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lunes, 15 de marzo de 2021

El día que la pillaron

Cuando finalmente se descubre su secreto, una esposa infiel recibe una buena dosis de sus propias perversiones.


Spanking For Sneaking Out, por greenimp666, DeviantArt

Julia se sobresalta al entrar al dormitorio. Ricardo es una presencia amenazante y silenciosa junto a la cama.  

-¡Joder, qué susto! No sabía que estabas aquí.

Julia se sienta en la cama para quitarse los zapatos. No se los debía haber puesto para ir al trabajo. Tienen demasiado tacón.

Ricardo no responde. Paulatinamente, Julia se va dando cuenta cómo cruza los brazos, de cómo la mira.

-¿Pasa algo?

Ricardo cierra la puerta. Luego se planta frente a ella, todavía cruzado de brazos.

-¡Claro que pasa algo! Lo sé, Julia. Lo sé todo.

Niégalo, niégalo, niégalo. Ella deja escapar una risita.

-¿Sabes todo de qué?

Espera que él no note el temblor en su voz.

-Lo que has estado haciendo tras mis espaldas, -descruza los brazos, no sabe qué hacer con las manos-. Vi tu perfil en Fetlife. Todas las fotos guarras que has colgado allí.

Joder. Esto va en serio.

Niégalo, niégalo, niégalo.

-¡Fetlife! Debería haber borrado mi perfil hace tiempo. ¡Hace años que no he estado allí!

Se pone en pie frente a él. Sin los tacones, su frente apenas le llega a la barbilla.

-Entraste anoche, Princesa Zorra. Para colgar tu última foto, la de tus tetas. También le enviaste un mensaje a Switchy, cuyo nombre real es Enrique, tu amigo… ¿o tal vez tu amante?

-Cómo puedes saber todo eso… -murmura.

-No estaba fisgoneando en Fetlife. Pirateé tu cuenta. Y luego también pirateé tu correo electrónico… Sí, tu cuenta encriptada en Protonmail. Me he pasado horas leyendo. Así que, a estas alturas, ya lo sé todo. ¡Absolutamente todo! Así que ya puedes dejar de fingir, Julia. Deja de mentirme.

Esto debe ser una pesadilla.

Se queda paralizada frente a él. Baja lentamente la mirada al suelo.

-Me has estado mintiendo durante años. Me has estado engañando con Enrique… Y sabe dios cuántos más… ¿A cuántos más te has tirado, Julia?

Su mente corre desbocada. Todas las mentiras que había preparado, todas las evasivas, son ahora inútiles. Si ha pirateado sus correos electrónicos, lo sabe todo. No va de farol.

-¿Cuántos más te han follado, Julia?

El miedo se filtra como un líquido helado en sus venas. Todo está perdido. La casa, las cuentas bancarias, las tarjetas de crédito. Difícil saber qué quedaría después del divorcio.

Tendrá que dejar su trabajo en el museo y conseguir un empleo con un buen salario.

-¿Qué piensas hacer? -se atreve a preguntar finalmente.

-Llevo pensando en eso todo el día… Se me han ocurrido algunas ideas.

-¿Qué ideas?

Le agarra sus pantalones por la cintura, los desabrocha y le abre la cremallera. Se los baja hasta las rodillas.

¿Me va a follar? ¿Un poco de sexo iracundo y ahí se queda la cosa?

-¡Y yo que pensaba que te afeitabas el coño por mí! Pero no, lo hacías por Enrique.

Ella se mira la entrepierna.

-No, por ninguno de los dos. Lo hice por mí.

Él le baja las bragas hasta la mitad de los muslos.

-¡Claro! Para hacerte fotos y enseñárselas al mundo entero. ¡Serás guarra!

-No lo entiendes, Ricardo…

-¡Pues claro que no lo entiendo! Pero estoy seguro de que me vas a explicar.

Ella finalmente se atreve a levantar los ojos para encontrarse con los de él.

-¿Entonces no vas a divorciarte de mí?

-No lo sé… ¿Tú qué crees, Julia? ¿Nos divorciamos? ¿Vale la pena continuar con esta farsa?

-No quiero el divorcio, Ricardo.

-¡No, claro que no! ¡Lo que quieres es seguir disfrutando de nuestro nivel de vida y hacer lo que te da la gana! ¡Follando con quien se te ocurra! ¿Realmente te compensa seguir viviendo una mentira? ¿Aún me quieres, Julia?

