domingo, 21 de septiembre de 2014

Los extremos a los que llegamos al servicio de nuestra dominatriz (II)

-A partir de esa noche estuve como en una nube, no podía dejar de pensar en Diane y las cosas que me había hecho -continuó Johnny-. Por suerte, a ella también le debió de gustar. Un par de días más tarde la llevé a almorzar a uno de los restaurantes más lujosos de Manhattan, y el viernes siguiente me volvió a encerrar en su mazmorra. A las dos semanas de conocernos me ofreció su collar. El aceptarlo suponía mi sumisión total hacia ella: no podría follar con otra mujer, ni siquiera masturbarme sin su permiso. Y tendría que obedecerla y aceptar sus castigos. No me lo pensé dos veces.

-Pues, tal como lo cuentas, parece una relación preciosa -dijo Julio-. No sé de qué te quejas.

-Fue una relación preciosa, es verdad, pero no acabó nada bien. Yo debería haber tenido más cuidado, no bajar mis defensas, que es algo que nunca me había permitido hacer con ninguna otra mujer. Pero Diane representaba lo que siempre había deseado: una mujer hermosa que supiera imponerme su voluntad. Ella siempre fue muy estricta conmigo. Cuando nos veíamos me pegaba a la primera oportunidad. Siempre se aseguraba de que hubiera algún detalle que me recordara mi sumisión: mi trasero caliente, los calzoncillos bajados debajo del pantalón, los pezones pellizcados por pequeñas pinzas,  llevar un tapón de goma metido en el culo… Nunca me permitía tocarla por iniciativa mía; las pocas veces que lo intenté me castigó severamente. La única forma en que follábamos era conmigo atado y ella encima… y, a partir de la segunda vez, con un consolador penetrándome el culo. Pero la mayor parte de las veces era yo el que resultaba follado.

-¿Te daba por culo? ¿Con un arnés de esos?

-Sí, un strap-on, como los llamamos en inglés. A Diane le encantaban, a menudo llevaba uno puesto cuando estábamos en su mazmorra. La segunda vez que me llevó allí me dobló sobre el potro y me penetró. Estuvo follándome un montón de tiempo, casi una hora, no lo sé… acabé bastante dolorido, la verdad. Pero luego acabó gustándome. Fue ella quien me enseñó el placer que se obtiene al estimular la próstata. A veces me tumbaba sobre su regazo y me metía dos dedo, o un consolador, y me masajeaba la próstata hasta que se despertaba ese placer tan perturbador, y luego me tenía así un buen rato, gozando pero sin poder correrme, sin siquiera tener una erección. A mí llegó a gustarme mucho que me hiciera eso, porque allí se juntaba todo: mi entrega a ella, la humillación de ser follado como una mujer, la frustración de no alcanzar el orgasmo y, sobre todo, la intimidad de ese acto en el que ella lo tomaba todo de mí y al mismo tiempo me dedicaba toda su atención y sus cuidados. ¿Entiendes ahora lo que intentaba explicarte antes?

-Sí, un poco… Pero antes decías que no hubieras debido bajar tus defensas. Y, sin embargo, si no lo hubieras hecho no habrías podido disfrutar de todas esas cosas.

-Quizás sí, quizás no… No lo sé… Mirando hacia atrás, pienso que esa relación no era buena para ninguno de los dos. Diane había tenido otros sumisos, empezando por su marido, pero ninguno se le entregó tan completamente como yo, y ese poder tan enorme que yo le di sobre mí acabó por subírsele a la cabeza. Con lo guapa que era seguía atrayendo a un montón de sumisos y jugaba con alguno de vez en cuando. Empezó a referirse a sí misma como una diosa y a nosotros, sus sumisos, como su establo de sementales.

-¿Y eso no te ponía celoso?

-Por supuesto… Pero cuando te sometes con la profundidad con que lo hice yo, los celos te acaban pareciendo normales. La frustración y la humillación de saber que está con otro tío no son más que la extensión de la frustración y la humillación continua de tu relación con ella. Y como ella tiene derecho al placer y a satisfacer cada uno de sus caprichos, el que lo haga tirándose a otro hombre te resulta de lo más normal.

-¡Pues menuda comedura de tarro! Eso no puede ser sano.

-¡Pues espérate, que aún viene lo mejor!

-Cuenta…

-Por Thanksgiving, Allan y Diane dieron una cena en su casa, a la que por supuesto me invitaron. Otro de los invitados era Robert, un chico joven, atractivo y musculoso. Diane se quedó prendada de él, y esa noche yo volví solo a casa mientras que Robert se quedaba de huésped de la mazmorra.

-¡Pues vaya palo!

-Con Diane era algo de esperar, aunque debo confesar que aquella vez me sentí particularmente celoso. Me entró un miedo enorme de que Diane se enamorara de Robert y no quisiera volver a verme. Para mi gran alivio, a los pocos días Diane me invitó a hacer una sesión con ella. Terminamos abrazados en la cama de cuero… Recuerdo que Diane aún tenía puesto el consolador con el que acababa de follarme. Entonces me dijo que me iba a pedir algo muy especial, algo que haría realidad una de sus fantasías más queridas. Me advirtió que no me resultaría fácil, que sería la prueba definitiva de mi entrega a ella. Por supuesto, con ese planteamiento, no pude negarme. Me apresuré a decirle que nada me gustaría más que hacer realidad sus deseos. No me quiso dar más explicaciones, ya que no quería que yo pudiera prepararme mentalmente para ello.

-Déjame que lo adivine: tenía algo que ver con Robert.

-Efectivamente. El día señalado Diane me abrió la puerta de su casa y me hizo desnudarme allí mismo, en el umbral. Me vendó los ojos y me puso muñequeras y tobilleras. Bajé las escaleras del sótano dando pasos vacilantes tras de ella. En cuanto abrió la puerta de la mazmorra supe que Robert estaba allí, aunque él no dijo nada cuando nos vio entrar, porque percibí claramente su olor. No era desagradable, una mezcla entre dulzón y almizclado,  muy característico de él. Diane enganchó mis muñequeras a una cadena, tiró de ella hasta dejarme casi de puntillas, y le dijo a Robert que disfrutara de mí. Así fue como supe que Robert era bisexual. Estuvo un buen rato sobándome y manoseándome sin ningún tipo de inhibición: tocándome el culo, pellizcándome los pezones, acariciándome la polla. Pero lo que me causó más confusión fue que yo estaba empalmado. Viéndolo, Diane se me acercó, me apretó la polla apreciativamente y me dijo al oído que siempre había sabido que yo era un poco marica. Estaba tan desconcertado que me llegué a preguntar si sería verdad. Viendo que Robert me daba cachetes en el culo de vez en cuando, Diane le preguntó si le gustaría darme un “spanking”… una azotaina en el culo, ya sabes. En un periquete me tenían atravesado sobre los muslos de Robert, quien me dio una soberana paliza mientras Diane se reía y daba saltitos, entusiasmada por mis quejidos. Luego vino el plato fuerte, la prueba final que Diane había demandado de mí: dejar que me follara Robert mientras ella miraba. Me ataron sobre el potro con las piernas abiertas, doblado de tal manera que mi trasero quedara a la altura adecuada. Me quedó el consuelo de ver como mi querida Diane se quitaba los pantaloncitos de cuero que llevaba y se plantaba delante de mí con su Hitachi Magic Wand alegrándole el coñito. Esperaba que ser penetrado por un hombre no sería muy distinto de cuando Diane me follaba con su strap-on, pero de alguna manera sí lo fue. Hay algo en el pene que lo hace al mismo tiempo más blando y más duro que un consolador… y lo notas templado desde el principio, en lugar del frío del plástico. También pude comprobar que, por mucha práctica que tenga, una mujer no es capaz de follarte tan eficazmente como un tío. Robert empezó despacio, pero en cuanto comprobó que no me hacía daño me sometió a un bombeo considerable, ajustando sus acometidas a los imperativos de su placer. Sin soltar el vibrador un solo momento, Diane se nos acercó por detrás para observar con detenimiento como me follaba. Mirando por debajo del potro sólo podía ver sus piernas, pero enseguida la oí correrse, una y otra y otra vez. Robert se detenía de vez en cuando para no eyacular antes de que Diane hubiera tenido oportunidad de disfrutar completamente del espectáculo. Al final ella le debió dar permiso para correrse… no sé… el caso es que sentí perfectamente como su polla pulsaba dentro de mí mientras él gruñía de placer.

