jueves, 5 de septiembre de 2013

La guerra de los sexos en dos vídeos


El primer vídeo es de la canción "Blurred Lines" ("Líneas borrosas") de Robin Thicke (el guaperas con rizos y ojos azules), con Pharrell (el moreno de expresión dulce) y T.I. (el del coco afeitado que rapea). Tiene 17 millones de vistas en You Tube. Traducir la letra no me resultó nada fácil, pues tiene bastante slang, por lo que traducir literalmente al español no tiene mucho sentido. Así que lo he hecho un poco a mi aire, sustituyendo las frases hechas del inglés por expresiones parecidas del cheli madrileño.

Lo del “líneas borrosas” se refiere a lo que es permisible y lo que no lo es cuando se seduce a una mujer. Se trata de cómo Robin Thicke intenta seducir a una mujer que quiere serle fiel a su novio - ser una “buena chica”. Él le dice que la quiere liberar de ese novio carca (“square”) porque a él le gusta pervertir a las buenas chicas, sobre todo si tienen un buen culo y son “la perra más caliente de este sitio”… Bueno, ya pillas la idea. Aquí está el vídeo con la canción. Mi traducción de la letra está más abajo. Pondré la letra original en inglés en los comentarios.




¡Todo el mundo en pie!
¡Todo el mundo en pie!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey

[Robin Thicke]
Si no puedes oír lo que intento decid
Si no puedes leer de mi misma página
Puede que me esté volviendo sordo,
puede que me esté quedando ciego,
puede que esté perdiendo la cabeza.

OK, [tu novio] casi lo consigue, intentar domesticarte
Pero tú eres un animal, nena, es tu forma de ser.
Déjame liberarte.
Hey, hey, hey
No necesitas papeles.
Hey, hey, hey
Ese hombre no es tu creador.

Y es por eso por lo que voy a coger a una buena chica.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!

De qué están hechos los sueños
Cuando tienes puestos tus vaqueros
A quién le hace falta vapor
cuando eres la perra más caliente de este sitio.
Tengo mucha suerte, quieres abrazarme
Hey, hey, hey
¿Qué rima con “abrazarme”?
Hey, hey, hey

OK, casi lo consigue, intentar domesticarte
Pero tú eres un animal, nena, es tu forma de ser.
Déjame liberarte.
Hey, hey, hey
No necesitas papeles.
Hey, hey, hey
Ese hombre no es tu creador.
Hey, hey, hey

Y es por eso por lo que voy a coger a una buena chica.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
(Odio esas líneas)
Sé que lo quieres.
(Odio esas líneas)
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.

[T.I.]
Una cosa que te pido
Déjame ser el tipo al que le des ese culo.
¡Vamos! De Malibú a París, nena.
Sí, tengo una buena máquina, nena.
Así que dame un toque cuando pases por aquí
y te daré algo lo suficientemente grande para partirte el culo en dos.
Tal y como te contoneas, incluso cuando no vas muy bien vestida,
quiero decir, que no lo resisto…
Ni en cien años me atrevería
a hacerte un Pharcyde (“no hacerte caso”, referencia a un grupo musical), dejarte pasar.
No soy como tu último chico, él es demasiado carca para ti.
Ni te da un azote en el culo, ni te tira así del pelo.
Así que te observaré, te diré adiós con la mano, esperando a que me saludes.
Pero no me elegiste.
No hay muchas mujeres que puedan resistir un ataque como éste.
Soy un tipo agradable, pero te equivocarías si te lo montaras conmigo.

[Robin Thicke]
Mueve tu trasero, baja, sube
hazlo como si te doliera, como si te doliera
Aunque no te guste, funciona.
[Los globos en la pared dicen “Robin Thickie tiene una gran polla”]

Nena, ¿puedes respirar?
Me agencié esto en Jamaica
Siempre me ha funcionado, de Dakota a Decatur, uh huh
No finjamos más,
Hey, hey, hey
Porque ahora estás ganando
Hey, hey, hey
Este es nuestro comienzo.

Siempre quise una buena chica,
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.

¡Todo el mundo en pie!
¡Todo el mundo en pie!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey

¿Qué? ¿Os parece un poco machista?

Quien sí piensa que sí que es una canción (y un vídeo) machista son Zoe Ellwood, Olivia Lubbock and Adelaide Dunn, tres estudiantas de Derecho de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, quienes compusieron una canción en respuesta titulada "Defined lines" ("Líneas definidas"). Con la ayuda de tres compañeros de buen ver la montaron en este segundo vídeo, que parodia al primero. Aquí las mujeres están vestidas (y muy bien vestidas, por cierto), y los hombres desnudos. Hay numerosos apuntes a un ambiente de dominatrices y sumisos, y referencias al BDSM mucho más explícitas que en el primer vídeo. Aunque éste vídeo está hecho en plan amateur, se hizo viral en You Tube, con más de 600,000 vistas. Fue censurado un tiempo por "contenido sexualmente inapropiado"; para luego reconocer You Tube que había cometido un error.

 

(Anuncio: "Ningún hombre fue dañado al hacer este vídeo")

¡Qué se callen todos los machistas!
¡Qué se callen todos los machistas!

Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey

Chico, más te vale dejar
todos tus hábitos sexistas
así que escucha nuestro manifiesto
de la era moderna.
Es hora de minar
los confines de la masculinidad
porque no queremos que nos jodan.

Te crees con mucho estilo
déjame emascularte
porque tu preciosa polla
puede ser mi vibrador.

Sentimos la frustración
de toda esa explotación
prepárate para tu castración
porque vamos a joder
este mundo de hombres
con toda sus patrañas
las chicas no se lo merecen
y por eso renunciamos a él.
¡No somos buenas chicas!
Somos escolásticas
astutas y sarcásticas.
No un puto plástico.
¡Escuchad, hombres!

Si quieres echar un polvo
no me acoses
no puedes simplemente llegar y agarrarme
¡Eso es un crimen sexual!
Sí, no queremos nada de eso
es chauvinista
y tú tan machista.

Lo que ves en televisión
no habla de igualdad
está lleno de misoginia.
¡No quiero que te corras en mi cara!
Te crees muy macizo
dices que quieres abrazarme
pero quieres decir follarme.

Te pido una cosa
no asumas que todas queremos follar
Tienes que respetarme si quieres que sea tu chica
No queremos ningún gilipollas a quien desaprobemos.
Necesitamos una inversión de roles universal
en la vida real
no como un ensayo.
Debemos resistir los roles de género
Tenemos que poner a la misoginia en libertad condicional
Y a la explotación en arresto domiciliario
Ya es hora de que seas testigo de nuestra liberación.
Hay más cosas en la vida que la penetración
y la discriminación sexual.

Así que esta noche ponemos en marcha nuestros derechos civiles
Resistimos el chauvinismo y ganamos la batalla
porque tu vivir a gusto
es sólo un montaje
de tú y tus amigos jugando al Entourage.
Pero no somos putas que te hagan las tareas domésticas
o te preparen un bocata
a cuatro patas.

Desde la Historia de Él a la Historia de Ella
Ya sé que tienes opiniones que no compartimos
Necesito llamar a mi hermana Juana de Arco
¡Guisa un pastel feminista
Antonieta María!

Sí, tíos, tenemos espías
Y todo lo que vosotros queréis hacer es fertilizar.
Pero apartad la vista de nuestros muslos.
Nunca le digas a una perra que tiene que adelgazar
¿Quieres follar? Enséñame tu tableta
¿Quieres una “pista de aterrizaje”? Pues ponte cachas.

Pido disculpas si piensas que mis versos son vulgares
Dime, cómo te sienta cuando abusan verbalmente de ti

Este mundo de hombres
con toda sus patrañas
las chicas no se lo merecen
y por eso renunciamos.
¡No somos buenas chicas!
Somos escolásticas,
astutas y sarcásticas
no un puto plástico.
¡Escuchad, hombres!

Si quieres echar un polvo
no me acoses
no puedes simplemente llegar y meterme mano
¡Eso es un crimen sexual!
Sí, no queremos nada de eso
es chauvinista
y tú tan machista.