-¡Por supuesto que sí! -sus ojos continúan fijos en los de él-. Ya sé que es difícil de entender… difícil de explicar, quiero decir… Pero lo que he estado haciendo no significa que no te ame. Te quiero, Ricardo. Un montón."

Él la mira en silencio. Ella se esfuerza en sostener su mirada.

-¿Y tú? ¿Tú me quieres, Ricardo?

Contiene la respiración esperando su respuesta.

-Sí que te quiero. ¡Si no, todo este asunto no sería tan doloroso!

Julia suelta un suspiro de alivio. Se agacha para subirse las bragas.

-Ni se te ocurra subírtelas.

Ricardo se desabrocha el cinturón. Lo saca lentamente de las presillas de sus pantalones.

-Te diré lo que voy a hacer. Voy pegarte en el culo hasta ponértelo como en esa foto que publicaste en Fetlife.

Ella se ríe.

-¡Pero si a ti esas cosas no te gustan!

-¡Ah, conque no me gustan, eh! Pues ahora mismo me sentiría mucho mejor dándote una buena paliza.

-No tienes ni idea de lo que estás hablando -dice aprensiva.

-No hace falta saber mucho… Sólo que me gustaría infligirte tanto dolor tú me has hecho tú a mí… Pero bueno, tampoco creo que te importara tanto, porque tú disfrutas con esas perversiones. ¿No, Julia?

-Bueno, depende…

-¿Cómo te marcaron el culo en esa foto?

¿Lo dice en serio? ¿Realmente piensa pegarme con el cinturón?

-¡Contéstame, Julia! ¡Y no me mientas!

-Enrique me dio una azotaina. Luego me pegó con una correa.

-¿Así que dejaste que te pegara Enrique, pero yo no puedo zurrarte?

-¡No es eso! No lo hizo para castigarme.

-Pero sí que te mereces que te castigue, ¿o no?

-¿Vamos a arreglar las cosas? ¿Me vas a perdonar?

-¡Respóndeme, Julia! ¿Mereces que te castigue?

Siente un cosquilleo de anticipación en el trasero. Traga saliva.

-¿No me vas a dejar?

-¡No me estás contestando!

-Tú tampoco.

Se desafían con la mirada.

-Las cosas van a cambiar. Se acabó lo de hacer la golfa.

-Por supuesto.

-Y te castigaré si lo haces. Como voy a hacer ahora. ¿Vale?

Solo me va a dar unos cuantos azotes. Luego me follará a lo bestia y todo habrá terminado.

-Vale.

La agarra por la muñeca y la tira bocabajo en la cama. Sus movimientos son bruscos, decisivos. Julia no podría haberse resistido si lo hubiera intentado.

El cinturón cae enseguida sobre sus nalgas. El dolor lacerante disipa toda ilusión de que él iba a andarse con remilgos.

Apenas tiene tiempo para recuperar el aliento cuando recibe el segundo correazo.

-¡Joder, Ricardo! ¡No me pegues tan fuerte!

-¿No? ¿Y por qué no? ¿Qué te crees, que esto es un juego? ¡Quiero hacerte daño, Julia! Que nunca va a ser tanto como el que me has hecho tú a mí.

Acentúa lo que dice con un tercer golpe, aún más fuerte que los anteriores. El dolor la atraviesa, haciéndola gritar.

-¡Así! ¡A ver si te enteras!

Él le pega. Ella aulla.

¡A la mierda!

Se levanta de la cama de un salto. Ricardo se queda con el cinturón levantado.

-¿Qué coño haces?

-Tenemos que hablar sobre ... ¡Ay!

El cinturón cae sobre la delantera de sus muslos con un resultado aún más doloroso que en su trasero.

-¡Auuu, cómo duele! ¡No me pegues en las piernas!

-Si pones el culo, te pego en culo. Si no, en las piernas, o donde sea. Tú eliges.

Sus ojos brillan de furia. Aprieta la boca con determinación. Vuelve a levantar el cinturón. Julia da un paso atrás, pero no consigue evitar que el cinturón vuelve a azotarle los muslos.

Suelta un grito, se da la vuelta y se tira en la cama. El cinturón le azota el trasero una, dos, tres veces, en rápida sucesión. Se encabrita y patalea con cada golpe.

Ricardo se detiene. Le arde el culo. Sus puños se aferran a la colcha.

-¿Has terminado?

Levanta la mirada y lo descubre hurgando en su bolso. Ha encontrado su móvil.

-Las cosas van a cambiar.

-Por supuesto, Ricardo -le tiembla la voz.

-Quiero que rompas con Enrique. ¡Ahora mismo!

