domingo, 3 de febrero de 2013

El mantra de la compasión




Que seamos libres.

Que estemos a salvo.

Que tengamos salud.

Que seamos felices.

Que vivamos una vida fácil,

sin preocupaciones ni miedos.

Éste es el mantra de la compasión. Se utiliza en una forma de meditación basada en el Budismo Tibetano, que consiste en repetir estas frases mentalmente, buscando desarrollar las emociones asociadas con ellas. El sujeto de las frases es, al principio, uno mismo… Nos deseamos libertad, seguridad, salud, felicidad, etc., a nosotros mismos. Luego se va expandiendo a las personas a las que queremos, a las que conocemos, a nuestros enemigos, incluso… hasta abarcar toda la humanidad.

La palabra “compasión” tiene algo de mala prensa. A muchos le suena a algo que se siente por aquellos a quienes consideramos inferiores a nosotros, por ser más débiles e indefensos. En particular, está mal visto sentir compasión por uno mismo - autocompasión - porque eso equivaldría a vernos como seres débiles y lastimeros, en vez de los valientes luchadores que todos pretendemos ser. La psicología moderna enfatiza un modelo de persona basado en la seguridad en uno mismo, pero no nos explica demasiado bien lo que tenemos que hacer cuando sufrimos un revés a pesar de toda esa seguridad. Estudios recientes han mostrado que personas entrenadas en la compasión por uno mismo (“self-compassion” en inglés, que no es lo mismo que “autocompasión”, que se traduciría como “self-pity”) tienen más éxito que las personas con mucha seguridad en sí mismos.

El sentido original de la palabra compasión es el de “sufrir con alguien”, es decir, el sentir empatía por el sufrimiento de los demás. Ese es precisamente el significado de la compasión budista, “karuna” o “metta”. El sentir empatía por el sufrimiento de alguien no conlleva que nos sintamos superiores a esa persona, sólo se trata de darse cuenta de que todos sufrimos, tarde o temprano. No podemos ser felices si estamos rodeados de sufrimiento. Si somos capaces de serlo, es porque una parte esencial de nuestra humanidad se ha atrofiado: la parte que nos permite sentir empatía. Esta meditación sobre la compasión pretende conseguir lo contrario: entrenar nuestro sentido de empatía hasta conseguir que la emoción de la compasión se convierta en una constante en nuestras vidas.

¿Y la compasión por uno mismo? Paradójicamente, para disminuir nuestro sufrimiento primero debemos volvernos sensibles a él. Sólo así conseguiremos darnos cuenta de los hábitos mentales y las emociones negativas que nos hacen sufrir. Este darnos cuenta nos llevará de forma natural a modificar el funcionamiento de nuestra mente, de forma que aprendamos a existir en un estado de mayor felicidad.

El mantra de la compasión es dominio público, pero yo lo encontré en el libro “The Mindful Path to Self-Compassion”, por Christopher K. Germer, publicado por Guilford Press. Excepto el primer verso. Un día, al recitarlo con mi familia antes de comer, me di cuenta de que faltaba algo: la búsqueda de la libertad, que siempre debe contrarrestar nuestro deseo de seguridad.   

lunes, 14 de enero de 2013

¿Se pueden evitar los celos?


De todas las emociones negativas y destructivas que se pueden tener, los celos son sin duda la que cuenta con mejor prensa. Las novelas, las películas, las series de televisión… todas están de acuerdo en reafirmar la misma creencia: los celos son una parte inevitable de toda relación amorosa. Muchas veces se va incluso más lejos, para afirmar que los celos son una señal de amor. Sin embargo, los celos son la causa de una desmesurada cantidad de sufrimiento. Muchas parejas entran en una dinámica de celos, sospechas, prohibiciones y lucha por la libertad que a menudo llevan a la destrucción de la relación. Lo vemos por todas partes: infidelidad sexual que lleva inmediatamente al divorcio, dejando una estela de familias rotas y niños que tienen que aprender a luchar para mantener su relación con sus dos padres. En los casos más extremos, los celos son la causa de la violencia de género que produce un daño extremo, incluso la muerte, a muchas mujeres.

¿Es verdad que los celos son una parte inevitable de la naturaleza humana? ¿Que tenemos que aceptarlos como centinelas de la sacrosanta pareja monógama? ¿O es posible amar dejando que la persona que amamos sea amada por otros? Cada vez más gente elige vivir en relaciones que desafían al canon de la monogamia, como las parejas abiertas y el poliamor. Sí, es verdad que aún en este tipo de relaciones también se dan los celos, pero no se aceptan como algo positivo, sino como un obstáculo a vencer. 