Bueno, ¿qué os parece? Francamente, a mí me gusta más el segundo vídeo, a pesar de que me van más las chicas semidesnudas del primero que los tipos musculosos del segundo. Al menos se entiende la letra. Pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con ella... Vamos, que las chicas se pasan cien pueblos con eso de "voy a emascularte, voy a castrarte". 

Pero creo que es muy importante reflexionar sobre esta canción porque señala que una cierta visión del feminismo anti-hombre y anti-sexo sigue viva y en boga. Uno de los mitos fundamentales de este tipo de feminismo es que los hombre desean más el sexo que las mujeres y buscan imponérselo continuamente. ¿Es esa la realidad, o son las mujeres tan sexuales como los hombres? 

¿Es el sexo un acto de violencia y dominación, que bien es perpetrado por el hombre sobre la mujer, o por la mujer sobre el hombre? 

¿Conlleva la liberación de la mujer la derrota del hombre? ¿O nuestros intereses comunes superan nuestras diferencias?

¿Somos los hombres los responsables de la opresión de la mujer? ¿O lo es una cultura sexista que se impone tanto a hombres como a mujeres? 

¿Es el feminismo una guerra entre los sexos? ¿O una visión común de una sociedad más igualitaria y más justa a la que aspiramos tanto hombres como mujeres?

lunes, 2 de septiembre de 2013

Indiferencia

Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia.

Después de una ruptura no hay que odiar a quien nos ha dejado, pues ese resentimiento significa que aún seguimos encadenados. Sólo la bendita indiferencia nos devuelve la libertad para amar otra vez.

sábado, 24 de agosto de 2013

Problemas de pareja: lucha de poder o colaboración

Hoy en día, siempre que se habla de problemas de pareja se ofrece la comunicación como el remedio absoluto. Pero bueno, ¿es que nadie se para a pensar que a veces lo que se comunica no hace sino empeorar la situación? Porque si lo que se siente es antipatía, hostilidad, aburrimiento, ganas de controlar o de no ser controlada… Cuanto más salgan a flor esos sentimientos, peor va a ser la situación, ¿o no?

Para empezar, hay que partir de la base de que hay parejas que no merecen la pena ser salvadas. Lo de “hasta que la muerte nos separe” puede ser una receta para la infelicidad de por vida. Peor todavía: hay personas que no se merecen nuestro amor. Sí, yo soy el primero al que le encantaría abonarse a eso de “too er mundo es güeno”, pero recientes encuentros con algún que otro horrible ejemplar de ser humano me han convencido de lo contrario. La vida es demasiado corta para malgastarla en gente posesiva, cruel, egocéntrica, maltratadora o incluso psicópata.

Pero pongamos el caso de que se trata de una pareja que sí merece la pena ser salvada. Que son dos personas que se quieren mucho pero que no encuentran la forma de llevarse bien. Que la relación está pasando por un bache que seguramente es temporal, pero que no se ve la forma de salir de él… Y que eso de la comunicación a destajo no hace sino empeorar las cosas.

Hace varios años, durante una crisis en mi propio matrimonio, hice un descubrimiento que transformó completamente la forma en que me relaciono, no sólo con mi pareja, sino con casi todas las personas cercanas a mí. Descubrí que cuando hablamos con nuestra pareja, incluso cuando nos relacionamos con ella de cualquier otra forma, lo hacemos en una de estas dos modalidades: lucha de poder o colaboración.

En la modalidad de lucha de poder (“power struggle” en inglés), lo que importa es ganar. La conversación se convierte enseguida en una discusión en la que cada cual toma una posición determinada. Abandonar esa posición supone, no el conceder que la otra persona tiene razón, sino una pérdida de prestigio, una humillación intolerable porque supone un desgaste de nuestro estatus dentro de la pareja. Es más, si perdemos la partida el ganador se apunta un tanto que luego nos recordará en discusiones posteriores: “Si es que no dices más que tonterías, como aquella vez que dijiste…” De esta forma, al no poder ceder terreno, se cae en la irracionalidad de tener que mantener que tenemos razón a toda costa. La única manera de bajarnos de una posición insostenible es conseguir que se olvide. En definitiva, es así como funcionan las pugnas entre los partidos políticos: nadie puede reconocer ante los votantes que ha perdido un debate. Cuando se convive en medio de una lucha de poder, todo puede dar origen a una confrontación, pues no se trata de resolver problemas, de buscar soluciones, sino de proteger el ego. La relación misma se percibe como un delicado equilibrio entre posiciones enfrentadas. Cada conversación se teme; supone un desgaste y un gran consumo de energía, pues no se puede bajar la guardia. Todo debe negociarse cuidadosamente para que nadie gane y nadie pierda, para repartir el pastel exactamente por la mitad. El conseguir poder sobre el otro se convierte en el objetivo primordial.

Pero en realidad esa confrontación es básicamente ilusoria, porque en la pareja los objetivos comunes superan con creces a los objetivos no compartidos. Si no fuera así, habría que plantearse si vale la pena continuar juntos. Por ejemplo, a los dos les interesa que a la pareja le vaya bien económicamente, que la casa esté limpia y ordenada, que se disfrute en el sexo, que haya buena comunicación y, fundamentalmente, que la otra persona sea feliz. Cuando los dos se dan cuenta de que conseguir los objetivos comunes es más importante que proteger el ego, entonces se produce una transición desde la lucha de poder a la colaboración.

Las conversaciones en la modalidad de colaboración no son discusiones, no existen posiciones demarcadas. Cada uno construye sus ideas sobre las ideas del otro, en una búsqueda conjunta de la verdad, de una solución. Se dan en un clima relajado, donde la conversación en sí produce bienestar. Sí, a veces hay que acceder a hacer algo que no nos gusta, pero a esa carga no se le añade la carga adicional de sacrificar el ego y el prestigio. Al contrario: queda claro que lo hacemos por amor, por hacer feliz a nuestra pareja. Y eso es lo que se recordará en el futuro, no el que hayamos perdido una partida.

Las modalidades de lucha de poder o colaboración son tan intrínsecamente incompatibles entre sí que una vez que se entra en ellas se extienden rápidamente a todo lo que ocurre dentro de la pareja, como el cambio de fase en un sistema físico. En realidad, están enraizadas en nuestra actitud interior, en cómo vivimos nuestra vida. Si sentimos inseguridad, complejo de inferioridad y paranoia, viviremos con la sospecha continua de que nos quieren controlar y que debemos de proteger nuestro ego. Entonces caeremos una y otra vez en la lucha de poder. Si, por el contrario, estamos seguros de nosotros mismos y sentimos placer en el hecho de dar, la colaboración surgirá espontáneamente. Al depender de nuestra actitud interior, estas dos modalidades de relacionarnos no se limitan a la pareja. Si prestamos atención, veremos cómo surgen en nuestra relación con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo. Es verdad que en interacciones que no se basan en el amor, donde el sistema social en el que vivimos impone sus normas de egoísmo obligatorio, no siempre es posible operar en modo de colaboración. Aun así, si vivimos con la actitud correcta podemos llevarnos sorpresas agradables. Cuando tratamos a la gente sin desconfianza, sin hostilidad, suelen responder de la misma forma. Y aunque no lo hagan, podemos llegar a descubrir que nuestra actitud interior es su propia recompensa.

viernes, 2 de agosto de 2013

Fisiología del sadomasoquismo (3)

Las hormonas sociales: oxitocina y vasopresina

Este breve estudio de la fisiología del sadomasoquismo no estaría completo sin hablar de las llamadas “hormonas sociales”: la oxitocina y la vasopresina. Cuando se liberan en la sangre, estas sustancias actúan como hormonas que regulan determinadas funciones fisiológicas. La oxitocina desencadena las contracciones del útero durante el parto y también la secreción de leche en la lactancia. Por su parte, la vasopresina aumenta la presión sanguínea constriñendo los vasos sanguíneos y aumentando la retención de agua en los riñones. Sin embargo, recientemente se ha descubierto que estos dos péptidos desempeñan funciones muy distintas dentro del cerebro. La oxitocina produce vinculación afectiva, aumentando los sentimientos de confianza y lealtad. Niveles altos de oxitocina y de sus receptores en el cerebro están relacionados con la monogamia en determinadas especies animales y seguramente también en los seres humanos. También se ha visto que la oxitocina aumenta la vinculación con personas que pertenecen a nuestro mismo grupo y el rechazo a personas fuera de ese grupo. Sin duda es así como regula el comportamiento monógamo: aumentando la lealtad a la pareja y el rechazo a miembros del otro sexo que no son nuestra pareja. Mientras que la función de la oxitocina es más importante en las hembras, la vasopresina prepondera en los machos, en los que promueve conductas territoriales y sentimientos de control y dominación. Podemos ver, por lo tanto, que la oxitocina y la vasopresina seguramente son liberadas durante una sesión sadomasoquista, y jugarán un papel importante en el estado mental tanto de la sumisa como del dominante. Sin ir más lejos, la estimulación de los pezones es uno de las formas más eficaces de liberar oxitocina. El llamado “subspace” - el espacio de sumisión - quizás esté relacionado con la liberación de oxitocina, que hace la sumisa le entregue su confianza total al dominante y sienta un profundo vínculo con él.

