domingo, 10 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (1)

Cap de la Mola, Port Andraxt, Mallorca
(Fragmento de mi nueva novela Escenas de poliamor)

Casi sin pensarlo Cecilia subió por la rampa que rodeaba el chalet y salió a la calle. Tiró en la dirección de la punta del elevado promontorio en el que se encontraba el chalet, el Cap de la Mola. Era un buen paseo, ya que primero tenía que seguir la calle en la que estaban en dirección a Port Andraxt para luego tirar en dirección opuesta por otra calle que bordeaba el acantilado. En algunas de las casas todavía había gente afuera, charlando en el jardín.

Al final de la calle había una rotonda y un pequeño descampado que llegaba hasta el borde del acantilado, que caía a pico casi un centenar de metros hasta el mar. La luna, ya pasado el cuarto creciente, le daba a todo un color azulado y se reflejaba en el mar. La vista era espectacular: una serie de promontorios y entrantes que se extendía hacia la isla Dragonera al norte y desaparecían en dirección a la Bahía de Palma al sureste. La serenidad de la noche y la placidez del mar le devolvieron la calma.

-¡Hola! -dijo una voz con acento extranjero a su espalda.

Volviéndose, vio el punto rojo de un cigarrillo cerca del suelo, junto a unos matorrales. Molesta de que le estropearan su momento de tranquilidad, se dio la vuelta para irse a casa. El punto rojo le salió al encuentro.

A la luz de la luna pudo distinguir un hombre aproximadamente de su edad, con el pelo en melena hasta la base del cuello, pómulos altos y nariz fina y rectilínea. Su actitud y su sonrisa eran amistosas.

-¿Quieres porro? -dijo ofreciéndole el canuto que llevaba en la mano. Cecilia pudo oler la mariguana.

-No gracias -le dijo, devolviéndole la sonrisa.

Otro chico venía detrás del primero. Parecía mucho más joven, tenía el pelo corto y muy rubio, y rostro angelical.

-Mi nombre es Jack -dijo el primero con un fuerte acento inglés. Le colocó la mano en el hombro a su amigo-. Éste es Arthur… Art para los amigos. ¿Cuál es tu nombre?

-Cecilia -dijo ofreciéndole la mano, primero a Jack y luego a Art.

-Wow! She’s really sexy! -dijo Art, quien sonaba bastante colocado.

-Shut up, Art! You’re going to spook her.

Les iba a hablar en inglés, pero cuando vio que los dos asumían que no sabía inglés decidió no hacerlo. Sería divertido oír lo que decían de ella. De todas formas, le hubiera gustado devolverle el cumplido a Art. Él también era sexy. Vestía una camiseta oscura sin mangas y shorts de un color claro. Sus brazos y sus piernas estaban recubiertos de fino vello rubio que invitaba a acariciárselos.

-¿Dónde vives? -le preguntó Jack. Estaba claro que Art no sabía una palabra de español.

-Estoy aquí en Port Andraxt, con unos amigos -dijo señalando vagamente en la dirección del chalet de los Santillana.

-Nosotros somos en Magaluf… En un hotel. Venimos de Liverpool, como The Beatles… “She loves you, yeah, yeah, yeah!” -cantó bastante bien.

Cecilia se rio. La verdad es que eran muy graciosos.

-¿Quieres? -Jack le volvió a ofrecer el porro.

Por no hacerles el feo, se lo cogió y le dio una calada. El humo le quemó la garganta. Tosió y le pasó el porro a Art, quien tomó un profunda calada, retuvo el humo en los pulmones y lo expelió despacio por la nariz, todo eso con la vista clavada en ella. Estaba claro lo que quería. A ella también le apetecía, la verdad. Entre los preparativos, el viaje y los problemas de alojamiento en casa de los Santillana, llevaba ya cuatro días sin follar. Incluso apenas le había dado tiempo a masturbarse. Ahora que lo pensaba, eso explicaba su malhumor durante la cena.

Jack le escudriñaba la cara, quizás intentando adivinar sus intenciones. Volvió a abrazar a Art por los hombros y le dio un estrujón cariñoso. Art se dejó hacer, ladeando la cabeza y sonriéndole a ella. Ese aire pasivo la excitó.

Jack cogió lo que quedaba del porro de entre los dedos de Art y le dijo

-Vamos a Magaluf ahora… A la discoteca, a bailar… ¿Te gusta bailar? -Y se puso a bailar un poco.

-Sí… sí que me gusta bailar. Así que vais a una discoteca que hay en Magaluf…

-Sí… ¿Vienes?

Laura les había dicho algo de Magaluf. Era un sitio turístico a unos quince minutos de allí. No estaría mal ir un rato a menear el esqueleto. Siempre se podía volver en un taxi… El único problema era que no se había traído dinero.

-Vale, pero tengo que parar en casa a coger dinero.

-¡Ah, OK! No problema. Te llevamos allí. Tú me dices…

Los ingleses habían venido en un Ford Fiesta de alquiler que tenían aparcado cerca de la rotonda. Art le cedió caballerosamente el asiento de delante. Su miedo de que Jack estuviera demasiado colgado para conducir se le quitó al poco rato. Iba despacio y parecía muy relajado al volante. Enseguida la dejaron frente al chalet de los Santillana.

La casa estaba ya a oscuras. Entró por la puerta de la piscina a su dormitorio. No le gustaba llevar bolso, porque siempre tenía que preocuparse de que se lo fueran a robar, sino que tenía una pequeña cartera que se ataba con un cinturón debajo de la ropa. Era de los más práctico y seguro para salir de juerga. Metió en ella algo de dinero y un par de condones, por lo que pudiera pasar.

En unos minutos estaban en Magaluf. La calle principal se llamaba Punta Balena y estaba llena de bares y restaurantes. Los ingleses aparcaron el coche y la llevaron a la discoteca.

Jack parecía desenvolverse muy bien en ese ambiente. Aunque había mucha gente, se las apañó para hacerse con una mesita de un grupo que se iba. La música estaba demasiado alta para hablar. Jack les indicó por señas que iba a buscar bebidas.

Art le sonreía amistosamente, todavía bastante colocado. Le pasó el dedo sobre el muslo, jugando con su vello rubio. Él le correspondió trazando un recorrido similar sobre su media.

Jack apareció con tres vasos de tubo, dos de color marrón y otro claro. Cuba-libres y gin-tonic, se dijo Cecilia. Ella apenas bebía, pero ayudaba a su amigo el Chino a preparar bebidas en Angelique, la barra americana en la que había trabajado durante un tiempo. El gin-tonic era para Jack y los cubatas para Art y para ella. Dio un pequeño sorbito para quedar bien. No pensaba emborracharse, le gustaba hacer el amor con la cabeza bien despejada.