-Pero, Johnny, ¿cómo te dejaste hacer eso? ¿No podías haberte negado cuando viste lo que te iban a hacer? Yo, desde luego, nunca me habría dejado humillar de esa manera… Porque es que tú, encima, tendrías unos celos enormes de Robert.

-Pues, aunque te parezca mentira, yo llegué a disfrutar mucho de esa experiencia. Mientras Robert me metía mano y me azotaba fui entrando en un profundo estado de sumisión, que se alimentaba de todo lo que me hacían: de mi humillación, de mi dolor, hasta de mis propios celos. Cuando vi en los ojos de Diane la intensidad del deseo que había despertado en ella, el negarme a satisfacerlo se volvió algo simplemente impensable, una posibilidad tan remota que simplemente no existía en mi mente. Luego, cuando me tendieron en la cama de cuero y Diane me abrazó y me besó y me consoló y me dijo lo bien que me había portado y lo orgullosa que estaba de mí, me sentí el hombre más dichoso del mundo. Ya no me importó que Robert se echara también en la cama y me tocara y la tocara a ella. Encima, como recompensa, Diane se me puso encima y se folló conmigo, sin siquiera atarme, y me dio permiso para correrme cuando quisiera.

A Johnny se le había puesto una sonrisa extática. Cogió su jarra de cerveza, vio que estaba vacía y le hizo una seña al camarero para que trajera dos jarras más. Julio notó que le sudaban las manos y tenía la boca reseca, como cuando se hacía un paso de escalada difícil y peligroso. Buscó algún comentario trivial que decir para que no se notara lo mucho que lo estaba afectando la historia. Pero era inútil; por la manera en que lo miraba Johnny, parecía saber perfectamente cómo se sentía. Los dos se miraron sin decir palabra mientras esperaban que el camarero les trajera las cervezas.

(Continuará...)

sábado, 20 de septiembre de 2014

Encuentro sobre poliamor en Los Ángeles: el "Pool Party"

El año pasado hablaba de un encuentro en Los Ángeles al que acudieron varios centenares de practicantes del poliamor. Bueno, pues hoy tendrá lugar otra vez. Empezará a las siete de la tarde y constará de dos partes. En la primera, de dos horas de duración, habrá una discusión por grupos sobre temas relacionados con el el poliamor. La segunda será una fiesta en la que habrá comida, bebida, música para bailar y acceso a una piscina de agua caliente (traje de baño opcional). Los organizadores enfatizan que no se tratará de un "sex-party" o una reunión de swingers, sino de un encuentro educativo y social. De hecho, como el año pasado hubo quien lo anunció como lo que no era, este año el acceso es exclusivamente por invitación. A pesar de eso, ya hay 350 personas apuntadas. Tina y yo asistiremos, así que ya completaré este artículo con mis impresiones sobre la fiesta.

El grupo que organiza se llama Polyglamorous http://www.meetup.com/Polyglamorous/

La lista de los grupos de discusión es de lo más interesante:
  • Casados y poliamoristas
  • Comunicación, límites y acuerdos en las relaciones de poliamor
  • Relaciones de trío
  • Poliamor y la pareja D/s
  • "Sex Magick"
  • Poliamor 101
  • Pregúntale al sexólogo
  • ¿Pueden relacionarse la gente queer y hetero, o somos "separados pero iguales"?
  • Resolver conflictos en las relaciones de poliamor
  • ¿Soy poli o monógamo?
  • La bisexualidad en las relaciones de poliamor
  • Las relaciones poli "primavera/otoño" (grandes diferencias de edad en compañeros poli)
  • Grupo de mujeres
  • La familia poli
  • BDSM 101
  • BDSM 102
  • Resolviendo problemas ("¡Ayuda! ¡No funciona!")
  • Estigma, prejuicio y discriminación en la vida de poliamor
¿Qué tal? Dan ganas de ir a todos, ¿verdad? 

 ***

Bueno, pues acabamos yendo al grupo de "Comunicación, límites y acuerdos en las relaciones de poliamor", que estaba moderado por una pareja de peruanos muy simpáticos. Nos dijeron que en las relaciones de poliamor había que hacer un contrato con unas reglas y atenerse a ellas. Tina y yo no estuvimos muy de acuerdo, aunque en realidad sí tenemos reglas sobre sexo seguro y sobre el tiempo que pasamos en relaciones fuera de la familia. Yo recalqué que es muy importante incluir en los acuerdos a las nuevas relaciones, o "secundarios", sin hacer que la pareja nuclear les imponga sus reglas.

En la segunda hora de discusión nos cambiamos al grupo "Casados y poliamoristas". John, un atractivo hombre bisexual, estuvo un buen rato contándonos su experiencia de cómo se unió a una pareja que luego se separó y el acabó casado con la mujer... Y el ex-marido liándose con una ex de John. Otra pareja del grupo estaban empezando en los del poliamor y tenían claro que querían encontrar a una "Unicornio", que en el lingo del poliamor se refiere a una mujer bisexual que tenga relaciones sexuales tanto con el hombre como con la mujer, o con los dos a la vez. No es nada fácil, pero está bien tener claro lo que se quiere.

Acabadas las discusiones en grupo nos metimos en la piscina con un montón de gente desnuda, algunos y algunas extraordinariamente atractivos. Era muy bonito ver a grupos de tres o cuatro personas abrazados y acariciándose (de forma no sexual, claro está). Tuvimos alguna conversación interesante más y nos volvimos a casa.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los extremos a los que llegamos al servicio de nuestra dominatriz (I)

Este es otro retazo de mi nueva novela “Contracorriente”. Está recién salido del horno, lo escribí este mismo fin de semana. Por lo tanto, debéis considerarlo como un primer borrador, la versión final quizás sea muy distinta. Cuenta parte de la historia de amor entre Johnny y su dominatriz americana, Diane. Esta historia la esbocé al final del segundo capítulo de “Amores imposibles”, pero no di más que unos pocos detalles para evitar que distrajera de la trama principal. Ésta tampoco es la historia completa de la relación entre Johnny y Diane, sólo su comienzo. Quizás la continúe en otro entrada de este blog.

-Sí que estuve enamorado, Julio. Estuve locamente enamorado, con uno de esos amores que se te suben a la cabeza y toman posesión de tu vida entera hasta que ya no ves nada más. Porque no hay nada como una relación de dominación-sumisión para transportarte a otro mundo, a un espacio donde no sabes dónde termina la fantasía y dónde empieza la realidad.

-¡Ah, pues no lo sabía! Cecilia nunca me habló de nada de eso. ¿Se lo has contado?

-Empecé a contárselo, pero no llegué a darle muchos detalles. Mi relación con Diane tuvo lugar en el otoño del año pasado, que pasé entero en Nueva York. Volví a ver a Cecilia en enero, cuando acababais de empezar vuestra propia relación de dominación-sumisión, y no quise desanimarla contándole lo mal que me salió a mí.

-¿Me lo contarías a mí?

-Como quieras. No es ningún secreto, aunque te advierto que algunos de los detalles te pueden resultar algo sórdidos y chocantes. Pero, ahora que lo pienso, quizás te venga bien conocerlos para que comprendas lo que significa ser sumiso, los extremos a los que podemos llegar en el servicio de nuestra dominatriz.

-Soy todo oídos.

Johnny se recostó en su silla y le dio un buen sorbo a su cerveza.