Los beneficios del masoquismo

Hemos visto que los juegos sadomasoquistas afectan de manera muy profunda al cerebro. No son efectos malsanos, sino comparables con los que producen otras actividades fuertemente excitantes, como los deportes extremos. Por el contrario, cabría enumerar una serie de efectos beneficiosos. Al poder explorar sus fantasías sexuales, la masoquista aprende a conocerse mejor. El entrenamiento en la dominación-sumisión puede llegar a convertirse en una auténtica ruta de transformación personal en la que se liman las asperezas del carácter, se eliminan emociones negativas y se aprende a tomar una actitud positiva ante las dificultades de la vida. El masoquismo lleva a una comprensión profunda del dolor, cómo afecta a la mente y cómo nuestra actitud frente a él puede regular su intensidad. Sin duda, esta comprensión ayudará al masoquista cuando inevitablemente la vida lo exponga a situaciones dolorosas.

Sadismo, empatía y compasión

¿Y qué decir del sádico? ¿Qué cambios se producen en su cerebro durante la sesión sadomasoquista? ¿Son tan profundos y beneficiosos como los que tienen lugar en la masoquista? Habría que empezar por comprender por qué el sádico siente placer con el dolor que proporciona.

Determinados actos de crueldad son posibles porque existe una profunda desconexión emocional entre el torturador y su víctima, de forma que el primero consigue aislarse emocionalmente del sufrimiento que produce. La reacción natural es lo contario: la empatía. Ver sufrir a alguien nos produce sufrimiento a nosotros mismos. En experimentos que usan resonancia magnética nuclear y otras técnicas que permiten detectar las zonas del cerebro que se activan en determinadas situaciones, se ha comprobado que el ver sufrir a otra persona produce el mismo tipo de actividad en la ínsula y en el córtex del cíngulo anterior que el experimentar dolor uno mismo. Un paso fundamental en la evolución del ser humano fue la aparición de una facultad mental llamada “teoría de la mente”: la capacidad de atribuir pensamientos y emociones a otras personas análogos a los que tenemos nosotros mismos. Esta facultad es vital para la supervivencia, pues nos permite predecir las acciones de las personas que nos rodean. En ella participan las llamadas “neuronas espejo”, que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando vemos a alguien ejecutar la misma acción. En la vida cotidiana nuestra mente realiza sin parar un simulacro del estado mental de la gente que nos rodea, y ajusta nuestras emociones de acuerdo con esa percepción.  La empatía, por lo tanto, es el reflejo en nuestra mente del sufrimiento de los demás, una de las propiedades más básicas del ser humano. Las personas que carecen de empatía desarrollan a menudo comportamientos sociopáticos, al ser incapaces de planear sus acciones teniendo en cuenta cómo afectan a las personas de su entorno.

Yo creo que el sádico hace daño, no porque carezca de empatía, sino justamente por lo contrario. No busca desconectar del dolor que produce, sino sentir ese dolor como propio, porque despierta en su cerebro las mismas reacciones que en el cerebro de la sumisa. Es quizás por eso que muchos sádicos, empezando por el propio Marqués de Sade, son también masoquistas. Sólo hay que fijarse en el comportamiento del típico sádico en una sesión: pone todo su esfuerzo en conectar emocionalmente con la masoquista. Quiere oírla gritar y quejarse. La mira a los ojos para beber su dolor. Le toca la piel para sentir el calor y el relieve de las laceraciones. El buen sádico, al contrario del torturador, busca por todos los medios aumentar su empatía con la sumisa. En la medida en que lo consiga, será capaz de guiar a la masoquista al estado mental en el que ella disfrutará plenamente de la sesión. Con esto no quiero decir que el cerebro del sádico experimente los mismos cambios fisiológicos que el de la masoquista. Lo más probable es que su cerebro permanezca en un estado de activación adrenérgica, de “pelea o huida”, lo que le permite experimentar el éxtasis del poder y el control mientras que la sumisa se sumerge en el abandono y la entrega que proporcionan las endorfinas.

Si todo esto es cierto, el camino del sádico es el de la profundización en la empatía. Su entrenamiento consiste en aprender a “leer” a la sumisa cada vez mejor, con la doble finalidad de acompañarla en sus sensaciones y de adecuar la sesión a sus necesidades. Esto no puede ser malo. Cabe pensar que una empatía creciente puede llegar a extenderse a otras personas, para al fin llegar a convertirse en una de las emociones más valiosas del ser humano: la compasión.

viernes, 26 de julio de 2013

Fisiología del sadomasoquismo (2)

Cómo el cerebro disminuye el dolor: las vías descendentes

Todo lo que he descrito hasta ahora forma la llamada vía ascendente del dolor, que va desde la piel al córtex cerebral, donde el dolor se hace consciente, se “siente” con su particular carga emocional. Pero también existen unas vías descendentes de regulación del dolor que bajan del cerebro a la médula espinal, y que son fundamentales para entender por qué el dolor que se siente disminuye conforme progresa una sesión sadomasoquista. Estas vías descendentes empiezan en una zona situada en el centro del cerebro, a los lados de un canal llamado el acueducto, por lo que se la llama substancia gris peri-acueductal (normalmente conocida por las siglas en inglés PAG). Las neuronas de la PAG mandan señales a una zona del bulbo raquídeo, el núcleo rafé magno, que a su vez manda axones por los lados de la médula espinal. Estas fibras nerviosas descendentes van penetrando el asta dorsal, que como vimos es la zona de llegada de los nervios que vienen de la piel. Las señales que transmiten desde el cerebro informan a las neuronas del asta dorsal de si deben aumentar o disminuir el dolor. El que lo hagan en una dirección u otra dependerá de nuestro estado mental, de las emociones que destilan la ínsula y el córtex del cíngulo anterior.

Es sabido que una sumisa puede llegar a aguantar mucho dolor durante una sesión sadomasoquista si el dominante es capaz de llevarla a un estado en el que se segreguen muchas endorfinas. Nos imaginamos que las endorfinas son como drogas que corren por la sangre y bañan todo el cerebro de la sumisa, inhibiendo el dolor. Sin embargo, a diferencia de la morfina y otros fármacos opiáceos, las endorfinas no son capaces de pasar de la sangre al cerebro, sino que son liberadas por fibras nerviosas en determinadas zonas del sistema nervioso. Una de esas zonas es el asta dorsal de la médula, donde la secreción de endorfinas es controlada por una vía descendente. Lo que se conoce popularmente por “endorfinas” son en realidad un grupo de casi 40 neuropéptidos distintos, que se agrupan en tres familias: las endorfinas propiamente dichas, las encefalinas y las dinorfinas. Estos neuropéptidos actúan como llaves que activan tres tipos de receptores de opiáceos, denominados con las letras griegas mu, delta y kappa. Las diminutas encefalinas son mucho más abundantes en el sistema nervioso que las endorfinas, y como ellas actúan sobre los receptores mu y delta para inhibir el dolor y producir sensaciones de calma y euforia. Las dinorfinas se unen a los receptores kappa y también disminuyen el dolor, pero en vez de producir euforia producen lo contrario: la disforia; un desagradable sentimiento de rechazo.

