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domingo, 22 de noviembre de 2015

No-Do: la propaganda del franquismo al alcance de todos


Desde diciembre del 2012, los archivos del No-Do están digitalizados y a disposición de todo el mundo en el sitio web de la Filmoteca Nacional. Se pueden acceder aquí:
http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/

No-Do es la abreviatura de “Noticiarios y Documentales”. Se trataba de un segmento de noticias que se proyectaba en las salas de cines de forma obligatoria antes del largometraje. El primero se lanzó en enero de 1943 y el último en mayo del 1981, pero a partir de 1976 su proyección en los cines dejó de ser obligatoria. El No-Do fue uno de los instrumentos propagandísticos más efectivos de la dictadura, dada la enorme popularidad del cine en un país en el que la televisión no apareció hasta los años 60 y distaba mucho de estar al alcance de todos. Muchos de sus segmentos estaban dedicados a ensalzar la figura de Franco. Fue así como la imagen de Franco inaugurando pantanos entró en la memoria colectiva.

Para evaluar hasta qué punto el sesgo de las noticias estaba a favor del régimen franquista y de sus aliados nazis en Alemania y fascistas en Italia, me puse a ver las noticias publicadas en el No-Do en los últimos años de la guerra. Las noticias relativas a la guerra en el Pacífico entre EE.UU. y Japón están a favor de los americanos, con algunas imágenes proporcionadas por los japoneses. Por el contrario, en el frente oriental de Europa, las noticias mienten sobre las victorias soviéticas sobre el ejército alemán. En frente occidental europeo se va pasando gradualmente de favorecer a los alemanes a celebrar las victorias aliadas. Por ejemplo…

Preparaciones al desembarco de Normandía, en los dos lados, en el No-Do del 12 de junio de 1944. No se da la noticia de la gran victoria aliada, que ya se había producido el 6 de junio. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-76/1468196/

La noticia del desembarco de Normandía se da por en el No-Do del 3 de julio. Impresionantes imágenes de los dos lados. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-79/1465413/

Victorias aliadas en Alemania. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-122/1487559/

Campos de concentración alemanes, sin mencionar a los judíos… No, se trata de “presos políticos”. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-125/1487561/

Rendición del ejército alemán en Italia. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-127/1467333/

Rendición de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-127/1467336/

En los archivos del año 1945 no conseguí encontrar ninguna noticia del bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki.

¿Quién me puede decir lo que representan estas seis imágenes?




viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuarenta años de la muerte de Franco


El tópico es que la dictadura del General Franco sobre España duró cuarenta años. "Los Forrenta Años”, como se titulaba una serie de libros de cómics de Forges. Por eso cabría esperar que hoy que se cumplen cuarenta años de la muerte del dictador hubiera al menos algún comentario en la prensa sobre lo lejos que ya se nos va quedando la dictadura. Pero, no, parece que los atentados de París, la crisis de refugiados de Siria y el independentismo catalán copan todas las noticias.


Ya van quedando muy pocas personas que sufrieran en su carne la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. Somos más los que crecimos en los últimos años del franquismo y recordamos a Franco como un viejo decrépito que apenas podía hablar bien. Los símbolos del nacional-catolicismo más que miedo nos inspiraban una cierta sensación de ridículo. Pero los primeros años de la dictadura fueron un auténtico horror de fusilamientos en masa, encarcelamientos, torturas, pobreza y hambre. Por eso, me gustaría conmemorar la muerte del dictador recordando una de las facetas más horribles del principio de la dictadura: la suerte de los exiliados españoles en los campos de refugiados creados para ellos en Francia.

Además, de paso me sirve para enfocar dos temas de actualidad. El primero es el de los refugiados sirios. No nos viene mal recordar que un día los españoles también tuvimos que escapar de una guerra horrible y que no se nos acogió demasiado bien en el país vecino. El segundo tema es el del independentismo catalán. Quizás debamos recordar que fuimos todos los españoles los que luchamos a brazo partido contra el fascismo y a favor de la democracia. Madrileños, castellanos, valencianos y andaluces lucharon y murieron junto con los catalanes y los vascos. Al contrario de los que dicen algunos reinventores de la historia, el franquismo no fue español, ni madrileño, ni castellano. Franco tuvo que contratar mercenarios marroquíes y buscar la ayuda de soldados fascistas italianos y aviones alemanes para luchar contra nosotros, el pueblo español. En frente de la guerra se instaló en las puertas de Madrid, en el campus de la Complutense y en la Moncloa, en el otoño de 1936. Y Madrid, contra todo pronóstico, resistió hasta el final de la guerra, a finales del invierno del 39, cuando Bilbao y Barcelona ya habían caído en manos de los fascistas.


