Mostrando entradas con la etiqueta eyaculación femenina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eyaculación femenina. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de octubre de 2014

Clítoris-centrismo: la nueva normativa sexual

Una “normativa”, en el lingo postmodernista adoptado por muchos escritores progresistas, consiste en una serie de reglas de conducta impuestas por la cultura dominante por las que se nos hace pagar un precio en rechazo social cuando las infringimos. En materias de sexo, la antigua normativa era que la relación sexual debía consistir en la penetración de la mujer por el hombre, preferiblemente con él encima en la postura del misionero. La mujer debía llegar al orgasmo por la estimulación de la vagina por el pene, y si lo hacía al mismo tiempo que le hombre, pues mejor que mejor. En su denuncia de esta visión tan limitada del sexo, muchas feministas se apresuran a citar a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien al parecer clasificó a las mujeres en “clitorianas” y “vaginales” según tenían orgasmos por estimulación del clítoris o la vagina, y señaló que el orgasmo vaginal representaba un mayor grado de madurez sexual.

Esta visión del sexo fue criticada por primera vez en los dos libros que forman los llamados “Kinsey Reports” publicados en 1948. En ellos Alfred Kinsey escribe que la mayoría de las mujeres que entrevistó no podían tener orgasmos vaginales y propone que el clítoris es el centro de la respuesta sexual femenina, relegando a la vagina a un papel de menor importancia. En los años 70, el feminismo de la segunda ola, sobre todo el feminismo anti-porno, construyó toda una ideología sexual en torno a los informes de Kinsey, en la que la penetración era considerada como un acto intrínsecamente violento y degradante para la mujer. De acuerdo con esta nueva visión del sexo, el orgasmo vaginal no existe, es sólo una invención del patriarcado para hacer que las mujeres se sometan al coito y tengan hijos. El clítoris adquiere así todo un simbolismo del nuevo poder de la mujer: representa su capacidad de alcanzar el placer independientemente del hombre. El pene ya no es necesario y, de hecho, el acto sexual ideal para la mujer consistirá en la estimulación manual u oral (cunnilingus) del clítoris. Como esto se lo puede hacer una mujer a otra, el lesbianismo se convierte en la relación perfecta, ya que contribuye a los objetivos del feminismo separatista, que consisten en que las mujeres construyan una sociedad al margen de la de los hombres. La ironía de todo esto es que, dado que el clítoris es el análogo fisiológico del pene en la mujer, en el fondo de lo que se trata es de sustituir una cultura falocéntrica por una cultura clítoris-céntrica, al mismo tiempo que el feminismo de la segunda ola recogía los esquemas de superioridad, violencia y poder del machismo y se limitaba a hacerles un cambio de sexo.

Aparece así una nueva normativa, tan limitada y represora como la anterior, que impone una forma políticamente correcta de hacer el amor. Desgraciadamente, aún después de la Guerra del Sexo que desbancó las ideas sexo-negativas del feminismo anti-porno, esta normativa clítoris-céntrica sigue siendo predicada por muchos sexólogos. Por ejemplo, esto lo vemos en el artículo “La erección en una mujer necesita 20-30 minutos de la adecuada estimulación de su clítoris”basado en este artículo en inglés. En ellos se nos dan claras instrucciones sobre la manera políticamente correcta de follar: estimulando el clítoris durante 20-30 minutos antes de la penetración. Al parecer, nadie quiere darse cuenta de que esto es tan limitante y falto de imaginación como la antigua postura del misionero.

Por supuesto, no voy a negar que el clítoris es una parte importante de la anatomía sexual femenina, quizás la más importante, como ocurre con el pene en el hombre. También es cierto que para la mayoría de las mujeres la estimulación del clítoris es la manera más efectiva de obtener un orgasmo… aunque no la única. El problema es que, como pasa con todas las normativas, las nuevas reglas afirman la sexualidad de unas al tiempo que invalidan la sexualidad de otras. Porque lo que ocurre en realidad es que la respuesta sexual de las mujeres no es uniforme sino increíblemente variada. Hay una amplia minoría de mujeres a las que no les gusta alcanzar el orgasmo con la estimulación del clítoris. Yo he conocido a varias:

•    Caso A - Esta amiga mía de 48 años me confesó que llevaba toda la vida intentando conseguir un orgasmo estimulándose el clítoris sin lograrlo. Una vez estuvo masturbándose varias horas, hasta que el clítoris se le irritó tanto que tuvo que dejarlo. Sin embargo, ella consigue llegar regularmente al orgasmo cuando se masturba metiéndose dedos y una toalla en la vagina. Su problema parece ser que su clítoris no es lo suficientemente sensible para llevarla al orgasmo.

