sábado, 19 de septiembre de 2020

Esterilizaciones forzadas de mujeres inmigrantes en Estados Unidos

Cartel para un mitin "Alto a la esterilización forzada" en 1971 en San Francisco. (Rachael Romero / San Francisco Poster Brigade a través de la Biblioteca del Congreso)

Mujeres inmigrantes en un centro de detención americano han sido sometidas a esterilización forzada.

Es una tormenta perfecta que combina muchos temas progresistas: racismo, eugenesia, derechos reproductivos, derechos de los inmigrantes, centros de detención privados, represalias contra los denunciantes y abuso médico.

Para ser breve, expondré los detalles básicos. Si deseas más evidencia o más información, puedes leerla en inglés en The Washington Post, The Guardian, CNN, NPR and The New Yorker.

Mujeres inmigrantes con problemas ginecológicos en el Centro de Detención del Condado de Irwin en Ocilla, Georgia, una instalación privada administrada por LaSalle Corrections, fueron llevadas al Hospital del Condado de Irwin. Allí las atendió el doctor Mahendra Amin, un ginecólogo con sede en Douglas, Georgia, quien les dijo que tenían quistes ováricos u otros problemas que requerían cirugía. Las mujeres recibieron formularios de consentimiento en inglés para que los firmaran, a pesar de que no sabían leer ni entender el inglés. Al parecer, los registros médicos fueron falsificados para afirmar que las mujeres sí que hablaban inglés. Luego, se las sometió a una cirugía para extirparles el útero o las trompas de Falopio, de forma que no pudieran tener hijos.

Una mujer se ofreció voluntaria a ser deportada cuando se dio cuenta de que perdería su sistema reproductivo si continuaba recibiendo tratamiento en el centro.

La historia salió a la luz cuando fue contada por la enfermera Dawn Wooten, quien trabaja en el centro de detención. La enfermera Wooten también se quejó de numerosas prácticas peligrosas relacionadas con el Covid-19, incluyendo poner al personal y a los detenidos en riesgo de contraer el virus, no prestar atención a quejas médicas y negarse a hacerles tests a los detenidos con síntomas. No identificó al médico que realizaba las esterilizaciones, sólo lo llamó “el colector de úteros”. Sin embargo, la historia fue corroborada por entrevistas privadas realizadas por The Intercept con tres mujeres detenidas en las instalaciones de Irwin, ocho defensores de los detenidos y un ex empleado. Estos testigos identificaron al médico como Mahendra Amin. La historia también fue confirmada por la organización Immigrant Families Together, que habló directamente con las víctimas.

A través de su abogado, el doctor Amin ha negado las acusaciones, alegando que solo ha realizado una o dos histerectomías en los últimos dos o tres años. Por el contrario, el grupo de derechos humanos Project South afirma que al menos 20 mujeres recibieron histerectomías en 6 años. Esto podría ser solo la punta del iceberg, ya que la mayoría de las mujeres detenidas no tienen abogados ni nadie que las defienda.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos declaró inicialmente: “ICE toma todas las acusaciones en serio y se dirige a la Oficina del Inspector General con respecto a cualquier investigación y / o resultados potenciales. Dicho esto, en general, las acusaciones anónimas, no comprobadas, hechas sin ningún detalle específico que verifique los hechos, deben tratarse con el escepticismo que se merecen ”. Más tarde, un funcionario de ICE declaró a los medios de comunicación: “Según los datos de ICE, desde 2018, solo dos personas del Centro de Detención del Condado de Irwin fueron remitidas a profesionales médicos certificados y acreditados en centros de atención de salud ginecológica y obstétrica para histerectomías de conformidad con Estándares de Atención Médica Correccional (NCCHC). Basados en sus evaluaciones, estos especialistas recomendaron histerectomías. Estas recomendaciones fueron revisadas por la autoridad clínica del centro y aprobadas ".

Como era de esperar, la represión ha comenzado. La denunciante, la enfermera Dawn Wooten, fue destituida. Existe el temor de que ICE se apresure a deportar a testigos clave, como hizo con una mujer que denunció agresión sexual en el centro de detención de El Paso. La congresista Jackson Lee (D-Texas) acaba de detener la deportación de Pauline Binam, una mujer a la que le quitaron la trompa de Falopio en el centro de detención de Irwin y que podría ser un testigo clave en la investigación abierta por los demócratas. Binam ha estado en los Estados Unidos desde que tenía dos años y está bajo amenaza de ser deportada a Camerún.

Hay una larga historia de esterilizaciones forzadas en los EE. UU. Muchas se realizaron siguiendo la doctrina de la eugenesia, que tiene como objetivo mejorar la calidad de la población humana. Históricamente, esto se hizo sobre todo suprimiendo la capacidad de reproducción de personas y grupos considerados biológicamente inferiores. En los Estados Unidos, esto incluyó a negros, nativos americanos, puertorriqueños y mexicanos. Estas políticas de eugenesia ocurrieron sólo en el pasado. Según una investigación realizada en 2013, entre 2006 y 2010 al menos 148 reclusas en dos cárceles de California fueron esterilizadas mediante coacción. Esto levanta la sospecha de que existe una política secreta para esterilizar a los inmigrantes para que no puedan tener descendencia en Estados Unidos en caso de que se les conceda asilo o residencia legal.

Ahora la cuestión es si las esterilizaciones forzadas en el centro de detención de Irwin fueron solo obra de un médico deshonesto o exponen una política eugenésica racista secreta de ICE y la administración americana.

Por favor, siga prestando atención a este problema. No dejes que se entierre en la avalancha de malas noticias que nos ahogan estos días.

jueves, 18 de junio de 2020

Un ejemplo de maltrato en una relación virtual de BDSM


Hace un par de meses una lectora, Artemisa, me escribió para decirme que un artículo de este blog, Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión, le había sido muy útil para entender lo que había salido mal en su última relación. He pensado que ponerlo en el blog sería interesante para todas. Así que, sin más preámbulos, esto es lo que escribe Artemisa. 

El día anterior a leer el artículo Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de dominación/sumisión, había dado por conclusa esta relación que, gracias al confinamiento, se ha desarrollado solamente en el mundo virtual. Una duración de alrededor dos meses. Leer tu texto me dejó claro que hice bien en darle fin, pero después de hacerlo (¡cuánta consistencia en mantener mis decisiones!) pensé que quizás dar una última opción de conversación real, desde la persona y no desde el personaje, sería saludable. Quizás no era necesaria esa última opción, por tu comentario “Cuando se niegan a hablar es que la relación no tiene posibilidad de rescate”, pero la decisión ya está hecha. Tampoco creo que fructifique y más habiéndole informado que yo había escrito en esta entrada, por lo tanto, sea lo que sea que publiques o me propongas publicar de esto que te estoy escribiendo, será posible que él lo lea. Mejor será así, dar voz y visibilidad a lo “oculto”. Que se ventile para que sea lo que tenga que ser. Sensación de participar en el “Me Too”.

Contextualizo: yo viví el mundo del BDSM a consciencia unos dos años. Entiendo que cada quién vive su proceso, y por conversaciones mantenidas entiendo que se produce una revisión vital desde los nuevos lentes, que sería poner nombre a preferencias, y se detectan transversalmente en la vida de cada quién. Por ello hablo de vivirlo conscientemente en ese periodo. En fin, durante esos dos años, y al reconocerme como sumisa, viví experiencias que no se las deseo a nadie. Descarté continuar en él y me desvinculé también del mundo virtual. Hace unos dos meses reapareció este hombre, con quien había tomado un café un día. Cordial y respetuoso ese café, además de mucha atracción mutua. Posteriormente, la comunicación no fluyó y descarté absolutamente nada con esta persona. De ello hace como dos años y medio. En este tiempo volvió a comunicarse conmigo, y yo no continuaba la conversación, indicándole que no era de mi interés. Por lo que se ve (yo ya ni lo recordaba) bloqueé su número, pero supongo que debí de desbloquear otros mecanismos de comunicación. Hace dos meses volví a indicarle que mi vida abrazaba mucho más que el BDSM, que no era mi único eje de expresión humana, que mi vida incluía mucho más. Era más, me había jubilado del BDSM - el precio que pagué había sido demasiado elevado para mí y no deseaba exponerme más. Avisé que descartaba el juego sin conocer a la persona exenta de su personaje: primero te quiero conocer, luego ya veremos si jugamos. Aceptó. Es un hombre hábil, ciertamente. Fue descartando cada uno de mis avisos y mi información previa. Al darme cuenta, yo lo iba señalando. Me sentía como en otras situaciones desagradables que yo había vivido. Yo intentaba discernir si era el halo de aquellas, que ahora impregnaba lo que vivía, o si bien el “tufo” salía realmente de ésta relación. Fui sincera, le informé de ello. No siento que salga del personaje, ello me genera toda la desconfianza del mundo. En el momento que me ordenó una práctica que sumaba la transgresión de dos límites míos, sentí que me paralizaba, comencé a sentir ansiedad y terror. Decidí que ahí aquello había finalizado. Se lo comuniqué. Su respuesta fue una afirmación: “me has utilizado…”. Ello se ubica en algo enunciado en el artículo del blog: “provocar sentimientos de culpa”.

Después de esta larga contextualización, van los puntos, tal y como se los escribí a él. Agrego cuestiones a clarificar y/o ejemplos vividos (he utilizado palabras de Hermes en el texto, aunque quizás no cite correctamente su artículo):

  1. Considerar los límites de la sumisa como algo a superar. Le señalé mis límites, pero él no los aceptó y presionaba para desgastarlos o romperlos. Viví las siguientes emociones: ansiedad y miedo. No era SSC (seguro, sensato y consentido). Su insistencia continuada era: tú no tienes límites. Yo insistía que evidentemente sí tengo, otra cuestión es estar en el juego de que le guste oírme decir que no tengo, teniendo presente cuáles son. Él insistía en que yo era su esclava.
  2. Problemas con la “palabra de seguridad”.  Ni siquiera hubo ocasión para conversarlo. No es SSC.
  3. Establecer un tipo de relación extrema para el que no está preparada la sumisa. Le informé repetidamente de mi ritmo. Pero él no respetó mi ritmo, con exigencias y manipulaciones para que yo lo descarte. No era SSC. Reiteradamente le informaba que era demasiado rápido para mí, que me ordenaba y presionaba a decir “sí” a prácticas que jamás había vivido, algunas ni habían estado en mi imaginario, otras que yo había descartado, otras más que yo había ubicado en el mundo de las fantasías y jamás en el de la realidad. Jamás dije “sí” a todas. A otras dije “sí”, aunque eran futuribles. A algunas que dije “sí” y era “no”, y viví las consecuencias. Me alegro que sólo fuera por escrito, que la palabra tiene fuerza, mucha, pero la energía de la presencia ya es delicada, delicada y delicada, y me alegro de no haberla vivido.
  4. Provocar sentimientos de culpa. Cuestionaba mi comportamiento, pero nunca el suyo. Aseguraba que tenía intención de dañarle con mis actos, se victimizaba. Conviertía mi sumisión en una obligación. No era SSC. Sentía que todo era queja, no asumir su responsabilidad, ubicar toda la responsabilidad en mí. Me encaja con la teoría de la atribución causal de Heider: la causa de lo que para él eran “fracasos” era yo, y la de los “éxitos”, él. Absoluto desequilibrio. Un ejemplo: A raíz de irme ordenando por texto la ejecución una práctica nueva para mí, donde de repente él despareció, viví el “bajón de sumisión” -creo que se le sumó que en ese momento yo experimentaba un día de la fase premenstrual, y yo soy muy sensible a los ciclos de mi cuerpo-. Sea lo que sea, le pedí acompañamiento en esta experiencia -empatía, compasión- y, cuando finalmente se comunicó, recibí quejas y reproches.
  5. Exageraciones y mentiras. Llegó a decir que perdía la oportunidad de mi vida si le dejaba. Yo le dije: lástima que hayas escrito esto. Mira dónde se ubica. No era SSC. (En este ejemplo, sentí un rechazo infinito hacia esa persona).