-Conocí a Diane en una fiesta de Halloween el año pasado… No sé si sabrás qué es Halloween… Es una fiesta muy popular en Estados Unidos que se celebra la última noche de octubre para festejar la muerte y la decadencia del otoño. Los niños se disfrazan de brujas, fantasmas, vampiros, cualquier cosa que dé miedo, y van de casa en casa pidiendo golosinas. En el mundillo sadomasoquista se aprovecha para poder salir a la calle vestidos con nuestras prendas fetichistas favoritas sin que nadie se escandalice. Mis amigos de la Eulenspiegel Society me invitaron a una fiesta en una casa particular, una mansión situada en un rincón apartado del estado de New Jersey, al sur de Nueva York. Era una casa grande, de dos pisos, con una amplia terraza de madera en la parte de atrás rodeada de bosques. Nuestros anfitriones eran Diane y su marido Allan, un abogado prestigioso, adinerado y aficionado al sadomasoquismo.

-¿Diane estaba casada? Supongo que de ahí vendrían los problemas.

-Pues no, no te creas. Por suerte, los dos llevaban una vida sexual bastante independiente. Allan había sido sumiso de Diane pero últimamente le había dado por dominar a chicas jóvenes y guapas.

-Me imagino que Diane tampoco estaría nada mal.

-¡Desde luego! Yo me quedé prendado de ella en cuanto la vi. Parecía una Dominatriz salida de un comic. Llevaba un vestido de cuero, medias negras con costura por detrás y unos zapatos con un tacón de aguja de acero con los que habrías podido matar a alguien. Tenía el pelo rizado que resaltaba los finos rasgos de su cara. Tenía un cuerpo menudo, delgado y musculoso, con curvas muy marcadas, un poco como Cecilia… De hecho, me recordó bastante a ella. Yo enseguida llegué a la conclusión de que no tenía ninguna posibilidad con una mujer tan impresionante y me puse a hacer inventario de las otras que, no te creas, había alguna que no estaba nada mal. Pero mi amigo Hilton me presentó a Diane y parecí caerle bien. Me dijo que le gustaba mi acento y se puso a preguntarme cosas sobre España. Por lo visto, su madre era española; había emigrado a Estados Unidos de niña huyendo de la Guerra Civil.

-¿Entonces Diane hablaba español?

-No… Iba a preguntarle más cosas de su vida, pero Diane tenía ganas de marcha. En cuanto le conté que era sumiso me dijo que me quería a su servicio. Luego todo pasó muy rápido. Enseguida me encontré completamente desnudo, siguiendo a Diane a gatas por toda la casa, sosteniendo su copa y su plato mientras hablaba con sus invitados. Pero aunque fingía no hacerme caso, yo sabía que era el centro de su atención. Los otros sumisos me miraban con envidia. Al cabo de un rato Diane se sentó en el sofá en el centro del salón, me tumbó sobre su regazo y me propinó una formidable azotaina, primero con sus manitas, que resultaron ser sorprendentemente duras, y luego con una pala de madera que alguien le trajo. Muchos de los invitados hicieron corro para ver el espectáculo, riéndose, haciendo comentarios obscenos y animando a Diane a que me diera más fuerte. Fue muy humillante, pues el dolor era tan intenso que no podía evitar quejarme y contonearme. Cuando terminó la paliza Diane me puso unas correas de cuero en torno a la polla y los huevos a las que ató una cadena de perro, y se dedicó a pasearme así por toda la fiesta, luciendo mi trasero enrojecido, con las manos atadas a la espalda.

Julio se sorprendió al notar que las imágenes que tan vivamente había pintado Johnny lo habían excitado. La mismas escenas protagonizadas por una mujer lo habrían puesto a cien, por supuesto, pero él había visualizado claramente el cuerpo desnudo de Johnny sufriendo todas esas ignominias. Johnny había interrumpido su relato y lo miraba fijamente, sin duda dándose cuenta de su reacción.

-Debe resultar muy frustrante estar con una mujer tan guapa y no poder ni siquiera tocarla.

-Pues sí… Pero esa frustración es una parte fundamental de lo que significa ser sumiso. Sin embargo, Diane acabó por dejarme gozar de ella. Cuando los últimos invitados se marcharon me puso a trabajar recogiendo vasos y botellas, pasándole la bayeta a las mesas y las sillas, sacando bolsas de basura a la calle, desnudo como estaba y con el frío que hacía. Aún quedaba mucho trabajo por hacer cuando Diane dio por terminada la faena. Tirando de la cadena que llevaba enganchada a los huevos, me hizo bajar por la escalera hasta el sótano. Allí abrió la puerta de la mazmorra sadomasoquista más lujosa que he visto en mi vida. Había dos paredes que eran todo espejos, y frente a ellas estaban dispuestos un potro, un cepo, varios bancos y hasta un columpio con un asiento al que se le podían enganchar consoladores. Junto la pared de la derecha, que no tenía espejo, había una cama de cuero dentro de un armazón de vigas de madera con un sinnúmero de ganchos y cadenas por todas partes. Me hizo acostarme de espaldas. me ató los brazos en cruz a las esquinas y me suspendió de los pies con las piernas abiertas, las caderas apenas rozando el cuero de la cama. Diciéndome que no quería que se me enfriara el traserito durante la noche, me volvió a zurrar con la pala de madera. Luego me bajó los pies, me los encadenó a los pies de la cama, me dio un besito de buenas noches y se fue, apagando la luz. No dormí muy bien esa noche. Tenía una erección descomunal y unas ganas enormes de masturbarme, cosa que por supuesto era completamente incapaz de hacer. Me preguntaba qué estaría haciendo Diane, si se habría ido a acostar con su marido, aunque recordaba que en mitad de la fiesta él se había subido al piso de arriba con una pelirroja preciosa. Me desperté cuando Diane encendió la luz, sin saber qué hora era. Estaba completamente desnuda, preciosa, con el pelo aún mojado de salir de la ducha. Se sentó a mi lado, me besó y me preguntó qué tal había dormido, como si tal cosa, mientras acariciaba casualmente mi polla empalmada. Luego repitió el tratamiento de la noche anterior: mis pies ascendieron hacia el techo y la pala de madera descendió sobre mi trasero, que no tardó en volver a adquirir su tono rojo encendido. Atado de nuevo a la cama, Diane reposó su cuerpecito desnudo sobre el mío, volviéndome loco de deseo. Estuvo así un rato, restregándose contra mí y dándome besitos en los labios, en el cuello, en los pezones. Cuando pensé que no podía más, se arrodilló a horcajadas sobre mi cabeza e hizo descender su lindo culito sobre mi cara. No hizo falta que me dijera lo que tenía que hacer; me lengua salió disparada hacia su ano y me puse a chuparlo como si fuera el manjar más delicioso del mundo. Soltando risitas de placer, ella fue ajustando su postura para que pudiera lamérselo todo: culo, vagina y clítoris, y a acabó por dejarme la cara chorreando con sus flujos cuando se corrió. Y luego, cuando pensaba que ya había terminado todo, ¡oh, éxtasis!, se colocó a caballo sobre mis caderas y se penetró conmigo. Me folló a conciencia, a veces deprisa, a veces despacio, al ritmo que le marcaba su placer, sin que yo pudiera moverme. Le dije que no aguantaba más, que iba a correrme, que no podía hacer nada para evitarlo. Ella me cruzó la cara y se puso a insultarme, llamándome marica, nenaza, violador, cabrón… todo lo que se le venía a la cabeza, mientras no dejaba de cabalgarme con brío. No sé si ella llegó a correrse, porque cuando lo hice yo tuve un orgasmo tan intenso que perdí consciencia de todo. Así era con Diane; nunca he disfrutado tanto con ninguna otra mujer.

