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lunes, 15 de marzo de 2021

El día que la pillaron

Cuando finalmente se descubre su secreto, una esposa infiel recibe una buena dosis de sus propias perversiones.


Spanking For Sneaking Out, por greenimp666, DeviantArt

Julia se sobresalta al entrar al dormitorio. Ricardo es una presencia amenazante y silenciosa junto a la cama.  

-¡Joder, qué susto! No sabía que estabas aquí.

Julia se sienta en la cama para quitarse los zapatos. No se los debía haber puesto para ir al trabajo. Tienen demasiado tacón.

Ricardo no responde. Paulatinamente, Julia se va dando cuenta cómo cruza los brazos, de cómo la mira.

-¿Pasa algo?

Ricardo cierra la puerta. Luego se planta frente a ella, todavía cruzado de brazos.

-¡Claro que pasa algo! Lo sé, Julia. Lo sé todo.

Niégalo, niégalo, niégalo. Ella deja escapar una risita.

-¿Sabes todo de qué?

Espera que él no note el temblor en su voz.

-Lo que has estado haciendo tras mis espaldas, -descruza los brazos, no sabe qué hacer con las manos-. Vi tu perfil en Fetlife. Todas las fotos guarras que has colgado allí.

Joder. Esto va en serio.

Niégalo, niégalo, niégalo.

-¡Fetlife! Debería haber borrado mi perfil hace tiempo. ¡Hace años que no he estado allí!

Se pone en pie frente a él. Sin los tacones, su frente apenas le llega a la barbilla.

-Entraste anoche, Princesa Zorra. Para colgar tu última foto, la de tus tetas. También le enviaste un mensaje a Switchy, cuyo nombre real es Enrique, tu amigo… ¿o tal vez tu amante?

-Cómo puedes saber todo eso… -murmura.

-No estaba fisgoneando en Fetlife. Pirateé tu cuenta. Y luego también pirateé tu correo electrónico… Sí, tu cuenta encriptada en Protonmail. Me he pasado horas leyendo. Así que, a estas alturas, ya lo sé todo. ¡Absolutamente todo! Así que ya puedes dejar de fingir, Julia. Deja de mentirme.

Esto debe ser una pesadilla.

Se queda paralizada frente a él. Baja lentamente la mirada al suelo.

-Me has estado mintiendo durante años. Me has estado engañando con Enrique… Y sabe dios cuántos más… ¿A cuántos más te has tirado, Julia?

Su mente corre desbocada. Todas las mentiras que había preparado, todas las evasivas, son ahora inútiles. Si ha pirateado sus correos electrónicos, lo sabe todo. No va de farol.

-¿Cuántos más te han follado, Julia?

El miedo se filtra como un líquido helado en sus venas. Todo está perdido. La casa, las cuentas bancarias, las tarjetas de crédito. Difícil saber qué quedaría después del divorcio.

Tendrá que dejar su trabajo en el museo y conseguir un empleo con un buen salario.

-¿Qué piensas hacer? -se atreve a preguntar finalmente.

-Llevo pensando en eso todo el día… Se me han ocurrido algunas ideas.

-¿Qué ideas?

Le agarra sus pantalones por la cintura, los desabrocha y le abre la cremallera. Se los baja hasta las rodillas.

¿Me va a follar? ¿Un poco de sexo iracundo y ahí se queda la cosa?

-¡Y yo que pensaba que te afeitabas el coño por mí! Pero no, lo hacías por Enrique.

Ella se mira la entrepierna.

-No, por ninguno de los dos. Lo hice por mí.

Él le baja las bragas hasta la mitad de los muslos.

-¡Claro! Para hacerte fotos y enseñárselas al mundo entero. ¡Serás guarra!

-No lo entiendes, Ricardo…

-¡Pues claro que no lo entiendo! Pero estoy seguro de que me vas a explicar.

Ella finalmente se atreve a levantar los ojos para encontrarse con los de él.

-¿Entonces no vas a divorciarte de mí?

-No lo sé… ¿Tú qué crees, Julia? ¿Nos divorciamos? ¿Vale la pena continuar con esta farsa?

-No quiero el divorcio, Ricardo.

-¡No, claro que no! ¡Lo que quieres es seguir disfrutando de nuestro nivel de vida y hacer lo que te da la gana! ¡Follando con quien se te ocurra! ¿Realmente te compensa seguir viviendo una mentira? ¿Aún me quieres, Julia?

-¡Por supuesto que sí! -sus ojos continúan fijos en los de él-. Ya sé que es difícil de entender… difícil de explicar, quiero decir… Pero lo que he estado haciendo no significa que no te ame. Te quiero, Ricardo. Un montón."

Él la mira en silencio. Ella se esfuerza en sostener su mirada.

-¿Y tú? ¿Tú me quieres, Ricardo?

Contiene la respiración esperando su respuesta.

-Sí que te quiero. ¡Si no, todo este asunto no sería tan doloroso!

Julia suelta un suspiro de alivio. Se agacha para subirse las bragas.

-Ni se te ocurra subírtelas.

Ricardo se desabrocha el cinturón. Lo saca lentamente de las presillas de sus pantalones.

-Te diré lo que voy a hacer. Voy pegarte en el culo hasta ponértelo como en esa foto que publicaste en Fetlife.

Ella se ríe.

-¡Pero si a ti esas cosas no te gustan!

-¡Ah, conque no me gustan, eh! Pues ahora mismo me sentiría mucho mejor dándote una buena paliza.

-No tienes ni idea de lo que estás hablando -dice aprensiva.

-No hace falta saber mucho… Sólo que me gustaría infligirte tanto dolor tú me has hecho tú a mí… Pero bueno, tampoco creo que te importara tanto, porque tú disfrutas con esas perversiones. ¿No, Julia?

-Bueno, depende…

-¿Cómo te marcaron el culo en esa foto?

¿Lo dice en serio? ¿Realmente piensa pegarme con el cinturón?

-¡Contéstame, Julia! ¡Y no me mientas!

-Enrique me dio una azotaina. Luego me pegó con una correa.

-¿Así que dejaste que te pegara Enrique, pero yo no puedo zurrarte?

-¡No es eso! No lo hizo para castigarme.

-Pero sí que te mereces que te castigue, ¿o no?

-¿Vamos a arreglar las cosas? ¿Me vas a perdonar?

-¡Respóndeme, Julia! ¿Mereces que te castigue?

Siente un cosquilleo de anticipación en el trasero. Traga saliva.

-¿No me vas a dejar?

-¡No me estás contestando!

-Tú tampoco.

Se desafían con la mirada.

-Las cosas van a cambiar. Se acabó lo de hacer la golfa.

-Por supuesto.

-Y te castigaré si lo haces. Como voy a hacer ahora. ¿Vale?

Solo me va a dar unos cuantos azotes. Luego me follará a lo bestia y todo habrá terminado.

-Vale.

La agarra por la muñeca y la tira bocabajo en la cama. Sus movimientos son bruscos, decisivos. Julia no podría haberse resistido si lo hubiera intentado.

El cinturón cae enseguida sobre sus nalgas. El dolor lacerante disipa toda ilusión de que él iba a andarse con remilgos.

Apenas tiene tiempo para recuperar el aliento cuando recibe el segundo correazo.

-¡Joder, Ricardo! ¡No me pegues tan fuerte!

-¿No? ¿Y por qué no? ¿Qué te crees, que esto es un juego? ¡Quiero hacerte daño, Julia! Que nunca va a ser tanto como el que me has hecho tú a mí.

Acentúa lo que dice con un tercer golpe, aún más fuerte que los anteriores. El dolor la atraviesa, haciéndola gritar.

-¡Así! ¡A ver si te enteras!

Él le pega. Ella aulla.

¡A la mierda!

Se levanta de la cama de un salto. Ricardo se queda con el cinturón levantado.

-¿Qué coño haces?

-Tenemos que hablar sobre ... ¡Ay!

El cinturón cae sobre la delantera de sus muslos con un resultado aún más doloroso que en su trasero.

-¡Auuu, cómo duele! ¡No me pegues en las piernas!

-Si pones el culo, te pego en culo. Si no, en las piernas, o donde sea. Tú eliges.

Sus ojos brillan de furia. Aprieta la boca con determinación. Vuelve a levantar el cinturón. Julia da un paso atrás, pero no consigue evitar que el cinturón vuelve a azotarle los muslos.

Suelta un grito, se da la vuelta y se tira en la cama. El cinturón le azota el trasero una, dos, tres veces, en rápida sucesión. Se encabrita y patalea con cada golpe.

Ricardo se detiene. Le arde el culo. Sus puños se aferran a la colcha.

-¿Has terminado?

Levanta la mirada y lo descubre hurgando en su bolso. Ha encontrado su móvil.

-Las cosas van a cambiar.

-Por supuesto, Ricardo -le tiembla la voz.

-Quiero que rompas con Enrique. ¡Ahora mismo!

Tira el móvil en la cama frente a ella.

 -¿Qué quieres que le diga?

-Que no lo vas a volver a ver.

