domingo, 11 de septiembre de 2016

BDSM y estados alterados de consciencia - vídeo-conferencia

Se ha publicado en Vimeo el vídeo de la conferencia que di en Madrid el 25 de junio del 2016. El vídeo consiste en las diapositivas con el audio grabado de la conferencia. La charla dura 1 hora y 39 minutos, pero el vídeo permite saltar a las partes que os parezcan más interesantes. Éste es el enlace al vídeo:

https://vimeo.com/182298029

¡Espero que os guste!

lunes, 16 de mayo de 2016

La comunidad BDSM muestra un mayor rechazo a la violación

Un nuevo trabajo de investigación por parte de la University of Northern Illinois muestra que la comunidad BDSM ha desarrollado una cultura de consentimiento que lleva a una menor aceptación de los mitos sobre la violación, el machismo y el echarle la culpa a la víctima. Lo explica muy bien este artículo:

https://broadly.vice.com/en_us/article/bdsm-communities-are-less-rapey-than-the-general-population

sábado, 23 de abril de 2016

“La penetración es violación” - la controversia

Esta idea se le atribuye a Andrea Dworkin en su libro Intercourse (http://boards.straightdope.com/sdmb/showthread.php?t=312271) y ha sido fuente de una gran controversia durante décadas (https://www.quora.com/Why-do-some-radical-feminists-consider-PIV-to-be-rape-and-a-tool-for-the-subjugation-of-women). Por supuesto, el feminismo sexo-positivo que predomina en nuestros días la rechaza completamente, no sólo por absurda sino porque trivializa el crimen de la violación. Pero, por otro lado, ciertas feministas que se autodenominan “radicales” (aunque a menudo se alían con los conservadores) y que forman un reducto nada despreciable del feminismo anti-porno mantienen una postura un tanto ambigua ante la idea de que penetración equivale a violación. Algunas niegan que Dworkin escribiera esto, lo que parece ser verdad estrictamente hablando (http://radgeek.com/gt/2005/01/10/andrea_dworkin/), aunque también es cierto que Intercourse está escrito en un lenguaje enrevesado que sugiere esa idea sin llegar a afirmarla categóricamente. Lo cierto es que hay feministas “radicales” que la suscriben completamente (https://witchwind.wordpress.com/2013/12/15/piv-is-always-rape-ok/). Otras feministas la rechazan en principio, pero enseguida arguyen una serie de ideas parecidas (https://www.facebook.com/permalink.php?id=119311564818398&story_fbid=281146585301561), como que la penetración es un símbolo de dominación masculina, que la penetración no es una fuente de placer para la mujer o que la sociedad impone la penetración como la única forma de sexo (http://radicalprofeminist.blogspot.com/2011/04/andrea-dworkin-said-all-heterosexual.html). Lo preocupante es que esta idea ha sido absorbida por la cultura feminista en forma de una sutil oposición al sexo penetrativo y una actitud de sospecha frente al placer masculino en el acto sexual.  

sábado, 16 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (3)

De repente, una furia feroz le salió de dentro. No había derecho a que fuera a gozar de ella después de todo el daño que le había hecho. Ella, que le había ganado la partida a Luis con su cuadrilla de fachas, no iba a dejar que ese mequetrefe se saliera con la suya. Sabía que tenía el tiempo a su favor. Si conseguía resistir unos minutos más, lo tendría en su poder. ¡Y entonces se iba a enterar de lo que era bueno!

Se volvió súbitamente en la cama, encogió las piernas y lo golpeó en el vientre con los pies juntos, como le había hecho a Luis aquella noche funesta. Jack se dobló en dos y cayó de culo sobre el suelo. Ella se puso en pie de un salto y abrazó a Art por la espalda, interponiéndolo entre ella y Jack.

-¡Maldita puta! -masculló Jack entre dientes mientras se levantaba trabajosamente del suelo-. ¡Te vas a arrepentir de eso!

Jack se les acercó, intentando rodear a Art para pegarle, pero Cecilia lo hizo girar para mantenerlo entre ella y Jack. Art era como un pelele inerte en sus brazos.

-Art, you dumb ass! Get out of the way! -le ordenó Jack.

Art se debatió débilmente entre sus brazos, pero Cecilia se pegó aún más a él. Abrazándose a su cintura, le bajó la cremallera de los shorts, introdujo su mano en la bragueta y empezó a masturbarlo. Art se abandonó completamente a ella.

Jack la agarró del brazo con el que masturbaba a Art. Ella le pegó una patada, haciéndolo retroceder.

Respiraba entrecortadamente. Jack era más fuerte que ella. Si la atacaba con decisión no iba a poder resistir mucho tiempo. ¡Y sabe dios lo que le haría cuando la atrapara! ¿Es que esa dichosa droga nunca iba a hacerle efecto?

Jack le sonreía cruelmente. Se agachó, recogió sus pantalones del suelo y extrajo el cinturón de las hebillas. Intentó pensar en algo para entretenerlo.

-Mira en el bolsillo Jack. ¿Dónde están tus pastillas?

-No necesito pastillas. Quiero que sientas bien lo que te voy a hacer.

Saltó hacia ella, haciendo girar el cinturón alrededor de Art. El trallazo la alcanzó en mitad de la espalda, arrancándole un grito de alarma. Jack sonrió con satisfacción, preparándose para pegarle otra vez. Cecilia retrocedió hasta que su espalda chocó contra la cortina de la ventana.

-¡Encontré tus pastillas, Jack! Las tiré al váter… Todas menos una, que puse en el vaso del que bebiste en el cuarto de baño.

-¡Mentira! -gritó Jack, y la volvió a golpear con el cinturón. Esta vez la alcanzó en el muslo, levantándole un vivo escozor.

-¡No, no es mentira, Jack! Pronto empezarás a sentir los efectos.

Pero su propia voz sonaba insegura. Algo no funcionaba. ¿Y si la pastilla no se había disuelto en el agua? ¿Y si esas pastillas eran de otra cosa?

Retrocedió pegada a la ventana hasta quedar metida en la esquina, con el cuerpo de Art entre ella y el temible cinturón de Jack.

Jack quiso volver a pegarle con el cinturón, pero esta vez su brazo se movió con torpeza y el cinturón sesgó en aire a varios centímetros de la pierna de Art. Jack se quedó mirando su mano con la expresión de incredulidad de un borracho que no acierta a entender su incapacidad.

-¿Ves? Ya te empieza a hacer efecto la droga, Jack -dijo con triunfo.

Jack intentó una vez más golpear con el cinturón, pero apenas consiguió blandirlo un poco frente a él. Una expresión de terror se apoderó de su rostro al darse cuenta de lo que le estaba pasando.

-Enseguida voy a ser yo quien te pegue con tu propio cinturón. ¡Te arrepentirás de haber intentado violarme!

-¡No intenté violarte! Sólo… divertirnos… un poco…

El cinturón se deslizó entre sus dedos y cayó al suelo.

-¡Por supuesto que querías violarme! Primero intentaste drogarme. Y cuando eso no funcionó me pegaste e intentaste violarme a la fuerza.

Jack levantó las manos con las palmas hacia ella.

-All right! All right! -dijo arrastrando las palabras-. Lo siento, me pasé un poco… Me puse enfadado por lo que le haces al pobre Art.

-Yo no le hago nada malo a Art… Sólo divertirnos un poco… ¡Mira!

Extrajo la polla de Art de sus pantaloncitos, acariciándole el frenillo con el pulgar.

Jack tenía la mirada fija en ellos, la cara inexpresiva. Se tambaleaba ligeramente.

-¿Y tú, qué, Jack? ¿Tú no quieres “divertirnos un poco”?

Cecilia avanzó cautelosamente hacia él, manteniendo a Art delante de ella como escudo. Cuando llegó frente a Jack soltó a Art, quien cayó lentamente de rodillas al suelo.

Jack parecía estar paralizado. Abría y cerraba las manos. Los ojos la enfocaban y luego se perdían en el vacío. Debía estar luchando a brazo partido contra los efectos de la droga, que poco a poco se iba apoderando de su consciencia.

Se plantó delante de él, muy cerca y le agarró la polla, que se endureció en sus manos. Empezó a masturbarlo. Jack soltó un quejido, no sabía si de placer o de impotencia.

-¿Ves, Jack? Así podemos divertirnos un poco, como tú decías. ¿Te gusta? ¡Pues ya verás, esto te va a gustar aún más!