(Continuará)

martes, 26 de agosto de 2014

El maltrato psicológico como herramienta política

Ya toqué el tema del maltrato psicológico en el artículo de este blog "Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión". Se suele entender que la manipulación psicológica y el chantaje emocional se da sólo en las parejas o entre personas que se relacionan íntimamente. Sin embargo, últimamente me ha llamado la atención como personas que denuncian el abuso psicológico a nivel íntimo parecen practicarlo, seguramente de forma inconsciente, a larga escala como herramienta política.

Me explico. Primero veamos cómo funciona en realidad la manipulación psicológica. Se basa en un grupo de emociones que controlan a nivel profundo las relaciones humanas y que tienen un gran impacto en la autoestima:

1.   La culpa nos hace sentirnos mal con nosotros mismos y repudiados por nuestro entorno social cuando infringimos sus normas.

2.   La vergüenza tiene un impacto negativo en la autoestima aún mayor que la culpa. El sentirnos ridículos, objeto de risas, bromas o lástima señala que hemos perdido prestigio en nuestro entorno social y nadie nos toma en serio.

3.   El miedo nos atenaza y nos inmoviliza. Nos hace vivir a la defensiva en vez de desarrollar nuestra creatividad y hacernos crecer como personas. Nos impide movilizarnos y defendernos de quien nos ataca.

4.   La compasión es una de las emociones humanas más loables, pero que puede ser explotada de forma muy eficaz para la manipulación psicológica. El maltratador se presenta como víctima merecedora de compasión, de tal manera que si no le otorgamos lo que quiere o, peor aún, nos defendemos de él, apareceremos ante los demás y nosotros mismos como poco compasivos, lo que generará culpa y vergüenza.

5.   La indignación es lo que moviliza al grupo social en contra de aquellos que infringen sus normas. Su efecto inmediato es generar culpa y vergüenza en aquellos contra los que va dirigida. Suele ir acompañada del sentimiento de superioridad moral (“self-righteousness” en inglés), una emoción que aumenta el ego del que la siente provocando una gran satisfacción consigo mismo.

Culpa, miedo, indignación
El manipulador psicológico utiliza este abanico de emociones para colocar a su víctima en una situación de dependencia en la que tiene que acatar sus deseos. No desaprovecha ninguna ocasión para hacer que su víctima se sienta culpable y avergonzada. Ni siquiera hace falta que ella haga algo malo, bastará con hacer que se identifique con otras personas que se comportan mal. El manipulador también se presenta como víctima, lo que genera empatía en su entorno social e impide que su víctima tome medidas defensivas. El victimismo es la base del chantaje emocional: el manipulador pretende ser alguien que necesita a su víctima, que resulta herido si ésta no accede a sus deseos, con lo cual puede, una vez más, hacerla sentirse culpable y avergonzada.

Pero debemos darnos cuenta de que estas emociones se utilizan también a gran escala como armas políticas. No digo que esto esté siempre mal. De hecho, la lucha política no-violenta se basa en hacer que los opresores sientan culpa y vergüenza de sus privilegios y sus acciones; en generar compasión por sus víctimas e indignación frente a los agresores. Por ejemplo, en los últimos años del Franquismo, las viñetas que salían en los periódicos ridiculizando al fascismo y sus instrumentos desempeñaron una gran labor en desgastarlo y movilizar a la opinión pública contra él.

Sin embargo, todas las armas pueden usarse para bien o para mal. Últimamente veo con preocupación como estas tácticas de manipulación psicológica son usadas indiscriminadamente para atacar a determinados segmentos de la población. Hace falta analizar este problema desde la perspectiva de la manipulación psicológica para hacer comprender a ciertas personas que no, no está bien hacer que alguien se sienta culpable o avergonzado por el simple hecho de ser hombre: “si eres hombre eres un violador potencial”. Tampoco está bien abusar de la compasión presentándose como víctima o como defensor autoproclamado de las víctimas. Por supuesto que hay víctimas, no lo estoy negando. Pero la mejor manera de ayudarlas no es iniciar una caza de brujas indiscriminada, culpando de su maltrato a personas inocentes, convirtiendo a alguien en sospechoso por el mero hecho de ser hombre.

También hay que tener cuidado con que, con tanto afán de prevenir los maltratos, estemos difundiendo miedo y visiones negativas del sexo como el origen de abusos, enfermedades y otros peligros, olvidándonos de que en la inmensa mayoría de los casos el sexo en una fuente de placer, intimidad, comunicación y felicidad. El miedo, como la culpa, la vergüenza y la indignación, son emociones negativas sumamente peligrosas, que se nos pueden ir de las manos con facilidad y hacer más daño de lo que pensamos. Y, por encima de todo, nunca confundamos la lucha genuina por mejorar la sociedad y aliviar el sufrimiento de la gente con sentimientos de superioridad moral y el engrandecer el ego a base de denostar a los demás.

Por cierto, a lo largo de este artículo he usado de forma deliberada el género masculino para el maltratador y el femenino para la víctima. Pero espero que quede claro, por lo que digo al final, que a nivel de ideologías se está dando mucho últimamente el caso inverso. En todo caso, lo justo es valorar el acto de por sí y no en función del sexo de quien lo ejecuta.

The ultimate weakness of violence is that it beget more violence.
With violence you can murder the hater but you just increase hate.
Hate cannot drive out hate.
Darkness cannot drive out darkness.
Only light can do that.
Only love can drive out hate.

La mayor debilidad de la violencia es que produce más violencia.
Con violencia puedes matar al que odia, pero producirás más odio.
El odio no puede eliminar la odio.
La oscuridad no puede eliminar a la oscuridad.
Sólo la luz puede hacerlo.
Sólo el amor puede eliminar al odio.

Martin Luther King

viernes, 8 de agosto de 2014

Las bases éticas del poliamor: consentimiento, reciprocidad, honestidad y seguridad

Una cuaterna de poliamor
Uno de los libros claves sobre poliamor
Todavía hay poca gente que entienda lo que es el poliamor. La mayoría lo confunde con la promiscuidad, la poligamia o el intercambio de pareja. Existen varios libros escritos sobre el tema, aunque desgraciadamente muy pocos en español. Y, de todas formas, no se puede esperar que el público general los lea o emplee mucho tiempo en informarse. Por eso he querido condensar en este breve artículo lo que es el poliamor, haciendo hincapié en por qué es una alternativa ética a la monogamia y a su secuela, la infidelidad.

El poliamor se podría definir como un nuevo tipo de relación amorosa basado en la no-exclusividad sexual y amorosa. La no-exclusividad sexual consiste en aceptar que la persona a la que amamos pueda tener relaciones sexuales con otras personas. Sin embargo, esto no es lo mismo que la promiscuidad indiscriminada, ya que en la mayoría de las relaciones de poliamor las relaciones sexuales se limitan a un grupo reducido de personas o incluso a una única tercera persona (polifidelidad). Cada familia de poliamor establece sus propias reglas a este respecto. La no-exclusividad amorosa quiere decir que aparte de tener relaciones sexuales con más de una persona, también es posible, incluso deseable, el amar a más de una persona. De ahí le viene el nombre al poliamor: más de un amor. Esta libertad de enamorarse de más de una persona es lo que distingue al poliamor de las parejas abiertas y del intercambio de pareja (los llamados “swingers” o “mundo liberal”), ya que en ese tipo de relaciones se permite el sexo con otros siempre que uno no se enamore de ellos. Es decir, se han superado los celos de sexo pero no los de amor. Por el contrario, en la cultura de poliamor se le da una gran importancia a la capacidad de amar y mantener relaciones duraderas con varias personas.

Para mucha gente que practica el poliamor, es fundamental que sea una forma ética de vivir, alejada de la explotación, el sexismo y la falta de honestidad que plagan las relaciones monógamas tradicionales. Sin embargo, esto no es nada fácil, pues en vez de gestionar la relación entre dos personas ahora hay que tener en cuenta a varias. Encima, no todas las relaciones en un grupo de poliamor tienen la misma intensidad o madurez: unas están empezando mientras otras tienen un historial de años; unas son de convivencia mientras otras funcionan a base de citas espaciadas en el tiempo. A pesar de todo, he intentado recoger aquí cuatro condiciones básicas que definen el que una relación de poliamor sea ética, un poco como el “seguro, sensato y consensuado” que demarcan los límites entre el BDSM y el matrato.

