreció voluntario para ir a la puerta del Congreso para negociar con Tejero. Yo ya conocía a Armada: había sido mentor del príncipe  Juan Carlos y una vez había concertado un encuentro entre él y mi padre, cuando era rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Más tarde salió a la luz que Armada también había estado planeando un golpe y lo que quería era convencer a Tejero para que lo apoyara. Pero lo que Armada tenía en mente era un gobierno de coalición con independientes y políticos de UCD, Alianza Popular y el PSOE, mientras que Tejero quería volver al régimen de Franco, así que rechazó la oferta de Armada.

Pero, como nosotros, los guardias civiles que estaban dentro del Congreso tenían puesta la radio. Habían escuchado el mensaje del rey y la noticia del fracaso del golpe. Uno por uno, fueron a la parte trasera del edificio del Congreso, saltaron por la ventana y se rindieron. José María García anunciaba cada policía que saltaba por la ventana como un gol en un partido de fútbol. Yo fregaba el suelo y lloraba.

Analizando el 23-F

Se han escrito varios libros sobre el golpe del 23-F. Mi favorito es Anatomía de un Instante, de Javier Cercas. En él relata lo ocurrido dentro del Congreso. La primera media hora es bien conocida en España porque se transmitió en directo por televisión y fue grabada en vídeo. Los guardias civiles le ordenaron al operador de la cámara que la apagara, pero él los convenció de que la luz roja significaba que no estaba transmitiendo. Por eso sabemos que todos los congresistas se tiraron al suelo cuando la Guardia Civil entró disparando. Sólo tres se atrevieron a quedarse sentados: Adolfo Suárez; Santiago Carrillo, secretario general del PCE, y el general Manuel Gutiérrez Mellado, ministro de defensa de Suárez. Gutiérrez Mellado fue inmediatamente a enfrentarse a Tejero, ordenándole deponer las armas. Tejero intentó empujarlo al suelo, pero no pudo con el anciano general.

Adolfo Suárez, Manuel Gutiérrez Mellado, Santiago Carrillo, Felipe González (el líder del PSOE que luego fue presidente) y otros políticos notorios fueron llevados a una sala separada. Sabían que serían los primeros en ser ejecutados.

La parte más peligrosa del golpe ocurrió cerca de Madrid, en la División Acorazada Brunete. Varios oficiales se rebelaron, reunieron sus tropas y fueron a rodear el palacio del rey. Querían tomarlo también como rehén, para evitar que se pusiera al mando. Sin embargo, el rey estaba preparado y envió sus propias tropas para defender el Palacio de la Zarzuela. Me imagino que todas esas tropas eran también gente que hacía la mili, como yo. De ninguna manera se iban a enzarzar a tiros con otros muchachos haciendo la mili.

A los que no sois españoles os tengo que explicar que la Guardia Civil es una peculiar institución española, una policía militarizada encargada de mantener el orden fuera de las ciudades. Hoy en día cumplen funciones de patrulla de carretera, guardacostas y guardias fronterizos, entre otras muchas cosas. Los que iban con Tejero habían sido adoctrinados durante meses, pero su lealtad hacia él era bastante tenue.

Tan fuerte era el interés de algunos para revertir la transición y eliminar la nueva democracia española que se habían estado preparado tres golpes de estado diferentes durante 1980: los encabezados por Antonio Tejero, Milans del Bosch y Alfonso Armada. No está claro hasta qué punto sabían unos de los otros. La atrevida maniobra de Tejero sirvió para precipitar los otros dos golpes. Armada iba diciendo que hablaba en nombre del rey, y que no quería volver a la dictadura sino "reorientar" la democracia arreglando la economía y probablemente ilegalizando al Partido Comunista y a los partidos independentistas catalanes y vascos.

Había habido sobradas advertencias

Tejero, junto con el capitán de la Policía Nacional Ricardo Ynestrillas, ya había planeado otro golpe de Estado en noviembre de 1978. Se lo llamó Operación Galaxia porque fue planeado en la Cafetería Galaxia de Madrid. Nunca se llegó a poner en marcha porque dos de los oficiales que participaron en la reunión informaron a sus superiores del complot. Tejero e Ynestrillas recibieron sentencias muy leves, de siete meses y seis meses, respectivamente, y mantuvieron sus cargos militares. Esto permitió a Tejero tramar el golpe del 23-F. Quedó claro que planear un golpe en España no conllevaba muchos riesgos.

Con tres golpes de estado siendo planeados simultáneamente, es difícil creer que la inteligencia militar española no sabía nada. El hecho de que el gobierno no había sido alertado demuestra que la inteligencia militar fue, o cómplice del golpe, o extremadamente incompetente.

Lo que está claro es que cuando los golpistas no son castigados severamente, intentarán un nuevo golpe. Como mínima precaución, los golpistas deben ser separados de por vida del ejército o de la policía. Los golpes pueden tener consecuencias graves. La Guerra Civil española produjo casi un millón de muertos. Los golpes de Augusto Pinochet en Chile y de la junta militar argentina resultaron en la tortura y muerte de decenas de miles de personas. Por tanto, un golpe de Estado es un delito más grave que el asesinato y debería ser castigado con cadena perpetua.

Las consecuencias

Me licencié dos semanas después del golpe, justo a tiempo para participar en una manifestación millonaria en Madrid en apoyo de la democracia. Había tanta gente en la calle que era imposible marchar a ningún lado. Escuchamos un discurso y nos volvimos a casa.

Leopoldo Calvo-Sotelo fue instaurado como presidente, pero su mandato no duró mucho. Perdió las elecciones de 1982, que pusieron al PSOE en el poder. Fueron las primeras de tres elecciones consecutivas ganadas por los socialistas, que permanecieron en el poder durante 12 años.

Alfonso Suárez se convirtió en un héroe nacional, celebrado por su magistral transición a la democracia. Fundó otro partido, Centro Democrático y Social, que tuvo poco éxito. Cogió la enfermedad de Alzheimer en los años 90 y murió en una institución sanitaria. El aeropuerto de Madrid lleva su nombre.

Antonio Tejero, Milans del Bosch y Alfonso Armada fueron encarcelados. Sin embargo, hubo mucho descontento por los privilegios que tuvieron, con celdas lujosas y visitas ilimitadas.

¿Podría haber un golpe en los Estados Unidos?

En la civilización occidental ha habido golpes militares desde que Julio César cruzó el Rubicón para mandar sus tropas a Roma. Sería ilusorio creer que los Estados Unidos son inmunes a ellos. Sin embargo, el ejército estadounidense tiene una fuerte cultura de obediencia a la Constitución y a los mandos civiles. Quizás porque orquestaron golpes en otros países y saben lo destructivos que son.