El primer paso para evitar los celos es comprenderlos. Para empezar, hay varios tipos distintos de celos…

1.      Celos de sexo. Los más corrientes. Surgen cuando nuestra pareja tiene relaciones sexuales, o desea tenerlas, con otra persona. Se suelen manifestar como asco al imaginar a la persona amada follando con otro o con otra: nos fijamos en la repulsión que nos produce un cuerpo extraño en contacto con el cuerpo que deseamos. También provoca ira hacia el rival y hacia nuestro compañero o compañera, que puede llevar, como es bien sabido, hasta la violencia física y el asesinato. Hoy se especula que este tipo de celos se da más en los hombres que en las mujeres y pueden estar relacionados con la hormona social vasopresina, que produce un apego basado en la posesividad y la territorialidad.

2.      Celos de amor. Algunas personas pueden tolerar que su pareja tenga relaciones sexuales, siempre y cuando se mantengan en un nivel superficial y no lleven al enamoramiento. Otras veces los celos de amor se dan al mismo tiempo que los celos de sexo, sólo que el sexo con otra persona se rechaza más que nada porque tememos que es una señal de amor. Aunque también despiertan la ira, los celos de amor suelen venir acompañados de tristeza, desesperanza y pérdida de la seguridad en uno mismo. Cabe especular que son más propios de la mujer que del hombre y que están relacionados con la oxitocina que, como la vasopresina, motiva el comportamiento monógamo. Sin embargo, al contrario que la vasopresina, el apego que produce la oxitocina se basa más en el deseo de amparar que en la posesividad.

3.      Envidia. A veces es difícil distinguir la envidia de los celos. Por ejemplo, si a mí me gusta Fulanita y ella empieza a salir con otro, lo que siento hacia él se debería llamar envidia, ya que al no tener yo una relación con Fulanita, no habría celos propiamente dichos. Casos más claros serían, por ejemplo, cuando se envidia el amor que vemos en otra pareja.

Existen varias razones para pensar que los celos no son inevitables. La más convincente es que existen hoy en día miles de personas que practican la pareja abierta y la poliamoría, y que no sienten celos cuando su amado o amada tienes relaciones sexuales con otros (celos de sexo), o incluso cuando se enamora de otra (celos de amor). Pero, ¿no será esto porque algunas personas son naturalmente no-monógamas? Desde que se descubrió el papel que juegan la oxitocina y la vasopresina en la monogamia (véase mi blog anterior sobre la oxitocina), se ha especulado que hay personas que producen una mayor cantidad de estos péptidos (o de sus receptores) y son naturalmente monógamas, mientras que otras personas serían naturalmente “infieles” por la razón contraria. Personalmente, prefiero creer que el ser humano tiene la capacidad de controlar sus propios sentimientos y estilo de vida, y no es un simple esclavo de su bioquímica.

No nos confundamos, no estoy diciendo que las emociones se pueden controlar a base de un esfuerzo de la voluntad. Al contrario: una vez presente en nuestra mente, cualquier emoción es muy difícil de suprimir. Si estamos enfadados, o tristes, o asqueados, seguramente seguiremos así durante un tiempo. Pero también es verdad que las emociones se pueden controlar evitando que aparezcan en primer lugar, o acortando su duración a base de no alimentarlas si ya han aparecido. En el caso concreto de los celos, si hemos decidido vivir sin ellos podemos introducir una serie de cambios en nuestra forma de pensar que a la larga los hagan menos frecuentes y menos dolorosos, llegando incluso a hacerlos desaparecer. Esto es lo que yo aconsejaría…

1.      Examina tus creencias. Si sigues convencido de que tienes la obligación de estar celoso, de que los celos contribuyen a la estabilidad de la pareja, o de que son una señal de amor, difícilmente podrás evitarlos.

2.      Si te sientes celosa, reconócelo. Primero, delante de ti misma, y luego cuéntaselo a tu pareja. Pero esto no quiere decir que reacciones con ira o culpabilizándola. Al contrario, si le haces saber que a pesar de estar celoso luchas por evitarlo, la tendrás de tu lado.

3.      Si sientes celos de sexo, examina esa imágenes que te producen tanta repugnancia. A la mayor parte de la gente les excita la imagen de dos personas haciendo el amor. ¿Por qué no sentir lo mismo si la imagen incluye a la persona a la que quieres? ¿Qué detalles en la imagen de tu amada haciendo el amor con otro te dan asco? 