1.    Consentimiento: Una relación de poliamor debe producirse entre personas que consienten libremente a tenerla. No valen presiones ni chantajes de ningún tipo. Pero, ¡cuidado!, que lo recíproco también es cierto: no se debe imponer una relación monógama a alguien en contra de su voluntad. Y eso es precisamente lo que ha venido haciendo la sociedad desde hace mucho tiempo: usar todo tipo de presiones para imponer la monogamia.

2.    Reciprocidad: Las reglas son las mismas para todo el mundo. Es decir, que si él es libre de follar o de enamorarse de otras, ella tiene los mismos privilegios. Lo contrario sería injusto y explotador. Por supuesto, puede suceder que un miembro de una pareja le otorgue libertad sexual al otro sin desear usar el mismo privilegio, pero eso es una decisión personal suya que debe poder abrogar en cualquier momento. Esto es lo que distingue al poliamor de la poligamia, donde no existe reciprocidad: un hombre puede tener varias mujeres, pero una mujer no puede tener varios hombres... ¡y ni se te ocurra pensar en relaciones homosexuales en una cultura polígama!

3.   Honestidad: Todo el que participa en una relación de poliamor debe tener acceso a todo lo que necesite saber sobre dicha relación. Es decir, que no caben ni secretos ni mentiras. El poder ser honesto sobre los propios deseos y sentimientos es una de las cosas más valiosas que se gana con el pacto de no-exclusividad. Ya no hay motivos para engañar ni para ocultar nada, ni que has follado con Fulanita ni que te has enamorado de Menganito. Existen, por supuesto, unos ciertos límites a lo que debe ser revelado, ya que todo el mundo tiene derecho a una cierta privacidad, pero lo importante es que todo el mundo sepa lo que ocurre en el grupo familia de poliamor que le concierne. Quizás no necesite saber en qué posturas follásteis ayer noche, pero sí necesito saber que follásteis.

En el poliamor también hay sitio para los hijos
4.    Seguridad: La relación de poliamor no debe causar daño físico o mental a los participantes. No quiero diferenciar aquí entre la seguridad física (“seguro” en el BDSM) y la seguridad mental y emocional (“sensato” en el BDSM), ya que creo que en el poliamor existe un continuo entre estas dos cosas. La seguridad incluye, por supuesto, la protección contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS), ante las que existe un mayor riesgo en el poliamor. Esto debe incluir no sólo el uso de barreras como los condones, sino también revisiones médicas periódicas (al menos una vez al año) que incluyan un panel sobre todas las ETS comunes. El poliamor conlleva también claros riesgos emocionales que deben ser asumidos por todo el que se interna por estos derroteros. Si bien la presencia de varias personas que nos aman supone una mayor ayuda frente a los problemas, los conflictos de relación también se multiplican con el número de personas: no sólo me afecta el que te pelees conmigo, sino también el que te pelees con tu otro amante. Es frecuente oír la queja de que el poliamor está lleno de “dramas”. Por todo eso, es importante entrar en este tipo de relaciones con el firme propósito de no comprometer la estabilidad emocional de la gente de nuestro grupo de poliamor.

domingo, 3 de agosto de 2014

Cómo tener orgasmos

El orgasmo femenino no es un mito
Muchas mujeres nunca ha experimentado orgasmos. El porcentaje de mujeres que no tienen orgasmos varían considerablemente de una fuente a otra: desde el 5-15%, a un tercio (33%), hasta el 80% a nivel mundial. Lo que está claro es que muchas mujeres tienen dificultades en alcanzar el orgasmo y lo consiguen con infrecuencia. La anorgasmia puede tener causas fisiológicas que requieren tratamiento médico, pero en la mayor parte de los casos se deben a una mezcla de falta de experiencia, pudor, estrés y rechazo al sexo. Aunque no soy sexólogo, me voy a atrever a escribir una lista de consejos que quizás os puedan ayudar a abrir ese ansiado camino al orgasmo.

1.   Hazlo a solas. Es más fácil llegar al orgasmo a solas que en pareja, porque el meter a otra persona de por medio solo sirve para aumentar el estrés, crear distracciones y sumar sus problemas a los tuyos. Si no consigues llegar al orgasmo, su frustración se sumará a la tuya y tendrás la tentación de culparlo a él (o a ella) del fracaso. Por otro lado, estar sola te permitirá relajarte, disminuir las expectativas, tomarte el tiempo que haga falta y probar técnicas nuevas sin tener que darle explicaciones a nadie.

Frecuencia de masturbación en las mujeres. El 12% no se masturban nunca y el 34% se masturban menos de una vez al mes. Sólo un 4% se masturban a diario o casi a diario.

2.    Mastúrbate a conciencia. Nada de hacerlo medio dormida, con prisas o a escondidas. Elige el momento y el lugar en el que puedas dedicarte a ti misma sin ningún tipo de distracciones. La masturbación debe ser deliberada, planeada con cuidado y merecedora de toda tu atención. No es raro que muchas mujeres no lleguen al orgasmo si tenemos en cuenta lo poco que se masturban (ver gráfico).

3.   No intentes llegar al orgasmo. Sí, lo has leído bien: la mejor manera de tener un orgasmo es olvidarse de tenerlo. Suele ocurrir que el centrarse tanto en el objetivo de tener un orgasmo, y el anticipar la frustración que has sentido al no tenerlos, crea tanta tensión que ella misma se convierte en el mayor obstáculo para llegar al orgasmo. Mastúrbate para darte placer, simplemente. No te frustres si no tienes un orgasmo, sino alégrate por el placer que has sentido. Cuando menos te lo esperes, ese orgasmo tan elusivo hará su aparición.
Familiarízate con la anatomía de tu coño

4.  Explora distintas formas de darte placer. La mayoría de las mujeres llegan al orgasmo estimulándose el clítoris. Sin embargo, hay una minoría considerable de mujeres para las que la estimulación exclusiva del clítoris no funciona. Según mi experiencia, este tipo de mujeres se subdivide en dos categorías. Algunas tienen el clítoris demasiado sensible, por lo que su estimulación directa les resulta desagradable, incluso dolorosa. Paradójicamente, estas mujeres suelen ser a la larga las que tienen los orgasmos más fuertes. Otro tipo de mujeres tienen el clítoris poco sensible: al estimularlo sienten placer, pero no lo suficiente para llevarlas al orgasmo. Si te pasa alguna de estas cosas tendrás que desarrollar una técnica de masturbación propia. Quizás se trate de estimular el clítoris de forma indirecta, acariciándote los labios alrededor del clítoris. Quizás tengas que estimularte los pezones o la vagina al mismo tiempo. Algunas mujeres llegan mejor al orgasmo estimulando el punto G… Pero lee el siguiente consejo…

5.   Explora tu punto G… Pero no te crees demasiadas expectativas al respecto. Ya describí el punto G y la controversia que existe sobre él en otro artículo de este blog (“¿Clítoris o punto G?”). Hay que tener en cuenta varias cosas. Primero, el punto G puede no estar muy bien definido y ser difícil de localizar. Segundo, el punto G sólo proporciona placer cuando ya existe una cierta excitación sexual y después de ser estimulado un cierto tiempo; al principio, el masajearlo puede resultar incluso desagradable. Tercero, el placer derivado del punto G varía mucho de una mujer a otra, desde muy intenso a prácticamente inexistente; sin embargo, ese placer puede entrenarse con la práctica.