Vine a Estados Unidos por primera vez en 1986. En 1989 regresé a España como profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, pero las cosas no salieron bien. En 1991 volví definitivamente a Estados Unidos y me casé con una americana. En el 2005 adquirí la nacionalidad estadounidense, sin renunciar a la española. 

Mientras veíamos en la televisión a las multitudes enloquecidas invadir el Capitolio de Washington el 6 de enero, mi esposa no paraba de preguntarme: "¿Es esto un golpe?" "Mientras el ejército no se meta, no es un golpe", le respondí. Sin embargo, ya no estoy tan seguro. Si los rebeldes de Trump hubieran logrado tomar como rehenes a miembros del Congreso y del Senado, se habría producido una situación muy similar a la del 23-F en España. Trump seguía siendo presidente y, sin la contrapartida del Congreso, ¿quién tendría el poder? ¿Quién habría ordenado el rescate de los rehenes?

En situaciones así cualquier intervención del Ejército es sumamente peligrosa. Porque, una vez que el Ejército tiene el control, ¿cómo sabemos que devolverán el poder? A algún general se le podría haber ocurrido lo mismo que planeaba el general Armada en España: un gobierno de coalición con miembros de los partidos Republicano y Demócrata y “tecnócratas” independientes. Pero, una vez que se deshacen los frágiles mecanismos de la democracia, puede resultar difícil recomponerlos.

Como con la Operación Galaxia, el pueblo americano ha sido advertido de lo que puede pasar. Y, como pasó en España aquella vez, el golpista de Trump no ha sido castigado. Esperemos que no le intente otra vez.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuarenta años de la muerte de Franco


El tópico es que la dictadura del General Franco sobre España duró cuarenta años. "Los Forrenta Años”, como se titulaba una serie de libros de cómics de Forges. Por eso cabría esperar que hoy que se cumplen cuarenta años de la muerte del dictador hubiera al menos algún comentario en la prensa sobre lo lejos que ya se nos va quedando la dictadura. Pero, no, parece que los atentados de París, la crisis de refugiados de Siria y el independentismo catalán copan todas las noticias.


Ya van quedando muy pocas personas que sufrieran en su carne la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. Somos más los que crecimos en los últimos años del franquismo y recordamos a Franco como un viejo decrépito que apenas podía hablar bien. Los símbolos del nacional-catolicismo más que miedo nos inspiraban una cierta sensación de ridículo. Pero los primeros años de la dictadura fueron un auténtico horror de fusilamientos en masa, encarcelamientos, torturas, pobreza y hambre. Por eso, me gustaría conmemorar la muerte del dictador recordando una de las facetas más horribles del principio de la dictadura: la suerte de los exiliados españoles en los campos de refugiados creados para ellos en Francia.

Además, de paso me sirve para enfocar dos temas de actualidad. El primero es el de los refugiados sirios. No nos viene mal recordar que un día los españoles también tuvimos que escapar de una guerra horrible y que no se nos acogió demasiado bien en el país vecino. El segundo tema es el del independentismo catalán. Quizás debamos recordar que fuimos todos los españoles los que luchamos a brazo partido contra el fascismo y a favor de la democracia. Madrileños, castellanos, valencianos y andaluces lucharon y murieron junto con los catalanes y los vascos. Al contrario de los que dicen algunos reinventores de la historia, el franquismo no fue español, ni madrileño, ni castellano. Franco tuvo que contratar mercenarios marroquíes y buscar la ayuda de soldados fascistas italianos y aviones alemanes para luchar contra nosotros, el pueblo español. En frente de la guerra se instaló en las puertas de Madrid, en el campus de la Complutense y en la Moncloa, en el otoño de 1936. Y Madrid, contra todo pronóstico, resistió hasta el final de la guerra, a finales del invierno del 39, cuando Bilbao y Barcelona ya habían caído en manos de los fascistas.


La última fase de la Guerra Civil empezó a finales de 1938. El Frente del Ebro, en el que los republicanos había puesto sus últimas esperanzas, se colapsó. Los franquistas ya habían conseguido llegar hasta el Mediterráneo siguiendo el Ebro y así separar a Cataluña del resto de la España republicana. A partir de ahí se movieron hacia el norte, tomando Tarragona. Los milicianos republicanos no podían resistir a un enemigo muy superior en armas y efectivos, y el pánico cundió en Cataluña. Cientos de miles de personas huyeron hacia la frontera con Francia. Aunque catalanes en su mayoría, iban acompañados de otros españoles que habían ido a refugiarse en Cataluña.

En total, se calcula que unas 460,000 personas cruzaron la frontera a Francia ese invierno. Para poner esa figura en perspectiva, pensemos que la población de España en esa época era inferior a los 20 millones de personas, con lo que los exiliados representaban el 2.3% de la población de España. Además, no era la primera vez que se producía un éxodo semejante. Refugiados españoles ya habían huido a Francia con la caída del País Vasco, Santander y Asturias. ¿Por qué huían? Por malo que fuera, vivir en la dictadura sin duda sería mejor que hacerlo en un campo de refugiados. Al principio de la guerra Franco había promulgado la Ley de Responsabilidades Políticas, con la que se condenaba a la cárcel o incluso a muerte a cualquiera que hubiera participado en el gobierno de la República o militado en un partido político o sindicato de izquierdas. De hecho, era sabido que la toma de ciudades por los fascistas iba seguida por fusilamientos, torturas, violaciones y encarcelamientos en masa. En total, se calcula que más de 100,000 personas fueron asesinadas por el franquismo después del final de la guerra. Para muchos, era exiliarse o morir.


Pero el destino de los exiliados fue muy penoso. Gobernados por la derecha, los franceses los retuvieron en campos de concentración en las playas del sur de Francia, como el de Argeles-sur-Mer que describe de forma espeluznante Almudena Grandes en su magnífica novela El corazón helado. También hubo campos de refugiados en otras localidades de Francia, donde los exiliados estuvieron años sufriendo privaciones. El gobierno francés colaboró con los franquistas para conseguir que muchos refugiados volvieran a España, donde fueron internados en “campos de purificación” de acuerdo con la infame Ley de Responsabilidades Políticas. En total, unas 280,000 personas volvieron a España; aproximadamente la mitad de los exiliados. Otros consiguieron emigrar a algún país de acogida, sobre todo Méjico, que se portó de forma ejemplar con nosotros. Unos pocos se integraron en la sociedad francesa y un número considerable murieron. El poeta chileno Pablo Neruda consiguió enviar 2,200 refugiados españoles a Chile. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, todavía quedaban en Francia 162,000 refugiados españoles, un 35% de los exiliados.