Las vías descendentes no sólo inhiben el dolor a base de endorfinas. Otra vía descendente paralela a la de las endorfinas, la vía adrenérgica, usa un neurotransmisor llamado noradrenalina, una molécula parecida a la hormona de la adrenalina. La vía de los opiáceos y la vía adrenérgica no suelen funcionar a la vez, sino que se alternan inhibiendo el dolor en estados mentales distintos. La vía adrenérgica se activa en situaciones llamadas de “pelea o huída”, donde tenemos que responder a algo que nos amenaza con una intensa actividad muscular, o bien luchando o bien escapándonos pies para que no nos pillen y nos hagan daño. La vía de los opiáceos, por el contrario, se activa cuando el miedo produce un comportamiento diametralmente opuesto: en vez de pelear o huir, nos quedamos paralizados y no podemos movernos; una respuesta que en inglés científico se llama  “freezing” - “congelarse”. En muchos animales, esta inmovilidad sirve para camuflarse y no ser vistos por un predador.

¿Cómo se aplica todo esto a una sesión sadomasoquista? La actitud amenazadora del dominante y los primeros atisbos de dolor seguramente activarán la vía adrenérgica, produciendo el llamado “subidón de adrenalina”, caracterizado por la sensación de estar más alerta y el deseo de debatirse y quejarse. Sin embargo, cuando la escena progresa y la sumisa se ve inmovilizada por las ataduras y el dolor es administrado de forma continua e inevitable, la vía adrenérgica se ve reemplazada por la vía de las endorfinas. La inhibición del dolor se ve ahora acompañada por un estado de relajación y abandono, y la sumisa se ve envuelta en sentimientos de calma y euforia tranquila. Seguramente no querrá abandonar ese estado de bienestar, y con su pasividad y sus gemidos de placer animará al dominante a seguir administrándole el dolor que la mantiene allí. En inglés, los sadomasoquistas llaman a ese estado “the forever place” - “el sitio de para siempre” - porque la sumisa protestará cuando finalmente el dominante la arranque de él. 

La vía del placer y la dopamina

Si bien las endorfinas y la noradrenalina causan inhibición del dolor en la vía descendente que va de la PAG al bulbo raquídeo y a la médula espinal, sus efectos sobre las emociones ocurren en otras zonas del cerebro. Tanto la ínsula como el córtex del cíngulo anterior tienen receptores de opiáceos que seguramente contribuirán a la euforia y la entrega que se siente en la sesión sadomasoquista. Pero  donde los opiáceos desempeñen uno de sus papeles más importantes es en la llamada “vía del placer”, que conecta el área ventral tegmental (VTA) con el núcleo accumbens. Hace tiempo se descubrió que si se implantan electrodos en esta vía en el cerebro de una rata, y luego se permite al animal estimularla presionando una palanca, lo hará continuamente, dejando hasta de comer y de beber para hacerlo. Estudios posteriores confirmaron que lo mismo pasa en los seres humanos. Además, se descubrió que esta vía produce euforia y bienestar al liberar el neurotransmisor dopamina en el núcleo accumbens, y que drogas como la morfina, la heroína, la cocaína, la nicotina y las anfetaminas producen adicción estimulando la secreción de dopamina en esta vía del placer. Y no sólo eso, sino que esta vía nerviosa también participa en la adicción al sexo, la ludopatía (adicción a los juegos de azar) y otras actividades adictivas. Lo que ocurre es que ésta es la parte del cerebro que dirige nuestras motivaciones, que nos hacer desear comida, sexo, amistad y diversión, y que cuando satisfacemos esas necesidades nos recompensa haciéndonos sentir bienestar. Cabe pensar, por lo tanto, que la liberación de dopamina en el núcleo accumbens también causa el placer que sentimos en los juegos sadomasoquistas.

¿Puede el masoquismo causar adicción?

Entonces, ¿puede llegar el masoquista a convertirse en un adicto al dolor? Aquí, lo primero que hay que matizar es que el masoquista no deriva placer del dolor en sí, sino de una situación compleja que forma la sesión sadomasoquista y en la que el dolor es sólo uno de los componentes. Fuera de ese contexto no se experimenta el dolor como placentero. En segundo lugar, se podría equiparar el sadomasoquismo a otras situaciones que producen un subidón de adrenalina, como ver películas de terror, las montañas rusas o los deportes extremos. No cabe duda que esas situaciones enganchan, pero no llegan a ser adictivas. En mis más de 30 años practicando el sadomasoquismo y participando en asociaciones de esta índole, no he conocido nunca a nadie adicto a él. Al contrario, la tónica general es que una gran parte de la gente que se apunta a asociaciones sadomasoquistas las suele dejar al cabo de unos años, como si se tratara de una afición más. Sí, hay sadomasoquistas de por vida, pero es porque lo viven como algo que es una parte esencial de su identidad personal. Se trata de una decisión consciente, de algo que cuesta trabajo aprender, cultivar y mantener. No manifiesta la irracionalidad y la compulsión de las adicciones.

Una característica de las adicciones es el síndrome de abstinencia: el sufrimiento y las graves reacciones fisiológicas negativas que aparecen cuando se deja de consumir una droga. Habrá quien señale que en el sadomasoquismo ocurre algo parecido: el bajón de la sumisa (“sub-drop” en inglés). Esto se refiere a sentimientos de malestar o depresión que ocurren al finalizar una sesión, o al día siguiente. Hay quien dice que este bajón lo produce la prolactina, un neuropéptido que produce saciedad sexual y síntomas de depresión, y que sería segregado al final de la sesión, a veces durante días. Yo no he presenciado ningún caso de bajón de la sumisa, a pesar de haber hecho sesiones con bastantes mujeres durante muchos años. Lo que sí he visto en muchas ocasiones son crisis de ansiedad y ataques de pánico en mitad de una sesión, algunos muy fuertes y la mayoría lo suficientemente graves para hacerme finalizar la sesión. No cabe duda que las prácticas BDSM tienen la capacidad de remover contenidos traumáticos del subconsciente, sobre los causados por abusos sexuales. Cuando esas crisis se enfrentan de la manera adecuada, sobre todo con comprensión y cariño por parte del dominante, pueden tener un enorme efecto terapéutico, ayudado a la sumisa a recordar, comprender e integrar esos traumas del pasado. Quizás el bajón de la sumisa no sea más que la manifestación de ese tipo de traumas del pasado al finalizar la sesión, ya que durante la misma quedarían encubiertos por las endorfinas. Lo más probable es que este bajón no sea un único fenómeno, sino que responda a causas diversas dependiendo de la persona, ya que las sumisas o sumisos que dicen experimentarlo lo describen de formas muy distintas. En todo caso, parece más bien una reacción emocional debida al estado de vulnerabilidad que produce  la sesión, y no un síndrome de abstinencia. Se puede paliar con cuidados administrados por el dominante al final de la sesión.

viernes, 19 de julio de 2013

Fisiología del sadomasoquismo (1)

Sadismo, masoquismo y dolor erótico

Habría que rescatar la palabra “sádico”. En el mundo vainilla frecuentemente se toma como sinónimo de “cruel”, pero en el contexto del BDSM (Bondage-Dominación-Sumisión-Sadismo-Masoquismo) sabemos que no es así. Por origen etimológico, sadismo se refiere a la tendencia sexual del Marqués de Sade, que muchos compartimos. No somos crueles, no vamos por la vida haciendo sufrir a las personas o torturando animales indefensos. Simplemente, nos excita el dolor, como a nuestra contrapartida, los masoquistas. Y no cualquier tipo de dolor, sino un dolor especial, aplicado a la piel de las zonas erógenas: el culo, los muslos, los pies, los genitales, la espalda. Es un dolor que calienta y enrojece la piel, despertando su sensibilidad. A este tipo de dolor bien se le puede llamar “dolor erótico”.


Aparte de nuestra afición al dolor erótico, otra característica de muchos sadomasoquistas es el fetichismo por el castigo. Nos gusta la idea de castigar o ser castigados, quizás porque nos devuelve a la infancia, una época en la que padres y maestros ejercían sobre nosotros un poder incontestable. Las cosas eran más simples entonces: las decisiones se movían en una simple escala de bueno-malo establecida por la figura de autoridad de turno. En el fetiche de castigo el sadomasoquismo conecta con la dominación-sumisión. Le otorgamos a otra persona poder sobre nosotros, para que decida si lo que hacemos está bien o está mal. Y, si es lo último, para que nos castigue con maltratos físicos o imponiéndonos tareas desagradables.