4.      Toma conciencia de toda esa propaganda encubierta a favor de los celos con las que se nos bombardea a diario. 

5.      Niégate a participar en esas convenciones sociales que refuerzan la idea de los celos como algo positivo: el hablar de “cuernos”, de “infidelidad”, de “engaño”, para referirse a las relaciones sexuales fuera del corsé de la monogamia.

6.       El sexo es sólo eso: sexo. No es engaño si no se miente sobre ello. No es infidelidad si mantenemos el amor y la lealtad a nuestra pareja, si la tratamos con respeto y con cariño.

7.      Los celos de amor suelen ser un síntoma de inseguridad. Ese miedo a ser abandonada, a que te dejen de querer, viene de una baja autoestima. Si estuvieras segura de que eres lo mejor para él, no tendrías tanto miedo a que te abandone.

8.      Nunca se te ocurra poner celosa a tu pareja para asegurarte su amor. Sólo conseguirás lo contrario: que la sospecha y la mentira se instalen en tu relación.

9.      ¿Qué hay de malo en que alguien quiera a la persona que tú quieres? Si es tan maravillosa, y tú la quieres, ¿por qué no la va a querer alguien más? 

10.  El amor no se rige por las leyes de la aritmética. No es que tengamos una cantidad fija de amor que haya que repartir entre varias personas. El amor no es cuantificable. Por lo tanto, cuando tu pareja le da a alguien su amor, no te lo quita a ti. 

11.  Existe una emoción positiva opuesta a los celos. En inglés se le ha llamado “compersion”, por lo que quizás la podamos traducir al castellano como “compersión”. Se refiere a la alegría que se siente cuando la persona a la que amamos es amada por otros. Incluso a excitarse sexualmente con la imagen de nuestra pareja haciendo el amor con otros. Si alguna vez sientes algo así, aprécialo. La compersión anuncia el fin de los celos. 

Quizás todo esto te parezca utópico, absurdo. Pero lo cierto es que cada vez somos más los que vivimos sin celos. Hablamos con nuestra mujer sin pudor de las chicas que nos gustan. Nos tomamos una cerveza con nuestra amante y sonreímos mientras ella nos cuenta su aventura sexual de la noche anterior. Es una forma bonita de vivir porque, en definitiva, vivir rodeados de amor no puede ser malo… aunque ese amor no vaya siempre dirigido a nosotros. 


domingo, 30 de diciembre de 2012

Reflexiones sobre la muerte

Para los que entendáis el inglés, no os perdáis este precioso vídeo hecho en base a una charla sobre la muerte del filósofo americano Alan Watts. Y aunque no sepáis inglés, seguro que os gusta la animación y la música de MIke Oldfield (Songs of Distant Earth)...

Vídeo sobre la muerte

¡Qué disfrutéis!

domingo, 23 de diciembre de 2012

Kindle, el mejor amigo del escritor moderno



Estos días me preocupo mucho sobre cómo publicar. Durante los últimos tres años el escribir mi novela ha sido la pasión de mi vida. Ahora que está terminada la quiero publicar para que llegue al mayor número de lectores posibles y, por qué no, ganar algo de dinero con ello. en realidad, mi ilusión sería poder ganar el suficiente dinero escribiendo para dedicarme a ello por completo. No es que me desagrade mi carrera científica, ni que me vaya mal en ella, pero creo que sería mucho más feliz escribiendo novelas y divulgación científica, como hacía Isaac Asimov.

El problema es que escribir no da suficiente dinero, a no ser que consigas que tus libros sean super-ventas. Típicamente, las editoriales pagan a los escritores un 10% (un 15%, si tienes suerte) del precio de un libro. Sí, no lo has leído mal: si tú pagas 10 euros por un libro, un euro va al escritor y la editorial se queda con los 9 euros restantes. No sólo eso, sino que la editorial le impone al escritor un contrato draconiano dónde todos los derechos de autor, el copyright, pasa a la editorial. Así, por ejemplo, si la novela en cuestión tiene un éxito rotundo y una productora cinematográfica quiere hacer la película, le compraría los derechos de autor a la editorial y no al escritor. 

Todo esto puede parecerte completamente injusto. A fin de cuentas, el libro lo ha creado el escritor, no la editorial, ¿a cuento de qué se apropia esta compañía de todos los derechos? Quizás se trata de un puro ejercicio de poder; si quiere publicar, al escritor no le queda otro remedio que pasar por la editorial. Y cuando se es un escritor novel la cosa está mucho peor, pues existe mucha competencia y a las editoriales le sobran ofertas de libros que publicar. 

