Acabo de publicar la segunda edición de Juegos de amor y dolor, el primer libro de la trilogía Voy a romperte en pedacitos. Está a la venta como libro electrónico en los mismos puntos de ventas que antes, Amazon y Smashwords; al comparlo se descarga automáticamente la segunda edición. La primera edición ya no es accesible. Los enlaces de compra están aquí Juegos de amor y dolor.
¿Por qué una segunda edición? Bueno, como es mi primera novela supongo que era inevitable que hubiera algún error. Conversando con mis lectores me di cuenta de que uno de los personajes principales no estaba reflejado en la obra como yo pretendía. Eso tenía una cierta influencia negativa en la trama. Afortunadamente, bastaba cambiar unas pocas escenas para que el personaje saliera mucho mejor parado. Así que en esta segunda edición hay cambiadas ocho escenas, una de ellas completamente nueva, con lo que la novela es un poco más larga. ¿Qué cuál es el personaje con problemas? Eso no os lo voy a decir... A ver si lo adivináis.
Para los que no os decidís a gastaros los tres euros (o cuatro dólares) que pido por el libro sin saber si vale la pena, aquí podéis leer los tres primeros capítulos, gratis.
Escribamos una novela erótica. Pero no una novela erótica cualquiera; una novela erótica de calidad. No unas de esas novelas victorianas que son sólo una sarta de escenas de sexo débilmente enlazadas por una trama superficial, con personajes que sólo saben follar. Pero que tampoco tenga una de esas tramas que no esté relacionada en absoluto con el sexo, simplemente sazonada aquí y allá con alguna escena erótica. No, el meollo de la historia tiene que ser el sexo. Y con el amor… El amor y el sexo tienen que ir de la mano, nutriéndose el uno del otro, como pasa en la vida real.
El lector tiene que sentirlo todo en carne propia, experimentando no sólo excitación sexual sino sintiendo las emociones de la protagonista. Sí, tiene que llegar a identificarse completamente con la protagonista, viviendo todo lo que le pasa en carne propia. ¿Cómo vamos a conseguir esto? Para empezar, usemos un solo punto de vista: el de la protagonista, Cecilia Madrigal. El “punto de vista” en una historia es el personaje a través del cual contemplamos toda la acción. No tiene por qué ser el protagonista; por ejemplo, las historias de Sherlock Holmes están contadas desde el punto de vista del Dr. Watson. El lector tiende a identificarse inconscientemente con el punto de vista, por lo que si en vez de hacerlo saltar de un personaje a otro lo centramos en Cecilia lograremos que se meta más dentro de ella. En segundo lugar, escribamos la novela en tercera persona (es decir, diciendo “ella hizo esto, aquello y lo otro”), porque la primera persona (“yo hice esto, aquello y lo otro”) crea una separación entre “yo”, el que narra y “tú”, el que lee. En tercer lugar, abramos ocasionalmente una ventana a la mente de Cecilia, revelando al lector sus pensamientos y sentimientos; así sentirá que está dentro de ella. En cuarto lugar, haremos que la trama acabe por transformar radicalmente a Cecilia, para que así el lector experimente la transformación como si le ocurriera a él. Es importante seguir esta transformación paso a paso, lo que conseguiremos evitando saltos atrás y adelante en el tiempo. El problema es que sin cambios de puntos de vista y sin saltos en el tiempo, la historia será completamente lineal, lo que algunos pueden consideran aburrido y señal de poca sofisticación por parte del escritor. Hoy en día está de moda confundir al lector con una barullo de diferentes personajes/puntos de vista y con saltos de tiempo y lugar. Eso puede estar bien para algunas historias, pero no para ésta, porque lo que queremos es que el lector se concentre las emociones y la vida interior de Cecilia. Así que, para dejar perfectamente claro que escribimos una historia lineal a propósito, le vamos a poner fechas a los días. Y las fechas van a ser exactas: si escribo “miércoles, 31 de enero, 1979” es que el 31 de enero de 1979 era, efectivamente, miércoles. Hay calendarios en internet que hacen que esto sea muy fácil. Y no sólo eso, también hay sitios en internet que te dicen el tiempo que hacía ese día: las temperaturas máximas y mínimas, si hizo sol, llovió o nevó, la fuerza del viento, etc. Así que escribamos una novela realista a tope, con la meteorología real. Quizás así nos llevemos alguna sorpresa… el tiempo suele pillar a todo el mundo desprevenido.
Sí, el realismo aumentará la fuerza de acción, haciéndola más creíble, más próxima. Nada de fantasías. Nada de Bellas Durmientes eróticas. Nada de vampiros, brujas o duendes. Nada de millonarios estrafalarios, príncipes azules que pierden la cabeza por mujeres de baja extracción social. No, ésta va a ser una historia de gente como tú y como yo… El sexo será como es en realidad: a veces problemático, a veces con fallos. Ocasionalmente Cecilia no llegará al orgasmo y se quedará frustrada… Y tendrá sus reglas, perfectamente calculadas de acuerdo con el calendario, y tendrá que ajustar a ellas sus relaciones sexuales. Pero no por ser realista el sexo dejará de ser excitante. Al contrario, lo será más. Porque Cecilia no tendrá una sexualidad sencilla, sino que le gustará el sadomasoquismo desde el principio. Más adelante verá el sexo como una herramienta de transformación personal e incluso social, lo que la llevará a vivir increíbles aventuras eróticas. No quiero adelantar nada más, sólo decir que exploraremos los aspectos más insólitos del sexo, las situaciones eróticas más extremas. Y nada de repeticiones; cada escena de sexo será distinta de las demás. Empezaremos por las más sencillas y, a medida que evoluciona el descubrimiento sexual de Cecilia, las haremos más complejas y elaboradas. Porque ella será insaciable en su curiosidad y en sus ganas de aventuras. Una mujer poco corriente: inteligente; fuerte; determinada hasta rayar en la obsesión y capaz de amar y de sentir con una gran intensidad.