Si queréis aprender más de esta triste historia, podéis encontrar más información aquí http://www.exiliadosrepublicanos.info/es/historia-exilio .

No debemos olvidar nunca el horror que Franco, junto con sus colaboradores en las clases pudientes y la Iglesia Católica, desencadenó en España. Mientras el fascismo llegó al poder sin grandes problemas en Italia y en Alemania, casi un millón de españoles dieron su vida para luchar contra él. Quizás la memoria de este heroísmo y de nuestra determinación para seguir siendo un pueblo libre, democrático y justo debería servir para mantenernos unidos en estos momentos difíciles.



domingo, 11 de enero de 2015

El secuestro de Cecilia


Éste es otro fragmento de mi novela Desencadenada. Es el principio de uno de los segmentos más duros de la novela, en el que Cecilia se enfrenta a una situación sumamente peligrosa...

Nada más doblar la esquina, Vicente se adelantó un par de pasos y se detuvo delante de ella, mirándola.

-¡Desde luego, sí que estás buena! -le dijo con una sonrisa burlona.

Eso le extrañó, sus maneras, hasta entonces educadas aunque un tanto nerviosas, parecían haber cambiado súbitamente. Lo miró, sorprendida. Iba a decirle algo pero él la empujó contra la pared y la besó violentamente. Al principio se dejó hacer. Le gustaba que la besaran así y, a fin de cuentas, estaba allí para servir al cliente. Pero cuando el beso empezó a prolongarse intentó empujarlo para librarse de él. Él la apretó con aún más fuerza contra el muro. Giró la cara para librarse de su boca.

-¡Vale ya! Vamos al hotel… -empezó a decir.

Entonces los vio: dos tipos que habían aparecido de ninguna parte. Los reconoció enseguida: Luis y su repulsivo amigo Benito.

-¡Socorro! -gritó, al tiempo que intentaba zafarse con renovadas energías. Pero Vicente la sujetó con aún más firmeza, poniéndole la mano sobre la boca para ahogar su grito. Los otros dos se les echaron encima en un santiamén. Benito le agarró la muñeca, retorciéndole el brazo tras la espalda, haciéndole daño. A pesar de eso, se debatió. La obligaron a andar, apartándola de la pared. Se le torció un tobillo y se hubiera caído al suelo si no la hubieran sostenido. Perdió uno de los zapatos.

Un coche se detuvo en doble fila con un frenazo: un Dodge Dart negro. Luis abrió la puerta trasera. Benito tiró aún más de su brazo para forzarla a inclinarse hacia a delante, y la empujó dentro.

-¡Socorro! ¡Me secuestran! -volvió a gritar aprovechando que ya no le tapaban la boca.

Luis entró por la otra puerta trasera, atrapándola entre él y Benito. Le dio un bofetón.

-¡Cállate! -le dijo, y a los otros: -¡Venga, vámonos!

Tres puertas se cerraron en rápida sucesión. El coche aceleró.

Benito tiró de su brazo hacia arriba de su espalda, obligándola a doblarse hacia adelante. Notó un contacto metálico alrededor de la muñeca por la que la agarraba. La querían esposar. Enterró su brazo izquierdo en su vientre para que no pudiera cogerle esa muñeca. Luis empezó a tirar de él para sacárselo, y ella se dobló sobre sí misma con aún más fuerza para impedírselo. Benito aflojó la presión en su otro brazo y la empujó hacia atrás, permitiendo a Luis agarrarle la muñeca. Siguió forcejeando, resuelta a no dejarse poner las esposas.

-Ponle la mano en la espalda -le dijo Benito a Luis.

Cecilia dejó caer el zapato que le quedaba y clavó los pies en los asientos delanteros, presionando la espalda contra el respaldo con toda la fuerza de su cuerpo. Era la postura de escalar en chimenea, conocía bien su poder: aprovechaba la fuerza de todos los músculos de su cuerpo.

-No puedo -gruñó Luis-. Da igual, pónselas por delante. Total, va a ser mejor para lo que quiero hacerle.

Por más que lo intentó, no pudo luchar contra la fuerza combinada de los dos. No tardaron en juntarle las muñecas frente a ella y cerrar las esposas.

-¡Esto es un crimen! -les gritó a sus secuestradores. Luis la volvió a abofetear.

-¡Déjate de tonterías, Cecilia, o será peor! -le dijo.

Tuvo tiempo de reconocer al conductor: Pascual, el policía. Vicente iba junto a él en el asiento de delante. Luego algo negro le cayó sobre la cabeza, impidiéndole ver. Le habían colocado una capucha. Recordó el relato de Malena, como los pinochetistas la habían conducido así a la prisión donde había visto a su padre por última vez.

La capucha no la dejaba respirar. La empezó a invadir el pánico.

Tranquilízate, Cecilia, vas a necesitar todas tus fuerzas para hacer frente a esta situación. ¡Luis me tendrá preparado algo horrible, seguro! Pero no me va a matar… ¿Qué me hará? Darme esa paliza que me tenía prometida, seguro… de eso no me libro. Pero no se atreverá a dejarme marcas, serían pruebas contra él. ¿Y sus compinches? También querrán algo… ¡Me van a violar! ¡Dios mío, me van a violar! ¿Luis también? Es capaz, el muy cabrón, lleva toda la vida deseándolo. ¡Cuatro tíos… va a ser insoportable! ¡Me quedaré traumatizada para toda la vida, como le pasó a Malena!

Miedo. Estaba aterrorizada. Recordó lo que Lorenzo le había dicho una vez escalando: el miedo te pude llevar al pánico, o te puede servir para aumentar tu concentración.

Calma, calma. Yo no soy Malena, no soy una cría de dieciséis años. Estoy acostumbrada a que me follen. Vicente ya lo iba a hacer de todas formas… Eso es lo que tengo que hacer: imaginarme que son clientes. ¡Sí, clientes! ¡Unos fachas hijos de puta, eso es lo que son! ¡Ahora, que esto no quedará así! ¡Se van a enterar! ¡El Chino y Tony les darán su merecido! Voy a decírselo… ¡No, no! ¿Estás loca? Si los amenazas sólo vas a conseguir que te hagan más daño.

La rabia también era peligrosa, la haría menos inteligente. Y si había algo que le permitiría salir de esa situación era su inteligencia. Ella era más lista que Luis.

Mejor seguirles la corriente, esperar mi oportunidad. Si creen que me tienen, que ya no me resisto, igual puedo pillarlos desprevenidos.

La canción Rivers of Babylon sonaba sin cesar dentro de su cabeza. Muy apropiado, ahora soy yo a la que llevan cautiva.