Pero también es verdad que publicar un libro es un proceso muy caro y arriesgado, y que es la editorial la que afronta el riesgo y las posibles pérdidas si el libro no se vende. Publicar un libro implica una serie de procesos que son caros y complicados: imprimir, almacenar, distribuir y promocionar el libro. En particular, los sistemas de impresión, almacenamiento y distribución requieren una organización que está fuera del alcance del escritor, lo que hace que éste dependa de la editorial.

Hasta que llegó el libro electrónico, claro está. De un plumazo, el problema de la impresión, almacenamiento y distribución queda resuelto. Un libro electrónico no se imprime, va en un fichero digital que se puede almacenar en cualquier ordenador y distribuir en la red con un simple click de ratón. De hecho, el problema de distribución es ahora el inverso: un libro digital se pude copiar tan fácilmente que el autor corre el riesgo que se lo pirateen en vez de comprárselo. 

La compañía Amazon.com, que ya se había apoderado de una buena parte del negocio de distribución y venta de libros de papel, dejando en la cuneta a muchas librerías tradicionales, supo ver enseguida la oportunidad comercial que representaba el libro electrónico. Concibió una estrategia a largo plazo, a base de inventar una tableta dedicada específicamente a leer libros, el Kindle. Pero el Kindle no era más que una copia de otra tableta que ya había producido Sony, la auténtica genialidad de Amazon.com fue el crear una infraestructura que les permitió acaparar en poco tiempo el mercado del libro electrónico a nivel mundial. Parte de esta estrategia fue ofrecerles a los escritores un trato mucho más beneficioso que las editoriales tradicionales. Kindle te ofrece el 70% de los beneficios de venta de tu libro, en vez del 10%. O sea, que si publico con una editorial tradicional tengo que vender siete veces más libros que por Kindle para ganar lo mismo. Pero no acaba ahí la cosa, Kindle no te exige que les transfieras el copyright, por lo que siempre tienes la opción de cancelar la venta de tu libro en Kindle si recibes una buena oferta de una editorial. O no: puedes seguir vendiendo por Kindle y ganando el 70% por tus libros electrónicos al tiempo que publicas en papel ganando el 10%. Eso es lo que hace E.L. James con su bestseller “50 Sombras de Grey” que, no lo olvidemos, alcanzó su éxito como libro electrónico antes de ser publicado en papel. Encima, E.L. James puede llevarse todos los beneficios de vender los derechos de su obra para hacer la película. Señoras y señores, he aquí la manera de hacerse millonario.

¿Y qué hacen las editoriales tradicionales ante la enorme amenaza que les supone Amazon.com con su Kindle? Nada. Siguen tratándonos a los escritores noveles como basura, entregando así toda una nueva generación de escritores a Kindle. Quizás crean que le libro electrónico es una moda pasajera, o que Amazon.com acabará por adoptar el sistema antiguo para volver a explotar a los escritores. Pero no va a ser así. Amazon.com no es una organización filantrópica dedicada a ayudar a los escritores y a promocionar la lectura, es una compañía que tiene que sobrevivir en el actual sistema de capitalismo salvaje. Si operan como lo hacen es porque tienen buenas razones para ello. Lo que ocurre, simplemente, es que las barreras que antes había entre el escritor y el lector -imprimir, almacenar, distribuir- han desaparecido. Si Kindle no le ofrece al escritor un buen trato, éste podría optar por abrir una página en la web para vender sus libros directamente al lector y embolsarse así el 100% de los beneficios. Tengo entendido que esto es lo que hace J.K. Rowling, la creadora multimillonaria de Harry Potter. A fin de cuentas, si tienes millones de lectores esperando impacientes tus próximo libro, ¿para qué ibas a dejar que nadie sino tú gane dinero vendiéndolos? 

Claro que yo no soy E.L. James o J.K. Rowling. Soy un escritor completamente desconocido con una novela que nadie sabe si se va a vender o no. Lo que nos lleva de vuelta al sistema del que hablaba antes: impresión, almacenamiento, distribución y promoción. Hemos eliminado los tres primeros pasos, pero queda el último. Las editoriales tradicionales también servían de criba para hacerle llegar al lector libros con una mínima calidad; les daban su sello de prestigio y contribuían a promocionarlos. Si ahora un montón de escritores pueden publicar con unos costes mínimos, ¿cómo va a saber el lector cuáles son los que vale la pena leer? Kindle se ha dado cuenta del problema y ha establecido un sistema para destacar los libros que más se venden. Es, si quieres, un sistema democrático donde son los lectores, y no las editoriales, los que determinan el éxito de un libro. Pero para el escritor que empieza, como yo, el problema sigue estando ahí: ¿cómo conseguir que su libro empiece a venderse rápidamente en el momento de colgarlo en Kindle? Si alguien sabe la respuesta a esa pregunta, me haría un enorme favor si me la dijera.

domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Clítoris o punto G? La controversia en torno al orgasmo femenino



La versión oficial, la defendida por los sexólogos y otros expertos, es la siguiente. Existe un solo tipo de orgasmo femenino: el que es desencadenado por la estimulación, directa o indirecta, del clítoris. Aunque algunas mujeres sean capaces de alcanzar el orgasmo durante la penetración, esto se debe a que el pene estimula el clítoris indirectamente con sus movimientos en la vagina. Por lo tanto, el orgasmo vaginal propiamente dicho no existe. Las paredes vaginales están prácticamente desprovista de terminaciones nerviosas que puedan desencadenar el orgasmo. La eyaculación femenina es un mito, lo único que sucede es que algunas mujeres producen una gran cantidad de lubricación vaginal.

Por ejemplo, la sexóloga Raquel Díaz Illescas escribe en su blog Sexualidad Positiva: “Dejemos ya de hablar de una vez de aquello del orgasmo clitoridiano o el vaginal: hay simplemente un orgasmo. Otra cosa será la manera en que lleguemos a éste. Unas mujeres llegarán con más facilidad con la estimulación manual, otras con el rico y placentero sexo oral, otras con la motivación indirecta durante el coito, otras no tendrán problema en conseguirlo de cualquier forma y algunas estarán todavía esperando a tenerlo con la penetración. Lo que está claro es que el orgasmo femenino tiene como protagonista principal al clítoris.” (http://sexualidadpositiva.blogspot.com/2011/09/el-protagonista-de-los-orgasmos.html)

Sin embargo, existe otra versión, la que cuentan muchas mujeres (y sus amantes) que se han embarcado en una exploración minuciosa y profunda de su propia sexualidad. Según ella, existen al menos dos tipos de orgasmos distintos, clitoridal y vaginal, que difieren en la calidad de la sensación más que en su intensidad. El orgasmo vaginal se puede desencadenar independientemente de la estimulación del clítoris a través de un punto situado en la cara anterior de la vagina, el llamado punto Grafenberg (normalmente abreviado como “punto G”). A menudo, el orgasmo vaginal va acompañado de la emisión de un chorro de líquido claro que es claramente distinto de la orina o del exudado vaginal. Aunque muchas mujeres son incapaces de alcanzar el orgasmo vaginal de entrada, éste se puede entrenar a base de sensibilizar el punto G a base de masajes prolongados con el dedo.

¿Quién tiene razón? Para mí está muy claro que la segunda versión es la correcta. Digo esto basándome en mi experiencia personal con muchas mujeres, en cosas que he leído escritas por otras mujeres, y en hechos conocidos sobre la fisiología del orgasmo femenino. En primer lugar, debo decir que las mujeres varían enormemente en cuanto a su respuesta sexual. Es cierto que hay mujeres “clitoridianas” que son incapaces de alcanzar el orgasmo como no sea con la estimulación del clítoris. Pero también es cierto que hay otro grupo numeroso de mujeres “vaginales” que prefieren alcanzarlo con la estimulación vaginal, no sólo con el coito, sino que prefieren masturbarse a base de introducirse los dedos o consoladores en la vagina. Incluso conozco mujeres que no soportan la estimulación directa del clítoris, porque lo tienen tan sensible que esto le resulta desagradable o hasta doloroso. A otras les pasa justo lo contrario: su clítoris es más bien insensible, mientras que su vagina es una fuente mucho más fiable de placer. En cuanto a la eyaculación femenina, he sido testigo de ella en varias ocasiones. También he visto vídeos en internet que la muestran bastante claramente, aunque por supuesto esto es algo que es fácil de trucar. Pero cuando eres tú mismo el que la provoca, ya no existe margen de duda.
Las glándulas de Skene de acuerdo con un diseño hecho en 1953 por el Dr. Frank H. Netter