Se arrodilló delante de él, junto a Art, y acercó la polla a su boca. Jack dio un gemido de terror.

-¿Qué pasa? ¿Todavía tienes miedo de que te la muerda? Bueno, pues ya que no te fías de mí tendré que dejar que lo haga tu amigo. ¡Come on, Art, suck his cock…!

Empujó la cara de Art hacia la verga de Jack, le hizo abrir la boca y se le metió dentro. Para su satisfacción, Art empezó a chuparla con fruición. Se ve que no era la primera vez.

Jack miraba hacia abajo, los ojos clavados en la nuca de Art. Extendió las manos hacia su cabeza, como si quisiera apartarlo, pero no pudo hacerlo. Su mano derecha acabó sobre el pelo rubio de Art en un especie de lánguida caricia. Jack cerró los ojos.

Cecilia recogió el cinturón del suelo, se puso en pie y se plantó otra vez delante de Jack. Le sacudió un bofetón para hacerle abrir los ojos. Estiró el cinturón entre sus manos enfrente de él, sonriéndole maliciosamente.

-¿Qué, Jack, tú crees que la droga te impedirá sentir cómo te zurro con el cinturón? Supongo que nunca lo sabremos, porque mañana te habrás olvidado de todo. De todas formas, ya me ocuparé yo de que no puedas sentarte a gusto por un par de días.

Vio una última mirada de terror en los ojos de Jack antes de que se cerraran. Se tambaleó y se habría caído al suelo si ella no lo hubiera sujetado. Lo dejó tendido en el suelo y se las arregló para que Art volviera a chupársela.

Se sentía exultante. Contra todo pronóstico, le había ganado la partida. Había valido la pena todo el miedo que había pasado.

Se sentó en el sillón, masturbándose mientras los contemplaba. Jack parecía relajado, estremeciéndose de vez en cuando. Art tenía los ojos cerrados, cumpliendo su misión con la ayuda de una mano. Por fin vio a Jack sacudirse mientras eyaculaba en la boca de su amigo.

-¿Qué? No ha estado mal, ¿verdad? Bueno, ha llegado el momento de que saldemos esas cuentas que tenemos pendientes.

Apartó a Art y, cogiendo a Jack por los pies, lo hizo rodar hasta dejarlo tumbado sobre el vientre. Luego hizo que Art se sentara sobre su espalda, por si la droga no era lo bastante fuerte para inmovilizarlo.

De pie a su lado, empuñó el cinturón.

Jack gimió y se sacudió con cada trallazo que le dio en el culo. Intentó levantarse después del tercero, que debió ser particularmente doloroso, pero no pudo vencer el peso de Art en su espalda. Curiosamente, no sentía rabia al pegarle, a pesar del daño que le había hecho hacía un momento. En vez de eso se sentía exultante de poder y presa de un sadismo calculado y metódico. No era la primera vez que le pegaba a alguien con un cinturón y sabía bien como hacerlo. También sabía por experiencia propia lo que se sentía y el imaginárselo le producía una excitación profundamente sexual.

Jack se debatía y gemía bajo los golpes. Ciertamente, la droga no le impedía sufrir el castigo, pero sí que anulaba su voluntad y lo debilitaba lo suficiente para no dejarlo escapar de debajo de Art.


Estuvo trabajándole el trasero un buen rato hasta que lo dejó completamente cubierto de bandas color carmín y morado. Luego le atizó en los muslos, pensando en dejarle unas buenas marcas que tendría que lucir en público si se ponía en bañador.

Art parecía estar vagamente consciente de lo que estaba pasando, pero él tampoco parecía tener la presencia de ánimo para hacer nada. Hacia el final empezó a revolverse incómodo. Levantó la cara para mirarla, los ojos muy abiertos.

-¡Please, stop! -gimoteó-. ¡Please! ¡Please!

Cecilia dejó caer el cinturón y se sentó en el sillón a recuperar el aliento.

-¡Come here! -le ordenó a Art.

Art se levantó del cuerpo tembloroso de Jack y se le acercó en dos pasos vacilantes. Parecía que se le iban pasando los efectos de la droga. Se arrepintió de haber tirado el resto de las pastillas al váter. Pero la verdad es que tampoco podía haberse arriesgado a que Jack le hiciera tragarse una.

Cogió a Art de la mano y lo hizo sentarse en su regazo.

-I had to punish Jack because he was a bad, bad boy -le explicó como si hablara con un niño-. He hit me and tried to rape me. You were also a bad boy.

-No… I was good! I didn’t try… to rape you.

-Yes, you did! You knew that there was a drug in my drink… Didn’t you?

-I… I didn’t want to… -Se interrumpió, mirándola con ojos asustados.

Sonaba mucho más coherente ahora. Decididamente, se le estaba pasando el efecto de la droga. Tenía que hacer algo enseguida.

Lo hizo levantarse de su regazo y se puso a buscar por la habitación algo con que atarlo. Había unas cuerdas de nylon para abrir y cerrar las cortinas. Fue al cuarto de baño y rompió el vaso del que había bebido Jack. Luego, subiéndose al sillón, usó el borde afilado del cristal para cortar la cuerda de la cortina. Obtuvo dos segmentos de longitud adecuada para su propósitos

Se acercó a Art con una de las cuerdas. Estaba en pie, los brazos colgándole a los lados del cuerpo, mirándola con temor.

-Please, don’t hit me with the belt -le suplicó.

-Be a good boy and do what I tell you, and I won’t hit you with the belt.

-You promise?

-Yes, I promise… Take off your shirt.

Obediente, Art se quitó la camiseta. Ella procedió a atarle la muñecas tras la espalda. Art parecía estar todavía lo suficientemente drogado para dejarse hacer, mirándola con esa expresión mezcla de incredulidad y concentración que le daba la droga.

Cecilia se sentó sobre la espalda de Jack y usó otro segmento de cuerda para atarle a él también las muñecas a la espalda. El efecto de la droga aún le duraría un tiempo, pero mejor tenerlo atado por si acaso. No quería ser interrumpida en lo que iba a hacer.

Volvió junto a Art, le desabrochó los shorts y los dejó deslizarse piernas abajo hasta el suelo. Como había podido apreciar antes, no llevaba calzoncillos.

-I promised not to hit you with the belt, but you have been a bad boy, so I’m going to give you a good spanking.

-No, please! -protestó él débilmente.

-Será divertido, ya verás…

Su polla estaba medio empalmada y se endureció rápidamente cuando se la acarició. Tirando de ella, lo condujo al sillón y lo atravesó sobre su regazo. Él se dejó hacer, dócilmente.

El culo de Art era tan bonito como se lo había imaginado: redondito y apretado, muy pálido, cubierto de una fina pelusa rubia. Estuvo acariciándoselo y estrujándoselo un buen rato, disfrutando a tope de él. Luego le volvió a explicar en inglés que había sido un chico muy, muy malo, y empezó la azotaina. Más que para castigarlo, lo hacía para su propio placer. Disfrutó apreciando como la piel blanca de las nalgas iba a adquiriendo un bonito tono sonrosado, cada vez más oscuro. De cuando en cuando se detenía a sobárselas otra vez, saboreando el calorcito que emitían. Art gemía y pataleaba pero no intentó escapar del castigo, no sabía si por la docilidad que le daba la droga o porque, como le pasaba a ella, en el fondo disfrutaba de una buena azotaina. Notaba su polla bien tiesa restregándose contra sus muslos mientras él se retorcía de dolor en su regazo. Eso la excitó aún más, llevándola a pegarle cada vez más fuerte. Levantando bien la mano en el aire, hizo llover sobre ese culito tan mono azotes propinados con toda la fuerza que pudo sacar de sus brazos, hasta que su propia mano empezó a arderle.

Cuando finalmente lo hizo incorporarse, vio en su mirada de aprensión y respeto que lo tenía en su poder aunque se le pasaran los efectos de la droga.

-Ahora viene lo más divertido -le dijo en español.

-What?

No se molestó en explicárselo. Le sacó los pantaloncitos de los pies y lo llevó a la cama, donde lo hizo acostarse bocarriba. Le acarició la polla hasta que adquirió toda la dureza de la que era capaz. Era una verga muy bonita: larga, derecha y delgada. Sería un pecado desperdiciar una verga así.

