domingo, 23 de octubre de 2016

Democracia directa: Así se vota en California

Las elecciones americanas son el martes 8 de noviembre, pero como yo voto por correo he votado hoy. Voté a Hillary Clinton para la presidencia, ya que las otras opciones van de lo impensable (Donald Trump) a lo inviable (Verdes, Libertarios y Paz y Libertad). Hillary nunca fue santa de mi devoción, pero aunque en las primarias voté a Bernie Sanders, por desgracia no ganó. Sin embargo, hay mucho más en estas elecciones que votar al nuevo presidente, También elegimos senador, diputado al Congreso federal, y diputado al Congreso del estado de California. Debido a nuestro sistema de primarias, las dos opciones para el Senado eran del Partido Demócrata (yo voté por Kamala Harris, Loretta Sánchez es demasiado conservadora para mi gusto). Las dos opciones para mi circunscripción del Congreso también eran las dos del Parido Demócrata: la veterana Karen Bass y un nuevo contendiente, Chris Blake Wiggins (los dos Afro-Americanos). Aunque Bass gana seguro y lo está haciendo razonablemente bien, yo voté por Wiggins, que parece tener un programa algo más progresista al defender un sistema único de salud y un impuesto para las ganancias del capital.

Pero lo realmente interesante son las proposiciones de ley para el estado de California. Éstas son medidas de democracia directa pura: se votan leyes en una especie de referendum que el estado tendrá que adoptar si sale mayoría. Aunque en España se piense mal de la democracia americana, con sus dos partidos conservadores, el hecho de que exista este sistema de democracia directa la hace bastante avanzada en algunos aspectos. Otra cosa que podrían aprender los políticos españoles es el sistema federal, que otorga amplia autonomía y poderes a los estados al mismo tiempo que mantiene una sólida cohesión nacional. Quién sabe, con un sistema así tal vez los catalanes no querrían marcharse de España. Pero veamos cuáles son las proposiciones de ley en California. Resulta que hay 17 en total, un montón, así que sólo voy a enumerar las más interesantes.

  • 64 - Legalización de la mariguana. Si sale tendremos mariguana legal en California, como ya lo es en Colorado, Oregón y Alaska. La mariguana sigue siendo ilegal a nivel federal, pero si la legaliza un estado tan grande como California van a tener que hacer algo al respecto. 
  • 60 - Uso de condones en pelis porno. Se trata de hacer obligatorio el uso de condones al filmar películas porno. Aunque puede parecer una buena idea en principio, cuenta con la oposición tanto del Partido Demócrata como del Republicano (incluso del Partido Libertario), así como de una gran número de organizaciones de derechos civiles, LGTB y mi héroe personal, Dan Savage. Esta ley intenta legislar lo que debería ser una elección personal del los actores y actrices porno, que se oponen masivamente a esta ley.
  • 57 - Facilitar la libertad provisional para delincuentes juveniles no-violentos. Ya era hora de que se reduzcan las medidas punitivas en EE.UU., que cuenta con una de las mayores poblaciones carcelarias del mundo.
  • 62 - Abolir la pena de muerte. A ver si sale, que ya era hora.
  • 58 - Posibilita la educación multilingüe y no sólo en inglés. Muy importante para la población Latina, que podrá mantener viva la lengua española. 
  • 63 - Requerir autorización para comprar armas de fuego. Dudo que salga, dado el poder que tiene el lobby de las armas de fuego en este país, pero hay que seguir intentándolo.
  • 67 - Prohibición de distribuir bolsas de plástico no reusables en tiendas y supermercados. Sabia medida ecologista para evitar el enorme daño que causan las bolsas de plástico al medio ambiente.
Las otras proposiciones son fundamentalmente medidas de carácter económico para subir algunos impuestos, como al tabaco (proposición 56) y para recabar fondos para colegios y universidades. 

En total, me hizo falta casi una hora y venir recabando información desde hace meses para emitir mi voto bien informado. Mi sobre de votación ya está cerrado y listo para ser enviado. Así votamos en California. 

viernes, 21 de octubre de 2016

Nuevo estudio sobre la economía de la prostitución

http://newsroom.ucla.edu/stories/the-economics-of-the-sex-trade


Un grupo de cuarenta estudiosos de las ciencias sociales que incluye economistas, sociólogos y antropólogos ha publicado un minucioso estudio de los mecanismos económicos detrás de la prostitución.

Los autores del libro usaron información recogida directamente de la internet, porque la prostitución sigue migrando de la calle al trabajo sexual puertas adentro. La compiladora del libro, Manisha Sha, una profesora de economía de UCLA, explica que la internet facilita el funcionamiento de mercados ilícitos a través de anuncios gratis, bajos costes de búsqueda e incluso revisiones de trabajadoras del sexo por sus clientes. 

"Los políticos necesitan comprender la diferencia entre prostitución voluntaria y tráfico de personas", dice Shah. "A menudo estas dos cosas se confunden. Los costes sociales del tráfico sexual son muy altos, mientras que los costes sociales sociales de la prostitución voluntaria son menores."

martes, 18 de octubre de 2016

Mi nueva novela "Para volverte loca"

En cada una de mis novelas he querido ir tocando aspectos distintos del amor y del sexo. En la primera abordaba sobre todo el tema del sadomasoquismo, la segunda tocaba los temas de la prostitución y la violencia machista, la tercera la dominación-sumisión y la bisexualidad, y la cuarta el poliamor y las relaciones sexuales entre varias personas. Aunque, claro, el BDSM sigue estando presente en todas ellas.