¿Qué hacer cuando se detectan estos síntomas? Le ofrecí una última oportunidad de conversación, pero no escrita, porque así no me sirve. Por aquello de que soy rematadamente optimista y me quedo tranquila una vez agotadas todas las posibilidades.

No creo que él proporcione este espacio. Quizás es saludable para mí que yo lo descarte. Es complejo gestionar la ambivalencia de las sensaciones y los deseos y alinearlos con las alertas que aparecen. Es complejo discernir si emanan de lo que se está viviendo o son reminiscencias de lo vivido en otras situaciones. Quizás meditar, ¿verdad?

Aún y con ello, para ser sincera, reconozco que experimenté el “espacio de sumisión” del que Hermes habla en otra entrada (lo leí después de experimentarlo, así pude nombrarlo), aunque no sé cuánto de autosugestión pudo llegar a existir en ello, pues se dio desde un lugar de desconocimiento real de la persona, así que supongo que obedecía a mi imaginario. Tengo dudas al respecto: ¿cuánto se explica desde la supuesta relación D-s y cuánto a factores ajenos a ella?

El ejercicio de escribirte, con su posible publicación, me facilita la objetivación de las vivencias. Me queda claro, otra vez, como en aquellos dos años dentro del BDSM, ¿con quién estoy? ¿Cómo lo estoy permitiendo? ¿Por qué no me escucha? No es el BDSM, no, son los hombres con quien yo me he topado. Mi parte de responsabilidad es elegir inteligentemente y todavía no soy hábil en ello. Lo sé porque he vivido una relación que se suponía que no se hallaba en el BDSM y resulta que lo fue. Fue precioso.

Gracias por proponérmelo, gracias por leerme. Sea lo que sea, a mí me ha ayudado, si es útil para otras personas, será una alegría.

Un abrazo,

Artemisa           

domingo, 14 de junio de 2020

Para volverte loca (pasaje) - Disciplina doméstica


Martes 20 de mayo, 1980

Se despertó llena de aprensión por su nueva sesión con el doctor Lancet. Después de lo que le había dicho, le daba asco pensar que la iba a volver a follar. Cuando entró en la sala de terapia se hizo la remolona para quitarse la ropa, luego para sentarse en el sillón. El doctor esperó pacientemente. La ató con las correas al sillón y a los estribos, pero no puso ningún vídeo.

Procedió a masturbarla con el vibrador y a quitárselo cuando estaba a punto de llegar al orgasmo. Así la tuvo durante las dos horas que duró la de sesión, casi el doble de lo habitual.

-Hemos terminado -dijo el doctor al final, y se puso a desatarla.

Esta vez no se marchó enseguida, sino que la apremió a vestirse y la echó del cuarto.

Excitada y frustrada, Cecilia corrió a masturbarse al dormitorio, pero por el camino sonaron las campanadas del Ángelus. Se planteó faltar, pero luego se lo pensó mejor. La Leona estaba siempre atenta a ver si acudía a las oraciones. Tendría problemas si no lo hacía. Luego Lucía se puso a hablar con ella hasta la hora del almuerzo. Cuando por fin encontró un rato para masturbarse ya se le había pasado la excitación.

Claramente, el plan del doctor era hacer crecer su deseo hasta que le suplicara que la follase. No le iba a dar ese gusto.

* * *

Miércoles 21 de mayo, 1980

Fue más tranquila a la terapia, esperando otra sesión de orgasmos denegados. Como de costumbre, el doctor la ató con las piernas abiertas en los estribos. Luego, para su sorpresa, le introdujo en la vagina una especie de huevo negro unido a un cable. El doctor hizo algo y el huevo se puso a vibrar dentro de ella. Puso un vídeo y desapareció entre las sombras.

-¿Volvemos a los vídeos? ¿Ya no tiene miedo de que me aficione a la pornografía?

-Éste es un vídeo muy especial, Cecilia. Lo traje de Estados Unidos. Míralo, creo que te gustará.

Efectivamente, estaba en inglés. Mostraba una pareja americana joven pero chapada a la antigua: él con traje y corbata, ella con un vestido verde oscuro que le llegaba hasta los tobillos. Ella le había preparado la cena, pero había un pequeño problema: el pollo que había metido al horno se le había quemado. Con una sonrisa, el marido le dijo que la tendría que castigar. Ella bajó la mirada y no dijo nada.

La vibración del huevo no era tan fuerte como la de la Magic Wand. No la iba a llevar al orgasmo, pero sí que la estaba excitando. Encima, este vídeo estaba resultando mucho más interesante que los que había visto hasta entonces. El marido llevó a su mujer a un sillón de respaldo alto. Sentado en él, le fue dando escuetas instrucciones sobre lo que tenía que hacer. Se veía que ella ya conocía el ritual: quitarse las bragas, ponerse a horcajadas sobre su muslo izquierdo, y apoyar las manos en el respaldo del sillón. Él le levantó el vestido hasta la cintura, exponiendo a la cámara unas nalgas ovaladas, muy blancas. Luego empezó un vigoroso spanking, que la esposa enseguida acusó con grititos y expresiones de dolor.

Esa había sido siempre una de sus fantasías favoritas. ¿Cómo lo había adivinado el doctor? Se veía que no había escogido el vídeo por casualidad. Intentó no hacer caso, desviar la mirada. Pero eso pondría sobre aviso al doctor de que le gustaba. Lo sentía espiarla desde la oscuridad. Cerró los ojos, pero el sonido de los azotes la persiguió, despertando imágenes en su mente aún más excitantes que las del vídeo. ¡Ay, cómo deseaba recibir una azotaina así! Con la mano, en vez de las feroces palizas que le había dado la Leona con la correa. Su vagina se contraía involuntariamente en torno al consolador.

El marido le reñía ahora a su esposa, mientras continuaba castigando su trasero de forma metódica. Le hacía preguntas que ella contestaba al principio con voz normal, luego crecientemente alarmada por la picazón de los cachetes. Las nalgas habían pasado del blanco a un precioso color sonrosado. Habían tenido que azotar a la actriz de verdad para hacer ese vídeo.

No aguantaba más. Y tampoco era cuestión de tener que correr a esconderse para masturbarse cuando acabara la sesión. Se puso a contraer la vagina sobre el consolador hasta que se corrió.

El vídeo terminaba con la esposa colocándose de cara a la pared, con el culo al aire y las manos detrás del cuello. Eso siempre había sido una parte esencial de su fantasía.

-El vídeo muestra la sumisión de la mujer a su marido de la que te hablé -le dijo el doctor mientras le desataba los brazos-. Has reaccionado mejor de lo que esperaba, Cecilia.

-Pero… no lo entiendo… ¿No es el sadomasoquismo una perversión, como la homosexualidad?

-Esto no es sadomasoquismo. Es un spanking que un marido le da a su esposa para castigarla. Domestic discipline, my dear! 

Se quedó pensando lo que decir a continuación, mientras dejaba que le doctor le soltara las piernas.

-Pero… ¿qué pretende hacer enseñándome ese vídeo? ¿Que me exciten los spankings?

-¡Oh, pero si ya te excitan, my dear Cecilia! Quizás tú no te des cuenta, pero yo sí. But don’t worry, es la reacción normal de la mujer ante la autoridad del hombre.

-Entonces, si el spanking me excita, ¿cómo puede ser un castigo?

-Ah, that’s an excellent question! Pero tú ya sabes la respuesta. El placer también puede ser un castigo. Demostré eso en nuestra primera sesión, didn’t I? Pero lo más importante es que el placer, como el dolor, es capaz de anular la voluntad. La penetración y el orgasmo son instrumentos de sumisión. Y en el spanking se mezclan la excitación sexual con el dolor y la humillación. ¿Qué mejor manera para someter a la esposa?

-Supongo que eso me lo irá demostrando en las siguientes sesiones. Can’t wait!




lunes, 13 de abril de 2020

Once posiciones para un spanking

Dar una azotaina es bastante fácil, pero dar una azotaina que sea buena de verdad, que no sólo te pone el culo rojo sino que se te sube a la cabeza, eso ya requiere un poco de técnica. Entre otras cosas, es bueno saber las diferentes posiciones en la que se puede dar un spanking, cuándo usarlas, y los efectos que tienen tanto en el cuerpo como en la mente.

Ya que por ahora no existen términos parecidos en español, usaré los términos en inglés que mucha gente maneja: spanker es quien da los azotes y spankee quien los recibe. Spanking se traduce al español como azotaina, así que usaré estos términos como sinónimos. Por supuesto, spanker y spankee pueden ser de cualquier género, en cualquier combinación de géneros. Sin embargo, para no complicar las cosas, usaré el género masculino para el spanker y el femenino para la spankee.

El placer del spanking. Dibujo de pattydraws (Fetlife).
Varias cosas contribuyen a una buena azotaina. La más obvia son las sensaciones de placer y dolor. Algunas spankees no toleran el dolor pero aprecian la picazón suave y el calor de los azotes ligeros. Para otras una buena dosis de dolor es importante. Algunas posiciones permiten al spanker mover mejor el brazo y alcanzar mejor el “punto dulce”: la zona del culo en la que cae el peso cuando te sientas. Otra sensación importante es el contacto físico entre los participantes. Algunas posturas estimulan los genitales, llevando a una azotaina que es muy sexual. Sin embargo, hay quien preferirá una experiencia menos íntima.