La última fase de la Guerra Civil empezó a finales de 1938. El Frente del Ebro, en el que los republicanos había puesto sus últimas esperanzas, se colapsó. Los franquistas ya habían conseguido llegar hasta el Mediterráneo siguiendo el Ebro y así separar a Cataluña del resto de la España republicana. A partir de ahí se movieron hacia el norte, tomando Tarragona. Los milicianos republicanos no podían resistir a un enemigo muy superior en armas y efectivos, y el pánico cundió en Cataluña. Cientos de miles de personas huyeron hacia la frontera con Francia. Aunque catalanes en su mayoría, iban acompañados de otros españoles que habían ido a refugiarse en Cataluña.

En total, se calcula que unas 460,000 personas cruzaron la frontera a Francia ese invierno. Para poner esa figura en perspectiva, pensemos que la población de España en esa época era inferior a los 20 millones de personas, con lo que los exiliados representaban el 2.3% de la población de España. Además, no era la primera vez que se producía un éxodo semejante. Refugiados españoles ya habían huido a Francia con la caída del País Vasco, Santander y Asturias. ¿Por qué huían? Por malo que fuera, vivir en la dictadura sin duda sería mejor que hacerlo en un campo de refugiados. Al principio de la guerra Franco había promulgado la Ley de Responsabilidades Políticas, con la que se condenaba a la cárcel o incluso a muerte a cualquiera que hubiera participado en el gobierno de la República o militado en un partido político o sindicato de izquierdas. De hecho, era sabido que la toma de ciudades por los fascistas iba seguida por fusilamientos, torturas, violaciones y encarcelamientos en masa. En total, se calcula que más de 100,000 personas fueron asesinadas por el franquismo después del final de la guerra. Para muchos, era exiliarse o morir.


Pero el destino de los exiliados fue muy penoso. Gobernados por la derecha, los franceses los retuvieron en campos de concentración en las playas del sur de Francia, como el de Argeles-sur-Mer que describe de forma espeluznante Almudena Grandes en su magnífica novela El corazón helado. También hubo campos de refugiados en otras localidades de Francia, donde los exiliados estuvieron años sufriendo privaciones. El gobierno francés colaboró con los franquistas para conseguir que muchos refugiados volvieran a España, donde fueron internados en “campos de purificación” de acuerdo con la infame Ley de Responsabilidades Políticas. En total, unas 280,000 personas volvieron a España; aproximadamente la mitad de los exiliados. Otros consiguieron emigrar a algún país de acogida, sobre todo Méjico, que se portó de forma ejemplar con nosotros. Unos pocos se integraron en la sociedad francesa y un número considerable murieron. El poeta chileno Pablo Neruda consiguió enviar 2,200 refugiados españoles a Chile. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, todavía quedaban en Francia 162,000 refugiados españoles, un 35% de los exiliados.


Si queréis aprender más de esta triste historia, podéis encontrar más información aquí http://www.exiliadosrepublicanos.info/es/historia-exilio .

No debemos olvidar nunca el horror que Franco, junto con sus colaboradores en las clases pudientes y la Iglesia Católica, desencadenó en España. Mientras el fascismo llegó al poder sin grandes problemas en Italia y en Alemania, casi un millón de españoles dieron su vida para luchar contra él. Quizás la memoria de este heroísmo y de nuestra determinación para seguir siendo un pueblo libre, democrático y justo debería servir para mantenernos unidos en estos momentos difíciles.



domingo, 11 de enero de 2015

El secuestro de Cecilia


Éste es otro fragmento de mi novela Desencadenada. Es el principio de uno de los segmentos más duros de la novela, en el que Cecilia se enfrenta a una situación sumamente peligrosa...