6.   Encuentra el juguete sexual adecuado. Vibradores, consoladores, masajeadores Hitachi… Si tienes el dinero para permitírtelo, prueba varios hasta que encuentres uno que te lleve a la gloria. Puede haber una enorme diferencia de un vibrador barato a uno de calidad. También suele ocurrir que es difícil o imposible estimular el punto G con los dedos, mientras que el consolador adecuado te permitirá hacerlos fácilmente.

7.   Haz ejercicios sexuales.  El tener un orgasmo requiere un mínimo tono muscular alrededor de tu vagina.  El masturbarte con frecuencia ya de por sí te ayudará a conseguir ese tono, pero no está de más el practicar ejercicios Kegel para aumentar la fuerza de tu musculatura pélvica. Sin embargo, es importante evitar tensarse al masturbarse. A veces te puede parecer que el tensar todos los músculos del cuerpo al sentirte cada vez más excitada te llevará al orgasmo, cuando en realidad el orgasmo requiere un cierto nivel de relajación.

8.   Estimula tu imaginación. La clave de una buena masturbación es una buena fantasía erótica. Puedes trabajarte el coño todo lo que quieras; si no pasa nada en tu cerebro no llegarás a ninguna parte. No te reprimas, ni te alarmes por las cosas que te vienen a la mente cuando estás excitada… Determinados actos nunca pasarán de la fantasía a la realidad, y eso está bien. Aunque con otros, nunca se sabe… A veces los sueños más inverosímiles se hacen realidad. En cualquier caso, no te cortes, déjate llevar por la imaginación, a lo mejor además de darte placer acabas por descubrir cosas nuevas sobre ti misma. ¿Que tu imaginación no es suficiente? Pues para eso está la literatura erótica, o el cine. Alimenta tu imaginación con una buena dosis de erotismo y verás qué pronto empieza a ir por libre.

9.   Vive en clave erótica. Tu sexualidad no existe sólo al masturbarte o al follar, la llevas puesta todo el día. No, no se trata de tener las bragas mojadas todo el tiempo, pero una cierta tensión sexual ayudará a poner una sonrisa en tus labios y preparará el terreno para tus sesiones íntimas de placer. Sé un pelín narcisista, aprende a apreciar la belleza de tu cuerpo. Vístete, péinate y depílate para ti, para gustarte a ti misma. Ponte ropa interior sexy. Mírate en el espejo y dite: “¡Ya verás esta noche, cuando te pille por banda!”

10.   Una vez que tu cuerpo se aprende el camino al orgasmo, le resulta más fácil recorrerlo. Es una simple cuestión de desarrollar los nervios y los músculos adecuados. Pasa como con el gimnasio: cuando más se repite un ejercicio, mejor se realiza. Los nervios y las sinapsis que llevan el placer desde tu coño a tu cerebro crecen y se refuerzan con cada masturbación, con cada orgasmo, y el placer se vuelve cada vez más fuerte y más fácil de conseguir.

11.   No te conformes con uno… ¡Para eso eres mujer! En eso nos lleváis definitivamente la ventaja a los hombres. No es raro que una mujer tenga tres, cuatro, seis… ¡una docena! de orgasmos en una sesión de masturbación o al hacer el amor (si su amante consigue seguirla hasta ese punto). El primer orgasmo te suele dejar satisfecha y relajada, quizás con ganas de parar, pero si haces un esfuerzo descubrirás lo que han descubierto muchas mujeres: ¡el segundo es siempre mejor!

12.   Comparte tu experiencia con tu pareja. Una vez que consigas tener orgasmos masturbándote puedes tenerlos también haciendo el amor. No te cortes a la hora de decirle al amante de turno lo que funciona y lo que no funciona para ti. Sí, vale que él sea un experto en las mujeres, pero aquí sólo hay una técnica que valga: la que funciona contigo. Si de verdad es un experto en el sexo, se dejará guiar. Pero no olvides que lo recíproco también cuenta: él (o ella) es el mayor experto en su propio placer. Déjate guiar; no hay mayor placer que el dar placer.

13.   No dejes que saboteen tu sexualidad. Rechaza esas ideas tóxicas de castidad, de pudor, de que sentir placer te convierte en una mala mujer, de que amar a los hombres es traicionar a las mujeres. Se infiltrarán en tu inconsciente con su veneno de culpa y de vergüenza, que destruirá no sólo tu placer sino también tu autoestima. Rodéate de amigas y amigos que compartan una visión sana del sexo. Ayuda a escapar a las que siguen prisioneras de la represión. Recuerda: el sexo es política y la revolución empieza en tu propio coño.

viernes, 11 de julio de 2014

Breve historia del Feminismo (por Valentina Solenzol)

(Carta abierta a mi hija con ocasión de su 14 cumpleaños)


Feminismo es un término que mucha gente cree comprender… hasta que les pides que te lo expliquen. Como “obsceno” o “la Situación en Israel / Palestina”, es un tema con inesperadas capas de sutileza y complejidad que suele desencadenar fuertes emociones y apasionadas controversias. Explicaciones de índole general que intentan ser objetivas son, por definición, demasiado simplistas. Hay bibliotecas enteras y doctorados sobre el tema. Esta carta pretende darte un punto de partida, un marco de referencia con algo de vocabulario y algo de historia, para que construyas sobre ello.

Todo empieza con el patriarcado, que es cualquier sociedad (incluida la nuestra) que otorga a los hombres la mayor parte del poder y del privilegio en la ley, la política, derecho a la propiedad, sexo, religión, etc. El feminismo es una colección de ideas, desarrolladas por mujeres y hombres que creen en la igualdad, destinadas a transformar el sistema patriarcal en una sociedad igualitaria.

Yo veo al feminismo como un gran paraguas con dos ideas impresas sobre él:

1. Nuestra sociedad sistemáticamente oprime y le quita el poder a las mujeres.
2. Deberíamos Hacer Algo Para Remediarlo.

Bajo este paraguas hay un caleidoscopio de ideas, opiniones, filosofías y agendas que a veces se fertilizan mutuamente y a veces se excluyen mutuamente.

En un intento de abordar este complejo tema, me limitaré a la historia del feminismo en los Estados Unidos en los últimos 150 años.

Al final del siglo 19 y principios del 20, las llamadas “suffragettes” (término derivado de “sufragio universal”) se manifestaban y protestaban para conseguir que las mujeres tuvieran el derecho al voto. Además, luchaban por otros derechos básicos para la mujer, como el tener propiedades; conseguir una educación; entrar en las profesiones “masculinas” como la medicina y el derecho; tener custodia sobre sus hijos, y mucho más. En retrospectiva, llamamos a este movimiento Feminismo de Primera Ola.

Representativas de esta corriente son: Susan B Anthony, Margaret Sanger y Emma Goldman.

A las suffragettes y a sus descendientes políticas también se les llama Feministas Liberales. Se centran en que las mujeres obtengan igualdad de derechos bajo la ley y dentro del sistema actual.

Las Guerras Mundiales frenaron el avance del activismo de los derechos de la mujer. Pero luego, con el advenimiento de la afluencia de la postguerra, el movimiento por los derechos civiles y la píldora anticonceptiva, floreció el Feminismo de la Segunda Ola. Esta generación de feministas se enfrentó con las desigualdades en el puesto de trabajo y en el hogar, con derechos reproductivos como los anticonceptivos y el aborto, la sexualidad femenina y una gran variedad de otros temas.

Representantes del Feminismo de Segunda Ola: Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Gloria Steinem, National Organization for Women (NOW), Ms Magazine.

En EE.UU., la “Enmienda de Igualdad de Derechos” (Equal Rights Amendment, ERA) a la Constitución se convirtió en el objetivo más ansiado de estas activistas. Decía: “La igualdad de derechos ante la ley no deberá ser negada por los Estados Unidos o por cualquier Estado por razones de sexo”. Esta enmienda hubiera sido aprobada si la hubieran ratificado 38 estados, pero la cosa se quedó corta por sólo 3 estados.