•    Caso B - A esta mujer, también madura, le ocurre lo contrario que a A: tiene el clítoris tan sensible que su estimulación directa le resulta dolorosa. Sin embargo, B es multiorgásmica y pude llegar al clímax de muchas maneras: penetración vaginal, anal o incluso con una simple azotaina.

•    Caso C - Mujer post-menopáusica con una enorme facilidad para llegar al orgasmo. Empezó por correrse cuando le di una azotaina y ya no paró de hacerlo todo el rato que estuvimos haciendo el amor. Sus orgasmos eran tan intensos que parecían ataques epilépticos, poniendo los ojos en blanco y llegando a perder el conocimiento. En ningún momento le estimulé el clítoris, ya que parecía completamente innecesario. Lo más curioso es que al terminar siguió teniendo orgasmos espontáneos durante un buen rato sin ningún tipo de estimulación sexual. Para mí, esto significa que el orgasmo puede ser un fenómeno puramente cerebral, desligado tanto del clítoris como de la vagina.

Existen estudios científicos que avalan mi experiencia personal. Por ejemplo, Dwyer (2012) escribe:

“La existencia del punto G es aceptada por muchas mujeres; un cuestionario anónimo que fue distribuido entre 2,350 mujeres profesionales en EE.UU. y Canadá encontró que el 84% de las mujeres ‘creían que un área de alta sensibilidad existe en la vagina’. De las mujeres que respondieron, el 40% dijeron que tenían una emisión de fluidos (eyaculación) en el momento del orgasmo. Además, el 82% de las que dijeron tener la zona sensible (punto Grafenberg) también dijeron eyacular durante el orgasmo”.

¿Entonces va a resultar que Freud tenía razón y que hay mujeres “clitoridianas” y mujeres “vaginales”? Yo creo que eso es simplificar demasiado las cosas. Lo que ocurre es que existe una gran variedad en las respuestas sexuales de las mujeres. Todas son igualmente válidas, por supuesto.

Ilustración herética mostrando la localización del punto G
Pero hay más. Cuando examinamos el caso de la sexualidad masculina vemos que el principal obstáculo para obtener una respuesta más placentera es que se considere al pene como la única fuente de placer. Otras zonas erógenas del cuerpo masculino incluyen los pezones y la próstata, que todo hombre que quiera desarrollar su sexualidad más plenamente debería explorar. Pero no deja de resultar curioso que al mismo tiempo que invitamos a los hombres a investigar este tipo de sensaciones, rompiendo los tabúes culturales que existen contra ellas, les digamos a la mujeres que se conformen con su placer clitoriano y no vayan más lejos en la exploración de todas las posibilidades que les ofrece su cuerpo, que son muchas y más asequibles que las del cuerpo masculino. Por ejemplo, el orgasmo prostático que algunos hombres consiguen alcanzar (y que no se parece en nada al que se obtiene estimulando el pene) tiene muchas similitudes con el orgasmo vaginal femenino. Quizás esto se deba a que las glándulas de Skene que están debajo del punto G son en realidad una próstata femenina, de la que proviene la eyaculación que experimentan muchas mujeres (Davidson, Darling et al. 1989; Darling, Davidson et al. 1990; Schubach 2002; Thabet 2009; Dwyer 2012). Esto contradice el dogma que hoy en día repiten hasta la saciedad muchos sexólogos: “existe un solo tipo de orgasmo”. Si en el hombre son posibles dos tipos distintos de orgasmo, el del pene y el de la próstata, ¿por qué no iba a pasar lo mismo en la mujer? ¿Cuál es la evidencia fisiológica de que sólo exista un tipo de orgasmo? ¿Qué criterios podemos aplicar para decidir que orgasmos que se originan en distintos sitios son en realidad lo mismo? Esta idea clítoris-céntrica de los sexólogos parece basada más en la ideología del feminismo anti-porno de la que hablaba antes que en observaciones con base científica (Gerhard 2000; Jannini, Whipple et al. 2010). Por otro lado, mujeres con amplia experiencia sexual dicen claramente que para ellas, el orgasmo vaginal y el orgasmo clitoriano se experimentan de formas muy distintas (Korda, Goldstein et al. 2010).