Nada más doblar la esquina, Vicente se adelantó un par de pasos y se detuvo delante de ella, mirándola.

-¡Desde luego, sí que estás buena! -le dijo con una sonrisa burlona.

Eso le extrañó, sus maneras, hasta entonces educadas aunque un tanto nerviosas, parecían haber cambiado súbitamente. Lo miró, sorprendida. Iba a decirle algo pero él la empujó contra la pared y la besó violentamente. Al principio se dejó hacer. Le gustaba que la besaran así y, a fin de cuentas, estaba allí para servir al cliente. Pero cuando el beso empezó a prolongarse intentó empujarlo para librarse de él. Él la apretó con aún más fuerza contra el muro. Giró la cara para librarse de su boca.

-¡Vale ya! Vamos al hotel… -empezó a decir.

Entonces los vio: dos tipos que habían aparecido de ninguna parte. Los reconoció enseguida: Luis y su repulsivo amigo Benito.

-¡Socorro! -gritó, al tiempo que intentaba zafarse con renovadas energías. Pero Vicente la sujetó con aún más firmeza, poniéndole la mano sobre la boca para ahogar su grito. Los otros dos se les echaron encima en un santiamén. Benito le agarró la muñeca, retorciéndole el brazo tras la espalda, haciéndole daño. A pesar de eso, se debatió. La obligaron a andar, apartándola de la pared. Se le torció un tobillo y se hubiera caído al suelo si no la hubieran sostenido. Perdió uno de los zapatos.

Un coche se detuvo en doble fila con un frenazo: un Dodge Dart negro. Luis abrió la puerta trasera. Benito tiró aún más de su brazo para forzarla a inclinarse hacia a delante, y la empujó dentro.

-¡Socorro! ¡Me secuestran! -volvió a gritar aprovechando que ya no le tapaban la boca.

Luis entró por la otra puerta trasera, atrapándola entre él y Benito. Le dio un bofetón.

-¡Cállate! -le dijo, y a los otros: -¡Venga, vámonos!

Tres puertas se cerraron en rápida sucesión. El coche aceleró.

Benito tiró de su brazo hacia arriba de su espalda, obligándola a doblarse hacia adelante. Notó un contacto metálico alrededor de la muñeca por la que la agarraba. La querían esposar. Enterró su brazo izquierdo en su vientre para que no pudiera cogerle esa muñeca. Luis empezó a tirar de él para sacárselo, y ella se dobló sobre sí misma con aún más fuerza para impedírselo. Benito aflojó la presión en su otro brazo y la empujó hacia atrás, permitiendo a Luis agarrarle la muñeca. Siguió forcejeando, resuelta a no dejarse poner las esposas.

-Ponle la mano en la espalda -le dijo Benito a Luis.

Cecilia dejó caer el zapato que le quedaba y clavó los pies en los asientos delanteros, presionando la espalda contra el respaldo con toda la fuerza de su cuerpo. Era la postura de escalar en chimenea, conocía bien su poder: aprovechaba la fuerza de todos los músculos de su cuerpo.

-No puedo -gruñó Luis-. Da igual, pónselas por delante. Total, va a ser mejor para lo que quiero hacerle.

Por más que lo intentó, no pudo luchar contra la fuerza combinada de los dos. No tardaron en juntarle las muñecas frente a ella y cerrar las esposas.

-¡Esto es un crimen! -les gritó a sus secuestradores. Luis la volvió a abofetear.

-¡Déjate de tonterías, Cecilia, o será peor! -le dijo.

Tuvo tiempo de reconocer al conductor: Pascual, el policía. Vicente iba junto a él en el asiento de delante. Luego algo negro le cayó sobre la cabeza, impidiéndole ver. Le habían colocado una capucha. Recordó el relato de Malena, como los pinochetistas la habían conducido así a la prisión donde había visto a su padre por última vez.

La capucha no la dejaba respirar. La empezó a invadir el pánico.