El coche se detuvo. Oyó abrirse la puerta a su derecha. Sintió bajarse a Benito. Luis le quitó la capucha. Se habían detenido en mitad de una calle estrecha, desierta, en algún lugar del casco antiguo. Benito les esperaba en el portal del edificio más cercano, manteniendo abierta la puerta. Luis le agarró las manos esposadas y le apretó la capucha contra la boca para impedirle gritar.

-¡Sal! -le dijo al oído-. ¡Vamos, rápido!

Entre Luis y Vicente la hicieron cruzar la acera a la carrera. El portal se cerró tras de ella con un chirriar de bisagras y un chasquido siniestro del cerrojo.

Se metieron los cuatro en un ascensor antiguo, de esos de jaula, ella en medio, oculta por los cuerpos de los tres hombres. Pensó en gritar, pero Luis aún la amordazaba con la capucha. Le harían daño si lo intentaba.

La sacaron del ascensor. Benito abrió la puerta de un piso. Tenía un membrete, pero no pudo leerlo antes de verse empujada rudamente adentro.

Se encontró en un despacho lujosamente amueblado. Frente a la puerta, a la derecha, había un pesado escritorio de madera, atravesado en una esquina formada por dos estanterías llenas de libros. En las otras dos paredes colgaban fotos enmarcadas, algunas en blanco y negro, otras en color. Presidiendo en la parte más alta había un gran retrato de Franco, rodeado de fotos de políticos y militares que Cecilia reconoció sólo vagamente. Otras fotos mostraban hombres en uniforme, desfilando o marchando por el campo. Una puerta lateral, cerrada, debía conducir al resto del piso. En la esquina opuesta al escritorio había dos pequeños sillones flanqueando una mesa de café. Entre ellos, un estandarte inclinado dejaba caer medio desplegada la bandera de España, con su feo aguilucho negro.

Luis se cuadró frente a la bandera de un taconazo, extendiendo el brazo y la mano en el saludo fascista. Benito y Vicente lo imitaron de inmediato.

-¡Arriba España! -dijeron los tres al unísono, haciendo explotar la “p”.

Benito se quitó su pesada chaqueta de cuero y la arrojó sobre uno de los sillones.

-¡Va bene! ¿Cosa facciamo adesso? -dijo en italiano, frotándose las manos.

-Vosotros, nada; volveos al coche -dijo Luis-. Ya me encargo yo de darle a esta puta su merecido.

-¡Venga, Luis! -dijo Benito, mirándola con ojos chispeantes-. ¡Que nosotros también queremos divertirnos!

Se le acercó. La cogió de la barbilla para obligarla a mirarlo a la cara.

-¡Madonna, comme sei bella! ¡Una bella putana!

Cecilia se quedó rígida, paralizada. Resistió las ganas de protestar, de suplicar; intuía que mostrar miedo sólo serviría para excitar más a esos salvajes.

-¡Déjala! -dijo Luis, impávido-. Es mi hermana, yo sé cómo tratarla.

-Será tu hermana y todo lo que quieras, pero también es una puta. Si ya se la han tirado tantos tíos, ¿por qué íbamos a privarnos nosotros?

-Además, yo ya he pagado por eso -remachó Vicente.

-A partir de ahora va a dejar de ser puta, ya me encargaré yo de eso. Así ya no habrá más que discutir.

-Al menos déjanos ver cómo la castigas -insistió Benito.

-¡Ni hablar! -dijo Luis, desafiante-. Esto es un asunto de familia, y lo vamos a resolver ella y yo en privado.

-¡Porca miseria! -protestó Benito- ¡O sea, que hemos hecho todo este trabajo y al final no vamos a sacar tajada!

-Quedamos que esto era sólo asunto mío y que me ayudabais como amigos. Nadie dijo nada de sacar tajada.

Benito se acercó a Luis hasta colocar su cara a unos centímetros de la suya.

-¿Y qué te pensabas, que te íbamos a ayudar sólo por amor al arte? ¡Tú solo no vas a conseguir nada, Luis, precisamente porque es tu hermana y tú, en el fondo, eres un blandengue!

-No voy a ser nada blando con ella, no te preocupes -dijo Luis, sosteniéndole la mirada.

Vicente cogió a Benito por el codo y tiró de él hacia la puerta.

-Vámonos, Benito. Tiene razón: si fuera mi hermana yo también querría arreglar esto a solas con ella.

Benito no se movió, los pies plantados firmemente en el suelo, los ojos clavados en los de Luis.

-¡Tú no conoces a las mujeres, Luis! -masculló entre dientes-. Se echará a llorar, se quejará y suplicará y te dirá que va hacer lo que tú quieras. ¡Y luego hará lo que le da la gana, como todas! ¡Que las tías parecen muy blandas por fuera, pero en realidad son muy duras por dentro, joder!

-Muy bien -concedió Luis-, si no consigo hacerla entrar en razón os llamaré para que me echéis una mano.

Vicente volvió a tirar de Benito, esta vez con más firmeza. Benito lo siguió hasta la puerta con dos pasos furiosos. Se detuvo y volvió a mirarlos una vez más.

-Estaremos en La Vía Láctea, con Pascual. Ven a buscarnos cuando nos necesites.

Cerró la puerta tras ellos, dando un portazo.

jueves, 16 de octubre de 2014

El Opus Dei, “La Isla” de Aldous Huxley, “Historia de O” y otras notas

O y René en la película Historia de O
Estoy preparando una nueva edición de mi novela Juegos de amor y dolor en la que la única novedad será la inclusión de hiperenlaces (“hyperlinks”) a una serie de notas situadas al final de la novela. Otro hiperenlace al final de cada nota permite volver al punto donde se dejó la historia. Las notas proporcionan información sobre aspectos de la realidad política y social de la España de la Transición que forma el telón de fondo de la novela. También incluyo muchas otras cosas interesantes, como explicar de cómo eran los libros, las películas y la música que disfrutaba Cecilia, y aportar la información que reuní en mi trabajo de documentación.

Éstas son algunas de las notas (no todas) que escribí para el primer capítulo, Secuestro en Perpiñán.