En "Para volverte loca" quiero tocar un tema poco conocido: la llamada "terapia de conversión" con la que algunas organizaciones religiosas han querido "curar" a los homosexuales. Es un tema fascinante que desarrollo en el ámbito de un hospital psiquiátrico muy peculiar, algo parecido al de la novela "Alguien voló sobre el nido del cuco". En ese hospital, Cecilia Madrigal, mi protagonista, se verá sometida a tratamientos degradantes al tiempo que va conociendo a personajes muy particulares.

Otra de las tramas de esta novela vuelve a tocar el tema de la prostitución, ésta vez desde el punto de vista de la vulnerabilidad de las prostitutas a ser explotadas por las mafias, y de cómo pueden organizarse para luchar por sus derechos.

Será el quinto libro de la saga que he titulado "La revolución erótica de Cecilia Madrigal". En él volverán a aparecer los personajes que han ido desfilando por las novelas anteriores: Julio, Laura, Malena, Lorenzo, El Chino, Johnny y, por supuesto, Cecilia... Sin olvidar a los "malos": Luis, don Francisco, Benito y Ángelo. Martina y Beatriz, dos personajes entrañables que aparecen por primera vez en "Escenas de poliamor", también volverán en esta novela. Y luego habrá mucho personajes nuevos.

¿Os apetece leerla? Pues pronto podréis hacerlo, pues he decidido ir colgándola en este blog conforme la voy escribiendo. Por ahora, tengo ya escritas 200 páginas para darme algo de margen. La historia tiene mucha acción desde el principio, espero que os enganche. 

domingo, 16 de octubre de 2016

Cómo leer libros electrónicos si no tienes tableta

Por ahora, mis cuatro novelas han sido publicadas sólo como libros electrónicos. Mucha gente se queja de que no tienen tableta, así que no pueden leerlos. En realidad, hoy en día existen muchas formas de leer libros electrónicos aunque no se tenga un iPad, un Kindle o una tableta parecida. Ahí van algunas ideas...

  • Si tienes un teléfono celular como el iPhone o con el sistema operativo Android, el teléfono es tu tableta. Sólo tienes que bajarte la aplicación kindle para iPhone/iPod (https://www.amazon.com/gp/help/customer/display.html?nodeId=200298460) o para Android (https://play.google.com/store/apps/details?id=com.amazon.kindle&hl=en). Es gratis. Bájate los libros electrónicos en formato MOBI para leerlos con la aplicación kindle. 
  • El iPhone también te permite leer libros electrónicos en formato EPUB con una aplicación propia. Búscala en tu iPhone o en el iTunes Store. También gratis. 
  • No aconsejo que leas libros en tu PC o en tu Mac. Resulta muy cansado para la vista. Pero, si te empeñas, también te puedes bajar el lector kindle al ordenador
  • Y, ya puestos a trabajar en el ordenador, hay un programa muy bueno para almacenar, organizar y leer libros electrónicos en el ordenador. Se llama Calibre  y es gratis. 
  • Además, Calibre se puede usar para convertir un libro de un formato electrónico a otro. Por ejemplo, puedes pasar un libro de formato EPUB (de Apple) al formato MOBI (de Amazon). 
  • O, si has escrito algo y lo quieres leer en tu tableta o en tu móvil, puedes usar Calibre convertir un fichero de texto de DOCX a MOBI o a EPUB. Eso es lo que hago yo para publicar mis libros. 
  • ¿Y qué pasa con el formato PDF de Adobe? Puedes convertir un libro electrónico a PDF usando Calibre. Sin embargo, no lo aconsejo porque se suele alterar mucho el maquetado y el formato de las páginas, resultando muy difícil de leer. 
  • Si vas a comprar libros electrónicos y no estás seguro de en qué formato los quieres, es mejor que los compres desde Smashwords.com (https://www.smashwords.com/), una tienda que te permite escoger el formato que quieras. Además, una vez que te compras un libro, puedes bajártelo en otro formato sin tener que volver a pagar. En cambio, Amazon sólo vende libros electrónicos en formato MOBI para su tableta kindle. 
De todas formas, pronto publicaré Juegos de amor y dolor y Escenas de poliamor en papel. Si te van más los libros hechos de árboles muertos, estate al loro... 

viernes, 14 de octubre de 2016

25 años casado

Ayer se cumplió el 25 aniversario de mi boda. Mañana, mi esposa y yo haremos una fiesta con familiares y amigos para celebrarlo.

En nuestra cultura se considera todo un éxito que un matrimonio dure tanto tiempo. A día de hoy, más de la mitad de los matrimonios acaban en divorcio. Al parecer, nadie se para a pensar que es mejor que un matrimonio termine a tener vivir año tras año con una persona a la que has dejado de querer, privándote encima de la posibilidad de establecer una relación mejor con otra persona.

Por suerte, no es mi caso. Aunque tenemos nuestros problemas y la relación ha pasado por varios altibajos, seguimos disfrutando del amor y del sexo. Pero también es verdad que nuestro matrimonio es poco convencional, y que si no lo fuera probablemente hubiera terminado hace tiempo. Pocos de los amigos que vendrán a la fiesta conocen nuestro secreto.

Practicamos el poliamor. Es una forma de poliamor bastante parejo-céntrica, es verdad. No formamos parte de un trío, una cuaterna u otra forma de "polécula" (término que sirve para denominar a comunidad de poliamor, donde varias personas están unidas por vínculos similares a los enlaces químicos en una molécula). De hecho, en estos momentos ni mi esposa ni yo tenemos amantes. Pero sí que los hemos tenido, no hace mucho tiempo, y probablemente los volvamos a tener. Lo más importante es la libertad de relacionarte con quién quieras sin estar bajo la espada de los celos. El poder contarnos que nos sentimos atraídos por otra persona, que incluso estamos empezando una relación con ella, y que eso sirva para establecer una complicidad mutua, para sentirnos más unidos al compartir la experiencia de la persona a la que amamos.