Entre su ropa esparcida por el suelo encontró su cartera, de la que sacó un condón. Se lo puso cuidadosamente, ayudándose con la boca. Luego se colocó a caballo sobre él y se penetró con avidez con esa polla que tanto codiciaba.

A Art se le puso una sonrisa tontorrona en la boca. Le pegó un bofetón.

-¡No te equivoques, chaval! Aquí al que están follando es a ti.

Art la miró con incomprensión. Le retorció los pezones hasta que lo sintió tensarse de dolor bajo ella. En cuanto lo soltó, la sonrisa idiota volvió a los labios del chico. Se encogió de hombros y empezó a cabalgarlo lentamente, ajustando el ángulo de la penetración para maximizar su propio placer.

Él seguía con la docilidad que le daba la droga, pero no por eso dejaba de disfrutar de la follada. Varias veces arqueó las caderas, intentado imponerle su propio ritmo, y ella tuvo que volver a abofetearlo para impedírselo. Cuando vio que él estaba a punto de correrse, dejó caer todo su peso sobre su pubis para penetrarse hasta el fondo y relajó su vagina en torno a su polla de una forma especial que había aprendido a hacer cuando trabajaba de puta, negándole así la presión que necesitaba para llevarlo a la eyaculación. Art gimió de frustración.

Se quedó contemplándolo, presa de una súbita indecisión. Estaba buenísimo, desde luego, y su cuerpo le pedía a gritos volver a cabalgarlo a todo trapo hasta llegar al orgasmo. Pero Art la miraba ahora con esa sonrisa prepotente que le decía que sabía que ella no se iba poder resistir. En cuanto volviera a moverse, él se correría, y así se habría salido con la suya. No se lo merecía. Art había sabido desde el principio que Jack la iba a drogar y había cooperado completamente con él para hacerlo. Si lo hubieran logrado, sabe dios lo que le habrían hecho… La habrían enculado, seguro, estaba claro que eso es lo que pretendía hacer Jack. A saber a cuántas mujeres habían violado entre los dos.

No, no se merecía disfrutar de ella. Se le ocurrió un plan perverso que la excitó más aún que seguir follándolo. Se levantó bruscamente de él, abandonando su polla insatisfecha.

-What are you doing? -gimió Art-. Please come back!

Cecilia lo ignoró y fue a buscar a Jack, quien parecía medio dormido. Lo hizo levantarse del suelo, lo empujó dando traspiés hasta la cama y lo hizo acostarse al lado de Art.

Cuando le explicó a Art lo que quería que hiciera, él volvió a gemir y suplicar, rodando en la cama para alejarse lo más posible de Jack. Era lo que se esperaba. Recogió el cinturón de Jack del suelo y le dio un buen trallazo a Art en la delantera de los muslos. Él rodó en la cama para protegerse, lo que ella aprovechó para encajarle otro magnífico azote en el trasero. Con eso Art se mostró mucho más dispuesto a cooperar.

Fue al cuarto de baño y se enjabonó bien las manos. Volviendo a la cama, le quitó el condón a Art y usó la espuma de jabón en sus manos para lubricarle bien la polla y el culo de Jack. Hizo rodar a Art hacia la espalda de Jack y lo ayudó a penetrarlo.

¡Qué, Jack! ¡Me querías dar por culo y al final has sido tú quien ha salido enculado! Qué ironías tiene la vida, ¿verdad?

Bastó volver a enseñarle el cinturón a Art para hacerlo comprender que ella no se conformaría si no cumplía su cometido con el brío necesario. Luego él pareció encontrarle el gusto a la cosa y se puso a bombear el culo de Jack con fruición. Éste parecía vagamente consciente de lo que le estaba pasando. Gemía un poco con cada acometida, pero no hizo ningún esfuerzo para escapar. Algo debía de gustarle, a juzgar por la erección morcillona que había adquirido su polla.

Verlos follar la puso tope de cachonda. Se arrodilló a horcajadas sobre sus cabezas para verlos bien, masturbándose con gusto mientras los contemplaba. El trasero de Jack estaba cubierto de las bandas escarlata que le había dejado con el cinturón, mientras que el de Art tenía todavía el bonito color sonrosado de la azotaina, surcado por la banda rojo oscuro del último trallazo con el cinturón. Eran dos chicos malos cumpliendo el castigo que se merecían. Esa idea terminó de llevarla al clímax. Tuvo un par de orgasmos más antes de que Art lograra descargar su semen dentro de su amigo.

Art se puso a lloriquear y a quejarse en cuanto se le pasó la erección. Inesperadamente, eso le provocó remordimientos.

¿No me habré pasado un poco con ellos? A los tíos este tipo de cosas que les hacen dudar de su masculinidad les pueden resultar muy traumáticas. Quizás debería haber terminado de follar con Art y dejar allí la cosa.

¡No, qué va, se lo tienen bien merecido! A lo mejor sentirse un poco menos macho les quitan las ganas de violar a las tías…

Pero lo que yo he hecho es violarlos a ellos, ¿o no?

Le entró el ansia de irse de ahí cuanto antes.

Se vistió rápidamente. Jack se había quedado dormido. Art la seguía con los ojos, con mirada resentida.

Le desató las muñecas a Jack, haciendo caso omiso de las exigencias de Art de que lo desatara a él también. Si lo hacía era capaz de darle una paliza para vengarse. No, ya lo desataría Jack cuando se despertara.

Salió precipitadamente de la habitación.

En la calle el cielo empezaba a iluminarse sobre los montes con el inminente amanecer. Preguntando, le dijeron que el mejor sitio para encontrar un taxi era frente al hotel Magaluf Playa. Efectivamente, allí encontró varios taxis haciendo cola para llevar a los turistas con vuelos tempranos al aeropuerto.

En diez minutos estaba de vuelta en el chalet de los Santillana. Se metió en la cama diminuta de su cuarto diminuto y se quedó dormida instantáneamente.

martes, 12 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (2)

(Fragmento de mi nueva novela Escenas de poliamor)



Era un hotel de segunda categoría, situado fuera de la primera línea de playa. La habitación estaba decorada con pretensiones modernistas. Contenía una cama de matrimonio y dos sillones forrados de plástico. El cuarto de baño daba a un corto pasillo de entrada. Art caminó de forma mecánica a uno de los sillones y se desplomó sobre él.

Por suerte, la atención de Jack estaba completamente centrada en ella. Se apresuró a quitarle la ropa y se puso a sobarla por todo el cuerpo. La besó y ella respondió con la misma pasividad con que lo había hecho Art, quien los contemplaba con mirada inexpresiva, despatarrado en el sillón.

Jack se separó de ella y se desnudó apresuradamente, dejando caer su ropa descuidadamente al suelo. Tenía una fuerte erección.

¡Ya está, éste me folla ya mismo! Es una pena, porque a mí el que me gusta es Art. Puedo descubrir el percal: “¡Ja, ja, no estoy drogada! Parece que le diste el cubata equivocado a Art… ¡qué gracia! ¿verdad? ¡Bueno, adiós, buenas noches! Encantada de haberos conocido.”

No, un tío que va por ahí drogando a las chicas seguramente no se lo va a tomar con buen humor. Puede ponerse violento…

Aunque si sigo fingiendo y me dejo, sería una violación… No es que me vaya a quedar traumada, por peores cosas he pasado… Es sólo que me jode que un hijo puta como éste se vaya a salir con la suya. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer?

Se moría de ganas de mear. Tampoco iba a ser muy agradable si la follaba con la vejiga llena.

Jack se le acercó. Le sobó un poco más las tetas y el culo. Le metió un dedo en la raja del coño.

-Wow! I got her really wet! Do you want to feel how wet she is, Art?

Era verdad: estaba muy mojada. La situación no dejaba de ser excitante.

-Art?

Jack dejó de manosearla y se volvió a mirarlo.

-Art, do you want to touch her, too?

Art balbució algo incoherente. Jack se le acercó y le cogió la cara entre las manos.

-What’s wrong with you, Art?

-I’m all right -dijo Art arrastrando las palabras.

-You are a real light weight, man! A little dope and a little booze and you’re out!

¡Tengo que hacer algo, enseguida!

La solución era muy sencilla. Cecilia dejó escapar el pipí, que cayó formando una pequeña cascada sobre el suelo. Jack lo oyó y se volvió inmediatamente a mirarla.

