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jueves, 18 de junio de 2020

Un ejemplo de maltrato en una relación virtual de BDSM


Hace un par de meses una lectora, Artemisa, me escribió para decirme que un artículo de este blog, Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión, le había sido muy útil para entender lo que había salido mal en su última relación. He pensado que ponerlo en el blog sería interesante para todas. Así que, sin más preámbulos, esto es lo que escribe Artemisa. 

El día anterior a leer el artículo Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión, había dado por conclusa esta relación que, gracias al confinamiento, se ha desarrollado solamente en el mundo virtual. Una duración de alrededor dos meses. Leer tu texto me dejó claro que hice bien en darle fin, pero después de hacerlo (¡cuánta consistencia en mantener mis decisiones!) pensé que quizás dar una última opción de conversación real, desde la persona y no desde el personaje, sería saludable. Quizás no era necesaria esa última opción, por tu comentario “Cuando se niegan a hablar es que la relación no tiene posibilidad de rescate”, pero la decisión ya está hecha. Tampoco creo que fructifique y más habiéndole informado que yo había escrito en esta entrada, por lo tanto, sea lo que sea que publiques o me propongas publicar de esto que te estoy escribiendo, será posible que él lo lea. Mejor será así, dar voz y visibilidad a lo “oculto”. Que se ventile para que sea lo que tenga que ser. Sensación de participar en el “Me Too”.

Contextualizo: yo viví el mundo del BDSM a consciencia unos dos años. Entiendo que cada quién vive su proceso, y por conversaciones mantenidas entiendo que se produce una revisión vital desde los nuevos lentes, que sería poner nombre a preferencias, y se detectan transversalmente en la vida de cada quién. Por ello hablo de vivirlo conscientemente en ese periodo. En fin, durante esos dos años, y al reconocerme como sumisa, viví experiencias que no se las deseo a nadie. Descarté continuar en él y me desvinculé también del mundo virtual. Hace unos dos meses reapareció este hombre, con quien había tomado un café un día. Cordial y respetuoso ese café, además de mucha atracción mutua. Posteriormente, la comunicación no fluyó y descarté absolutamente nada con esta persona. De ello hace como dos años y medio. En este tiempo volvió a comunicarse conmigo, y yo no continuaba la conversación, indicándole que no era de mi interés. Por lo que se ve (yo ya ni lo recordaba) bloqueé su número, pero supongo que debí de desbloquear otros mecanismos de comunicación. Hace dos meses volví a indicarle que mi vida abrazaba mucho más que el BDSM, que no era mi único eje de expresión humana, que mi vida incluía mucho más. Era más, me había jubilado del BDSM - el precio que pagué había sido demasiado elevado para mí y no deseaba exponerme más. Avisé que descartaba el juego sin conocer a la persona exenta de su personaje: primero te quiero conocer, luego ya veremos si jugamos. Aceptó. Es un hombre hábil, ciertamente. Fue descartando cada uno de mis avisos y mi información previa. Al darme cuenta, yo lo iba señalando. Me sentía como en otras situaciones desagradables que yo había vivido. Yo intentaba discernir si era el halo de aquellas, que ahora impregnaba lo que vivía, o si bien el “tufo” salía realmente de ésta relación. Fui sincera, le informé de ello. No siento que salga del personaje, ello me genera toda la desconfianza del mundo. En el momento que me ordenó una práctica que sumaba la transgresión de dos límites míos, sentí que me paralizaba, comencé a sentir ansiedad y terror. Decidí que ahí aquello había finalizado. Se lo comuniqué. Su respuesta fue una afirmación: “me has utilizado…”. Ello se ubica en algo enunciado en el artículo del blog: “provocar sentimientos de culpa”.

Después de esta larga contextualización, van los puntos, tal y como se los escribí a él. Agrego cuestiones a clarificar y/o ejemplos vividos (he utilizado palabras de Hermes en el texto, aunque quizás no cite correctamente su artículo):

  1. Considerar los límites de la sumisa como algo a superar. Le señalé mis límites, pero él no los aceptó y presionaba para desgastarlos o romperlos. Viví las siguientes emociones: ansiedad y miedo. No era SSC (seguro, sensato y consentido). Su insistencia continuada era: tú no tienes límites. Yo insistía que evidentemente sí tengo, otra cuestión es estar en el juego de que le guste oírme decir que no tengo, teniendo presente cuáles son. Él insistía en que yo era su esclava.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”.  Ni siquiera hubo ocasión para conversarlo. No es SSC.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. Le informé repetidamente de mi ritmo. Pero él no respetó mi ritmo, con exigencias y manipulaciones para que yo lo descarte. No era SSC. Reiteradamente le informaba que era demasiado rápido para mí, que me ordenaba y presionaba a decir “sí” a prácticas que jamás había vivido, algunas ni habían estado en mi imaginario, otras que yo había descartado, otras más que yo había ubicado en el mundo de las fantasías y jamás en el de la realidad. Jamás dije “sí” a todas. A otras dije “sí”, aunque eran futuribles. A algunas que dije “sí” y era “no”, y viví las consecuencias. Me alegro que sólo fuera por escrito, que la palabra tiene fuerza, mucha, pero la energía de la presencia ya es delicada, delicada y delicada, y me alegro de no haberla vivido.
  4. Provocar sentimientos de culpa. Cuestionaba mi comportamiento, pero nunca el suyo. Aseguraba que tenía intención de dañarle con mis actos, se victimizaba. Conviertía mi sumisión en una obligación. No era SSC. Sentía que todo era queja, no asumir su responsabilidad, ubicar toda la responsabilidad en mí. Me encaja con la teoría de la atribución causal de Heider: la causa de lo que para él eran “fracasos” era yo, y la de los “éxitos”, él. Absoluto desequilibrio. Un ejemplo: A raíz de irme ordenando por texto la ejecución una práctica nueva para mí, donde de repente él despareció, viví el “bajón de sumisión” -creo que se le sumó que en ese momento yo experimentaba un día de la fase premenstrual, y yo soy muy sensible a los ciclos de mi cuerpo-. Sea lo que sea, le pedí acompañamiento en esta experiencia -empatía, compasión- y, cuando finalmente se comunicó, recibí quejas y reproches.
  5. Exageraciones y mentiras. Llegó a decir que perdía la oportunidad de mi vida si le dejaba. Yo le dije: lástima que hayas escrito esto. Mira dónde se ubica. No era SSC. (En este ejemplo, sentí un rechazo infinito hacia esa persona).