A mí me hubiera gustado que mi relación con mis amantes durara más tiempo. La que más duró fueron unos tres años, aunque nos veíamos con poca frecuencia y no llegamos a enamorarnos. Otra relación duró un año casi justo y fue muy intensa. La más reciente duró cinco meses. Poco tiempo si se compara con 25 años. El problema es que no estamos dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en estas relaciones que consideramos "secundarias". Yo estoy dispuesto a intentarlo, a trabajar más en serio si se me presenta otra relación. Y si no, no me puedo quejar, en mi vida no falta el amor. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

BDSM y estados alterados de consciencia - vídeo-conferencia

Se ha publicado en Vimeo el vídeo de la conferencia que di en Madrid el 25 de junio del 2016. El vídeo consiste en las diapositivas con el audio grabado de la conferencia. La charla dura 1 hora y 39 minutos, pero el vídeo permite saltar a las partes que os parezcan más interesantes. Éste es el enlace al vídeo:

https://vimeo.com/182298029

¡Espero que os guste!

lunes, 16 de mayo de 2016

La comunidad BDSM muestra un mayor rechazo a la violación

Un nuevo trabajo de investigación por parte de la University of Northern Illinois muestra que la comunidad BDSM ha desarrollado una cultura de consentimiento que lleva a una menor aceptación de los mitos sobre la violación, el machismo y el echarle la culpa a la víctima. Lo explica muy bien este artículo:

https://broadly.vice.com/en_us/article/bdsm-communities-are-less-rapey-than-the-general-population

sábado, 23 de abril de 2016

“La penetración es violación” - la controversia

Esta idea se le atribuye a Andrea Dworkin en su libro Intercourse (http://boards.straightdope.com/sdmb/showthread.php?t=312271) y ha sido fuente de una gran controversia durante décadas (https://www.quora.com/Why-do-some-radical-feminists-consider-PIV-to-be-rape-and-a-tool-for-the-subjugation-of-women). Por supuesto, el feminismo sexo-positivo que predomina en nuestros días la rechaza completamente, no sólo por absurda sino porque trivializa el crimen de la violación. Pero, por otro lado, ciertas feministas que se autodenominan “radicales” (aunque a menudo se alían con los conservadores) y que forman un reducto nada despreciable del feminismo anti-porno mantienen una postura un tanto ambigua ante la idea de que penetración equivale a violación. Algunas niegan que Dworkin escribiera esto, lo que parece ser verdad estrictamente hablando (http://radgeek.com/gt/2005/01/10/andrea_dworkin/), aunque también es cierto que Intercourse está escrito en un lenguaje enrevesado que sugiere esa idea sin llegar a afirmarla categóricamente. Lo cierto es que hay feministas “radicales” que la suscriben completamente (https://witchwind.wordpress.com/2013/12/15/piv-is-always-rape-ok/). Otras feministas la rechazan en principio, pero enseguida arguyen una serie de ideas parecidas (https://www.facebook.com/permalink.php?id=119311564818398&story_fbid=281146585301561), como que la penetración es un símbolo de dominación masculina, que la penetración no es una fuente de placer para la mujer o que la sociedad impone la penetración como la única forma de sexo (http://radicalprofeminist.blogspot.com/2011/04/andrea-dworkin-said-all-heterosexual.html). Lo preocupante es que esta idea ha sido absorbida por la cultura feminista en forma de una sutil oposición al sexo penetrativo y una actitud de sospecha frente al placer masculino en el acto sexual.  

sábado, 16 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (3)

De repente, una furia feroz le salió de dentro. No había derecho a que fuera a gozar de ella después de todo el daño que le había hecho. Ella, que le había ganado la partida a Luis con su cuadrilla de fachas, no iba a dejar que ese mequetrefe se saliera con la suya. Sabía que tenía el tiempo a su favor. Si conseguía resistir unos minutos más, lo tendría en su poder. ¡Y entonces se iba a enterar de lo que era bueno!

Se volvió súbitamente en la cama, encogió las piernas y lo golpeó en el vientre con los pies juntos, como le había hecho a Luis aquella noche funesta. Jack se dobló en dos y cayó de culo sobre el suelo. Ella se puso en pie de un salto y abrazó a Art por la espalda, interponiéndolo entre ella y Jack.

-¡Maldita puta! -masculló Jack entre dientes mientras se levantaba trabajosamente del suelo-. ¡Te vas a arrepentir de eso!

Jack se les acercó, intentando rodear a Art para pegarle, pero Cecilia lo hizo girar para mantenerlo entre ella y Jack. Art era como un pelele inerte en sus brazos.

-Art, you dumb ass! Get out of the way! -le ordenó Jack.

Art se debatió débilmente entre sus brazos, pero Cecilia se pegó aún más a él. Abrazándose a su cintura, le bajó la cremallera de los shorts, introdujo su mano en la bragueta y empezó a masturbarlo. Art se abandonó completamente a ella.

Jack la agarró del brazo con el que masturbaba a Art. Ella le pegó una patada, haciéndolo retroceder.

Respiraba entrecortadamente. Jack era más fuerte que ella. Si la atacaba con decisión no iba a poder resistir mucho tiempo. ¡Y sabe dios lo que le haría cuando la atrapara! ¿Es que esa dichosa droga nunca iba a hacerle efecto?