Ella desbloquea su teléfono.

"No podemos volver a vernos" escribe.

Ricardo se arrodilla en la cama para leer por encima de su hombro.

La respuesta llega de inmediato:

"¿Por qué?"

Ella escribe: "Ricardo se ha enterado de lo nuestro". Le enseña el mensaje a Ricardo.

-Mándalo.

“¡Joder! Lo siento, Julia. Entonces, ¿no os vais a separar?”

Mira interrogativamente a Ricardo. El asiente.

“No.”

-Dile lo que te estoy haciendo -lo enfatiza con un nuevo correazo.

Ella escribe: "¡Me está pegando con el cinturón, Enrique!"

Un nuevo azote. Luego llega la respuesta: "¡Me estáis poniendo a cien!"

"¡¡¿¿Qué??!! ¡¡¡No es un juego, Enrique !!! ¡Me duele un montón! "

“Sí, pero al menos no os vais a separar. Mejor que dé rienda a su rabia. ¡Aguanta, Julia!".

Ricardo le quita el móvil.

-Bueno, parece que él sí que lo ha entendido -murmura, y apaga el móvil.

Los correazos empiezan otra vez, frustrando sus esperanzas de que la paliza hubiera acabado.

-¿A que no sabes quién se está haciendo una paja ahora mismo pensando en lo que le está pasando a tu lindo trasero? -le dice mientras sigue pegándole implacablemente.

El dolor se acumula hasta convertirse en una mezcla infernal de aguijonazos y quemaduras, renovada cada pocos segundos con un nuevo azote. Julia se aferra a la cocha, sollozando y gimiendo. No se atreve a moverse, ni siquiera a suplicar, esperando que Ricardo se apiade de ella y termine el castigo.

Ricardo se detiene. Se oye un clic. Se atreve a mirar hacia atrás y ve que Ricardo le está haciendo fotos del culo con su móvil. Él le quita los pantalones y las bragas y le separa los pies de una patada. Más clics.

Tira el móvil en la cama frente a ella.

-Míralas.

Su pompis es una masa rojiza de cardenales y moratones. Las últimas fotos muestran su ano y los labios hinchados de su coño.

-Pensé que serían una buena adición a tu colección de fotos en Fetlife. Vamos, a subirlas.

-Estás de coña.

-¿Prefieres que siga dándote con el cinturón?

Se apresura a salir de la cama. Ricardo la agarra del brazo y la lleva hasta su ordenador portátil. Ignorando sus quejas, la obliga a sentarse en la silla. Es como sentarse en una parrilla. Conecta su móvil al ordenador, abre Chrome y Fetlife. Ricardo la hace subir la primera foto y le dicta el pie de foto:

Esto es lo que le pasó a mi culo cuando mi marido se enteró de que soy una adúltera y una zorra.

Luego tiene que subir la foto que muestra su partes íntimas y escribir:

Éste es mi coño de puta y mi ano perverso, en medio de mis nalgas bien azotadas.

La primera imagen comienza a recibir "loves" mientras que la segunda aún se está subiendo.

-¿Ves? Les gustan. ¿Por qué publicas esas fotos, Julia?

Está demasiado confundida y dolorida como para mentirle.

-Me gusta pensar en la cantidad de la gente que masturba contemplando mi cuerpo.

-Y también imaginándose lo estupendo que sería follarte. Aunque con éstas estarán fantaseando con los gritos que das cuando te dan unos buenos correazos en el culo.

-Sí, seguro que algunos se están masturbando con eso.

-¡Pero tú eres mía, Julia, y de nadie más! ¡Te lo voy a demostrar!

La levanta de un tirón de la silla y la dobla sobre el borde de la cama. Ella lo oye bajarse la cremallera y presiente lo que se avecina.

Su polla dentro de ella le proporciona un placer inusitado, a pesar de que sus nalgas arden cuando él se las agarra. Pero él sale de ella justo cuando se acercaba al orgasmo.

Siente el glande presionando sobre su ano.

-¡Espera! ¡No estoy preparada para eso!

La penetra de todas formas, con la ayuda de los jugos de su coño. Hay un momento de dolor sordo, luego sólo la indignidad de la polla que le va llenando el recto. Ricardo intenta bombearla, pero hay demasiada fricción. Se retira y le da una palmada en el pompis.

-¡Lubrícate!

Se arrastra hasta la mesilla de noche, saca la botella de lubricante del cajón y se aplica un generoso pegote en el culo. Luego vuelve a su sitio y le ofrece el culo.

Ahora su polla se desliza con facilidad, lo que le permite bombearle el culo con movimientos rápidos y vigorosos. No le deja ninguna duda de que se trata de una follada de castigo, acompañada de algún que otro azote en sus nalgas doloridas. Hay poco placer y una creciente irritación en el ano. Pero Julia se siente bien. Sometida. Aliviada. La está haciendo suya, y eso significa que no la dejará. Eso es lo que más importa.

Cuando termina de follarla, la hace desnudarse y la manda a la cocina a preparar la cena. El culo le arde por fuera y por dentro por la paliza y la follada. Llora quedamente y tiembla mientras deambula por la cocina. Pero se siente extrañamente en paz. No se esperaba un castigo tan severo, pero la verdad es que se lo merecía. Enrique tenía razón: ahora Ricardo la perdonará y las cosas volverán a la normalidad.

Ignorando sus súplicas, Ricardo la hace sentarse a la mesa. Mientras ella se retuerce, buscando una postura cómoda, él le plantea presenta sus perspectivas:

-Estarás confinada en casa una buena temporada, así te vuelves a casa directamente desde trabajo todos los días. Y los fines de semana de semana te quiero conmigo, donde pueda verte.

-¡Por ​​favor, Ricardo! ¿No me has castigado ya bastante?

-No se trata de castigarte, sino de que no puedo fiarme de ti. Sé que me engañarás a la primera oportunidad que se te presente, y no pienso permitirlo. Ya sé que yo tengo parte de la culpa. No te he prestado la debida atención. No me di cuenta de cuánto necesitas el sexo, de cuánto necesitas tus perversiones.

-Intenté decírtelo, pero te reíste. Dijiste que no necesitábamos meter esas perversiones en nuestro dormitorio.

-No lo entendía, pero ahora sí. Cuando te estaba azotando, sentí que eras mía como nunca antes lo había sentido. Y ahora quiero más. Quiero que tus deseos sean míos y de nadie más.

-Pues sigues sin entenderlo. Eso es posesividad, no kink.

-¡Me da igual, esa va a ser mi perversión a partir de ahora! ¿O acaso yo no tengo derecho a mis perversiones? Si te gusta, bien, y si no, lo aceptarás porque estás en deuda conmigo. Tal y como te entregaste a otros, ahora te vas a entregar a mí. Si no, vamos a tener problemas. Espero que ya te habrás dado cuenta de que voy en serio.

-Sí, Ricardo -le dice dócilmente.

-¡Muy bien! Esto es lo que vas a hacer a partir de ahora. Vuelves a casa directamente del trabajo y te desnudas nada más llegar. Lo único que necesita llevar puesto es tu anillo de bodas. Limpias la casa y preparas la cena. Te follaré todas las noches, como a mí me apetezca, y no pienso tolerar ninguna excusa ni ninguna queja. Y, por supuesto, si no estoy satisfecho con tu comportamiento, te castigaré de la forma que considere necesaria. ¿Comprendido?

Ella asiente y rompe a llorar otra vez. Está demasiado cansada y dolorida para protestar. Además, Ricardo todavía parece cabreado.

Aún queda mucho de qué hablar. Pero tal vez no esa noche.

A menudo ha fantaseado con un hombre dominante que la haría entregarse y la controlaría completamente. Y ahora lo ha encontrado en el lugar más inesperado. Aun así, no está segura de poder aceptar sus condiciones.

Inmersa en estos pensamientos, Julia limpia la cocina. Ricardo ve una película en la tele. No la ha invitado a sentarse con él.

De todos modos, no es que le apetezca mucho sentarse.

Julia se va a la cama. Se acuesta boca abajo y llora hasta quedarse dormida.

NOTA: Esta historia está pensada para ser turbadora e invitar a pensar. Considera si cada uno de los personajes actúa de forma ética. Por supuesto, Julia hizo mal al engañar a su marido, pero ella estaba convencida de que esa era su única forma de experimentar el BDSM. Por su parte, Ricardo usa el BDSM como una excusa para su posesividad y no tiene en cuenta las necesidades de Julia. Enrique se centra en el morbo que le produce que Julia sea castigada. Es egocéntrico y no la apoya lo suficiente.

La historia plantea las siguientes preguntas:

1. ¿Hay sitio en el BDSM para un castigo real por una infracción real?

2. ¿Cómo afecta al consentimiento el hecho de que sea un castigo real?

3. ¿Está Ricardo coaccionando a Julia para que acepte su castigo con la amenaza del divorcio? ¿Es eso consensual?

4. ¿Debería haber informado Ricardo a Julia de la severidad del castigo que pretende infligirle? ¿Da Julio un consentimiento informado?