El sádico y la masoquista danzan juntos un baile de intercambio de poder. El dolor tiene una propiedad que lo diferencia de las otras sensaciones: es inescapable, no permite que dejemos de prestarle atención. Curiosamente, la otra sensación que tiene esta propiedad es el placer. Como el dolor obliga a nuestra atención a concentrarse en él, cuando el sádico lo administra no sólo ejerce control sobre el cuerpo de la masoquista, sino también sobre su mente. Durante la sesión sadomasoquista este control se va profundizando, provocando cambios en las estructuras más profundas del cerebro de la subyugada, mareas de neurotransmisores y neuropéptidos que actúan sobre ella como una verdadera droga. Al mismo tiempo, la mente del sádico también se altera, quizás de forma más sutil, llevándolo también a él a satisfacer esos deseos inconfesables.

Pero, ¿son estos cambios en el cerebro sanos o malsanos? ¿Acaso no acabarán por deteriorar la fuerza de voluntad de la sumisa, convirtiéndola en el pelele del primer amo que la reclame? ¿Esa afición creciente al dolor, acaso no es autodestructiva? ¿No puede llegar a crear adicción, como una droga? Y en cuanto al sádico, ¿cómo puede estar bien el querer hacerle daño a alguien? ¿En su búsqueda del dolor ajeno, no acabará convirtiéndose en un degenerado, en un torturador como tantos personajes horrendos que llenan las páginas de los libros de historia? Quizás con el tiempo encuentre que el dolor que le causa a su sumisa no es suficiente, y se embarque en una búsqueda creciente de más y más sufrimiento, en la que la mujer que tiene debajo deja de ser una persona para convertirse en un mero objeto en el que puede desencadenar su perversión. Intuimos que no es así, que el sádico establece una profunda relación emocional con la masoquista que los realza a los dos como personas pero, ¿existe evidencia alguna de esto? Os invito a examinar detenidamente, a la luz de la ciencia, los cambios que se producen en el cerebro del sádico y la masoquista. Quizás así podamos encontrar pistas sobre lo que es en realidad el sadomasoquismo.

Las vías del dolor: de la piel al cerebro

El daño que producen varas, fustas, palas, correas o látigos es recogido por las fibras C, axones neuronales delicados y finos que, al contrario de la fibras A (que transmiten las señales táctiles), carecen de la vaina protectora de mielina. Las fibras A y la fibras C se agrupan por millones en haces: los nervios sensoriales. Muchas de las fibras C están especializadas en trasmitir señales de dolor provenientes principalmente de la piel, y en menor medida de los músculos, las articulaciones, los huesos y los órganos internos. Las fibras C transmiten señales a una velocidad lenta comparada con las fibras A, apenas un metro por segundo. También se encargan de liberar dentro de la dermis sustancias que producen hinchazón y aumentan el riego sanguíneo: la inflamación que pone el culo de la sumisa “rojo como un tomate”, deja esas bonitas estrías paralelas después de un “caning”, o causa las bandas de cebra de los correazos.

Las señales dolorosas que viajan por las fibras C alcanzan el asta dorsal de la médula espinal, donde hace sinapsis (conexiones) con neuronas capaces de regular el dolor, aumentándolo o disminuyéndolo en respuesta a señales de las vías descendentes de control del dolor, de las que hablaré más adelante. La señal dolorosa, una vez modificada, es recogida por neuronas especializadas del asta dorsal, que la mandan al cerebro. Después de atravesar nuevas conexiones sinápticas en el bulbo raquídeo y en el tálamo (la parte del cerebro encargada de recolectar y distribuir todas las sensaciones sensoriales), llega finalmente a su destino, tres zonas de la corteza cerebral: el córtex somatosensorial, el córtex del cíngulo anterior y la ínsula.

Quizás estos nombres os suenen a chino a los que no tengáis una afición particular por la neurociencia, pero si tenéis un poco de paciencia veréis que entender la función de estas partes del cerebro es fundamental para comprender el sadomasoquismo. El córtex somatosensorial es una banda que cruza el cerebro por los lados, de arriba abajo, como una diadema. Su función es la de localizar el sitio del cuerpo de dónde proviene el dolor: ¿es el culo, el coño o los pies? Pero no es allí donde nos duele el dolor, donde se nos hace desagradable (o paradójicamente placentero, en el caso de la masoquista). De eso se encarga la ínsula, así llamada porque forma una isla de sustancia gris al fondo de un profundo pliegue a los lados del cerebro. La ínsula es donde nos damos cuenta de cuánto nos duele. Allí es donde se genera esa propiedad del dolor de la que hablaba antes, que nos impide desviar nuestra atención de él. La ínsula controla todas las emociones asociadas al dolor, sean positivas o negativas, y también las asociadas al placer: la excitación sexual y el orgasmo. Así mismo participa en una gran variedad de emociones: la tristeza, el asco, la indignación, la ira, la alegría, la empatía y el amor. Por lo tanto, vemos como en una pequeña zona del cerebro se dan la mano el dolor y el placer, e invitan al baile a todas las demás emociones. Los pasos de esa danza estarán determinados por las características de cada individuo, por su historia personal y sus decisiones; pero es concebible que el dolor llame al placer, y que juntos invoquen a la alegría, quizás incluso al amor.
El córtex del cíngulo está en la superficie de contacto de los dos hemisferios cerebrales, formando un collar que rodea al cuerpo calloso, el haz de fibras nerviosas que conecta a los dos hemisferios. Su aspecto anterior (hacia la frente) realiza funciones parecidas a las de la ínsula, pero mientras que la ínsula es todo emoción, el córtex del cíngulo anterior (en la imagen figura con sus siglas en inglés: ACC) divide su tarea entre la emoción y el conocimiento. Otras de sus funciones incluyen detectar errores, resolver conflictos, mantener la atención y la motivación. Pero quizás la más importante es la de hacer que nos “demos cuenta” - la consciencia. Por lo tanto, podríamos decir que el córtex del cíngulo anterior es donde el dolor se hace consciente.

Nota aclaratoria

Pido disculpas por usar las palabras “dominante” y “sumisa” con ese género particular. No me gusta hacer malabarismos gramaticales en pos de la corrección política. Quiero dejar claro que todo lo dicho se aplica igualmente en los casos en que una mujer domina a un hombre, o a parejas del mismo sexo. Al usar esas palabras de forma intercambiable con “sádico” y “masoquista”, también he pasado por alto la diferencia fundamental entre sadomasoquismo y dominancia-sumisión. En inglés es posible englobar estos dos aspectos usando las palabras “top” para referirse tanto al sádico como al dominante (de los dos sexos) y “bottom” para referirse tanto a la masoquista como a la sumisa. Desgraciadamente, todavía no hay términos similares en castellano. De todas formas, este artículo se refiere específicamente al sadomasoquismo, y sólo de forma tangencial a los casos de dominancia-sumisión que no conlleven sadomasoquismo.

domingo, 14 de julio de 2013

¡De vacaciones!

Mañana cojo el avión para ir a España, donde espero pasar unas agradables vacaciones entre Mallorca, Galicia y Madrid. De todas formas, seguiré publicando en este blog una serie de artículos sobre la fisiología del sadomasoquismo que tengo preparados desde hace tiempo.

Lo malo es que, por mucho que lo he intentado, no he conseguido publicar "Amores imposibles", el tercer libro de la trilogía "Voy a romperte en pedacitos", antes de irme de vacaciones. El libro está escrito y formateado, pero aún no me han terminado el dibujo de la portada. Espero poder publicarlo nada más volver de vacaciones, a mediados de agosto.

Si escribís algún comentario, intentaré contestarlo lo antes posible, pero a lo mejor vais a tener que esperar un poco más de lo acostumbrado. Espero que todos tengáis también unas buenas vacaciones.


domingo, 30 de junio de 2013

Siete preguntas esenciales: 2) ¿Evoluciona el Universo hacia una consciencia cósmica?