Otros ingredientes de una buena azotaina son mentales. El spanker aprecia una buena vista del culo de la spankee y cómo cambia de color a medida que progresa el spanking. Y la spankee tiene una imagen mental de su aspecto mientras que la azotan. El ver expuestos su trasero y su sexo produce una vergüenza erótica que una parte importante de la experiencia. Esto también crea una sensación de vulnerabilidad, que puede ser incrementada en posturas que limitan sus movimientos. Algunas personas consideran el spanking como un castigo, que disfrutan de forma irónica por tener un fetiche de castigo. En ese caso, la vulnerabilidad y la restricción del movimiento aumenta la sensación de sometimiento.

Una última cosa a considerar es la comodidad: un spanking debe doler de forma erótica, pero no por hacer daño en la espalda o las articulaciones. Algunas posiciones no pueden ser mantenidas durante mucho rato, mientras que otras invitan al relax y facilitan concentrarse en las sensaciones y las emociones. Cuando el spanking es un castigo, puede darse en posturas deliberadamente incómodas que se le ordena adoptar a la spankee. No voy a describirlas aquí porque este artículo se centra en spankings que se dan fuera de una estricta disciplina de dominación/sumisión. Tampoco voy a incluir posiciones que incluyen bondage. La comodidad del spanker también es importante. Los movimientos repetitivos y los impactos reverberan en su cuerpo y pueden producir daños que quizás no note hasta horas o días después del spanking, como tendinitis en los brazos o dolores en las lumbares. Es mejor que el spanker tenga soporte para la espalda o pueda moverse libremente sin estar atrapado bajo el peso de la spankee.

He aquí una lista de once posiciones para un spanking y cómo afectan a las sensaciones, la vergüenza, la vulnerabilidad y la comodidad.

1. De pie

Aquí no hay postura: el spanker se aproxima a la spankee por detrás y le pega en el culo. Se usa para azotainas improvisadas y cortas que sirven como advertencia, lo que es a menudo necesario en una relación de disciplina doméstica o de dominación/sumisión. A muchas no les gusta nada que las sorprendan con un azote, así que esto hay que negociarlo por anticipado. Si es consensuado, la sorpresa crea vulnerabilidad y vergüenza, sobre todo si hay otras personas delante. El dolor también es mayor cuando te pilla desprevenida. Para azotainas más largas, estar de pie no es cómodo ni para el spanker ni para la spankee.
Spanking bajo el brazo. Fuente: Erotic Art A-2-Z.

2. Bajo el brazo

Estando los dos de pie, el spanker hace que la spankee se gire y se doble por la cintura, poniéndole el brazo izquierdo alrededor de las caderas y el vientre. Un spanker experimentado puede hacer esto rápidamente para crear un efecto sorpresa. Es incluso mejor si el spanker es fuerte y la spankee ligera de peso, porque así puede levantarla completamente del suelo. La vulnerabilidad es alta cuando la spankee puede sentir el poder físico del spanker. Sin embargo, todo esto pone mucha presión en las lumbares del spanker, por lo que esta postura no es buena para spankings largos. Puede servir para empezar un spanking y luego cambiar a otra postura.

3. Doblada sobre un mueble

Spanking sobre uma mesa. Pattydraws (FetLife).
Se dobla a la spankee sobre un escritorio, una mesa o el respaldo de un sillón. Alternativamente, se hace que se arrodille sobre el borde de la cama, una silla o sobre el asiento de un sillón. En locales BDSM hay incluso bancos de spanking diseñados específicamente para esta postura. El spanker puede presionar sobre la espalda de la spankee con la mano para inmovilizarla. Si el mueble es lo suficientemente alto (por ejemplo, el respaldo de un sillón alto o una tarima) la spankee perderá el contacto de sus pies con el suelo, aumentando su vulnerabilidad. Estar doblada sobre un mueble es bastante humillante. En esta postura el spanker tiene mucho espacio para mover el brazo y puede poner su peso en cada golpe, así que la azotaina puede ser muy vigorosa. Dependiendo del mueble, la postura puede ser bastante cómoda para la spankee, pero sillones con el respaldo duro y estrecho pueden hacer daño en el vientre y las caderas. La mayor pega de esta postura es que apenas hay contacto físico, lo que crea distancia emocional.

4. Sobre el regazo

Ésta es la postura de spanking más clásica. El spanker se sienta en una silla o en el borde de la cama y pone a la spankee bocabajo sobre su regazo. A veces se la llama “sobre las rodillas”, pero en  realidad la spankee está sobre los muslos del spanker y en contacto con su vientre. Normalmente, tanto las manos como los pies se apoyan en el suelo, pero si se empuja a la spankee hacia adelante su pies perderán el contacto con el suelo, aumentando su vulnerabilidad. Las mejores cosas de esta postura es son efecto psicológico, por la imagen mental que crea el tener el culo en pompa, y el contacto con el cuerpo del spanker. A menudo la spankee puede sentir su erección. Sus principales pegas es que si la spankee es grande con relación al spanker, puede haber una tendencia a rodar y caerse de su regazo, lo que puede resultar incómodo para los dos. Otro pequeño problema es que el spanker encuentra más fácil azotar la nalga más alejada de su regazo, con lo que el spanking puede resultar un poco desigual.

5. Cerrojo de piernas

Cerrojo de piernas. Fuente.
Ésta es una variante de la postura sobre el regazo en la que la spankee se apoya sólo sobre uno de los muslos del spanker, quien usa su otro muslo para atrapar las piernas de la spankee. Si se le sujeta una de las manos tras la espalda, la tendremos completamente inmovilizada. La cabeza de la spankee bajará hasta el suelo, mientras que su culo queda en alto y bien en pompa. Como su caderas forman un ángulo más agudo, la zona sensible entre las nalgas y los muslos queda estirada y expuesta a los azotes. Todo ello hace que esta sea una postura muy humillante y de máxima vulnerabilidad. Su mayor problema es la falta de comodidad tanto para la spankee, que sufre presión sobre el vientre y tiene la cara en el suelo, como para el spanker, porque pone tensión en sus lumbares. Por lo tanto, no es aconsejable para spankings largos.

6. A caballo sobre una pierna

Variante de la postura a caballo sobre una pierna.
Erotic Art A-2-Z.
Ésta es otra variante de la postura sobre el regazo que por alguna razón es muy popular en los que practican la disciplina doméstica. El spanker se sienta en un sillón o al borde de la cama, y la spankee se coloca a caballo sobre uno de sus muslos (el izquierdo si él es diestro, el derecho si es zurdo). Entonces la spankee se inclina hacia adelante y el spanker la sujeta con el brazo de forma similar a la postura bajo el brazo. Para completar la inmovilización de la spankee, el spanker puede colocar su pierna derecha tras la pierna izquierda de la spankee para que ella no pueda levantarla, de forma parecida al cerrojo de piernas. La postura puede resultar más cómoda en un sillón, pues así el spanker tiene soporte para su espalda y la spankee puede apoyar la cabeza y los brazos en el respaldo. La posición del culo facilita que las dos nalgas puedan ser golpeadas igualmente. La raja del culo queda abierta y el ano expuesto. El mayor atractivo de esta postura es que pone presión sobre los genitales de la spankee. Si se debate, o simplemente como resultado de las oleadas que generan los azotes, se estimula el clítoris creando un spanking exquisitamente sexual. Por lo tanto, es una buena posición para hacer que una mujer se corra durante una azotaina. La mezcla de dolor y placer crean un estado mental único donde se puede alcanzar un máximo de humillación y vulnerabilidad. Los azotes administrados inmediatamente después del orgasmo son un castigo de lo más eficaz, pues la spankee tiene su mente sensible y receptiva, y se ve frustrada al no poder relajarse tras el placer.

7. Sobre las rodillas

Una manera de hacer más cómoda la posición “sobre el regazo” es que el spanker se siente sobre la cama con las piernas extendidas y su espalda apoyada en la cabecera de la cama. La spankee se tiende bocabajo sobre sus muslos y rodillas, algo más alejada de su vientre. De esta manera el spanker puede alcanzar las dos nalgas con igual fuerza. Otra ventaja es que la spankee descansa todo su peso sobre la cama, lo que resulta más estable y relajado. Si se desea que el culo se ponga más en pompa, el spanker puede cruzar las piernas para poner más volumen bajo el vientre de la spankee. Al ser cómoda y requerir poco esfuerzo, ésta es la posición ideal para spankings largos. Otra ventaja es que hay buen contacto con el cuerpo del spanker. Sin embargo, esta postura no siempre es cómoda para la spankee, ya que tiene que girar la cabeza hacia un lado para respirar. Esto puede acarrear dolores de cuello. Una solución sería sacar la cabeza por el borde de la cama mirando al suelo. Esta posición es menos humillante que otras y evoca una vulnerabilidad moderada. No hay restricción de movimiento: si la spankee decide debatirse, el spanker podrá hacer poco para impedirlo. Un truco para restringir el movimiento es sujetar una o las dos manos de la spankee sobre la parte baja de su espalda.

8. Tijera de piernas

Betty Page en una variante de la tijera de piernas
Ésta es una postura poco conocida que puede resultar muy íntima ya que la spankee tiene expuestos el ano y la vulva al mismo tiempo que el spanker puede verle la cara. Debe hacerse sobre una superficie plana como la cama o el suelo. El spanker se sienta con la piernas extendidas y entreabiertas. La spankee se tiende a su lado izquierdo (derecho si es zurdo) poniéndose medio a caballo sobre su muslo izquierdo de él y entre sus piernas. El spanker entonces pone su pierna izquierda sobre el muslo derecho de la spankee, atrapándolo contra la cama. Es decir, la pierna izquierda del spanker está entre las piernas de la spankee, y la pierna izquierda de ella entre las piernas de él. La spankee tiende a girarse hasta quedar sobre su costado derecho, con lo que el spanker puede verle la cara. La pierna izquierda del spanker fuerza a la spankee a mantener las piernas separadas y puede moverse hasta presionar contra su entrepierna. Conseguiremos así los mismos efectos de abrir la raja del culo y presionar el clítoris que se consigue con la postura de a caballo sobre la pierna. Sin embargo, la presión sobre el clítoris es más sutil y es controlada por el spanker y no la spankee. Y el spanker puede mirarla a la cara para ver los efectos de lo que le hace. Por lo tanto, ésta es la postura en la que se consigue un buen contacto corporal y comunicación. Al ser muy sexual y expuesta, proporciona vulnerabilidad. La postura es muy cómoda para la spankee.