¿Qué hacer cuando se detectan estos síntomas? Le ofrecí una última oportunidad de conversación, pero no escrita, porque así no me sirve. Por aquello de que soy rematadamente optimista y me quedo tranquila una vez agotadas todas las posibilidades.

No creo que él proporcione este espacio. Quizás es saludable para mí que yo lo descarte. Es complejo gestionar la ambivalencia de las sensaciones y los deseos y alinearlos con las alertas que aparecen. Es complejo discernir si emanan de lo que se está viviendo o son reminiscencias de lo vivido en otras situaciones. Quizás meditar, ¿verdad?

Aún y con ello, para ser sincera, reconozco que experimenté el “espacio de sumisión” del que Hermes habla en otra entrada (lo leí después de experimentarlo, así pude nombrarlo), aunque no sé cuánto de autosugestión pudo llegar a existir en ello, pues se dio desde un lugar de desconocimiento real de la persona, así que supongo que obedecía a mi imaginario. Tengo dudas al respecto: ¿cuánto se explica desde la supuesta relación D-s y cuánto a factores ajenos a ella?

El ejercicio de escribirte, con su posible publicación, me facilita la objetivación de las vivencias. Me queda claro, otra vez, como en aquellos dos años dentro del BDSM, ¿con quién estoy? ¿Cómo lo estoy permitiendo? ¿Por qué no me escucha? No es el BDSM, no, son los hombres con quien yo me he topado. Mi parte de responsabilidad es elegir inteligentemente y todavía no soy hábil en ello. Lo sé porque he vivido una relación que se suponía que no se hallaba en el BDSM y resulta que lo fue. Fue precioso.

Gracias por proponérmelo, gracias por leerme. Sea lo que sea, a mí me ha ayudado, si es útil para otras personas, será una alegría.

Un abrazo,

Artemisa           

miércoles, 17 de abril de 2019

El programa electoral del PSOE incluye un ataque frontal al trabajo sexual y a la libertad sexual

Pensaba que al final no se atreverían, pero han ido incluso más lejos de lo que yo me temía. El programa del PSOE para las próximas elecciones apuesta por el “modelo sueco” de prohibición de la prostitución, a base de perseguir a los clientes. Vuelven a remachar en la vieja mentira de que la prostitución es lo mismo que “la trata”. Pero, claro, cuando se trafican mujeres (y hombres) para esclavizarlos en la industria hotelera o el servicio doméstico, a eso no se lo incluye en el programa electoral. Sólo hay “trata” cuando es por sexo.

Y, por si quedaba alguna duda de quienes son los nuevos puritanos, también arremete contra la pornografía. Para ello se amparan en la consabida “defensa del menor”, como si lo que le hiciera más daño a los niños es que aparezcan parejas follando en las pantallas del ordenador. Si gana el PSOE, nos podemos esperar un ataque a la libertad de expresión sexual en internet como el que está teniendo lugar en el Reino Unido o en los Estados Unidos.

Aquí tenéis el contenido literal del programa del PSOE en estos dos temas.

Abolir la prostitución y erradicar la trata de seres humanos con fines de
explotación sexual
6.16. Trabajaremos para abolir la prostitución y erradicar la trata de seres
humanos con fines de explotación sexual, favorecer la dignidad de las mujeres,
garantizar alternativas y terminar con las redes y las mafias que se lucran con la
esclavitud. Para ello, debemos proteger y asistir a las víctimas, cooperar con los
países de origen y concienciar a la ciudadanía de que es un comercio ilícito y una
forma de esclavitud.
Por ello,
- Continuaremos los trabajos que ya hemos iniciado en estos meses
conducentes a aprobar la ley integral contra la trata de seres humanos
con fines de explotación sexual y contra la prostitución. La prostitución,
de la que nos hemos declarado abolicionistas, es uno de los rostros más
crueles de la feminización de la pobreza, así como una de las peores formas
de violencia contra las mujeres.
- Esta futura ley Integral contra la trata de seres humanos con fines
de explotación sexual, contemplará mecanismos adecuados para la
prevención y persecución de la trata, evitará la publicidad de servicios
de contenido sexual y reforzará los servicios y programas de protección
social y recuperación integral de las personas que han sido explotadas, con
atención específica a menores.
- Aprobaremos en nuestra legislación medidas encaminadas a la abolición
de la prostitución:
• Introduciendo una figura jurídica que permita sancionar penalmente
a quienes contribuyeran o se beneficiaran de la prostitución ajena, lo que
contribuirá a desmantelar la industria de la prostitución.
• Sancionando la demanda y compra de prostitución.
- Impulsar en foros internacionales la persecución de la trata de personas
con fines de explotación sexual.

Pornografía
6.17. Perseguiremos la trata y explotación sexual, especialmente de menores
y los protegeremos de la creación, difusión y exposición de pornografía.
6.18. Impulsaremos una protección reforzada de los menores para evitar
el acceso a la pornografía, sujeta a las medidas más estrictas en línea con la
nueva normativa audiovisual del Parlamento Europeo.

Creo que una persona que defienda la filosofía sexo-positiva no puede votar a este programa. Yo desde luego, no lo haré, y eso que he votado en numerosas ocasiones al PSOE desde la Transición. Claro que, viviendo en el extranjero, lo de votar en España me resulta casi imposible. Ya no son sólo los obstáculos del “voto rogado”, es que ni siquiera he podido conseguir hora en el Consulado General de España de Los Ángeles para que me renueven el pasaporte español. Me he acostumbrado a viajar con mi pasaporte americano. Pero ese es otro tema…

Sólo cabe esperar que el PSOE no consiga sacar los suficientes votos en las elecciones para aprobar estas leyes puritanas y retrógradas. Si necesita del apoyo sustancial de Podemos por la izquierda o Ciudadanos por la derecha, tal vez le hagan desistir. Pero lo cierto es que el panorama político de España esto días es completamente desolador.

En contraste, esto es lo que dice el programa de Unidas Podemos:

136. Ley Integral contra la Trata de Personas. Las víctimas de trata serán consideradas como sujetos de derecho. La ley asegurará la coordinación de todas las Administraciones, prohibirá la deportación o el encierro de víctimas en los CIE y las eximirá de responsabilidad penal si están en situación administrativa irregular. La ley irá acompañada de planes de formación para empleados públicos y, gracias a ella, se crearán mecanismos de atención integral a las víctimas con un enfoque integrador, transcultural y de protección efectiva en el caso de denuncia y más allá del juicio.

