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martes, 26 de agosto de 2014

El maltrato psicológico como herramienta política

Ya toqué el tema del maltrato psicológico en el artículo de este blog "Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión". Se suele entender que la manipulación psicológica y el chantaje emocional se da sólo en las parejas o entre personas que se relacionan íntimamente. Sin embargo, últimamente me ha llamado la atención como personas que denuncian el abuso psicológico a nivel íntimo parecen practicarlo, seguramente de forma inconsciente, a larga escala como herramienta política.

Me explico. Primero veamos cómo funciona en realidad la manipulación psicológica. Se basa en un grupo de emociones que controlan a nivel profundo las relaciones humanas y que tienen un gran impacto en la autoestima:

1.   La culpa nos hace sentirnos mal con nosotros mismos y repudiados por nuestro entorno social cuando infringimos sus normas.

2.   La vergüenza tiene un impacto negativo en la autoestima aún mayor que la culpa. El sentirnos ridículos, objeto de risas, bromas o lástima señala que hemos perdido prestigio en nuestro entorno social y nadie nos toma en serio.

3.   El miedo nos atenaza y nos inmoviliza. Nos hace vivir a la defensiva en vez de desarrollar nuestra creatividad y hacernos crecer como personas. Nos impide movilizarnos y defendernos de quien nos ataca.

4.   La compasión es una de las emociones humanas más loables, pero que puede ser explotada de forma muy eficaz para la manipulación psicológica. El maltratador se presenta como víctima merecedora de compasión, de tal manera que si no le otorgamos lo que quiere o, peor aún, nos defendemos de él, apareceremos ante los demás y nosotros mismos como poco compasivos, lo que generará culpa y vergüenza.

5.   La indignación es lo que moviliza al grupo social en contra de aquellos que infringen sus normas. Su efecto inmediato es generar culpa y vergüenza en aquellos contra los que va dirigida. Suele ir acompañada del sentimiento de superioridad moral (“self-righteousness” en inglés), una emoción que aumenta el ego del que la siente provocando una gran satisfacción consigo mismo.

Culpa, miedo, indignación
El manipulador psicológico utiliza este abanico de emociones para colocar a su víctima en una situación de dependencia en la que tiene que acatar sus deseos. No desaprovecha ninguna ocasión para hacer que su víctima se sienta culpable y avergonzada. Ni siquiera hace falta que ella haga algo malo, bastará con hacer que se identifique con otras personas que se comportan mal. El manipulador también se presenta como víctima, lo que genera empatía en su entorno social e impide que su víctima tome medidas defensivas. El victimismo es la base del chantaje emocional: el manipulador pretende ser alguien que necesita a su víctima, que resulta herido si ésta no accede a sus deseos, con lo cual puede, una vez más, hacerla sentirse culpable y avergonzada.

Pero debemos darnos cuenta de que estas emociones se utilizan también a gran escala como armas políticas. No digo que esto esté siempre mal. De hecho, la lucha política no-violenta se basa en hacer que los opresores sientan culpa y vergüenza de sus privilegios y sus acciones; en generar compasión por sus víctimas e indignación frente a los agresores. Por ejemplo, en los últimos años del Franquismo, las viñetas que salían en los periódicos ridiculizando al fascismo y sus instrumentos desempeñaron una gran labor en desgastarlo y movilizar a la opinión pública contra él.

Sin embargo, todas las armas pueden usarse para bien o para mal. Últimamente veo con preocupación como estas tácticas de manipulación psicológica son usadas indiscriminadamente para atacar a determinados segmentos de la población. Hace falta analizar este problema desde la perspectiva de la manipulación psicológica para hacer comprender a ciertas personas que no, no está bien hacer que alguien se sienta culpable o avergonzado por el simple hecho de ser hombre: “si eres hombre eres un violador potencial”. Tampoco está bien abusar de la compasión presentándose como víctima o como defensor autoproclamado de las víctimas. Por supuesto que hay víctimas, no lo estoy negando. Pero la mejor manera de ayudarlas no es iniciar una caza de brujas indiscriminada, culpando de su maltrato a personas inocentes, convirtiendo a alguien en sospechoso por el mero hecho de ser hombre.

También hay que tener cuidado con que, con tanto afán de prevenir los maltratos, estemos difundiendo miedo y visiones negativas del sexo como el origen de abusos, enfermedades y otros peligros, olvidándonos de que en la inmensa mayoría de los casos el sexo en una fuente de placer, intimidad, comunicación y felicidad. El miedo, como la culpa, la vergüenza y la indignación, son emociones negativas sumamente peligrosas, que se nos pueden ir de las manos con facilidad y hacer más daño de lo que pensamos. Y, por encima de todo, nunca confundamos la lucha genuina por mejorar la sociedad y aliviar el sufrimiento de la gente con sentimientos de superioridad moral y el engrandecer el ego a base de denostar a los demás.

