domingo, 6 de octubre de 2013

Castigar sin pegar (en una relación D/s)

Muchas relaciones de dominación-sumisión (D/s) usan castigos como una forma de poner de manifiesto el poder que el dominante ejerce sobre la sumisa y para hacer que ella entre en un espacio mental de sumisión. Lo más corriente es que el dominante castigue administrando dolor, usando la amplia parafernalia que pone a su disposición el sadomasoquismo (SM): varas, fustas, látigos, correas, pinzas, etc. Sin embargo, con frecuencia las relaciones D/s son también SM, lo que viene a crear la paradoja de que los mismos métodos e instrumentos se usan para jugar y para castigar. La solución a esta paradoja suele ser usar una mayor dureza en los castigos que en el juego, y crear un contexto que deje bien claro que se está castigando el mal comportamiento de la sumisa. Sin embargo, la ambigüedad persiste, y si la sumisa es además muy masoquista siempre disfrutará en cierta medida del supuesto castigo, por duro que sea. Un problema similar es que frecuentemente el dominante quiere entrenar a la sumisa en que disfrute del dolor erótico que proporcionan los azotes, el bondage, las pinzas y demás implementos del sadomasoquismo. En este caso, usar el dolor como castigo tendrá el efecto contrario: el asociarlo con emociones negativas y rechazo por parte del dominante.

Por estas razones, es conveniente que el dominante tenga a su disposición una gama de castigos que no consistan en pegar, que incluso no se basen en el dolor. En su elaboración hay que tener en cuenta, por supuesto, los principios de “seguro, sensato y consensual”: los castigos no pueden nunca dañar la salud o la integridad física de la sumisa (“seguro”); no deben causar daños emocionales (“sensato”), y deben de aplicarse siempre con el consentimiento de la sumisa. De hecho, se debe establecer de antemano que la sumisa siempre puede interrumpir el castigo con el uso de su palabra d seguridad. Además, es posible encontrar castigos que sirvan para mejorar a la sumisa en algún aspecto: en su salud, en su fortaleza física o en su espíritu de sumisión. De acuerdo con todo esto, he aquí una lista de posibles castigos.

-Ducha de agua fría. El agua fría es sumamente saludable: libera endorfinas, incrementa la resistencia a las enfermedades, espabila y aumenta el metabolismo, ayudando a perder peso. Contrariamente al mito popular, el frío no ocasiona resfriados; éstos son enfermedades virales que se adquieren por contagio. El único riesgo es el de la hipotermia, pero llegar a eso requeriría una ducha muy prolongada o con agua muy fría (por debajo de los 10 C).

-Ejercicio físico. Sus efectos beneficiosos para la salud son incuestionables. Habrá que encontrar una forma de ejercicio lo suficientemente desagradable para que sirva de castigo, por lo que preferiblemente será monótona y extenuante. El dominante recurrirá a lo que tenga a su disposición. Por ejemplo, se pude usar una bicicleta estacionaria, o hacer que la sumisa suba y baje escaleras o de vueltas a la manzana corriendo.

-Sin fumar. Si la sumisa es fumadora, su adicción proporcionará al dominante uno de los castigos más eficaces y también con efectos de lo más saludable. Un día o dos sin fumar puede servir para someter a la sumisa más rebelde.

-Ayuno. ¿Necesita la sumisa perder peso? Si es así, saltarse una o dos comidas le puede venir fenomenal. Sin embargo, también hay que tener cuidado: muchas mujeres son muy sensibles a la hipoglucemia, mucho más que los hombres. El ayuno para quien no está acostumbrado a él puede interferir seriamente con el trabajo, la capacidad para conducir y otras tareas esenciales.

-Dietas de castigo. Si el ayuno no es conveniente para la sumisa, se la puede dejar comer pero cosas que no le proporcionen placer. Un castigo moderado puede ser un día sin chocolate o dulces. Si se necesita ser más severo, se pude imponer una dieta a base de arroz blanco y lechuga sin aliñar.