Está muy bien querer educar a la gente en cómo vivir una vida sexual más sana, y de paso romper los viejos esquemas culturales del patriarcado y el conservadurismo sexo-negativo, pero hay que tener cuidado que al hacerlo no creemos otras normativas que resulten tan opresoras como la anterior.

Referencias

Darling, C. A., J. K. Davidson, Sr., et al. (1990). "Female ejaculation: perceived origins, the Grafenberg spot/area, and sexual responsiveness." Arch Sex Behav 19(1): 29-47.

Davidson, J. K., Sr., C. A. Darling, et al. (1989). "The role of the Grafenberg Spot and female ejaculation in the female orgasmic response: an empirical analysis." J Sex Marital Ther 15(2): 102-120.

Dwyer, P. L. (2012). "Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot." Int Urogynecol J 23(2): 135-137.

Gerhard, J. (2000). "Revisiting "the myth of the vaginal orgasm": the female orgasm in American sexual thought and second wave feminism." Fem Stud 26(2): 449-476.

Jannini, E. A., B. Whipple, et al. (2010). "Who's afraid of the G-spot?" J Sex Med 7(1 Pt 1): 25-34.

Korda, J. B., S. W. Goldstein, et al. (2010). "The History of Female Ejaculation." J Sex Med 7(5): 1965-1975.

Schubach, G. (2002). "The G-spot is the female prostate." Am J Obstet Gynecol 186(4): 850; author reply 850.

Thabet, S. M. (2009). "Reality of the G-spot and its relation to female circumcision and vaginal surgery." J Obstet Gynaecol Res 35(5): 967-973.


domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Clítoris o punto G? La controversia en torno al orgasmo femenino



La versión oficial, la defendida por los sexólogos y otros expertos, es la siguiente. Existe un solo tipo de orgasmo femenino: el que es desencadenado por la estimulación, directa o indirecta, del clítoris. Aunque algunas mujeres sean capaces de alcanzar el orgasmo durante la penetración, esto se debe a que el pene estimula el clítoris indirectamente con sus movimientos en la vagina. Por lo tanto, el orgasmo vaginal propiamente dicho no existe. Las paredes vaginales están prácticamente desprovista de terminaciones nerviosas que puedan desencadenar el orgasmo. La eyaculación femenina es un mito, lo único que sucede es que algunas mujeres producen una gran cantidad de lubricación vaginal.

Por ejemplo, la sexóloga Raquel Díaz Illescas escribe en su blog Sexualidad Positiva: “Dejemos ya de hablar de una vez de aquello del orgasmo clitoridiano o el vaginal: hay simplemente un orgasmo. Otra cosa será la manera en que lleguemos a éste. Unas mujeres llegarán con más facilidad con la estimulación manual, otras con el rico y placentero sexo oral, otras con la motivación indirecta durante el coito, otras no tendrán problema en conseguirlo de cualquier forma y algunas estarán todavía esperando a tenerlo con la penetración. Lo que está claro es que el orgasmo femenino tiene como protagonista principal al clítoris.” (http://sexualidadpositiva.blogspot.com/2011/09/el-protagonista-de-los-orgasmos.html)

Sin embargo, existe otra versión, la que cuentan muchas mujeres (y sus amantes) que se han embarcado en una exploración minuciosa y profunda de su propia sexualidad. Según ella, existen al menos dos tipos de orgasmos distintos, clitoridal y vaginal, que difieren en la calidad de la sensación más que en su intensidad. El orgasmo vaginal se puede desencadenar independientemente de la estimulación del clítoris a través de un punto situado en la cara anterior de la vagina, el llamado punto Grafenberg (normalmente abreviado como “punto G”). A menudo, el orgasmo vaginal va acompañado de la emisión de un chorro de líquido claro que es claramente distinto de la orina o del exudado vaginal. Aunque muchas mujeres son incapaces de alcanzar el orgasmo vaginal de entrada, éste se puede entrenar a base de sensibilizar el punto G a base de masajes prolongados con el dedo.