Tira el móvil en la cama frente a ella.

 -¿Qué quieres que le diga?

-Que no lo vas a volver a ver.

Ella desbloquea su teléfono.

"No podemos volver a vernos" escribe.

Ricardo se arrodilla en la cama para leer por encima de su hombro.

La respuesta llega de inmediato:

"¿Por qué?"

Ella escribe: "Ricardo se ha enterado de lo nuestro". Le enseña el mensaje a Ricardo.

-Mándalo.

“¡Joder! Lo siento, Julia. Entonces, ¿no os vais a separar?”

Mira interrogativamente a Ricardo. El asiente.

“No.”

-Dile lo que te estoy haciendo -lo enfatiza con un nuevo correazo.

Ella escribe: "¡Me está pegando con el cinturón, Enrique!"

Un nuevo azote. Luego llega la respuesta: "¡Me estáis poniendo a cien!"

"¡¡¿¿Qué??!! ¡¡¡No es un juego, Enrique !!! ¡Me duele un montón! "

“Sí, pero al menos no os vais a separar. Mejor que dé rienda a su rabia. ¡Aguanta, Julia!".

Ricardo le quita el móvil.

-Bueno, parece que él sí que lo ha entendido -murmura, y apaga el móvil.

Los correazos empiezan otra vez, frustrando sus esperanzas de que la paliza hubiera acabado.

-¿A que no sabes quién se está haciendo una paja ahora mismo pensando en lo que le está pasando a tu lindo trasero? -le dice mientras sigue pegándole implacablemente.

El dolor se acumula hasta convertirse en una mezcla infernal de aguijonazos y quemaduras, renovada cada pocos segundos con un nuevo azote. Julia se aferra a la cocha, sollozando y gimiendo. No se atreve a moverse, ni siquiera a suplicar, esperando que Ricardo se apiade de ella y termine el castigo.

Ricardo se detiene. Se oye un clic. Se atreve a mirar hacia atrás y ve que Ricardo le está haciendo fotos del culo con su móvil. Él le quita los pantalones y las bragas y le separa los pies de una patada. Más clics.

Tira el móvil en la cama frente a ella.

-Míralas.

Su pompis es una masa rojiza de cardenales y moratones. Las últimas fotos muestran su ano y los labios hinchados de su coño.

-Pensé que serían una buena adición a tu colección de fotos en Fetlife. Vamos, a subirlas.

-Estás de coña.

-¿Prefieres que siga dándote con el cinturón?

Se apresura a salir de la cama. Ricardo la agarra del brazo y la lleva hasta su ordenador portátil. Ignorando sus quejas, la obliga a sentarse en la silla. Es como sentarse en una parrilla. Conecta su móvil al ordenador, abre Chrome y Fetlife. Ricardo la hace subir la primera foto y le dicta el pie de foto:

Esto es lo que le pasó a mi culo cuando mi marido se enteró de que soy una adúltera y una zorra.

Luego tiene que subir la foto que muestra su partes íntimas y escribir:

Éste es mi coño de puta y mi ano perverso, en medio de mis nalgas bien azotadas.

La primera imagen comienza a recibir "loves" mientras que la segunda aún se está subiendo.

-¿Ves? Les gustan. ¿Por qué publicas esas fotos, Julia?

Está demasiado confundida y dolorida como para mentirle.

-Me gusta pensar en la cantidad de la gente que masturba contemplando mi cuerpo.

-Y también imaginándose lo estupendo que sería follarte. Aunque con éstas estarán fantaseando con los gritos que das cuando te dan unos buenos correazos en el culo.

-Sí, seguro que algunos se están masturbando con eso.

-¡Pero tú eres mía, Julia, y de nadie más! ¡Te lo voy a demostrar!

La levanta de un tirón de la silla y la dobla sobre el borde de la cama. Ella lo oye bajarse la cremallera y presiente lo que se avecina.

Su polla dentro de ella le proporciona un placer inusitado, a pesar de que sus nalgas arden cuando él se las agarra. Pero él sale de ella justo cuando se acercaba al orgasmo.

Siente el glande presionando sobre su ano.

-¡Espera! ¡No estoy preparada para eso!

La penetra de todas formas, con la ayuda de los jugos de su coño. Hay un momento de dolor sordo, luego sólo la indignidad de la polla que le va llenando el recto. Ricardo intenta bombearla, pero hay demasiada fricción. Se retira y le da una palmada en el pompis.

-¡Lubrícate!