Art se rio y le dijo algo al oído a Jack, quien asintió con la cabeza. Art le dirigió una mirada entre maliciosa y culpable. Bebió otro sorbito del cubata. Art se volvió a reír.

Mil alarmas se le dispararon en la cabeza. Su trabajo en Angelique le había enseñado que algunos hombres ponían drogas en las bebidas de la chicas para luego aprovecharse de ellas. Las drogas las volvían dóciles y luego les impedían acordarse de nada de lo que había pasado. Cecilia se había tomado la molestia de leer sobre ese tema en revistas científicas que encontró en la biblioteca del Departamento de Bioquímica de la Autónoma. Eso le confirmó que esas drogas existían y tenían efectos muy potentes. ¿Pero por qué le iban a hacer eso a ella, que estaba dispuesta a acostarse con ellos? ¿Se estaba imaginando cosas? ¿Quizás la calada que le había dado al canuto la había vuelto paranoica?

Tenía una cosa clarísima: no pensaba beberse ese cubata. Sería una tontería arriesgarse cuando encima a ella no le gustaban los cubatas. Empezaron a tocar Take a Chance on Me, de ABBA, una canción con marcha que le gustaba mucho.

-¡Vamos a bailar! -dijo poniéndose en pie de un salto. Los ingleses la siguieron a la pista.

Se puso a bailar de manera agresiva, descargando toda la tensión y la frustración de esa tarde. Art bailaba frente a ella, imitándola, pero poco a poco Jack lo desplazó a un lado. Le dio la espalda y sacó el culo mientras bailaba, moviéndolo provocativamente. Jack se le pegó por detrás. Él también quería tirársela, estaba claro. Quizás ese fuese el tema, que ellos no pensaba que fuera a querer complacerlos a los dos. Por eso se había reído Art: porque Jack tenía prioridad y Art quería asegurarse de que también le llegaría su turno. Y creían que la única forma en que ella accedería a follar con ellos dos era drogarla.

¡Eran unos mierdas, unos violadores! Estuvo a punto de salir a coger un taxi para irse a casa. Pero la situación la intrigaba, no quería irse sin saber la verdad. Además, la sonrisa que Art le dedicaba era irresistible.

Eres un chico muy, muy malo, ¿sabes? Te mereces que te de unos buenos azotes en ese culín tan resalado que tienes.

A su lado bailaba un hombre corpulento con una camisa estampada con palmeras, coches clásicos y volcanes en erupción. Su idea del baile era dar saltos descontrolados que lo llevaron varias veces a chocar con ella. Cecilia continuó ahora su danza provocativa con Jack, guiándolo a donde ella quería. Él tenía los ojos clavados en su cuerpo, así que no se dio cuenta hasta que el tipo hortera colisionó con él. Aprovechando la reyerta que se desencadenó, Cecilia desapareció sigilosamente entre la multitud.

Tenía el tiempo justo para ejecutar su plan. Lo primero que hizo fue desabrocharse dos botones de la camisa y abrir el cierre de su sujetador. Siempre había encontrado los sujetadores con cierre por delante de lo más prácticos. Encontró un hueco en la barra y se inclinó mucho hacia adelante. Pasaron sólo unos segundos hasta que el barman se dio cuenta de que le ofrecía una buena vista de su teta. Cecilia le sonrió y le hizo una seña.

-Un cubata… Con poco ron, por favor -le dijo con su más encantadora sonrisa, poniendo dos billetes de cien pesetas sobre la barra.

El barman no tardó en volver con el cubata, para hacerse con el dinero y echarle otro vistazo a su teta.

Cecilia fue a la mesa donde habían dejado las bebidas. Puso el nuevo cubata donde estaba el suyo. Cogió su cubata antiguo, lo vació el suelo hasta dejarlo al mismo nivel que el de Art y lo puso en su lugar. Luego cogió el cubata de Art y lo abandonó casualmente en la barra del bar.

Ahora vamos a ver si me habéis puesto droga en la bebida o no.

Lo pensó un momento… Cogió su nuevo cubata y se lo llevó a la pista de baile.

Por si las moscas. 

Jack le sonrió cuando la vio aparecer con el cubata. Le pegó unos buenos tragos mientras bailaba con él, para que la viera bebérselo.

-¡Qué sed! -le dijo, aunque dudaba que la pudiera oír con la música.

Al cabo de un rato volvieron a la mesa. Art, como un buen chico, apuró su cubata en un par de sorbos. Ella hizo lo propio con el suyo. Jack fue a levantarse para pedir más bebidas, pero ella se le adelantó.

-Ahora me toca a mí -le dijo, levantando la mano para detenerlo.

Volvió a utilizar el truco de la camisa entreabierta para pedir un gin-tonic, un cubata para Art y una Coca-Cola a secas para ella. Los ingleses pensarían que era otro cubata.

De vuelta a la mesa, arrimó su banqueta a la de Art. Sin soltar su bebida, se pegó a él y lo besó en los labios, fingiendo seguir un impulso salvaje. Art le respondió con pasión. Parecía estar completamente normal.

Jack le hizo una seña para que acercara el oído a él.

-Yo también quiero besos -le dijo.

-Jack, no te ofendas, pero a mí el que me gusta es Art -le dijo ella al oído.

Escrudiñó cuidadosamente a Jack para ver su reacción. Si se había picado, lo disimulaba muy bien.

-Entiendo. Art es muy guapo -dijo sonriéndole caballerosamente.

Art tenía la vista perdida en el vacío, los ojos algo vidriosos. ¿Estaba drogado? Si era así, era fundamental que Jack no se diera cuenta. Cecilia volvió a inclinarse sobre Art y lo estuvo besando un buen rato. Art estaba mucho más pasivo que antes, respondiendo a sus besos de forma mecánica. ¿Cómo asegurarse de que estaba drogado?

-Drink -le ordenó al oído.

Art cogió su vaso y bebió.

-Don’t tell Jack that I speak English -le volvió a decir al oído-. Do you understand?

-Yes -dijo Art con voz robótica.

Cecilia le dio otro largo beso. Luego se quedó quieta e hizo lo posible por imitar la mirada vidriosa de Art. Jack la escudriñaba cuidadosamente. Cuando estuvo satisfecho le dijo al oído:

-Vamos.

Se levantó de forma mecánica. Jack le hizo a una seña a Art que los siguiera, pero él no se movió. Jack tuvo que hacerlo levantarse tirándole del brazo. Cecilia fingió que daba un traspié y que se apoyaba en Art para no caerse. Lo cogió por la cintura para obligarlo a andar. Jack les dirigió una breve mirada y se encaminó hacia la salida de la discoteca. Seguramente creía que Art la llevaba a ella, cuando en realidad era lo contrario.