Podemos no equipara a la trata con la prostitución, la gran mentira que continúa perpetuando el PSOE. Además, la propuesta de Unidas Podemos es de protección de las personas al 100%, mientras que la del PSOE es 100% represiva. Este punto del programa del PSOE es lo mismo que propugna el Partido Republicado de Trump en Estados Unidos. Incluso se diferencia en poco de la Ley de Vagos y Maleantes del franquismo. 

martes, 18 de octubre de 2016

Mi nueva novela "Para volverte loca"

En cada una de mis novelas he querido ir tocando aspectos distintos del amor y del sexo. En la primera abordaba sobre todo el tema del sadomasoquismo, la segunda tocaba los temas de la prostitución y la violencia machista, la tercera la dominación-sumisión y la bisexualidad, y la cuarta el poliamor y las relaciones sexuales entre varias personas. Aunque, claro, el BDSM sigue estando presente en todas ellas.

En "Para volverte loca" quiero tocar un tema poco conocido: la llamada "terapia de conversión" con la que algunas organizaciones religiosas han querido "curar" a los homosexuales. Es un tema fascinante que desarrollo en el ámbito de un hospital psiquiátrico muy peculiar, algo parecido al de la novela "Alguien voló sobre el nido del cuco". En ese hospital, Cecilia Madrigal, mi protagonista, se verá sometida a tratamientos degradantes al tiempo que va conociendo a personajes muy particulares.

Otra de las tramas de esta novela vuelve a tocar el tema de la prostitución, ésta vez desde el punto de vista de la vulnerabilidad de las prostitutas a ser explotadas por las mafias, y de cómo pueden organizarse para luchar por sus derechos.

Será el quinto libro de la saga que he titulado "La revolución erótica de Cecilia Madrigal". En él volverán a aparecer los personajes que han ido desfilando por las novelas anteriores: Julio, Laura, Malena, Lorenzo, El Chino, Johnny y, por supuesto, Cecilia... Sin olvidar a los "malos": Luis, don Francisco, Benito y Ángelo. Martina y Beatriz, dos personajes entrañables que aparecen por primera vez en "Escenas de poliamor", también volverán en esta novela. Y luego habrá mucho personajes nuevos.

¿Os apetece leerla? Pues pronto podréis hacerlo, pues he decidido ir colgándola en este blog conforme la voy escribiendo. Por ahora, tengo ya escritas 200 páginas para darme algo de margen. La historia tiene mucha acción desde el principio, espero que os enganche. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Así maltratamos a nuestra pareja


“Quien bien te quiere te hará sufrir” dice el refrán. Normalmente esto se interpreta como que alguien que te ama te señalará tus imperfecciones y errores, aunque no te guste, pero también se ha señalado que un dicho así puede servir para justificar el maltrato. Sin embargo, hay otra manera más de interpretar el refrán: simplemente constata la realidad más bien irónica de que dos personas que se aman tienden a hacerse daño. Y no precisamente porque estén empeñados en convertirse mutuamente en personas mejores a base de corregir sus errores. Sí, las relaciones amorosas suelen traer consigo una buena carga de sufrimiento. A todo el mundo esto le parece algo inevitable, como si hubiera que pagar un precio por el amor que recibimos.

Pero yo pienso que no tiene que ser necesariamente así. Si nos hacemos daño cuando nos amamos es porque tenemos que estar haciendo algo mal. Al parecer, cuando llegamos a un cierto grado de intimidad con una persona empezamos a permitirnos una serie de comportamientos que crean fricciones e incluso daño emocional. “Las confianzas dan asco”, que dice otro refrán. Entonces, quizás lo que debamos hacer es reconocer esos comportamientos y aprender a evitarlos. No quiero hablar aquí de conductas de franco maltrato, como pueden ser el daño físico o la violación, sino de una serie de estrategias de manipulación psicológica que producen daño emocional y menoscaban la autoestima. En general, se basan en evocar tres emociones clave: el miedo, la culpa y la vergüenza. Aquí os dejo una lista tentativa de conductas nocivas en la pareja.

1. Coacción - La coacción se define como una demanda que no se puede rehusar sin desencadenar serias consecuencias negativas. Un ejemplo sería el sexo coactivo: “como me digas que no quieres sexo conmigo te voy a montar un numerito de mucho cuidado”. Pero se puede usar la coacción para muchas otras cosas: ir a una fiesta, elegir el sitio dónde ir de vacaciones, cómo decorar la casa o si tener hijos. La coacción señala que existe un desequilibrio de poder en la pareja que hace que una persona pueda imponer su voluntad sobre la otra.

2. Amenazas - Las amenazas son una de las formas más directas de coacción. Se basan en inspirar miedo para conseguir lo que queremos.  Una de las amenazas más frecuentes en la pareja es la de la ruptura. Se suele dar cuando existe un desequilibrio de poder basado en que una persona valora la relación mucho más que la otra. Puede ser simplemente porque está más enamorada, o porque la relación le supone una serie de ventajas que no quiere o no puede abandonar. En estos casos la amenaza constante de la ruptura puede convertirse en una continua coacción. A menudo la persona que amenaza con romper va de farol: en realidad no tiene la menor intención de hacerlo, pero sabe que así puede someter a su pareja a su voluntad.

3. Asustar - Las amenazas no son la única forma de inspirar miedo. También se puede crear una situación de ansiedad a base de asustar a la otra persona con actos como gritar, tirar o romper cosas, poner en riesgo la seguridad o la salud, o hacer algo ilegal. La simple presencia del miedo crea un clima de opresión.

4. Chantaje - El chantaje es una forma de coacción que consiste en amenazar con hacer algo que la otra persona no quiere si no accede a nuestras demandas. La forma más reconocible de chantaje es la amenaza de contar algo que la otra persona no quiere que se sepa. Como ejemplo está el “outing”, un nuevo verbo inglés que viene de la expresión “out of the closet” (salir del armario) y que se refiere a revelar a que una persona es gay o bisexual. Hoy en día se generaliza a descubrir que una persona practica el BDSM, el poliamor u otras formas de sexualidad no aceptadas por nuestra cultura.