Jack le sonreía cruelmente. Se agachó, recogió sus pantalones del suelo y extrajo el cinturón de las hebillas. Intentó pensar en algo para entretenerlo.

-Mira en el bolsillo Jack. ¿Dónde están tus pastillas?

-No necesito pastillas. Quiero que sientas bien lo que te voy a hacer.

Saltó hacia ella, haciendo girar el cinturón alrededor de Art. El trallazo la alcanzó en mitad de la espalda, arrancándole un grito de alarma. Jack sonrió con satisfacción, preparándose para pegarle otra vez. Cecilia retrocedió hasta que su espalda chocó contra la cortina de la ventana.

-¡Encontré tus pastillas, Jack! Las tiré al váter… Todas menos una, que puse en el vaso del que bebiste en el cuarto de baño.

-¡Mentira! -gritó Jack, y la volvió a golpear con el cinturón. Esta vez la alcanzó en el muslo, levantándole un vivo escozor.

-¡No, no es mentira, Jack! Pronto empezarás a sentir los efectos.

Pero su propia voz sonaba insegura. Algo no funcionaba. ¿Y si la pastilla no se había disuelto en el agua? ¿Y si esas pastillas eran de otra cosa?

Retrocedió pegada a la ventana hasta quedar metida en la esquina, con el cuerpo de Art entre ella y el temible cinturón de Jack.

Jack quiso volver a pegarle con el cinturón, pero esta vez su brazo se movió con torpeza y el cinturón sesgó en aire a varios centímetros de la pierna de Art. Jack se quedó mirando su mano con la expresión de incredulidad de un borracho que no acierta a entender su incapacidad.

-¿Ves? Ya te empieza a hacer efecto la droga, Jack -dijo con triunfo.

Jack intentó una vez más golpear con el cinturón, pero apenas consiguió blandirlo un poco frente a él. Una expresión de terror se apoderó de su rostro al darse cuenta de lo que le estaba pasando.

-Enseguida voy a ser yo quien te pegue con tu propio cinturón. ¡Te arrepentirás de haber intentado violarme!

-¡No intenté violarte! Sólo… divertirnos… un poco…

El cinturón se deslizó entre sus dedos y cayó al suelo.

-¡Por supuesto que querías violarme! Primero intentaste drogarme. Y cuando eso no funcionó me pegaste e intentaste violarme a la fuerza.

Jack levantó las manos con las palmas hacia ella.

-All right! All right! -dijo arrastrando las palabras-. Lo siento, me pasé un poco… Me puse enfadado por lo que le haces al pobre Art.

-Yo no le hago nada malo a Art… Sólo divertirnos un poco… ¡Mira!

Extrajo la polla de Art de sus pantaloncitos, acariciándole el frenillo con el pulgar.

Jack tenía la mirada fija en ellos, la cara inexpresiva. Se tambaleaba ligeramente.

-¿Y tú, qué, Jack? ¿Tú no quieres “divertirnos un poco”?

Cecilia avanzó cautelosamente hacia él, manteniendo a Art delante de ella como escudo. Cuando llegó frente a Jack soltó a Art, quien cayó lentamente de rodillas al suelo.

Jack parecía estar paralizado. Abría y cerraba las manos. Los ojos la enfocaban y luego se perdían en el vacío. Debía estar luchando a brazo partido contra los efectos de la droga, que poco a poco se iba apoderando de su consciencia.

Se plantó delante de él, muy cerca y le agarró la polla, que se endureció en sus manos. Empezó a masturbarlo. Jack soltó un quejido, no sabía si de placer o de impotencia.

-¿Ves, Jack? Así podemos divertirnos un poco, como tú decías. ¿Te gusta? ¡Pues ya verás, esto te va a gustar aún más!

Se arrodilló delante de él, junto a Art, y acercó la polla a su boca. Jack dio un gemido de terror.

-¿Qué pasa? ¿Todavía tienes miedo de que te la muerda? Bueno, pues ya que no te fías de mí tendré que dejar que lo haga tu amigo. ¡Come on, Art, suck his cock…!

Empujó la cara de Art hacia la verga de Jack, le hizo abrir la boca y se le metió dentro. Para su satisfacción, Art empezó a chuparla con fruición. Se ve que no era la primera vez.

Jack miraba hacia abajo, los ojos clavados en la nuca de Art. Extendió las manos hacia su cabeza, como si quisiera apartarlo, pero no pudo hacerlo. Su mano derecha acabó sobre el pelo rubio de Art en un especie de lánguida caricia. Jack cerró los ojos.

Cecilia recogió el cinturón del suelo, se puso en pie y se plantó otra vez delante de Jack. Le sacudió un bofetón para hacerle abrir los ojos. Estiró el cinturón entre sus manos enfrente de él, sonriéndole maliciosamente.

-¿Qué, Jack, tú crees que la droga te impedirá sentir cómo te zurro con el cinturón? Supongo que nunca lo sabremos, porque mañana te habrás olvidado de todo. De todas formas, ya me ocuparé yo de que no puedas sentarte a gusto por un par de días.

Vio una última mirada de terror en los ojos de Jack antes de que se cerraran. Se tambaleó y se habría caído al suelo si ella no lo hubiera sujetado. Lo dejó tendido en el suelo y se las arregló para que Art volviera a chupársela.

Se sentía exultante. Contra todo pronóstico, le había ganado la partida. Había valido la pena todo el miedo que había pasado.

Se sentó en el sillón, masturbándose mientras los contemplaba. Jack parecía relajado, estremeciéndose de vez en cuando. Art tenía los ojos cerrados, cumpliendo su misión con la ayuda de una mano. Por fin vio a Jack sacudirse mientras eyaculaba en la boca de su amigo.