Puestos a ser realistas, rodeemos la historia de un ambiente interesante: Madrid al final de los 70s, durante la Transición. Seguiremos la historia de la época paso a paso, haciendo que cada acontecimiento político influya lo que les pasa a los personajes. Mostremos cómo el enorme cambio social y cultural que sufrió España en esa época condiciona lo que deciden hacer esos personajes. Mejor aún: hagamos que la propia trama sea una metáfora de la transformación que sufre el país. Cecilia es España misma, evolucionando desde la opresión de la dictadura a la libertad de la democracia. Por lo tanto, Cecilia empezará la historia como una chica obediente y religiosa, como era la España franquista, y poco a poco irá va descubriendo su sexualidad, nuevas ideas, formas distintas de amar… en definitiva, la libertad. Cada uno de los personajes también será un símbolo de las ideas políticas y las clases sociales que se movilizaron durante la Transición. Julio, el novio de Cecilia, representará la clase media sensata y progresista que votaba al PSOE. Luis, el hermano de Cecilia, representará a los jóvenes fachas de Fuerza Nueva, que querían volver atrás el reloj. Don Francisco, el padre de Cecilia, representará las viejas generaciones franquistas, más calmadas pero más peligrosas aún que los jóvenes fachas. Concha, la madre de Cecilia, representará la generación sojuzgada durante la postguerra que ansía en secreto la libertad. Laura, la rival de Cecilia, representará las clases altas pero favorecedoras del cambio democrático que votaban a UCD. Lorenzo representará la clase obrera y los militantes disciplinados de PCE. Malena, su novia, representará los exiliados de las dictaduras de Chile y Argentina. Johnny representará a los españoles que emigraron e hicieron fortuna en
el extranjero, trayendo a España nuevas ideas. El Chino traerá otro tipo
de ideas: las del lejano Oriente.
Ya están puestas todas las fichas sobre el tablero; la partida de ajedrez puede empezar. Cecilia ayudada por Julio y sus amigos empezará el largo camino de su descubrimiento del eroticismo y la libertad. Su padre y su hermano harán todo lo posible para impedírselo. Laura, Johnny, Lorenzo, Malena y el Chino aportarán giros inesperados a la acción, lanzando a Cecilia en direcciones inesperadas. Al final todo acabará bien, claro, como pasó con la propia Transición… ¿O tal vez no fue enteramente así? Nada termina al gusto de todos, y esta novela no va a ser la excepción.
Los políticos españoles de la Transición. ¿A cuántos puedes reconocer?
Perdonad el anglicismo, pero hay palabras en inglés que son imposibles de traducir de forma exacta al castellano. El “caning” es una de las prácticas más apreciadas por los conocedores del sadomasoquismo. Provoca un dolor particularmente erótico y se practica con un ritual con connotaciones muy severas y disciplinarias, que proviene de los antiguos colegios británicos. En realidad, el “caning” es muy antiguo. Fue incluso experimentado por Donatién, Marqués de Sade, durante su educación en un colegio de París, y luego adoptado para su placer personal. Hoy en día aún se usa en los sistema legales de Singapur, Malasia y otros países donde aún se practica el castigo corporal y la tortura.
"Canes" de distintas formas y tamaños. La inferior de color negro es de fibra de vidrio, las otras son de ratán.
El “caning” consiste en golpear el culo con un vara especial llamada “cane”. Tradicionalmente, esas varas son de ratán, una madera muy elástica, parecida al mimbre pero más dura. Hoy en día también se hacen de plásticos como la fibra de vidrio, de aluminio y otros materiales, pero ninguno ha llegado a superar al ratán, que tiene la flexibilidad y la densidad justa. El grosor de la vara varía desde unos pocos milímetros hasta casi un centímetro, y su longitud desde medio metro hasta casi un metro. Curiosamente, las varas más finas suelen provocar más dolor que las más gruesas, pues concentran la energía del golpe sobre una superficie menor de piel. Claro que en los castigos judiciales que mencionaba antes se emplean varas muy gruesas que provocan efectos muy distintos a los que discutimos aquí: pueden ser enormemente dolorosos, hacer sangre y hasta dejar marcas permanentes.
La idea de sufrir un “caning” suele aterrorizar a las novatas. En “50 Sombras de Grey”, Anastasia Steely contempla varias de estas varas en el “Cuarto Rojo” y decide que jamás se someterá a un castigo tan cruel. Una vez más, E. L. James nos muestra su perfecto desconocimiento del sadomasoquismo, pues de hecho el “caning” se suele considerar una práctica más bien placentera y erótica. Dentro del BDSM, una sesión de “caning” puede variar desde algo sumamente agradable hasta un castigo severo, dependiendo de la fuerza con que se administre, el número de golpes y la capacidad de la masoquista de asimilar el dolor. Se todas formas, normalmente se utiliza como juego sadomasoquista de gran intensidad, pero disfrutado por el que lo recibe.
El “caning” es un verdadero arte que requiere un cierto conocimiento, habilidad y creatividad por parte del que lo administra. El “cane” no es un palo con el que se golpea el culo sin más, sino un instrumento que debe emplearse tomando ventaja de su gran flexibilidad. Esto requiere un giro rápido de la muñeca perfectamente coordinado con el movimiento más lento del brazo, con lo que se consigue que la vara alcance la piel a gran velocidad. La gran flexibilidad del ratán puede comprobarse cimbreando la vara el aire hasta oírla zumbar, un sonido que provoca expresiones de terror en más de una sumisa. El dolor que provoca el golpe de la vara es muy especial, distinto al de los azotes con la mano, la pala y otros instrumentos. Se siente como un afilado corte en la piel acompañado de un dolor muscular más sordo bajo la zona de impacto. El dolor puede ser intenso al principio, pero pronto declina hasta convertirse en una sensación de calor. La vara deja unas marcas muy características en la piel: dos estrías rojas perfectamente paralelas separadas por una banda blanca en el centro del golpe. Cuando el “caning” se administra en su forma más ritual, estas marcas cruzan el trasero de forma perfectamente horizontal, paralelas unas a otras, formando una serie de bandas desde lo alto de las nalgas hasta los muslos. Dependiendo de la severidad del “caning” y de la calidad de la piel del quien los recibe, estas marcas durarán desde menos de una hora hasta más de un día. Suelen ser muy apreciadas tanto por el dominante como por la sumisa, que las mostrarán con orgullo a quien sepan valorarlas.
Un buen caning se caracteriza por marcas paralelas y bien espaciadas
El ritual es una parte muy importante del “caning”. Los golpes se suelen dar en múltiplos de seis. El administrador y la golpeada acuerdan de antemano cuántos golpes van a ser, quién efectuará el recuento y si el número se dirá antes o después del golpe. Lo más sencillo es que el administrador diga el número del golpe después de haberlo dado. También puede cantar el número justo antes del golpe, provocando anticipación en la que lo recibe. Si, por el contrario es la sumisa quien debe contar el golpe, deberá hacerlo mientras se debate de dolor, lo que añade una pizca de humillación al castigo. Una modalidad que se puede usar con las principiantes es hacer que pidan el golpe dando el número cuando estén preparadas para recibirlo. Con esto se les da el poder de espaciar los golpes a su gusto, con la contrapartida de tener que invocar su propio dolor.