Salieron los tres de la discoteca y caminaron hacia el coche. Jack no puso ninguna objeción cuando se sentó en el asiento de atrás con Art. Camino del hotel le entraron ganas de mear. Claro, demasiada bebida. ¿Cómo coño dice una chica drogada que necesita ir al baño? No le quedaba más remedio que esperar a ver cómo se desenvolvían los acontecimientos. Se sentía tranquila y contenta. Toda esa situación se le antojaba de lo más divertido.

(Continuará)
Magaluf

miércoles, 6 de abril de 2016

sábado, 9 de enero de 2016

Ha muerto Javier Krahe

Hace ya varios años, cuando ya vivía en Estados Unidos, durante una de mis visitas a Madrid me fui de copas por Malasaña con mi amigo Mario. En un bar nos topamos con Javier Krahe y Mario, que también es cantautor, nos presentó. Hubo un cierto momento surrealista cuando Javier intentó ligar con una persona que resultó ser hombre y no mujer como él pensaba. No sé que más pasó aquella noche memorable, sólo recuerdo que Javier Krahe y yo acabamos yéndonos a casa en el mismo taxi, dónde él me contó algo de su singular relación con las mujeres. Años más tarde lo vi en una de sus actuaciones en un bar de la Plaza de Santa Ana.

Muchas de las canciones de Javier Krahe han tenido un cierto impacto en mi vida. Recuerdo muy bien "El Cromosoma", que me reafirmó en mi ateísmo.



Otra de sus mejores canciones es el tema feminista "¿Dónde se habrá metido esta mujer?", que habla de la violencia de género y de la necesidad de la mujer de huir del hogar.


hace poco la interpretaba Pablo Iglesias, líder de Podemos, en El Hormiguero.

Desgraciadamente, Javier Krahe murió el 7 de diciembre pasado:

http://www.antena3.com/noticias/cultura/muere-cantautor-madrileno-javier-krahe-anos_2015071200016.html

Javier, te vamos a echar mucho de menos.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Algunos mitos sobre la navidad

Santa Claus
-De acuerdo con los evangelios, Jesucristo no nació el 24 de diciembre, sino en primavera, cuando las ovejas daban a la luz. Eso complicó las cosas a los primeros cristianos, ya que la celebración del nacimiento de Jesús caía casi en las mismas fechas que el aniversario de su muerte.

-La navidad es la cristianización de las Calendas romanas, que celebraban el nacimiento de la luz en el solsticio de invierno. En esa fecha los días empiezan a hacerse más largos y las noches más cortas, por eso renace la luz solar. Como en la navidad cristiana, las Calendas celebraban el nacimiento de un niño, pero era el dios Sol.

-Santa Claus, el nombre anglosajón de Papá Noel, no es ningún santo, sino la cristianización del Hombre Salvaje de la mitología germánica. El Hombre Salvaje se vestía con pieles de animales, fecundaba los campos y a veces traía regalos. El nombre "Claus" deriva de la palabra germánica "garra¨. 

El Hombre Salvaje
-Cuando tuvo lugar la Reforma Protestante, en los países que la adoptaron no se quiso seguir celebrando la fiesta de Reyes o de San Nicolás, el 6 de enero, ya que los protestantes se negaban a adorar a los santos. Entonces cambiaron la fiesta al 24 de diciembre para celebrar el supuesto nacimiento de Jesús. El Hombre Salvaje se mostraba al lado del Jesús recién nacido, en cadenas. El tintineo de las campanillas de Santa Claus deriva del tintineo de las cadenas. La figura de Santa Claus terminó por eclipsar a la del recién nacido. 

-El árbol de navidad también deriva de un mito pagano de adoración a los árboles.

-Jingle Bells, la canción de navidad más famosa, no es un villancico ni tenía nada que ver con la navidad cuando se compuso a finales del siglo XIX. Es simplemente una canción de invierno que habla de lo divertido que es darse un paseo en un trineo tirado por un caballo. 

¡Felices Navidades laicas!

sábado, 19 de diciembre de 2015

Así maltratamos a nuestra pareja


“Quien bien te quiere te hará sufrir” dice el refrán. Normalmente esto se interpreta como que alguien que te ama te señalará tus imperfecciones y errores, aunque no te guste, pero también se ha señalado que un dicho así puede servir para justificar el maltrato. Sin embargo, hay otra manera más de interpretar el refrán: simplemente constata la realidad más bien irónica de que dos personas que se aman tienden a hacerse daño. Y no precisamente porque estén empeñados en convertirse mutuamente en personas mejores a base de corregir sus errores. Sí, las relaciones amorosas suelen traer consigo una buena carga de sufrimiento. A todo el mundo esto le parece algo inevitable, como si hubiera que pagar un precio por el amor que recibimos.

Pero yo pienso que no tiene que ser necesariamente así. Si nos hacemos daño cuando nos amamos es porque tenemos que estar haciendo algo mal. Al parecer, cuando llegamos a un cierto grado de intimidad con una persona empezamos a permitirnos una serie de comportamientos que crean fricciones e incluso daño emocional. “Las confianzas dan asco”, que dice otro refrán. Entonces, quizás lo que debamos hacer es reconocer esos comportamientos y aprender a evitarlos. No quiero hablar aquí de conductas de franco maltrato, como pueden ser el daño físico o la violación, sino de una serie de estrategias de manipulación psicológica que producen daño emocional y menoscaban la autoestima. En general, se basan en evocar tres emociones clave: el miedo, la culpa y la vergüenza. Aquí os dejo una lista tentativa de conductas nocivas en la pareja.

1. Coacción - La coacción se define como una demanda que no se puede rehusar sin desencadenar serias consecuencias negativas. Un ejemplo sería el sexo coactivo: “como me digas que no quieres sexo conmigo te voy a montar un numerito de mucho cuidado”. Pero se puede usar la coacción para muchas otras cosas: ir a una fiesta, elegir el sitio dónde ir de vacaciones, cómo decorar la casa o si tener hijos. La coacción señala que existe un desequilibrio de poder en la pareja que hace que una persona pueda imponer su voluntad sobre la otra.

2. Amenazas - Las amenazas son una de las formas más directas de coacción. Se basan en inspirar miedo para conseguir lo que queremos.  Una de las amenazas más frecuentes en la pareja es la de la ruptura. Se suele dar cuando existe un desequilibrio de poder basado en que una persona valora la relación mucho más que la otra. Puede ser simplemente porque está más enamorada, o porque la relación le supone una serie de ventajas que no quiere o no puede abandonar. En estos casos la amenaza constante de la ruptura puede convertirse en una continua coacción. A menudo la persona que amenaza con romper va de farol: en realidad no tiene la menor intención de hacerlo, pero sabe que así puede someter a su pareja a su voluntad.