Opus Dei - Organización católica de ideología conservadora cuya doctrina principal es encontrar la santidad en el trabajo cotidiano. Su nombre oficial es Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. “Opus Dei” significa en latín “Obra de Dios”. Fue fundado en 1928 por el sacerdote José María Escrivá de Balaguer (6 de enero, 1905 - 26 de junio, 1975). Opera a base de reclutar miembros de las élites política, intelectual y económicas, a menudo cuando son aún adolescentes. Una vez que alguien se hace miembro de la organización es aislado de su familia de origen y guiado de forma estricta en todas las facetas de su vida. Los miembros numerarios tienen que donar todo lo que ganan al Opus Dei, devolviéndoseles una cantidad para sus gastos cotidianos. Aunque no hacen votos como los monjes, los miembros “numerarios” deben vivir en pobreza, castidad (que incluye el no casarse) y obediencia a sus superiores en la organización. Se albergan con otros numerarios en apartamentos regentados por las organización. Casi todos los miembros son numerarios, pero existe otra categoría, los “supernumerarios”, que están casados y gozan de independencia económica. Las deserciones de miembros del Opus Dei son muy frecuentes, y muchos  de los que se van se quejan de presiones psicológicas y manipulaciones de todo tipo mientras eran parte de la organización. Se ha criticado sobre todo la práctica del Opus Dei de incitar a hacerse miembros a menores de edad, normalmente a partir de los 14 años (que fue la edad a la que a mí me invitaron a hacerme miembro numerario). En los años 50 el Opus Dei se instaló en el poder dentro del régimen de Franco, que necesitaba una élite de intelectuales afectos al régimen para compensar la fuga de cerebros que representó el exilio de una buena parte de los intelectuales españoles al final de la Guerra Civil. En los años 60 el Opus Dei había infiltrado las clases políticas y financieras de España, llegando a colocar a algunos de sus miembros en el gobierno como ministros.

La Isla de Aldous Huxley - Ésta fue la última novela escrita por Aldous Huxley antes de su muerte en 1963. Mitad ficción, mitad ensayo, en ella refleja sus ideas más avanzadas sobre sexualidad, religión, misticismo, educación y drogas psicodélicas. En gran medida supuso un adelanto de las ideas contraculturales de los años 60. La novela nos muestra la utópica isla de Pala, en la que existe un régimen político basado en una mezcla de ideas científicas y progresistas y misticismo Hindú y Budista. Entre otras ideas revolucionarias, Huxley propugna parejas abiertas en las que no existen los celos, familias comunitarias donde los niños son educados y cuidados por múltiples adultos, no sólo los padres, distribución igualitaria del trabajo y la riqueza, y el uso de drogas psicodélicas (en particular una ficticia llamada soma) para entrar en contacto con una realidad transcendente. Son ideas que Julio sabe que entrarán en conflicto con la visión conservadora del mundo de Cecilia. El que Julio estuviera expuesto a estas ideas explica que más adelante quiera construir su relación con Cecilia como pareja abierta.

Rock Sinfónico - También llamado “rock progresista”, se trata de un tipo de música que evolucionó en Europa en los años 70 a partir del rock y que está representada principalmente por los grupos Pink Floyd, Genesis, Camel, Yes, King Crimson, Jethro Tull y Emerson, Lake and Palmer. Los integran músicos formados en conservatorios e influenciados por la música clásica y el jazz, que fusionan con el rock para crear temas muy complejos y elaborados. Este tipo de música también está muy influenciado por la mitología clásica, la ciencia-ficción, el misticismo oriental y las drogas psicodélicas.

Arias Navarro - Carlos Arias Navarro era presidente del gobierno cuando murió Franco y fue quien anunció su muerte por televisión. Permanecerá en el poder hasta julio de 1976, cuando el rey Juan Carlos lo remplaza por Adolfo Suárez, el promotor de la Transición española. Arias Navarro tuvo un pasado oscuro durante la Guerra Civil, siendo responsable de la matanza de mucha gente en Málaga. Se le atribuye la muerte de unos 4,300 republicanos, lo que le valió el apodo de El carnicero de Málaga.

La mayoría vota huelga - Durante esos años había una cadena continua de huelgas, asambleas y manifestaciones de estudiantes en la universidad. Yo las viví, ya que hice la carrera entre 1974 y 1979. Los estudiantes e incluso una buena parte del profesorado eran demócratas y de izquierdas. Los partidos (ilegales) de izquierdas habían infiltrado completamente la universidad, desde donde movilizaban a los estudiantes contra el régimen. Con parte del profesorado apoyando a los estudiantes, había tal vacío de poder que los alumnos votábamos las fechas de los exámenes y cuándo empezar las vacaciones.

Historia de O - Película estrenada en 1975 y basada en la novela erótica del mismo título escrita por Pauline Réage (cuyo nombre real era Anne Desclos). Cuenta las aventuras de O, una joven parisina que vive una intensa aventura sadomasoquista con su novio René y más tarde con Sir Stephen, un dominante aún más estricto. La historia empieza en el Parc de Montsouris. Allí René y O se suben a un coche que los llevará a Roissy, una mansión en el campo. René la deja allí, donde la desnudarán, la azotarán y la someterán a una violación ritual en grupo. A continuación, O es estrenada en Roissy durante un tiempo como esclava sexual. Más adelante, René la entrega a Sir Stephen, quien promete a O que lo servirá sin amarlo y sin que él la ame. Sir Stephen lleva a O a Samois, otra casa de campo regentada por Anne-Marie, quien marca a O con un hierro al rojo a petición de Sir Stephen (todo lo que ocurre en la historia se hace con el consentimiento de O). En mi novela uso la Historia de O como una referencia mítica que guiará las aventuras de Julio y Cecilia.

Editorial Ruedo Ibérico - Editorial fundada en 1961 en París por cinco exiliados españoles, entre ellos Nicolás Sánchez Albornoz and José Martínez Guerricabeitia. Estaban determinados a publicar libros que contrarrestaran la propaganda del régimen de Franco, que luego introducían clandestinamente en España. Entre 1966 y 1977 consiguieron publicar 150 libros, incluidos El Opus Dei en España y una traducción al español de La Guerra Civil Española de Hugh Thomas. Lo que le pasa a Cecilia en esa librería de Perpiñán está basado en un hecho real que me ocurrió a mí: en 1977 estaba ojeando un libro parecido, también en Perpiñán, en el que encontré el nombre de mi padre.

Agencia EFE - La agencia española de noticias creada (o refundada) en 1939 por el cuñado de Franco y Ministro de Prensa y Propaganda, Ramón Serrano Súñer. Par ello contó con la colaboración del periodista y político falangista Manuel Aznar Zubigaray, abuelo de José María Aznar, quien sería presidente del gobierno entre 1996 y 2004. Fue el mayor organismo de propaganda durante la dictadura de Franco. Hoy en día es la primera agencia del mundo de noticias en español y la cuarta en total.