-¿Qué? No ha estado mal, ¿verdad? Bueno, ha llegado el momento de que saldemos esas cuentas que tenemos pendientes.

Apartó a Art y, cogiendo a Jack por los pies, lo hizo rodar hasta dejarlo tumbado sobre el vientre. Luego hizo que Art se sentara sobre su espalda, por si la droga no era lo bastante fuerte para inmovilizarlo.

De pie a su lado, empuñó el cinturón.

Jack gimió y se sacudió con cada trallazo que le dio en el culo. Intentó levantarse después del tercero, que debió ser particularmente doloroso, pero no pudo vencer el peso de Art en su espalda. Curiosamente, no sentía rabia al pegarle, a pesar del daño que le había hecho hacía un momento. En vez de eso se sentía exultante de poder y presa de un sadismo calculado y metódico. No era la primera vez que le pegaba a alguien con un cinturón y sabía bien como hacerlo. También sabía por experiencia propia lo que se sentía y el imaginárselo le producía una excitación profundamente sexual.

Jack se debatía y gemía bajo los golpes. Ciertamente, la droga no le impedía sufrir el castigo, pero sí que anulaba su voluntad y lo debilitaba lo suficiente para no dejarlo escapar de debajo de Art.


Estuvo trabajándole el trasero un buen rato hasta que lo dejó completamente cubierto de bandas color carmín y morado. Luego le atizó en los muslos, pensando en dejarle unas buenas marcas que tendría que lucir en público si se ponía en bañador.

Art parecía estar vagamente consciente de lo que estaba pasando, pero él tampoco parecía tener la presencia de ánimo para hacer nada. Hacia el final empezó a revolverse incómodo. Levantó la cara para mirarla, los ojos muy abiertos.

-¡Please, stop! -gimoteó-. ¡Please! ¡Please!

Cecilia dejó caer el cinturón y se sentó en el sillón a recuperar el aliento.

-¡Come here! -le ordenó a Art.

Art se levantó del cuerpo tembloroso de Jack y se le acercó en dos pasos vacilantes. Parecía que se le iban pasando los efectos de la droga. Se arrepintió de haber tirado el resto de las pastillas al váter. Pero la verdad es que tampoco podía haberse arriesgado a que Jack le hiciera tragarse una.

Cogió a Art de la mano y lo hizo sentarse en su regazo.

-I had to punish Jack because he was a bad, bad boy -le explicó como si hablara con un niño-. He hit me and tried to rape me. You were also a bad boy.

-No… I was good! I didn’t try… to rape you.

-Yes, you did! You knew that there was a drug in my drink… Didn’t you?

-I… I didn’t want to… -Se interrumpió, mirándola con ojos asustados.

Sonaba mucho más coherente ahora. Decididamente, se le estaba pasando el efecto de la droga. Tenía que hacer algo enseguida.

Lo hizo levantarse de su regazo y se puso a buscar por la habitación algo con que atarlo. Había unas cuerdas de nylon para abrir y cerrar las cortinas. Fue al cuarto de baño y rompió el vaso del que había bebido Jack. Luego, subiéndose al sillón, usó el borde afilado del cristal para cortar la cuerda de la cortina. Obtuvo dos segmentos de longitud adecuada para su propósitos

Se acercó a Art con una de las cuerdas. Estaba en pie, los brazos colgándole a los lados del cuerpo, mirándola con temor.

-Please, don’t hit me with the belt -le suplicó.

-Be a good boy and do what I tell you, and I won’t hit you with the belt.

-You promise?

-Yes, I promise… Take off your shirt.

Obediente, Art se quitó la camiseta. Ella procedió a atarle la muñecas tras la espalda. Art parecía estar todavía lo suficientemente drogado para dejarse hacer, mirándola con esa expresión mezcla de incredulidad y concentración que le daba la droga.

Cecilia se sentó sobre la espalda de Jack y usó otro segmento de cuerda para atarle a él también las muñecas a la espalda. El efecto de la droga aún le duraría un tiempo, pero mejor tenerlo atado por si acaso. No quería ser interrumpida en lo que iba a hacer.

Volvió junto a Art, le desabrochó los shorts y los dejó deslizarse piernas abajo hasta el suelo. Como había podido apreciar antes, no llevaba calzoncillos.

-I promised not to hit you with the belt, but you have been a bad boy, so I’m going to give you a good spanking.

-No, please! -protestó él débilmente.

-Será divertido, ya verás…

Su polla estaba medio empalmada y se endureció rápidamente cuando se la acarició. Tirando de ella, lo condujo al sillón y lo atravesó sobre su regazo. Él se dejó hacer, dócilmente.

El culo de Art era tan bonito como se lo había imaginado: redondito y apretado, muy pálido, cubierto de una fina pelusa rubia. Estuvo acariciándoselo y estrujándoselo un buen rato, disfrutando a tope de él. Luego le volvió a explicar en inglés que había sido un chico muy, muy malo, y empezó la azotaina. Más que para castigarlo, lo hacía para su propio placer. Disfrutó apreciando como la piel blanca de las nalgas iba a adquiriendo un bonito tono sonrosado, cada vez más oscuro. De cuando en cuando se detenía a sobárselas otra vez, saboreando el calorcito que emitían. Art gemía y pataleaba pero no intentó escapar del castigo, no sabía si por la docilidad que le daba la droga o porque, como le pasaba a ella, en el fondo disfrutaba de una buena azotaina. Notaba su polla bien tiesa restregándose contra sus muslos mientras él se retorcía de dolor en su regazo. Eso la excitó aún más, llevándola a pegarle cada vez más fuerte. Levantando bien la mano en el aire, hizo llover sobre ese culito tan mono azotes propinados con toda la fuerza que pudo sacar de sus brazos, hasta que su propia mano empezó a arderle.

