domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Por qué tiene tanto éxito “50 Sombras de Grey”?



El éxito, desde luego, es innegable. He visto los gruesos tomos de esta trilogía apilarse el las librerías de los aeropuertos a través de todo Estados Unidos, y ahora las traducciones al español se apilan en los escaparates de las librerías de España. Y, sin embargo, muchos dicen que los libros están mal escritos, que la historia y los personajes son inverosímiles, que las escenas de sexo son repetitivas y aburren. A muchos sadomasoquistas de toda la vida les irrita que se presente su estilo de vida de forma negativa (por ejemplo, https://fetlife.com/groups/50700 ).

Cuando me enteré del gran éxito de “50 Sombras”, allá por abril de este año, yo daba los últimos toques a mi novela erótica “Voy a romperte en pedacitos”. Me alegró mucho la noticia porque mi obra tiene mucho en común con “50 Sombras”: también es una historia de amor que gira en torno al sadomasoquismo, contada desde el punto de vista de una joven masoca de unos 20 años de edad. Hay otras cosas en común, pero también otras en las que las dos novelas difieren radicalmente. Por ello llevo algún tiempo preguntándome si el éxito de “50 Sombras” pronostica o no el éxito de mi propia novela. Doy a continuación una lista de las cosas que, en mi opinión como escritor, son la causa del éxito de esa novela.

  • La trama está muy bien concebida: hay suspense y tensión desde el principio al final. En cualquier obra de ficción la clave del éxito consiste en crear un conflicto que involucre emocionalmente al lector. En esta novela el conflicto se establece en base a crear dos personajes contrapuestos, la inocente Anastasia y el millonario pervertido Christian Grey, que persiguen dos cosas distintas. Grey quiere convertir a Anastasia en su sumisa. Anastasia desea el amor del Grey y siente deseos encontrados sobre si participar o no en sus juegos sadomasoquistas.
  • El sexo es mucho más interesante cuando se da en el contexto de una historia de amor. Esta es la clave del éxito del género de “romance” o “novela rosa”, que tanto atractivo ejerce sobre las mujeres. Curiosamente, esta sencilla fórmula se ignora sistemáticamente en las novelas eróticas, donde los personajes muestran pasión por una cierta actividad erótica pero no se enamoran entre sí. Por ejemplo, en “Historia de O”, resulta difícil convencerse a uno mismo de que O quiere realmente a René, y Sir Stephen anuncia repetida y enfáticamente que no la ama. Lo mismo se puede decir de otros clásicos del eroticismo como “Emmanuelle”, donde cuando se da el amor se presenta como algo lejano y superfluo a la trama de la novela.
  • La tensión entre los dos personajes principales se traduce bien a las escenas de sexo. Anastasia quiere dejarse seducir por las fantasías sadomasoquistas de Christian, pero le tiene demasiado miedo al dolor y es demasiado orgullosa para dejarse sojuzgar. De esta forma, cuando se produce una escena sadomasoquista tiene lugar bajo tanta tensión que una simple azotaina produce un gran impacto emocional en el lector. Con esto se consigue excitar al lector sin herir su sensibilidad, como ocurriría si las escenas de sadismo fueran más duras.
  • Se lleva al lector a identificarse con la protagonista, a base de usar muy bien una serie de técnicas de ficción. Éstas incluyen el establecer a Anastasia como el único punto de vista: todo lo que ocurre en la historia lo experimentamos a través de su visión subjetiva. Esto se acompaña del uso de la primera persona y del tiempo presente, una combinación que considero irreal (es imposible que la protagonista nos cuente lo que le ocurre al mismo tiempo que le está sucediendo) pero que se ha usado con éxito en otras novelas como la trilogía de “Los juegos del hambre”. Por otro lado, Anastasia es una chica corriente - sólo hasta bien entrados en la historia nos damos cuenta de que es inusualmente guapa e inteligente - por lo que no le resulta difícil al lector meterse en su piel, sobre todo a las mujeres.
  • Buena representación de los conflictos internos de la protagonista. El hecho de que el conflicto exterior entre Anastasia y Christian se traduzca en un enfrentamiento interno dentro de Anastasia le da profundidad y credibilidad a la historia, multiplicando al tiempo su impacto emocional. Anastasia vacila entre su atracción por Christian y las claras señales de que él representa un grave peligro para ella. La compresión de este conflicto interno se facilita al recurrir a dos personajes dentro de Anastasia, su “subconsciente”, que en realidad es un super-ego freudiano que encarna las convenciones sociales y la educación represiva, y la “diosa interior”, la faceta de su personalidad que quiere perseguir sin trabas el placer, la belleza y la aventura.
  • La trama es impredecible. De hecho, yo estaba convencido de que Anastasia acabaría firmando el contrato que le ofrece Christian Grey. Es sorprendente que no lo haga, dada la desigualdad de fuerzas entre ella y Christian. El hecho de que la historia no vaya donde espera el lector mantiene el suspense hasta el final.
  • La riqueza exuberante induce una atracción casi pornográfica sobre muchos lectores. Esto es algo que no comparto: yo encuentro la ostentación de la riqueza de mal gusto, pero tengo que reconocer que en esto soy diferente a la mayor parte de la gente. Es cierto que el ser rico abre las puertas a muchas experiencias interesantes, como volar en helicóptero o en planeador. También sirve para establecer un desequilibrio de poder más acusado entre Grey y Anastasia. Pero encuentro decepcionante como ella acaba por dejarse seducir por el dinero, a pesar de todas sus protestas.