También existe evidencia científica de la existencia del punto G y de la eyaculación femenina. El punto G no está presente en la pared vaginal, sino que es un tejido situado inmediatamente debajo de su cara anterior, llamado las glándulas de Skene o glándulas uretrales o parauretrales (http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndulas_de_Skene , http://en.wikipedia.org/wiki/Skene%27s_gland). La función fisiológica de las glándulas de Skene sigue siendo un misterio; lo que sí está claro es que son análogas a la próstata masculina. A veces, durante la estimulación sexual, las glándulas de Skene producen un líquido inodoro y transparente que es emitido a chorros durante el orgasmo, formando la eyaculación femenina. Este líquido es distinto de la lubricación vaginal, que es producida por unas glándulas distintas, las glándulas de Bartolino (http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndula_vestibular_mayor ). Al contrario de la lubricación vaginal de estas glándulas, la secreción de las glándulas de Skene contiene marcadores bioquímicos similares a los producidos por la próstata masculina, como la enzima PDE5 (fosfodiesterasa específica de cGMP tipo 5) y antígeno específico de próstata. Recordemos que, en el hombre, la próstata es el órgano que fabrica el semen, en el que son suspendidos los espermatozoides que provienen de los testículos. Por lo tanto, en la mujer las glándulas de Skene producirían un líquido parecido al semen y es completamente apropiado llamar su secreción “eyaculación femenina”.

De hecho, el punto G y el fenómeno de la eyaculación femenina han sido conocidos desde la antigüedad en numerosas culturas (Korda, J. B., S. W. Goldstein, et al. (2010). "The History of Female Ejaculation." J Sex Med 7(5): 1965-1975). Son descritos por textos taoístas del siglo IV, en el Kamasutra hindú, y por Aristóteles y Galeno en el mundo occidental. Entonces, ¿por qué existe tanta controversia hoy en día en cuanto a su existencia? La razón, por increíble que parezca, es ideológica y política. En 1976 se publica el best-seller “El Informe Hite”, escrito por la feminista americana Shere Hite. En él se explica que para la mujer la mejor forma de alcanzar el orgasmo es masturbarse tocándose el clítoris, y que la estimulación interna de la vagina no es necesaria. Eso desencadena una crítica de los trabajos anteriores sobre el orgasmo femenino: el doctor Ernst Grafenberg es tachado de machista y acusado de haberse inventado el punto G con el motivo de convencer a las mujeres de practicar el coito vaginal, para así relegarlas a su función de reproductoras y proveedoras del placer masculino. También es acusado de machista Sigmund Freud. Por ejemplo, en su artículo Orgasmo femenino: ¿vaginal y clitoridiano?, la sexóloga Raquel Díaz Illescas escribe: “Freud decía que sólo las mujeres que habían alcanzado una madurez psicosexual eran capaces de disfrutar con el coito; las que lo hacían a través de la estimulación del clítoris eran unas inmaduras. (…) Fue el prestigioso Freud el primero que abordó la categorización de mujeres clitoridianas y mujeres vaginales, tratando así el tema en uno de sus más celebres trabajos “Tres ensayos sobre teoría sexual”; sin duda, una de las obras que revolucionó a la sociedad del momento y que tanto ha despistado a las generaciones que le sucedieron.” Al parecer, una buena parte de los sexólogos se ha apuntado a esta visión políticamente correcta sin pararse a examinar con el debido cuidado la evidencia a favor de orgasmos vaginales y la eyaculación femenina. Afortunadamente, hoy en día hay una nueva generación de feministas dispuestas a explorar en profundidad la sexualidad femenina y a rechazar los reflejos puritanos (por ejemplo, en contra de la pornografía y el sadomasoquismo) de las feministas de la vieja escuela. Y el punto G y la eyaculación femenina han vuelto a ponerse de moda.

Corremos incluso el peligro de caer en el extremo opuesto. Hoy en día proliferan artículos, vídeos e incluso cursillos que quieren enseñar a las mujeres cómo conseguir eyacular, o “squirt”, como se dice en slang inglés. La eyaculación femenina, de por sí, no me parece una meta importante. Al parecer, el tamaño de las glándulas de Skene varía mucho de una mujer a otra, y algunas pueden carecer completamente de ellas. Esto puede llegar a traumar a más de una, que se sentirá frustrada al no poder conseguir el nuevo galardón de la mujer realizada sexualmente. Por favor, no exageremos. Creo que lo importante es que nos demos cuenta de que  la sexualidad femenina existe en una gran variedad de formas. Hay que dejar que cada mujer explore su sexualidad a su manera, sin metas arbitrarias ni complejos, sino como una forma más de autoconocimiento y experiencia vital. De todas formas, el orgasmo vaginal tiene la capacidad de movilizar emociones de una forma en la que no lo hace el orgasmo clitoridal, y no es mala idea para las que no lo conocen intentar experimentarlo.