Se arrastra hasta la mesilla de noche, saca la botella de lubricante del cajón y se aplica un generoso pegote en el culo. Luego vuelve a su sitio y le ofrece el culo.

Ahora su polla se desliza con facilidad, lo que le permite bombearle el culo con movimientos rápidos y vigorosos. No le deja ninguna duda de que se trata de una follada de castigo, acompañada de algún que otro azote en sus nalgas doloridas. Hay poco placer y una creciente irritación en el ano. Pero Julia se siente bien. Sometida. Aliviada. La está haciendo suya, y eso significa que no la dejará. Eso es lo que más importa.

Cuando termina de follarla, la hace desnudarse y la manda a la cocina a preparar la cena. El culo le arde por fuera y por dentro por la paliza y la follada. Llora quedamente y tiembla mientras deambula por la cocina. Pero se siente extrañamente en paz. No se esperaba un castigo tan severo, pero la verdad es que se lo merecía. Enrique tenía razón: ahora Ricardo la perdonará y las cosas volverán a la normalidad.

Ignorando sus súplicas, Ricardo la hace sentarse a la mesa. Mientras ella se retuerce, buscando una postura cómoda, él le plantea presenta sus perspectivas:

-Estarás confinada en casa una buena temporada, así te vuelves a casa directamente desde trabajo todos los días. Y los fines de semana de semana te quiero conmigo, donde pueda verte.

-¡Por ​​favor, Ricardo! ¿No me has castigado ya bastante?

-No se trata de castigarte, sino de que no puedo fiarme de ti. Sé que me engañarás a la primera oportunidad que se te presente, y no pienso permitirlo. Ya sé que yo tengo parte de la culpa. No te he prestado la debida atención. No me di cuenta de cuánto necesitas el sexo, de cuánto necesitas tus perversiones.

-Intenté decírtelo, pero te reíste. Dijiste que no necesitábamos meter esas perversiones en nuestro dormitorio.

-No lo entendía, pero ahora sí. Cuando te estaba azotando, sentí que eras mía como nunca antes lo había sentido. Y ahora quiero más. Quiero que tus deseos sean míos y de nadie más.

-Pues sigues sin entenderlo. Eso es posesividad, no kink.

-¡Me da igual, esa va a ser mi perversión a partir de ahora! ¿O acaso yo no tengo derecho a mis perversiones? Si te gusta, bien, y si no, lo aceptarás porque estás en deuda conmigo. Tal y como te entregaste a otros, ahora te vas a entregar a mí. Si no, vamos a tener problemas. Espero que ya te habrás dado cuenta de que voy en serio.

-Sí, Ricardo -le dice dócilmente.

-¡Muy bien! Esto es lo que vas a hacer a partir de ahora. Vuelves a casa directamente del trabajo y te desnudas nada más llegar. Lo único que necesita llevar puesto es tu anillo de bodas. Limpias la casa y preparas la cena. Te follaré todas las noches, como a mí me apetezca, y no pienso tolerar ninguna excusa ni ninguna queja. Y, por supuesto, si no estoy satisfecho con tu comportamiento, te castigaré de la forma que considere necesaria. ¿Comprendido?

Ella asiente y rompe a llorar otra vez. Está demasiado cansada y dolorida para protestar. Además, Ricardo todavía parece cabreado.

Aún queda mucho de qué hablar. Pero tal vez no esa noche.

A menudo ha fantaseado con un hombre dominante que la haría entregarse y la controlaría completamente. Y ahora lo ha encontrado en el lugar más inesperado. Aun así, no está segura de poder aceptar sus condiciones.

Inmersa en estos pensamientos, Julia limpia la cocina. Ricardo ve una película en la tele. No la ha invitado a sentarse con él.

De todos modos, no es que le apetezca mucho sentarse.

Julia se va a la cama. Se acuesta boca abajo y llora hasta quedarse dormida.

NOTA: Esta historia está pensada para ser turbadora e invitar a pensar. Considera si cada uno de los personajes actúa de forma ética. Por supuesto, Julia hizo mal al engañar a su marido, pero ella estaba convencida de que esa era su única forma de experimentar el BDSM. Por su parte, Ricardo usa el BDSM como una excusa para su posesividad y no tiene en cuenta las necesidades de Julia. Enrique se centra en el morbo que le produce que Julia sea castigada. Es egocéntrico y no la apoya lo suficiente.

La historia plantea las siguientes preguntas:

1. ¿Hay sitio en el BDSM para un castigo real por una infracción real?

2. ¿Cómo afecta al consentimiento el hecho de que sea un castigo real?