Por cierto, a lo largo de este artículo he usado de forma deliberada el género masculino para el maltratador y el femenino para la víctima. Pero espero que quede claro, por lo que digo al final, que a nivel de ideologías se está dando mucho últimamente el caso inverso. En todo caso, lo justo es valorar el acto de por sí y no en función del sexo de quien lo ejecuta.

The ultimate weakness of violence is that it beget more violence.
With violence you can murder the hater but you just increase hate.
Hate cannot drive out hate.
Darkness cannot drive out darkness.
Only light can do that.
Only love can drive out hate.

La mayor debilidad de la violencia es que produce más violencia.
Con violencia puedes matar al que odia, pero producirás más odio.
El odio no puede eliminar la odio.
La oscuridad no puede eliminar a la oscuridad.
Sólo la luz puede hacerlo.
Sólo el amor puede eliminar al odio.

Martin Luther King

jueves, 13 de febrero de 2014

San Vainillín

Encontré la primera de las notas sobre el acuario, cuando fui a darles de comer a los peces. Decía “amigo maravilloso” y era una pegatina amarilla con forma de calabaza… Tenía que ser una calabaza, viniendo de Tina, quien se había marchado el día antes a Colorado a llevar a la heredera a una competición de gimnasia. Las notas fueron apareciendo en los sitios más inesperados, todas iguales pero con mensajes distintos. Una dentro de mi zapato decía “¡calabaza en el zapato!”. Cuando fui a sacar una botella de cerveza de la nevera, tenía pegada una nota que decía: “eres listo, honesto, equilibrado, apasionado, compasivo y ardiente”. Me gusta beber la cerveza en jarra, así que saqué una de la alacena con una nota dentro que ponía “me gustas más que el chocolate oscuro”. Dentro de mi Kindle encontré una de mis favoritas: “me gustas cuando escribes”. Claro que la que había en el cajón de la cómoda tampoco estaba nada mal: “por favor, átame, pégame, fóllame”. Y un montón más: “te echo de menos”, “besos y abrazos”, “mil estrellas de oro de marido”, “gracias por todo”, “eres un padre fantástico”, “¿cuántas notas voy a esconder?”, “¿a que no te esperabas una nota aquí?”. Dos notas no eran de Tina; una tenía dibujado un gatito, la otra simplemente decía “miau”. Esas también fueron de las que más me gustaron.

Un detalle típico de Tina, para que me acordara de que me quería mientras estaba de viaje. No está nada mal encontrarte algo así cuando llegas a una casa vacía después de una dura jornada de trabajo. Pero de repente descubrí algo que vino a echar un jarro de agua fría sobre todas esas notas cariñosas: en Blog Eros había un artículo titulado “Vamos a celebrar un San Valentín menos comercial”. ¡Mierda! ¡El viernes es San Valentín! ¿Podría ser que…? ¡No, no quiero ni pensarlo! ¡Tina nunca me haría una cosa así!

Ejemplo de baño de espuma no comercial
Pero ya había caído en la trampa. Imposible escapar. Empecé a leer mis blogs habituales, todos con sugerencias “no comerciales” para ser romántico en San Valentín. La más manida es la del baño erótico con burbujas de jabón, incienso y velitas, que figuraba en tres blogs distintos (se dice el pecado, pero no el pecador). Me pregunté si a Tina le importaría darse un baño erótico de esos mientras yo vomito discretamente en el váter. Luego están los que te aconsejas que tires por la ventana los juguetes sadomasoquistas y los vídeos porno y te concentres en “tocar, saborear, oler, escuchar y mirar”. Lo de tocar me suena a terciopelo, el sabor seguro que es vainilla, el olor a pachuli y el mirar… ¡no puedo mirar, se me cierran los ojos de sueño! Pásame el gato de siete colas, por favor… ¡Gracias, me siento mucho mejor!

Cómo usar el baño de espuma
Tina me llamó hace un par de horas para informarme de cómo iba la cosecha de medallas de la gatita… Sí, claro que exagero, ¿qué te esperabas? ¡soy padre! Bueno, pues después de darle muchas vueltas me atreví a formular la pregunta que me torturaba: “Tina, todas esa notas que me has dejado… ¡que me encantan por supuesto! … Bueno, pues, ¿no será…? Es que mañana es San Valentín, ¿sabes?” La repuesta no se hizo esperar: “¿Que mañana es San Valentín? ¡Ay, perdona, no me había dado cuenta! Si lo llego a saber… Pero tú ya sabes que yo nunca te haría una cosa así… No soy tan cruel. No, las notas eran simplemente para decirte que te echo de menos mientras estoy fuera”. Respiré aliviado.

Claro que, tratándose de Tina, a los pocos minutos tuvo que ir a hurgar en la herida. “¿Que me vas a dar por San Valentín?”, decía el mensaje. Me puse a teclear enseguida: “Una azotaina”. “No me esperaba otra cosa de ti”, me respondió.

Tengo una mujer maravillosa, ¿a que sí?