Cuando finalmente lo hizo incorporarse, vio en su mirada de aprensión y respeto que lo tenía en su poder aunque se le pasaran los efectos de la droga.

-Ahora viene lo más divertido -le dijo en español.

-What?

No se molestó en explicárselo. Le sacó los pantaloncitos de los pies y lo llevó a la cama, donde lo hizo acostarse bocarriba. Le acarició la polla hasta que adquirió toda la dureza de la que era capaz. Era una verga muy bonita: larga, derecha y delgada. Sería un pecado desperdiciar una verga así.

Entre su ropa esparcida por el suelo encontró su cartera, de la que sacó un condón. Se lo puso cuidadosamente, ayudándose con la boca. Luego se colocó a caballo sobre él y se penetró con avidez con esa polla que tanto codiciaba.

A Art se le puso una sonrisa tontorrona en la boca. Le pegó un bofetón.

-¡No te equivoques, chaval! Aquí al que están follando es a ti.

Art la miró con incomprensión. Le retorció los pezones hasta que lo sintió tensarse de dolor bajo ella. En cuanto lo soltó, la sonrisa idiota volvió a los labios del chico. Se encogió de hombros y empezó a cabalgarlo lentamente, ajustando el ángulo de la penetración para maximizar su propio placer.

Él seguía con la docilidad que le daba la droga, pero no por eso dejaba de disfrutar de la follada. Varias veces arqueó las caderas, intentado imponerle su propio ritmo, y ella tuvo que volver a abofetearlo para impedírselo. Cuando vio que él estaba a punto de correrse, dejó caer todo su peso sobre su pubis para penetrarse hasta el fondo y relajó su vagina en torno a su polla de una forma especial que había aprendido a hacer cuando trabajaba de puta, negándole así la presión que necesitaba para llevarlo a la eyaculación. Art gimió de frustración.

Se quedó contemplándolo, presa de una súbita indecisión. Estaba buenísimo, desde luego, y su cuerpo le pedía a gritos volver a cabalgarlo a todo trapo hasta llegar al orgasmo. Pero Art la miraba ahora con esa sonrisa prepotente que le decía que sabía que ella no se iba poder resistir. En cuanto volviera a moverse, él se correría, y así se habría salido con la suya. No se lo merecía. Art había sabido desde el principio que Jack la iba a drogar y había cooperado completamente con él para hacerlo. Si lo hubieran logrado, sabe dios lo que le habrían hecho… La habrían enculado, seguro, estaba claro que eso es lo que pretendía hacer Jack. A saber a cuántas mujeres habían violado entre los dos.

No, no se merecía disfrutar de ella. Se le ocurrió un plan perverso que la excitó más aún que seguir follándolo. Se levantó bruscamente de él, abandonando su polla insatisfecha.

-What are you doing? -gimió Art-. Please come back!

Cecilia lo ignoró y fue a buscar a Jack, quien parecía medio dormido. Lo hizo levantarse del suelo, lo empujó dando traspiés hasta la cama y lo hizo acostarse al lado de Art.

Cuando le explicó a Art lo que quería que hiciera, él volvió a gemir y suplicar, rodando en la cama para alejarse lo más posible de Jack. Era lo que se esperaba. Recogió el cinturón de Jack del suelo y le dio un buen trallazo a Art en la delantera de los muslos. Él rodó en la cama para protegerse, lo que ella aprovechó para encajarle otro magnífico azote en el trasero. Con eso Art se mostró mucho más dispuesto a cooperar.

Fue al cuarto de baño y se enjabonó bien las manos. Volviendo a la cama, le quitó el condón a Art y usó la espuma de jabón en sus manos para lubricarle bien la polla y el culo de Jack. Hizo rodar a Art hacia la espalda de Jack y lo ayudó a penetrarlo.

¡Qué, Jack! ¡Me querías dar por culo y al final has sido tú quien ha salido enculado! Qué ironías tiene la vida, ¿verdad?

Bastó volver a enseñarle el cinturón a Art para hacerlo comprender que ella no se conformaría si no cumplía su cometido con el brío necesario. Luego él pareció encontrarle el gusto a la cosa y se puso a bombear el culo de Jack con fruición. Éste parecía vagamente consciente de lo que le estaba pasando. Gemía un poco con cada acometida, pero no hizo ningún esfuerzo para escapar. Algo debía de gustarle, a juzgar por la erección morcillona que había adquirido su polla.

Verlos follar la puso tope de cachonda. Se arrodilló a horcajadas sobre sus cabezas para verlos bien, masturbándose con gusto mientras los contemplaba. El trasero de Jack estaba cubierto de las bandas escarlata que le había dejado con el cinturón, mientras que el de Art tenía todavía el bonito color sonrosado de la azotaina, surcado por la banda rojo oscuro del último trallazo con el cinturón. Eran dos chicos malos cumpliendo el castigo que se merecían. Esa idea terminó de llevarla al clímax. Tuvo un par de orgasmos más antes de que Art lograra descargar su semen dentro de su amigo.

Art se puso a lloriquear y a quejarse en cuanto se le pasó la erección. Inesperadamente, eso le provocó remordimientos.

¿No me habré pasado un poco con ellos? A los tíos este tipo de cosas que les hacen dudar de su masculinidad les pueden resultar muy traumáticas. Quizás debería haber terminado de follar con Art y dejar allí la cosa.