Durante estas décadas el feminismo floreció y creció en muchas direcciones. Algunas activistas se volvieron cada vez más extremas en sus ideas y acciones. Estas Feministas Radicales, al contrario que sus compatriotas las Feministas Liberales, creen que es prácticamente imposible destronar al patriarcado desde dentro de un sistema patriarcal. Ven que hace falta una transformación dramática de las asunciones más básicas de nuestra sociedad.

Aunque se suele pensar que la dicotomía fundamental del feminismo es la del Feminismo Radical frente al Feminismo Liberal, existen muchas otras corrientes dentro del Feminismo. Por ejemplo, dentro del Feminismo Radical se suelen englobar (entre otros), los Feminismos Separatista, Lesbiano, Marxista, Socialista, Anarquista y Libertario. También existen los Feminismos Negro, Chicano, Asiático-Americano y Nativo-Americano. El Feminismo del Tercer Mundo se enfrenta a temas étnicos y la racismo, ya que la opresión que experimenta la mujer en el mundo occidental está muy lejos de la que experimentan mujeres en otras partes del mundo, desde la mutilación genital al negarles la educación a las condenas de muertes por apedreamiento. Y eso no es más que la superficie de los problemas de las mujeres.

Algunas Feministas Radicales llegaron a la conclusión de que la manera en que los hombres se relacionan sexualmente con las mujeres es violenta y opresiva. Vieron que la pornografía, el sadomasoquismo y la prostitución son muy importantes a la hora de explicar la posición de las mujeres como ciudadanas de segunda clase en nuestra sociedad. Ahora se les llama “Feministas Anti-Pornografía”. Algunas de ellas tenían actitudes excesivamente antagonistas contra los hombres. Sus ideas extremistas captaron la imaginación del público, creando la impresión de que esta escuela de pensamiento iconoclasta estaba muy extendida dentro del feminismo. A causa de esto, mucha gente rechazó al feminismo completamente.

Feministas Anti-Porn: Andrea Dworkin, Catherine MacKinnon

En los años 80, otra feministas se enfrentaron a la concepción de las sexualidad propugnada por las feministas Anti-Porn. Propusieron que la libertad sexual entre adultos que daban su consentimiento es clave para la liberación de la mujer, y se las conoce como las Feministas Sexo-Positivo. Su enfrentamiento con las feministas Anti-Porn fue muy duro en un conflicto ideológico al que se le conoce por el nombre pintoresco de “Las Guerras del Sexo” (“The Sex Wars”). La división entre ideologías Anti-Porn y Sexo-Positiva persiste hasta la actualidad dentro del feminismo.

Feministas Sexo-Positivas: Susie Bright, Carol Queen

El Feminismo de la Tercera Ola es difícil de analizar porque estamos en medio de él. Las hijas y las nietas de las feministas de la segunda ola están trayendo la dialéctica de los derechos de la mujer al siglo 21. Señalan que gente “queer” y mujeres que no pertenecen a la raza blanca no han sido representadas en las versiones anteriores del feminismo. Desafían al dualismo hembra-macho y sugieren que el género es mucho más fluido que lo que se pensaba hasta ahora. Muchas mujeres de esta generación han llegado a rechazar la etiqueta de “feminista”, aunque están de acuerdo con las ideas fundamentales del feminismo.

Casi todas las feministas de la tercera ola entran en la categoría de Sexo-Positivo. En su lista de reivindicaciones figuran en lugar prominente cuestiones de racismo, clase social y sexualidad; así como las relacionadas con la vida laboral (igualdad de salario, el “techo de cristal”, etc); violación y violencia de género; reclamar términos derogatorios (“zorra”, “guarra”…), y los derechos reproductivos.

Feminismo de Tercera Ola: “Los Monólogos de la Vagina”, SlutWalks, Pussy Riot, Riot Grrls.

Cómo se desarrollará el Feminismo de la Tercera Ola, y lo que venga después, depende de ti. Sea lo que sea, sé que me harás sentirme orgullosa de ti.

Con cariño,

Mamá

martes, 17 de junio de 2014

Los siete elementos de sumisión

Aunque se ha escrito bastante sobre las diferentes técnicas que se usan en el bondage y el sadomasoquismo, se ha puesto mucho menos esfuerzo en sistematizar la dinámica de las relaciones de Dominación/sumisión (D/s). Sería un error pensar que éstas consisten simplemente en que el Dominante le da órdenes a la sumisa. Me voy a referir al Dominante como hombre y a la sumisa como mujer, alternando los géneros de vez en cuando, pero lo que digo puede aplicarse a cualquiera de las posibles combinaciones de roles y géneros. También debo aclarar que todo esto se refiere a relaciones de larga duración, no a lo que pasa durante una sesión asilada.

Al hablar de D/s, hay que darse cuenta de que se trata de relaciones en las que conscientemente se elige desviarse de los principios que guían a una relación vainilla: igualdad, autonomía personal, independencia y respeto. Aunque estos valores siguen estando presentes, adquieren una forma distinta por el hecho de que el sumiso le otorga una gran cantidad de poder sobre él a la Dominante, lo que establece una desigualdad básica en la relación. Desde luego, el sumiso va a perder una buena parte de sus autonomía personal. El uso del dolor y la humillación puede dar la impresión a los mal informados de que la relación es abusiva. Sin embargo, todo esto ocurre dentro de los parámetros de “seguro, sensato y consensual”. En particular nos debe preocupar la sensatez, ya que este tipo de relaciones pueden degenerar fácilmente en el abuso psicológico (ver “Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de D/s”). En particular, deberemos prestar especial atención a cosas que puedan dañar la autoestima o que puedan crear dependencia.

Mi propuesta es que una relación de D/s incluye los siguientes siete elementos de sumisión: obediencia, entrega, servicio, disciplina, castigo, actitud y follada mental.

1 - Obediencia

Obediencia es, simplemente, cumplir las órdenes del Dominante. Ésta es la parte más obvia de la relación D/s: uno manda y el otro obedece. Un buen Dominante escoge cuidadosamente las órdenes que da, teniendo en consideración las necesidades de la sumisa y el nivel de desarrollo de la relación. Hay que tener en cuenta que la sumisa es un adulto que vive una vida compleja, con lo que una orden mal pensada puede afectar negativamente su vida. Por otro lado, si el sumiso encuentra que no puede seguir una orden, que debe discutirla o usar la palabra de seguridad para evitarla, su confianza en la Dominante se verá minada. Una buena estrategia puede ser la de delimitar las órdenes a un área de la vida del sumiso que quedaría bajo el control de la Dominante; la más obvia es su sexualidad. Es mejor dejar en paz la vida profesional de la sumisa y las relaciones pre-establecidas que tenga con amigas y parientes… Recordemos que el manipular el entorno social de la sumisa es uno de los signos de abuso emocional. Por supuesto, no se debe ordenar nunca nada ilegal o inmoral; no hay nada más despreciable que un Dominante que usa su sumisa para hacer daño a otros.

2 - Entrega

La entrega significa que la sumisa debe abrirse física y mentalmente al Dominante. Éste puede empezar por afirmar su derecho a tocar íntimamente a la sumisa cuando quiera y donde quiera: sus manos, su nariz, su culo, su coño. El cuerpo de la sumisa está a su disposición para disfrutarlo y para estimularlo con placer o con dolor, a su discreción. Esta entrega física debe venir acompañada de una apertura mental en la que la sumisa lo hace partícipe de sus fantasías secretas, de sus miedos, de sus deseos. De nuevo, el sexo puede ser un buen punto de partida, pero esto se extenderá de forma natural a otras partes de su vida. Por su parte, el Dominante debe abstenerse en lo posible de juzgarla, porque hacer que la sumisa se sienta culpable o avergonzada traicionaría su confianza en él. Ella se ha hecho enormemente vulnerable al revelar sus secretos y si descubre que se usan contra ella su reacción natural será volver a erigir sus barreras defensivas.