Tranquilízate, Cecilia, vas a necesitar todas tus fuerzas para hacer frente a esta situación. ¡Luis me tendrá preparado algo horrible, seguro! Pero no me va a matar… ¿Qué me hará? Darme esa paliza que me tenía prometida, seguro… de eso no me libro. Pero no se atreverá a dejarme marcas, serían pruebas contra él. ¿Y sus compinches? También querrán algo… ¡Me van a violar! ¡Dios mío, me van a violar! ¿Luis también? Es capaz, el muy cabrón, lleva toda la vida deseándolo. ¡Cuatro tíos… va a ser insoportable! ¡Me quedaré traumatizada para toda la vida, como le pasó a Malena!

Miedo. Estaba aterrorizada. Recordó lo que Lorenzo le había dicho una vez escalando: el miedo te pude llevar al pánico, o te puede servir para aumentar tu concentración.

Calma, calma. Yo no soy Malena, no soy una cría de dieciséis años. Estoy acostumbrada a que me follen. Vicente ya lo iba a hacer de todas formas… Eso es lo que tengo que hacer: imaginarme que son clientes. ¡Sí, clientes! ¡Unos fachas hijos de puta, eso es lo que son! ¡Ahora, que esto no quedará así! ¡Se van a enterar! ¡El Chino y Tony les darán su merecido! Voy a decírselo… ¡No, no! ¿Estás loca? Si los amenazas sólo vas a conseguir que te hagan más daño.

La rabia también era peligrosa, la haría menos inteligente. Y si había algo que le permitiría salir de esa situación era su inteligencia. Ella era más lista que Luis.

Mejor seguirles la corriente, esperar mi oportunidad. Si creen que me tienen, que ya no me resisto, igual puedo pillarlos desprevenidos.

La canción Rivers of Babylon sonaba sin cesar dentro de su cabeza. Muy apropiado, ahora soy yo a la que llevan cautiva.

El coche se detuvo. Oyó abrirse la puerta a su derecha. Sintió bajarse a Benito. Luis le quitó la capucha. Se habían detenido en mitad de una calle estrecha, desierta, en algún lugar del casco antiguo. Benito les esperaba en el portal del edificio más cercano, manteniendo abierta la puerta. Luis le agarró las manos esposadas y le apretó la capucha contra la boca para impedirle gritar.

-¡Sal! -le dijo al oído-. ¡Vamos, rápido!

Entre Luis y Vicente la hicieron cruzar la acera a la carrera. El portal se cerró tras de ella con un chirriar de bisagras y un chasquido siniestro del cerrojo.

Se metieron los cuatro en un ascensor antiguo, de esos de jaula, ella en medio, oculta por los cuerpos de los tres hombres. Pensó en gritar, pero Luis aún la amordazaba con la capucha. Le harían daño si lo intentaba.

La sacaron del ascensor. Benito abrió la puerta de un piso. Tenía un membrete, pero no pudo leerlo antes de verse empujada rudamente adentro.

Se encontró en un despacho lujosamente amueblado. Frente a la puerta, a la derecha, había un pesado escritorio de madera, atravesado en una esquina formada por dos estanterías llenas de libros. En las otras dos paredes colgaban fotos enmarcadas, algunas en blanco y negro, otras en color. Presidiendo en la parte más alta había un gran retrato de Franco, rodeado de fotos de políticos y militares que Cecilia reconoció sólo vagamente. Otras fotos mostraban hombres en uniforme, desfilando o marchando por el campo. Una puerta lateral, cerrada, debía conducir al resto del piso. En la esquina opuesta al escritorio había dos pequeños sillones flanqueando una mesa de café. Entre ellos, un estandarte inclinado dejaba caer medio desplegada la bandera de España, con su feo aguilucho negro.

Luis se cuadró frente a la bandera de un taconazo, extendiendo el brazo y la mano en el saludo fascista. Benito y Vicente lo imitaron de inmediato.

-¡Arriba España! -dijeron los tres al unísono, haciendo explotar la “p”.

Benito se quitó su pesada chaqueta de cuero y la arrojó sobre uno de los sillones.

-¡Va bene! ¿Cosa facciamo adesso? -dijo en italiano, frotándose las manos.

-Vosotros, nada; volveos al coche -dijo Luis-. Ya me encargo yo de darle a esta puta su merecido.