¡No, qué va, se lo tienen bien merecido! A lo mejor sentirse un poco menos macho les quitan las ganas de violar a las tías…

Pero lo que yo he hecho es violarlos a ellos, ¿o no?

Le entró el ansia de irse de ahí cuanto antes.

Se vistió rápidamente. Jack se había quedado dormido. Art la seguía con los ojos, con mirada resentida.

Le desató las muñecas a Jack, haciendo caso omiso de las exigencias de Art de que lo desatara a él también. Si lo hacía era capaz de darle una paliza para vengarse. No, ya lo desataría Jack cuando se despertara.

Salió precipitadamente de la habitación.

En la calle el cielo empezaba a iluminarse sobre los montes con el inminente amanecer. Preguntando, le dijeron que el mejor sitio para encontrar un taxi era frente al hotel Magaluf Playa. Efectivamente, allí encontró varios taxis haciendo cola para llevar a los turistas con vuelos tempranos al aeropuerto.

En diez minutos estaba de vuelta en el chalet de los Santillana. Se metió en la cama diminuta de su cuarto diminuto y se quedó dormida instantáneamente.

martes, 12 de abril de 2016

Un problemilla en Magaluf (2)

(Fragmento de mi nueva novela Escenas de poliamor)



Era un hotel de segunda categoría, situado fuera de la primera línea de playa. La habitación estaba decorada con pretensiones modernistas. Contenía una cama de matrimonio y dos sillones forrados de plástico. El cuarto de baño daba a un corto pasillo de entrada. Art caminó de forma mecánica a uno de los sillones y se desplomó sobre él.

Por suerte, la atención de Jack estaba completamente centrada en ella. Se apresuró a quitarle la ropa y se puso a sobarla por todo el cuerpo. La besó y ella respondió con la misma pasividad con que lo había hecho Art, quien los contemplaba con mirada inexpresiva, despatarrado en el sillón.

Jack se separó de ella y se desnudó apresuradamente, dejando caer su ropa descuidadamente al suelo. Tenía una fuerte erección.

¡Ya está, éste me folla ya mismo! Es una pena, porque a mí el que me gusta es Art. Puedo descubrir el percal: “¡Ja, ja, no estoy drogada! Parece que le diste el cubata equivocado a Art… ¡qué gracia! ¿verdad? ¡Bueno, adiós, buenas noches! Encantada de haberos conocido.”

No, un tío que va por ahí drogando a las chicas seguramente no se lo va a tomar con buen humor. Puede ponerse violento…

Aunque si sigo fingiendo y me dejo, sería una violación… No es que me vaya a quedar traumada, por peores cosas he pasado… Es sólo que me jode que un hijo puta como éste se vaya a salir con la suya. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer?

Se moría de ganas de mear. Tampoco iba a ser muy agradable si la follaba con la vejiga llena.

Jack se le acercó. Le sobó un poco más las tetas y el culo. Le metió un dedo en la raja del coño.

-Wow! I got her really wet! Do you want to feel how wet she is, Art?

Era verdad: estaba muy mojada. La situación no dejaba de ser excitante.

-Art?

Jack dejó de manosearla y se volvió a mirarlo.

-Art, do you want to touch her, too?

Art balbució algo incoherente. Jack se le acercó y le cogió la cara entre las manos.

-What’s wrong with you, Art?

-I’m all right -dijo Art arrastrando las palabras.

-You are a real light weight, man! A little dope and a little booze and you’re out!

¡Tengo que hacer algo, enseguida!

La solución era muy sencilla. Cecilia dejó escapar el pipí, que cayó formando una pequeña cascada sobre el suelo. Jack lo oyó y se volvió inmediatamente a mirarla.

-What the hell are you doing, girl? Stop! Fuck! Fuck!

Intentó arrastrarla del brazo al cuarto de baño, pero ya era demasiado tarde. Su meada había terminado, dejando un gran charco de orina sobre el parqué. Jack la miró consternado.

-Shit! Look at the bloody mess you’ve made!

 Se volvió a mirar a Art.

-Art, give me a hand cleaning this up.

Art se levantó despacio del sillón y se arrodilló junto a ellos. Empezó a empujar la orina con las manos.

-What are you doing? Are you out of your mind?

Art levantó la vista hacia él con una expresión de incomprensión.

-What we need is something to soak it up. All right, wait here, I’ll take care of it…

Jack se metió en el cuarto de baño.

Esa era su oportunidad. No había un instante que perder.

-Where are the pills, Art? -le preguntó.

-The pills? -dijo Art con la mirada perdida en el vacío.

-Yes, the pills… The pills that he put in my drink.

-His pocket…

Cecilia se abalanzó sobre los pantalones de Jack y rebuscó en los bolsillos. Lo encontró enseguida: un sobre con algo dentro que parecían pastillas. No se detuvo a indagar, escondió el sobre en su puño y volvió a ponerse de pie en medio del charco de orina. Justo a tiempo: Jack salió del cuarto de baño con un puñado de papel higiénico y un par de toallas. Se quedó mirándola, pensativo. ¿La había visto moverse? Cecilia se concentró en mirar al vacío con la misma mirada perdida que tenía Art.

Jack le tiró las toallas y el papel higiénico a Art, quien seguía arrodillado en el charco de orina.

-Here, use this! -Luego se volvió hacia ella-. You’re a bloody mess! I better throw you in the shower.