-What the hell are you doing, girl? Stop! Fuck! Fuck!

Intentó arrastrarla del brazo al cuarto de baño, pero ya era demasiado tarde. Su meada había terminado, dejando un gran charco de orina sobre el parqué. Jack la miró consternado.

-Shit! Look at the bloody mess you’ve made!

 Se volvió a mirar a Art.

-Art, give me a hand cleaning this up.

Art se levantó despacio del sillón y se arrodilló junto a ellos. Empezó a empujar la orina con las manos.

-What are you doing? Are you out of your mind?

Art levantó la vista hacia él con una expresión de incomprensión.

-What we need is something to soak it up. All right, wait here, I’ll take care of it…

Jack se metió en el cuarto de baño.

Esa era su oportunidad. No había un instante que perder.

-Where are the pills, Art? -le preguntó.

-The pills? -dijo Art con la mirada perdida en el vacío.

-Yes, the pills… The pills that he put in my drink.

-His pocket…

Cecilia se abalanzó sobre los pantalones de Jack y rebuscó en los bolsillos. Lo encontró enseguida: un sobre con algo dentro que parecían pastillas. No se detuvo a indagar, escondió el sobre en su puño y volvió a ponerse de pie en medio del charco de orina. Justo a tiempo: Jack salió del cuarto de baño con un puñado de papel higiénico y un par de toallas. Se quedó mirándola, pensativo. ¿La había visto moverse? Cecilia se concentró en mirar al vacío con la misma mirada perdida que tenía Art.

Jack le tiró las toallas y el papel higiénico a Art, quien seguía arrodillado en el charco de orina.

-Here, use this! -Luego se volvió hacia ella-. You’re a bloody mess! I better throw you in the shower.

La condujo al cuarto de baño. Cecilia lo siguió mansamente, metiéndose en la bañera cuando él la llevó hasta el borde. Jack abrió la ducha. Un chorro de agua fría le cayó directamente sobre el pubis. Se estremeció un poco, pero no intentó esquivar el agua. Al menos ya no tendría que pasar más tiempo mojada con su propia meada.

Jack la miró un momento, luego se dio la vuelta y salió del cuarto de baño.

Cecilia respiró aliviada. Había estado temiendo que descubriera el sobre de pastillas en su puño. Salió inmediatamente de la bañera y lo miró: el papel estaba todavía bastante seco. Prestó oído a lo que pasaba en la habitación. Jack le decía algo a Art, luego oyó un sonido a chapoteo. Al parecer, Jack se había puesto a recoger él mismo el pipí del suelo con las toallas. Eso le daba unos segundos.

Con el corazón latiéndole a todo trapo, vació el sobre junto al lavabo. Dentro había tres pequeñas píldoras blancas. ¿Qué hacer? Había dos vasos de cristal que sobre el lavabo. Si le pasaba como a ella, Jack tendría sed después de bailar en la discoteca. Rápidamente, aplastó una de las pastillas con el culo de un vaso y empujó el polvillo resultante al borde del lavabo y dentro del vaso. Dejó ese vaso junto al lavabo y escondió el otro tras la taza del váter. Tiró el sobre y el resto de las pastillas al váter.

Jack le decía algo a Art en el dormitorio. Sonaba irritado. Corrió a volver a meterse bajo la ducha, dejando que le cayera el agua fría en la cara para despejarla. Cuando abrió los ojos vio que Jack la miraba desde la puerta.

-No estás drogada… ¡Estás pretendiendo! -exclamó.

Cecilia permaneció inmóvil bajo el chorro de agua fría, deseando contra toda esperanza que Jack decidiera que se había equivocado.

Él abrió la cortina de la ducha de un golpe y cerró el grifo.

-¡Maldita perra! ¡Has drogado a Arthur!

Siguió fingiendo su pose de zombi. Era lo único que podía hacer.

Jack la hizo volverse hacia él de un tirón en el brazo. Luego le sacudió un bofetón con el revés de la mano, derribándola en la bañera.

¡Cómo he podido ser tan tonta de pensar que podía ganar a este juego! ¡Tenía que haberme marchado en cuanto me di cuenta de lo que hacían!

-¡Para de pretender! ¡No me engañas! ¡Te voy a enseñar!

Jack la miraba apretando los puños, el rostro contraído en una máscara de ira.

Intentó ponerse en pie. Quizás podría salir corriendo de la bañera y escapar a la calle, aunque fuera desnuda. No sería la primera vez que huía desnuda por las calles. Seguramente alguien la ayudaría.

Jack la volvió a derribar de un tortazo. Se metió en la bañera y la emprendió a patadas con ella. Cecilia se hizo un ovillo en el fondo de la bañera, intentando encajar los golpes lo mejor que podía. No pudo evitar sollozar de miedo y de dolor.

Jack dejó de pegarle. Lo oía jadear sobre de ella. Oyó abrirse un grifo y correr el agua. Se atrevió a abrir un ojo y mirarlo a través de sus greñas.

Jack estaba bebiendo del vaso que había dejado sobre el lavabo.

Volvió a cerrar los ojos, antes de que su mirada la delatara.

¿Se habrá disuelto la pastilla en el agua? ¿Cuánto tiempo tardará la droga en hacerle efecto? ¿Media hora? ¡Joder, en ese tiempo pueden pasar muchas cosas! Como siga pegándome me va a hacer daño de verdad.

-¡Por favor, no me pegues más! -le suplicó entre lágrimas-. Haré lo que tú me pidas. ¡Cualquier cosa!

Jack la agarró del pelo y la levantó hasta ponerla de rodillas. Acercó su cara a su polla. Estaba empalmada.

-¿Sí? ¿Vas a chupar mi polla?

Cecilia la cogió en la mano. Iba a metérsela en la boca cuando Jack la volvió a derribar de un tortazo.

-Para morderla, ¿verdad? ¡No guapa! Conozco los trucos. No… ¡Voy a darte por culo!

La volvió a agarrar del pelo para hacerla ponerse en pie. La hizo salir de la bañera y le tiró una toalla.

-¡Seca!

Cecilia empezó a secarse cuidadosamente, sin quitarle la mirada de encima por si volvía a pegarle. Lloraba de rabia. Tenía magullados los muslos, el culo y la espalda. Le ardían las mejillas de los bofetones y tenía el labio hinchado. Pero ahora al menos tenía la esperanza de poder ganarle la partida. Se puso a secarse el pelo con la toalla, intentando ganar tiempo.

Jack, obviamente, no estaba dispuesto a dejarla. Le quitó la toalla de un manotazo y la empujó fuera del cuarto de baño.

Art estaba todavía arrodillado en el suelo, frotándolo fútilmente con una toalla.

-Leave that, you dumb fool! Come on! Stand up!

Jack agarró a Art de las manos y lo hizo ponerse en pie. Él se quedó  mirándolos con gesto inexpresivo. Jack negó con la cabeza.

-I guess you’re in no shape to fuck her… Well, too bad!

La volvió a agarrar del pelo y la empujó sobre la cama, dejándola doblada sobre el borde. Cecilia supo lo que se le avecinaba y apretó los puños con impotencia. Disimuladamente, se volvió a mirarlo. Estaba frotándose la polla para aumentar su erección. Se escupió en la mano y se le acercó por detrás. Lo de que le iba a dar por culo iba completamente en serio. Así, con un poco de saliva por todo lubricante, iba a resultar doloroso.

domingo, 10 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (1)

Cap de la Mola, Port Andraxt, Mallorca
(Fragmento de mi nueva novela Escenas de poliamor)

Casi sin pensarlo Cecilia subió por la rampa que rodeaba el chalet y salió a la calle. Tiró en la dirección de la punta del elevado promontorio en el que se encontraba el chalet, el Cap de la Mola. Era un buen paseo, ya que primero tenía que seguir la calle en la que estaban en dirección a Port Andraxt para luego tirar en dirección opuesta por otra calle que bordeaba el acantilado. En algunas de las casas todavía había gente afuera, charlando en el jardín.

Al final de la calle había una rotonda y un pequeño descampado que llegaba hasta el borde del acantilado, que caía a pico casi un centenar de metros hasta el mar. La luna, ya pasado el cuarto creciente, le daba a todo un color azulado y se reflejaba en el mar. La vista era espectacular: una serie de promontorios y entrantes que se extendía hacia la isla Dragonera al norte y desaparecían en dirección a la Bahía de Palma al sureste. La serenidad de la noche y la placidez del mar le devolvieron la calma.