-¡Venga, Luis! -dijo Benito, mirándola con ojos chispeantes-. ¡Que nosotros también queremos divertirnos!

Se le acercó. La cogió de la barbilla para obligarla a mirarlo a la cara.

-¡Madonna, comme sei bella! ¡Una bella putana!

Cecilia se quedó rígida, paralizada. Resistió las ganas de protestar, de suplicar; intuía que mostrar miedo sólo serviría para excitar más a esos salvajes.

-¡Déjala! -dijo Luis, impávido-. Es mi hermana, yo sé cómo tratarla.

-Será tu hermana y todo lo que quieras, pero también es una puta. Si ya se la han tirado tantos tíos, ¿por qué íbamos a privarnos nosotros?

-Además, yo ya he pagado por eso -remachó Vicente.

-A partir de ahora va a dejar de ser puta, ya me encargaré yo de eso. Así ya no habrá más que discutir.

-Al menos déjanos ver cómo la castigas -insistió Benito.

-¡Ni hablar! -dijo Luis, desafiante-. Esto es un asunto de familia, y lo vamos a resolver ella y yo en privado.

-¡Porca miseria! -protestó Benito- ¡O sea, que hemos hecho todo este trabajo y al final no vamos a sacar tajada!

-Quedamos que esto era sólo asunto mío y que me ayudabais como amigos. Nadie dijo nada de sacar tajada.

Benito se acercó a Luis hasta colocar su cara a unos centímetros de la suya.

-¿Y qué te pensabas, que te íbamos a ayudar sólo por amor al arte? ¡Tú solo no vas a conseguir nada, Luis, precisamente porque es tu hermana y tú, en el fondo, eres un blandengue!

-No voy a ser nada blando con ella, no te preocupes -dijo Luis, sosteniéndole la mirada.

Vicente cogió a Benito por el codo y tiró de él hacia la puerta.

-Vámonos, Benito. Tiene razón: si fuera mi hermana yo también querría arreglar esto a solas con ella.

Benito no se movió, los pies plantados firmemente en el suelo, los ojos clavados en los de Luis.

-¡Tú no conoces a las mujeres, Luis! -masculló entre dientes-. Se echará a llorar, se quejará y suplicará y te dirá que va hacer lo que tú quieras. ¡Y luego hará lo que le da la gana, como todas! ¡Que las tías parecen muy blandas por fuera, pero en realidad son muy duras por dentro, joder!

-Muy bien -concedió Luis-, si no consigo hacerla entrar en razón os llamaré para que me echéis una mano.

Vicente volvió a tirar de Benito, esta vez con más firmeza. Benito lo siguió hasta la puerta con dos pasos furiosos. Se detuvo y volvió a mirarlos una vez más.

-Estaremos en La Vía Láctea, con Pascual. Ven a buscarnos cuando nos necesites.

Cerró la puerta tras ellos, dando un portazo.

sábado, 21 de diciembre de 2013

¡Abandonad la Iglesia!

¿Qué, te habías creído el timo del Papa progre? Pues espero que te haya abierto los ojos la nueva ley sobre el aborto que el PP ha impuesto a golpe de decretazo franquista. No hay Papas progres, sólo maquillajes publicitarios de una Iglesia que intenta recuperarse del escándalo mundial de los curas pedófilos. Así que han puesto al Papa Francisco haciendo de “poli bueno”, que finge necesitar nuestro apoyo para salvar a la Iglesia de los “polis malos” que prosiguen su guerra cultural contra las libertades. Pero ellos saben que no arriesgan nada: Francisco es tan retrógrado como el que más y la Teología de la Liberación está muerta y enterrada hace tiempo.