La postura idónea para recibir los varazos es de pie con el torso doblado sobre una mesa o un pupitre, las manos y a veces la frente apoyados sobre su superficie, las piernas juntas y derechas. El culo se desnuda subiendo la falda y bajando las bragas hasta la mitad de los muslos. A la castigada se le advierte claramente que si abandona esa postura después de un golpe, este no se contará, con lo que recibirá un varazo adicional. El estar de pie permite mover la vara de forma horizontal, con lo que es más fácil de controlar. A veces se hace que la castigada adopte la postura un cierto tiempo antes del castigo, haciéndola sufrir la anticipación del mismo, o se la obliga a mantenerla cuando se ha finalizado, privándola del alivio de frotarse las nalgas y exponiendo las marcas de su trasero a todo el que quiera verlas.
Aparte de este ritual clásico, se puede usar la vara de formas más placenteras. Una técnica muy apreciada consiste en imprimir a la vara un movimiento oscilatorio muy rápido y continuo mientras se la aproxima al trasero desnudo. Los golpes son muy rápidos, pero superficiales y de baja energía, con lo que la piel recibe un masaje continuo que la calienta y enrojece. El experto en el manejo de la vara sabrá variar la fuerza de los golpes, modulándola desde una agradable vibración hasta una dolorosa azotaina. Con técnicas similares, estas varas pueden usarse como instrumentos de masaje en otras zonas del cuerpo, sobre todo en los trapecios de los hombros, los laterales de la columna vertebral, las pantorrillas y las plantas de los pies.
Otro ejemplo de las dobles marcas paralelas que deja la vara
En resumidas cuentas, el “caning” es una técnica muy recomendable para todos aquellos aficionados a los juegos sadomasoquistas. Es muy erótica, tanto si se usa para el placer como para el castigo. Como sucede con muchas prácticas BDSM, tiene su contrapartida en formas de tortura y castigos corporales muy crueles que desgraciadamente se usan todavía en muchos países. Su uso dentro del BDSM no debe entenderse nunca como el condonar estas prácticas inhumanas.
Muchas relaciones de dominación-sumisión (D/s) usan castigos como una forma de poner de manifiesto el poder que el dominante ejerce sobre la sumisa y para hacer que ella entre en un espacio mental de sumisión. Lo más corriente es que el dominante castigue administrando dolor, usando la amplia parafernalia que pone a su disposición el sadomasoquismo (SM): varas, fustas, látigos, correas, pinzas, etc. Sin embargo, con frecuencia las relaciones D/s son también SM, lo que viene a crear la paradoja de que los mismos métodos e instrumentos se usan para jugar y para castigar. La solución a esta paradoja suele ser usar una mayor dureza en los castigos que en el juego, y crear un contexto que deje bien claro que se está castigando el mal comportamiento de la sumisa. Sin embargo, la ambigüedad persiste, y si la sumisa es además muy masoquista siempre disfrutará en cierta medida del supuesto castigo, por duro que sea. Un problema similar es que frecuentemente el dominante quiere entrenar a la sumisa en que disfrute del dolor erótico que proporcionan los azotes, el bondage, las pinzas y demás implementos del sadomasoquismo. En este caso, usar el dolor como castigo tendrá el efecto contrario: el asociarlo con emociones negativas y rechazo por parte del dominante.
Por estas razones, es conveniente que el dominante tenga a su disposición una gama de castigos que no consistan en pegar, que incluso no se basen en el dolor. En su elaboración hay que tener en cuenta, por supuesto, los principios de “seguro, sensato y consensual”: los castigos no pueden nunca dañar la salud o la integridad física de la sumisa (“seguro”); no deben causar daños emocionales (“sensato”), y deben de aplicarse siempre con el consentimiento de la sumisa. De hecho, se debe establecer de antemano que la sumisa siempre puede interrumpir el castigo con el uso de su palabra d seguridad. Además, es posible encontrar castigos que sirvan para mejorar a la sumisa en algún aspecto: en su salud, en su fortaleza física o en su espíritu de sumisión. De acuerdo con todo esto, he aquí una lista de posibles castigos.
-Ducha de agua fría. El agua fría es sumamente saludable: libera endorfinas, incrementa la resistencia a las enfermedades, espabila y aumenta el metabolismo, ayudando a perder peso. Contrariamente al mito popular, el frío no ocasiona resfriados; éstos son enfermedades virales que se adquieren por contagio. El único riesgo es el de la hipotermia, pero llegar a eso requeriría una ducha muy prolongada o con agua muy fría (por debajo de los 10 C).
-Ejercicio físico. Sus efectos beneficiosos para la salud son incuestionables. Habrá que encontrar una forma de ejercicio lo suficientemente desagradable para que sirva de castigo, por lo que preferiblemente será monótona y extenuante. El dominante recurrirá a lo que tenga a su disposición. Por ejemplo, se pude usar una bicicleta estacionaria, o hacer que la sumisa suba y baje escaleras o de vueltas a la manzana corriendo.
-Sin fumar. Si la sumisa es fumadora, su adicción proporcionará al dominante uno de los castigos más eficaces y también con efectos de lo más saludable. Un día o dos sin fumar puede servir para someter a la sumisa más rebelde.
-Ayuno. ¿Necesita la sumisa perder peso? Si es así, saltarse una o dos comidas le puede venir fenomenal. Sin embargo, también hay que tener cuidado: muchas mujeres son muy sensibles a la hipoglucemia, mucho más que los hombres. El ayuno para quien no está acostumbrado a él puede interferir seriamente con el trabajo, la capacidad para conducir y otras tareas esenciales.
-Dietas de castigo. Si el ayuno no es conveniente para la sumisa, se la puede dejar comer pero cosas que no le proporcionen placer. Un castigo moderado puede ser un día sin chocolate o dulces. Si se necesita ser más severo, se pude imponer una dieta a base de arroz blanco y lechuga sin aliñar.
-Cambios en el vestuario. Muchos dominantes le quitan las bragas a su sumisa como forma de castigo, aunque para muchas mujeres esto es una fuente de excitación más que una penitencia. Una variante de este castigo es la de “bragas a media asta”: se bajan las bragas hasta la parte alta de los muslos para dejar expuestos el culo y el coño bajo la falda. Además de la sensación de desnudez, hay un recuerdo continuo de estar siendo castigada, incomodidad y algo de dificultad al andar. También se pude hacer que la sumisa vista prendas humillantes, incómodas o de mal gusto. Para algunas mujeres, no hay castigo peor.