-¡Hola! -dijo una voz con acento extranjero a su espalda.

Volviéndose, vio el punto rojo de un cigarrillo cerca del suelo, junto a unos matorrales. Molesta de que le estropearan su momento de tranquilidad, se dio la vuelta para irse a casa. El punto rojo le salió al encuentro.

A la luz de la luna pudo distinguir un hombre aproximadamente de su edad, con el pelo en melena hasta la base del cuello, pómulos altos y nariz fina y rectilínea. Su actitud y su sonrisa eran amistosas.

-¿Quieres porro? -dijo ofreciéndole el canuto que llevaba en la mano. Cecilia pudo oler la mariguana.

-No gracias -le dijo, devolviéndole la sonrisa.

Otro chico venía detrás del primero. Parecía mucho más joven, tenía el pelo corto y muy rubio, y rostro angelical.

-Mi nombre es Jack -dijo el primero con un fuerte acento inglés. Le colocó la mano en el hombro a su amigo-. Éste es Arthur… Art para los amigos. ¿Cuál es tu nombre?

-Cecilia -dijo ofreciéndole la mano, primero a Jack y luego a Art.

-Wow! She’s really sexy! -dijo Art, quien sonaba bastante colocado.

-Shut up, Art! You’re going to spook her.

Les iba a hablar en inglés, pero cuando vio que los dos asumían que no sabía inglés decidió no hacerlo. Sería divertido oír lo que decían de ella. De todas formas, le hubiera gustado devolverle el cumplido a Art. Él también era sexy. Vestía una camiseta oscura sin mangas y shorts de un color claro. Sus brazos y sus piernas estaban recubiertos de fino vello rubio que invitaba a acariciárselos.

-¿Dónde vives? -le preguntó Jack. Estaba claro que Art no sabía una palabra de español.

-Estoy aquí en Port Andraxt, con unos amigos -dijo señalando vagamente en la dirección del chalet de los Santillana.

-Nosotros somos en Magaluf… En un hotel. Venimos de Liverpool, como The Beatles… “She loves you, yeah, yeah, yeah!” -cantó bastante bien.

Cecilia se rio. La verdad es que eran muy graciosos.

-¿Quieres? -Jack le volvió a ofrecer el porro.

Por no hacerles el feo, se lo cogió y le dio una calada. El humo le quemó la garganta. Tosió y le pasó el porro a Art, quien tomó un profunda calada, retuvo el humo en los pulmones y lo expelió despacio por la nariz, todo eso con la vista clavada en ella. Estaba claro lo que quería. A ella también le apetecía, la verdad. Entre los preparativos, el viaje y los problemas de alojamiento en casa de los Santillana, llevaba ya cuatro días sin follar. Incluso apenas le había dado tiempo a masturbarse. Ahora que lo pensaba, eso explicaba su malhumor durante la cena.

Jack le escudriñaba la cara, quizás intentando adivinar sus intenciones. Volvió a abrazar a Art por los hombros y le dio un estrujón cariñoso. Art se dejó hacer, ladeando la cabeza y sonriéndole a ella. Ese aire pasivo la excitó.

Jack cogió lo que quedaba del porro de entre los dedos de Art y le dijo

-Vamos a Magaluf ahora… A la discoteca, a bailar… ¿Te gusta bailar? -Y se puso a bailar un poco.

-Sí… sí que me gusta bailar. Así que vais a una discoteca que hay en Magaluf…

-Sí… ¿Vienes?

Laura les había dicho algo de Magaluf. Era un sitio turístico a unos quince minutos de allí. No estaría mal ir un rato a menear el esqueleto. Siempre se podía volver en un taxi… El único problema era que no se había traído dinero.

-Vale, pero tengo que parar en casa a coger dinero.

-¡Ah, OK! No problema. Te llevamos allí. Tú me dices…

Los ingleses habían venido en un Ford Fiesta de alquiler que tenían aparcado cerca de la rotonda. Art le cedió caballerosamente el asiento de delante. Su miedo de que Jack estuviera demasiado colgado para conducir se le quitó al poco rato. Iba despacio y parecía muy relajado al volante. Enseguida la dejaron frente al chalet de los Santillana.

La casa estaba ya a oscuras. Entró por la puerta de la piscina a su dormitorio. No le gustaba llevar bolso, porque siempre tenía que preocuparse de que se lo fueran a robar, sino que tenía una pequeña cartera que se ataba con un cinturón debajo de la ropa. Era de los más práctico y seguro para salir de juerga. Metió en ella algo de dinero y un par de condones, por lo que pudiera pasar.

En unos minutos estaban en Magaluf. La calle principal se llamaba Punta Balena y estaba llena de bares y restaurantes. Los ingleses aparcaron el coche y la llevaron a la discoteca.

Jack parecía desenvolverse muy bien en ese ambiente. Aunque había mucha gente, se las apañó para hacerse con una mesita de un grupo que se iba. La música estaba demasiado alta para hablar. Jack les indicó por señas que iba a buscar bebidas.

Art le sonreía amistosamente, todavía bastante colocado. Le pasó el dedo sobre el muslo, jugando con su vello rubio. Él le correspondió trazando un recorrido similar sobre su media.

Jack apareció con tres vasos de tubo, dos de color marrón y otro claro. Cuba-libres y gin-tonic, se dijo Cecilia. Ella apenas bebía, pero ayudaba a su amigo el Chino a preparar bebidas en Angelique, la barra americana en la que había trabajado durante un tiempo. El gin-tonic era para Jack y los cubatas para Art y para ella. Dio un pequeño sorbito para quedar bien. No pensaba emborracharse, le gustaba hacer el amor con la cabeza bien despejada.

Art se rio y le dijo algo al oído a Jack, quien asintió con la cabeza. Art le dirigió una mirada entre maliciosa y culpable. Bebió otro sorbito del cubata. Art se volvió a reír.

Mil alarmas se le dispararon en la cabeza. Su trabajo en Angelique le había enseñado que algunos hombres ponían drogas en las bebidas de la chicas para luego aprovecharse de ellas. Las drogas las volvían dóciles y luego les impedían acordarse de nada de lo que había pasado. Cecilia se había tomado la molestia de leer sobre ese tema en revistas científicas que encontró en la biblioteca del Departamento de Bioquímica de la Autónoma. Eso le confirmó que esas drogas existían y tenían efectos muy potentes. ¿Pero por qué le iban a hacer eso a ella, que estaba dispuesta a acostarse con ellos? ¿Se estaba imaginando cosas? ¿Quizás la calada que le había dado al canuto la había vuelto paranoica?

Tenía una cosa clarísima: no pensaba beberse ese cubata. Sería una tontería arriesgarse cuando encima a ella no le gustaban los cubatas. Empezaron a tocar Take a Chance on Me, de ABBA, una canción con marcha que le gustaba mucho.

-¡Vamos a bailar! -dijo poniéndose en pie de un salto. Los ingleses la siguieron a la pista.

Se puso a bailar de manera agresiva, descargando toda la tensión y la frustración de esa tarde. Art bailaba frente a ella, imitándola, pero poco a poco Jack lo desplazó a un lado. Le dio la espalda y sacó el culo mientras bailaba, moviéndolo provocativamente. Jack se le pegó por detrás. Él también quería tirársela, estaba claro. Quizás ese fuese el tema, que ellos no pensaba que fuera a querer complacerlos a los dos. Por eso se había reído Art: porque Jack tenía prioridad y Art quería asegurarse de que también le llegaría su turno. Y creían que la única forma en que ella accedería a follar con ellos dos era drogarla.

¡Eran unos mierdas, unos violadores! Estuvo a punto de salir a coger un taxi para irse a casa. Pero la situación la intrigaba, no quería irse sin saber la verdad. Además, la sonrisa que Art le dedicaba era irresistible.

Eres un chico muy, muy malo, ¿sabes? Te mereces que te de unos buenos azotes en ese culín tan resalado que tienes.

A su lado bailaba un hombre corpulento con una camisa estampada con palmeras, coches clásicos y volcanes en erupción. Su idea del baile era dar saltos descontrolados que lo llevaron varias veces a chocar con ella. Cecilia continuó ahora su danza provocativa con Jack, guiándolo a donde ella quería. Él tenía los ojos clavados en su cuerpo, así que no se dio cuenta hasta que el tipo hortera colisionó con él. Aprovechando la reyerta que se desencadenó, Cecilia desapareció sigilosamente entre la multitud.