3. ¿Está Ricardo coaccionando a Julia para que acepte su castigo con la amenaza del divorcio? ¿Es eso consensual?

4. ¿Debería haber informado Ricardo a Julia de la severidad del castigo que pretende infligirle? ¿Da Julio un consentimiento informado?

5. ¿Es una buena idea hacer una escena BDSM cuando estás enfadado?

6. ¿Terminó el consentimiento de Julia cuando se levantó de la cama y dijo "tenemos que hablar"?

7. ¿Le está dando Enrique un buen consejo a Julia cuando le dice que debe aceptar su castigo?

8. ¿Es razonable que Ricardo quiera confinar a Julia porque ya no confía en ella?

9. Al aceptar las nuevas restricciones a su comportamiento, ¿está Julia siendo presa de la manipulación emocional o simplemente está cumpliendo su deseo de ser dominada?

 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Así maltratamos a nuestra pareja


“Quien bien te quiere te hará sufrir” dice el refrán. Normalmente esto se interpreta como que alguien que te ama te señalará tus imperfecciones y errores, aunque no te guste, pero también se ha señalado que un dicho así puede servir para justificar el maltrato. Sin embargo, hay otra manera más de interpretar el refrán: simplemente constata la realidad más bien irónica de que dos personas que se aman tienden a hacerse daño. Y no precisamente porque estén empeñados en convertirse mutuamente en personas mejores a base de corregir sus errores. Sí, las relaciones amorosas suelen traer consigo una buena carga de sufrimiento. A todo el mundo esto le parece algo inevitable, como si hubiera que pagar un precio por el amor que recibimos.

Pero yo pienso que no tiene que ser necesariamente así. Si nos hacemos daño cuando nos amamos es porque tenemos que estar haciendo algo mal. Al parecer, cuando llegamos a un cierto grado de intimidad con una persona empezamos a permitirnos una serie de comportamientos que crean fricciones e incluso daño emocional. “Las confianzas dan asco”, que dice otro refrán. Entonces, quizás lo que debamos hacer es reconocer esos comportamientos y aprender a evitarlos. No quiero hablar aquí de conductas de franco maltrato, como pueden ser el daño físico o la violación, sino de una serie de estrategias de manipulación psicológica que producen daño emocional y menoscaban la autoestima. En general, se basan en evocar tres emociones clave: el miedo, la culpa y la vergüenza. Aquí os dejo una lista tentativa de conductas nocivas en la pareja.

1. Coacción - La coacción se define como una demanda que no se puede rehusar sin desencadenar serias consecuencias negativas. Un ejemplo sería el sexo coactivo: “como me digas que no quieres sexo conmigo te voy a montar un numerito de mucho cuidado”. Pero se puede usar la coacción para muchas otras cosas: ir a una fiesta, elegir el sitio dónde ir de vacaciones, cómo decorar la casa o si tener hijos. La coacción señala que existe un desequilibrio de poder en la pareja que hace que una persona pueda imponer su voluntad sobre la otra.

2. Amenazas - Las amenazas son una de las formas más directas de coacción. Se basan en inspirar miedo para conseguir lo que queremos.  Una de las amenazas más frecuentes en la pareja es la de la ruptura. Se suele dar cuando existe un desequilibrio de poder basado en que una persona valora la relación mucho más que la otra. Puede ser simplemente porque está más enamorada, o porque la relación le supone una serie de ventajas que no quiere o no puede abandonar. En estos casos la amenaza constante de la ruptura puede convertirse en una continua coacción. A menudo la persona que amenaza con romper va de farol: en realidad no tiene la menor intención de hacerlo, pero sabe que así puede someter a su pareja a su voluntad.

3. Asustar - Las amenazas no son la única forma de inspirar miedo. También se puede crear una situación de ansiedad a base de asustar a la otra persona con actos como gritar, tirar o romper cosas, poner en riesgo la seguridad o la salud, o hacer algo ilegal. La simple presencia del miedo crea un clima de opresión.

4. Chantaje - El chantaje es una forma de coacción que consiste en amenazar con hacer algo que la otra persona no quiere si no accede a nuestras demandas. La forma más reconocible de chantaje es la amenaza de contar algo que la otra persona no quiere que se sepa. Como ejemplo está el “outing”, un nuevo verbo inglés que viene de la expresión “out of the closet” (salir del armario) y que se refiere a revelar a que una persona es gay o bisexual. Hoy en día se generaliza a descubrir que una persona practica el BDSM, el poliamor u otras formas de sexualidad no aceptadas por nuestra cultura.