Referencias:

  1. Alzate H (1985) Vaginal eroticism and female orgasm: a current appraisal. J Sex Marital Ther 11:271-284.
  2. Dwyer PL (2012) Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot. Int Urogynecol J 23:135-137
  3. Farmer MA, Maykut CA, Huberman JS, Huang L, Khalifé S, Binik YM, Apkarian AV, Schweinhardt P (2013) Psychophysical properties of female genital sensation. Pain 154:2277-2286. 
  4. Foldes P, Buisson O (2009) The clitoral complex: a dynamic sonographic study. J Sex Med 6:1223-1231.
  5. Jannini EA, Whipple B, Kingsberg SA, Buisson O, Foldes P, Vardi Y (2010) Who's afraid of the G-spot? J Sex Med 7:25-34.
  6. Kilchevsky A, Vardi Y, Lowenstein L, Gruenwald I (2012) Is the Female G-Spot Truly a Distinct Anatomic Entity? J Sex Med 9:719-726.
  7. Korda JB, Goldstein SW, Sommer F (2010) The History of Female Ejaculation. J Sex Med 7:1965-1975.
  8. Levin RJ (2008) Female orgasm: correlation of objective physical recordings with subjective experience. Arch Sex Behav 37:855; author reply 856.
  9. Puppo V (2012) The Grafenberg spot (G-spot) does not exist-a rebuttal of Dwyer PL: Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot. Int Urogynecol J 23:247.
  10. Schubach G (2002) The G-spot is the female prostate. Am J Obstet Gynecol 186:850; author reply 850.
  11. Song YB, Hwang K, Kim DJ, Han SH (2009) Innervation of vagina: microdissection and immunohistochemical study. J Sex Marital Ther 35:144-153.
  12. Thabet SM (2009) Reality of the G-spot and its relation to female circumcision and vaginal surgery. J Obstet Gynaecol Res 35:967-973.
  13. Whipple B, Perry JD (2002) The G-spot: a modern gynecologic myth. Am J Obstet Gynecol 187:519; author reply 520.
  14. Zaviacic M, Ablin RJ (2002) The G-spot. Am J Obstet Gynecol 187:519-520; discusssion 520.


sábado, 15 de diciembre de 2012

¿Qué significa ser posesivo?



Ser posesivo es ser como esa niña que le da patadas al suelo y se abraza a su muñeca en un intento desesperado de no dejar que la toque su amiga, a pesar de que las dos se divertirían mucho más si la compartiera. Ser posesivo es el marido que se divorcia de su mujer porque ella se ha estado viendo con otro, y así se condena tanto a él como a ella a un montón de infelicidad. Es el tipo en el camping que se mosquea cuando pasas cerca de su tienda camino de los servicios, a pesar de que él está acampando en terreno público. Es el político que no se detiene a nada con tal de ganar las elecciones, o el ejecutivo al que le importa un comino despedir a la mitad de sus empleados con tal de que su cuenta bancaria siga creciendo.

Ser posesivo es una actitud que se tiene con respecto a las cosas que se poseen o que se quieren conseguir, no el hecho de poseerlas. Es apegarse a ellas, no querer desprenderse de ellas cueste lo que cueste, hacer que tu felicidad dependa de si las tienes o no. Se pueden tener cosas sin ser posesivo, la cuestión es si te aferras a ellas, hasta que punto estás dispuesto a desprenderte de ellas. Se puede ser posesivo de cosas inmateriales: tus ideas, tus emociones o las emociones que alguien siente por ti, como amor o lealtad. De hecho, la raíz de la posesividad está en la mente. Puede convertirse en una actitud general que llevamos a través de nuestras vidas, que colorea todo lo que hacemos y todo lo que sentimos.