Tenía el tiempo justo para ejecutar su plan. Lo primero que hizo fue desabrocharse dos botones de la camisa y abrir el cierre de su sujetador. Siempre había encontrado los sujetadores con cierre por delante de lo más prácticos. Encontró un hueco en la barra y se inclinó mucho hacia adelante. Pasaron sólo unos segundos hasta que el barman se dio cuenta de que le ofrecía una buena vista de su teta. Cecilia le sonrió y le hizo una seña.

-Un cubata… Con poco ron, por favor -le dijo con su más encantadora sonrisa, poniendo dos billetes de cien pesetas sobre la barra.

El barman no tardó en volver con el cubata, para hacerse con el dinero y echarle otro vistazo a su teta.

Cecilia fue a la mesa donde habían dejado las bebidas. Puso el nuevo cubata donde estaba el suyo. Cogió su cubata antiguo, lo vació el suelo hasta dejarlo al mismo nivel que el de Art y lo puso en su lugar. Luego cogió el cubata de Art y lo abandonó casualmente en la barra del bar.

Ahora vamos a ver si me habéis puesto droga en la bebida o no.

Lo pensó un momento… Cogió su nuevo cubata y se lo llevó a la pista de baile.

Por si las moscas. 

Jack le sonrió cuando la vio aparecer con el cubata. Le pegó unos buenos tragos mientras bailaba con él, para que la viera bebérselo.

-¡Qué sed! -le dijo, aunque dudaba que la pudiera oír con la música.

Al cabo de un rato volvieron a la mesa. Art, como un buen chico, apuró su cubata en un par de sorbos. Ella hizo lo propio con el suyo. Jack fue a levantarse para pedir más bebidas, pero ella se le adelantó.

-Ahora me toca a mí -le dijo, levantando la mano para detenerlo.

Volvió a utilizar el truco de la camisa entreabierta para pedir un gin-tonic, un cubata para Art y una Coca-Cola a secas para ella. Los ingleses pensarían que era otro cubata.

De vuelta a la mesa, arrimó su banqueta a la de Art. Sin soltar su bebida, se pegó a él y lo besó en los labios, fingiendo seguir un impulso salvaje. Art le respondió con pasión. Parecía estar completamente normal.

Jack le hizo una seña para que acercara el oído a él.

-Yo también quiero besos -le dijo.

-Jack, no te ofendas, pero a mí el que me gusta es Art -le dijo ella al oído.

Escrudiñó cuidadosamente a Jack para ver su reacción. Si se había picado, lo disimulaba muy bien.

-Entiendo. Art es muy guapo -dijo sonriéndole caballerosamente.

Art tenía la vista perdida en el vacío, los ojos algo vidriosos. ¿Estaba drogado? Si era así, era fundamental que Jack no se diera cuenta. Cecilia volvió a inclinarse sobre Art y lo estuvo besando un buen rato. Art estaba mucho más pasivo que antes, respondiendo a sus besos de forma mecánica. ¿Cómo asegurarse de que estaba drogado?

-Drink -le ordenó al oído.

Art cogió su vaso y bebió.

-Don’t tell Jack that I speak English -le volvió a decir al oído-. Do you understand?

-Yes -dijo Art con voz robótica.

Cecilia le dio otro largo beso. Luego se quedó quieta e hizo lo posible por imitar la mirada vidriosa de Art. Jack la escudriñaba cuidadosamente. Cuando estuvo satisfecho le dijo al oído:

-Vamos.

Se levantó de forma mecánica. Jack le hizo a una seña a Art que los siguiera, pero él no se movió. Jack tuvo que hacerlo levantarse tirándole del brazo. Cecilia fingió que daba un traspié y que se apoyaba en Art para no caerse. Lo cogió por la cintura para obligarlo a andar. Jack les dirigió una breve mirada y se encaminó hacia la salida de la discoteca. Seguramente creía que Art la llevaba a ella, cuando en realidad era lo contrario.

Salieron los tres de la discoteca y caminaron hacia el coche. Jack no puso ninguna objeción cuando se sentó en el asiento de atrás con Art. Camino del hotel le entraron ganas de mear. Claro, demasiada bebida. ¿Cómo coño dice una chica drogada que necesita ir al baño? No le quedaba más remedio que esperar a ver cómo se desenvolvían los acontecimientos. Se sentía tranquila y contenta. Toda esa situación se le antojaba de lo más divertido.

(Continuará)
Magaluf

miércoles, 6 de abril de 2016

sábado, 9 de enero de 2016

Ha muerto Javier Krahe

Hace ya varios años, cuando ya vivía en Estados Unidos, durante una de mis visitas a Madrid me fui de copas por Malasaña con mi amigo Mario. En un bar nos topamos con Javier Krahe y Mario, que también es cantautor, nos presentó. Hubo un cierto momento surrealista cuando Javier intentó ligar con una persona que resultó ser hombre y no mujer como él pensaba. No sé que más pasó aquella noche memorable, sólo recuerdo que Javier Krahe y yo acabamos yéndonos a casa en el mismo taxi, dónde él me contó algo de su singular relación con las mujeres. Años más tarde lo vi en una de sus actuaciones en un bar de la Plaza de Santa Ana.

Muchas de las canciones de Javier Krahe han tenido un cierto impacto en mi vida. Recuerdo muy bien "El Cromosoma", que me reafirmó en mi ateísmo.



Otra de sus mejores canciones es el tema feminista "¿Dónde se habrá metido esta mujer?", que habla de la violencia de género y de la necesidad de la mujer de huir del hogar.


hace poco la interpretaba Pablo Iglesias, líder de Podemos, en El Hormiguero.

Desgraciadamente, Javier Krahe murió el 7 de diciembre pasado:

http://www.antena3.com/noticias/cultura/muere-cantautor-madrileno-javier-krahe-anos_2015071200016.html

Javier, te vamos a echar mucho de menos.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Algunos mitos sobre la navidad

Santa Claus
-De acuerdo con los evangelios, Jesucristo no nació el 24 de diciembre, sino en primavera, cuando las ovejas daban a la luz. Eso complicó las cosas a los primeros cristianos, ya que la celebración del nacimiento de Jesús caía casi en las mismas fechas que el aniversario de su muerte.

-La navidad es la cristianización de las Calendas romanas, que celebraban el nacimiento de la luz en el solsticio de invierno. En esa fecha los días empiezan a hacerse más largos y las noches más cortas, por eso renace la luz solar. Como en la navidad cristiana, las Calendas celebraban el nacimiento de un niño, pero era el dios Sol.

-Santa Claus, el nombre anglosajón de Papá Noel, no es ningún santo, sino la cristianización del Hombre Salvaje de la mitología germánica. El Hombre Salvaje se vestía con pieles de animales, fecundaba los campos y a veces traía regalos. El nombre "Claus" deriva de la palabra germánica "garra¨. 

El Hombre Salvaje
-Cuando tuvo lugar la Reforma Protestante, en los países que la adoptaron no se quiso seguir celebrando la fiesta de Reyes o de San Nicolás, el 6 de enero, ya que los protestantes se negaban a adorar a los santos. Entonces cambiaron la fiesta al 24 de diciembre para celebrar el supuesto nacimiento de Jesús. El Hombre Salvaje se mostraba al lado del Jesús recién nacido, en cadenas. El tintineo de las campanillas de Santa Claus deriva del tintineo de las cadenas. La figura de Santa Claus terminó por eclipsar a la del recién nacido. 

-El árbol de navidad también deriva de un mito pagano de adoración a los árboles.

-Jingle Bells, la canción de navidad más famosa, no es un villancico ni tenía nada que ver con la navidad cuando se compuso a finales del siglo XIX. Es simplemente una canción de invierno que habla de lo divertido que es darse un paseo en un trineo tirado por un caballo. 