3. Asustar - Las amenazas no son la única forma de inspirar miedo. También se puede crear una situación de ansiedad a base de asustar a la otra persona con actos como gritar, tirar o romper cosas, poner en riesgo la seguridad o la salud, o hacer algo ilegal. La simple presencia del miedo crea un clima de opresión.

4. Chantaje - El chantaje es una forma de coacción que consiste en amenazar con hacer algo que la otra persona no quiere si no accede a nuestras demandas. La forma más reconocible de chantaje es la amenaza de contar algo que la otra persona no quiere que se sepa. Como ejemplo está el “outing”, un nuevo verbo inglés que viene de la expresión “out of the closet” (salir del armario) y que se refiere a revelar a que una persona es gay o bisexual. Hoy en día se generaliza a descubrir que una persona practica el BDSM, el poliamor u otras formas de sexualidad no aceptadas por nuestra cultura.

5. Chantaje emocional - Consiste en utilizar el miedo, la obligación o la culpa (en inglés, “fear, obligation and guilt”, que forman el acrónimo FOG, que significa “niebla”) con el fin de presionar a otra persona de hacer lo que queremos. Se distinguen cuatro formas de chantaje emocional. La primera consiste en amenazar con castigar, privar de un beneficio o hacer daño. Un ejemplo clásico en la pareja es la privación de sexo o de afecto. La segunda consiste en el auto-castigo: en este caso se amenaza con hacerse daño a uno mismo. Un caso extremo sería la amenaza de suicidio (“¡déjala o me mato!”), pero también entra aquí el enfurruñarse o sumirse en un estado depresivo cuando no se obtiene lo que se quiere. La tercera forma de chantaje emocional consiste en adoptar conductas de auto-sacrificio con el fin de evocar sentimiento de culpa. Incluye todos esos actos de servicio que se hacen no porque se quieren hacer o como demostración de amor, sino para luego obtener algo a cambio: “¡me he tirado tres horas preparando la cena y tú no me haces ni caso!”. La cuarta forma es quizás la más difícil de reconocer, pues consiste en utilizar un premio o una tentación para conseguir lo que se quiere. Un ejemplo clásico es cuando le ofrecemos una golosina a un niño a cambio de un beso. En la pareja, ofrecer sexo o afecto como premio puede parecer en principio una buena idea, pero puede llevar a un ambiente de manipulación en el que no se sabe muy bien por qué se hacen las cosas.

6. Traspasar límites - Todos tenemos cosas que no queremos hacer o que no queremos que nos hagan. En inglés se conocen como “boundaries”, que quiere decir límites o fronteras. En una relación sana, cada persona define claramente cuáles son sus límites y la otra persona los respeta escrupulosamente. Los problemas vienen cuando los límites no están bien definidos o cuando se conocen y se rompen a propósito.

7. Incomunicación - Es sabido que la buena comunicación es esencial para el buen funcionamiento de la pareja. Ya resulta difícil en el mejor de los casos, pero a veces se sabotea a propósito como parte de actitudes ofensivas o defensivas, o con fines manipulativos. Un ejemplo es el “tratamiento de silencio”, que consiste en negarse a hablar con la otra persona. Su versión actual es el bloqueo en las redes sociales. Otro ejemplo consiste en hacer justo lo contrario: hablar sin parar para formar un “muro de palabras”  que no le permite a la otra persona expresarse. Formas más sutiles de incomunicación son el no querer escuchar, la comunicación agresiva y la comunicación pasiva. Esta última consiste en pretender que la otra persona nos lea la mente o adivine lo que queremos decir a base de indirectas, tono de voz o lenguaje corporal.

8. Mentiras - El peor tipo de incomunicación es cuando no se dice la verdad. Además, la mentira puede entenderse como una forma de privación de poder ya que la desinformación impide a la otra persona actuar de la forma más favorable para ella. La mentira se suele considerar la principal ofensa en la infidelidad conyugal, aunque a menudo esto es porque no se quiere reconocer el valor exagerado que nuestra cultura otorga a la exclusividad sexual. En realidad, cualquier tipo de mentira o falta de honestidad puede hacer daño en la pareja, ya que mina la confianza mutua.

9. Gaslighting” - “Gaslighting” en una forma extrema de abuso psicológico que consiste en la manipulación sistemática de la información que se suministra a otra persona. Así se va entretejiendo una red de mentiras, medias verdades, secretos y decepciones que generan un visión distorsionada de la realidad. Normalmente se hace con el fin de ocultar una situación de maltrato generalizado. Suele ocasionar un daño grave en la autoestima, incluso a hacer que la víctima llegue a cuestionar su propia cordura. El nombre viene de la obra de teatro Gas Light y de sus adaptaciones al cine.

10. Secretos - La cuestión de si se deben guardar secretos a nuestra pareja es sumamente delicada. Por un lado, todo el mundo tiene derecho a su privacidad; algunas cosas son tan íntimas que absolutamente nadie debe conocerlas. Por otro lado, el ocultar determinadas cosas que nuestra pareja tiene derecho a conocer para su propia seguridad puede ser equivalente a mentir por omisión. Los casos más claros son los de las enfermedades de transmisión sexual y la infidelidad.

11. Invadir la privacidad - Ésta es la otra cara de la moneda de los secretos. Todos tenemos derecho a revelar cosas de nosotros mismo si queremos, cuándo queramos y cómo queramos. También tenemos derecho a que lo que contamos a alguien no se transmita a terceras personas sin nuestro consentimiento. Como decía antes, no es legítimo guardar en secreto algunas cosas, pero eso no quiere decir que esté bien usar la fuerza o la coacción para forzarnos a desvelar un secreto. Un ejemplo de invasión de privacidad desgraciadamente frecuente hoy en día es buscar información en un móvil o en un ordenador sin permiso.

12. Quejas y reproches - Quejarse es algo normal y si algo no funciona bien en la pareja es esencial para la buena comunicación el decirlo. Pero hay muchas formas de decir las cosas. Cuando las quejas y los reproches se hacen con la intención de hacer que la otra persona se sienta culpable y avergonzada, entramos en el terreno del maltrato emocional. Los problemas hay que plantearlos en el momento adecuado, preferiblemente con tiempo de sobra para hablar sobre ello, sin ira y sobre todo sin ánimo de herir y ofender. Como en muchas otras cosas, la cantidad importa: una sarta interminable de reproches es indiscutiblemente abusiva. También hay que prestar atención a dos vicios relacionados con esto. El primero es el de ofenderse fácilmente, el estar a la que salta, de forma que la otra persona se tenga que estar autocensurando constantemente. Obviamente, la buena comunicación no puede darse así. El otro es el victimismo, el presentarse como víctima de abuso cuando en realidad no se es. Una de las mayores ironía del abuso psicológico es que el maltratador  suele presentarse como víctima, incluso estar convencido de que lo es.