5. ¿Es una buena idea hacer una escena BDSM cuando estás enfadado?

6. ¿Terminó el consentimiento de Julia cuando se levantó de la cama y dijo "tenemos que hablar"?

7. ¿Le está dando Enrique un buen consejo a Julia cuando le dice que debe aceptar su castigo?

8. ¿Es razonable que Ricardo quiera confinar a Julia porque ya no confía en ella?

9. Al aceptar las nuevas restricciones a su comportamiento, ¿está Julia siendo presa de la manipulación emocional o simplemente está cumpliendo su deseo de ser dominada?

 

lunes, 28 de diciembre de 2020

El spanking es más erótico dibujado

 

Ryuuji spanking Taiga, por CherryS-12 en DeviantArt

Expresando movimiento y sensaciones

El spanking es algo activo, que conlleva movimiento y fuertes sensaciones. Esto es muy difícil de capturar en una fotografía. Y aunque un vídeo es capaz de capturar el movimiento, es difícil recoger en un mismo plano las expresiones del spanker y la spankee. 

Esto es lo que consigue el dibujo de arriba. Para empezar, el perfil del culo está difuminado en rojo para dar una idea perfecta del dolor que siente la chica. El brazo del spanker también está difuminado, trasmitiéndonos perfectamente lo rápido que se mueve. Su rostro refleja determinación y concentración. La chica llora y esos pequeños garabatos nos hacen imaginarnos su gemidos. Todos los elementos de la azotaina quedan recogidos en una simple viñeta. 

Bakugo spanking Liz, por CherryS-12 en DeviantArt

El mismo dibujante, CherryS-12, nos ofrece este dibujo de Manga. Lo mejor es la expresión de la spankee. Llora un poco, pero los ojos como platos y esa lengüita saliéndosele de la boca indican que se lo puede estar pasando bien. Notad como el spanker no le ha bajado la bragas, sino que tira de ellas para hacer que se le claven en la raja. Esto se llama en inglés hacer un "wedgie" - de "wedge", que quiere decir "cuña". Las bragas estiradas de esa forma estimulan el clítoris, produciendo sensaciones placenteras y al mismo tiempo invasoras. Eso también podría explicar la expresión de nuestra spankee. 

Ciencia-ficción


Spanking in Space color socialmedia, por bondage-fan-comics en DeviantArt
A veces una simple viñeta nos puede contar toda una historia. Ésta es la película que me monté en mi cabeza contemplando este dibujo…

La chica entra en la nave espacial vistiendo su armadura, confiando que la ayudará a derrotar el individuo que la protege. Pero no ha calculado bien sus fuerzas. El gigante le arranca una a una las piezas de su armadura, que ahora yacen esparcidas por el suelo. Sólo le quedan los guantes, que ya de poco le sirven. Su sujetador está los pies del vencedor y sus diminutas braguitas se le han quedado prendidas de un pie. El guerrero usa su considerable fuerza para propinarle una tremenda paliza en el culo a la desventurada, en cuya cara podemos ver la sorpresa por haber sido derrotada y verse sometida a semejante ignominia. Quizás la pala con la que azota a la chica era una de sus propias armas. No sabemos qué le deparará el destino a la rubia cuando acabe su castigo, pero seguramente tendrá que acostarse bocabajo en la celda en la que la encierren.

Sin embargo, luego me di cuenta que el autor había escrito bajo el dibujo una historia completamente distinta:

“Después de desobedecer las órdenes de su comandante demasiadas veces, se hizo obvio que había que tomar acciones disciplinarias contra Laureline. Además, teniendo en cuenta la cantidad de delitos que había cometido, se requería un castigo mucho más prolongado de lo habitual. Naturalmente, se eligió a un disciplinario automatizado para darle a Laureline una lección de obediencia que no olvidaría en mucho tiempo.”

Juliet06 por congolike, en DeviantArt

Claro que los extraterrestres que surcan el espacio en sus naves no necesitan usar las manos -si las tienen- para ponerle el culo rojo a una jovencita. Les basta con apuntar hacia su trasero un rayo especial que se lo deja bien tostadito. Antes, por supuesto, hace falta que ese dragoncito le baje la minifalda a la chica. Quien, al parecer, no llevaba bragas.

 

Page09 por congolike, en DeviantArt

Otros instrumentos en el armamentario de los extraterrestres son látigos de luz con los que le pueden destrozar los pantalones y dejarle unas buenas marcas en las nalgas a arlequines traviesas que osan penetrar en su recintos.

Fantasía

commission 03, por congolike, en DeviantArt

Otra historia de humillante derrota. Nuestra heroína parte hacia el desierto con su flamante armadura dispuesta a derrotar a la Mujer Araña. No lo consiguió. Su espada y su escudo yacen rotos sobre la arena. La Mujer Araña la ha atrapado entre sus patas en una postura indigna. Menos mal que nuestra guerrera ha tenido la precaución de ponerse las bragas por encima del liguero, con lo que su captora no ha tenido que quitárselo para exponer su lindo culito. Empiezan a llover los azotes. Con todo, la guerrera tendrá suerte si escapa sólo con el culo colorado, pues las pinzas con que le levanta los faldones la Mujer Arañas contienen un peligroso veneno. 


Elements, por Alertmg en DeviantArt

Y, en plan aún más fantástico, aquí tenemos al fuego azotando al agua en la postura de la carretilla.
  

Con el culo caliente


Now go to your room, por AltCor en DeviantArt

Una de las mejores cosas del spanking es ese ardor en el culo que al principio duele a rabiar y luego se puede llegar a transformar en un calorcito agradable. Aunque ya pasó lo peor, quedan la humillación de haber sido castigada y el temor de que nos lo pueden volver a hacer a las primeras de cambio. Algo así debe estar pensando esta linda pelirroja después de recibir cuatro brutales trallazos con el cinturón de ese energúmeno con el mando a distancia. “Ahora vete a tu cuarto”, se titula el dibujo. Y túmbate bocabajo y pon el culito en alto para que se te refresque. Eso no hace falta decírselo, la pelirroja se lo figurará muy pronto.

La spanker de este dibujo de Manga se lo monta mucho mejor. Le pone a su spankee una bolsita de hielo en el culo para aliviárselo y la deja echarse una cabezadita sobre ella. ¡Si es que no hay nada más relajante que un spanking dado con todo el cariño del mundo!

¿Cuál de estos dibujos es tu favorito? 





lunes, 13 de abril de 2020

Once posiciones para un spanking

Dar una azotaina es bastante fácil, pero dar una azotaina que sea buena de verdad, que no sólo te pone el culo rojo sino que se te sube a la cabeza, eso ya requiere un poco de técnica. Entre otras cosas, es bueno saber las diferentes posiciones en la que se puede dar un spanking, cuándo usarlas, y los efectos que tienen tanto en el cuerpo como en la mente.

Ya que por ahora no existen términos parecidos en español, usaré los términos en inglés que mucha gente maneja: spanker es quien da los azotes y spankee quien los recibe. Spanking se traduce al español como azotaina, así que usaré estos términos como sinónimos. Por supuesto, spanker y spankee pueden ser de cualquier género, en cualquier combinación de géneros. Sin embargo, para no complicar las cosas, usaré el género masculino para el spanker y el femenino para la spankee.

El placer del spanking. Dibujo de pattydraws (Fetlife).
Varias cosas contribuyen a una buena azotaina. La más obvia son las sensaciones de placer y dolor. Algunas spankees no toleran el dolor pero aprecian la picazón suave y el calor de los azotes ligeros. Para otras una buena dosis de dolor es importante. Algunas posiciones permiten al spanker mover mejor el brazo y alcanzar mejor el “punto dulce”: la zona del culo en la que cae el peso cuando te sientas. Otra sensación importante es el contacto físico entre los participantes. Algunas posturas estimulan los genitales, llevando a una azotaina que es muy sexual. Sin embargo, hay quien preferirá una experiencia menos íntima.

Otros ingredientes de una buena azotaina son mentales. El spanker aprecia una buena vista del culo de la spankee y cómo cambia de color a medida que progresa el spanking. Y la spankee tiene una imagen mental de su aspecto mientras que la azotan. El ver expuestos su trasero y su sexo produce una vergüenza erótica que una parte importante de la experiencia. Esto también crea una sensación de vulnerabilidad, que puede ser incrementada en posturas que limitan sus movimientos. Algunas personas consideran el spanking como un castigo, que disfrutan de forma irónica por tener un fetiche de castigo. En ese caso, la vulnerabilidad y la restricción del movimiento aumenta la sensación de sometimiento.