5. Chantaje emocional - Consiste en utilizar el miedo, la obligación o la culpa (en inglés, “fear, obligation and guilt”, que forman el acrónimo FOG, que significa “niebla”) con el fin de presionar a otra persona de hacer lo que queremos. Se distinguen cuatro formas de chantaje emocional. La primera consiste en amenazar con castigar, privar de un beneficio o hacer daño. Un ejemplo clásico en la pareja es la privación de sexo o de afecto. La segunda consiste en el auto-castigo: en este caso se amenaza con hacerse daño a uno mismo. Un caso extremo sería la amenaza de suicidio (“¡déjala o me mato!”), pero también entra aquí el enfurruñarse o sumirse en un estado depresivo cuando no se obtiene lo que se quiere. La tercera forma de chantaje emocional consiste en adoptar conductas de auto-sacrificio con el fin de evocar sentimiento de culpa. Incluye todos esos actos de servicio que se hacen no porque se quieren hacer o como demostración de amor, sino para luego obtener algo a cambio: “¡me he tirado tres horas preparando la cena y tú no me haces ni caso!”. La cuarta forma es quizás la más difícil de reconocer, pues consiste en utilizar un premio o una tentación para conseguir lo que se quiere. Un ejemplo clásico es cuando le ofrecemos una golosina a un niño a cambio de un beso. En la pareja, ofrecer sexo o afecto como premio puede parecer en principio una buena idea, pero puede llevar a un ambiente de manipulación en el que no se sabe muy bien por qué se hacen las cosas.

6. Traspasar límites - Todos tenemos cosas que no queremos hacer o que no queremos que nos hagan. En inglés se conocen como “boundaries”, que quiere decir límites o fronteras. En una relación sana, cada persona define claramente cuáles son sus límites y la otra persona los respeta escrupulosamente. Los problemas vienen cuando los límites no están bien definidos o cuando se conocen y se rompen a propósito.

7. Incomunicación - Es sabido que la buena comunicación es esencial para el buen funcionamiento de la pareja. Ya resulta difícil en el mejor de los casos, pero a veces se sabotea a propósito como parte de actitudes ofensivas o defensivas, o con fines manipulativos. Un ejemplo es el “tratamiento de silencio”, que consiste en negarse a hablar con la otra persona. Su versión actual es el bloqueo en las redes sociales. Otro ejemplo consiste en hacer justo lo contrario: hablar sin parar para formar un “muro de palabras”  que no le permite a la otra persona expresarse. Formas más sutiles de incomunicación son el no querer escuchar, la comunicación agresiva y la comunicación pasiva. Esta última consiste en pretender que la otra persona nos lea la mente o adivine lo que queremos decir a base de indirectas, tono de voz o lenguaje corporal.

8. Mentiras - El peor tipo de incomunicación es cuando no se dice la verdad. Además, la mentira puede entenderse como una forma de privación de poder ya que la desinformación impide a la otra persona actuar de la forma más favorable para ella. La mentira se suele considerar la principal ofensa en la infidelidad conyugal, aunque a menudo esto es porque no se quiere reconocer el valor exagerado que nuestra cultura otorga a la exclusividad sexual. En realidad, cualquier tipo de mentira o falta de honestidad puede hacer daño en la pareja, ya que mina la confianza mutua.

9. Gaslighting” - “Gaslighting” en una forma extrema de abuso psicológico que consiste en la manipulación sistemática de la información que se suministra a otra persona. Así se va entretejiendo una red de mentiras, medias verdades, secretos y decepciones que generan un visión distorsionada de la realidad. Normalmente se hace con el fin de ocultar una situación de maltrato generalizado. Suele ocasionar un daño grave en la autoestima, incluso a hacer que la víctima llegue a cuestionar su propia cordura. El nombre viene de la obra de teatro Gas Light y de sus adaptaciones al cine.

10. Secretos - La cuestión de si se deben guardar secretos a nuestra pareja es sumamente delicada. Por un lado, todo el mundo tiene derecho a su privacidad; algunas cosas son tan íntimas que absolutamente nadie debe conocerlas. Por otro lado, el ocultar determinadas cosas que nuestra pareja tiene derecho a conocer para su propia seguridad puede ser equivalente a mentir por omisión. Los casos más claros son los de las enfermedades de transmisión sexual y la infidelidad.

11. Invadir la privacidad - Ésta es la otra cara de la moneda de los secretos. Todos tenemos derecho a revelar cosas de nosotros mismo si queremos, cuándo queramos y cómo queramos. También tenemos derecho a que lo que contamos a alguien no se transmita a terceras personas sin nuestro consentimiento. Como decía antes, no es legítimo guardar en secreto algunas cosas, pero eso no quiere decir que esté bien usar la fuerza o la coacción para forzarnos a desvelar un secreto. Un ejemplo de invasión de privacidad desgraciadamente frecuente hoy en día es buscar información en un móvil o en un ordenador sin permiso.

12. Quejas y reproches - Quejarse es algo normal y si algo no funciona bien en la pareja es esencial para la buena comunicación el decirlo. Pero hay muchas formas de decir las cosas. Cuando las quejas y los reproches se hacen con la intención de hacer que la otra persona se sienta culpable y avergonzada, entramos en el terreno del maltrato emocional. Los problemas hay que plantearlos en el momento adecuado, preferiblemente con tiempo de sobra para hablar sobre ello, sin ira y sobre todo sin ánimo de herir y ofender. Como en muchas otras cosas, la cantidad importa: una sarta interminable de reproches es indiscutiblemente abusiva. También hay que prestar atención a dos vicios relacionados con esto. El primero es el de ofenderse fácilmente, el estar a la que salta, de forma que la otra persona se tenga que estar autocensurando constantemente. Obviamente, la buena comunicación no puede darse así. El otro es el victimismo, el presentarse como víctima de abuso cuando en realidad no se es. Una de las mayores ironía del abuso psicológico es que el maltratador  suele presentarse como víctima, incluso estar convencido de que lo es.

13. Avergonzar - La vergüenza, incluso más que la culpa, es la emoción más destructiva de la autoestima. Sólo hay que pensar en todos los casos de adolescentes homosexuales que son llevados al suicidio por la vergüenza que evocan en ellos sus padres, su comunidad religiosa o sus compañeros de clase. Por eso, una de las formas más corrientes de maltrato emocional son los comentarios degradantes y las críticas continuas. Incluso la falta de alabanza cuando es merecida puede minar la autoestima de una persona. Si la persona a la que amamos no es capaz de reconocer nuestros méritos, ¿quién lo va a hacer? Un caso extremo es el llamado “cyber-bullying”, ciberacoso o acoso virtual: el acoso en las redes sociales de personas a base de avergonzarlas en público.

14. No disculparse - Todos tenemos que saber disculparnos, ya que todos cometemos errores. Una disculpa a tiempo puede significar la diferencia entre una pelea conyugal que se resuelve satisfactoriamente y otra que deja cicatrices emocionales para toda la vida. También puede suponer la diferencia entre percibir un error como un acto abusivo o como algo que se hizo sin malicia. La disculpa suele entrañar el reconocernos culpables del daño que hemos hecho, pero aunque no lo seamos todavía podemos disculparnos simplemente por haber participado en algo que hizo sufrir a quien amamos. Cuando en una pareja una persona se disculpa a menudo y la otra nunca es que algo marcha mal.