-Copias. ¿Habéis visto a Bart Simpson escribiendo en el encerado? El hacer que el alumno escriba repetidamente la misma frase era un castigo frecuente en los colegios. Tiene las ventajas de ser algo muy fácil de comprobar y muy difícil de evadir. La sumisa tendrá que resignarse a pasar un cierto tiempo dedicada a un trabajo aburrido y monótono.
-Encierro. Preferiblemente en un armario o en un cuarto oscuro, como el que se usaba para aterrar a los niños. Pueden añadirse ataduras para inmovilizar más aún a la sumisa, o forzarla a estar de pie o en alguna otra postura incómoda. El encierro puede ser muy saludable, pues suele llevar a la sumisa a un estado mental parecido a la relajación. No debe prolongarse demasiado o usarse en personas que sufran de claustrofobia.
-Sin masturbarse. La privación de satisfacción sexual es algo que las dominatrices usan a menudo en los hombres, pero puede ser igualmente efectivo en las mujeres. La mayor parte de las sumisas no osarán masturbarse sin el permiso del dominante. Si no, se las puede atar a la cama con las piernas separadas y de forma que las manos no puedan llegar más abajo de las caderas.
-Sin orgasmo. Otra forma de privación sexual es ordenar a la sumisa a no tener orgasmos mientras es usada por el dominante para su propia satisfacción. La frustración que esto conlleva puede ser una castigo de los más efectivo.
-Tareas domésticas. Castigo muy adecuado para sumisos, quizás menos apropiado para mujeres que las tienen que realizar de todas formas. En ese caso se puede enfatizar que se trata de un castigo con toques adicionales como estar desnuda, llevar con zapatos de tacón o siendo penetrada por un consolador o un “butt plug”.
Por regla general, un castigo debe ser lo más inmediato posible y de duración limitada. Esto último dependerá de qué castigo se trate, claro está. Encierros y ejercicios físicos no deberán durar más de una hora, mientras que cambios en la dieta y prohibiciones de fumar o masturbarse deben durar alrededor de un día para ser adecuadamente severas. Un castigo bien cumplido debe borrar completamente la ofensa y ser reconocido con caricias, besos y otras demostraciones de afecto por parte del dominante. Sin un castigo es particularmente severo, esto deberá ser reconocido por el dominante, quien mostrará su admiración a la sumisa por haberlo sobrellevado.
Hay ciertos tipos de castigos que nunca deben usarse… En general, cualquier cosa que pueda causar un profundo daño emocional a la sumisa, como ponerla celosa o privarla de algo realmente valioso para ella. He oído decir que el peor castigo para una sumisa es que el dominante la prive de su atención, pero en mi experiencia esto suele salir mal. Lo que suele ocurrir es que esto lleva a una falta de comunicación entre el dominante y la sumisa que tiende a empeorar el problema inicial. El castigo tampoco debe considerarse como una solución a problemas de la relación. Éstos deben ser resueltos en plano de igualdad, y si después de hacerlo la sumisa reconoce que debe ser castigada se procederá a ello. No hay que olvidar que la regla de “consensual” significa que la sumisa acepta plenamente cada uno de los castigos que se le imponen. Nunca se debe castigar bajo el chantaje de romper la relación.
Por último, quiero señalar que el castigo, aunque desagradable, no debe ser una fuente de infelicidad para la sumisa, pues se da en el contexto de la relación D/s que debe hacerla feliz. La sumisa verá el castigo como una demostración del poder que el dominante tiene sobre ella y eso le gustará, llegando quizás a excitarla sexualmente. El llamado “fetiche de castigo” es un componente importante de las fantasías de D/s. Consiste en que la misma idea de ser castigada resulta excitante. Todo eso está bien. El dominante puede darse cuenta de que el castigo en cierta medida le está gustando a la sumisa, pero esto no debe preocuparle. La dinámica de poder funciona de todas formas, y si no fuera por esa capacidad de gozar aún de los castigos más desagradables, la sumisa nunca habría elegido serlo.
"El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y que tú eres la persona más fácil de engañar."
Richard P. Feynman
Todos tenemos una series de valores éticos fundamentales a partir de los cuales empezamos a construir todo los demás. Para los científicos como Richard Feynman, la búsqueda honesta de la verdad es esencial. Tiene su lógica, porque si no apreciamos la verdad, ¿cómo podemos estar seguros de todo lo demás? El científico lo pone todo al servicio de la búsqueda de la verdad, pero no se conforma con la verdad que ha encontrado, sino que duda de ella y sigue buscando. Porque, como dice la cita, no hay nada más fácil que engañarnos. La aplicación sistemática de este principio, el pulir constantemente nuestros instrumentos de conocimiento, ha producido lo más valioso de toda la historia de la humanidad: ese cuerpo de conocimientos que llamamos ciencia.
El no autoengañarse, el aceptar la verdad aunque no nos guste, también puede tomarse como un principio para guiar nuestras vidas. Vivir con los ojos abiertos, intentar ver las cosas como son, ¿no es esa una manera de vivir que vale la pena? El Budismo abraza ese principio: es una religión basada en curar el sufrimiento, y según ella la raíz del sufrimiento es la ignorancia. Por lo tanto, hay que esforzarse en descubrir la verdad, una verdad interior que saldrá a la luz a base de meditación, de examinar cuidadosamente cómo vivimos nuestras vidas.
Sin embargo, otras religiones se basan en el principio contrario: el aceptar sin cuestionar una serie dogmas de fe. ¿Cómo puede esto ser ético? ¿Cómo puede justificase el creer algo sin evidencia que lo respalde? Tener fe se considera algo bueno, cuando en realidad es completamente inmoral. Si la búsqueda de la verdad es un saludable principio por el que regir nuestras vidas, no puede haber disculpa alguna para aceptar algo como verdadero simplemente porque otras personas nos dicen que lo es, sin aportar prueba alguna.
¿Es acaso la felicidad una emoción? Es cierto que cuando se es feliz se tienen más emociones positivas, como la alegría, el amor y la compasión, y menos emociones negativas, como la tristeza, la ira o el miedo. Pero es posible ser feliz estando triste, y siempre habrá quien diga que es feliz con la energía que le aporta la cólera o incluso el miedo. Por lo tanto, si bien la felicidad depende en gran parte de nuestras emociones, dudo que sea una emoción en sí.