-Cambios en el vestuario. Muchos dominantes le quitan las bragas a su sumisa como forma de castigo, aunque para muchas mujeres esto es una fuente de excitación más que una penitencia. Una variante de este castigo es la de “bragas a media asta”: se bajan las bragas hasta la parte alta de los muslos para dejar expuestos el culo y el coño bajo la falda. Además de la sensación de desnudez, hay un recuerdo continuo de estar siendo castigada, incomodidad y algo de dificultad al andar. También se pude hacer que la sumisa vista prendas humillantes, incómodas o de mal gusto. Para algunas mujeres, no hay castigo peor.


-Copias. ¿Habéis visto a Bart Simpson escribiendo en el encerado? El hacer que el alumno escriba repetidamente la misma frase era un castigo frecuente en los colegios. Tiene las ventajas de ser algo muy fácil de comprobar y muy difícil de evadir. La sumisa tendrá que resignarse a pasar un cierto tiempo dedicada a un trabajo aburrido y monótono.

-Encierro. Preferiblemente en un armario o en un cuarto oscuro, como el que se usaba para aterrar a los niños. Pueden añadirse ataduras para inmovilizar más aún a la sumisa, o forzarla a estar de pie o en alguna otra postura incómoda. El encierro puede ser muy saludable, pues suele llevar a la sumisa a un estado mental parecido a la relajación. No debe prolongarse demasiado o usarse en personas que sufran de claustrofobia.

-Sin masturbarse. La privación de satisfacción sexual es algo que las dominatrices usan a menudo en los hombres, pero puede ser igualmente efectivo en las mujeres. La mayor parte de las sumisas no osarán masturbarse sin el permiso del dominante. Si no, se las puede atar a la cama con las piernas separadas y de forma que las manos no puedan llegar más abajo de las caderas.

-Sin orgasmo. Otra forma de privación sexual es ordenar a la sumisa a no tener orgasmos mientras es usada por el dominante para su propia satisfacción. La frustración que esto conlleva puede ser una castigo de los más efectivo.

-Tareas domésticas. Castigo muy adecuado para sumisos, quizás menos apropiado para mujeres que las tienen que realizar de todas formas. En ese caso se puede enfatizar que se trata de un castigo con toques adicionales como estar desnuda, llevar con zapatos de tacón o siendo penetrada por un consolador o un “butt plug”.

Por regla general, un castigo debe ser lo más inmediato posible y de duración limitada. Esto último dependerá de qué castigo se trate, claro está. Encierros y ejercicios físicos no deberán durar más de una hora, mientras que cambios en la dieta y prohibiciones de fumar o masturbarse deben durar alrededor de un día para ser adecuadamente severas. Un castigo bien cumplido debe borrar completamente la ofensa y ser reconocido con caricias, besos y otras demostraciones de afecto por parte del dominante. Sin un castigo es particularmente severo, esto deberá ser reconocido por el dominante, quien mostrará su admiración a la sumisa por haberlo sobrellevado.

Hay ciertos tipos de castigos que nunca deben usarse… En general, cualquier cosa que pueda causar un profundo daño emocional a la sumisa, como ponerla celosa o privarla de algo realmente valioso para ella. He oído decir que el peor castigo para una sumisa es que el dominante la prive de su atención, pero en mi experiencia esto suele salir mal. Lo que suele ocurrir es que esto lleva a una falta de comunicación entre el dominante y la sumisa que tiende a empeorar el problema inicial. El castigo tampoco debe considerarse como una solución a problemas de la relación. Éstos deben ser resueltos en plano de igualdad, y si después de hacerlo la sumisa reconoce que debe ser castigada se procederá a ello. No hay que olvidar que la regla de “consensual” significa que la sumisa acepta plenamente cada uno de los castigos que se le imponen. Nunca se debe castigar bajo el chantaje de romper la relación.