¡Felices Navidades laicas!

sábado, 19 de diciembre de 2015

Así maltratamos a nuestra pareja


“Quien bien te quiere te hará sufrir” dice el refrán. Normalmente esto se interpreta como que alguien que te ama te señalará tus imperfecciones y errores, aunque no te guste, pero también se ha señalado que un dicho así puede servir para justificar el maltrato. Sin embargo, hay otra manera más de interpretar el refrán: simplemente constata la realidad más bien irónica de que dos personas que se aman tienden a hacerse daño. Y no precisamente porque estén empeñados en convertirse mutuamente en personas mejores a base de corregir sus errores. Sí, las relaciones amorosas suelen traer consigo una buena carga de sufrimiento. A todo el mundo esto le parece algo inevitable, como si hubiera que pagar un precio por el amor que recibimos.

Pero yo pienso que no tiene que ser necesariamente así. Si nos hacemos daño cuando nos amamos es porque tenemos que estar haciendo algo mal. Al parecer, cuando llegamos a un cierto grado de intimidad con una persona empezamos a permitirnos una serie de comportamientos que crean fricciones e incluso daño emocional. “Las confianzas dan asco”, que dice otro refrán. Entonces, quizás lo que debamos hacer es reconocer esos comportamientos y aprender a evitarlos. No quiero hablar aquí de conductas de franco maltrato, como pueden ser el daño físico o la violación, sino de una serie de estrategias de manipulación psicológica que producen daño emocional y menoscaban la autoestima. En general, se basan en evocar tres emociones clave: el miedo, la culpa y la vergüenza. Aquí os dejo una lista tentativa de conductas nocivas en la pareja.

1. Coacción - La coacción se define como una demanda que no se puede rehusar sin desencadenar serias consecuencias negativas. Un ejemplo sería el sexo coactivo: “como me digas que no quieres sexo conmigo te voy a montar un numerito de mucho cuidado”. Pero se puede usar la coacción para muchas otras cosas: ir a una fiesta, elegir el sitio dónde ir de vacaciones, cómo decorar la casa o si tener hijos. La coacción señala que existe un desequilibrio de poder en la pareja que hace que una persona pueda imponer su voluntad sobre la otra.

2. Amenazas - Las amenazas son una de las formas más directas de coacción. Se basan en inspirar miedo para conseguir lo que queremos.  Una de las amenazas más frecuentes en la pareja es la de la ruptura. Se suele dar cuando existe un desequilibrio de poder basado en que una persona valora la relación mucho más que la otra. Puede ser simplemente porque está más enamorada, o porque la relación le supone una serie de ventajas que no quiere o no puede abandonar. En estos casos la amenaza constante de la ruptura puede convertirse en una continua coacción. A menudo la persona que amenaza con romper va de farol: en realidad no tiene la menor intención de hacerlo, pero sabe que así puede someter a su pareja a su voluntad.

3. Asustar - Las amenazas no son la única forma de inspirar miedo. También se puede crear una situación de ansiedad a base de asustar a la otra persona con actos como gritar, tirar o romper cosas, poner en riesgo la seguridad o la salud, o hacer algo ilegal. La simple presencia del miedo crea un clima de opresión.

4. Chantaje - El chantaje es una forma de coacción que consiste en amenazar con hacer algo que la otra persona no quiere si no accede a nuestras demandas. La forma más reconocible de chantaje es la amenaza de contar algo que la otra persona no quiere que se sepa. Como ejemplo está el “outing”, un nuevo verbo inglés que viene de la expresión “out of the closet” (salir del armario) y que se refiere a revelar a que una persona es gay o bisexual. Hoy en día se generaliza a descubrir que una persona practica el BDSM, el poliamor u otras formas de sexualidad no aceptadas por nuestra cultura.

5. Chantaje emocional - Consiste en utilizar el miedo, la obligación o la culpa (en inglés, “fear, obligation and guilt”, que forman el acrónimo FOG, que significa “niebla”) con el fin de presionar a otra persona de hacer lo que queremos. Se distinguen cuatro formas de chantaje emocional. La primera consiste en amenazar con castigar, privar de un beneficio o hacer daño. Un ejemplo clásico en la pareja es la privación de sexo o de afecto. La segunda consiste en el auto-castigo: en este caso se amenaza con hacerse daño a uno mismo. Un caso extremo sería la amenaza de suicidio (“¡déjala o me mato!”), pero también entra aquí el enfurruñarse o sumirse en un estado depresivo cuando no se obtiene lo que se quiere. La tercera forma de chantaje emocional consiste en adoptar conductas de auto-sacrificio con el fin de evocar sentimiento de culpa. Incluye todos esos actos de servicio que se hacen no porque se quieren hacer o como demostración de amor, sino para luego obtener algo a cambio: “¡me he tirado tres horas preparando la cena y tú no me haces ni caso!”. La cuarta forma es quizás la más difícil de reconocer, pues consiste en utilizar un premio o una tentación para conseguir lo que se quiere. Un ejemplo clásico es cuando le ofrecemos una golosina a un niño a cambio de un beso. En la pareja, ofrecer sexo o afecto como premio puede parecer en principio una buena idea, pero puede llevar a un ambiente de manipulación en el que no se sabe muy bien por qué se hacen las cosas.

6. Traspasar límites - Todos tenemos cosas que no queremos hacer o que no queremos que nos hagan. En inglés se conocen como “boundaries”, que quiere decir límites o fronteras. En una relación sana, cada persona define claramente cuáles son sus límites y la otra persona los respeta escrupulosamente. Los problemas vienen cuando los límites no están bien definidos o cuando se conocen y se rompen a propósito.

7. Incomunicación - Es sabido que la buena comunicación es esencial para el buen funcionamiento de la pareja. Ya resulta difícil en el mejor de los casos, pero a veces se sabotea a propósito como parte de actitudes ofensivas o defensivas, o con fines manipulativos. Un ejemplo es el “tratamiento de silencio”, que consiste en negarse a hablar con la otra persona. Su versión actual es el bloqueo en las redes sociales. Otro ejemplo consiste en hacer justo lo contrario: hablar sin parar para formar un “muro de palabras”  que no le permite a la otra persona expresarse. Formas más sutiles de incomunicación son el no querer escuchar, la comunicación agresiva y la comunicación pasiva. Esta última consiste en pretender que la otra persona nos lea la mente o adivine lo que queremos decir a base de indirectas, tono de voz o lenguaje corporal.

8. Mentiras - El peor tipo de incomunicación es cuando no se dice la verdad. Además, la mentira puede entenderse como una forma de privación de poder ya que la desinformación impide a la otra persona actuar de la forma más favorable para ella. La mentira se suele considerar la principal ofensa en la infidelidad conyugal, aunque a menudo esto es porque no se quiere reconocer el valor exagerado que nuestra cultura otorga a la exclusividad sexual. En realidad, cualquier tipo de mentira o falta de honestidad puede hacer daño en la pareja, ya que mina la confianza mutua.

9. Gaslighting” - “Gaslighting” en una forma extrema de abuso psicológico que consiste en la manipulación sistemática de la información que se suministra a otra persona. Así se va entretejiendo una red de mentiras, medias verdades, secretos y decepciones que generan un visión distorsionada de la realidad. Normalmente se hace con el fin de ocultar una situación de maltrato generalizado. Suele ocasionar un daño grave en la autoestima, incluso a hacer que la víctima llegue a cuestionar su propia cordura. El nombre viene de la obra de teatro Gas Light y de sus adaptaciones al cine.

10. Secretos - La cuestión de si se deben guardar secretos a nuestra pareja es sumamente delicada. Por un lado, todo el mundo tiene derecho a su privacidad; algunas cosas son tan íntimas que absolutamente nadie debe conocerlas. Por otro lado, el ocultar determinadas cosas que nuestra pareja tiene derecho a conocer para su propia seguridad puede ser equivalente a mentir por omisión. Los casos más claros son los de las enfermedades de transmisión sexual y la infidelidad.

11. Invadir la privacidad - Ésta es la otra cara de la moneda de los secretos. Todos tenemos derecho a revelar cosas de nosotros mismo si queremos, cuándo queramos y cómo queramos. También tenemos derecho a que lo que contamos a alguien no se transmita a terceras personas sin nuestro consentimiento. Como decía antes, no es legítimo guardar en secreto algunas cosas, pero eso no quiere decir que esté bien usar la fuerza o la coacción para forzarnos a desvelar un secreto. Un ejemplo de invasión de privacidad desgraciadamente frecuente hoy en día es buscar información en un móvil o en un ordenador sin permiso.