13. Avergonzar - La vergüenza, incluso más que la culpa, es la emoción más destructiva de la autoestima. Sólo hay que pensar en todos los casos de adolescentes homosexuales que son llevados al suicidio por la vergüenza que evocan en ellos sus padres, su comunidad religiosa o sus compañeros de clase. Por eso, una de las formas más corrientes de maltrato emocional son los comentarios degradantes y las críticas continuas. Incluso la falta de alabanza cuando es merecida puede minar la autoestima de una persona. Si la persona a la que amamos no es capaz de reconocer nuestros méritos, ¿quién lo va a hacer? Un caso extremo es el llamado “cyber-bullying”, ciberacoso o acoso virtual: el acoso en las redes sociales de personas a base de avergonzarlas en público.

14. No disculparse - Todos tenemos que saber disculparnos, ya que todos cometemos errores. Una disculpa a tiempo puede significar la diferencia entre una pelea conyugal que se resuelve satisfactoriamente y otra que deja cicatrices emocionales para toda la vida. También puede suponer la diferencia entre percibir un error como un acto abusivo o como algo que se hizo sin malicia. La disculpa suele entrañar el reconocernos culpables del daño que hemos hecho, pero aunque no lo seamos todavía podemos disculparnos simplemente por haber participado en algo que hizo sufrir a quien amamos. Cuando en una pareja una persona se disculpa a menudo y la otra nunca es que algo marcha mal.

15. No perdonar - Las disculpas deben ser aceptadas, ya que el no hacerlo mina la dignidad de la persona que se ha disculpado. Esto no quiere decir que todo deba o pueda ser perdonado. De hecho, en muchas situaciones de maltrato nos encontramos con una forma patológica de perdón basada en la codependencia: la víctima constantemente perdona al maltratador, incluso inventando las disculpas más inverosímiles para el maltrato. Por lo tanto, una condición indispensable para perdonar debe ser que el acto a perdonar haya terminado ya. No se puede perdonar a quien persiste en su conducta. Pero, por otra parte, el no otorgar el perdón merecido puede convertirse en maltrato emocional al perpetuar el sentimiento de culpa de quien lo pide. Quizás lo más apropiado a hacer cuando no se puede perdonar a alguien es romper la relación, en vez de continuarla en la situación de desequilibrio de poder que supone el sentimiento de culpa. Una variante de este tema es cuando las disculpas son aceptadas pero utilizadas en el futuro una y otra vez para recordarle su culpabilidad a quien las ofreció. Esta manipulación de la disculpa es incompatible con el perdón sincero. Hay que saber pasar página.

16. Aislamiento social - En las sectas, una técnica muy común para crear dependencia emocional es la de separar a sus adeptos de su entorno de familia y de amigos. La víctima pierde así los elementos de referencia que le permitirían escapar de la adoctrinamiento de la secta. En una pareja se puede dar una situación similar cuando se quiere separar a la otra persona de sus amigos, normalmente por celos.

17. Presión social - También puede darse el caso de que una de las personas de la pareja se vea absorbida por los amigos y familiares de la otra, que por supuesto tendrán una opinión sesgada en caso de conflicto. La presión social también puede tomar la forma de normas culturales que favorecen a una persona más que a la otra. El machismo es un ejemplo de esto, como cuando la sociedad ve normal que el hombre controle el comportamiento de la mujer. Otro caso es cuando una de las personas de la pareja quiere practicar el BDSM o el poliamor, y la otra persona usa la normativa cultural para impedírselo. A veces esto toma la forma de lo que se denomina en inglés “slut-shaming” (“avergonzar a la zorra”), que consiste en provocar vergüenza a una mujer por su comportamiento sexual contraviniendo normas culturales.

18. Sabotaje - Hay veces en que no se respetan las obligaciones laborales, familiares y sociales de la otra persona en la pareja, de tal manera que se la perjudica indirectamente al impedirle cumplirlas. El caso más típico es cuando una pelea de pareja nos deja tan alterados que no podemos concentrarnos en el trabajo. En ese caso el sabotaje es involuntario e indirecto. Un paso más hacia una relación de maltrato es cuando alguien tiene tan poco respeto y consideración hacia su pareja que no pone el mínimo cuidado en respetar sus horarios de trabajo o el tiempo que le dedica a la familia o los amigos, apropiándose de todo ese tiempo y atención, por ejemplo, forzando citas o conversaciones telefónicas en momentos inoportunos. En situaciones extremas de abuso, el maltratador interfiere directamente con el trabajo o el entorno social de su víctima con acciones dedicadas directamente a destruirlos. Conozco el caso de un marido que llamó al jefe de su mujer diciéndole que ella dejaba el trabajo, en contra de los deseos de ella.

Supongo que muchas de estas cosas os resultarán familiares, bien porque las hayáis sufrido, bien porque las hayáis hecho. Desgraciadamente, son conductas usuales en la pareja. Al confeccionar esta lista no pretendo provocar ninguna caza de brujas. Hay que evitar caer en la auto-culpabilización, el miedo y la vergüenza que, al fin y al cabo, son la base del daño emocional que tratamos de evitar. Todos hemos tenido peleas de parejas en las que hemos intentado asustar y herir a la persona a la que amamos. Este tipo de peleas no deben considerarse como algo normal. Van dejando cicatrices que van socavando la relación, sentando la base para peleas posteriores y volviéndola cada vez menos saludable.

Estas formas de maltrato pueden llevarlas a cabo tanto hombres como mujeres. No quiero entrar aquí a discutir si se da más en un género que en el otro, aunque está claro que al ocurrir en una sociedad sexista hay que tener en cuenta el desequilibrio de poder que esto supone. Quizás los hombres seamos más dados a algunas formas de maltrato, como la coacción, el asustar y la incomunicación, y las mujeres a otras, como el chantaje emocional, los reproches y la presión social. Esto resultaría muy difícil de cuantificar.

Lo que sí me parece importante es señalar que en muchos casos el maltrato es mutuo, aun cuando es desigual. Es decir, que aunque una persona maltrate más que la otra, el contraataque y la venganza no están ni justificados éticamente ni suelen resultar efectivos. En la pareja, esto suele llevar a una intensificación del conflicto en una espiral de abuso creciente que acaba por convertir la relación en tóxica. Lo mejor que puede pasar en estos casos es que se llegue a la ruptura. Sin embargo, hay veces que se acaba por aceptar esta situación como normal: las dos personas están tan obcecadas en la búsqueda de poder que carecen de la claridad mental para salir de esa dinámica.