Asesinato del Almirante Carrero Blanco - Luis Carrero Blanco fue presidente del gobierno  de España durante la dictadura franquista, de junio a diciembre de 1973. El anterior presidente fue el propio Franco, quien quería dejar a Carrero instalado en el poder, quizás para equilibrar las tendencias demócratas del futuro rey Juan Carlos. Carrero Blanco era un hombre profundamente religioso que trajo al poder a muchos miembros del Opus Dei. Fue asesinado el 20 de diciembre de 1973 por la organización terrorista ETA en lo que fue llamado “Operación Ogro” (existe una película sobre el tema con ese título). Su coche oficial blindado fue volado por encima de una tapia por una potente bomba. Tras su muerte tuvo lugar una reestructuración del gobierno que resultó en el Opus Dei perdiendo terreno a favor de los falangistas. El padre de Cecilia estaba conectado con el Opus Dei y por lo tanto también perdió poder tras la muerte de Carrero. El siguiente presidente del gobierno, nombrado por Franco, fue Carlos Arias Navarro, quien todavía estaba en ese cargo cuando murió Franco dos años más tarde, el 20 de noviembre de 1975. Muchos consideran el asesinato de Carrero Blanco como el comienzo de la Transición de España hacia la democracia, ya que quizás dicha transición no hubiera podido producirse si Carrero estuviera aún vivo.

Con un condón en la mano - Cualquier tipo de anticonceptivo, incluidos los preservativos, estaba prohibido durante la dictadura de Franco. Sin embargo, en los años 70 los condones eran relativamente fáciles de conseguir en el mercado negro, incluso en algunas farmacias. Algunos médicos y organizaciones progresistas le daban la píldora a mujeres que sabían cómo preguntar.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Lista de canciones de Desencadenada

A lo largo de la novela Voy a romperte en pedacitos voy indicando canciones que escucha la protagonista, Cecilia, y que van marcando lo que le ocurre. Para mí estas canciones son fundamentales, pues me evocan las emociones de cada pasaje. Acabo de publicar la lista de canciones del segundo libro de la trilogía, Desencadenada. La podéis leer en la pestaña con ese mismo nombre de este blog, al final.  

sábado, 21 de diciembre de 2013

¡Abandonad la Iglesia!

¿Qué, te habías creído el timo del Papa progre? Pues espero que te haya abierto los ojos la nueva ley sobre el aborto que el PP ha impuesto a golpe de decretazo franquista. No hay Papas progres, sólo maquillajes publicitarios de una Iglesia que intenta recuperarse del escándalo mundial de los curas pedófilos. Así que han puesto al Papa Francisco haciendo de “poli bueno”, que finge necesitar nuestro apoyo para salvar a la Iglesia de los “polis malos” que prosiguen su guerra cultural contra las libertades. Pero ellos saben que no arriesgan nada: Francisco es tan retrógrado como el que más y la Teología de la Liberación está muerta y enterrada hace tiempo.

A ver si nos vamos enterando: la Iglesia Católica es el enemigo número uno de las libertades personales, especialmente las de las mujeres, los gais y todos los que practicamos sexualidades alternativas. Lo ha sido desde hace 2000 años y lo seguirá siendo en el futuro previsible. No sólo esto, sino que a lo largo de la historia la Iglesia ha estado siempre al lado del poder y de los ricos, manteniendo estructuras sociales de opresión y colaborando con algunos de los mayores crímenes colectivos que ha conocido la humanidad. La Iglesia impulsó la colonización de América y la institución de la esclavitud, derivada de la sumisión de los plebeyos a los nobles y clérigos feudales. Atacó a los descubrimientos científicos, desde Galileo hasta Darwin. Desempeñó un papel fundamental en la sublevación de Franco, en la Guerra Civil y en los 40 años de dictadura. También apoyó las dictaduras de Mussolini en Italia y Hitler en Alemania, cerrando los ojos al Holocausto que masacró seis millones de personas, judíos en su inmensa mayoría. Jugó a que apoyaba la Transición para posicionarse en el nuevo esquema político de España (ahora comprobamos lo bien que le salió la jugada), mientras que al mismo tiempo en Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia amparaba las nuevas dictaduras y su brutal represión.

Ante tantos desmanes la única actitud ética es negar nuestro apoyo a la Iglesia, siguiendo la idea de Gandhi de que si no te opones al mal te vuelves su cómplice. Tenemos que darnos cuenta de que no cabe compromiso alguno con la Iglesia: siempre buscará el poder y lo utilizará para acabar con nuestras libertades. La construcción de una sociedad sin sexismo, con una visión positiva y lúdica de la sexualidad y donde no se oprima a las personas en base a su orientación sexual pasa por eliminar el poder político de la Iglesia. No se trata de acabar con el catolicismo, sino de devolverlo a la esfera exclusivamente personal a la que pertenecen las religiones. No se trata de quemar iglesias, sino de vaciarlas. No se trata de pretender que todo el mundo se haga ateo, sino de que todas las creencias sean tratadas por igual por el estado. Ese es, en definitiva, el estado laico estipulado en la Constitución, que la Iglesia y la derecha nos han robado. Para ver lo que es realidad un estado aconfesional y laico sólo hace falta echar una mirada a EE.UU., donde no hay crucifijos en las escuelas públicas, ni asignatura de religión. España es una teocracia, como Irán, como Arabia Saudí.

Pero eso ya no refleja siquiera la realidad social de España. Así es como están las cosas en materia de religión, según las últimas encuestas de CIS… El 70.4% de los españoles se definen como católicos, el 26% como no creyentes y el 2.3% como practicante de otras religiones. Pero, ¡ojo!, que la mayor parte de esos católicos sólo lo son de boquilla. Cuando se pregunta a los que integran ese 70.4% de católicos cuantas veces van a misa, resulta que sólo el 15.1% van a misa todos los domingos y festivos (recordad que no hacerlo está considerado como pecado mortal). Otro 8.6% van a misa alguna vez al mes; un 15.9% lo hacen varias veces al año y un descomunal 59.1% no va prácticamente nunca. Basándome en estos números, y descartando el minúsculo 2.3% que practican otras religiones, los españoles se podrían catalogar en cuatro grupos:
  1. Un 26% de no creyentes, que incluiría a ateos, agnósticos, deístas y personas religiosas o espirituales que no se identifican con ninguna religión.
  2. Un 11% (15% del 70%) que practica el catolicismo, al menos lo suficiente para no romper el mandamiento de ir a misa los domingos.
  3. Un 42% (59% del 70%) que se define como católico pero que no practica el catolicismo. Se trata quizás de “católicos culturales”, es decir, de gente que se siente afín al catolicismo, su mitología y sus ritos, pero que no cree lo suficiente para no tener ningún problema con no ir a misa.
  4. Un 18% (25% del 70%) que va a misa pero no todos los domingos, incluyendo algunos que sólo lo hacen alguna vez al año.
Así que ahí lo tenéis: en España, país “oficialmente” católico, hay sólo un 11% de católicos practicantes. Los no creyentes declarados formamos una minoría mucho más numerosa, con más del doble de miembros. Pero lo más interesante es esa mayoría del 60% integrado por los católicos culturales y los que practican a desgana. Esa gente tiene lo que se llama en marketing una “opinión blanda”, es decir, susceptible a ser cambiada con facilidad. La Iglesia lleva desde siempre intentando atraerlos al redil… por lo que se ve, sin mucho éxito. Pero, ¿y si los no creyentes hiciéramos un esfuerzo decidido para atraerlos a nuestro grupo? No se trataría de convertir a la gente al ateísmo, no. Creo que los esfuerzos en ese sentido van descaminados porque mucha gente necesita “creer en algo”: en un cristianismo que definen a su manera, en un Dios no personal, en la vida después de la muerte o en esos mitos de fenómenos paranormales, fantasmas y reencarnación que les gustan tanto a Hollywood. No importa. Lo importante es romper el cerrojo de poder que tiene la Iglesia sobre la sociedad para asegurar nuestras libertades. Así que propongo lo siguiente:

  1. Si no practicas el catolicismo, di que no eres católico. Bien fuerte, que se entere todo el mundo. No tengas miedo, tienes compañía.
  2. Desafía sin miedo las creencias de tus amigos y familiares. Infórmate sobre las incongruencias y los puntos débiles de la fe cristiana. Un simple comentario bien dicho puede desencadenar un auténtico alud de dudas. Son creencias muy endebles, por eso han tenido que usar tanta violencia a través de la historia para defenderlas, con sus cruzadas y sus inquisiciones.
  3. No te cases por la Iglesia (las bodas civiles son ya el 73% de los matrimonios). Se pueden hacer rituales cantidad de bonitos en otros sitios.
  4. No bautices a tus hijos, ni les dejes hacer la primera comunión. Si tus hijos envidian los regalos de sus amigos que hacen la primera comunión, invéntate un ritual de madurez para ellos, regalos incluidos.
  5. Cuando hagas la declaración de la renta no le des ningún dinero a la Iglesia.
  6. No des nunca dinero a organizaciones como Cáritas que dependen de la Iglesia. Tu dinero irá a parar al bolsillo de obispos y curas, no al de los pobres. Hoy en día sobran ONGs laicas a las que contribuir que son mucho más de fiar.
  7. Si tienes inquietudes religiosas o espirituales, embárcate en una búsqueda personal de algo que dé sentido a tu vida. Te asombrarás de lo que vas a encontrar. En realidad, una de las peores cosas que hace el catolicismo es embotar nuestra auténtica espiritualidad con doctrinas y rituales sin contenido.
Ésta es la manera positiva y no-violenta de luchar contra la Iglesia, de darles donde más les duele. Yo abandoné el catolicismo a los 15 años, cuando todavía iba a un colegio del Opus, cuando era totalmente dependiente de unos padres carcas, cuando aún vivíamos en la dictadura nacional-católica. Fue un proceso doloroso y difícil, pero hoy en día me enorgullezco de haber sido capaz de hacerlo. Fue cómo salir de una cárcel mental. Gané mi libertad y le abrí la puerta a experiencias maravillosas en todos los ámbitos de mi vida.

Figura 1: El número de creyentes en España ha ido disminuyendo (línea negra) mientras que el de no creyentes ha aumentado (línea gris).

De hecho, vamos ganando la batalla. Desde 1998 el porcentaje de católicos en España ha ido disminuyendo y el de no creyentes aumentando de forma simultánea (Figura 1). El porcentaje de católicos practicantes ha disminuido de forma aún más estrepitosa (Figura 2). Pero hay veces que los cambios sociales se aceleran; se producen avalanchas de cambios masivos de opinión al romperse un equilibrio invisible de fuerzas. La misma Iglesia nos lo pone fácil con su inflexibilidad y sus ataques a nuevas pautas culturales cada vez más establecidas. ¿Quién sigue hoy en día los mandamientos de la Iglesia sobre anticoncepción?

Figura 2: El número de católicos que no va a misa ha aumentado (línea negra) mientras que ha disminuido el de católicos que van a misa todos los domingos (línea gris claro) y el de que van a  misa alguna vez (línea gris oscuro).

Si te enfurece lo que ha hecho el PP con la ley del aborto, haz lo que dicen por aquí: “don’t get mad, get even” - “no te cabrees, gánales la partida”. ¡Vaciemos las iglesias! Cuando sólo queden en ellas unos pocos beatos vejestorios, los obispos se tendrán que callar la boca de una puñetera vez y nosotros podremos construir esa sociedad libre e igualitaria que ansiamos.

sábado, 26 de octubre de 2013

Juegos de amor y dolor - segunda edición

Acabo de publicar la segunda edición de Juegos de amor y dolor, el primer libro de la trilogía Voy a romperte en pedacitos. Está a la venta como libro electrónico en los mismos puntos de ventas que antes, Amazon y Smashwords; al comparlo se descarga automáticamente la segunda edición. La primera edición ya no es accesible. Los enlaces de compra están aquí Juegos de amor y dolor.

¿Por qué una segunda edición? Bueno, como es mi primera novela supongo que era inevitable que hubiera algún error. Conversando con mis lectores me di cuenta de que uno de los personajes principales no estaba reflejado en la obra como yo pretendía. Eso tenía una cierta influencia negativa en la trama. Afortunadamente, bastaba cambiar unas pocas escenas para que el personaje saliera mucho mejor parado. Así que en esta segunda edición hay cambiadas ocho escenas, una de ellas completamente nueva, con lo que la novela es un poco más larga. ¿Qué cuál es el personaje con problemas? Eso no os lo voy a decir... A ver si lo adivináis.

Para los que no os decidís a gastaros los tres euros (o cuatro dólares) que pido por el libro sin saber si vale la pena, aquí podéis leer los tres primeros capítulos, gratis.

Juegos de amor y dolor by HermesSolenzol



domingo, 20 de octubre de 2013

Escribamos una novela erótica...

Cecilia Madrigal
Escribamos una novela erótica. Pero no una novela erótica cualquiera; una novela erótica de calidad. No unas de esas novelas victorianas que son sólo una sarta de escenas de sexo débilmente enlazadas por una trama superficial, con personajes que sólo saben follar. Pero que tampoco tenga una de esas tramas que no esté relacionada en absoluto con el sexo, simplemente sazonada aquí y allá con alguna  escena erótica. No, el meollo de la historia tiene que ser el sexo. Y con el amor… El amor y el sexo tienen que ir de la mano, nutriéndose el uno del otro, como pasa en la vida real.