Una última cosa a considerar es la comodidad: un spanking debe doler de forma erótica, pero no por hacer daño en la espalda o las articulaciones. Algunas posiciones no pueden ser mantenidas durante mucho rato, mientras que otras invitan al relax y facilitan concentrarse en las sensaciones y las emociones. Cuando el spanking es un castigo, puede darse en posturas deliberadamente incómodas que se le ordena adoptar a la spankee. No voy a describirlas aquí porque este artículo se centra en spankings que se dan fuera de una estricta disciplina de dominación/sumisión. Tampoco voy a incluir posiciones que incluyen bondage. La comodidad del spanker también es importante. Los movimientos repetitivos y los impactos reverberan en su cuerpo y pueden producir daños que quizás no note hasta horas o días después del spanking, como tendinitis en los brazos o dolores en las lumbares. Es mejor que el spanker tenga soporte para la espalda o pueda moverse libremente sin estar atrapado bajo el peso de la spankee.

He aquí una lista de once posiciones para un spanking y cómo afectan a las sensaciones, la vergüenza, la vulnerabilidad y la comodidad.

1. De pie

Aquí no hay postura: el spanker se aproxima a la spankee por detrás y le pega en el culo. Se usa para azotainas improvisadas y cortas que sirven como advertencia, lo que es a menudo necesario en una relación de disciplina doméstica o de dominación/sumisión. A muchas no les gusta nada que las sorprendan con un azote, así que esto hay que negociarlo por anticipado. Si es consensuado, la sorpresa crea vulnerabilidad y vergüenza, sobre todo si hay otras personas delante. El dolor también es mayor cuando te pilla desprevenida. Para azotainas más largas, estar de pie no es cómodo ni para el spanker ni para la spankee.
Spanking bajo el brazo. Fuente: Erotic Art A-2-Z.

2. Bajo el brazo

Estando los dos de pie, el spanker hace que la spankee se gire y se doble por la cintura, poniéndole el brazo izquierdo alrededor de las caderas y el vientre. Un spanker experimentado puede hacer esto rápidamente para crear un efecto sorpresa. Es incluso mejor si el spanker es fuerte y la spankee ligera de peso, porque así puede levantarla completamente del suelo. La vulnerabilidad es alta cuando la spankee puede sentir el poder físico del spanker. Sin embargo, todo esto pone mucha presión en las lumbares del spanker, por lo que esta postura no es buena para spankings largos. Puede servir para empezar un spanking y luego cambiar a otra postura.

3. Doblada sobre un mueble

Spanking sobre uma mesa. Pattydraws (FetLife).
Se dobla a la spankee sobre un escritorio, una mesa o el respaldo de un sillón. Alternativamente, se hace que se arrodille sobre el borde de la cama, una silla o sobre el asiento de un sillón. En locales BDSM hay incluso bancos de spanking diseñados específicamente para esta postura. El spanker puede presionar sobre la espalda de la spankee con la mano para inmovilizarla. Si el mueble es lo suficientemente alto (por ejemplo, el respaldo de un sillón alto o una tarima) la spankee perderá el contacto de sus pies con el suelo, aumentando su vulnerabilidad. Estar doblada sobre un mueble es bastante humillante. En esta postura el spanker tiene mucho espacio para mover el brazo y puede poner su peso en cada golpe, así que la azotaina puede ser muy vigorosa. Dependiendo del mueble, la postura puede ser bastante cómoda para la spankee, pero sillones con el respaldo duro y estrecho pueden hacer daño en el vientre y las caderas. La mayor pega de esta postura es que apenas hay contacto físico, lo que crea distancia emocional.

4. Sobre el regazo

Ésta es la postura de spanking más clásica. El spanker se sienta en una silla o en el borde de la cama y pone a la spankee bocabajo sobre su regazo. A veces se la llama “sobre las rodillas”, pero en  realidad la spankee está sobre los muslos del spanker y en contacto con su vientre. Normalmente, tanto las manos como los pies se apoyan en el suelo, pero si se empuja a la spankee hacia adelante su pies perderán el contacto con el suelo, aumentando su vulnerabilidad. Las mejores cosas de esta postura es son efecto psicológico, por la imagen mental que crea el tener el culo en pompa, y el contacto con el cuerpo del spanker. A menudo la spankee puede sentir su erección. Sus principales pegas es que si la spankee es grande con relación al spanker, puede haber una tendencia a rodar y caerse de su regazo, lo que puede resultar incómodo para los dos. Otro pequeño problema es que el spanker encuentra más fácil azotar la nalga más alejada de su regazo, con lo que el spanking puede resultar un poco desigual.

5. Cerrojo de piernas

Cerrojo de piernas. Fuente.
Ésta es una variante de la postura sobre el regazo en la que la spankee se apoya sólo sobre uno de los muslos del spanker, quien usa su otro muslo para atrapar las piernas de la spankee. Si se le sujeta una de las manos tras la espalda, la tendremos completamente inmovilizada. La cabeza de la spankee bajará hasta el suelo, mientras que su culo queda en alto y bien en pompa. Como su caderas forman un ángulo más agudo, la zona sensible entre las nalgas y los muslos queda estirada y expuesta a los azotes. Todo ello hace que esta sea una postura muy humillante y de máxima vulnerabilidad. Su mayor problema es la falta de comodidad tanto para la spankee, que sufre presión sobre el vientre y tiene la cara en el suelo, como para el spanker, porque pone tensión en sus lumbares. Por lo tanto, no es aconsejable para spankings largos.

6. A caballo sobre una pierna

Variante de la postura a caballo sobre una pierna.
Erotic Art A-2-Z.
Ésta es otra variante de la postura sobre el regazo que por alguna razón es muy popular en los que practican la disciplina doméstica. El spanker se sienta en un sillón o al borde de la cama, y la spankee se coloca a caballo sobre uno de sus muslos (el izquierdo si él es diestro, el derecho si es zurdo). Entonces la spankee se inclina hacia adelante y el spanker la sujeta con el brazo de forma similar a la postura bajo el brazo. Para completar la inmovilización de la spankee, el spanker puede colocar su pierna derecha tras la pierna izquierda de la spankee para que ella no pueda levantarla, de forma parecida al cerrojo de piernas. La postura puede resultar más cómoda en un sillón, pues así el spanker tiene soporte para su espalda y la spankee puede apoyar la cabeza y los brazos en el respaldo. La posición del culo facilita que las dos nalgas puedan ser golpeadas igualmente. La raja del culo queda abierta y el ano expuesto. El mayor atractivo de esta postura es que pone presión sobre los genitales de la spankee. Si se debate, o simplemente como resultado de las oleadas que generan los azotes, se estimula el clítoris creando un spanking exquisitamente sexual. Por lo tanto, es una buena posición para hacer que una mujer se corra durante una azotaina. La mezcla de dolor y placer crean un estado mental único donde se puede alcanzar un máximo de humillación y vulnerabilidad. Los azotes administrados inmediatamente después del orgasmo son un castigo de lo más eficaz, pues la spankee tiene su mente sensible y receptiva, y se ve frustrada al no poder relajarse tras el placer.

7. Sobre las rodillas

Una manera de hacer más cómoda la posición “sobre el regazo” es que el spanker se siente sobre la cama con las piernas extendidas y su espalda apoyada en la cabecera de la cama. La spankee se tiende bocabajo sobre sus muslos y rodillas, algo más alejada de su vientre. De esta manera el spanker puede alcanzar las dos nalgas con igual fuerza. Otra ventaja es que la spankee descansa todo su peso sobre la cama, lo que resulta más estable y relajado. Si se desea que el culo se ponga más en pompa, el spanker puede cruzar las piernas para poner más volumen bajo el vientre de la spankee. Al ser cómoda y requerir poco esfuerzo, ésta es la posición ideal para spankings largos. Otra ventaja es que hay buen contacto con el cuerpo del spanker. Sin embargo, esta postura no siempre es cómoda para la spankee, ya que tiene que girar la cabeza hacia un lado para respirar. Esto puede acarrear dolores de cuello. Una solución sería sacar la cabeza por el borde de la cama mirando al suelo. Esta posición es menos humillante que otras y evoca una vulnerabilidad moderada. No hay restricción de movimiento: si la spankee decide debatirse, el spanker podrá hacer poco para impedirlo. Un truco para restringir el movimiento es sujetar una o las dos manos de la spankee sobre la parte baja de su espalda.

8. Tijera de piernas

Betty Page en una variante de la tijera de piernas
Ésta es una postura poco conocida que puede resultar muy íntima ya que la spankee tiene expuestos el ano y la vulva al mismo tiempo que el spanker puede verle la cara. Debe hacerse sobre una superficie plana como la cama o el suelo. El spanker se sienta con la piernas extendidas y entreabiertas. La spankee se tiende a su lado izquierdo (derecho si es zurdo) poniéndose medio a caballo sobre su muslo izquierdo de él y entre sus piernas. El spanker entonces pone su pierna izquierda sobre el muslo derecho de la spankee, atrapándolo contra la cama. Es decir, la pierna izquierda del spanker está entre las piernas de la spankee, y la pierna izquierda de ella entre las piernas de él. La spankee tiende a girarse hasta quedar sobre su costado derecho, con lo que el spanker puede verle la cara. La pierna izquierda del spanker fuerza a la spankee a mantener las piernas separadas y puede moverse hasta presionar contra su entrepierna. Conseguiremos así los mismos efectos de abrir la raja del culo y presionar el clítoris que se consigue con la postura de a caballo sobre la pierna. Sin embargo, la presión sobre el clítoris es más sutil y es controlada por el spanker y no la spankee. Y el spanker puede mirarla a la cara para ver los efectos de lo que le hace. Por lo tanto, ésta es la postura en la que se consigue un buen contacto corporal y comunicación. Al ser muy sexual y expuesta, proporciona vulnerabilidad. La postura es muy cómoda para la spankee.