Claro que cuando estas conductas son profundas, maliciosas y generalizadas, con un profundo desequilibrio de poder entre las dos personas, se llega al abuso psicológico. Al contrario que el maltrato físico, el psicológico no deja marcas ni heridas, por lo que es insidioso y difícil de detectar. A menudo se desarrolla gradualmente y viene acompañado de situaciones de dependencia emocional, de forma que la víctima no reconoce su situación. Puede producir serios daños en la autoestima e incluso llevar al suicidio.

A cada cual le corresponde examinar cuidadosamente su conducta para ir eliminando todo elemento de maltrato. Cuando alguien nos abre el corazón eso lo vuelve extremadamente vulnerable, no debemos traicionar la confianza que se deposita en nosotros haciendo daño. El que lo hagamos de forma inconsciente o por ignorancia no nos disculpa. Si queremos que se nos ame de verdad, debemos aprender a amar. Y eso consiste en hacer feliz a nuestra pareja, no en hacerla sufrir.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Cómo controla el cerebro el sistema inmune: el tono vagal

Encontré en El País este artículo sobre las posibilidades que tiene la estimulación eléctrica del nervio vago para controlar el sistema inmune. Por medio de esta técnica se están tratando enfermedades hasta ahora incurables como la artritis reumatoide.

http://elpais.com/elpais/2015/11/30/ciencia/1448898661_768854.html
dispositivo para estimular el nervio vago

Otra faceta interesante es la posibilidad de regular el tono vagal con meditación, ejercicios respiratorios y otras técnicas que controlan el estrés.

El nervio vago se origina en el bulbo raquídeo y desciende por medio del cuerpo, estableciendo contacto con todos los órganos importantes: corazón, estómago, bazo, páncreas, intestino cápsulas suprarrenales y riñones. Por lo visto, es su contacto con el bazo lo que regula el sistema inmune.

domingo, 22 de noviembre de 2015

No-Do: la propaganda del franquismo al alcance de todos


Desde diciembre del 2012, los archivos del No-Do están digitalizados y a disposición de todo el mundo en el sitio web de la Filmoteca Nacional. Se pueden acceder aquí:
http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/

No-Do es la abreviatura de “Noticiarios y Documentales”. Se trataba de un segmento de noticias que se proyectaba en las salas de cines de forma obligatoria antes del largometraje. El primero se lanzó en enero de 1943 y el último en mayo del 1981, pero a partir de 1976 su proyección en los cines dejó de ser obligatoria. El No-Do fue uno de los instrumentos propagandísticos más efectivos de la dictadura, dada la enorme popularidad del cine en un país en el que la televisión no apareció hasta los años 60 y distaba mucho de estar al alcance de todos. Muchos de sus segmentos estaban dedicados a ensalzar la figura de Franco. Fue así como la imagen de Franco inaugurando pantanos entró en la memoria colectiva.

Para evaluar hasta qué punto el sesgo de las noticias estaba a favor del régimen franquista y de sus aliados nazis en Alemania y fascistas en Italia, me puse a ver las noticias publicadas en el No-Do en los últimos años de la guerra. Las noticias relativas a la guerra en el Pacífico entre EE.UU. y Japón están a favor de los americanos, con algunas imágenes proporcionadas por los japoneses. Por el contrario, en el frente oriental de Europa, las noticias mienten sobre las victorias soviéticas sobre el ejército alemán. En frente occidental europeo se va pasando gradualmente de favorecer a los alemanes a celebrar las victorias aliadas. Por ejemplo…

Preparaciones al desembarco de Normandía, en los dos lados, en el No-Do del 12 de junio de 1944. No se da la noticia de la gran victoria aliada, que ya se había producido el 6 de junio. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-76/1468196/

La noticia del desembarco de Normandía se da por en el No-Do del 3 de julio. Impresionantes imágenes de los dos lados. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-79/1465413/

Victorias aliadas en Alemania. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-122/1487559/

Campos de concentración alemanes, sin mencionar a los judíos… No, se trata de “presos políticos”. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-125/1487561/

Rendición del ejército alemán en Italia. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-127/1467333/

Rendición de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-127/1467336/

En los archivos del año 1945 no conseguí encontrar ninguna noticia del bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki.

¿Quién me puede decir lo que representan estas seis imágenes?




viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuarenta años de la muerte de Franco


El tópico es que la dictadura del General Franco sobre España duró cuarenta años. "Los Forrenta Años”, como se titulaba una serie de libros de cómics de Forges. Por eso cabría esperar que hoy que se cumplen cuarenta años de la muerte del dictador hubiera al menos algún comentario en la prensa sobre lo lejos que ya se nos va quedando la dictadura. Pero, no, parece que los atentados de París, la crisis de refugiados de Siria y el independentismo catalán copan todas las noticias.


Ya van quedando muy pocas personas que sufrieran en su carne la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. Somos más los que crecimos en los últimos años del franquismo y recordamos a Franco como un viejo decrépito que apenas podía hablar bien. Los símbolos del nacional-catolicismo más que miedo nos inspiraban una cierta sensación de ridículo. Pero los primeros años de la dictadura fueron un auténtico horror de fusilamientos en masa, encarcelamientos, torturas, pobreza y hambre. Por eso, me gustaría conmemorar la muerte del dictador recordando una de las facetas más horribles del principio de la dictadura: la suerte de los exiliados españoles en los campos de refugiados creados para ellos en Francia.

Además, de paso me sirve para enfocar dos temas de actualidad. El primero es el de los refugiados sirios. No nos viene mal recordar que un día los españoles también tuvimos que escapar de una guerra horrible y que no se nos acogió demasiado bien en el país vecino. El segundo tema es el del independentismo catalán. Quizás debamos recordar que fuimos todos los españoles los que luchamos a brazo partido contra el fascismo y a favor de la democracia. Madrileños, castellanos, valencianos y andaluces lucharon y murieron junto con los catalanes y los vascos. Al contrario de los que dicen algunos reinventores de la historia, el franquismo no fue español, ni madrileño, ni castellano. Franco tuvo que contratar mercenarios marroquíes y buscar la ayuda de soldados fascistas italianos y aviones alemanes para luchar contra nosotros, el pueblo español. En frente de la guerra se instaló en las puertas de Madrid, en el campus de la Complutense y en la Moncloa, en el otoño de 1936. Y Madrid, contra todo pronóstico, resistió hasta el final de la guerra, a finales del invierno del 39, cuando Bilbao y Barcelona ya habían caído en manos de los fascistas.