15. No perdonar - Las disculpas deben ser aceptadas, ya que el no hacerlo mina la dignidad de la persona que se ha disculpado. Esto no quiere decir que todo deba o pueda ser perdonado. De hecho, en muchas situaciones de maltrato nos encontramos con una forma patológica de perdón basada en la codependencia: la víctima constantemente perdona al maltratador, incluso inventando las disculpas más inverosímiles para el maltrato. Por lo tanto, una condición indispensable para perdonar debe ser que el acto a perdonar haya terminado ya. No se puede perdonar a quien persiste en su conducta. Pero, por otra parte, el no otorgar el perdón merecido puede convertirse en maltrato emocional al perpetuar el sentimiento de culpa de quien lo pide. Quizás lo más apropiado a hacer cuando no se puede perdonar a alguien es romper la relación, en vez de continuarla en la situación de desequilibrio de poder que supone el sentimiento de culpa. Una variante de este tema es cuando las disculpas son aceptadas pero utilizadas en el futuro una y otra vez para recordarle su culpabilidad a quien las ofreció. Esta manipulación de la disculpa es incompatible con el perdón sincero. Hay que saber pasar página.

16. Aislamiento social - En las sectas, una técnica muy común para crear dependencia emocional es la de separar a sus adeptos de su entorno de familia y de amigos. La víctima pierde así los elementos de referencia que le permitirían escapar de la adoctrinamiento de la secta. En una pareja se puede dar una situación similar cuando se quiere separar a la otra persona de sus amigos, normalmente por celos.

17. Presión social - También puede darse el caso de que una de las personas de la pareja se vea absorbida por los amigos y familiares de la otra, que por supuesto tendrán una opinión sesgada en caso de conflicto. La presión social también puede tomar la forma de normas culturales que favorecen a una persona más que a la otra. El machismo es un ejemplo de esto, como cuando la sociedad ve normal que el hombre controle el comportamiento de la mujer. Otro caso es cuando una de las personas de la pareja quiere practicar el BDSM o el poliamor, y la otra persona usa la normativa cultural para impedírselo. A veces esto toma la forma de lo que se denomina en inglés “slut-shaming” (“avergonzar a la zorra”), que consiste en provocar vergüenza a una mujer por su comportamiento sexual contraviniendo normas culturales.

18. Sabotaje - Hay veces en que no se respetan las obligaciones laborales, familiares y sociales de la otra persona en la pareja, de tal manera que se la perjudica indirectamente al impedirle cumplirlas. El caso más típico es cuando una pelea de pareja nos deja tan alterados que no podemos concentrarnos en el trabajo. En ese caso el sabotaje es involuntario e indirecto. Un paso más hacia una relación de maltrato es cuando alguien tiene tan poco respeto y consideración hacia su pareja que no pone el mínimo cuidado en respetar sus horarios de trabajo o el tiempo que le dedica a la familia o los amigos, apropiándose de todo ese tiempo y atención, por ejemplo, forzando citas o conversaciones telefónicas en momentos inoportunos. En situaciones extremas de abuso, el maltratador interfiere directamente con el trabajo o el entorno social de su víctima con acciones dedicadas directamente a destruirlos. Conozco el caso de un marido que llamó al jefe de su mujer diciéndole que ella dejaba el trabajo, en contra de los deseos de ella.

Supongo que muchas de estas cosas os resultarán familiares, bien porque las hayáis sufrido, bien porque las hayáis hecho. Desgraciadamente, son conductas usuales en la pareja. Al confeccionar esta lista no pretendo provocar ninguna caza de brujas. Hay que evitar caer en la auto-culpabilización, el miedo y la vergüenza que, al fin y al cabo, son la base del daño emocional que tratamos de evitar. Todos hemos tenido peleas de parejas en las que hemos intentado asustar y herir a la persona a la que amamos. Este tipo de peleas no deben considerarse como algo normal. Van dejando cicatrices que van socavando la relación, sentando la base para peleas posteriores y volviéndola cada vez menos saludable.

Estas formas de maltrato pueden llevarlas a cabo tanto hombres como mujeres. No quiero entrar aquí a discutir si se da más en un género que en el otro, aunque está claro que al ocurrir en una sociedad sexista hay que tener en cuenta el desequilibrio de poder que esto supone. Quizás los hombres seamos más dados a algunas formas de maltrato, como la coacción, el asustar y la incomunicación, y las mujeres a otras, como el chantaje emocional, los reproches y la presión social. Esto resultaría muy difícil de cuantificar.

Lo que sí me parece importante es señalar que en muchos casos el maltrato es mutuo, aun cuando es desigual. Es decir, que aunque una persona maltrate más que la otra, el contraataque y la venganza no están ni justificados éticamente ni suelen resultar efectivos. En la pareja, esto suele llevar a una intensificación del conflicto en una espiral de abuso creciente que acaba por convertir la relación en tóxica. Lo mejor que puede pasar en estos casos es que se llegue a la ruptura. Sin embargo, hay veces que se acaba por aceptar esta situación como normal: las dos personas están tan obcecadas en la búsqueda de poder que carecen de la claridad mental para salir de esa dinámica.

Claro que cuando estas conductas son profundas, maliciosas y generalizadas, con un profundo desequilibrio de poder entre las dos personas, se llega al abuso psicológico. Al contrario que el maltrato físico, el psicológico no deja marcas ni heridas, por lo que es insidioso y difícil de detectar. A menudo se desarrolla gradualmente y viene acompañado de situaciones de dependencia emocional, de forma que la víctima no reconoce su situación. Puede producir serios daños en la autoestima e incluso llevar al suicidio.

A cada cual le corresponde examinar cuidadosamente su conducta para ir eliminando todo elemento de maltrato. Cuando alguien nos abre el corazón eso lo vuelve extremadamente vulnerable, no debemos traicionar la confianza que se deposita en nosotros haciendo daño. El que lo hagamos de forma inconsciente o por ignorancia no nos disculpa. Si queremos que se nos ame de verdad, debemos aprender a amar. Y eso consiste en hacer feliz a nuestra pareja, no en hacerla sufrir.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El Muro de Palabras


Las palabras sirven para comunicarse y la comunicación es esencial en toda relación. Sin embargo, a menudo se usan como armas para atacar a la pareja o a otras personas. En mi vida me he tropezado con demasiada frecuencia con lo que voy a llamar el Muro de Palabras: una persona que habla de forma agresiva durante largos periodos de tiempo de manera que la otra persona se ve obligada a escuchar en silencio y no tiene tiempo de argüir a su favor.