5. Chantaje emocional - Consiste en utilizar el miedo, la obligación o la culpa (en inglés, “fear, obligation and guilt”, que forman el acrónimo FOG, que significa “niebla”) con el fin de presionar a otra persona de hacer lo que queremos. Se distinguen cuatro formas de chantaje emocional. La primera consiste en amenazar con castigar, privar de un beneficio o hacer daño. Un ejemplo clásico en la pareja es la privación de sexo o de afecto. La segunda consiste en el auto-castigo: en este caso se amenaza con hacerse daño a uno mismo. Un caso extremo sería la amenaza de suicidio (“¡déjala o me mato!”), pero también entra aquí el enfurruñarse o sumirse en un estado depresivo cuando no se obtiene lo que se quiere. La tercera forma de chantaje emocional consiste en adoptar conductas de auto-sacrificio con el fin de evocar sentimiento de culpa. Incluye todos esos actos de servicio que se hacen no porque se quieren hacer o como demostración de amor, sino para luego obtener algo a cambio: “¡me he tirado tres horas preparando la cena y tú no me haces ni caso!”. La cuarta forma es quizás la más difícil de reconocer, pues consiste en utilizar un premio o una tentación para conseguir lo que se quiere. Un ejemplo clásico es cuando le ofrecemos una golosina a un niño a cambio de un beso. En la pareja, ofrecer sexo o afecto como premio puede parecer en principio una buena idea, pero puede llevar a un ambiente de manipulación en el que no se sabe muy bien por qué se hacen las cosas.

6. Traspasar límites - Todos tenemos cosas que no queremos hacer o que no queremos que nos hagan. En inglés se conocen como “boundaries”, que quiere decir límites o fronteras. En una relación sana, cada persona define claramente cuáles son sus límites y la otra persona los respeta escrupulosamente. Los problemas vienen cuando los límites no están bien definidos o cuando se conocen y se rompen a propósito.

7. Incomunicación - Es sabido que la buena comunicación es esencial para el buen funcionamiento de la pareja. Ya resulta difícil en el mejor de los casos, pero a veces se sabotea a propósito como parte de actitudes ofensivas o defensivas, o con fines manipulativos. Un ejemplo es el “tratamiento de silencio”, que consiste en negarse a hablar con la otra persona. Su versión actual es el bloqueo en las redes sociales. Otro ejemplo consiste en hacer justo lo contrario: hablar sin parar para formar un “muro de palabras”  que no le permite a la otra persona expresarse. Formas más sutiles de incomunicación son el no querer escuchar, la comunicación agresiva y la comunicación pasiva. Esta última consiste en pretender que la otra persona nos lea la mente o adivine lo que queremos decir a base de indirectas, tono de voz o lenguaje corporal.

8. Mentiras - El peor tipo de incomunicación es cuando no se dice la verdad. Además, la mentira puede entenderse como una forma de privación de poder ya que la desinformación impide a la otra persona actuar de la forma más favorable para ella. La mentira se suele considerar la principal ofensa en la infidelidad conyugal, aunque a menudo esto es porque no se quiere reconocer el valor exagerado que nuestra cultura otorga a la exclusividad sexual. En realidad, cualquier tipo de mentira o falta de honestidad puede hacer daño en la pareja, ya que mina la confianza mutua.

9. Gaslighting” - “Gaslighting” en una forma extrema de abuso psicológico que consiste en la manipulación sistemática de la información que se suministra a otra persona. Así se va entretejiendo una red de mentiras, medias verdades, secretos y decepciones que generan un visión distorsionada de la realidad. Normalmente se hace con el fin de ocultar una situación de maltrato generalizado. Suele ocasionar un daño grave en la autoestima, incluso a hacer que la víctima llegue a cuestionar su propia cordura. El nombre viene de la obra de teatro Gas Light y de sus adaptaciones al cine.

10. Secretos - La cuestión de si se deben guardar secretos a nuestra pareja es sumamente delicada. Por un lado, todo el mundo tiene derecho a su privacidad; algunas cosas son tan íntimas que absolutamente nadie debe conocerlas. Por otro lado, el ocultar determinadas cosas que nuestra pareja tiene derecho a conocer para su propia seguridad puede ser equivalente a mentir por omisión. Los casos más claros son los de las enfermedades de transmisión sexual y la infidelidad.