9. Sentado sobre la espalda de la spankee

Una variante de sentarse sobre la espalda que pone
menos peso sobre las lumbares. Erotic Art A-2-Z.
El spanking lucha libre (wrestling spanking) es un juego en el que la spankee no se somete al spanking de buenas a primeras, sino que debe ser subyugada a la fuerza y luego inmovilizada por el spanker. En una variante no hay roles predeterminados, sino que los contendientes luchan y el ganador la da una azotaina al perdedor. En cualquiera de los casos, la spankee deberá de ser inmovilizada eficazmente durante todo el spanking, o se escapará y habrá que volver a empezar. La mejor manera de conseguir esto es poner a la spankee bocabajo y luego sentarse sobre su espalda. Sabiendo que su culo es el objetivo, la spankee se sentará y se negará a moverse. Para ponerla bocabajo se le coge un pie con las dos manos, una en los dedos y la otra en el talón, y se lo hace girar (¡con cuidado!). Instintivamente, la spankee girará el cuerpo para proteger su tobillo, poniéndose bocabajo. Esto le da una oportunidad al spanker para sentársele sobre la espalda. La spankee tendría que ser enormemente fuerte para ser capaz de levantar su peso y el del spanker para liberarse, con lo que lo único que le queda es resignarse y esperar a que el spanker decida dejar de azotarla. Ni qué decir tiene que todo este forcejeo tiene sus riesgos y debe practicarse con sumo cuidado. También hay que tener en cuenta que si el spanker es pesado puede hacerle daño a la spankee en las lumbares, que puede ser serio. Otro problema es que el spanker no puede verle la cara a la spankee y la comunicación es más difícil que en otras posiciones. En resumidas cuentas, se trata de una posición arriesgada, sobre todo si se hace a la fuerza, pero con innegables recompensas por lo humillante y dominante que es.

10. Piernas en alto o “postura del pañal” 

Postura de el pañal, usando una pala. Erotic Art A-2-Z.
Ésta es una postura completamente distinta a las otras porque la spankee está bocarriba. Esto permite al spanker mirarla directamente a los ojos mientras la azota. Se tumba a la spankee sobre la espalda y se le levantan las dos piernas hasta que estén perpendiculares al cuerpo o incluso sobre su cabeza. Esto hace que levante las caderas y exponga el culo. Es relativamente fácil quitar la ropa en esta postura: faldas y vestidos caen por efecto de la gravedad, y pantalones y bragas se agarran en la cintura y se suben por las piernas. Pero incluso pegar por encima de la ropa puede ser muy eficaz, pues las nalgas se estiran y se vuelven más sensibles. La zona alta de los muslos está bien a tiro y puede ser castigada a conciencia. El spanker sujeta las piernas con una mano o las coloca sobre un hombro, moviéndolas hacia delante, hacia atrás o hacia los lados para exponer la zona del culo que quiere azotar. Pero la que está más a tiro es el “punto dulce” justo por encima de la arruga que separa el culo de los muslos, lo que permite concentrar la azotaina en esa zona. Por supuesto, la spankee tiene más fuerza en las piernas que el spanker en los brazos, por lo que si ella quiere debatirse no habrá mucho qué hacer. Empujando las piernas hacia la cabeza y permitiendo que las rodillas se doblen se expone completamente el coño, que podrá ser estimulado o azotado. Es una postura que sorprenderá a una spankee debutante por su originalidad, al mismo tiempo que la hace sentirse humillada y vulnerable. También se encontrará físicamente cómoda en ella, agradeciendo incluso el estiramiento de las lumbares. Pero su mayor ventaja es que el spanker puede mirarla a la cara y leer en todo momento sus reacciones, lo que es muy valioso si se trata de una nueva compañera de juego.

11. La carretilla

La carretilla. Erotic Art A-2-Z.
Se trata de otra postura inusual, quizás la más expuesta y humillante para recibir un spanking. No es fácil de adoptar; spanker y spankee deberán colaborar para hacerlo. Si se quiere quitar la ropa de la spankee esto deberá hacerse antes de adoptar la postura, pues luego resultará imposible. Con el spanker sentado, la spankee se sentará sobre sus muslos dándole la espalda. Con la ayuda del spanker, la spankee se irá inclinando hacia adelante, levantando las piernas a los lados del spanker, hasta quedar con la cabeza en el suelo entre sus pies. Al mismo tiempo, el spanker separa las rodillas y encaja las caderas de la spankee entre ellas. El resultado es que la spankee queda con la cabeza en el suelo, las piernas abiertas a los costados del spanker, los pies en alto y el culo entre las rodillas del spanker. El spanker le pude pegar en el culo como si fuera un tambor - por eso hay quien la llama la “postura del bongo”. Quien sepa tocar el tambor puede convertir el spanking en todo un concierto. La postura abre completamente la raja del culo de la spankee, exponiendo el ano y el coño justo ante los ojos del spanker. Este punto de vergüenza es quizás lo más importante de esta postura, pero también el hecho de que una vez adoptada no es fácil salir de ella. Si el spanker la quiere atrapar completamente, no tiene más que ponerle los pies en los hombros y ya no podrá incorporarse. Ella so está completamente indefensa, de todas formas, ya que puede mover los pies y darle una patada en la cara al spanker.  A pesar de lo extraña que es, esta postura es bastante cómoda para la spankee. Su único problema es tener que poyar la cabeza en el suelo y girar el cuello, lo que se puede solucionar dándole un cojín o una almohada. Una de las cosas que no me gustan de esta postura es que invita al spanker a golpear la parte alta y los laterales de las nalgas, pero no la zona de la asentadera y la juntura con el muslo, que son las partes más eróticas. Los azotes se dan de arriba abajo y no de lado, lo que tampoco me resulta tan atractivo. Pero, en resumidas cuentas, dado los niveles elevados de pudor, vulnerabilidad, contacto físico y pura extravagancia, un spanking en la postura de la carretilla puede ser una experiencia de lo más intenso.

Hay otras muchas posturas para spanking, pero éstas son las más comunes.

Recordad que los spankings deben ser seguros, sensatos y consentidos. Esto se consigue negociando la sesión de antemano, y estableciendo límites y una palabra de seguridad. Es perfectamente válido excluir algunas de estas posturas como límites. Es importante saber lo que se quiere, saber lo que se hace y ser respetuoso. Y, sobre todo, pasárselo bien.

miércoles, 8 de abril de 2020

Nueva imagen en la cabecera del blog

Neuronas en el ganglio dorsal de una rata. Verde: substancia P. Rojo: receptor mu de opiáceos
Hay que renovarse. Después de muchos años con un paisaje del Parque Nacional de Yosemite, he cambiado la imagen de la cabecera del blog a algo más científico. Se trata de una imagen de microscopio confocal del ganglio dorsal de una rata, que tomé como parte de mi trabajo. Las formas globulares son los cuerpos de las neuronas y las fibras son sus axones, que luego se unirán para formar nervios sensoriales. Las neuronas están marcadas usando anticuerpos contra la substancia P (en verde) y contra el receptor mu de opiáceos (en rojo).

Los ganglios dorsales están colocados entre las vértebras y son el origen de la mayor parte de los nervios sensoriales del cuerpo. Estos nervios transmiten las sensaciones de tacto, dolor, picor, calor y frío desde la piel, los músculos, los huesos y otros órganos a la médula espinal. Allí estas sensaciones son procesadas y enviadas al cerebro.

La substancia P es un neuropétido que sensibiliza a las neuronas de la médula espinal al dolor. Las neuronas del ganglio dorsal que lo contienen transmiten dolor, en su mayor parte.

El receptor mu de opiáceos es una proteína a la que se une la morfina, el fentanilo, la codeína y otros opiáceos para producir analgesia, es decir, inhibir el dolor. Como se ve en la foto, casi todas las neuronas que contienen substancia P también tienen el receptor mu. Eso quiere decir que muchas de las neuronas que transmiten dolor a la médula espinal tienen el receptor mu. Este receptor inhibe a las neuronas, disminuyendo el dolor. Esto explica la acción analgésica de la morfina. Aunque también hay receptores mu en varias partes del cerebro, donde también producen analgesia y otros efectos, como euforia y adicción.

Las neuronas con un tono rojo oscuro no tienen el receptor mu. Esto es un artefacto de la técnica de immuno-histoquímica.

martes, 15 de octubre de 2019

Cuatro intentos de matar a un niño

El grillete electrónico de Fernando
Lo que voy a contar a continuación es una historia real, aunque pueda pareceros aún más ficticia que las desventuras de Cecilia en mi última novela.

A mediados de junio, mi esposa y yo acogimos en nuestra casa de Los Ángeles a Fernando, un refugiado de Honduras de 18 años que cruzó la frontera de Estados Unidos y pasó varios meses detenido, primero en un centro de menores. Luego, el día en que cumplió los 18 años, lo internaron en Adelanto, un centro de detención de inmigrantes en el desierto de California. Allí pasó cinco meses en condiciones inhumanas. Mi mujer, escribiendo con el pseudónimo de Lilith Blackwell, está publicando una serie de artículos en inglés en la revista de internet Medium sobre esta experiencia.  Se titulan “The Alien in my Guest Room” (“El extranjero en mi cuarto de huéspedes”). Ya lleva escritos 22. Yo escribí el artículo número 14, que es el que trascribo aquí al español.

Desde que acogimos a Fernando he tenido varias conversaciones con él en las que me fue contando retazos de la historia de su vida, que he condensado aquí.

El primer recuerdo de Fernando, cuando tenía sólo tres años, es el de su padre intentando matarlo con un machete. El día antes había intentado matar a su madre. Llenó un jeringuilla de insecticida e intentó inyectárselo, pero ella consiguió quitárselo de encima y corrió a refugiarse en casa de sus padres. Él apareció al día siguiente, sobrio y más calmado, para pedirle que volviera a casa con sus hijos. Ella se negó a hacerlo. Y esa es la primera memoria de Fernando: estaba debajo de un árbol de mangos, con un machete al cuello, mientras su padre le gritaba a su madre que prefería ver a su hijo muerto que verse separado de él. Menos mal que en ese momento aparecieron sus tíos, hermanos de su madre, quienes le dijeron a su padre que si algo le pasaba al niño él no saldría vivo de esa casa. Él optó por marcharse.

La segunda vez que el padre de Fernando intentó matarlo fue parecida a la primera, tanto que los dos sucesos se mezclan en sus primeros recuerdos. Tenía seis años. Su padre había estado bebiendo con unos amigos, quienes le dijeron que su mujer se veía con otro hombre. Enfurecido, su padre volvió a ir a la casa de sus suegros y volvió a ponerle un machete a Fernando en la garganta. Exigió que ella y sus hijos volvieran con él. Horrorizados, los amigos que habían venido con él lograron convencerlo de que dejara a sus hijos en paz.

Poco después, el padre de Fernando consiguió cruzar la frontera con Estados Unidos, donde residió siete años. Fue desde Los Ángeles a Baltimore, en el estado de Maryland de la costa este de Estados Unidos, donde trabajó reparando tejados. Estaba continuamente en fuga de los agentes de inmigración. Hubo en un momento en que lo pillaron y le pusieron un grillete electrónico como el que lleva ahora Fernando.  Sin embargo, su padre cortó el grillete, se cambió el nombre y se fue a vivir a otro sitio. Estuvo viviendo con una mujer a quien le daba ayuda económica. Imprudentemente, le dio su tarjeta del cajero. Ella le vació la cuenta y lo echó de casa. Sin un duro, al final lo pillaron y lo deportaron a Honduras. O, al menos, esa fue la historia que les contó a sus familiares y amigos.