La condujo al cuarto de baño. Cecilia lo siguió mansamente, metiéndose en la bañera cuando él la llevó hasta el borde. Jack abrió la ducha. Un chorro de agua fría le cayó directamente sobre el pubis. Se estremeció un poco, pero no intentó esquivar el agua. Al menos ya no tendría que pasar más tiempo mojada con su propia meada.

Jack la miró un momento, luego se dio la vuelta y salió del cuarto de baño.

Cecilia respiró aliviada. Había estado temiendo que descubriera el sobre de pastillas en su puño. Salió inmediatamente de la bañera y lo miró: el papel estaba todavía bastante seco. Prestó oído a lo que pasaba en la habitación. Jack le decía algo a Art, luego oyó un sonido a chapoteo. Al parecer, Jack se había puesto a recoger él mismo el pipí del suelo con las toallas. Eso le daba unos segundos.

Con el corazón latiéndole a todo trapo, vació el sobre junto al lavabo. Dentro había tres pequeñas píldoras blancas. ¿Qué hacer? Había dos vasos de cristal que sobre el lavabo. Si le pasaba como a ella, Jack tendría sed después de bailar en la discoteca. Rápidamente, aplastó una de las pastillas con el culo de un vaso y empujó el polvillo resultante al borde del lavabo y dentro del vaso. Dejó ese vaso junto al lavabo y escondió el otro tras la taza del váter. Tiró el sobre y el resto de las pastillas al váter.

Jack le decía algo a Art en el dormitorio. Sonaba irritado. Corrió a volver a meterse bajo la ducha, dejando que le cayera el agua fría en la cara para despejarla. Cuando abrió los ojos vio que Jack la miraba desde la puerta.

-No estás drogada… ¡Estás pretendiendo! -exclamó.

Cecilia permaneció inmóvil bajo el chorro de agua fría, deseando contra toda esperanza que Jack decidiera que se había equivocado.

Él abrió la cortina de la ducha de un golpe y cerró el grifo.

-¡Maldita perra! ¡Has drogado a Arthur!

Siguió fingiendo su pose de zombi. Era lo único que podía hacer.

Jack la hizo volverse hacia él de un tirón en el brazo. Luego le sacudió un bofetón con el revés de la mano, derribándola en la bañera.

¡Cómo he podido ser tan tonta de pensar que podía ganar a este juego! ¡Tenía que haberme marchado en cuanto me di cuenta de lo que hacían!

-¡Para de pretender! ¡No me engañas! ¡Te voy a enseñar!

Jack la miraba apretando los puños, el rostro contraído en una máscara de ira.

Intentó ponerse en pie. Quizás podría salir corriendo de la bañera y escapar a la calle, aunque fuera desnuda. No sería la primera vez que huía desnuda por las calles. Seguramente alguien la ayudaría.

Jack la volvió a derribar de un tortazo. Se metió en la bañera y la emprendió a patadas con ella. Cecilia se hizo un ovillo en el fondo de la bañera, intentando encajar los golpes lo mejor que podía. No pudo evitar sollozar de miedo y de dolor.

Jack dejó de pegarle. Lo oía jadear sobre de ella. Oyó abrirse un grifo y correr el agua. Se atrevió a abrir un ojo y mirarlo a través de sus greñas.

Jack estaba bebiendo del vaso que había dejado sobre el lavabo.

Volvió a cerrar los ojos, antes de que su mirada la delatara.

¿Se habrá disuelto la pastilla en el agua? ¿Cuánto tiempo tardará la droga en hacerle efecto? ¿Media hora? ¡Joder, en ese tiempo pueden pasar muchas cosas! Como siga pegándome me va a hacer daño de verdad.

-¡Por favor, no me pegues más! -le suplicó entre lágrimas-. Haré lo que tú me pidas. ¡Cualquier cosa!

Jack la agarró del pelo y la levantó hasta ponerla de rodillas. Acercó su cara a su polla. Estaba empalmada.

-¿Sí? ¿Vas a chupar mi polla?

Cecilia la cogió en la mano. Iba a metérsela en la boca cuando Jack la volvió a derribar de un tortazo.

-Para morderla, ¿verdad? ¡No guapa! Conozco los trucos. No… ¡Voy a darte por culo!

La volvió a agarrar del pelo para hacerla ponerse en pie. La hizo salir de la bañera y le tiró una toalla.

-¡Seca!

Cecilia empezó a secarse cuidadosamente, sin quitarle la mirada de encima por si volvía a pegarle. Lloraba de rabia. Tenía magullados los muslos, el culo y la espalda. Le ardían las mejillas de los bofetones y tenía el labio hinchado. Pero ahora al menos tenía la esperanza de poder ganarle la partida. Se puso a secarse el pelo con la toalla, intentando ganar tiempo.

Jack, obviamente, no estaba dispuesto a dejarla. Le quitó la toalla de un manotazo y la empujó fuera del cuarto de baño.

Art estaba todavía arrodillado en el suelo, frotándolo fútilmente con una toalla.

-Leave that, you dumb fool! Come on! Stand up!

Jack agarró a Art de las manos y lo hizo ponerse en pie. Él se quedó  mirándolos con gesto inexpresivo. Jack negó con la cabeza.

-I guess you’re in no shape to fuck her… Well, too bad!

La volvió a agarrar del pelo y la empujó sobre la cama, dejándola doblada sobre el borde. Cecilia supo lo que se le avecinaba y apretó los puños con impotencia. Disimuladamente, se volvió a mirarlo. Estaba frotándose la polla para aumentar su erección. Se escupió en la mano y se le acercó por detrás. Lo de que le iba a dar por culo iba completamente en serio. Así, con un poco de saliva por todo lubricante, iba a resultar doloroso.