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sábado, 29 de octubre de 2016

Adiós, camionero, adiós


Coche auto-conducido de Volvo 

Ayer leí este artículo, que me hizo pensar un motón. Si te manejas en inglés, te aconsejo que sigas el enlace y lo leas. Si no, tendrás que conformarte con lo que te cuente aquí en español.

https://medium.com/basic-income/self-driving-trucks-are-going-to-hit-us-like-a-human-driven-truck-b8507d9c5961#.284x83z25

El artículo habla de los coches que se conducen solos o, lo que es más importante, los camiones que se conducen solos. Esa tecnología ya está aquí. Ya hay camiones auto-conducidos en las carreteras americanas, así como coches. Y no, no hay historias de miedo en plan Black Mirror, porque resulta que los vehículos auto-conducidos son más seguros que los conducidos por humanos. Sí, ha habido accidentes, pero no más de los que ocurren en un coche normal (que son harto frecuentes), y la parecer todos culpa de coches conducidos por humanos. Sí, todo esto está por comprobar una vez que los vehículos auto-conducidos empiecen a ser más abundantes, pero si lo piensas, tiene su lógica. Desde el punto de vista informático, conducir un coche por una carretera es algo relativamente simple. Además, el ordenador del coche tiene acceso a fuentes de información a las que no tiene acceso el ser humano, como el radar, medidores laser de velocidad de otros vehículos, cámaras por todos los lados del coche, información de puntos lejanos de la carretera, etc. Sin mencionar que los ordenadores que conducen los coches no beben alcohol, toman drogas, se distraen con el móvil o se cabrean con el hijoputa del coche de al lado que te acaba de hacer una faena.

Fases de implantación del coche auto-conducido: 1) apoyo al conductor, 2) sustitución limitada, 3) autonomía completa del vehículo, 4) implantación generalizada (fuente: Morgan Stanley Research)
De todas formas, quizás las personas tardemos en apuntarnos a la nueva tecnología. Es lo que suele pasar. Pero las empresas, eso ya es otra cosa. Desde el punto de vista económico, sale mucho más rentable tener un camión que se conduce solo que pagar a un conductor. Los ordenadores están tirados de precio, y te libran de pagar salarios, seguro médico, impuestos, y todos esos gastos asociados a los empleados. Las empresas que adopten la nueva tecnología subirán y las otras desaparecerán. Así funciona el sistema de libre mercado, es decir, el capitalismo. Pero las repercusiones en la economía pueden ser impresionantes, sobre todo país como Estados Unidos con grandes distancias, red ferroviaria deficiente y numerosas ventas por internet y por correo, y que por lo tanto se basa en camiones para mover mercancías. Por esa razón, el oficio de camionero es uno de los más abundantes en EE.UU. (véase la figura de abajo), y hay muchas pequeñas poblaciones cuya economía está basada en el ingreso de los camioneros. Por eso, millones de camioneros quedándose sin trabajo puede tener enormes repercusiones.

Los trabajos más frecuentes en EE.UU. Truck Driver = Camionero (fuente: NPR)
Y no son sólo los camioneros. Los taxistas ya están siendo reemplazados por Uber en todo el mundo. ¿Y sabes cuál es el plan de Uber? Reemplazar sus conductores por coches automáticos. De hecho, Travis Kalanick, el CEO de Uber, sueña con acabar con la posesión privada de coches. Y es que eso también tiene sentido desde el punto de vista económico. Piensa en la cantidad de dinero que te gastas en comprarte un coche, tenerlo en un garaje, aparcarlo, limpiarlo, llevarlo al mecánico. Ahora imagínate que cada vez que tienes que ir a algún sitio puedes llamar a un Uber que te sale tirado, no importa si vas lejos o cerca, porque no hay que pagar al conductor. Lo más jóvenes ni siquiera tendrán que sacarse el carnet de conducir. Pero, de nuevo, eso significa la pérdida de un montón de puestos de trabajo, porque no sólo van a ser los taxistas, sino también los mecánicos, limpiadores de coches, empleados de gasolineras... todos los que tienen un trabajo relacionado con el coche. Claro que también habrá enormes ventajas: se acabó el problema del aparcamiento en las grandes ciudades, se reducirá el problema del tráfico y los desplazamientos serán más cómodos y más baratos.

Evolución del porcentaje de ingresos en las distintas capas sociales según su afluencia (fuente; Mother Jones)
Pero, al final, el problema es el de esos millones de puestos de trabajo que están a punto de volatilizarse. Porque no te estoy hablando del año 2100, todo esto va a pasar en los próximos diez años. Un cambio enorme en la economía que nos va a pillar con el paso cambiado. Y el problema es más general, porque en muchos otros sectores de la economía los ordenadores y las máquinas están reemplazando al trabajador humano. Pronto los únicos trabajos que nos quedarán serán los que requieran una carrera universitaria (científico, empresario), los eminentemente creativos (cantante, escritor) y los de servicios humanos... La prostitución, por ejemplo, será uno de los pocos trabajos que no podrán ser reemplazados por máquinas... ¿O sí? Bueno, dejo esa idea para otro artículo. A lo que iba: estamos contemplando el fin de la clase obrera. En definitiva, esto no es más que el final del proceso que empezó con la Revolución Industrial del siglo XIX. Y, como ha pasado desde entonces, traerá consigo el movimiento del capital hacia los estratos más adinerados de la sociedad. ¿Por qué? Pues porque todas esas nuevas empresas que se van a ahorrar un motón de pasta despidiendo a sus trabajadores y reemplazándolos por ordenadores le van a dar dividendos a sus inversores, que son los ricos. Al tiempo que aumentan los parados, el uno-por-ciento se vuelve tan rico que no saben qué hacer con el dinero (véase la figura de arriba). La sociedad no puede subsistir así. Sin salarios no hay consumidores, y sin consumidores no hay economía. Además, esos millones de parados no se van a morir de hambre así, tan tranquilamente, sin quejarse. Tenemos que crear un nuevo tipo de sociedad en la que el hecho de que las máquinas hagan todo el trabajo nos beneficie a todos, no sólo a unos pocos. Se tiene que acabar el capitalismo, el sistema que hace que el dinero vaya siempre hacia los que ya tienen dinero.