La entrega definitiva tiene lugar durante el acto sexual. Aquí debemos abandonar muchos de los escrúpulos del sexo vainilla. A la sumisa no se le hace el amor. Se la folla, con todas las connotaciones de subyugación y humillación que conlleva esa palabra. Puede que se la posea rudamente por detrás, negándole la visión del rostro del Dominante. Puede que se la ate en posturas expuestas y humillantes en las que no pueda negarle el acceso al Dominante o moverse para buscar su propio placer. Puede que se la obligue a ver su propia degradación en un espejo. Puede que ella disfrute de la follada o puede que la deteste, o las dos cosas a la vez, según se lo imponga el Dominante. Y, por supuesto, sólo podrá correrse con su permiso.

3 - Servicio

El servicio quiere decir que el sumiso trabaja para agradar y satisfacer los deseos de la Dominante. Mientras que la entrega es pasiva, el servicio es activo. El servicio también va más allá de la mera obediencia, porque una buena sumisa se esfuerza en anticipar los deseos del Dominante. Por su parte, él debe de tener cuidado de no inhibir su creatividad al ser demasiado controlador. Por supuesto, en la medida de lo posible, el sumiso debe pedir permiso antes de realizar un servicio. El tener a un sumiso bien entrenado en actos de servicio le permitirá a la Dominante relajarse y disfrutar de la relación sin tener que estar pendiente todo el tiempo de decidir lo que hacer a continuación.

4 - Disciplina

La disciplina incluye una serie de ejercicios en los que el Dominante afirma su control sobre la mente y el cuerpo de la sumisa. La manera más evidente de hacer esto en una sesión sería llevar al sumiso por varios niveles de placer y dolor hasta volverlo completamente maleable a su voluntad. En la disciplina es donde la D/s se mezcla con el sadomasoquismo. Tanto el dolor como el placer tienen la propiedad de la “saliencia”, lo que significa que se imponen en la consciencia obligándonos a prestarles atención. Por ese motivo le proporcionan a la Dominante la manera perfecta de invadir la mente del sumiso, ejerciendo su poder de forma irrevocable.

De todas formas, la disciplina va mucho más lejos que el placer y el dolor, y se extiende más allá del tiempo de sesión. El Dominante le dará a la sumisa una serie de tareas para realizar fuera de su presencia con el fin de entrenarla. Éstas pueden incluir, por ejemplo, ejercicios Kegel, llevar un tapón de culo, ejercicios físicos, asignaciones de lectura, horario de acostarse y levantarse, modificaciones en la dieta, escribir un diario, etc. Una forma de disciplina que se les impone con frecuencia a los sumisos es el control de la erección y de la eyaculación. Aunque algunas formas de disciplina pueden ser desagradables, hay que recordar que no se imponen como castigo sino como entrenamiento.

5 - Castigo

Los castigos son necesarios porque el sumiso tiene que enfrentarse con las consecuencias de cometer errores en la relación o en su vida en general. La Dominante puede limitarse a regañarle, puede imponerle un castigo doloroso o puede asignarle una tarea desagradable (ver “Castigar sin pegar en una relación D/s”). El tema de los castigos es delicado porque vivimos en una sociedad tremendamente punitiva que nos expone desde la infancia a la culpa y la vergüenza que conllevan la desobediencia y el fracaso. Por lo tanto, el significado del castigo debe de ser establecido cuidadosamente desde el principio de la relación, enfatizando sus propiedades catárticas y curativas. Así, con la ayuda del Dominante la sumisa puede sacar a la superficie la culpa y la vergüenza asociadas no sólo a su mal comportamiento reciente, sino a errores más graves de su pasado. El dolor y la humillación del castigo erosionan esas emociones negativas, y purifican el ego. Para que este proceso sea verdaderamente curativo es esencial que el castigo termine con un buen cuidado posterior en el que el perdón del Dominante sirva para conseguir que la sumisa se perdone a sí misma. Toda mala acción ha sido pagada y es relegada al pasado, y la sumisa puede avanzar en su vida purificada y libre de culpa. Ha aceptado su debilidad. Ha experimentado el poder que le ha otorgado al Dominante sobre ella. Con ello se ha vuelto más fuerte como persona y mejor como sumisa. Paradójicamente, al entregarse al Dominante ha conseguido liberarse de sus demonios internos.

6 - Actitud

El tener una actitud adecuada significa que la sumisa aprende a desenvolverse y comportarse de una forma que expresa su estado mental de sumisión. Como cada pareja de Dominante y sumisa entiende la D/s de una manera distinta, no todas las sumisas desarrollan la misma actitud. Así, algunas sumisas son mansas y serviles mientras que otras son orgullosas y rebeldes. Por supuesto, el Dominante decidirá qué comportamientos son aceptables cuáles no de acuerdo con la naturaleza de la relación. La actitud apropiada sale de la personalidad del sumiso y es pulida por el entrenamiento hasta producir una desenvoltura y una elegancia que transmite a quien sabe apreciarla la profundidad y la belleza de la relación. Por ejemplo, un tipo de sumisa baja la mirada ante su Dominante, camina detrás de él y habla sólo cuando se le pregunta. Otro tipo de sumisa levanta el mentón con orgullo, reta al Dominante, le mira a los ojos con desafío y dice lo que le parece. Entre estos extremos cabe todo un rango de actitudes, todas igualmente válidas, ya que representan diferentes estilos de entrega, servicio y disciplina.

7 - Follada mental

En inglés se le llama “mind-fucking”, un término que tiene difícil traducción al castellano. Viene de la expresión “don’t fuck with me”, que significa “no me jodas” o “no me vaciles”. Aquí he optado por una traducción literal como “follada mental”. Ésta consiste en juegos psicológicos que la Dominante juega con el sumiso para llevarlo a un estado de derrota y entrega. No hace falta que sea nada complicado, el vacilar o bromear con la sumisa puede ser una forma de follada mental. Sin embargo, en sus formas más elaboradas puede servir para llevarla a un profundo espacio de sumisión, que representa la culminación de su entrenamiento en los otros seis elementos de sumisión. La follada mental requiere una enorme creatividad por parte de la Dominante; es aquí donde muestra su auténtico talento, porque no hay recetas para la follada mental, necesita ser elaborada a la medida de la personalidad del sumiso, de su estado mental en cada preciso momento. Una buena estrategia puede ser el encontrar sus puntos de resistencia, sus conflictos internos, y hacer que se enfrente con ellos. Para lograrlo el Dominante deberá darle a la sumisa su completa atención, concentrándose completamente en leerla. Sin embargo, sin la colaboración del sumiso este proceso estará abocado al fracaso, porque la follada mental no es tanto algo que la Dominante le hace al sumiso como algo que crean entre los dos. Aunque el Dominante tenga mucho talento no le será posible follar mentalmente a la sumisa si ella no se le entrega o si no tiene la disciplina suficiente para seguirlo en el proceso. Por ejemplo, una forma bastante corriente de follada mental consiste en hacer elegir a la sumisa entre dos opciones desagradables. Como la follada mental saca a la superficie sus resistencias, conflictos internos y problemas sin resolver, puede entrañar una chispa de auto-descubrimiento, un paso en un proceso de auto-transformación.

El desarrollar estos elementos de sumisión requiere tiempo y esfuerzo. La Dominante debe ganarse la confianza del sumiso y guiarlo a través de los pasos necesarios para desarrollar cada uno. Por lo tanto, una relación D/s se debe entender como un proceso de entrenamiento, que si se hace bien traerá alegría y satisfacción a los dos participantes. Como pasa a menudo en la vida, lo que importa es el trayecto y no el destino… porque, de hecho, puede ser que no haya ninguna meta que alcanzar.

viernes, 13 de junio de 2014

jueves, 29 de mayo de 2014

Ironías de la vida

Encontrar una geógrafa con la que eres geográficamente incompatible.

Encontrar un químico con quien no tienes ninguna química.

Hablar con un buzo sin entrar en profundidades.