Mientras su padre estaba en Estados Unidos, la madre de Fernando empezó a salir con otro hombre y eventualmente se fue a vivir con él. Pudo llevarse con ella a su hija Marisa, la hermana pequeña de Fernando. Sin embargo, él, que tenía entonces once años, se tuvo que quedar cuidando la huerta de café de la familia. La casa en la que vivía tenía el suelo de tierra y tejado de lona, sin electricidad ni agua corriente. Se alimentaba de arroz y frijoles, y de algún pez que pescaba en el río. Con sus amigos, usaba un tirachinas para cazar ardillas, zarigüeyas y mofetas para complementar su dieta con algo de carne. Colgando precariamente de cuerdas de cáñamo, recogía miel de las colmenas que había en unos acantilados cercanos. En la huerta cultivaba plátanos, maíz y hortalizas. Y, por supuesto, café, que él mismo recolectaba y vendía. Aunque sólo fue un año al colegio, se las arreglaba para llevar la contabilidad con la ayuda de una calculadora de bolsillo.

La tercera vez que su padre intentó matarlo, Fernando tenía catorce años. Su padre acababa de volver de Estados Unidos. Como parte de un negocio de venta de drogas, alguien le había dado una flamante camioneta Toyota. Se fue en ella a una fiesta en el pueblo de al lado y empezó a emborracharse. Dos de sus parientes empezaron a pelearse por una mujer, y en la refriega uno empujó al otro contra la camioneta, rompiendo una ventanilla. Cuando su padre lo descubrió, le echó la culpa a Fernando. El chaval le explicó lo que había pasado, cómo habían roto la ventanilla en una pelea, pero su padre entonces lo acusó de no haber sabido proteger su vehículo. Sacó la pistola y la cargó. Fernando tuvo el tiempo justo de agazaparse tras la camioneta antes de que empezaran los disparos. Borracho, su padre se lio a tiros con el coche hasta que se le acabaron las balas, destrozando las yantas y las ventanas que quedaban. Fernando tuvo la suficiente calma para contar los disparos. Cuando supo que la pistola estaba vacía, se enfrentó a su padre, diciéndole que era un idiota por haber destrozado su preciado coche. El padre intentó recargar la pistola, pero estaba tan borracho que no conseguía introducir las balas. Al final, sacó el cuchillo. Fernando salió corriendo.

Al oírlo contar esto, mi esposa y yo no nos acabábamos de creer que su padre hubiera sido realmente capaz de matarlo. Seguramente no habían sido más que bravuconadas, le dijimos a Fernando. Con cierta reluctancia, él nos dijo que su padre era en realidad un tipo siniestro que había matado a varias personas. Un día que fue a visitar a sus suegros notaron que llevaba la camisa manchada de sangre. Mientras que los otros lo distraían, unos de los tíos de Fernando salió sigilosamente de la casa y fue a mirar dentro de su coche. En el maletero encontró un saco sanguinolento con restos humanos. Unos días más tarde encontraron dos cadáveres en la orilla del río. Los buitres habían empezado a comérselos, pero pudieron apreciar que uno tenía cortes de cuchillo en un brazo, como si lo hubieran torturado. Claro que no hay forma de saber si eran víctimas de su padre o de la “Mara Salvatrucha”, una poderosa organización criminal basada en El Salvador que también opera en Honduras. Fernando cree que su padre mataba gente cuando salían mal las ventas de droga. Traficaba sobre todo marihuana, pero probablemente también cocaína y heroína. Fernando lo vio a menudo consumiendo las tres drogas, y todo el mundo podía ver las cicatrices que los pinchazos le habían dejado en el brazo.

La cuarta vez que su padre intentó matarlo, Fernando tenía 17 años y ya era lo suficientemente mayor como para ofrecer resistencia. Según Fernando, ese día su padre estaba colgado con marihuana, cocaína y heroína. Fernando estaba trabajando en su huerto, esparciendo las resbaladizas cáscaras del café sobre los campos como fertilizante. Su padre vino a acusarlo de que lo habían timado en la venta de unos plátanos.

-Mira cómo vienes -le replicó Fernando-. Estás drogado. ¿Ese es el ejemplo que le das a tu hijo?

-¡Soy  tu padre! ¡Me debes un respeto! -dijo su padre. Y cogió un palo y le pegó con él en el vientre.

Pero esta vez Fernando no se iba a dejar avasallar. Le quitó el palo y lo tiró. Luego agarró a su padre por la camisa  y le dijo a la cara:

-¿Cómo voy a tratarte con respeto cuando estás siempre borracho? ¿Cómo puedo estar orgulloso de mi padre cuando veo las cicatrices que llevas en el brazo? ¡Me das vergüenza!

Su padre le dio un puñetazo. Cuando Fernando retrocedió, lo golpeó en la espalda varias veces. Entonces sacó el cuchillo. Fernando, quien conocía su reputación como luchador con cuchillo, se dio a la fuga, patinando sobre las cáscaras de café como hacía jugando cuando niño. Su padre no tenía esa destreza y encima estaba borracho, así que se cayó encima del abono, poniéndose perdido.

Por desgracia, la historia tuvo un final trágico. Un día que Fernando estaba ausente, los parientes de su padre le prendieron fuego a su casa pensando que así quemarían el certificado de propiedad de la granja y podrían hacerse con ella. Por desgracia, una tía de Fernando estaba pasando la noche en su casa con su hijo. Él niño logró saltar por la ventana, rompiéndose un brazo que nunca se curó del todo. Su tía murió en el hospital como resultado de las quemaduras.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Sabiendo que su vida estaba realmente en peligro, unos meses después Fernando empezó su larga peregrinación a Estados Unidos, atravesando Guatemala y Méjico. Cinco meses más tarde cruzó la frontera.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Para volverte loca 49 - La lavandería

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Domingo 20 de abril, 1980

Al día siguiente, poco después de comer, Javier la fue a buscar a la biblioteca.

-He traído los condones -le soltó sin preámbulos-. ¿Has escrito la carta?

-Sí, aquí está -le respondió, dándole la pequeña hoja de block doblada en cuatro.

Javier se la metió en el bolsillo sin desdoblarla.

-He escrito la dirección al final. La tendrás que meter en un sobre y ponerle un sello.

-¿Qué te crees, que soy subnormal? ¡Anda, vamos!

-¿Ahora? Creí que íbamos a esperar a la noche, como el otro día.

-No, hoy no tengo guardia.

-¿Y no se la puedes hacer a alguien?

-¡No digas tonterías! ¿A cuento de qué le voy a hacer yo una guardia a nadie? Aquí nadie te devuelve los favores. Sería de lo más sospechoso.

-Pero es que de día es muy arriesgado. He oído que la gente de la cocina baja al sótano todo el rato.

-No vamos a hacerlo en el sótano. Conozco un sitio mucho más seguro. ¡Ven!

Al salir de la biblioteca vio a la Leona pasillo abajo. Le pareció que los había visto, pero luego siguió su camino. Eso le dio mala espina.

-No sé, Javier, quizás sea mejor dejarlo para otro día.

-¿Ahora te me vas a rajar? ¡No, si ya sabía yo…! -se sacó la carta del bolsillo y la agitó frente a ella-. Mira, Cecilia, lo hacemos ahora y esta misma tarde pongo esta carta en el buzón. ¿No tenías tanta prisa en mandarla? Si no, hasta que lo hagamos no la mando.

Era un argumento de peso, desde luego. Postergarlo podía significar pasar varios días más en ese sitio.

-Bueno, vale.

Javier abrió una puerta que daba al pasillo y la metió en una escalera de servicio. Llegaron a la planta baja y siguieron bajando.

-¿Otro sótano?

Él no le contestó. La guio por un pasillo de paredes blancas y tubos de neón. Al final había una puerta doble de cristal esmerilado. Javier descolgó un gran manojo de llaves de su cinturón, seleccionó una llave y abrió la puerta. Al otro lado estaba la lavandería del sanatorio: varias filas de lavadoras enormes y otras máquinas que debían servir para secar la ropa. Había grandes sacos blancos de ropa en estanterías a lo largo de las paredes. Javier volvió a cerrar la puerta con llave.

-¿Aquí no viene nadie? ¿Estás seguro?

-No hacen la colada hasta por la tarde. No te preocupes. Venga, desnúdate.

Cecilia empezó a desabrocharse los botones de la chaqueta de su uniforme. Impaciente, Javier le deshizo el nudo de la cuerda de la cintura de sus pantalones y se los bajó. Antes de que ella lograra quitarse la chaqueta ya le había bajado las bragas.

-¡Qué prisas! Déjame que te ponga yo el condón, que tengo una forma muy divertida de hacerlo. Ya verás.

En Angelique había aprendido que algunos clientes te enseñan el condón y luego no se lo ponen. Algunos incluso se lo quitaban en el último momento. Tenía que tener cuidado.

Javier dudó un momento pero acabó por darle el condón. Cecilia se lo agradeció con una sonrisa traviesa, se arrodilló frente a él y le extrajo su polla, gruesa y morcillona, de los pantalones. Enseguida se puso a chuparla. Cuando la tuvo bien tiesa le colocó el condón sobre el glande, se lo volvió a meter en la boca y fue desenrollando el condón sobre su verga con los labios, con sólo alguna ayuda ocasional de sus dedos.

-¿Qué, te ha gustado? -dijo con otra sonrisa.

Por toda respuesta, Javier la cogió por codo, la puso en pie de un tirón, la hizo darse la vuelta y la empotró en una de las estanterías con bolsas de ropa.

-¿Quieres hacerlo así, por detrás?

-¡Pues claro que quiero follarte por detrás, zorra! Así te veo el culo mientras te doy un buen meneo.

A Cecilia apenas le dio tiempo de echar mano de su polla para comprobar que aún tenía puesto el condón antes de sentirse penetrada sin contemplaciones. La primera embestida le hundió la cara en un saco de ropa que olía a detergente. Ese trato brutal la excitaba un montón. Decidió relajarse y disfrutar, dispuesta a que esa vez no se le escapara el orgasmo.

Javier la inmovilizó poniéndole una mano sobre el sacro, y la folló con un ritmo vigoroso pero irregular, al que era difícil acoplarse. Cecilia se concentró en contraer la vagina para extraer el máximo placer de sus acometidas.

Estaba al borde del orgasmo cuando Javier salió de improviso de ella.

-¿Qué pasa? -dijo con voz somnolienta de placer, incorporándose lentamente.