Todo el mundo dice que el dinero no trae felicidad, pero ¿es eso cierto? Algunos estudios que se han hecho sobre la felicidad indican que la gente más feliz son los que se encuentran en el medio del espectro de riqueza. Los muy pobres no son felices, pero tampoco lo suelen ser los muy ricos. Al parecer, no se pude ser feliz si no se tienen cubiertas una serie de necesidades básicas. ¿Y los ricos? Quizás el tener muchas posesiones acarre un alto grado de preocupación, y eso haga disminuir su grado de felicidad. Por la misma razón, las personas demasiados ambiciosas no son muy felices: no se lo permiten serlo a sí mismos hasta haber conseguido sus objetivos. Y cuando lo consiguen puede ser peor; el ver que ni aún eso los llena los puede ocasionar una gran frustración. Los famosos suelen morir jóvenes; muchos incluso se suicidan o se autodestruyen a base de alcohol o de drogas.
Esos mismos estudios de neurociencia sobre la felicidad (por ejemplo, los realizados por Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin) apuntan que cada persona tiene un punto fijo de felicidad. Al recibir una gran alegría nos sentimos muy felices, y una tragedia en nuestra vida nos hace sufrir, pero los dos son estados pasajeros, y al cabo de un tiempo volvemos a nuestro punto fijo de felicidad. Los más afortunados tienen un punto de felicidad alto y se las apañan para sentirse felices la mayor parte del tiempo. Pero también están aquellos que se pasan la vida en un permanente estado de melancolía. ¿No es eso, en definitiva, lo que es la depresión? Alguien que esté pasando una profunda depresión puede llegar a sentirse tan infeliz que decida suicidarse. Quizás entonces la felicidad dependa simplemente de determinados parámetros bioquímicos, de la particular mezcla de neurotransmisores que tengamos en el cerebro. La nueva escuela de materialistas a ultranza a los que les gusta negar el libre albedrío se apresurarán a afirmar que la felicidad es simplemente genética, y que podemos corregir nuestra deficiencia en ese sentido a base de pastillas.
Pero yo creo que eso es simplificar demasiado las cosas. Para empezar, aunque sea verdad lo del punto fijo de felicidad, es difícil saber si lo que lo fija son los genes o nuestras experiencias vitales (es decir, el entorno en el que hemos crecido). Seguramente será una mezcla de las dos cosas. En segundo lugar, hay un mínimo de circunstancias que parecen necesarias para ser feliz; es difícil alcanzar la felicidad cuando se vive en pobreza extrema, cuando se carece de libertad o cuando se vive en soledad, sin nadie que nos quiera. En tercer lugar, cada vez parece más claro que determinadas prácticas, como el ejercicio físico y la meditación, hacen aumentar el grado de felicidad de la gente. En cuarto lugar, una persona no puede ser feliz independientemente de la felicidad de las personas que lo rodean; existe algo llamado empatía que nos hace sufrir cuando vemos sufrir a otros y nos hace felices cuando estamos rodeados de felicidad.
Los seres humanos somos sumamente complejos y nuestro sufrimiento o nuestra felicidad no se pude explicar simplemente a base de genes y neurotransmisores en el cerebro. En realidad, no sabemos qué es la felicidad. La única manera que tenemos de medirla es preguntarle a la gente si es feliz. Y la respuesta que nos darán estará fuertemente condicionada por sus creencias. No se trata sólo de que algunas personas se sienten condicionadas a responder que son felices porque si no lo fueran eso se vería como un fracaso de su particular religión o ideología. Se trata también de que cada cual evalúa su felicidad en función de su sistema particular de valores. Para algunos, ser feliz es ser libres. Para otros, es vivir en una sociedad justa, o ser famosos, o poderosos. Si creemos que vivimos como hemos elegido vivir, o que hemos cumplido nuestros objetivos, nos recompensamos permitiéndonos ser felices. O quizás es que cuando creemos que somos felices, empezamos a serlo de verdad. Por lo tanto, la felicidad sería algo que está intrínsecamente condicionado con nuestras ideas y nuestro sistema de valores. ¿O no? Quizás sólo nos engañamos haciéndonos creer a nosotros mismos que somos felices cuando en realidad no lo somos. ¿Cómo podemos saber si somos tan felices como nuestro vecino, cuando nunca podemos experimentar lo que él experimenta?
¿Es la felicidad realmente el objetivo fundamental de nuestra vida? Tendemos a creer que es así, pero, ¿qué pasaría si nos ofrecieran ser completamente felices a cambio de volvernos tontos? ¿O de auto-engañarnos? No creo que fuera yo el único que no aceptaría la felicidad a cambio de la estupidez o de la ignorancia. O, dicho de otra manera, una felicidad que nos privara de algo esencial para ser humanos no debería ser tal felicidad.
El primer vídeo es de la canción "Blurred Lines" ("Líneas borrosas") de Robin Thicke (el guaperas con rizos y ojos azules), con Pharrell (el moreno de expresión dulce) y T.I. (el del coco afeitado que rapea). Tiene 17 millones de vistas en You Tube. Traducir la letra no me resultó nada fácil, pues tiene bastante slang, por lo que traducir literalmente al español no tiene mucho sentido. Así que lo he hecho un poco a mi aire, sustituyendo las frases hechas del inglés por expresiones parecidas del cheli madrileño.
Lo del “líneas borrosas” se refiere a lo que es permisible y lo que no lo es cuando se seduce a una mujer. Se trata de cómo Robin Thicke intenta seducir a una mujer que quiere serle fiel a su novio - ser una “buena chica”. Él le dice que la quiere liberar de ese novio carca (“square”) porque a él le gusta pervertir a las buenas chicas, sobre todo si tienen un buen culo y son “la perra más caliente de este sitio”… Bueno, ya pillas la idea. Aquí está el vídeo con la canción. Mi traducción de la letra está más abajo. Pondré la letra original en inglés en los comentarios.
¡Todo el mundo en pie!
¡Todo el mundo en pie!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
[Robin Thicke]
Si no puedes oír lo que intento decid
Si no puedes leer de mi misma página
Puede que me esté volviendo sordo,
puede que me esté quedando ciego,
puede que esté perdiendo la cabeza.
OK, [tu novio] casi lo consigue, intentar domesticarte
Pero tú eres un animal, nena, es tu forma de ser.
Déjame liberarte.
Hey, hey, hey
No necesitas papeles.
Hey, hey, hey
Ese hombre no es tu creador.
Y es por eso por lo que voy a coger a una buena chica.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme. [Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
De qué están hechos los sueños
Cuando tienes puestos tus vaqueros
A quién le hace falta vapor
cuando eres la perra más caliente de este sitio.