No acabo de encontrar la manera de formular esta pregunta de una manera satisfactoria. Antes era “¿evoluciona el Universo hacia un fin?”, pero eso del “fin” queda demasiado vago. Lo de la “consciencia cósmica” es más preciso, pero suena un poco grandilocuente y místico para mi gusto. Seguro que me pondrá en contra a algún que otro escéptico. Pero si dejas a un lado tus prejuicios por un momento quizás te parezca interesante lo que voy a decir.
El árbol evolutivo

Uno de los hallazgos más maravillosos y mejor fundamentados de la ciencia es la Teoría de la Evolución, que nos muestra cómo todos los seres vivos se han originado a partir de un antecesor común gracias a los procesos paralelos de la mutación genética y la selección natural. Popularmente, se suele entender la evolución como un proceso gradual que conduce desde las formas de vida más simples (bacterias y otros seres unicelulares como las amebas y los paramecios), a través de seres de complejidad creciente (esponjas, medusas, gusanos, insectos), hasta los mamíferos y el ser humano. Se considera así que la evolución tiende hacia un fin: el desarrollo de organismos complejos y eventualmente la aparición del sistema nervioso, la inteligencia y la consciencia. Esta visión de la evolución dirigida hacia un fin es rechazada por la mayor parte de los científicos como una ilusión que nace de nuestra tendencia a vernos a nosotros, los seres humanos, como el centro y la medida de todo - algo que se denomina “antropocentrismo”. También existe otra palabra técnica que se refiere a la idea de que la evolución tiende hacia un fin predeterminado: teleología, del griego “teleos” o finalidad. Entonces, si la evolución no va dirigida hacia la aparición de animales complejos y el ser humano, ¿cómo funciona en realidad? Hay que tener en cuenta que los procesos de mutación genética y selección natural han funcionado para todos los seres vivos desde que apareció la vida sobre la Tierra. Por los tanto, todos los seres vivos han evolucionado; no existen seres “más evolucionados” que otros. Lo que ocurre es que para algunos seres vivos (las bacterias, por ejemplo) el evolucionar significó quedarse más o menos como estaban, igual de pequeños y con la misma forma. Pero aunque  superficialmente nos parezcan lo mismo, la evolución ha producido cambios en la bioquímica de esos organismos que los han hecho más adaptados al su entorno, vencedores en la carrera evolutiva frente a organismos similares que acabaron por extinguirse. Otros organismos adoptaron estrategias distintas para sobrevivir. Una de ellas fue crear asociaciones de millones de células, cada una especializada en una función distinta, dando lugares a seres multicelulares como nosotros. Con ello los seres multicelulares no vencieron a las bacterias y otros organismos unicelulares que, de hecho, siguen siendo los seres vivos más abundantes y más variados del planeta, sino que lograron conquistar un nicho en el entorno que no estaba disponible a los otros seres. Así, plantas multicelulares como las hierbas y los árboles consiguieron obtener energía solar en un ambiente hostil para las bacterias. Científicos como Stuart Kauffman, dedicados al estudio de sistemas complejos, conceptualizaron la evolución como un “algoritmo de búsqueda” de nuevos nichos por conquistar; es decir, una especie de programa informático capaz de generar nuevas formas de vida usando la mutación genética y la selección natural para explorar un vasto espacio multidimensional de todas las formas posibles que puede adoptar un ser vivo. Así, el éxito evolutivo del Homo sapiens se basa en que hemos adoptado la estrategia de organizar otros seres vivos (plantas en campos de cultivo, animales domésticos que nos proporcionan carne, huevos y leche) y objetos inertes (máquinas) de forma que garantizan nuestra supervivencia. Pero no deja de ser una estrategia más…
Incorrecto: la evolución como una escalera que lleva al ser humano.

Sea como fuere, también es verdad que este “algoritmo de búsqueda” que es la evolución ha acabado por generar seres de una complejidad maravillosa, capaces incluso de ser conscientes y de poseer tal inteligencia que les permite conocer y manipular el mundo a su alrededor. ¿No es fantástico? Pero no acaba ahí la cosa, porque en cierto modo la evolución ha precedido a la aparición de los seres vivos. Así, los avances de la bioquímica nos permiten explicar la vida en términos de reacciones químicas sumamente complejas y perfectamente sincronizadas que se remontan al momento en que apareció la vida sobre la Tierra. De esta forma se enlaza el fenómeno de lo viviente con las propiedades químicas de las moléculas y los átomos. 

Cómo los distintos átomos del Sistema Periódico se forman en las distintas etapas de la vida de una estrella

Pero resulta que la enorme variedad de moléculas y átomos que forman el mundo de la materia inorgánica también proviene de estados más simples. Sabemos que todas las sustancias que existen están formadas por moléculas consistentes en enlaces químicos entre un centenar escaso de átomos distintos: los elementos del Sistema Periódico, que van aumentando de peso y complejidad conforme aumenta el número de protones en su núcleo y el equivalente número de electrones en su corteza. También sabemos que todos esos átomos se generaron en el interior de las estrellas a partir de un elemento primordial: el hidrógeno, que tiene un solo protón en el núcleo y un solo electrón en la corteza. Estrellas como el Sol “arden” en un fuego termonuclear en el que los núcleos de hidrógeno se unen entre sí para generar núcleos de helio (el segundo elemento del Sistema Periódico) y una enorme cantidad de energía. Cuando las estrellas envejecen y se les acaba el hidrógeno, la fuerza de la gravedad hace que se contraigan y que aumente su temperatura, lo que permite nuevos procesos de fusión nuclear que generarán otros elementos del Sistema Periódico a partir de los núcleos de helio. Por lo tanto, existe una especie de evolución cósmica que, como su contrapartida en la evolución biológica, es capaz de generar elementos complejos a partir de algo más simple. Encima, las dos evoluciones están vinculadas, porque la vida no podría existir sin que antes se generaran dentro de las estrellas el carbono, el oxígeno, el nitrógeno y los otros elementos que forman los seres vivos. Al final de su vida, las estrellas explotan en novas o supernovas, expeliendo al espacio los nuevos elementos que han fabricado, que eventualmente formarán planetas como la Tierra. Como cantaban Crosby, Still y Nash en Woodstock, “we are stardust”, somos polvo de estrellas.
Explosión de una supernova

En el otro extremo del proceso evolutivo, nos encontramos con que los seres humanos hemos aprendido a aumentar la complejidad del mundo a nuestro alrededor a nuestra manera: creando sistemas culturales en los que la información es pasada de generación y generación independientemente del ADN que llevamos en nuestras células. Esa información creciente nos permite modificar nuestro entorno cada vez más; ya no nos adaptamos al entorno, sino que adaptamos al entorno a nosotros mismos. El paso más reciente es la invención del ordenador, que nos permite almacenar y procesar cantidades ingentes de información, mucho mayores de las que podemos almacenar en nuestro cerebro. Se podría ver esto como la continuación de un proceso evolutivo cósmico caracterizado por un aumento progresivo de la complejidad: del hidrógeno a los átomos, de los átomos a las moléculas, de las moléculas a la vida, de la vida al ser humano, del ser humano a la sociedad informatizada. Este aumento de la complejidad podría entenderse como un aumento de la información contenida en cada uno de estos escalones. Y, en los últimos peldaños, aparece la capacidad de procesar información de tal manera que permite aprender sobre el entorno y modificarlo.
El cerebro conectado a un chip

¿Cuál es el siguiente paso? Me atrevo a predecir que en los próximos diez años asistiremos a la unión directa del cerebro humano con el ordenador, a base de microchips implantados en el córtex cerebral. Ya no nos harán más falta las interfaces que hoy en día nos proporcionan acceso indirecto y lento al ordenador: la pantalla, el teclado, el ratón… Podremos pensar directamente hacia el ordenador y recibir información de él en nuestros pensamientos. Desparecerá la diferencia entre el imaginar algo y ver una película. Podremos hacer fabulosas operaciones matemáticas en nuestra mente. Podremos “recordar” cualquier tipo de información que necesitemos usar. Y, si dos personas se conectan al mismo ordenador, será posible la telepatía: leer los pensamientos de otro, experimentar sus propias emociones. ¿Fantasía? Nada de eso. Ya se pueden controlar prótesis directamente con la mente. Varios laboratorios han conseguido crecer neuronas sobre microchips de ordenador.  También se están desarrollando retinas artificiales con la esperanza de que un día se le podrá devolver la vista a los ciegos. 
Grupo de neuronas creciendo sobre un chip de ordenador

Una vez qué unamos nuestra mente a la del ordenador, quién sabe que podrá pasar, qué nuevos horizontes se nos abrirán, en qué nos convertiremos. Quizás esto abrirá la puerta a que podamos descargar toda nuestra mente a un ordenador y así sobrevivir a la muerte de nuestro cuerpo. Curiosa paradoja: el paraíso prometido por muchas religiones, donde vivimos como seres puramente mentales, podría hacerse realidad gracias a la ciencia.