La última fase de la Guerra Civil empezó a finales de 1938. El Frente del Ebro, en el que los republicanos había puesto sus últimas esperanzas, se colapsó. Los franquistas ya habían conseguido llegar hasta el Mediterráneo siguiendo el Ebro y así separar a Cataluña del resto de la España republicana. A partir de ahí se movieron hacia el norte, tomando Tarragona. Los milicianos republicanos no podían resistir a un enemigo muy superior en armas y efectivos, y el pánico cundió en Cataluña. Cientos de miles de personas huyeron hacia la frontera con Francia. Aunque catalanes en su mayoría, iban acompañados de otros españoles que habían ido a refugiarse en Cataluña.

En total, se calcula que unas 460,000 personas cruzaron la frontera a Francia ese invierno. Para poner esa figura en perspectiva, pensemos que la población de España en esa época era inferior a los 20 millones de personas, con lo que los exiliados representaban el 2.3% de la población de España. Además, no era la primera vez que se producía un éxodo semejante. Refugiados españoles ya habían huido a Francia con la caída del País Vasco, Santander y Asturias. ¿Por qué huían? Por malo que fuera, vivir en la dictadura sin duda sería mejor que hacerlo en un campo de refugiados. Al principio de la guerra Franco había promulgado la Ley de Responsabilidades Políticas, con la que se condenaba a la cárcel o incluso a muerte a cualquiera que hubiera participado en el gobierno de la República o militado en un partido político o sindicato de izquierdas. De hecho, era sabido que la toma de ciudades por los fascistas iba seguida por fusilamientos, torturas, violaciones y encarcelamientos en masa. En total, se calcula que más de 100,000 personas fueron asesinadas por el franquismo después del final de la guerra. Para muchos, era exiliarse o morir.


Pero el destino de los exiliados fue muy penoso. Gobernados por la derecha, los franceses los retuvieron en campos de concentración en las playas del sur de Francia, como el de Argeles-sur-Mer que describe de forma espeluznante Almudena Grandes en su magnífica novela El corazón helado. También hubo campos de refugiados en otras localidades de Francia, donde los exiliados estuvieron años sufriendo privaciones. El gobierno francés colaboró con los franquistas para conseguir que muchos refugiados volvieran a España, donde fueron internados en “campos de purificación” de acuerdo con la infame Ley de Responsabilidades Políticas. En total, unas 280,000 personas volvieron a España; aproximadamente la mitad de los exiliados. Otros consiguieron emigrar a algún país de acogida, sobre todo Méjico, que se portó de forma ejemplar con nosotros. Unos pocos se integraron en la sociedad francesa y un número considerable murieron. El poeta chileno Pablo Neruda consiguió enviar 2,200 refugiados españoles a Chile. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, todavía quedaban en Francia 162,000 refugiados españoles, un 35% de los exiliados.


Si queréis aprender más de esta triste historia, podéis encontrar más información aquí http://www.exiliadosrepublicanos.info/es/historia-exilio .

No debemos olvidar nunca el horror que Franco, junto con sus colaboradores en las clases pudientes y la Iglesia Católica, desencadenó en España. Mientras el fascismo llegó al poder sin grandes problemas en Italia y en Alemania, casi un millón de españoles dieron su vida para luchar contra él. Quizás la memoria de este heroísmo y de nuestra determinación para seguir siendo un pueblo libre, democrático y justo debería servir para mantenernos unidos en estos momentos difíciles.



lunes, 9 de noviembre de 2015

El Muro de Palabras


Las palabras sirven para comunicarse y la comunicación es esencial en toda relación. Sin embargo, a menudo se usan como armas para atacar a la pareja o a otras personas. En mi vida me he tropezado con demasiada frecuencia con lo que voy a llamar el Muro de Palabras: una persona que habla de forma agresiva durante largos periodos de tiempo de manera que la otra persona se ve obligada a escuchar en silencio y no tiene tiempo de argüir a su favor.

Funciona de la siguiente manera. La persona empieza a hablar y no para por un largo rato, a menudo a base de dar detalles innecesarios y de repetir lo mismo una y otra vez. Si la otra persona la interrumpe, se quejará enardecidamente de la interrupción y luego continuará con su perorata. Sin embargo, usa un doble rasero en lo que concierne a las interrupciones, porque cuando la otra persona consigue finalmente abrir la boca se verá interrumpida enseguida por otra larga diatriba del que lleva la voz cantante, quien súbitamente ha sentido la necesidad imperiosa de clarificar algo que la otra persona acaba de decir. En los casos más extremos que he encontrado del Muro de Palabras, se producía algún silencio ocasional pero en el momento que abría la boca para decir algo mi interlocutor se ponía inmediatamente a hablar al mismo tiempo que yo, bloqueando lo que intentaba decir. De hecho, el Muro de Palabras puede llevar a una situación en la que los dos hablan simultáneamente, una persona intentando desesperadamente hacerse oír y la otra bloqueándola.

 El Muro de Palabras es más difícil de implementar en grupo, pero aun así he visto a una persona tomar el control de una reunión, impidiendo hablar a personas con opiniones contrarias a base de usar su autoridad como coordinadora para darse todo el tiempo de intervención a sí misma.

Quien usa el Muro de Palabras intenta, consciente o inconscientemente, bloquear la comunicación de la otra persona. No está interesado en escuchar, sólo en sermonear. El objetivo es crear un desequilibrio de poder en el que él adopta el papel de un superior sermoneando a un subordinado, como si fuera un adulto riñéndole a un niño o un jefe dándole una reprimenda a su empleado. De hecho, el contenido del discurso en el Muro de Palabras a menudo está lleno de acusaciones. Otras veces quien lo usa se presenta como víctima y el Muro de Palabras se erige bajo la excusa de defenderse contra el presunto maltrato de la otra persona. Por supuesto, puede ser verdad que hay una situación de abuso, pero la manera de evitarla no debería ser el impedirle al presunto maltratador comunicarse. En realidad, el Muro de Palabras es una forma de abuso psicológico en la que el desequilibrio de poder creado por el hecho de que una persona puede hablar y la otra no puede terminar minando la autoestima de la persona silenciada. A menudo, quien lo usa elabora una larga lista de acusaciones que la persona silenciada no tiene posibilidad de refutar. En el peor de los casos, a las acusaciones se le suman amenazas, añadiendo el miedo a las emociones negativas de la culpa y la vergüenza.