Tengo mucha suerte, quieres abrazarme
Hey, hey, hey
¿Qué rima con “abrazarme”?
Hey, hey, hey
OK, casi lo consigue, intentar domesticarte
Pero tú eres un animal, nena, es tu forma de ser.
Déjame liberarte.
Hey, hey, hey
No necesitas papeles.
Hey, hey, hey
Ese hombre no es tu creador.
Hey, hey, hey
Y es por eso por lo que voy a coger a una buena chica.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo. [Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
(Odio esas líneas)
Sé que lo quieres.
(Odio esas líneas)
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.
[T.I.]
Una cosa que te pido
Déjame ser el tipo al que le des ese culo.
¡Vamos! De Malibú a París, nena.
Sí, tengo una buena máquina, nena.
Así que dame un toque cuando pases por aquí
y te daré algo lo suficientemente grande para partirte el culo en dos.
Tal y como te contoneas, incluso cuando no vas muy bien vestida,
quiero decir, que no lo resisto…
Ni en cien años me atrevería
a hacerte un Pharcyde (“no hacerte caso”, referencia a un grupo musical), dejarte pasar.
No soy como tu último chico, él es demasiado carca para ti.
Ni te da un azote en el culo, ni te tira así del pelo.
Así que te observaré, te diré adiós con la mano, esperando a que me saludes.
Pero no me elegiste.
No hay muchas mujeres que puedan resistir un ataque como éste.
Soy un tipo agradable, pero te equivocarías si te lo montaras conmigo.
[Robin Thicke]
Mueve tu trasero, baja, sube
hazlo como si te doliera, como si te doliera
Aunque no te guste, funciona. [Los globos en la pared dicen “Robin Thickie tiene una gran polla”]
Nena, ¿puedes respirar?
Me agencié esto en Jamaica
Siempre me ha funcionado, de Dakota a Decatur, uh huh
No finjamos más,
Hey, hey, hey
Porque ahora estás ganando
Hey, hey, hey
Este es nuestro comienzo.
Siempre quise una buena chica, [Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo. [Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.
¡Todo el mundo en pie!
¡Todo el mundo en pie!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
¿Qué? ¿Os parece un poco machista?
Quien sí piensa que sí que es una canción (y un vídeo) machista son Zoe Ellwood, Olivia Lubbock and Adelaide Dunn, tres estudiantas de Derecho de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, quienes compusieron una canción en respuesta titulada "Defined lines" ("Líneas definidas"). Con la ayuda de tres compañeros de buen ver la montaron en este segundo vídeo, que parodia al primero. Aquí las mujeres están vestidas (y muy bien vestidas, por cierto), y los hombres desnudos. Hay numerosos apuntes a un ambiente de dominatrices y sumisos, y referencias al BDSM mucho más explícitas que en el primer vídeo. Aunque éste vídeo está hecho en plan amateur, se hizo viral en You Tube, con más de 600,000 vistas. Fue censurado un tiempo por "contenido sexualmente inapropiado"; para luego reconocer You Tube que había cometido un error.
(Anuncio: "Ningún hombre fue dañado al hacer este vídeo")
¡Qué se callen todos los machistas!
¡Qué se callen todos los machistas!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Chico, más te vale dejar
todos tus hábitos sexistas
así que escucha nuestro manifiesto
de la era moderna.
Es hora de minar
los confines de la masculinidad
porque no queremos que nos jodan.
Te crees con mucho estilo
déjame emascularte
porque tu preciosa polla
puede ser mi vibrador.
Sentimos la frustración
de toda esa explotación
prepárate para tu castración
porque vamos a joder
este mundo de hombres
con toda sus patrañas
las chicas no se lo merecen
y por eso renunciamos a él.
¡No somos buenas chicas!
Somos escolásticas
astutas y sarcásticas.
No un puto plástico.
¡Escuchad, hombres!
Si quieres echar un polvo
no me acoses
no puedes simplemente llegar y agarrarme
¡Eso es un crimen sexual!
Sí, no queremos nada de eso
es chauvinista
y tú tan machista.
Lo que ves en televisión
no habla de igualdad
está lleno de misoginia.
¡No quiero que te corras en mi cara!
Te crees muy macizo
dices que quieres abrazarme
pero quieres decir follarme.
Te pido una cosa
no asumas que todas queremos follar
Tienes que respetarme si quieres que sea tu chica
No queremos ningún gilipollas a quien desaprobemos.
Necesitamos una inversión de roles universal
en la vida real
no como un ensayo.
Debemos resistir los roles de género
Tenemos que poner a la misoginia en libertad condicional
Y a la explotación en arresto domiciliario
Ya es hora de que seas testigo de nuestra liberación.
Hay más cosas en la vida que la penetración
y la discriminación sexual.
Así que esta noche ponemos en marcha nuestros derechos civiles
Resistimos el chauvinismo y ganamos la batalla
porque tu vivir a gusto
es sólo un montaje
de tú y tus amigos jugando al Entourage.
Pero no somos putas que te hagan las tareas domésticas
o te preparen un bocata
a cuatro patas.
Desde la Historia de Él a la Historia de Ella
Ya sé que tienes opiniones que no compartimos
Necesito llamar a mi hermana Juana de Arco
¡Guisa un pastel feminista
Antonieta María!
Sí, tíos, tenemos espías
Y todo lo que vosotros queréis hacer es fertilizar.
Pero apartad la vista de nuestros muslos.
Nunca le digas a una perra que tiene que adelgazar
¿Quieres follar? Enséñame tu tableta
¿Quieres una “pista de aterrizaje”? Pues ponte cachas.
Pido disculpas si piensas que mis versos son vulgares
Dime, cómo te sienta cuando abusan verbalmente de ti
Este mundo de hombres
con toda sus patrañas
las chicas no se lo merecen
y por eso renunciamos.
¡No somos buenas chicas!
Somos escolásticas,
astutas y sarcásticas
no un puto plástico.
¡Escuchad, hombres!
Si quieres echar un polvo
no me acoses
no puedes simplemente llegar y meterme mano
¡Eso es un crimen sexual!
Sí, no queremos nada de eso
es chauvinista
y tú tan machista.
Bueno, ¿qué os parece? Francamente, a mí me gusta más el segundo vídeo, a pesar de que me van más las chicas semidesnudas del primero que los tipos musculosos del segundo. Al menos se entiende la letra. Pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con ella... Vamos, que las chicas se pasan cien pueblos con eso de "voy a emascularte, voy a castrarte".