Las posibilidades son realmente fantásticas… Una mente planetaria, donde todos estemos vinculados mentalmente a través de la internet. Donde podamos conversar con gente que ha descargado su personalidad antes de morir, o con inteligencias artificiales que nunca fueron humanas… ¿Podremos reconocer la diferencia? Esto es lo que muchos han empezado a llamar la “singularidad tecnológica”, un momento en la historia en el que la humanidad sufrirá un cambio radical. 
¿Llegaremos a ser cyborgs?
¿Y qué pasará cuando llevemos miles de años viviendo así? Quizás podamos contactar con civilizaciones extraterrestres que posean sus propias mentes planetarias. Así es como se podría llegar, al cabo de millones de años, a la “consciencia cósmica” a la que me refiero en el título: una mente global que se extiende a través de la galaxia, saltando de estrella en estrella. Visto así, es difícil no volver a caer en la teleología de la que hablaba antes: la creencia de que en el fondo todo ese proceso de creación progresiva de átomos, moléculas, planetas, vida, inteligencia y mentes transpersonales estaba de alguna manera predeterminado en la estructura misma de la materia. Porque si no, sería mucha casualidad, ¿no os parece?

Lo cierto es que muchos científicos piensan que esas ideas no son más que fantasías de novelas de ciencia-ficción. Hoy en día está en boga una visión pesimista del Cosmos en la que la inteligencia y la humanidad no son sino accidentes sin mayor relevancia en un Universo desprovisto de dirección, sentido y finalidad alguna. Hay incluso quien dice que estamos solos entre las estrellas, que la creación de nuestra civilización es una pura coincidencia que no sobrevivirá más allá de unos pocos centenares de años, una nimiedad en comparación con la enorme duración de los procesos cósmicos. Que no habrá singularidad tecnológica, mente planetaria, ni mucho menos consciencia cósmica… Todo lo contrario, el Universo se encamina hacia una muerte térmica, donde todos los flujos de energía se extinguirán y ya no pasará nada de nada. Mucho antes de llegar a ese punto se extinguirá la vida en todos los planetas del Universo, porque la vida no es más que un fenómeno esporádico en el gran acontecer del Cosmos.

De todas formas, la muerte térmica del Universo no ocurrirá hasta dentro de 35,000 millones de años. Al paso que vamos, el establecimiento de una mente planetaria no nos va a llevar más que un par de siglos, como mucho. ¿Qué puede evitar la formación de una mente que salte el vacío entre las estrellas en unos pocos millones de años, mucho antes de ese final térmico? Para cuando se quiera acabar el Universo, es hipotética mente cósmica ya puede haber cumplido sus objetivos, cualesquiera que sean. 

En definitiva, estas dos ideas, la visión optimista de singularidades y mentes planetarias y la visión pesimista de un Universo hostil a la humanidad y carente de sentido, tienen más de especulación y filosofía que de base en una sólida evidencia científica. Por un lado, no deja de ser sorprendente que el Universo tenga las propiedades justas para permitir la aparición de cosas tan sorprendentes como la vida y el cerebro humano. Por el otro, si es posible la aparición de una mente interestelar, ¿por qué no tenemos evidencia de que ya existe? Tiempo ha tenido de desarrollarse ya, ¿no? ¿O acaso somos los primeros? Quizás no lleguemos a la mente planetaria porque en realidad somos tan tontos que nos autodestruiremos antes, de una forma o de otra.

viernes, 21 de junio de 2013

¿Quién le teme al Kindle feroz?

Estos días la prensa está llena de denuncias contra Amazon.com, la empresa de internet que en apenas un década ha conseguido hacerse con una parte importante del mercado mundial de libros. Primero fueron las críticas de la ministra de la Cultura de Francia, y enseguida los libreros británicos también criticaron a Amazon. La ministra francesa acusa a Amazon de monopolio y bajar mucho los precios (lo que se suele llamar “dumping”). ¿Su respuesta? Millonarias ayudas del estado a los libreros franceses. ¡Viva la libre competencia! Y los libreros británicos, ¿de qué se quejan? Pues de que ellos tienen que cobrar impuestos por cada libro que venden mientras que Amazon no lo hace. No digo que no les falte razón en esto, pero es un problema que ha existido desde que se empezaron a vender todo tipo de mercancías por internet, no sólo libros, y no sólo Amazon.

Sin embargo, yo veo todo este problema desde una perspectiva algo distinta: la del escritor incipiente que intenta hacer llegar sus libros al lector. Y, amigos míos, desde ese punto de vista Amazon se me antoja como una tabla de salvación en una situación que sin esta compañía sería insostenible.

Pero antes de pasar a enumerar lo que Amazon nos aporta a los escritores nóveles, quiero hablar de las auténticas razones por las que las compañías editoriales clásicas y los libreros se ven tan amenazados por Amazon. Esta compañía empezó como una simple red de distribución de libros y CDs por internet. La ventaja para el consumidor era bastante grande, pues en vez de tener que rebuscar los libros que queríamos leer en varias librerías, lo podíamos hacer desde el ordenador en casa, ¡y a precios muy competitivos! De todas formas, yo no he visto que sea verdad que Amazon practique “dumping”, pues el precio de sus libros siempre ha sido muy similar al de las librerías. Tampoco es verdad que se descuenten los gastos de envíos. Si tengo alguna queja de Amazon es que alguna vez me ha cobrado más de la cuenta por gastos de envío. Pero la auténtica revolución comenzó cuando Amazon sacó el Kindle y utilizó su red de compra por internet para vender libros digitales. Fue un doble golpe maestro: Amazon se beneficiaba al vender el Kindle y luego al vender libros digitales en formato MOBI, el utilizado por el Kindle. Pero la compañía tuvo el acierto de crear aplicaciones Kindle de lectura de ficheros MOBI para el iPod, iPad y otras tabletas. Sacrificaba así la venta de tabletas Kindle, pero conseguía afianzarse en el mercado de libros digitales. Su éxito en EE.UU. fue espectacular: hoy en día más de la mitad de los libros que se venden en este país son digitales, y de esos las mayoría son para Kindle. Si antes Amazon amenazaba con dejar a los libreros sin trabajo, ahora también empezaba a amenazar a las editoriales clásicas.

Supongo que a estas alturas algunos de los que me leéis empezaréis a cantar aquello del encanto especial del libro en papel y el romanticismo que tienen las librerías. Vale, si lo entiendo, a mí también me gustan las librerías, su olor, el sacar un libro de la estantería y empezar a hojearlo. Sin embargo, el mundo de las grandes editoriales no tiene nada de bonito ni de romántico. Como ha pasado en casi todas las esferas comerciales, las grandes compañías editoriales han ido comprando a las más pequeñas, ganando un control enorme sobre la parte más valiosa de la cultura. Por ejemplo, el gigante editorial americano Random House posee gran parte de las editoriales clásicas españolas, como Mondadori o Grijalbo. Esto contribuye al empobrecimiento de la oferta de libros: cada vez se leen más traducciones de un puñado de autores americanos o británicos. Los libros escritos originalmente en español son de unos pocos escritores bien establecidos. Las editoriales siempre le han cerrado las puertas a los escritores nóveles, imponiéndoles condiciones draconianas para publicar sus obras, y con su consolidación en un número decreciente de grandes empresas la situación tendía a empeorar. Como muchos otros productos de consumo, la tendencia era a la uniformidad, vendiendo cada vez menos títulos con cada vez mayor tirada.