Bienvenidos al futuro.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Oxitocina, monogamia y castigo altruista



Déjame presentarte a un curioso ratoncito, el Microtus ochrogaster, llamado en inglés “prairie vole” (algo así como “ratón de la pradera”). 
http://en.wikipedia.org/wiki/Prairie_Vole 

"Voles" de la pradera con sus crías.
Este pequeño roedor ha generado mucho interés entre los científicos últimamente. Como podéis ver en la foto, el “vole” de la pradera es un roedor con cola corta y orejas pequeñas, cuyo hábitat se extiende desde las Montañas Rocosas hasta los Apalaches en Norteamérica. Lo más curioso sobre estos ratoncitos es que son estrictamente monógamos: un macho y una hembra forman un vínculo que dura toda la vida. Sin embargo, un primo cercano del “vole” de la pradera, el “vole” de la montaña (“montane vole”) no es en absoluto monógamo. En vista de esto, algunos científicos decidieron averiguar en qué se diferencia el cerebro de las dos especies de “voles”. Descubrieron que las hembras de los “voles” de la pradera tienen más oxitocina y receptores de oxitocina en el nucleus accumbens y la amígdala, que son áreas del cerebro involucradas en las emociones y la toma de decisiones. La oxitocina es un péptido, una hormona cuya principal función es la de inducir contracciones en el útero durante el parto. Pero más recientemente se ha descubierto que la oxitocina también está presente en el cerebro, donde actúa como un neuropéptido (péptido neurotransmisor) que interviene en relaciones sociales. Por ejemplo, se ha visto que aumenta cuando se acaricia a un perro, tanto en el perro como en la persona que lo acaricia. Pero volvamos a nuestros amigos los “voles”; los científicos introdujeron modificaciones genéticas en los “voles” de la montaña (los que son promiscuos) para aumentar la producción de oxitocina en sus cerebros. ¡Y voilá! los “voles” de la montaña se volvieron tan monógamos como sus primos los “voles” de la pradera. Pero cuidado, que todo esto se refiere a las hembras. ¿Qué pasa con los “voles” macho? En ellos el comportamiento monógamo está determinado por otro neuropéptido, la vasopresina, similar a la oxitocina.

La oxitocina también atrajo la atención de investigadores en una campo muy distinto: la economía. Algunos economistas no convencionales decidieron investigar unas de las asunciones básicas del capitalismo: que las decisiones del mercado son racionales. Y descubrieron que no lo son. Al contrario, los intercambios humanos consisten más en decisiones basadas en la confianza y la empatía que en decisiones calculadas a sangre fría sobre lo que vamos a perder y lo que vamos a ganar. Por ejemplo, gente de todas las culturas practica algo llamado “castigo altruista”, que consiste en castigar a personas que vemos que son injustas y poco dignas de confianza aunque tal castigo conlleve una pérdida para nosotros. Esto se estudió con un experimento llamado el “juego del ultimátum”. En él hay dos jugadores; al primero se la da una cierta cantidad de dinero, por ejemplo 10 euros, de los cuáles debe ofrecer una parte al jugador número dos. Si éste acepta la oferta, ambos se quedan con la cantidad acordada. Sin embargo, el jugador dos también puede rechazar la oferta, en cuyo caso ambos pierden todo el dinero. Los resultados del juego del ultimátum son similares con jugadores de todos lo sexos, religiones y culturas: por debajo de una cierta cantidad (ésta sí suele variar, pero suele ser alrededor de los 3 o 4 euros para una oferta total de 10 euros), el jugador dos decide que el jugador uno está siendo injusto y rechaza la oferta. Eso significa que está dispuesto a perder 2, 3 o 4 euros con tal de castigar al jugador uno por ser avaricioso, por eso se le llama a esto “castigo altruista”. ¿Qué tiene que ver esto con la oxitocina? Si se aumentan los niveles de oxitocina en la sangre, los jugadores tienden a ser más generosos: el jugador uno ofrece más dinero y el jugador dos acepta ofertas más bajas. Curiosamente, también hay diferencias en cuanto al sexo, los hombres tienden más al castigo altruista que las mujeres, y la testosterona produce efectos contrarios a la oxitocina.

A la oxitocina y la vasopresina se les ha comenzado a llamar “hormonas sociales” por su fuerte influencia en comportamientos sociales como la vinculación afectiva, la confianza y la empatía. Sin embargo, no debemos caer en la simple interpretación de que la oxitocina nos hace buenos. También se ha visto que este neuropéptido participa en algunos comportamientos humanos nada admirables, como la xenofobia y la intolerancia; en general, aumenta la vinculación con individuos que pertenecen a nuestro grupo y la exclusión de individuos que percibimos como extraños. Por otro lado, la monogamia que la vasopresina produce en los machos tiene que ver más con la posesividad que con la vinculación emocional: el macho percibe a la hembra como parte de su territorio y la defiende como tal. En cuanto al castigo altruista, también tiene su lado bueno, como la motivación para perseguir a los criminales, y su lado malo, como las riñas de carretera y otros conflictos que comienzan con la idea de que un extraño intenta aprovecharse de nosotros. 

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