¿Qué podemos hacer cuando nos enfrentamos a un Muro de Palabras? No es nada fácil, pues el Muro de Palabras de por sí impide cualquier solución basada en la comunicación. Ahí van algunas ideas:

1. Pídele a una tercera persona que medie en la conversación. Lo mejor es que el mediador esté enterado del problema para así poder arbitrar igualdad de tiempo para hablar. Sin embargo, hay que tener en cuenta de que quien está acostumbrado a usar el Muro de Palabras intentará meter al mediador en su dinámica con protestas de que se le trata injustamente, y al final puede terminar bloqueando la comunicación del propio mediador.

2. Vete. A veces una persona usa el Muro de Palabras sólo cuando está irritada o a la defensiva. En esos casos, postergar la conversación para otro momento donde los ánimos están más calmados soluciona el problema. También puede ser que el intentar hablar con alguien que usa el Muro de Palabras simplemente no valga la pena, pues continuar la conversación en esas circunstancias es una afronta a la dignidad de la persona silenciada.

3. Pregúntate si tú eres parte del problema. Por supuesto, el Muro de Palabras es abusivo, pero a veces se puede usar como mecanismo de defensa contra algo que puedes estar haciendo tú. Obviamente ella no quiere escucharte, pero quizás lo haga por miedo a que algo que puedas decirle vaya a herirla. Aunque tú no uses el Muro de Palabras, eso no te impide soltar amenazas o acusaciones.

4. Usa una palabra de seguridad para indicarle a una persona dada a usar el Muro de Palabras que lleva hablando demasiado tiempo y que le ha llegado el turno de escucharte. Por supuesto, esto depende de que esa persona haya reconocido el problema.

5. Señala el problema diciendo “estás usando un Muro de Palabras”. A menudo el inventar un nombre para un problema ayuda mucho a reconocerlo. Palabras como “sexista”, “homofóbico” y “chantaje emocional” han funcionado muy bien como señales de situaciones de maltrato.

Si se te ocurren algunas otras soluciones, por favor indícalas en los comentarios.


sábado, 7 de noviembre de 2015

Cambio de planes

Llevo varios meses planteándome las cosas. ¿Qué es lo que quiero conseguir cómo escritor? ¿Qué es lo más importante para mí? ¿Qué mensaje quiero dar? ¿Quién quiero que me lea? ¿Cómo puedo llegar a más gente?

Es importante no quedarse estancado en la vida. Hay que aprender de lo que funciona y de lo que no funciona y cambiar de estrategia de acuerdo con eso. Y éstas son algunas cosas de las que me he dado cuenta:

  • No quiero pasarme la vida escribiendo sobre BDSM. Me atrae mucho la idea de escribir algo en la interacción entre la ciencia y la filosofía.
  • Quizás haya llegado la hora de escribir libros de ensayo y no novelas.
  • Es muy difícil promocionar libros en español viviendo en EE.UU.
  • Por el contrario, he conocido últimamente gente que me podría ayudar a publicar en inglés.
  • Los mecanismos de promoción de libros electrónicos, como Goodreads, funcionan mucho mejor para libros en inglés que para libros en español.
  • Cada vez que escribo sobre ciencia en español mi artículo tiene poco éxito. Sin embargo, si lo hago en inglés se me lee mucho y recibo muchos comentarios. Creo que el público anglosajón está mucho más interesado en temas serios que el público hispano.
  • Es una pena escribir un libro en español y después tener que decirles a mis amigos que no lo pueden leer porque sólo leen inglés. La realidad es que mi entorno social está aquí en EE.UU. y no en España.
  • Una posibilidad muy atractiva es la unir mi carrera como escritor con mi carrera científica, lo que podría hacer escribiendo ensayo sobre ciencia. 
  • Otra posibilidad en la misma dirección es escribir sobre la fisiología del sadomasoquismo.
¿Conclusión? Debería dejar de escribir en español y ponerme a hacerlo en inglés. El problema es que estoy a punto de terminar mi cuarta novela en español, Contracorriente. Incluso tengo escrita un buen trozo de mi quinta novela, Para volverte loca, y tengo planeada la sexta, Nunca podrás volver a casa. Todas son de la saga de Cecilia Madrigal, la protagonista de la trilogía Voy a romperte en pedacitos. No me apetece nada dejarlas. Estoy particularmente entusiasmado con Para volverte loca, donde tocaré dos temas que me parecen fascinantes: el uso de la llamada terapia aversiva para cambiar la orientación sexual de las personas y la pedofilia y su posible cura. Son temas que nunca se han abordado en una obra de ficción, que yo sepa, y que son tremendamente controvertidos.

Por otro lado, se me ha ocurrido una idea para un libro de ensayo (en inglés). Consistiría en explicar desde el punto de vista de la neurociencia por qué los seres humanos somos distintos de los animales, qué nos hace especiales. Lo podría titular Humans are awesome! (¡Los humanos somos impresionantes!). 

¿Qué voy a hacer? Creo que lo mejor es empezar un periodo de transición de unos cuantos años que me llevaría de escribir en español a hacerlo principalmente en inglés. O tal vez siga escribiendo cosas distintas en cada idioma. Por ahora, esto es lo que he decidido:
  • Traducir al inglés mi novela Juegos de amor y dolor. De hecho, ya he traducido tres de los nueve capítulos, o un tercio de la novela.
  • Intentar publicar la versión inglesa de Juegos de amor y dolor en una editorial americana.
  • Según el éxito de novela Juegos de amor y dolor decidir si traduzco las otras novelas o si pago a alguien para que las traduzca.
  • Trabajar sobre la versión en inglés de este blog (al que se puede acceder presionando en la pestaña "English blog"). En el escribiría más artículos sobre ciencia y menos sobre sexo.
  • En cuanto a este blog en español, pasaría a publicar traducciones de los artículos en inglés y alguno que otro exclusivamente en español, según se me vaya ocurriendo.
  • Empezar a escribir Humans are awesome!
  • Publicar Contracorriente, que estará finalizada a fin de este año. Quizás intente publicarla en una editorial. Si esto no funciona en un plazo razonable, la sacaría como libro electrónico.
  • También estoy preparando una nueva edición de Juegos de amor y dolor que tiene como novedad la inclusión de notas hiper-enlazadas con el texto. Los que ya hayáis comprado esta novela podréis bajar gratis la nueva edición.
  • Quiero publicar Juegos de amor y dolor y eventualmente todas mis novelas en papel a través de un servicio especial de Kindle. 
Claro que todo esto es super-ambicioso. Seguramente tendré que descartar alguno de estos proyectos, o reservarlos para cuando me jubile... Pero mi carrera científica va muy bien y no creo que lo haga por muchos años. En fin, ya veremos. Ojalá puediera vivir mil años para hacer realidad todos mis proyectos.