11. Invadir la privacidad - Ésta es la otra cara de la moneda de los secretos. Todos tenemos derecho a revelar cosas de nosotros mismo si queremos, cuándo queramos y cómo queramos. También tenemos derecho a que lo que contamos a alguien no se transmita a terceras personas sin nuestro consentimiento. Como decía antes, no es legítimo guardar en secreto algunas cosas, pero eso no quiere decir que esté bien usar la fuerza o la coacción para forzarnos a desvelar un secreto. Un ejemplo de invasión de privacidad desgraciadamente frecuente hoy en día es buscar información en un móvil o en un ordenador sin permiso.

12. Quejas y reproches - Quejarse es algo normal y si algo no funciona bien en la pareja es esencial para la buena comunicación el decirlo. Pero hay muchas formas de decir las cosas. Cuando las quejas y los reproches se hacen con la intención de hacer que la otra persona se sienta culpable y avergonzada, entramos en el terreno del maltrato emocional. Los problemas hay que plantearlos en el momento adecuado, preferiblemente con tiempo de sobra para hablar sobre ello, sin ira y sobre todo sin ánimo de herir y ofender. Como en muchas otras cosas, la cantidad importa: una sarta interminable de reproches es indiscutiblemente abusiva. También hay que prestar atención a dos vicios relacionados con esto. El primero es el de ofenderse fácilmente, el estar a la que salta, de forma que la otra persona se tenga que estar autocensurando constantemente. Obviamente, la buena comunicación no puede darse así. El otro es el victimismo, el presentarse como víctima de abuso cuando en realidad no se es. Una de las mayores ironía del abuso psicológico es que el maltratador  suele presentarse como víctima, incluso estar convencido de que lo es.

13. Avergonzar - La vergüenza, incluso más que la culpa, es la emoción más destructiva de la autoestima. Sólo hay que pensar en todos los casos de adolescentes homosexuales que son llevados al suicidio por la vergüenza que evocan en ellos sus padres, su comunidad religiosa o sus compañeros de clase. Por eso, una de las formas más corrientes de maltrato emocional son los comentarios degradantes y las críticas continuas. Incluso la falta de alabanza cuando es merecida puede minar la autoestima de una persona. Si la persona a la que amamos no es capaz de reconocer nuestros méritos, ¿quién lo va a hacer? Un caso extremo es el llamado “cyber-bullying”, ciberacoso o acoso virtual: el acoso en las redes sociales de personas a base de avergonzarlas en público.

14. No disculparse - Todos tenemos que saber disculparnos, ya que todos cometemos errores. Una disculpa a tiempo puede significar la diferencia entre una pelea conyugal que se resuelve satisfactoriamente y otra que deja cicatrices emocionales para toda la vida. También puede suponer la diferencia entre percibir un error como un acto abusivo o como algo que se hizo sin malicia. La disculpa suele entrañar el reconocernos culpables del daño que hemos hecho, pero aunque no lo seamos todavía podemos disculparnos simplemente por haber participado en algo que hizo sufrir a quien amamos. Cuando en una pareja una persona se disculpa a menudo y la otra nunca es que algo marcha mal.

15. No perdonar - Las disculpas deben ser aceptadas, ya que el no hacerlo mina la dignidad de la persona que se ha disculpado. Esto no quiere decir que todo deba o pueda ser perdonado. De hecho, en muchas situaciones de maltrato nos encontramos con una forma patológica de perdón basada en la codependencia: la víctima constantemente perdona al maltratador, incluso inventando las disculpas más inverosímiles para el maltrato. Por lo tanto, una condición indispensable para perdonar debe ser que el acto a perdonar haya terminado ya. No se puede perdonar a quien persiste en su conducta. Pero, por otra parte, el no otorgar el perdón merecido puede convertirse en maltrato emocional al perpetuar el sentimiento de culpa de quien lo pide. Quizás lo más apropiado a hacer cuando no se puede perdonar a alguien es romper la relación, en vez de continuarla en la situación de desequilibrio de poder que supone el sentimiento de culpa. Una variante de este tema es cuando las disculpas son aceptadas pero utilizadas en el futuro una y otra vez para recordarle su culpabilidad a quien las ofreció. Esta manipulación de la disculpa es incompatible con el perdón sincero. Hay que saber pasar página.

16. Aislamiento social - En las sectas, una técnica muy común para crear dependencia emocional es la de separar a sus adeptos de su entorno de familia y de amigos. La víctima pierde así los elementos de referencia que le permitirían escapar de la adoctrinamiento de la secta. En una pareja se puede dar una situación similar cuando se quiere separar a la otra persona de sus amigos, normalmente por celos.