Apenas le dio tiempo de ver a Javier corriendo hacia la puerta, sosteniéndose precariamente los pantalones con una mano. La Leona le bloqueaba el paso en la puerta, pero Javier la apartó de un empujón y siguió corriendo pasillo abajo.

Cecilia se inclinó para subirse los pantalones y las bragas, pero antes de que pudiera hacerlo la Leona se le había echado encima. La cogió por el brazo y la sacudió. 

-¡Ah, no! ¡Tú te quedas así, con el culo al aire, por cochina! -le gritó, propinándole dos sonoros cachetes en el culo, como si fuera una niña.

Eso le gustó, no lo pudo evitar. Todo había pasado tan rápido que seguía al filo del orgasmo. Sabía que estaba en peligro, pero su cerebro se negaba a reaccionar.

-Vale, castígame… Pégame, hazme lo que quieras pero, por favor, no le digas nada al doctor. Ya sabes lo exagerado que es para estas cosas.

-¡Cómo no le voy a decir nada al doctor, cuando esto confirma su diagnóstico! ¡Eres una ninfómana, Cecilia, una adicta al sexo! Me has decepcionado. Pensé que eras una chica lista, que seguirías tu tratamiento para salir de aquí cuanto antes.

-¡No Leona, yo no soy adicta al sexo ni a nada! Hice esto porque decidí hacerlo, porque yo soy dueña de mi cuerpo y ni tú ni nadie tiene derecho a decirme lo que hago con él.

-¿Ah, sí? Pues ahora mismo se lo dices al doctor, a ver lo que opina.

Decirle eso había sido un error. Su única esperanza era convencer a la Leona de que no dijera nada.

-Ya sabes lo que va a decir… ¡Me hará algo horrible, seguro! -dijo juntando las manos en plegaria-. ¡Por favor, Leona, te lo suplico, no le digas nada! Vale, he hecho mal, lo reconozco, pero vamos a arreglar esto entre tú y yo. Déjame que te lo explique… Yo lo único que quiero es salir de aquí y volver a casa con mi marido.

-¿Sí? ¿Tanto quieres a tu marido que le pones los cuernos con el primer enfermero que se te pone a tiro?

-Yo no le pongo los cuernos a Julio. Cuando lo vea se lo diré, y él comprenderá perfectamente por qué lo hice. Si quieres te doy su número de teléfono y tú misma se lo dices.

-¿Sí? Pues yo estoy empezando a pensar que ese marido tuyo no es más que otra de tus fantasías. He visto tu ficha y dice claramente que eres soltera. ¡Venga, ya estoy harta de oír tonterías! Súbete la ropa, que vamos a ver al doctor inmediatamente. Él decidirá qué se tiene que hacer contigo.

-¡No, Leona, por favor, te lo suplico!

Intentó zafarse de ella, pero la Leona la tenía bien agarrada. Le dio otro azote y, cuando vio que eso no la detenía, un violento bofetón.

No había nada que hacer. Cecilia se vistió y acompañó a la Leona mansamente al despacho del doctor Jarama.


sábado, 24 de agosto de 2019

Para volverte loca 47 - Un juego arriesgado en el sótano

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Javier la cogió en vilo para sacarla de la cama. Cecilia no opuso resistencia. Lo siguió pasillo abajo hasta las escaleras. Bajaron a la planta baja, cruzando el comedor y entraron en la cocina. Javier abrió una puerta lateral, descubriendo unas escaleras de hormigón con barandilla metálica que bajaban a un sótano. Pulsó un interruptor y se encendieron varias bombillas que colgaban desnudas del techo. Estaban en un recinto grande con gruesas columnas rectangulares de hormigón, donde se almacenaban muebles desvencijados y equipo electrónico del hospital en desuso.

-¿Ves? Aquí nos lo vamos a pasar los dos mucho mejor que tú sola en tu cama.

-Si tú lo dices…

-¡Venga! ¡Quiero echarle una buena mirada a ese culo!

Sin ningún tipo de miramientos, Javier le desabrochó los pantalones y las gruesas bragas de castidad y se lo bajó todo hasta los pies. Le dio la vuelta y se puso a manosearle el culo. La violencia y el peligro de la situación la excitaron enseguida. Pero no podía permitirse bajar la guardia. Se dio la vuelta justo a tiempo de ver cómo Javier se bajaba la delantera del pantalón para sacar su verga erecta.

-¡No pensarás follarme!

-¿Y por qué no? ¡Vamos a tener la fiesta completa!

-¿Tienes un condón?

-¿Un condón? -repitió él, sorprendido.

-¡Claro! ¿Qué te crees, que el doctor me deja tomar la píldora? Seguro que hoy estoy ovulando… ¿Por qué te crees que ando tan salida?

-¡No, si ya te veo! -dijo él agarrándola por la muñeca-. Pero no te preocupes, que soy perfectamente capaz de dejarte satisfecha.

Cecilia retrocedió un paso.

-¡No puede ser, Javier! ¿Qué te crees, que si me dejas preñada no van a saber quién ha sido? 

Eso lo detuvo.

-¡Venga, te hago una mamada! Ya verás lo bien que se me dan. Y mañana te traes unos condones y follamos como dios manda.

El ojo único de Javier la miraba desorbitado. Se había puesto a cien. No iba a querer esperar más, eso estaba claro. O aceptaba su oferta o la violaría de inmediato. El corazón le latía con fuerza. La posibilidad de que la dejara embarazada era muy real. No, no podía dejar que la follara, tendría que resistirse. Sacó los pies de los pantalones y las bragas para tener más movilidad y se preparó para hacer una de las llaves de kung-fu que le había enseñado el Chino.

-Bueno, vale… Pero quítate lo de arriba. Quiero tocarte las tetas mientras me la chupas.

Cecilia se liberó de su mano y se despojó rápidamente de la chaqueta del pijama y del sujetador. Luego, antes de que se le ocurriera arrepentirse, se arrodilló delante de él y se metió su polla en la boca.

Se propuso hacerlo gozar todo lo posible, para que necesitara repetir. Así que se empleó a fondo, con completa concentración, succionando, apretando los labios en torno al rígido tallo, acariciando con la punta de la lengua en frenillo y el glande. Javier le colocó las manos en las tetas y se las estrujó.

¿Conque las tengo pequeñas, eh? ¡Pues ahora bien que disfrutas de ellas!

Estaba super excitada, había pasado por un largo periodo de abstinencia sexual. Tenía la necesidad imperiosa de masturbarse mientras lo chupaba. Pero no podía permitirse el lujo de perseguir su propio placer.

Javier le soltó las tetas y hundió los dedos en su pelo, acariciándoselo, revolviéndoselo, luego agarrándoselo con las dos manos para inmovilizar su cabeza mientras que él se ponía a follar su boca con enérgicos empujones de sus caderas. Era un tratamiento indigno, que provocaba ruidos obscenos, atragantándola en las acometidas y haciéndola babear en las retiradas, pero ya se lo habían hecho muchas veces. De hecho, la excitaba sentirse usada y humillada. Abandonó todo intento de controlar la situación, de darle placer, dejando que él lo tomara de ella como más le apetecía. Sólo al final, cuando él le hundió la verga hasta la garganta y se tensó al borde del clímax, volvió a chuparlo y a acariciarlo con la lengua. Enseguida sintió pulsar su eyaculación dentro de su boca. Se tragó el semen como una buena chica, concentrándose en evitar que le dieran arcadas para que él pudiera disfrutar hasta el final.

Esperó a que fuera él quien le sacara la polla de la boca. Desde su postura arrodillada, miró hacia arriba.

-¿Qué, te ha gustado mi mamada?

-No ha estado mal… Ya veo que eres una auténtica guarra. Te encanta chupar pollas, ¿A que sí?

Julio a veces le decía lo mismo y le encantaba, pero el tono de desprecio con que lo dijo Javier la molestó.

-Lo hice por ti… Yo lo único que quería era masturbarme en la cama.

-Sí… ¡seguro!

Javier recorrió su cuerpo desnudo con una mirada de frío desinterés.

 -¡Vamos, vístete! Tengo que volver a mi puesto, no sea que pase algo.

Cecilia recogió su ropa del suelo y se la puso, conteniendo su indignación. Irene tenía razón: Javier no era más que un egoísta depreciable. Pero ella tenía que seguir adelante con su plan. Por suerte, cuando trabajaba como prostituta había aprendido a tratar con tipos así: era cuestión de no dejarse arrastrar por su mal rollo. Consiguió decirle con entusiasmo:

-Pues ya verás, follar conmigo es todavía mejor… Tráete los condones mañana y te lo demuestro.

-Mañana no trabajo. Salgo de guardia dentro de unas horas.

-Pues pasado mañana, entonces.

-¡Menuda zorra estás hecha! Te mueres de ganas de que te la meta, ¿a que sí? -dijo disponiéndose a subir por las escaleras.

Lo cogió de la mano para retenerlo.

-¡Y tú de metérmela, no me lo niegues! Y no tiene por qué ser sólo una vez, podemos hacerlo siempre que te toque guardia.  Pero te lo tienes que montar bien conmigo. Vamos a ser buenos amigos, ¿vale?

Javier se volvió a mirarla.

-¿Pero tú de qué vas, tía? Seguro que quieres algo a cambio… ¡No, si sois todas iguales!

Las cosas no estaban saliendo como había planeado. A estas alturas, Javier debería estar supercontento y deseando volver a tirársela a cualquier precio. En vez de eso, parecía que era él quien le había hecho un favor a ella. No era la situación ideal para empezar a poner condiciones. Sin embargo, si no lo hacía ahora perdería la oportunidad.

-Lo único que te pido es que le mandes una carta a mi marido. No sabe dónde estoy y estará muy preocupado.

-¿Y si no lo hago?

Cecilia lo miró a los ojos. Se acabaron las pretensiones.

-Un amigo de verdad nunca me negaría ese pequeño favor. ¿Quieres que seamos amigos, o no?

Javier la miró en silencio unos instantes.

-Escribe la carta. Pasado mañana me la das. Traeré los condones.

Sin decirle nada más, la llevó de vuelta al dormitorio. Para su gran chasco, Javier la volvió a atar a la cama.

-¡Eh! ¡Que yo no me he corrido! Por lo menos déjame una mano suelta, ¿no? -protestó.

-No. Así llegarás con más ganas a pasado mañana.

miércoles, 17 de abril de 2019

El programa electoral del PSOE incluye un ataque frontal al trabajo sexual y a la libertad sexual

Pensaba que al final no se atreverían, pero han ido incluso más lejos de lo que yo me temía. El programa del PSOE para las próximas elecciones apuesta por el “modelo sueco” de prohibición de la prostitución, a base de perseguir a los clientes. Vuelven a remachar en la vieja mentira de que la prostitución es lo mismo que “la trata”. Pero, claro, cuando se trafican mujeres (y hombres) para esclavizarlos en la industria hotelera o el servicio doméstico, a eso no se lo incluye en el programa electoral. Sólo hay “trata” cuando es por sexo.