A ver si nos vamos enterando: la Iglesia Católica es el enemigo número uno de las libertades personales, especialmente las de las mujeres, los gais y todos los que practicamos sexualidades alternativas. Lo ha sido desde hace 2000 años y lo seguirá siendo en el futuro previsible. No sólo esto, sino que a lo largo de la historia la Iglesia ha estado siempre al lado del poder y de los ricos, manteniendo estructuras sociales de opresión y colaborando con algunos de los mayores crímenes colectivos que ha conocido la humanidad. La Iglesia impulsó la colonización de América y la institución de la esclavitud, derivada de la sumisión de los plebeyos a los nobles y clérigos feudales. Atacó a los descubrimientos científicos, desde Galileo hasta Darwin. Desempeñó un papel fundamental en la sublevación de Franco, en la Guerra Civil y en los 40 años de dictadura. También apoyó las dictaduras de Mussolini en Italia y Hitler en Alemania, cerrando los ojos al Holocausto que masacró seis millones de personas, judíos en su inmensa mayoría. Jugó a que apoyaba la Transición para posicionarse en el nuevo esquema político de España (ahora comprobamos lo bien que le salió la jugada), mientras que al mismo tiempo en Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia amparaba las nuevas dictaduras y su brutal represión.

Ante tantos desmanes la única actitud ética es negar nuestro apoyo a la Iglesia, siguiendo la idea de Gandhi de que si no te opones al mal te vuelves su cómplice. Tenemos que darnos cuenta de que no cabe compromiso alguno con la Iglesia: siempre buscará el poder y lo utilizará para acabar con nuestras libertades. La construcción de una sociedad sin sexismo, con una visión positiva y lúdica de la sexualidad y donde no se oprima a las personas en base a su orientación sexual pasa por eliminar el poder político de la Iglesia. No se trata de acabar con el catolicismo, sino de devolverlo a la esfera exclusivamente personal a la que pertenecen las religiones. No se trata de quemar iglesias, sino de vaciarlas. No se trata de pretender que todo el mundo se haga ateo, sino de que todas las creencias sean tratadas por igual por el estado. Ese es, en definitiva, el estado laico estipulado en la Constitución, que la Iglesia y la derecha nos han robado. Para ver lo que es realidad un estado aconfesional y laico sólo hace falta echar una mirada a EE.UU., donde no hay crucifijos en las escuelas públicas, ni asignatura de religión. España es una teocracia, como Irán, como Arabia Saudí.

Pero eso ya no refleja siquiera la realidad social de España. Así es como están las cosas en materia de religión, según las últimas encuestas de CIS… El 70.4% de los españoles se definen como católicos, el 26% como no creyentes y el 2.3% como practicante de otras religiones. Pero, ¡ojo!, que la mayor parte de esos católicos sólo lo son de boquilla. Cuando se pregunta a los que integran ese 70.4% de católicos cuantas veces van a misa, resulta que sólo el 15.1% van a misa todos los domingos y festivos (recordad que no hacerlo está considerado como pecado mortal). Otro 8.6% van a misa alguna vez al mes; un 15.9% lo hacen varias veces al año y un descomunal 59.1% no va prácticamente nunca. Basándome en estos números, y descartando el minúsculo 2.3% que practican otras religiones, los españoles se podrían catalogar en cuatro grupos:
  1. Un 26% de no creyentes, que incluiría a ateos, agnósticos, deístas y personas religiosas o espirituales que no se identifican con ninguna religión.
  2. Un 11% (15% del 70%) que practica el catolicismo, al menos lo suficiente para no romper el mandamiento de ir a misa los domingos.
  3. Un 42% (59% del 70%) que se define como católico pero que no practica el catolicismo. Se trata quizás de “católicos culturales”, es decir, de gente que se siente afín al catolicismo, su mitología y sus ritos, pero que no cree lo suficiente para no tener ningún problema con no ir a misa.
  4. Un 18% (25% del 70%) que va a misa pero no todos los domingos, incluyendo algunos que sólo lo hacen alguna vez al año.
Así que ahí lo tenéis: en España, país “oficialmente” católico, hay sólo un 11% de católicos practicantes. Los no creyentes declarados formamos una minoría mucho más numerosa, con más del doble de miembros. Pero lo más interesante es esa mayoría del 60% integrado por los católicos culturales y los que practican a desgana. Esa gente tiene lo que se llama en marketing una “opinión blanda”, es decir, susceptible a ser cambiada con facilidad. La Iglesia lleva desde siempre intentando atraerlos al redil… por lo que se ve, sin mucho éxito. Pero, ¿y si los no creyentes hiciéramos un esfuerzo decidido para atraerlos a nuestro grupo? No se trataría de convertir a la gente al ateísmo, no. Creo que los esfuerzos en ese sentido van descaminados porque mucha gente necesita “creer en algo”: en un cristianismo que definen a su manera, en un Dios no personal, en la vida después de la muerte o en esos mitos de fenómenos paranormales, fantasmas y reencarnación que les gustan tanto a Hollywood. No importa. Lo importante es romper el cerrojo de poder que tiene la Iglesia sobre la sociedad para asegurar nuestras libertades. Así que propongo lo siguiente:

  1. Si no practicas el catolicismo, di que no eres católico. Bien fuerte, que se entere todo el mundo. No tengas miedo, tienes compañía.
  2. Desafía sin miedo las creencias de tus amigos y familiares. Infórmate sobre las incongruencias y los puntos débiles de la fe cristiana. Un simple comentario bien dicho puede desencadenar un auténtico alud de dudas. Son creencias muy endebles, por eso han tenido que usar tanta violencia a través de la historia para defenderlas, con sus cruzadas y sus inquisiciones.
  3. No te cases por la Iglesia (las bodas civiles son ya el 73% de los matrimonios). Se pueden hacer rituales cantidad de bonitos en otros sitios.
  4. No bautices a tus hijos, ni les dejes hacer la primera comunión. Si tus hijos envidian los regalos de sus amigos que hacen la primera comunión, invéntate un ritual de madurez para ellos, regalos incluidos.
  5. Cuando hagas la declaración de la renta no le des ningún dinero a la Iglesia.
  6. No des nunca dinero a organizaciones como Cáritas que dependen de la Iglesia. Tu dinero irá a parar al bolsillo de obispos y curas, no al de los pobres. Hoy en día sobran ONGs laicas a las que contribuir que son mucho más de fiar.
  7. Si tienes inquietudes religiosas o espirituales, embárcate en una búsqueda personal de algo que dé sentido a tu vida. Te asombrarás de lo que vas a encontrar. En realidad, una de las peores cosas que hace el catolicismo es embotar nuestra auténtica espiritualidad con doctrinas y rituales sin contenido.
Ésta es la manera positiva y no-violenta de luchar contra la Iglesia, de darles donde más les duele. Yo abandoné el catolicismo a los 15 años, cuando todavía iba a un colegio del Opus, cuando era totalmente dependiente de unos padres carcas, cuando aún vivíamos en la dictadura nacional-católica. Fue un proceso doloroso y difícil, pero hoy en día me enorgullezco de haber sido capaz de hacerlo. Fue cómo salir de una cárcel mental. Gané mi libertad y le abrí la puerta a experiencias maravillosas en todos los ámbitos de mi vida.

Figura 1: El número de creyentes en España ha ido disminuyendo (línea negra) mientras que el de no creyentes ha aumentado (línea gris).

De hecho, vamos ganando la batalla. Desde 1998 el porcentaje de católicos en España ha ido disminuyendo y el de no creyentes aumentando de forma simultánea (Figura 1). El porcentaje de católicos practicantes ha disminuido de forma aún más estrepitosa (Figura 2). Pero hay veces que los cambios sociales se aceleran; se producen avalanchas de cambios masivos de opinión al romperse un equilibrio invisible de fuerzas. La misma Iglesia nos lo pone fácil con su inflexibilidad y sus ataques a nuevas pautas culturales cada vez más establecidas. ¿Quién sigue hoy en día los mandamientos de la Iglesia sobre anticoncepción?

Figura 2: El número de católicos que no va a misa ha aumentado (línea negra) mientras que ha disminuido el de católicos que van a misa todos los domingos (línea gris claro) y el de que van a  misa alguna vez (línea gris oscuro).

Si te enfurece lo que ha hecho el PP con la ley del aborto, haz lo que dicen por aquí: “don’t get mad, get even” - “no te cabrees, gánales la partida”. ¡Vaciemos las iglesias! Cuando sólo queden en ellas unos pocos beatos vejestorios, los obispos se tendrán que callar la boca de una puñetera vez y nosotros podremos construir esa sociedad libre e igualitaria que ansiamos.