Aunque mi intención era sobre todo el investigar las razones del éxito de esta novela, no quiero terminar sin señalar algunos de sus múltiples defectos.

  • Los dos libros siguientes de la trilogía son mucho peores que el primero. Los aciertos que he señalado antes se refieren al primer libro pero no al segundo, que tiene una trama más bien insulsa y predecible. He oído que el tercero es incluso peor, pero me quedé tan decepcionado al acabar el segundo libro que decidí no comprármelo.
  • La calidad literaria de la novela es baja, se repiten demasiado determinadas palabras, frases hechas y metáforas. Hay errores gramaticales garrafales (mi favorito: “cariña”, que aparece en la versión original en inglés, no es una palabra en español). Y aunque algunas escenas de sexo del primer libro son muy excitantes, otras se repiten una y otra vez sin apenas variaciones y llegan resultar muy aburridas.
  • La novela ofrece una visión negativa y falsa del sadomasoquismo, a pesar de que a menudo se la presenta como una introducción al sadomasoquismo para el público general. La opinión de la autora parece coincidir con la de Anastasia: algunos juegos suaves como las azotainas, los ojos vendados y el “bondage” ligero están bien como jugueteo preliminar para el sexo - lo que ella llama en inglés “kinky fuckery”, algo así como “jodienda perversa”. Pero el sadomasoquismo auténtico, el que utiliza instrumentos como varas o palas que producen un dolor intenso, o ataduras incómodas, y para qué hablar de los juegos psicológicos de dominancia y sumisión… eso sólo lo hacen personas enfermas. Por si quedaba alguna duda en el primer libro, en el segundo se deja bien claro que Christian Grey es un enfermo mental, como lo es su iniciadora Elena y lo son las mujeres que se han sometido a él antes de que Anastasia apareciera para salvarlo. Se perpetúa así un estereotipo que los sadomasoquistas creían haber derrotado cuando en Estados Unidos los psicólogos dejaron de clasificar el sadomasoquismo como enfermedad mental.
  • El libro perpetúa una visión trasnochada de la pareja, donde los celos y la posesividad se confunden con el amor, donde se justifica que un hombre acose a una mujer y quiera controlar su vida y privarla de sus amigos, y dónde los que se desvían de estas pautas de conductas son locos o depravados. Se refuerzan así mismo estereotipos sexistas: la mujer (Anastasia) es más débil, más pobre, más indefensa y más ignorante que el hombre (Christian Grey), y lo mejor que le puede pasar en la vida es acabar casándose con él… por la Iglesia, por supuesto.

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