La aparición del libro digital vino a cambiar todo eso. El coste de publicación de un libro se abarató enormemente, pues ya no hay que imprimirlo, almacenarlo y distribuirlo. Amazon supo ver las ventajas que esto ofrecía, y creó un modelo de venta de libros digitales que favorece enormemente tanto al lector como al escritor. El lector se beneficia de libros más baratos, una forma de distribución instantánea y una amplísima oferta. A los escritores nos ofrece una serie de grandes ventajas:

  1. Amazon nos da a los autores el 70% del precio de venta del libro, mientras que una editorial de papel nos da sólo el 10%. Ha montado un sistema transparente donde sabemos en cada momento lo que vendemos y lo que ganamos.
  2. Amazon nos deja quedarnos con los derechos de autor (copyright) de los libros, mientras que las editoriales te los quitan a cambio de "dejarte" publicar. Una vez que has cedido el copyright, cualquier ganancia adicional que aporte el libro (como el hacer una película basada en él) beneficia a la editorial y no al escritor.
  3. Una vez que tienen tu copyright, las editoriales ponen el libro en venta con la tirada que ellos deciden. Le dan a tu libro la oportunidad de que se venda durante unos meses, pasados los cuales dejan de imprimir tu libro y lo retiran del mercado para hacer espacio a otros libros que ellos quieren promocionar. El escritor no puede hacer nada al respecto, pues al no tener el copyright no puede publicar el libro en ninguna otra parte. En contraste, Amazon publica tu libro para siempre jamás. Si no se vende hoy, quizás lo haga en cinco años. No hay tiradas limitadas, el lector tiene siempre tu libro a su disposición.
  4. Amazon permite publicar a cualquier autor que cumpla un puñado de condiciones mínimas, por desconocido que sea, lo que es una auténtica bendición para los autores nóveles. Se acabó en mandar tu libro a un montón de editoriales mendigando que lo publiquen y gastándote un montón de pasta en el proceso. Se acabó el hacerles la coba a los agentes literarios. Eso sí, el libro te lo tienes que promocionar tú… pero no te creas que las editoriales se iban a gastar el dinero en hacerlo, sobre todo si eres un desconocido.
Las editoriales clásicas contemplan este fenómeno con sentimientos similares a los que debieron experimentar los dinosaurios viendo caer el meteorito que los llevó a la extinción. ¡No es de extrañar que arremetan contra Amazon! No sólo el Kindle les va quitando poco a poco a sus consumidores, la nueva hornada de escritores se iniciarán con libros electrónicos en los que ellos se quedan con el copyright; ya no tienen motivos para aceptar las condiciones draconianas de las editoriales. Incluso algún escritor establecido se apuntará al nuevo modelo. Por lo tanto, las editoriales se arriesgan a perder tanto a sus lectores como sus escritores. Pero no acaba ahí la cosa. A las editoriales aún les quedaba la esperanza de mantener la clientela que se resiste a abandonar el libro en papel. Pero ya ni siquiera esto, porque Amazon acaba de inventar el CreateSpace, un nuevo sistema por el que el escritor puede imprimir, distribuir y vender libros en papel con casi las mismas ventajas que al vender libros digitales en Kindle.

No soy un iluso. Sé perfectamente que una compañía como Amazon no es una institución benéfica al servicio de escritores y lectores. Sigue estando sujeta a las normas salvajes del capitalismo moderno. Pero existen razones objetivas que hacen que Amazon se siga portando bien. La más importante es que, siendo el libro digital tan fácil de producir, el escritor y el lector siempre tienen otra alternativas. Por ejemplo, la compañía Smashwords.com distribuye libros en todos los formatos digitales (MOBI, EPUB, PDF, etc) , y se los entrega tanto Amazon Kindle como a sus competidores de Apple, Nook, Kobe, etc, con lo que el escritor tiene en sus manos una red de distribución aún más amplia. Encima, Smashwords trata muy bien al escritor, ofreciéndole todo tipo de herramientas para mejorar y promocionar sus libros. Y, en última instancia, al escritor siempre le quedará el recurso de vender sus libros desde su propio sitio web.

En los próximos años vamos a asistir en España y en todo el mundo hispanoparlante a una gran batalla por el mercado del libro digital. Amazon Kindle se está posicionando muy bien, con filiales en España, Brasil y seguro que pronto en todos los países de América Latina. Las editoriales clásicas no han sabido reaccionar a tiempo y parecen vivir con la esperanza de que al final las cosas seguirán como siempre. Veremos quién tiene razón.

sábado, 15 de junio de 2013

Siete preguntas esenciales. 1 - ¿Cuál es el sentido de la vida?

Quizás alguna vez nos hayamos parado a preguntarnos: ¿para qué hago todo esto? ¿para qué vivo? ¿Qué sentido tiene acumular riqueza, o buscar la fama y el éxito, si al final nos vamos a morir y todo va a quedar en nada? Sí, queremos ser felices, ¿pero en qué consiste esa felicidad que tanto ansiamos? Cuando creemos haberla conseguido nos estrellamos contra el vacío, el sin-sentido y la angustia existencial. Las religiones intentan dar respuesta a ese vacío interior, pero si somos honestos con nosotros mismos nos daremos cuenta de que lo hacen dirigiendo nuestra atención hacia historias mitológicas que al final no nos proporcionan ninguna respuesta satisfactoria. Las creencias religiosas no son más que una forma de auto-engaño que se alimenta de nuestro deseo de vivir para siempre y lograr la felicidad completa. La ciencia, por el contrario, nos permite tener una visión sobria de la realidad, fundamentada en firme evidencia en vez de fantasías y deseos. Sin embargo, hoy en día muchos científicos esposan una visión de la vida completamente descorazonadora, en la que estamos a merced de fuerzas inhumanas y nuestra propia existencia no es más que un capricho del azar. ¿Es esa la realidad? ¿O acaso hay lugar en los descubrimientos de la ciencia para otra visión del Universo y del ser humano?

Entre las diversas respuestas al problema del sentido de la vida, una de las más populares hoy en día es el existencialismo, que viene a decir que lo que tiene sentido es la existencia en sí, la experiencia del ser humano como individuo. Sin embargo, esa experiencia existencial se basa en nuestra consciencia, cuya naturaleza ha empezado a ser investigada por la neurociencia actual. Dependiendo de lo que sea la consciencia (hay quien dice que no es más que una ilusión), entenderemos nuestra naturaleza de una forma o de otra. Otras formas de entender el sentido de la vida lo hacen engarzando nuestra existencia individual al destino colectivo de la sociedad; por ejemplo, en el marxismo y otras formas de socialismo. Una visión aún más grandiosa concibe nuestra existencia como un eslabón en un acontecer histórico que llevará a una singularidad tecnológica de carácter sobrehumano, incluso a la creación de una consciencia global. En el otro extremo tenemos el nihilismo, que simplemente niega que la vida tenga sentido alguno más allá de buscar el placer y evitar el dolor.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida depende a su vez de comprender quiénes somos y qué lugar ocupamos en el mundo. El problema de nuestra existencia personal debe enmarcarse dentro del problema de la existencia de todo, de la naturaleza última de la realidad. Eso nos lleva a plantearnos varias otras preguntas esenciales. Los filósofos han intentado responder a algunas de ellas desde hace tiempo. Sin embargo, hoy en día los avances de la ciencia empiezan a permitirle adentrase en territorios que hasta ahora se consideraban exclusivos de la filosofía y la religión.

Este es el primero de una serie de breves artículos en mi blog en los que quiero plantear las que considero que son las siete preguntas esenciales. Son cuestiones en la frontera entre la ciencia y la filosofía que creo que tienen gran interés general. No voy a intentar contestarlas, sino simplemente plantear en qué consisten y esbozar algunas de las respuestas que reciben.

Estas serían la siete preguntas esenciales:
1.    ¿Cuál es el sentido de la vida?
2.    ¿Evoluciona el universo hacia algún fin?
3.    ¿Cuál es la naturaleza última de la realidad?
4.    ¿Se puede reducir todo lo que ocurre a las leyes de la física?
5.    ¿Cómo se explica que seamos conscientes?
6.    ¿Tenemos libre albedrío?
7.    ¿De dónde provienen el bien y el mal?