Funciona de la siguiente manera. La persona empieza a hablar y no para por un largo rato, a menudo a base de dar detalles innecesarios y de repetir lo mismo una y otra vez. Si la otra persona la interrumpe, se quejará enardecidamente de la interrupción y luego continuará con su perorata. Sin embargo, usa un doble rasero en lo que concierne a las interrupciones, porque cuando la otra persona consigue finalmente abrir la boca se verá interrumpida enseguida por otra larga diatriba del que lleva la voz cantante, quien súbitamente ha sentido la necesidad imperiosa de clarificar algo que la otra persona acaba de decir. En los casos más extremos que he encontrado del Muro de Palabras, se producía algún silencio ocasional pero en el momento que abría la boca para decir algo mi interlocutor se ponía inmediatamente a hablar al mismo tiempo que yo, bloqueando lo que intentaba decir. De hecho, el Muro de Palabras puede llevar a una situación en la que los dos hablan simultáneamente, una persona intentando desesperadamente hacerse oír y la otra bloqueándola.

 El Muro de Palabras es más difícil de implementar en grupo, pero aun así he visto a una persona tomar el control de una reunión, impidiendo hablar a personas con opiniones contrarias a base de usar su autoridad como coordinadora para darse todo el tiempo de intervención a sí misma.

Quien usa el Muro de Palabras intenta, consciente o inconscientemente, bloquear la comunicación de la otra persona. No está interesado en escuchar, sólo en sermonear. El objetivo es crear un desequilibrio de poder en el que él adopta el papel de un superior sermoneando a un subordinado, como si fuera un adulto riñéndole a un niño o un jefe dándole una reprimenda a su empleado. De hecho, el contenido del discurso en el Muro de Palabras a menudo está lleno de acusaciones. Otras veces quien lo usa se presenta como víctima y el Muro de Palabras se erige bajo la excusa de defenderse contra el presunto maltrato de la otra persona. Por supuesto, puede ser verdad que hay una situación de abuso, pero la manera de evitarla no debería ser el impedirle al presunto maltratador comunicarse. En realidad, el Muro de Palabras es una forma de abuso psicológico en la que el desequilibrio de poder creado por el hecho de que una persona puede hablar y la otra no puede terminar minando la autoestima de la persona silenciada. A menudo, quien lo usa elabora una larga lista de acusaciones que la persona silenciada no tiene posibilidad de refutar. En el peor de los casos, a las acusaciones se le suman amenazas, añadiendo el miedo a las emociones negativas de la culpa y la vergüenza.

¿Qué podemos hacer cuando nos enfrentamos a un Muro de Palabras? No es nada fácil, pues el Muro de Palabras de por sí impide cualquier solución basada en la comunicación. Ahí van algunas ideas:

1. Pídele a una tercera persona que medie en la conversación. Lo mejor es que el mediador esté enterado del problema para así poder arbitrar igualdad de tiempo para hablar. Sin embargo, hay que tener en cuenta de que quien está acostumbrado a usar el Muro de Palabras intentará meter al mediador en su dinámica con protestas de que se le trata injustamente, y al final puede terminar bloqueando la comunicación del propio mediador.

2. Vete. A veces una persona usa el Muro de Palabras sólo cuando está irritada o a la defensiva. En esos casos, postergar la conversación para otro momento donde los ánimos están más calmados soluciona el problema. También puede ser que el intentar hablar con alguien que usa el Muro de Palabras simplemente no valga la pena, pues continuar la conversación en esas circunstancias es una afronta a la dignidad de la persona silenciada.

3. Pregúntate si tú eres parte del problema. Por supuesto, el Muro de Palabras es abusivo, pero a veces se puede usar como mecanismo de defensa contra algo que puedes estar haciendo tú. Obviamente ella no quiere escucharte, pero quizás lo haga por miedo a que algo que puedas decirle vaya a herirla. Aunque tú no uses el Muro de Palabras, eso no te impide soltar amenazas o acusaciones.

4. Usa una palabra de seguridad para indicarle a una persona dada a usar el Muro de Palabras que lleva hablando demasiado tiempo y que le ha llegado el turno de escucharte. Por supuesto, esto depende de que esa persona haya reconocido el problema.

5. Señala el problema diciendo “estás usando un Muro de Palabras”. A menudo el inventar un nombre para un problema ayuda mucho a reconocerlo. Palabras como “sexista”, “homofóbico” y “chantaje emocional” han funcionado muy bien como señales de situaciones de maltrato.

Si se te ocurren algunas otras soluciones, por favor indícalas en los comentarios.


domingo, 10 de mayo de 2015

¿Por qué sentimos vergüenza?


Desde hace un tiempo siento una gran fascinación por las emociones, quizás porque estoy convencido de que contribuyen en gran medida a nuestra felicidad. De hecho, es frecuente confundir la alegría (que no es más que una emoción) con la felicidad (que es un estado profundo de ser que transciende a las emociones). No voy a entrar aquí en definir la felicidad, sólo apuntar que depende en gran medida de sentir emociones positivas, como la alegría y el amor, y el limitar nuestras emociones negativas, como el temor, la ira y la tristeza.

Un grupo de emociones particularmente importantes son aquellas que están relacionadas con cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. Por esa razón se denominan en inglés “self-conscious emotions” (Muris and Meesters, 2014): emociones de la consciencia del ser. Normalmente se nombran tres: la culpa, la vergüenza y el orgullo; pero existen otras relacionadas con ellas: la dignidad, la soberbia, el arrepentimiento, el ridículo y el humor. El orgullo, la dignidad y la soberbia son emociones positivas que nos hacen sentirnos bien con nosotros mismos, mientras que la culpa, el arrepentimiento y la vergüenza son emociones negativas que disminuyen nuestra autoestima.

En particular, la vergüenza es una poderosa emoción con una tremenda capacidad para hacernos daño, pudiendo llevar incluso al suicidio (Lester, 1997, Werbart Tornblom et al., 2015). También se ha visto que el desorden de estrés post-traumático (PTSD) no sólo está causado por el miedo, sino que tiene importantes componentes de culpa y vergüenza (Lee et al., 2001, Wilson et al., 2006). El comprender la vergüenza es también esencial en la lucha por las libertades sexuales y la igualdad. Tanto el “estar en el armario” como el que nos saquen de él a la fuerza (“outing” en inglés) tienen profundos efectos en la autoestima debido a la vergüenza que conlleva que no nos ajustemos a la normativa de la sociedad (Chekola, 1994).