¿Quién tiene razón? Para mí está muy claro que la segunda versión es la correcta. Digo esto basándome en mi experiencia personal con muchas mujeres, en cosas que he leído escritas por otras mujeres, y en hechos conocidos sobre la fisiología del orgasmo femenino. En primer lugar, debo decir que las mujeres varían enormemente en cuanto a su respuesta sexual. Es cierto que hay mujeres “clitoridianas” que son incapaces de alcanzar el orgasmo como no sea con la estimulación del clítoris. Pero también es cierto que hay otro grupo numeroso de mujeres “vaginales” que prefieren alcanzarlo con la estimulación vaginal, no sólo con el coito, sino que prefieren masturbarse a base de introducirse los dedos o consoladores en la vagina. Incluso conozco mujeres que no soportan la estimulación directa del clítoris, porque lo tienen tan sensible que esto le resulta desagradable o hasta doloroso. A otras les pasa justo lo contrario: su clítoris es más bien insensible, mientras que su vagina es una fuente mucho más fiable de placer. En cuanto a la eyaculación femenina, he sido testigo de ella en varias ocasiones. También he visto vídeos en internet que la muestran bastante claramente, aunque por supuesto esto es algo que es fácil de trucar. Pero cuando eres tú mismo el que la provoca, ya no existe margen de duda.
Las glándulas de Skene de acuerdo con un diseño hecho en 1953 por el Dr. Frank H. Netter

También existe evidencia científica de la existencia del punto G y de la eyaculación femenina. El punto G no está presente en la pared vaginal, sino que es un tejido situado inmediatamente debajo de su cara anterior, llamado las glándulas de Skene o glándulas uretrales o parauretrales (http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndulas_de_Skene , http://en.wikipedia.org/wiki/Skene%27s_gland). La función fisiológica de las glándulas de Skene sigue siendo un misterio; lo que sí está claro es que son análogas a la próstata masculina. A veces, durante la estimulación sexual, las glándulas de Skene producen un líquido inodoro y transparente que es emitido a chorros durante el orgasmo, formando la eyaculación femenina. Este líquido es distinto de la lubricación vaginal, que es producida por unas glándulas distintas, las glándulas de Bartolino (http://es.wikipedia.org/wiki/Gl%C3%A1ndula_vestibular_mayor ). Al contrario de la lubricación vaginal de estas glándulas, la secreción de las glándulas de Skene contiene marcadores bioquímicos similares a los producidos por la próstata masculina, como la enzima PDE5 (fosfodiesterasa específica de cGMP tipo 5) y antígeno específico de próstata. Recordemos que, en el hombre, la próstata es el órgano que fabrica el semen, en el que son suspendidos los espermatozoides que provienen de los testículos. Por lo tanto, en la mujer las glándulas de Skene producirían un líquido parecido al semen y es completamente apropiado llamar su secreción “eyaculación femenina”.

De hecho, el punto G y el fenómeno de la eyaculación femenina han sido conocidos desde la antigüedad en numerosas culturas (Korda, J. B., S. W. Goldstein, et al. (2010). "The History of Female Ejaculation." J Sex Med 7(5): 1965-1975). Son descritos por textos taoístas del siglo IV, en el Kamasutra hindú, y por Aristóteles y Galeno en el mundo occidental. Entonces, ¿por qué existe tanta controversia hoy en día en cuanto a su existencia? La razón, por increíble que parezca, es ideológica y política. En 1976 se publica el best-seller “El Informe Hite”, escrito por la feminista americana Shere Hite. En él se explica que para la mujer la mejor forma de alcanzar el orgasmo es masturbarse tocándose el clítoris, y que la estimulación interna de la vagina no es necesaria. Eso desencadena una crítica de los trabajos anteriores sobre el orgasmo femenino: el doctor Ernst Grafenberg es tachado de machista y acusado de haberse inventado el punto G con el motivo de convencer a las mujeres de practicar el coito vaginal, para así relegarlas a su función de reproductoras y proveedoras del placer masculino. También es acusado de machista Sigmund Freud. Por ejemplo, en su artículo Orgasmo femenino: ¿vaginal y clitoridiano?, la sexóloga Raquel Díaz Illescas escribe: “Freud decía que sólo las mujeres que habían alcanzado una madurez psicosexual eran capaces de disfrutar con el coito; las que lo hacían a través de la estimulación del clítoris eran unas inmaduras. (…) Fue el prestigioso Freud el primero que abordó la categorización de mujeres clitoridianas y mujeres vaginales, tratando así el tema en uno de sus más celebres trabajos “Tres ensayos sobre teoría sexual”; sin duda, una de las obras que revolucionó a la sociedad del momento y que tanto ha despistado a las generaciones que le sucedieron.” Al parecer, una buena parte de los sexólogos se ha apuntado a esta visión políticamente correcta sin pararse a examinar con el debido cuidado la evidencia a favor de orgasmos vaginales y la eyaculación femenina. Afortunadamente, hoy en día hay una nueva generación de feministas dispuestas a explorar en profundidad la sexualidad femenina y a rechazar los reflejos puritanos (por ejemplo, en contra de la pornografía y el sadomasoquismo) de las feministas de la vieja escuela. Y el punto G y la eyaculación femenina han vuelto a ponerse de moda.