9. Sentado sobre la espalda de la spankee

Una variante de sentarse sobre la espalda que pone
menos peso sobre las lumbares. Erotic Art A-2-Z.
El spanking lucha libre (wrestling spanking) es un juego en el que la spankee no se somete al spanking de buenas a primeras, sino que debe ser subyugada a la fuerza y luego inmovilizada por el spanker. En una variante no hay roles predeterminados, sino que los contendientes luchan y el ganador la da una azotaina al perdedor. En cualquiera de los casos, la spankee deberá de ser inmovilizada eficazmente durante todo el spanking, o se escapará y habrá que volver a empezar. La mejor manera de conseguir esto es poner a la spankee bocabajo y luego sentarse sobre su espalda. Sabiendo que su culo es el objetivo, la spankee se sentará y se negará a moverse. Para ponerla bocabajo se le coge un pie con las dos manos, una en los dedos y la otra en el talón, y se lo hace girar (¡con cuidado!). Instintivamente, la spankee girará el cuerpo para proteger su tobillo, poniéndose bocabajo. Esto le da una oportunidad al spanker para sentársele sobre la espalda. La spankee tendría que ser enormemente fuerte para ser capaz de levantar su peso y el del spanker para liberarse, con lo que lo único que le queda es resignarse y esperar a que el spanker decida dejar de azotarla. Ni qué decir tiene que todo este forcejeo tiene sus riesgos y debe practicarse con sumo cuidado. También hay que tener en cuenta que si el spanker es pesado puede hacerle daño a la spankee en las lumbares, que puede ser serio. Otro problema es que el spanker no puede verle la cara a la spankee y la comunicación es más difícil que en otras posiciones. En resumidas cuentas, se trata de una posición arriesgada, sobre todo si se hace a la fuerza, pero con innegables recompensas por lo humillante y dominante que es.

10. Piernas en alto o “postura del pañal” 

Postura de el pañal, usando una pala. Erotic Art A-2-Z.
Ésta es una postura completamente distinta a las otras porque la spankee está bocarriba. Esto permite al spanker mirarla directamente a los ojos mientras la azota. Se tumba a la spankee sobre la espalda y se le levantan las dos piernas hasta que estén perpendiculares al cuerpo o incluso sobre su cabeza. Esto hace que levante las caderas y exponga el culo. Es relativamente fácil quitar la ropa en esta postura: faldas y vestidos caen por efecto de la gravedad, y pantalones y bragas se agarran en la cintura y se suben por las piernas. Pero incluso pegar por encima de la ropa puede ser muy eficaz, pues las nalgas se estiran y se vuelven más sensibles. La zona alta de los muslos está bien a tiro y puede ser castigada a conciencia. El spanker sujeta las piernas con una mano o las coloca sobre un hombro, moviéndolas hacia delante, hacia atrás o hacia los lados para exponer la zona del culo que quiere azotar. Pero la que está más a tiro es el “punto dulce” justo por encima de la arruga que separa el culo de los muslos, lo que permite concentrar la azotaina en esa zona. Por supuesto, la spankee tiene más fuerza en las piernas que el spanker en los brazos, por lo que si ella quiere debatirse no habrá mucho qué hacer. Empujando las piernas hacia la cabeza y permitiendo que las rodillas se doblen se expone completamente el coño, que podrá ser estimulado o azotado. Es una postura que sorprenderá a una spankee debutante por su originalidad, al mismo tiempo que la hace sentirse humillada y vulnerable. También se encontrará físicamente cómoda en ella, agradeciendo incluso el estiramiento de las lumbares. Pero su mayor ventaja es que el spanker puede mirarla a la cara y leer en todo momento sus reacciones, lo que es muy valioso si se trata de una nueva compañera de juego.

11. La carretilla

La carretilla. Erotic Art A-2-Z.
Se trata de otra postura inusual, quizás la más expuesta y humillante para recibir un spanking. No es fácil de adoptar; spanker y spankee deberán colaborar para hacerlo. Si se quiere quitar la ropa de la spankee esto deberá hacerse antes de adoptar la postura, pues luego resultará imposible. Con el spanker sentado, la spankee se sentará sobre sus muslos dándole la espalda. Con la ayuda del spanker, la spankee se irá inclinando hacia adelante, levantando las piernas a los lados del spanker, hasta quedar con la cabeza en el suelo entre sus pies. Al mismo tiempo, el spanker separa las rodillas y encaja las caderas de la spankee entre ellas. El resultado es que la spankee queda con la cabeza en el suelo, las piernas abiertas a los costados del spanker, los pies en alto y el culo entre las rodillas del spanker. El spanker le pude pegar en el culo como si fuera un tambor - por eso hay quien la llama la “postura del bongo”. Quien sepa tocar el tambor puede convertir el spanking en todo un concierto. La postura abre completamente la raja del culo de la spankee, exponiendo el ano y el coño justo ante los ojos del spanker. Este punto de vergüenza es quizás lo más importante de esta postura, pero también el hecho de que una vez adoptada no es fácil salir de ella. Si el spanker la quiere atrapar completamente, no tiene más que ponerle los pies en los hombros y ya no podrá incorporarse. Ella so está completamente indefensa, de todas formas, ya que puede mover los pies y darle una patada en la cara al spanker.  A pesar de lo extraña que es, esta postura es bastante cómoda para la spankee. Su único problema es tener que poyar la cabeza en el suelo y girar el cuello, lo que se puede solucionar dándole un cojín o una almohada. Una de las cosas que no me gustan de esta postura es que invita al spanker a golpear la parte alta y los laterales de las nalgas, pero no la zona de la asentadera y la juntura con el muslo, que son las partes más eróticas. Los azotes se dan de arriba abajo y no de lado, lo que tampoco me resulta tan atractivo. Pero, en resumidas cuentas, dado los niveles elevados de pudor, vulnerabilidad, contacto físico y pura extravagancia, un spanking en la postura de la carretilla puede ser una experiencia de lo más intenso.

Hay otras muchas posturas para spanking, pero éstas son las más comunes.

Recordad que los spankings deben ser seguros, sensatos y consentidos. Esto se consigue negociando la sesión de antemano, y estableciendo límites y una palabra de seguridad. Es perfectamente válido excluir algunas de estas posturas como límites. Es importante saber lo que se quiere, saber lo que se hace y ser respetuoso. Y, sobre todo, pasárselo bien.

martes, 18 de septiembre de 2018

Espacios de sumisión

El locus cerúleo de una rata. Las neuronas en amarillo contienen noradrenalina (en verde) y serotonina (en rojo). Imagen de microscopio confocal tomada por el autor. 
En la comunidad BDSM existe un gran interés en lo que en inglés se ha dado en llamar “sub-space”, que podríamos traducir por "espacio de sumisión". Se trata de un estado de euforia al que se llega gracias a la práctica sofisticada del bondage, el sadomasoquismo o la Dominación/sumisión. Todo el mundo parece dar por sentado que este espacio de sumisión se debe a la liberación de endorfinas. Sin embargo, ya he señalado en artículos anteriores que no estas ideas parecen basarse más por mitos que en evidencia científica, aunque es innegable que en una sesión BDSM se pueden llegar a alcanzar notables estados alterados de conciencia. Desgraciadamente, estas experiencias a menudo se pagan con estados emocionales negativos llamados en inglés "sub-drop", o “bajón de sumisión”.

En este artículo quiero proponer que no hay un solo espacio de sumisión sino varios, cada cual con sus propias características distintivas, que incluso a veces pueden ser de signo opuesto. Es importante señalar, no obstante, que apenas se han realizado estudios científicos sobre los masoquistas, y que existen sólo contados estudios sobre los estados alterados de conciencia producidos por el ejercicio extremo o el dolor. Por lo tanto, lo que voy a decir aquí es especulativo. Se basa en mi conocimiento de la neurofisiología del dolor, y en comparar los efectos de drogas con el comportamiento de los participantes en las sesiones de BDSM. Quiero proponer que hay al menos tres estados distintos que podríamos considerarse "espacios de sumisión ".