Y, por si quedaba alguna duda de quienes son los nuevos puritanos, también arremete contra la pornografía. Para ello se amparan en la consabida “defensa del menor”, como si lo que le hiciera más daño a los niños es que aparezcan parejas follando en las pantallas del ordenador. Si gana el PSOE, nos podemos esperar un ataque a la libertad de expresión sexual en internet como el que está teniendo lugar en el Reino Unido o en los Estados Unidos.

Aquí tenéis el contenido literal del programa del PSOE en estos dos temas.

Abolir la prostitución y erradicar la trata de seres humanos con fines de
explotación sexual
6.16. Trabajaremos para abolir la prostitución y erradicar la trata de seres
humanos con fines de explotación sexual, favorecer la dignidad de las mujeres,
garantizar alternativas y terminar con las redes y las mafias que se lucran con la
esclavitud. Para ello, debemos proteger y asistir a las víctimas, cooperar con los
países de origen y concienciar a la ciudadanía de que es un comercio ilícito y una
forma de esclavitud.
Por ello,
- Continuaremos los trabajos que ya hemos iniciado en estos meses
conducentes a aprobar la ley integral contra la trata de seres humanos
con fines de explotación sexual y contra la prostitución. La prostitución,
de la que nos hemos declarado abolicionistas, es uno de los rostros más
crueles de la feminización de la pobreza, así como una de las peores formas
de violencia contra las mujeres.
- Esta futura ley Integral contra la trata de seres humanos con fines
de explotación sexual, contemplará mecanismos adecuados para la
prevención y persecución de la trata, evitará la publicidad de servicios
de contenido sexual y reforzará los servicios y programas de protección
social y recuperación integral de las personas que han sido explotadas, con
atención específica a menores.
- Aprobaremos en nuestra legislación medidas encaminadas a la abolición
de la prostitución:
• Introduciendo una figura jurídica que permita sancionar penalmente
a quienes contribuyeran o se beneficiaran de la prostitución ajena, lo que
contribuirá a desmantelar la industria de la prostitución.
• Sancionando la demanda y compra de prostitución.
- Impulsar en foros internacionales la persecución de la trata de personas
con fines de explotación sexual.

Pornografía
6.17. Perseguiremos la trata y explotación sexual, especialmente de menores
y los protegeremos de la creación, difusión y exposición de pornografía.
6.18. Impulsaremos una protección reforzada de los menores para evitar
el acceso a la pornografía, sujeta a las medidas más estrictas en línea con la
nueva normativa audiovisual del Parlamento Europeo.

Creo que una persona que defienda la filosofía sexo-positiva no puede votar a este programa. Yo desde luego, no lo haré, y eso que he votado en numerosas ocasiones al PSOE desde la Transición. Claro que, viviendo en el extranjero, lo de votar en España me resulta casi imposible. Ya no son sólo los obstáculos del “voto rogado”, es que ni siquiera he podido conseguir hora en el Consulado General de España de Los Ángeles para que me renueven el pasaporte español. Me he acostumbrado a viajar con mi pasaporte americano. Pero ese es otro tema…

Sólo cabe esperar que el PSOE no consiga sacar los suficientes votos en las elecciones para aprobar estas leyes puritanas y retrógradas. Si necesita del apoyo sustancial de Podemos por la izquierda o Ciudadanos por la derecha, tal vez le hagan desistir. Pero lo cierto es que el panorama político de España esto días es completamente desolador.

En contraste, esto es lo que dice el programa de Unidas Podemos:

136. Ley Integral contra la Trata de Personas. Las víctimas de trata serán consideradas como sujetos de derecho. La ley asegurará la coordinación de todas las Administraciones, prohibirá la deportación o el encierro de víctimas en los CIE y las eximirá de responsabilidad penal si están en situación administrativa irregular. La ley irá acompañada de planes de formación para empleados públicos y, gracias a ella, se crearán mecanismos de atención integral a las víctimas con un enfoque integrador, transcultural y de protección efectiva en el caso de denuncia y más allá del juicio.

Podemos no equipara a la trata con la prostitución, la gran mentira que continúa perpetuando el PSOE. Además, la propuesta de Unidas Podemos es de protección de las personas al 100%, mientras que la del PSOE es 100% represiva. Este punto del programa del PSOE es lo mismo que propugna el Partido Republicado de Trump en Estados Unidos. Incluso se diferencia en poco de la Ley de Vagos y Maleantes del franquismo. 

domingo, 23 de diciembre de 2018

Los dos feminismos

Este año que se acaba, 2018, ha sido un buen año para el feminismo. En realidad, paradójicamente, el poder del feminismo ha estado en auge desde la elección de Donald Trump en ese triste otoño del 2016. Ha habido manifestaciones multitudinarias de mujeres en todo el mundo. El movimiento #MeToo ha mostrado la dimensión real de los ataques sexuales contra las mujeres. Un montón de mujeres lograron cargos de primera fila en el gobierno de España, mientras que en Estados Unidos cientos de mujeres eran elegidas como representantes en el Congreso. Como progresista y feminista que soy, todo esto me llena de alegría y esperanza por un futuro mejor.

Sin embargo, hay algunas cosas en este auge del feminismo que me ponen algo nervioso. Y, por lo que veo, muchos otros hombres también lo están. Hay posturas en el feminismo que amenazan con revertir las libertades sexuales que tanto costó conseguir, sobre todo para los que practicamos sexualidades marginadas como el BDSM o modelos de relación alternativos como el poliamor. A veces también se confunde el atacar al patriarcado con el atacar a los hombres. Sin embargo es difícil argumentar, rebelarse contra ciertas posturas dogmáticas, matizar entre posiciones extremas. Al hacerlo te arriesgas a que te traten de machista o, lo que es peor, darle munición al enemigo, a los Republicanos en Estados Unidos, o a los de Vox o del PP en España.

Para mí, la solución a este dilema ha venido al darme cuenta de que en realidad hay dos feminismos, dos ideologías que han estado claramente enfrentadas desde los años 80. Mientras apoyo completamente uno de estos feminismo, el que se ha dado en llamar feminismo sexo-positivo o pro-sexo, me declaro enemigo acérrimo del otro, que muchos llaman “feminismo anti-porno”. Ya escribí sobre esto en un artículo de este blog en el 2014, El Feminismo Anti-Porno, la Guerra del Sexo y el nacimiento del Feminismo Sexo-Positivo. Sin embargo, desde entonces me he dado cuenta de muchas cosas. Yo pensaba que el feminismo anti-porno estaba prácticamente derrotado y que el feminismo de la tercera ola era mayoritariamente pro-sexo. En eso estaba equivocado: el feminismo anti-porno no sólo sigue vivo sino que es tremendamente poderoso. Está atrincherado en las universidades. Ha escalado dentro de la política para instalarse en los más altos cargos. Se ha transformado para camuflarse, para esconder los elementos de su ideología que ahora sabe que le chirrían tanto a hombres como a mujeres. Se ha vuelto mentiroso y traicionero. Pero lo peor de todo es que se ha apoderado descaradamente de la etiqueta feminista, declarando que sus ideas son las del movimiento feminista en general. En realidad están en minoría, pero saben que eso no importa si ellas son las que salen en los periódicos, las que escriben los libros, las que se instalan en los ministerios. El #MeToo les ha dado nuevas fuerzas; han sabido instrumentalizar el sufrimiento de todas esas mujeres para darle más argumentos a su ideología.

Pero vayamos por partes. Este es un problema complejo en el que es necesario matizar. Lo primero que debo decir es que en muchas cosas el feminismo sexo-positivo y el feminismo anti-porno defienden las mismas posturas. Por supuesto, los dos defienden la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Los dos defienden la libertad reproductiva, en su doble vertiente de anticoncepción y libertad de abortar. Los dos luchan contra el maltrato de la mujer: contra la violación, el acoso sexual y la violencia doméstica. Quizás porque estas causas comunes son tan importantes se intentan ocultar las diferencias entre los dos feminismos, no sea que el movimiento se divida y pierda energía en discusiones internas. Creo que esto es un error, porque lo que está ocurriendo en realidad es que el feminismo anti-porno hace que muchas personas, sobre todo hombres, rechacen al feminismo en general y no le presten el apoyo que desesperadamente necesita.

¿Cuáles son, entonces, las diferencias entre el feminismo sexo-positivo y el feminismo anti-porno? Las raíces históricas de estas dos ideologías están descritas en detalle en mi artículo anterior, así que sólo las resumiré aquí, aportando elementos nuevos.  Y, si crees que todo esto me lo estoy inventando, puedes consultar estas entradas de Wikipedia sobre el feminismo anti-porno, el feminismo sexo-positivo y la “Guerra del Sexo” entre estas dos corrientes feministas. Por desgracia, todo esto está en inglés y la información que hay en español es mucho más limitada. En resumidas cuentas, el feminismo anti-porno aparece en los años 70 como una rama radical del feminismo opuesta a la pornografía, el sadomasoquismo y la prostitución. El feminismo sexo-positivo nace en 1980 como oposición al feminismo anti-porno. Se origina en San Francisco con el grupo de lesbianas sadomasoquistas Samois, pero pronto se extiende por todo Estados Unidos, dando lugar a la “Guerra del Sexo” durante las décadas de los 80s y los 90s. Con el nuevo milenio, las posturas de la sociedad sobre el sexo habían cambiado tanto que supusieron la derrota del feminismo anti-porno en los temas de la pornografía y el sadomasoquismo.

El feminismo anti-porno había sostenido que la pornografía sólo puede agradar a los hombres porque la sexualidad masculina es visual mientras que la femenina se basa más en los sonidos, las sensaciones y las ideas. Además, la pornografía es denigrante para las mujeres porque las trata como objetos y degrada su cuerpo con posturas y actos humillantes. Sólo en una situación de explotación, decían, accedería una mujer a aparecer en fotos o películas porno. Sin embargo, al popularizarse la pornografía con el advenimiento de la internet resultó que muchas mujeres empezaron a verla y excitarse con ella. Resulta que a las mujeres también las pone ver imágenes eróticas. No sólo eso, sino que se puso de moda entre las mujeres jóvenes hacerse fotos porno o aparecer en vídeos de contenido sexual. Resultó que las mujeres son mucho más exhibicionistas que los hombres; a muchas les excita la idea de que haya gente excitándose y masturbándose al verlas. Hacen y distribuyen porno casero, gratis. Si quieres verlo, date una vuelta por FetLife.com. De todas formas, la feministas anti-porno no se dan por vencidas. La lucha continúa con libros que hablan de la adicción al porno y los daños que está haciendo a la vida sexual de los jóvenes. Se distingue también entre el porno “machista”, dirigido a los hombre y explotador de las mujeres, y el porno “feminista”, hecho por mujeres para mujeres. Pero a la mayor parte de la gente todo esto le trae sin cuidado. Cada vez se ve más porno, y muchas parejas lo ven juntos como parte de su vida sexual. Como ejemplos de ataques a la pornografía del feminismo anti-porno contemporáneo, ver esto y esto. Como ejemplos de apoyo a la pornografía del feminismo prosexo, ved estos artículos de Apoyo Positivo, de Pikara Magazine, de la actriz Armarna Miller y en Medium.