Pero creo que es muy importante reflexionar sobre esta canción porque señala que una cierta visión del feminismo anti-hombre y anti-sexo sigue viva y en boga. Uno de los mitos fundamentales de este tipo de feminismo es que los hombre desean más el sexo que las mujeres y buscan imponérselo continuamente. ¿Es esa la realidad, o son las mujeres tan sexuales como los hombres?
¿Es el sexo un acto de violencia y dominación, que bien es perpetrado por el hombre sobre la mujer, o por la mujer sobre el hombre?
¿Conlleva la liberación de la mujer la derrota del hombre? ¿O nuestros intereses comunes superan nuestras diferencias?
¿Somos los hombres los responsables de la opresión de la mujer? ¿O lo es una cultura sexista que se impone tanto a hombres como a mujeres?
¿Es el feminismo una guerra entre los sexos? ¿O una visión común de una sociedad más igualitaria y más justa a la que aspiramos tanto hombres como mujeres?
Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia.
Después de una ruptura no hay que odiar a quien nos ha dejado, pues ese resentimiento significa que aún seguimos encadenados. Sólo la bendita indiferencia nos devuelve la libertad para amar otra vez.
Hoy en día, siempre que se habla de problemas de pareja se ofrece la comunicación como el remedio absoluto. Pero bueno, ¿es que nadie se para a pensar que a veces lo que se comunica no hace sino empeorar la situación? Porque si lo que se siente es antipatía, hostilidad, aburrimiento, ganas de controlar o de no ser controlada… Cuanto más salgan a flor esos sentimientos, peor va a ser la situación, ¿o no?
Para empezar, hay que partir de la base de que hay parejas que no merecen la pena ser salvadas. Lo de “hasta que la muerte nos separe” puede ser una receta para la infelicidad de por vida. Peor todavía: hay personas que no se merecen nuestro amor. Sí, yo soy el primero al que le encantaría abonarse a eso de “too er mundo es güeno”, pero recientes encuentros con algún que otro horrible ejemplar de ser humano me han convencido de lo contrario. La vida es demasiado corta para malgastarla en gente posesiva, cruel, egocéntrica, maltratadora o incluso psicópata.
Pero pongamos el caso de que se trata de una pareja que sí merece la pena ser salvada. Que son dos personas que se quieren mucho pero que no encuentran la forma de llevarse bien. Que la relación está pasando por un bache que seguramente es temporal, pero que no se ve la forma de salir de él… Y que eso de la comunicación a destajo no hace sino empeorar las cosas.
Hace varios años, durante una crisis en mi propio matrimonio, hice un descubrimiento que transformó completamente la forma en que me relaciono, no sólo con mi pareja, sino con casi todas las personas cercanas a mí. Descubrí que cuando hablamos con nuestra pareja, incluso cuando nos relacionamos con ella de cualquier otra forma, lo hacemos en una de estas dos modalidades: lucha de poder o colaboración.
En la modalidad de lucha de poder (“power struggle” en inglés), lo que importa es ganar. La conversación se convierte enseguida en una discusión en la que cada cual toma una posición determinada. Abandonar esa posición supone, no el conceder que la otra persona tiene razón, sino una pérdida de prestigio, una humillación intolerable porque supone un desgaste de nuestro estatus dentro de la pareja. Es más, si perdemos la partida el ganador se apunta un tanto que luego nos recordará en discusiones posteriores: “Si es que no dices más que tonterías, como aquella vez que dijiste…” De esta forma, al no poder ceder terreno, se cae en la irracionalidad de tener que mantener que tenemos razón a toda costa. La única manera de bajarnos de una posición insostenible es conseguir que se olvide. En definitiva, es así como funcionan las pugnas entre los partidos políticos: nadie puede reconocer ante los votantes que ha perdido un debate. Cuando se convive en medio de una lucha de poder, todo puede dar origen a una confrontación, pues no se trata de resolver problemas, de buscar soluciones, sino de proteger el ego. La relación misma se percibe como un delicado equilibrio entre posiciones enfrentadas. Cada conversación se teme; supone un desgaste y un gran consumo de energía, pues no se puede bajar la guardia. Todo debe negociarse cuidadosamente para que nadie gane y nadie pierda, para repartir el pastel exactamente por la mitad. El conseguir poder sobre el otro se convierte en el objetivo primordial.
Pero en realidad esa confrontación es básicamente ilusoria, porque en la pareja los objetivos comunes superan con creces a los objetivos no compartidos. Si no fuera así, habría que plantearse si vale la pena continuar juntos. Por ejemplo, a los dos les interesa que a la pareja le vaya bien económicamente, que la casa esté limpia y ordenada, que se disfrute en el sexo, que haya buena comunicación y, fundamentalmente, que la otra persona sea feliz. Cuando los dos se dan cuenta de que conseguir los objetivos comunes es más importante que proteger el ego, entonces se produce una transición desde la lucha de poder a la colaboración.
Las conversaciones en la modalidad de colaboración no son discusiones, no existen posiciones demarcadas. Cada uno construye sus ideas sobre las ideas del otro, en una búsqueda conjunta de la verdad, de una solución. Se dan en un clima relajado, donde la conversación en sí produce bienestar. Sí, a veces hay que acceder a hacer algo que no nos gusta, pero a esa carga no se le añade la carga adicional de sacrificar el ego y el prestigio. Al contrario: queda claro que lo hacemos por amor, por hacer feliz a nuestra pareja. Y eso es lo que se recordará en el futuro, no el que hayamos perdido una partida.
Las modalidades de lucha de poder o colaboración son tan intrínsecamente incompatibles entre sí que una vez que se entra en ellas se extienden rápidamente a todo lo que ocurre dentro de la pareja, como el cambio de fase en un sistema físico. En realidad, están enraizadas en nuestra actitud interior, en cómo vivimos nuestra vida. Si sentimos inseguridad, complejo de inferioridad y paranoia, viviremos con la sospecha continua de que nos quieren controlar y que debemos de proteger nuestro ego. Entonces caeremos una y otra vez en la lucha de poder. Si, por el contrario, estamos seguros de nosotros mismos y sentimos placer en el hecho de dar, la colaboración surgirá espontáneamente. Al depender de nuestra actitud interior, estas dos modalidades de relacionarnos no se limitan a la pareja. Si prestamos atención, veremos cómo surgen en nuestra relación con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo. Es verdad que en interacciones que no se basan en el amor, donde el sistema social en el que vivimos impone sus normas de egoísmo obligatorio, no siempre es posible operar en modo de colaboración. Aun así, si vivimos con la actitud correcta podemos llevarnos sorpresas agradables. Cuando tratamos a la gente sin desconfianza, sin hostilidad, suelen responder de la misma forma. Y aunque no lo hagan, podemos llegar a descubrir que nuestra actitud interior es su propia recompensa.