¿Por qué existe la vergüenza? La clave de la supervivencia de los seres humanos es nuestra habilidad de vivir en grupos sociales. En el entorno en el que evolucionó nuestra especie, una persona sola sería incapaz de encontrar alimento y defenderse de los predadores para sobrevivir. Es a base de vivir en grupos como los humanos hemos sido capaces de conquistar casi todos los ecosistemas de la superficie terrestre. Sin embargo, el funcionamiento armonioso de una sociedad humana requiere que se respeten una ciertas reglas que establecen la cooperación mutua, de tal manera que todo el mundo contribuya y nadie se beneficie indebidamente del esfuerzo de otros. También hace falta que haya frenos a la agresividad y que se establezcan jerarquías que hagan que las opiniones y los actos de los individuos con mayor éxito y experiencia se valoren más que las de los demás.

El orgullo, la culpa y la vergüenza son emociones que evolucionaron para hacer que estas reglas sociales estén arraigadas en las profundidades de nuestro psiquismo (Breggin, 2015). Así, la culpa y el arrepentimiento cumplen la función de evitar que se rompan normas sociales y que reparemos el daño causado cuando lo hacemos. La vergüenza y la humillación aparecen frecuentemente asociadas con ataques que nos hacen perder nuestro atractivo social (Gilbert, 1997). Otros investigadores señalan que el orgullo y la vergüenza son señales sociales que benefician tanto a quien las expresa como a quien las observa (Martens et al., 2012). En particular, el mostrar vergüenza puede servir para apaciguar a los otros tras una transgresión social y así evitar o paliar el castigo. Por otro lado, la vergüenza desempeña un papel esencial en la regulación de la conducta social y es uno de los incentivos más fuertes para cambiarse a uno mismo (Lickel et al., 2014). Por ejemplo, el avergonzar al maltratador puede servir para mitigar o poner fin a situaciones de abuso doméstico y acoso sexual. Se ha visto que la vergüenza es fundamental en el tratamiento de personas que abusan sexualmente de niños (Proeve and Howells, 2002).

¿Pero entonces por qué existe la vergüenza como emoción distinta de la culpa? Mientras que la culpa es principalmente un freno a la agresividad y al egoísmo, la vergüenza y su emoción opuesta, el orgullo, actúan como incentivos para la cooperación. El orgullo nos señala un aumento en nuestro status social cuando tenemos éxito, mientras que la vergüenza opera como una señal de alarma que nos advierte que disminuye la estima con que se nos tiene en el grupo. En el entorno evolutivo, la capacidad de una persona para alimentarse y reproducirse debía estar estrechamente asociada a este estatus social, lo que explicaría que la vergüenza esté profundamente arraigada en el funcionamiento de nuestro cuerpo. Por ejemplo, la vergüenza produce rubor, que una respuesta automática del sistema cardiovascular. También produce importantes efectos negativos en el sistema hormonal, como un aumento en la hormona de estrés cortisol, y en el sistema inmune, como un aumento en las citoquinas pro-inflamatorias (Dickerson et al., 2004).

Resulta interesante analizar algunas emociones relacionadas con la vergüenza: la dignidad, la humillación, el ridículo y el humor. Podríamos decir que la dignidad es la manifestación externa del orgullo en nuestro comportamiento. Sin embargo, la dignidad puede ser mentirosa: podemos comportarnos de forma digna aunque por dentro no nos sintamos orgullosos. Si hacemos esto, a menudo la gente que nos rodea intentará desenmascararnos, exponiendo nuestra falta de autoestima al dejarnos en ridículo. El ridículo es, por lo tanto, una pérdida de dignidad que conduce al humor… Cuando el petulante gallito se cae en un charco, todo el mundo se ríe. Cuando una persona con buena autoestima se ve en una situación de ridículo reacciona uniéndose al regocijo general, riéndose de sí mismo. Paradójicamente, esto tiene el efecto de rescatarlo del ridículo. Por el contrario, una persona con baja autoestima intentará mantener su dignidad a toda costa: el petulante gallito se levanta del charco y se ajusta la ropa mojada, muy serio, pretendiendo que no ha pasado nada. El resultado son más risas.

Por otro lado, la humillación y el avergonzar son técnicas muy comunes tanto en el abuso psicológico como en el control de la gente por el poder religioso y político. Por lo tanto, hace falta desarrollar estrategias para desenmascarar esas campañas de humillación masiva. Una de esas estrategias es dar connotaciones positivas a palabras que se usan para humillar, como se hizo en inglés con las palabras “gay”, “slut” (“guarra”) y “pervert” (“pervertido”). En particular, “slut” se aplica ahora a ambos sexos, no sólo a las mujeres, y ha pasado a denominar a una persona liberada sexualmente con un poderoso eroticismo. También se usa en la expresión “slut shaming”, con la que se denuncia la actitud de querer avergonzar a una mujer por su conducta sexual. Por otro lado, neologismos como “homofobia”, “misoginia”, “misandria”, “sexo-negativo” y “erotofobia” se pueden usar para avergonzar a los opresores, exponiendo sus actitudes de odio y de miedo irracional.

En resumen, creo que comprender la emoción de la vergüenza es fundamental tanto por el papel que desempeña en nuestra salud física y mental como por su capacidad para ser usada para el abuso psicológico y la opresión cultural.

Referencias


Breggin PR (2015) The biological evolution of guilt, shame and anxiety: A new theory of negative legacy emotions. Med Hypotheses.

Chekola M (1994) Outing, truth-telling, and the shame of the closet. J Homosex 27:67-90.

Dickerson SS, Gruenewald TL, Kemeny ME (2004) When the social self is threatened: shame, physiology, and health. J Pers 72:1191-1216.

Gilbert P (1997) The evolution of social attractiveness and its role in shame, humiliation, guilt and therapy. Br J Med Psychol 70 ( Pt 2):113-147.

Lee DA, Scragg P, Turner S (2001) The role of shame and guilt in traumatic events: a clinical model of shame-based and guilt-based PTSD. Br J Med Psychol 74:451-466.

Lester D (1997) The role of shame in suicide. Suicide Life Threat Behav 27:352-361.
Lickel B, Kushlev K, Savalei V, Matta S, Schmader T (2014) Shame and the motivation to change the self. Emotion 14:1049-1061.