Algo parecido pasó con el sadomasoquismo, que cada vez es más aceptado socialmente. Sin embargo, a diferencia de la pornografía, el BDSM es practicado sólo por una minoría de la población. Quizás por esa razón, los practicantes del BDSM empezaron a formar organizaciones en los años 70 y 80 siguiendo el modelo de las organizaciones gay. Así surgieron The Eulenspiegel Society de Nueva York, The Black Rose de Washington, DC, The Society of Janus de San Francisco y Threshold de Los Ángeles. Samois, el grupo que dio origen a la Guerra del Sexo, era una rama de Society of Janus. Los argumentos del feminismo anti-porno contra el BDSM eran también más difíciles de responder: en definitiva, el sadomasoquismo practica la violencia contra las mujeres, reproduce desigualdades de roles en el sexo, y usa una parafernalia muy similar a la de los más infames métodos de tortura. El que todo esto se hace de forma consensuada, consentida, segura y como diversión era algo difícil de transmitir. Por eso las sociedades BDSM inventaron el SSC (seguro, sensato y consentido) como los parámetros que distinguen los juegos sadomasoquistas del abuso sexual. En eso el BDSM se adelantó en el tiempo al sexo vainilla: el “yes means yes” (“sí quiere decir sí”) como criterio de consentimiento para el sexo, que hace poco se impuso como ley en sitios como California, ya se usaba en el BDSM en los años 80. Poco a poco el BDSM fue ganando aceptación en la cultura general, ayudado quizás por la fascinación que su estética ejerce aun entre quienes no lo practican. Historia de O (novela y película), las fotos eróticas de Madonna, las películas Eyes Wide Shut, Nueve Semanas y Media y Secretary culminaron con 50 Sombras de Grey en marcar el camino de la aceptación del BDSM, incluso cuando el mensaje de estas obras no era enteramente a favor de estas prácticas. De todas formas, algunas feministas siguen atacando cerrilmente al BDSM desde posturas de ignorancia e incomprensión, como este libro de una “educadora social”. Se sigue luchando contra el BDSM como parte de la “cultura de violación”, mientras que se ignora cómo en el género de la novela romántica, escrita por mujeres para mujeres, se presenta a menudo la violación como algo excitante y positivo. Como ejemplos de los continuos ataques al sadomasoquismo del feminismo anti-porno, leed este artículo de Lidia Falcón o este blog. Como ejemplo de la defensa del BDSM por el feminismo prosexo, leed este artículo en El País, este en El Mundo, esta entrevista con una sumisa feminista, este blog en Amino, y, como no, la opinión de Golfos con Principios.

Pero si hay algo donde el feminismo anti-porno sigue dando la batalla es en el tema de la prostitución, a base de promulgar la idea de que la prostitución es idéntica a la trata de mujeres para su explotación sexual. En este otro artículo del blog presento evidencia de que esto no es verdad: según un estudio de la ONU, al menos el 80% de las prostitutas en Europa practican la prostitución de forma voluntaria. El feminismo sexo-positivo apoya a las trabajadoras del sexo y las ayuda a luchar por legalizar su situación y acabar con el maltrato y la explotación que sufren. Por ejemplo, el famoso consejero sexual Dan Savage ha recibido en su podcast Savage Lovecast a representantes de organizaciones de defensa de las prostitutas, como Coyote. No voy a explicar los argumentos a favor de legalizar la prostitución, de los que hablo en mis novelas y en otros artículos de este blog. Ejemplos de ataques a la prostitución por parte del feminismo anti-porno y de su continua negación de la diversidad de posturas del feminismo sobre este tema son este artículo de Lidia Falcón, estos de la profesora Rosa Cobo en El País y en El Diario y la creación de grupos anti-prostitución.

Las feministas anti-porno también se han posicionado en otros temas de gran relevancia social. Por ejemplo, se oponen al embarazo subrogado, los llamados “vientres de alquiler”, que consiste en que una pareja infértil pague a una mujer para que lleve a cabo la gestación de su hijo. Por lo visto, esto se parece demasiado a la prostitución para el gusto de estas feministas. En definitiva, se trata de pagar por usar el cuerpo de una mujer con fines sexuales, en este caso a la función más biológica del sexo: la reproducción. Por ejemplo, esto es lo que opina Lidia Falcón sobre el tema. Desde mi punto de vista, se trata de una transacción perfectamente legítima donde todo el mundo sale ganando... A condición, por supuesto, de que se haga de forma no explotadora. Para ello se necesita que sea algo regulado por las leyes y bajo la supervisión del Estado, que es precisamente lo que el feminismo anti-porno lucha por impedir.

¿Existe un denominador común a todas estas actitudes anti-sexo del feminismo anti-porno? ¿Se basan en determinadas ideas básicas? Tras mucho reflexionar sobre ello, he llegado a la conclusión de que todas estas posturas están basadas en el rechazo al deseo sexual masculino. Una de las claves de esto es el hecho de que en los años 70, cuando se empezó a atacar a la pornografía y al sadomasoquismo, también se difundió la idea de que la penetración de la mujer por el hombre era un acto intrínsecamente machista y agresor. Se llegó a decir que la penetración es lo mismo que la violación, algo que todavía defienden algunas feministas radicales. La demonización de la penetración se desarrolla progresivamente como reacción a la idea opuesta, propuesta por la Iglesia, los conservadores y gente como Sigmund Freud, de que la única sexualidad “normal” es la lleva a la concepción, es decir, la penetración pene-vagina. Este conflicto entre las concepciones sobre el sexo de los conservadores y el feminismo se puede apreciar en la famosa novela The Handmaid’s Tale  de Margaret Atwood, y en la serie de televisión basada en ella, que se ha convertido en uno de los iconos del feminismo moderno. Por supuesto, el feminismo anti-porno y el feminismo sexo-positivo están de acuerdo en que la sexualidad humana no sirve sólo para la procreación, pero con importantes diferencias. El feminismo sexo-positivo acepta todas los actos sexuales, aunque los argumentos del feminismo anti-porno se han infiltrado en forma de críticas al “coitocentrismo”. El feminismo anti-porno  enfatiza la importancia del clítoris como centro de la sexualidad femenina, niega la existencia del orgasmo vaginal, y presenta el coito vaginal como algo políticamente incorrecto, como argumentaba en un artículo de este blog. Esto ha marginado las preferencias sexuales de millones de mujeres y ha negado a otras una importante fuente de placer: la vagina y el punto G.

Otras de las ideas que subyacen al feminismo anti-porno son sus visones del hombre y la mujer. Al hombre se lo presenta como un ser hipersexual y agresivo, que “piensa con la polla” y vive “intoxicado por la testosterona”, memes misándricos que se han instalado en la cultura moderna. El estereotipo de la mujer que ofrece el feminismo anti-porno es tan asexual como el de la “mujer angelical” del puritanismo anglosajón, sólo que es menos delicada, más agresiva y rechaza estar abocada a la procreación. Como no está sometida al fuerte deseo sexual del hombre, puede usarlo para controlarlo. Pero pare que esto funcione hay que impedirle al hombre encontrar formas de satisfacer su deseo fuera de la pareja; por eso hace falta eliminar la pornografía y la prostitución. Tampoco convienen las parejas abiertas y el poliamor, no sea que sirvan para aumentar la competencia entre las mujeres. Y es que al feminismo anti-porno le gusta ver a las relaciones de pareja como una fuente interminable de conflictos, porque concibe a los deseo sexuales masculino y femenino como irreconciliables. Dice que el hombre vive obsesionado con dominar a la mujer, penetrándola y degradándola sexualmente con actos sadomasoquistas. La mujer, por el contrario, busca conexión emocional y cariño en un sexo igualitario. Como el deseo sexual del hombre es básicamente agresivo y dominante (“malo”) mientras que el de la mujer es cariñoso e igualitario (“bueno”), hay que poner a la sexualidad del hombre al servicio de la de la mujer. Para ello se exhiben pruebas como la “brecha del orgasmo”, que demuestran lo egoístas que son los hombres en el sexo. Hay que “educarlos”, es decir, avergonzarlos y culpabilizarlos, hasta ponerlos al servicio de la sexualidad femenina. Por ejemplo, véanse estos artículos de Lidia Falcón 1, 2, 3.

Por suerte, con el tiempo se va demostrando que todos estos estereotipos que nos quiere vender el feminismo anti-porno no son verdad. La liberación sexual de la mujer iniciada en los años 70 con la invención de la píldora anticonceptiva sigue en marcha. Y a medida que las mujeres se vuelven más libres, comprobamos que quieren disfrutar de su sexualidad de la misma manera que los hombres, lo que también significa ver pornografía, practicar el BDSM, asistir a stripteases en los que se desnudan hombres atractivos  y, quién sabe, incluso tener acceso a la prostitución masculina. En realidad, los deseos sexuales de los seres humanos de ambos sexos existen en un amplio abanico de posibilidades, que van desde un hacer el amor con cariño hasta el sexo más violento.  Y estas preferencias no se dividen claramente de acuerdo con el género: a muchas mujeres les gusta el sexo violento y muchos hombres prefieren el cariño. Por eso el movimiento sexo-positivo, que si bien nació dentro del feminismo ahora existe independientemente, busca la aceptación de todo tipo de sexo consensual y entre adultos, en un plano de auténtica igualdad.

Quiero acabar diciendo que soy plenamente consciente de que la división entre feminismo anti-porno y feminismo prosexo en muchos casos no es demasiado clara: muchas personas tienen opiniones comunes o intermedias entre estos dos bandos. Creo que ahí está precisamente el problema, pues estas posturas se basan en sistemas de valores distintos sobre el sexo y la naturaleza de las mujeres y los hombres. En particular, la visión del sexo como algo sacrosanto que no se puede banalizar ni vender reproduce los valores del conservadurismo religioso y es incompatible con los valores de liberación sexual del feminismo sexo-positivo. Y la concepción de las sexualidades femenina y masculina como fuentes de perpetuo conflicto nos aboca a una guerra entre los sexos que nadie puede ganar. Creo que lo mejor es empezar a delimitar las ideas de los dos feminismos, para que cada cual se apunte al que más le convenza y así evitar que el rechazo al feminismo anti-porno se convierta en un rechazo al feminismo en general.