Corremos incluso el peligro de caer en el extremo opuesto. Hoy en día proliferan artículos, vídeos e incluso cursillos que quieren enseñar a las mujeres cómo conseguir eyacular, o “squirt”, como se dice en slang inglés. La eyaculación femenina, de por sí, no me parece una meta importante. Al parecer, el tamaño de las glándulas de Skene varía mucho de una mujer a otra, y algunas pueden carecer completamente de ellas. Esto puede llegar a traumar a más de una, que se sentirá frustrada al no poder conseguir el nuevo galardón de la mujer realizada sexualmente. Por favor, no exageremos. Creo que lo importante es que nos demos cuenta de que  la sexualidad femenina existe en una gran variedad de formas. Hay que dejar que cada mujer explore su sexualidad a su manera, sin metas arbitrarias ni complejos, sino como una forma más de autoconocimiento y experiencia vital. De todas formas, el orgasmo vaginal tiene la capacidad de movilizar emociones de una forma en la que no lo hace el orgasmo clitoridal, y no es mala idea para las que no lo conocen intentar experimentarlo.

Referencias:

  1. Alzate H (1985) Vaginal eroticism and female orgasm: a current appraisal. J Sex Marital Ther 11:271-284.
  2. Dwyer PL (2012) Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot. Int Urogynecol J 23:135-137
  3. Farmer MA, Maykut CA, Huberman JS, Huang L, Khalifé S, Binik YM, Apkarian AV, Schweinhardt P (2013) Psychophysical properties of female genital sensation. Pain 154:2277-2286. 
  4. Foldes P, Buisson O (2009) The clitoral complex: a dynamic sonographic study. J Sex Med 6:1223-1231.
  5. Jannini EA, Whipple B, Kingsberg SA, Buisson O, Foldes P, Vardi Y (2010) Who's afraid of the G-spot? J Sex Med 7:25-34.
  6. Kilchevsky A, Vardi Y, Lowenstein L, Gruenwald I (2012) Is the Female G-Spot Truly a Distinct Anatomic Entity? J Sex Med 9:719-726.
  7. Korda JB, Goldstein SW, Sommer F (2010) The History of Female Ejaculation. J Sex Med 7:1965-1975.
  8. Levin RJ (2008) Female orgasm: correlation of objective physical recordings with subjective experience. Arch Sex Behav 37:855; author reply 856.
  9. Puppo V (2012) The Grafenberg spot (G-spot) does not exist-a rebuttal of Dwyer PL: Skene's gland revisited: function, dysfunction and the G spot. Int Urogynecol J 23:247.
  10. Schubach G (2002) The G-spot is the female prostate. Am J Obstet Gynecol 186:850; author reply 850.
  11. Song YB, Hwang K, Kim DJ, Han SH (2009) Innervation of vagina: microdissection and immunohistochemical study. J Sex Marital Ther 35:144-153.
  12. Thabet SM (2009) Reality of the G-spot and its relation to female circumcision and vaginal surgery. J Obstet Gynaecol Res 35:967-973.
  13. Whipple B, Perry JD (2002) The G-spot: a modern gynecologic myth. Am J Obstet Gynecol 187:519; author reply 520.
  14. Zaviacic M, Ablin RJ (2002) The G-spot. Am J Obstet Gynecol 187:519-520; discusssion 520.