Martens JP, Tracy JL, Shariff AF (2012) Status signals: adaptive benefits of displaying and observing the nonverbal expressions of pride and shame. Cogn Emot 26:390-406.

Muris P, Meesters C (2014) Small or big in the eyes of the other: on the developmental psychopathology of self-conscious emotions as shame, guilt, and pride. Clin Child Fam Psychol Rev 17:19-40.

Proeve M, Howells K (2002) Shame and guilt in child sexual offenders. Int J Offender Ther Comp Criminol 46:657-667.

Werbart Tornblom A, Werbart A, Rydelius PA (2015) Shame and Gender Differences in Paths to Youth Suicide: Parents' Perspective. Qual Health Res.

Wilson JP, Drozdek B, Turkovic S (2006) Posttraumatic shame and guilt. Trauma Violence Abuse 7:122-141.


martes, 26 de agosto de 2014

El maltrato psicológico como herramienta política

Ya toqué el tema del maltrato psicológico en el artículo de este blog "Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión". Se suele entender que la manipulación psicológica y el chantaje emocional se da sólo en las parejas o entre personas que se relacionan íntimamente. Sin embargo, últimamente me ha llamado la atención como personas que denuncian el abuso psicológico a nivel íntimo parecen practicarlo, seguramente de forma inconsciente, a larga escala como herramienta política.

Me explico. Primero veamos cómo funciona en realidad la manipulación psicológica. Se basa en un grupo de emociones que controlan a nivel profundo las relaciones humanas y que tienen un gran impacto en la autoestima:

1.   La culpa nos hace sentirnos mal con nosotros mismos y repudiados por nuestro entorno social cuando infringimos sus normas.

2.   La vergüenza tiene un impacto negativo en la autoestima aún mayor que la culpa. El sentirnos ridículos, objeto de risas, bromas o lástima señala que hemos perdido prestigio en nuestro entorno social y nadie nos toma en serio.

3.   El miedo nos atenaza y nos inmoviliza. Nos hace vivir a la defensiva en vez de desarrollar nuestra creatividad y hacernos crecer como personas. Nos impide movilizarnos y defendernos de quien nos ataca.

4.   La compasión es una de las emociones humanas más loables, pero que puede ser explotada de forma muy eficaz para la manipulación psicológica. El maltratador se presenta como víctima merecedora de compasión, de tal manera que si no le otorgamos lo que quiere o, peor aún, nos defendemos de él, apareceremos ante los demás y nosotros mismos como poco compasivos, lo que generará culpa y vergüenza.

5.   La indignación es lo que moviliza al grupo social en contra de aquellos que infringen sus normas. Su efecto inmediato es generar culpa y vergüenza en aquellos contra los que va dirigida. Suele ir acompañada del sentimiento de superioridad moral (“self-righteousness” en inglés), una emoción que aumenta el ego del que la siente provocando una gran satisfacción consigo mismo.

Culpa, miedo, indignación
El manipulador psicológico utiliza este abanico de emociones para colocar a su víctima en una situación de dependencia en la que tiene que acatar sus deseos. No desaprovecha ninguna ocasión para hacer que su víctima se sienta culpable y avergonzada. Ni siquiera hace falta que ella haga algo malo, bastará con hacer que se identifique con otras personas que se comportan mal. El manipulador también se presenta como víctima, lo que genera empatía en su entorno social e impide que su víctima tome medidas defensivas. El victimismo es la base del chantaje emocional: el manipulador pretende ser alguien que necesita a su víctima, que resulta herido si ésta no accede a sus deseos, con lo cual puede, una vez más, hacerla sentirse culpable y avergonzada.

Pero debemos darnos cuenta de que estas emociones se utilizan también a gran escala como armas políticas. No digo que esto esté siempre mal. De hecho, la lucha política no-violenta se basa en hacer que los opresores sientan culpa y vergüenza de sus privilegios y sus acciones; en generar compasión por sus víctimas e indignación frente a los agresores. Por ejemplo, en los últimos años del Franquismo, las viñetas que salían en los periódicos ridiculizando al fascismo y sus instrumentos desempeñaron una gran labor en desgastarlo y movilizar a la opinión pública contra él.

Sin embargo, todas las armas pueden usarse para bien o para mal. Últimamente veo con preocupación como estas tácticas de manipulación psicológica son usadas indiscriminadamente para atacar a determinados segmentos de la población. Hace falta analizar este problema desde la perspectiva de la manipulación psicológica para hacer comprender a ciertas personas que no, no está bien hacer que alguien se sienta culpable o avergonzado por el simple hecho de ser hombre: “si eres hombre eres un violador potencial”. Tampoco está bien abusar de la compasión presentándose como víctima o como defensor autoproclamado de las víctimas. Por supuesto que hay víctimas, no lo estoy negando. Pero la mejor manera de ayudarlas no es iniciar una caza de brujas indiscriminada, culpando de su maltrato a personas inocentes, convirtiendo a alguien en sospechoso por el mero hecho de ser hombre.

También hay que tener cuidado con que, con tanto afán de prevenir los maltratos, estemos difundiendo miedo y visiones negativas del sexo como el origen de abusos, enfermedades y otros peligros, olvidándonos de que en la inmensa mayoría de los casos el sexo en una fuente de placer, intimidad, comunicación y felicidad. El miedo, como la culpa, la vergüenza y la indignación, son emociones negativas sumamente peligrosas, que se nos pueden ir de las manos con facilidad y hacer más daño de lo que pensamos. Y, por encima de todo, nunca confundamos la lucha genuina por mejorar la sociedad y aliviar el sufrimiento de la gente con sentimientos de superioridad moral y el engrandecer el ego a base de denostar a los demás.

Por cierto, a lo largo de este artículo he usado de forma deliberada el género masculino para el maltratador y el femenino para la víctima. Pero espero que quede claro, por lo que digo al final, que a nivel de ideologías se está dando mucho últimamente el caso inverso. En todo caso, lo justo es valorar el acto de por sí y no en función del sexo de quien lo ejecuta.

The ultimate weakness of violence is that it beget more violence.
With violence you can murder the hater but you just increase hate.
Hate cannot drive out hate.
Darkness cannot drive out darkness.
Only light can do that.
Only love can drive out hate.

La mayor debilidad de la violencia es que produce más violencia.
Con violencia puedes matar al que odia, pero producirás más odio.
El odio no puede eliminar la odio.
La oscuridad no puede eliminar a la oscuridad.
Sólo la luz puede hacerlo.
Sólo el amor puede eliminar al odio.

Martin Luther King