El lector tiene que sentirlo todo en carne propia, experimentando no sólo excitación sexual sino sintiendo las emociones de la protagonista. Sí, tiene que llegar a identificarse completamente con la protagonista, viviendo todo lo que le pasa en carne propia. ¿Cómo vamos a conseguir esto? Para empezar, usemos un solo punto de vista: el de la protagonista, Cecilia Madrigal. El “punto de vista” en una historia es el personaje a través del cual contemplamos toda la acción. No tiene por qué ser el protagonista; por ejemplo, las historias de Sherlock Holmes están contadas desde el punto de vista del Dr. Watson. El lector tiende a identificarse inconscientemente con el punto de vista, por lo que si en vez de hacerlo saltar de un personaje a otro lo centramos en Cecilia lograremos que se meta más dentro de ella. En segundo lugar, escribamos la novela en tercera persona (es decir, diciendo “ella hizo esto, aquello y lo otro”), porque la primera persona (“yo hice esto, aquello y lo otro”) crea una separación entre “yo”, el que narra y “tú”, el que lee. En tercer lugar, abramos ocasionalmente una ventana a la mente de Cecilia, revelando al lector sus pensamientos y sentimientos; así sentirá que está dentro de ella. En cuarto lugar, haremos que la trama acabe por transformar radicalmente a Cecilia, para que así el lector experimente la transformación como si le ocurriera a él. Es importante seguir esta transformación paso a paso, lo que conseguiremos evitando saltos atrás y adelante en el tiempo. El problema es que sin cambios de puntos de vista y sin saltos en el tiempo, la historia será completamente lineal, lo que algunos pueden consideran aburrido y señal de poca sofisticación por parte del escritor. Hoy en día está de moda confundir al lector con una barullo de diferentes personajes/puntos de vista y con saltos de tiempo y lugar. Eso puede estar bien para algunas historias, pero no para ésta, porque lo que queremos es que el lector se concentre las emociones y la vida interior de Cecilia. Así que, para dejar perfectamente claro que escribimos una historia lineal a propósito, le vamos a poner fechas a los días. Y las fechas van a ser exactas: si escribo “miércoles, 31 de enero, 1979” es que el 31 de enero de 1979 era, efectivamente, miércoles. Hay calendarios en internet que hacen que esto sea muy fácil. Y no sólo eso, también hay sitios en internet que te dicen el tiempo que hacía ese día: las temperaturas máximas y mínimas, si hizo sol, llovió o nevó, la fuerza del viento, etc. Así que escribamos una novela realista a tope, con la meteorología real. Quizás así nos llevemos alguna sorpresa… el tiempo suele pillar a todo el mundo desprevenido.

Sí, el realismo aumentará la fuerza de acción, haciéndola más creíble, más próxima. Nada de fantasías. Nada de Bellas Durmientes eróticas. Nada de vampiros, brujas o duendes. Nada de millonarios estrafalarios, príncipes azules que pierden la cabeza por mujeres de baja extracción social. No, ésta va a ser una historia de gente como tú y como yo… El sexo será como es en realidad: a veces problemático, a veces con fallos. Ocasionalmente Cecilia no llegará al orgasmo y se quedará frustrada… Y tendrá sus reglas, perfectamente calculadas de acuerdo con el calendario, y tendrá que ajustar a ellas sus relaciones sexuales. Pero no por ser realista el sexo dejará de ser excitante. Al contrario, lo será más. Porque Cecilia no tendrá una sexualidad sencilla, sino que le gustará el sadomasoquismo desde el principio. Más adelante verá el sexo como una herramienta de transformación personal e incluso social, lo que la llevará a vivir increíbles aventuras eróticas. No quiero adelantar nada más, sólo decir que exploraremos los aspectos más insólitos del sexo, las situaciones eróticas más extremas. Y nada de repeticiones; cada escena de sexo será distinta de las demás. Empezaremos por las más sencillas y, a medida que evoluciona el descubrimiento sexual de Cecilia, las haremos más complejas y elaboradas. Porque ella será insaciable en su curiosidad y en sus ganas de aventuras. Una mujer poco corriente: inteligente; fuerte; determinada hasta rayar en la obsesión y capaz de amar y de sentir con una gran intensidad. 

Puestos a ser realistas, rodeemos la historia de un ambiente interesante: Madrid al final de los 70s, durante la Transición. Seguiremos la historia de la época paso a paso, haciendo que cada acontecimiento político influya lo que les pasa a los personajes. Mostremos cómo el enorme cambio social y cultural que sufrió España en esa época condiciona lo que deciden hacer esos personajes. Mejor aún: hagamos que la propia trama sea una metáfora de la transformación que sufre el país. Cecilia es España misma, evolucionando desde la opresión de la dictadura a la libertad de la democracia. Por lo tanto, Cecilia empezará la historia como una chica obediente y religiosa, como era la España franquista, y poco a poco irá va descubriendo su sexualidad, nuevas ideas, formas distintas de amar… en definitiva, la libertad. Cada uno de los personajes también será un símbolo de las ideas políticas y las clases sociales que se movilizaron durante la Transición. Julio, el novio de Cecilia, representará la clase media sensata y progresista que votaba al PSOE. Luis, el hermano de Cecilia, representará a los jóvenes fachas de Fuerza Nueva, que querían volver atrás el reloj. Don Francisco, el padre de Cecilia, representará las viejas generaciones franquistas, más calmadas pero más peligrosas aún que los jóvenes fachas. Concha, la madre de Cecilia, representará la generación sojuzgada durante la postguerra que ansía en secreto la libertad. Laura, la rival de Cecilia, representará las clases altas pero favorecedoras del cambio democrático que votaban a UCD. Lorenzo representará la clase obrera y los militantes disciplinados de PCE. Malena, su novia, representará los exiliados de las dictaduras de Chile y Argentina. Johnny representará a los españoles que emigraron e hicieron fortuna en el extranjero, trayendo a España nuevas ideas. El Chino traerá otro tipo de ideas: las del lejano Oriente.

Ya están puestas todas las fichas sobre el tablero; la partida de ajedrez puede empezar. Cecilia ayudada por Julio y sus amigos empezará el largo camino de su descubrimiento del eroticismo y la libertad. Su padre y su hermano harán todo lo posible para impedírselo. Laura, Johnny, Lorenzo, Malena y el Chino aportarán giros inesperados a la acción, lanzando a Cecilia en direcciones inesperadas. Al final todo acabará bien, claro, como pasó con la propia Transición… ¿O tal vez no fue enteramente así? Nada termina al gusto de todos, y esta novela no va a ser la excepción.

Los políticos españoles de la Transición. ¿A cuántos puedes reconocer?