12. Quejas y reproches - Quejarse es algo normal y si algo no funciona bien en la pareja es esencial para la buena comunicación el decirlo. Pero hay muchas formas de decir las cosas. Cuando las quejas y los reproches se hacen con la intención de hacer que la otra persona se sienta culpable y avergonzada, entramos en el terreno del maltrato emocional. Los problemas hay que plantearlos en el momento adecuado, preferiblemente con tiempo de sobra para hablar sobre ello, sin ira y sobre todo sin ánimo de herir y ofender. Como en muchas otras cosas, la cantidad importa: una sarta interminable de reproches es indiscutiblemente abusiva. También hay que prestar atención a dos vicios relacionados con esto. El primero es el de ofenderse fácilmente, el estar a la que salta, de forma que la otra persona se tenga que estar autocensurando constantemente. Obviamente, la buena comunicación no puede darse así. El otro es el victimismo, el presentarse como víctima de abuso cuando en realidad no se es. Una de las mayores ironía del abuso psicológico es que el maltratador  suele presentarse como víctima, incluso estar convencido de que lo es.

13. Avergonzar - La vergüenza, incluso más que la culpa, es la emoción más destructiva de la autoestima. Sólo hay que pensar en todos los casos de adolescentes homosexuales que son llevados al suicidio por la vergüenza que evocan en ellos sus padres, su comunidad religiosa o sus compañeros de clase. Por eso, una de las formas más corrientes de maltrato emocional son los comentarios degradantes y las críticas continuas. Incluso la falta de alabanza cuando es merecida puede minar la autoestima de una persona. Si la persona a la que amamos no es capaz de reconocer nuestros méritos, ¿quién lo va a hacer? Un caso extremo es el llamado “cyber-bullying”, ciberacoso o acoso virtual: el acoso en las redes sociales de personas a base de avergonzarlas en público.

14. No disculparse - Todos tenemos que saber disculparnos, ya que todos cometemos errores. Una disculpa a tiempo puede significar la diferencia entre una pelea conyugal que se resuelve satisfactoriamente y otra que deja cicatrices emocionales para toda la vida. También puede suponer la diferencia entre percibir un error como un acto abusivo o como algo que se hizo sin malicia. La disculpa suele entrañar el reconocernos culpables del daño que hemos hecho, pero aunque no lo seamos todavía podemos disculparnos simplemente por haber participado en algo que hizo sufrir a quien amamos. Cuando en una pareja una persona se disculpa a menudo y la otra nunca es que algo marcha mal.

15. No perdonar - Las disculpas deben ser aceptadas, ya que el no hacerlo mina la dignidad de la persona que se ha disculpado. Esto no quiere decir que todo deba o pueda ser perdonado. De hecho, en muchas situaciones de maltrato nos encontramos con una forma patológica de perdón basada en la codependencia: la víctima constantemente perdona al maltratador, incluso inventando las disculpas más inverosímiles para el maltrato. Por lo tanto, una condición indispensable para perdonar debe ser que el acto a perdonar haya terminado ya. No se puede perdonar a quien persiste en su conducta. Pero, por otra parte, el no otorgar el perdón merecido puede convertirse en maltrato emocional al perpetuar el sentimiento de culpa de quien lo pide. Quizás lo más apropiado a hacer cuando no se puede perdonar a alguien es romper la relación, en vez de continuarla en la situación de desequilibrio de poder que supone el sentimiento de culpa. Una variante de este tema es cuando las disculpas son aceptadas pero utilizadas en el futuro una y otra vez para recordarle su culpabilidad a quien las ofreció. Esta manipulación de la disculpa es incompatible con el perdón sincero. Hay que saber pasar página.

16. Aislamiento social - En las sectas, una técnica muy común para crear dependencia emocional es la de separar a sus adeptos de su entorno de familia y de amigos. La víctima pierde así los elementos de referencia que le permitirían escapar de la adoctrinamiento de la secta. En una pareja se puede dar una situación similar cuando se quiere separar a la otra persona de sus amigos, normalmente por celos.

17. Presión social - También puede darse el caso de que una de las personas de la pareja se vea absorbida por los amigos y familiares de la otra, que por supuesto tendrán una opinión sesgada en caso de conflicto. La presión social también puede tomar la forma de normas culturales que favorecen a una persona más que a la otra. El machismo es un ejemplo de esto, como cuando la sociedad ve normal que el hombre controle el comportamiento de la mujer. Otro caso es cuando una de las personas de la pareja quiere practicar el BDSM o el poliamor, y la otra persona usa la normativa cultural para impedírselo. A veces esto toma la forma de lo que se denomina en inglés “slut-shaming” (“avergonzar a la zorra”), que consiste en provocar vergüenza a una mujer por su comportamiento sexual contraviniendo normas culturales.

18. Sabotaje - Hay veces en que no se respetan las obligaciones laborales, familiares y sociales de la otra persona en la pareja, de tal manera que se la perjudica indirectamente al impedirle cumplirlas. El caso más típico es cuando una pelea de pareja nos deja tan alterados que no podemos concentrarnos en el trabajo. En ese caso el sabotaje es involuntario e indirecto. Un paso más hacia una relación de maltrato es cuando alguien tiene tan poco respeto y consideración hacia su pareja que no pone el mínimo cuidado en respetar sus horarios de trabajo o el tiempo que le dedica a la familia o los amigos, apropiándose de todo ese tiempo y atención, por ejemplo, forzando citas o conversaciones telefónicas en momentos inoportunos. En situaciones extremas de abuso, el maltratador interfiere directamente con el trabajo o el entorno social de su víctima con acciones dedicadas directamente a destruirlos. Conozco el caso de un marido que llamó al jefe de su mujer diciéndole que ella dejaba el trabajo, en contra de los deseos de ella.

Supongo que muchas de estas cosas os resultarán familiares, bien porque las hayáis sufrido, bien porque las hayáis hecho. Desgraciadamente, son conductas usuales en la pareja. Al confeccionar esta lista no pretendo provocar ninguna caza de brujas. Hay que evitar caer en la auto-culpabilización, el miedo y la vergüenza que, al fin y al cabo, son la base del daño emocional que tratamos de evitar. Todos hemos tenido peleas de parejas en las que hemos intentado asustar y herir a la persona a la que amamos. Este tipo de peleas no deben considerarse como algo normal. Van dejando cicatrices que van socavando la relación, sentando la base para peleas posteriores y volviéndola cada vez menos saludable.

Estas formas de maltrato pueden llevarlas a cabo tanto hombres como mujeres. No quiero entrar aquí a discutir si se da más en un género que en el otro, aunque está claro que al ocurrir en una sociedad sexista hay que tener en cuenta el desequilibrio de poder que esto supone. Quizás los hombres seamos más dados a algunas formas de maltrato, como la coacción, el asustar y la incomunicación, y las mujeres a otras, como el chantaje emocional, los reproches y la presión social. Esto resultaría muy difícil de cuantificar.

Lo que sí me parece importante es señalar que en muchos casos el maltrato es mutuo, aun cuando es desigual. Es decir, que aunque una persona maltrate más que la otra, el contraataque y la venganza no están ni justificados éticamente ni suelen resultar efectivos. En la pareja, esto suele llevar a una intensificación del conflicto en una espiral de abuso creciente que acaba por convertir la relación en tóxica. Lo mejor que puede pasar en estos casos es que se llegue a la ruptura. Sin embargo, hay veces que se acaba por aceptar esta situación como normal: las dos personas están tan obcecadas en la búsqueda de poder que carecen de la claridad mental para salir de esa dinámica.

Claro que cuando estas conductas son profundas, maliciosas y generalizadas, con un profundo desequilibrio de poder entre las dos personas, se llega al abuso psicológico. Al contrario que el maltrato físico, el psicológico no deja marcas ni heridas, por lo que es insidioso y difícil de detectar. A menudo se desarrolla gradualmente y viene acompañado de situaciones de dependencia emocional, de forma que la víctima no reconoce su situación. Puede producir serios daños en la autoestima e incluso llevar al suicidio.

A cada cual le corresponde examinar cuidadosamente su conducta para ir eliminando todo elemento de maltrato. Cuando alguien nos abre el corazón eso lo vuelve extremadamente vulnerable, no debemos traicionar la confianza que se deposita en nosotros haciendo daño. El que lo hagamos de forma inconsciente o por ignorancia no nos disculpa. Si queremos que se nos ame de verdad, debemos aprender a amar. Y eso consiste en hacer feliz a nuestra pareja, no en hacerla sufrir.