Espacio de sumisión adrenérgico

La reacción más típica al dolor es la de lucha/huida (”Fight/flight” en inglés). En ella hay una activación del eje hipotalámico-pituitario-adrenal que desencadena la liberación de adrenalina a la sangres por las glándulas suprarrenales. Esto aumenta el ritmo cardíaco, aumenta la circulación sanguínea en la periferia, y promueve la actividad muscular. Al mismo tiempo, dentro del sistema nervioso central hay una activación paralela de vías nerviosas que usan noradrenalina como neurotransmisor. Entre ellos se encuentra una vía que va desde los centros adrenérgicos del bulbo raquídeo (locus cerúleo, A5 y A7) hasta la médula espinal, donde inhibe las señales de dolor que llegan por los nervios sensoriales. Otras vías noradrenérgicas van a la corteza cerebral, activándola y aumentando el estado de alerta. En la práctica, cuando la sumisa entra en este estado, grita, lucha, patea y se ríe, al tiempo que se elevan sus umbrales de dolor. Este espacio de sumisión se caracteriza por la presencia de analgesia, euforia y un alto grado de interacción con el Dominante. Aunque la respuesta de lucha/huida se considera estrés, esto no es necesariamente malo, ya que algunas formas de estrés (llamadas 'eustress') son saludables. Muchas personas buscan el eustress en forma de montañas rusas, películas de terror o deportes de riesgo. El BDSM podría considerarse como una forma de eustress. Una cierta cantidad de eustress puede ser necesaria para una salud y puede servir para contrarrestar los efectos nefastos del ‘distress’ (estrés malo). El espacio de sumisión adrenérgico se parece al efecto de drogas estimulantes como la cocaína y las anfetaminas, que actúan aumentando las concentraciones de noradrenalina y dopamina en algunas áreas clave del cerebro.

Espacio de sumisión de las endorfinas

En este espacio de sumisión también se produce analgesia, pero en casi todos los demás aspectos es opuesto al espacio de sumisión adrenérgico. En él, la frecuencia cardíaca disminuye, y también lo hacen la actividad y el estado de alerta. Estos efectos son causados por la liberación de endorfinas no sólo en la sangre, sino también en regiones cerebrales. Por ejemplo, la inhibición del dolor la produce una vía nerviosa que conecta el área gris peri-acueductal en el medio del cerebro con el núcleo rafe del bulbo raquídeo, y desde allí baja hasta la médula espinal para bloquear las señales de dolor recibidas. Existen sinapsis inhibidoras recíprocas entre el núcleo rafe y los núcleos noradrenérgicos (locus cerúleo, A5 y A7) del bulbo raquídeo, de modo que cuando la vía de las endorfinas se activa las vías adrenérgicas se inhiben, y viceversa. Esto tiene su lógica, ya que mientras que el sistema adrenérgico media la lucha/huida, el sistema de endorfinas está relacionado con el comportamiento de inmovilidad (“freezing”), en el cual el animal se queda inmóvil para evitar ser detectado por un depredador. Se ha comprobado que este comportamiento de inmovilidad y ciertos patrones de liberación de endorfinas conducen a un estado mental llamado en inglés “learned helplessess” (indefensión aprendida), que disminuye el aprendizaje y reduce la respuesta inmune y otras respuestas en detrimento de la salud. Por lo tanto, la liberación de endorfinas está lejos de ser la panacea que muchos creen que es. Esto no quiere decir que la liberación de endorfinas sea mala necesariamente, sino que cuando un sumiso entra continuamente en este estado los efectos a largo plazo pueden no ser deseables. En la práctica, una sumisa en el espacio de sumisión de las endorfinas entra en un estado de somnolencia y en una niebla emocional, deja de gritar y forcejear, y está menos alerta a lo que la rodea. Si se le pregunta cómo está, nos responderá suplicando que continuemos con los azotes, el bondage o lo que sea que la ha puesto en ese estado. El estado de sumisión de las endorfinas es similar al efecto de opiáceos como la morfina o la heroína, ya que las endorfinas activan los mismos receptores que estos fármacos, los receptores mu y delta de opiáceos. Las endorfinas también producen la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, que forma parte de lo que se llama "la vía del placer" que media la motivación y se activa con drogas adictivas.

Espacio de sumisión de la serotonina

Quizás sea éste el espacio de sumisión que mejor merece este nombre porque, mientras que los espacios de sumisión adrenérgicos y de endorfinas son producidos por el dolor y otras actividades sadomasoquistas, este espacio de sumisión ocurre en las relaciones de Dominación/sumisión (D/s), sin que haga falta dolor para alcanzarlo. La entrega, la obediencia y el servicio al dominante probablemente producen la liberación en el cerebro de oxitocina y vasopresina, neuropéptidos que median la vinculación afectiva. Este estado es similar al producido por la droga MDMA (‘éxtasis’), que también aumenta la vinculación emocional, la intimidad y el afecto. El MDMA aumenta la liberación de serotonina, un neurotransmisor que produce un estado de ánimo positivo y que contrarresta la depresión, pero que apenas tiene efecto sobre el dolor. Otro neurotransmisor que podría mediar este espacio de sumisión es la dopamina, que puede aumentar o disminuir el dolor según el estado emocional del individuo. 

Mientras que los espacios de sumisión adrenérgicos y de endorfinas son incompatibles, es posible que el espacio de sumisión de serotonina se pueda combinar con ellos para producir efectos mixtos. Otro detalle importante es que las vías noradrenérgicas, dopaminérgicas y serotonérgicas varían mucho entre los individuos. Por eso es tan difícil recetar medicamentos antidepresivos. Por lo tanto, los espacios de sumisión van a variar considerablemente de una persona a otra. Una técnica de flagelación que resulte ideal para un sumiso puede ser nefasta para otro. Un Dominante consumado no es aquel que ha perfeccionado sus técnicas para que funcionen con todo el mundo, sino el que ha aprendido a leer con precisión la expresión corporal de la sumisa y sabe ajustar la sesión de acuerdo con sus respuestas en cada momento.

"Sub-drop" o "bajón de sumisión"

Quiero terminar abordando el tema del “sub-drop” o “bajón de sumisión”. Parece ser que hay al menos dos tipos de sub-drop: uno que ocurre justo después de la sesión y otro que ocurre uno o dos días más tarde. El primero se debe probablemente a la salida de la reacción adrenérgica de lucha/huida. Después de una fuerte activación del sistema nervioso simpático, el sistema parasimpático entra en acción, disminuyendo la frecuencia cardíaca y reduciendo la circulación sanguínea hacia la periferia. El resultado es que el sumiso se siente frío, cansado y agotado emocionalmente. Una manta, abrazos y un buen apoyo afectivo son la mejor solución. El segundo “sub-drop”, que tiene lugar al cabo de dos días, es similar al efecto rebote que sigue al consumo de MDMA. Podría ser derivado de los espacios de sumisión de las endorfinas o de la serotonina. Es mucho más difícil de tratar, ya que la sesión terminó hace tiempo y es probable que el Dominante no esté disponible para dar apoyo emocional. Encima, el bajón puede durar varios días. La única forma de tratarlo es estar preparado y tener algún tipo de sistema de apoyo emocional al que recurrir (amigos, chocolate, una buena película, etc.).

En resumidas cuentas, las sesiones BDSM son algo más complicadas que simplemente hacer entrar a la sumisa en el espacio de sumisión para que se lo pase bien un rato, y luego esperar que salga de él sin ninguna consecuencia negativa. El cerebro humano es increíblemente complicado y apenas estamos empezando a comprenderlo. Al infligir dolor, o al jugar con poderosas emociones como la vergüenza, la culpa y la sumisión, sometemos a la mente a desafíos extremos. Es difícil predecir lo que va a suceder. Lo único que podemos hacer es ir despacio, prestando mucha atención a cómo reaccionan el cuerpo y la mente, y poco a poco ir descubriendo las actividades que nos hacen gozar a corto plazo, pero que también nos convierten en personas más sanas a largo plazo.

sábado, 16 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (3)

De repente, una furia feroz le salió de dentro. No había derecho a que fuera a gozar de ella después de todo el daño que le había hecho. Ella, que le había ganado la partida a Luis con su cuadrilla de fachas, no iba a dejar que ese mequetrefe se saliera con la suya. Sabía que tenía el tiempo a su favor. Si conseguía resistir unos minutos más, lo tendría en su poder. ¡Y entonces se iba a enterar de lo que era bueno!

Se volvió súbitamente en la cama, encogió las piernas y lo golpeó en el vientre con los pies juntos, como le había hecho a Luis aquella noche funesta. Jack se dobló en dos y cayó de culo sobre el suelo. Ella se puso en pie de un salto y abrazó a Art por la espalda, interponiéndolo entre ella y Jack.

-¡Maldita puta! -masculló Jack entre dientes mientras se levantaba trabajosamente del suelo-. ¡Te vas a arrepentir de eso!

Jack se les acercó, intentando rodear a Art para pegarle, pero Cecilia lo hizo girar para mantenerlo entre ella y Jack. Art era como un pelele inerte en sus brazos.

-Art, you dumb ass! Get out of the way! -le ordenó Jack.

Art se debatió débilmente entre sus brazos, pero Cecilia se pegó aún más a él. Abrazándose a su cintura, le bajó la cremallera de los shorts, introdujo su mano en la bragueta y empezó a masturbarlo. Art se abandonó completamente a ella.

Jack la agarró del brazo con el que masturbaba a Art. Ella le pegó una patada, haciéndolo retroceder.