Este breve estudio de la fisiología del sadomasoquismo no estaría completo sin hablar de las llamadas “hormonas sociales”: la oxitocina y la vasopresina. Cuando se liberan en la sangre, estas sustancias actúan como hormonas que regulan determinadas funciones fisiológicas. La oxitocina desencadena las contracciones del útero durante el parto y también la secreción de leche en la lactancia. Por su parte, la vasopresina aumenta la presión sanguínea constriñendo los vasos sanguíneos y aumentando la retención de agua en los riñones. Sin embargo, recientemente se ha descubierto que estos dos péptidos desempeñan funciones muy distintas dentro del cerebro. La oxitocina produce vinculación afectiva, aumentando los sentimientos de confianza y lealtad. Niveles altos de oxitocina y de sus receptores en el cerebro están relacionados con la monogamia en determinadas especies animales y seguramente también en los seres humanos. También se ha visto que la oxitocina aumenta la vinculación con personas que pertenecen a nuestro mismo grupo y el rechazo a personas fuera de ese grupo. Sin duda es así como regula el comportamiento monógamo: aumentando la lealtad a la pareja y el rechazo a miembros del otro sexo que no son nuestra pareja. Mientras que la función de la oxitocina es más importante en las hembras, la vasopresina prepondera en los machos, en los que promueve conductas territoriales y sentimientos de control y dominación. Podemos ver, por lo tanto, que la oxitocina y la vasopresina seguramente son liberadas durante una sesión sadomasoquista, y jugarán un papel importante en el estado mental tanto de la sumisa como del dominante. Sin ir más lejos, la estimulación de los pezones es uno de las formas más eficaces de liberar oxitocina. El llamado “subspace” - el espacio de sumisión - quizás esté relacionado con la liberación de oxitocina, que hace la sumisa le entregue su confianza total al dominante y sienta un profundo vínculo con él.
Los beneficios del masoquismo
Hemos visto que los juegos sadomasoquistas afectan de manera muy profunda al cerebro. No son efectos malsanos, sino comparables con los que producen otras actividades fuertemente excitantes, como los deportes extremos. Por el contrario, cabría enumerar una serie de efectos beneficiosos. Al poder explorar sus fantasías sexuales, la masoquista aprende a conocerse mejor. El entrenamiento en la dominación-sumisión puede llegar a convertirse en una auténtica ruta de transformación personal en la que se liman las asperezas del carácter, se eliminan emociones negativas y se aprende a tomar una actitud positiva ante las dificultades de la vida. El masoquismo lleva a una comprensión profunda del dolor, cómo afecta a la mente y cómo nuestra actitud frente a él puede regular su intensidad. Sin duda, esta comprensión ayudará al masoquista cuando inevitablemente la vida lo exponga a situaciones dolorosas.
Sadismo, empatía y compasión
¿Y qué decir del sádico? ¿Qué cambios se producen en su cerebro durante la sesión sadomasoquista? ¿Son tan profundos y beneficiosos como los que tienen lugar en la masoquista? Habría que empezar por comprender por qué el sádico siente placer con el dolor que proporciona.
Determinados actos de crueldad son posibles porque existe una profunda desconexión emocional entre el torturador y su víctima, de forma que el primero consigue aislarse emocionalmente del sufrimiento que produce. La reacción natural es lo contario: la empatía. Ver sufrir a alguien nos produce sufrimiento a nosotros mismos. En experimentos que usan resonancia magnética nuclear y otras técnicas que permiten detectar las zonas del cerebro que se activan en determinadas situaciones, se ha comprobado que el ver sufrir a otra persona produce el mismo tipo de actividad en la ínsula y en el córtex del cíngulo anterior que el experimentar dolor uno mismo. Un paso fundamental en la evolución del ser humano fue la aparición de una facultad mental llamada “teoría de la mente”: la capacidad de atribuir pensamientos y emociones a otras personas análogos a los que tenemos nosotros mismos. Esta facultad es vital para la supervivencia, pues nos permite predecir las acciones de las personas que nos rodean. En ella participan las llamadas “neuronas espejo”, que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando vemos a alguien ejecutar la misma acción. En la vida cotidiana nuestra mente realiza sin parar un simulacro del estado mental de la gente que nos rodea, y ajusta nuestras emociones de acuerdo con esa percepción. La empatía, por lo tanto, es el reflejo en nuestra mente del sufrimiento de los demás, una de las propiedades más básicas del ser humano. Las personas que carecen de empatía desarrollan a menudo comportamientos sociopáticos, al ser incapaces de planear sus acciones teniendo en cuenta cómo afectan a las personas de su entorno.
Yo creo que el sádico hace daño, no porque carezca de empatía, sino justamente por lo contrario. No busca desconectar del dolor que produce, sino sentir ese dolor como propio, porque despierta en su cerebro las mismas reacciones que en el cerebro de la sumisa. Es quizás por eso que muchos sádicos, empezando por el propio Marqués de Sade, son también masoquistas. Sólo hay que fijarse en el comportamiento del típico sádico en una sesión: pone todo su esfuerzo en conectar emocionalmente con la masoquista. Quiere oírla gritar y quejarse. La mira a los ojos para beber su dolor. Le toca la piel para sentir el calor y el relieve de las laceraciones. El buen sádico, al contrario del torturador, busca por todos los medios aumentar su empatía con la sumisa. En la medida en que lo consiga, será capaz de guiar a la masoquista al estado mental en el que ella disfrutará plenamente de la sesión. Con esto no quiero decir que el cerebro del sádico experimente los mismos cambios fisiológicos que el de la masoquista. Lo más probable es que su cerebro permanezca en un estado de activación adrenérgica, de “pelea o huida”, lo que le permite experimentar el éxtasis del poder y el control mientras que la sumisa se sumerge en el abandono y la entrega que proporcionan las endorfinas.
Si todo esto es cierto, el camino del sádico es el de la profundización en la empatía. Su entrenamiento consiste en aprender a “leer” a la sumisa cada vez mejor, con la doble finalidad de acompañarla en sus sensaciones y de adecuar la sesión a sus necesidades. Esto no puede ser malo. Cabe pensar que una empatía creciente puede llegar a extenderse a otras personas, para al fin llegar a convertirse en una de las emociones más valiosas del ser humano: la compasión.