Creo que empecé a entender de verdad lo que significa la posesividad haciendo meditación Zen. Un forma de meditación llamada “shikan-taza” (que significa “sólo sentarse”) consiste en dejar pasar los pensamientos por la mente “como nubes en el cielo”, sin intentar detenerlos o “vaciar la mente”, pero tampoco ir en pos de ellos. Hay que tratar a todos los pensamientos de la misma manera, sean placenteros o dolorosos, mientras que se mantiene la atención anclada en la respiración. Una vez, mientras practicaba este tipo de meditación, me di cuenta de cuán atractivos son algunos pensamientos: me sentía incapaz de dejarlos marchar para volver a mi respiración. Podía tratarse de una imagen erótica, o una idea para un experimento, o un pensamiento iracundo sobre algo… Siempre se trataba de una idea cargada de emoción, pegajosa como el alquitrán. En el momento en que esa idea aparecía capturaba mi mente, la seducía con su atractivo para no permitirme dejar de pensarla. El proceso de desapegarme de ella era siempre doloroso, tales eran mis ganas de ir en pos de ese pensamiento. Entonces me di cuenta de que siempre hacemos lo mismo: dejarnos atrapar por una imagen, una creencia en lo que necesitamos para ser felices, y a partir de ese momento esa imagen captura nuestra atención, se alimenta de ella y así sigue creciendo, a veces por el resto de la vida, otras hasta que es desplazada por otra imagen más atractiva. Pero siempre se trata de esa ansiedad esencial, la continua lucha por algo que llene el vacío de nuestra mente.

Pero hay otra forma de vivir, otra forma de ser. La consciencia funciona básicamente de dos maneras. La primera es pasiva: las sensaciones llegan a nuestra mente, las examinamos y decidimos si necesitamos actuar en base a ellas o no. La segunda es activa: dirigimos nuestra atención hacia algo, seleccionamos una sensación en particular entra los miles de sensaciones que invaden nuestra mente en cada momento, o quizás lo que buscamos es un recuerdo que nos ayude a completar nuestra tarea. Porque en esa modalidad nuestra consciencia se orienta hacia un objetivo determinado, organizando nuestra mente en torno a esa tarea. No hay nada malo en ninguna de esas dos formas de funcionar la consciencia, siempre y cuando se sucedan de forma armoniosa y equilibrada. El problema surge cuando de despierta en nosotros una cierta hambre, el mal hábito de sentir que no tenemos bastante, que no somos bastante, y entonces el modo activo de funcionar de la consciencia se impone y elimina el modo pasivo, y no paramos de luchar para conseguir nuestros objetivos. El resultado es que nos volvemos incapaces de percibir, sentir, dejar entrar todas las sensaciones y disfrutar del simple hecho de estar vivos. No, necesitamos conseguir algo, poseer algo, y hasta que lo logremos no vamos a parar y permitirnos gozar de la vida. En vez de parar de una vez, creemos que la culpa de nuestra infelicidad la tiene el no haber conseguido nuestro objetivo, así que ansiamos más y luchamos más, en un círculo vicioso que no se detiene nunca.

Entonces, ¿cómo nos salimos de esto? ¿Abandonamos todo lo que tenemos, dejamos de hacer lo que estábamos haciendo y nos dedicamos a vivir como un monje, dedicando todo nuestro tiempo a la meditación? No, no creo que esa sea la solución. De hecho, he conocido monjes que al final han resultado estar también bastante apegados: a su templo, a sus discípulos, a su prestigio, a sus ideas. Sí, es mejor no tener demasiadas posesiones porque acaban por complicarnos demasiado la vida, pero no hay ninguna necesidad de abandonar las cosas que necesitamos y que nos hacen felices. La posesividad está dentro de nuestra mente, no va a desaparecer porque abandonemos unas cuantas posesiones. Al final somos posesivos de nuestro mismo ser. Es precisamente nuestra incapacidad de desapegarnos de nosotros mismos lo que nos asusta tanto de la muerte.

Entonces, ¿es posible ser tan poco posesivos que abandonemos nuestro propio ser? La verdad, no lo sé. No he alcanzado tal grado de desapego, ni mucho menos. Pero creo que es algo por lo que vale la pena esforzarse… Espero que veas la paradoja que se encierra en esta frase: ¡ahora resulta que nos vamos a esforzar por no esforzarnos! La no-posesividad se convierte en un objetivo más y así quedamos atrapados en la modalidad activa de la consciencia. Éste es un peligro real; el conseguir el Nirvana, la Iluminación, puede convertirse en un deseo más. Quizás es por eso que en el Zen se nos dice que no hay Iluminación, nada que conseguir… Está escrito en el Maha Paramita Sutra, el Sutra de la Gran Sabiduría, el texto central del Budismo Zen.

¿Cuál es la solución, entonces? Primero, hay que prestar atención a cómo la posesividad opera en nuestra vida, a cómo nos hace infelices. Segundo, hay que practicar meditación para habituar nuestra consciencia a operar en el modo pasivo: simplemente prestar atención a lo que percibimos. Tercero, no debemos alimentar nuestros deseos, sino abandonar la creencia de que necesitamos todas esas cosas para ser felices. No necesitamos nada para ser felices. La llave de la felicidad está en nuestras propias manos.