Respiraba entrecortadamente. Jack era más fuerte que ella. Si la atacaba con decisión no iba a poder resistir mucho tiempo. ¡Y sabe dios lo que le haría cuando la atrapara! ¿Es que esa dichosa droga nunca iba a hacerle efecto?

Jack le sonreía cruelmente. Se agachó, recogió sus pantalones del suelo y extrajo el cinturón de las hebillas. Intentó pensar en algo para entretenerlo.

-Mira en el bolsillo Jack. ¿Dónde están tus pastillas?

-No necesito pastillas. Quiero que sientas bien lo que te voy a hacer.

Saltó hacia ella, haciendo girar el cinturón alrededor de Art. El trallazo la alcanzó en mitad de la espalda, arrancándole un grito de alarma. Jack sonrió con satisfacción, preparándose para pegarle otra vez. Cecilia retrocedió hasta que su espalda chocó contra la cortina de la ventana.

-¡Encontré tus pastillas, Jack! Las tiré al váter… Todas menos una, que puse en el vaso del que bebiste en el cuarto de baño.

-¡Mentira! -gritó Jack, y la volvió a golpear con el cinturón. Esta vez la alcanzó en el muslo, levantándole un vivo escozor.

-¡No, no es mentira, Jack! Pronto empezarás a sentir los efectos.

Pero su propia voz sonaba insegura. Algo no funcionaba. ¿Y si la pastilla no se había disuelto en el agua? ¿Y si esas pastillas eran de otra cosa?

Retrocedió pegada a la ventana hasta quedar metida en la esquina, con el cuerpo de Art entre ella y el temible cinturón de Jack.

Jack quiso volver a pegarle con el cinturón, pero esta vez su brazo se movió con torpeza y el cinturón sesgó en aire a varios centímetros de la pierna de Art. Jack se quedó mirando su mano con la expresión de incredulidad de un borracho que no acierta a entender su incapacidad.

-¿Ves? Ya te empieza a hacer efecto la droga, Jack -dijo con triunfo.

Jack intentó una vez más golpear con el cinturón, pero apenas consiguió blandirlo un poco frente a él. Una expresión de terror se apoderó de su rostro al darse cuenta de lo que le estaba pasando.

-Enseguida voy a ser yo quien te pegue con tu propio cinturón. ¡Te arrepentirás de haber intentado violarme!

-¡No intenté violarte! Sólo… divertirnos… un poco…

El cinturón se deslizó entre sus dedos y cayó al suelo.

-¡Por supuesto que querías violarme! Primero intentaste drogarme. Y cuando eso no funcionó me pegaste e intentaste violarme a la fuerza.

Jack levantó las manos con las palmas hacia ella.

-All right! All right! -dijo arrastrando las palabras-. Lo siento, me pasé un poco… Me puse enfadado por lo que le haces al pobre Art.

-Yo no le hago nada malo a Art… Sólo divertirnos un poco… ¡Mira!

Extrajo la polla de Art de sus pantaloncitos, acariciándole el frenillo con el pulgar.

Jack tenía la mirada fija en ellos, la cara inexpresiva. Se tambaleaba ligeramente.

-¿Y tú, qué, Jack? ¿Tú no quieres “divertirnos un poco”?

Cecilia avanzó cautelosamente hacia él, manteniendo a Art delante de ella como escudo. Cuando llegó frente a Jack soltó a Art, quien cayó lentamente de rodillas al suelo.

Jack parecía estar paralizado. Abría y cerraba las manos. Los ojos la enfocaban y luego se perdían en el vacío. Debía estar luchando a brazo partido contra los efectos de la droga, que poco a poco se iba apoderando de su consciencia.

Se plantó delante de él, muy cerca y le agarró la polla, que se endureció en sus manos. Empezó a masturbarlo. Jack soltó un quejido, no sabía si de placer o de impotencia.

-¿Ves, Jack? Así podemos divertirnos un poco, como tú decías. ¿Te gusta? ¡Pues ya verás, esto te va a gustar aún más!

Se arrodilló delante de él, junto a Art, y acercó la polla a su boca. Jack dio un gemido de terror.

-¿Qué pasa? ¿Todavía tienes miedo de que te la muerda? Bueno, pues ya que no te fías de mí tendré que dejar que lo haga tu amigo. ¡Come on, Art, suck his cock…!

Empujó la cara de Art hacia la verga de Jack, le hizo abrir la boca y se le metió dentro. Para su satisfacción, Art empezó a chuparla con fruición. Se ve que no era la primera vez.

Jack miraba hacia abajo, los ojos clavados en la nuca de Art. Extendió las manos hacia su cabeza, como si quisiera apartarlo, pero no pudo hacerlo. Su mano derecha acabó sobre el pelo rubio de Art en un especie de lánguida caricia. Jack cerró los ojos.

Cecilia recogió el cinturón del suelo, se puso en pie y se plantó otra vez delante de Jack. Le sacudió un bofetón para hacerle abrir los ojos. Estiró el cinturón entre sus manos enfrente de él, sonriéndole maliciosamente.

-¿Qué, Jack, tú crees que la droga te impedirá sentir cómo te zurro con el cinturón? Supongo que nunca lo sabremos, porque mañana te habrás olvidado de todo. De todas formas, ya me ocuparé yo de que no puedas sentarte a gusto por un par de días.

Vio una última mirada de terror en los ojos de Jack antes de que se cerraran. Se tambaleó y se habría caído al suelo si ella no lo hubiera sujetado. Lo dejó tendido en el suelo y se las arregló para que Art volviera a chupársela.

Se sentía exultante. Contra todo pronóstico, le había ganado la partida. Había valido la pena todo el miedo que había pasado.

Se sentó en el sillón, masturbándose mientras los contemplaba. Jack parecía relajado, estremeciéndose de vez en cuando. Art tenía los ojos cerrados, cumpliendo su misión con la ayuda de una mano. Por fin vio a Jack sacudirse mientras eyaculaba en la boca de su amigo.

-¿Qué? No ha estado mal, ¿verdad? Bueno, ha llegado el momento de que saldemos esas cuentas que tenemos pendientes.

Apartó a Art y, cogiendo a Jack por los pies, lo hizo rodar hasta dejarlo tumbado sobre el vientre. Luego hizo que Art se sentara sobre su espalda, por si la droga no era lo bastante fuerte para inmovilizarlo.

De pie a su lado, empuñó el cinturón.

Jack gimió y se sacudió con cada trallazo que le dio en el culo. Intentó levantarse después del tercero, que debió ser particularmente doloroso, pero no pudo vencer el peso de Art en su espalda. Curiosamente, no sentía rabia al pegarle, a pesar del daño que le había hecho hacía un momento. En vez de eso se sentía exultante de poder y presa de un sadismo calculado y metódico. No era la primera vez que le pegaba a alguien con un cinturón y sabía bien como hacerlo. También sabía por experiencia propia lo que se sentía y el imaginárselo le producía una excitación profundamente sexual.

Jack se debatía y gemía bajo los golpes. Ciertamente, la droga no le impedía sufrir el castigo, pero sí que anulaba su voluntad y lo debilitaba lo suficiente para no dejarlo escapar de debajo de Art.


Estuvo trabajándole el trasero un buen rato hasta que lo dejó completamente cubierto de bandas color carmín y morado. Luego le atizó en los muslos, pensando en dejarle unas buenas marcas que tendría que lucir en público si se ponía en bañador.

Art parecía estar vagamente consciente de lo que estaba pasando, pero él tampoco parecía tener la presencia de ánimo para hacer nada. Hacia el final empezó a revolverse incómodo. Levantó la cara para mirarla, los ojos muy abiertos.

-¡Please, stop! -gimoteó-. ¡Please! ¡Please!

Cecilia dejó caer el cinturón y se sentó en el sillón a recuperar el aliento.

-¡Come here! -le ordenó a Art.

Art se levantó del cuerpo tembloroso de Jack y se le acercó en dos pasos vacilantes. Parecía que se le iban pasando los efectos de la droga. Se arrepintió de haber tirado el resto de las pastillas al váter. Pero la verdad es que tampoco podía haberse arriesgado a que Jack le hiciera tragarse una.

Cogió a Art de la mano y lo hizo sentarse en su regazo.

-I had to punish Jack because he was a bad, bad boy -le explicó como si hablara con un niño-. He hit me and tried to rape me. You were also a bad boy.

-No… I was good! I didn’t try… to rape you.

-Yes, you did! You knew that there was a drug in my drink… Didn’t you?

-I… I didn’t want to… -Se interrumpió, mirándola con ojos asustados.

Sonaba mucho más coherente ahora. Decididamente, se le estaba pasando el efecto de la droga. Tenía que hacer algo enseguida.

Lo hizo levantarse de su regazo y se puso a buscar por la habitación algo con que atarlo. Había unas cuerdas de nylon para abrir y cerrar las cortinas. Fue al cuarto de baño y rompió el vaso del que había bebido Jack. Luego, subiéndose al sillón, usó el borde afilado del cristal para cortar la cuerda de la cortina. Obtuvo dos segmentos de longitud adecuada para su propósitos

Se acercó a Art con una de las cuerdas. Estaba en pie, los brazos colgándole a los lados del cuerpo, mirándola con temor.