17. Presión social - También puede darse el caso de que una de las personas de la pareja se vea absorbida por los amigos y familiares de la otra, que por supuesto tendrán una opinión sesgada en caso de conflicto. La presión social también puede tomar la forma de normas culturales que favorecen a una persona más que a la otra. El machismo es un ejemplo de esto, como cuando la sociedad ve normal que el hombre controle el comportamiento de la mujer. Otro caso es cuando una de las personas de la pareja quiere practicar el BDSM o el poliamor, y la otra persona usa la normativa cultural para impedírselo. A veces esto toma la forma de lo que se denomina en inglés “slut-shaming” (“avergonzar a la zorra”), que consiste en provocar vergüenza a una mujer por su comportamiento sexual contraviniendo normas culturales.

18. Sabotaje - Hay veces en que no se respetan las obligaciones laborales, familiares y sociales de la otra persona en la pareja, de tal manera que se la perjudica indirectamente al impedirle cumplirlas. El caso más típico es cuando una pelea de pareja nos deja tan alterados que no podemos concentrarnos en el trabajo. En ese caso el sabotaje es involuntario e indirecto. Un paso más hacia una relación de maltrato es cuando alguien tiene tan poco respeto y consideración hacia su pareja que no pone el mínimo cuidado en respetar sus horarios de trabajo o el tiempo que le dedica a la familia o los amigos, apropiándose de todo ese tiempo y atención, por ejemplo, forzando citas o conversaciones telefónicas en momentos inoportunos. En situaciones extremas de abuso, el maltratador interfiere directamente con el trabajo o el entorno social de su víctima con acciones dedicadas directamente a destruirlos. Conozco el caso de un marido que llamó al jefe de su mujer diciéndole que ella dejaba el trabajo, en contra de los deseos de ella.

Supongo que muchas de estas cosas os resultarán familiares, bien porque las hayáis sufrido, bien porque las hayáis hecho. Desgraciadamente, son conductas usuales en la pareja. Al confeccionar esta lista no pretendo provocar ninguna caza de brujas. Hay que evitar caer en la auto-culpabilización, el miedo y la vergüenza que, al fin y al cabo, son la base del daño emocional que tratamos de evitar. Todos hemos tenido peleas de parejas en las que hemos intentado asustar y herir a la persona a la que amamos. Este tipo de peleas no deben considerarse como algo normal. Van dejando cicatrices que van socavando la relación, sentando la base para peleas posteriores y volviéndola cada vez menos saludable.

Estas formas de maltrato pueden llevarlas a cabo tanto hombres como mujeres. No quiero entrar aquí a discutir si se da más en un género que en el otro, aunque está claro que al ocurrir en una sociedad sexista hay que tener en cuenta el desequilibrio de poder que esto supone. Quizás los hombres seamos más dados a algunas formas de maltrato, como la coacción, el asustar y la incomunicación, y las mujeres a otras, como el chantaje emocional, los reproches y la presión social. Esto resultaría muy difícil de cuantificar.

Lo que sí me parece importante es señalar que en muchos casos el maltrato es mutuo, aun cuando es desigual. Es decir, que aunque una persona maltrate más que la otra, el contraataque y la venganza no están ni justificados éticamente ni suelen resultar efectivos. En la pareja, esto suele llevar a una intensificación del conflicto en una espiral de abuso creciente que acaba por convertir la relación en tóxica. Lo mejor que puede pasar en estos casos es que se llegue a la ruptura. Sin embargo, hay veces que se acaba por aceptar esta situación como normal: las dos personas están tan obcecadas en la búsqueda de poder que carecen de la claridad mental para salir de esa dinámica.

Claro que cuando estas conductas son profundas, maliciosas y generalizadas, con un profundo desequilibrio de poder entre las dos personas, se llega al abuso psicológico. Al contrario que el maltrato físico, el psicológico no deja marcas ni heridas, por lo que es insidioso y difícil de detectar. A menudo se desarrolla gradualmente y viene acompañado de situaciones de dependencia emocional, de forma que la víctima no reconoce su situación. Puede producir serios daños en la autoestima e incluso llevar al suicidio.

A cada cual le corresponde examinar cuidadosamente su conducta para ir eliminando todo elemento de maltrato. Cuando alguien nos abre el corazón eso lo vuelve extremadamente vulnerable, no debemos traicionar la confianza que se deposita en nosotros haciendo daño. El que lo hagamos de forma inconsciente o por ignorancia no nos disculpa. Si queremos que se nos ame de verdad, debemos aprender a amar. Y eso consiste en hacer feliz a nuestra pareja, no en hacerla sufrir.