-Please, don’t hit me with the belt -le suplicó.

-Be a good boy and do what I tell you, and I won’t hit you with the belt.

-You promise?

-Yes, I promise… Take off your shirt.

Obediente, Art se quitó la camiseta. Ella procedió a atarle la muñecas tras la espalda. Art parecía estar todavía lo suficientemente drogado para dejarse hacer, mirándola con esa expresión mezcla de incredulidad y concentración que le daba la droga.

Cecilia se sentó sobre la espalda de Jack y usó otro segmento de cuerda para atarle a él también las muñecas a la espalda. El efecto de la droga aún le duraría un tiempo, pero mejor tenerlo atado por si acaso. No quería ser interrumpida en lo que iba a hacer.

Volvió junto a Art, le desabrochó los shorts y los dejó deslizarse piernas abajo hasta el suelo. Como había podido apreciar antes, no llevaba calzoncillos.

-I promised not to hit you with the belt, but you have been a bad boy, so I’m going to give you a good spanking.

-No, please! -protestó él débilmente.

-Será divertido, ya verás…

Su polla estaba medio empalmada y se endureció rápidamente cuando se la acarició. Tirando de ella, lo condujo al sillón y lo atravesó sobre su regazo. Él se dejó hacer, dócilmente.

El culo de Art era tan bonito como se lo había imaginado: redondito y apretado, muy pálido, cubierto de una fina pelusa rubia. Estuvo acariciándoselo y estrujándoselo un buen rato, disfrutando a tope de él. Luego le volvió a explicar en inglés que había sido un chico muy, muy malo, y empezó la azotaina. Más que para castigarlo, lo hacía para su propio placer. Disfrutó apreciando como la piel blanca de las nalgas iba a adquiriendo un bonito tono sonrosado, cada vez más oscuro. De cuando en cuando se detenía a sobárselas otra vez, saboreando el calorcito que emitían. Art gemía y pataleaba pero no intentó escapar del castigo, no sabía si por la docilidad que le daba la droga o porque, como le pasaba a ella, en el fondo disfrutaba de una buena azotaina. Notaba su polla bien tiesa restregándose contra sus muslos mientras él se retorcía de dolor en su regazo. Eso la excitó aún más, llevándola a pegarle cada vez más fuerte. Levantando bien la mano en el aire, hizo llover sobre ese culito tan mono azotes propinados con toda la fuerza que pudo sacar de sus brazos, hasta que su propia mano empezó a arderle.

Cuando finalmente lo hizo incorporarse, vio en su mirada de aprensión y respeto que lo tenía en su poder aunque se le pasaran los efectos de la droga.

-Ahora viene lo más divertido -le dijo en español.

-What?

No se molestó en explicárselo. Le sacó los pantaloncitos de los pies y lo llevó a la cama, donde lo hizo acostarse bocarriba. Le acarició la polla hasta que adquirió toda la dureza de la que era capaz. Era una verga muy bonita: larga, derecha y delgada. Sería un pecado desperdiciar una verga así.

Entre su ropa esparcida por el suelo encontró su cartera, de la que sacó un condón. Se lo puso cuidadosamente, ayudándose con la boca. Luego se colocó a caballo sobre él y se penetró con avidez con esa polla que tanto codiciaba.

A Art se le puso una sonrisa tontorrona en la boca. Le pegó un bofetón.

-¡No te equivoques, chaval! Aquí al que están follando es a ti.

Art la miró con incomprensión. Le retorció los pezones hasta que lo sintió tensarse de dolor bajo ella. En cuanto lo soltó, la sonrisa idiota volvió a los labios del chico. Se encogió de hombros y empezó a cabalgarlo lentamente, ajustando el ángulo de la penetración para maximizar su propio placer.

Él seguía con la docilidad que le daba la droga, pero no por eso dejaba de disfrutar de la follada. Varias veces arqueó las caderas, intentado imponerle su propio ritmo, y ella tuvo que volver a abofetearlo para impedírselo. Cuando vio que él estaba a punto de correrse, dejó caer todo su peso sobre su pubis para penetrarse hasta el fondo y relajó su vagina en torno a su polla de una forma especial que había aprendido a hacer cuando trabajaba de puta, negándole así la presión que necesitaba para llevarlo a la eyaculación. Art gimió de frustración.

Se quedó contemplándolo, presa de una súbita indecisión. Estaba buenísimo, desde luego, y su cuerpo le pedía a gritos volver a cabalgarlo a todo trapo hasta llegar al orgasmo. Pero Art la miraba ahora con esa sonrisa prepotente que le decía que sabía que ella no se iba poder resistir. En cuanto volviera a moverse, él se correría, y así se habría salido con la suya. No se lo merecía. Art había sabido desde el principio que Jack la iba a drogar y había cooperado completamente con él para hacerlo. Si lo hubieran logrado, sabe dios lo que le habrían hecho… La habrían enculado, seguro, estaba claro que eso es lo que pretendía hacer Jack. A saber a cuántas mujeres habían violado entre los dos.

No, no se merecía disfrutar de ella. Se le ocurrió un plan perverso que la excitó más aún que seguir follándolo. Se levantó bruscamente de él, abandonando su polla insatisfecha.

-What are you doing? -gimió Art-. Please come back!

Cecilia lo ignoró y fue a buscar a Jack, quien parecía medio dormido. Lo hizo levantarse del suelo, lo empujó dando traspiés hasta la cama y lo hizo acostarse al lado de Art.

Cuando le explicó a Art lo que quería que hiciera, él volvió a gemir y suplicar, rodando en la cama para alejarse lo más posible de Jack. Era lo que se esperaba. Recogió el cinturón de Jack del suelo y le dio un buen trallazo a Art en la delantera de los muslos. Él rodó en la cama para protegerse, lo que ella aprovechó para encajarle otro magnífico azote en el trasero. Con eso Art se mostró mucho más dispuesto a cooperar.

Fue al cuarto de baño y se enjabonó bien las manos. Volviendo a la cama, le quitó el condón a Art y usó la espuma de jabón en sus manos para lubricarle bien la polla y el culo de Jack. Hizo rodar a Art hacia la espalda de Jack y lo ayudó a penetrarlo.

¡Qué, Jack! ¡Me querías dar por culo y al final has sido tú quien ha salido enculado! Qué ironías tiene la vida, ¿verdad?

Bastó volver a enseñarle el cinturón a Art para hacerlo comprender que ella no se conformaría si no cumplía su cometido con el brío necesario. Luego él pareció encontrarle el gusto a la cosa y se puso a bombear el culo de Jack con fruición. Éste parecía vagamente consciente de lo que le estaba pasando. Gemía un poco con cada acometida, pero no hizo ningún esfuerzo para escapar. Algo debía de gustarle, a juzgar por la erección morcillona que había adquirido su polla.

Verlos follar la puso tope de cachonda. Se arrodilló a horcajadas sobre sus cabezas para verlos bien, masturbándose con gusto mientras los contemplaba. El trasero de Jack estaba cubierto de las bandas escarlata que le había dejado con el cinturón, mientras que el de Art tenía todavía el bonito color sonrosado de la azotaina, surcado por la banda rojo oscuro del último trallazo con el cinturón. Eran dos chicos malos cumpliendo el castigo que se merecían. Esa idea terminó de llevarla al clímax. Tuvo un par de orgasmos más antes de que Art lograra descargar su semen dentro de su amigo.

Art se puso a lloriquear y a quejarse en cuanto se le pasó la erección. Inesperadamente, eso le provocó remordimientos.

¿No me habré pasado un poco con ellos? A los tíos este tipo de cosas que les hacen dudar de su masculinidad les pueden resultar muy traumáticas. Quizás debería haber terminado de follar con Art y dejar allí la cosa.

¡No, qué va, se lo tienen bien merecido! A lo mejor sentirse un poco menos macho les quitan las ganas de violar a las tías…

Pero lo que yo he hecho es violarlos a ellos, ¿o no?

Le entró el ansia de irse de ahí cuanto antes.

Se vistió rápidamente. Jack se había quedado dormido. Art la seguía con los ojos, con mirada resentida.

Le desató las muñecas a Jack, haciendo caso omiso de las exigencias de Art de que lo desatara a él también. Si lo hacía era capaz de darle una paliza para vengarse. No, ya lo desataría Jack cuando se despertara.

Salió precipitadamente de la habitación.

En la calle el cielo empezaba a iluminarse sobre los montes con el inminente amanecer. Preguntando, le dijeron que el mejor sitio para encontrar un taxi era frente al hotel Magaluf Playa. Efectivamente, allí encontró varios taxis haciendo cola para llevar a los turistas con vuelos tempranos al aeropuerto.

En diez minutos estaba de vuelta en el chalet de los Santillana. Se metió en la cama diminuta de su cuarto diminuto y se quedó dormida instantáneamente.