Por último, quiero señalar que el castigo, aunque desagradable, no debe ser una fuente de infelicidad para la sumisa, pues se da en el contexto de la relación D/s que debe hacerla feliz. La sumisa verá el castigo como una demostración del poder que el dominante tiene sobre ella y eso le gustará, llegando quizás a excitarla sexualmente. El llamado “fetiche de castigo” es un componente importante de las fantasías de D/s. Consiste en que la misma idea de ser castigada resulta excitante. Todo eso está bien. El dominante puede darse cuenta de que el castigo en cierta medida le está gustando a la sumisa, pero esto no debe preocuparle. La dinámica de poder funciona de todas formas, y si no fuera por esa capacidad de gozar aún de los castigos más desagradables, la sumisa nunca habría elegido serlo.

martes, 17 de septiembre de 2013

Autoengaño

"El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y que tú eres la persona más fácil de engañar."
Richard P. Feynman

Todos tenemos una series de valores éticos fundamentales a partir de los cuales empezamos a construir todo los demás. Para los científicos como Richard Feynman, la búsqueda honesta de la verdad es esencial. Tiene su lógica, porque si no apreciamos la verdad, ¿cómo podemos estar seguros de todo lo demás? El científico lo pone todo al servicio de la búsqueda de la verdad, pero no se conforma con la verdad que ha encontrado, sino que duda de ella y sigue buscando. Porque, como dice la cita, no hay nada más fácil que engañarnos. La aplicación sistemática de este principio, el pulir constantemente nuestros instrumentos de conocimiento, ha producido lo más valioso de toda la historia de la humanidad: ese cuerpo de conocimientos que llamamos ciencia.

El no autoengañarse, el aceptar la verdad aunque no nos guste, también puede tomarse como un principio para guiar nuestras vidas. Vivir con los ojos abiertos, intentar ver las cosas como son, ¿no es esa una manera de vivir que vale la pena? El Budismo abraza ese principio: es una religión basada en curar el sufrimiento, y según ella la raíz del sufrimiento es la ignorancia. Por lo tanto, hay que esforzarse en descubrir la verdad, una verdad interior que saldrá a la luz a base de meditación, de examinar cuidadosamente cómo vivimos nuestras vidas.

Sin embargo, otras religiones se basan en el principio contrario: el aceptar sin cuestionar una serie dogmas de fe. ¿Cómo puede esto ser ético? ¿Cómo puede justificase el creer algo sin evidencia que lo respalde? Tener fe se considera algo bueno, cuando en realidad es completamente inmoral. Si la búsqueda de la verdad es un saludable principio por el que regir nuestras vidas, no puede haber disculpa alguna para aceptar algo como verdadero simplemente porque otras personas nos dicen que lo es, sin aportar prueba alguna.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Felicidad

¿Qué es la felicidad?

¿Es acaso la felicidad una emoción? Es cierto que cuando se es feliz se tienen más emociones positivas, como la alegría, el amor y la compasión, y menos emociones negativas, como la tristeza, la ira o el miedo. Pero es posible ser feliz estando triste, y siempre habrá quien diga que es feliz con la energía que le aporta la cólera o incluso el miedo. Por lo tanto, si bien la felicidad depende en gran parte de nuestras emociones, dudo que sea una emoción en sí.

Todo el mundo dice que el dinero no trae felicidad, pero ¿es eso cierto? Algunos estudios que se han hecho sobre la felicidad indican que la gente más feliz son los que se encuentran en el medio del espectro de riqueza. Los muy pobres no son felices, pero tampoco lo suelen ser los muy ricos. Al parecer, no se pude ser feliz si no se tienen cubiertas una serie de necesidades básicas. ¿Y los ricos? Quizás el tener muchas posesiones acarre un alto grado de preocupación, y eso haga disminuir su grado de felicidad. Por la misma razón, las personas demasiados ambiciosas no son muy felices: no se lo permiten serlo a sí mismos hasta haber conseguido sus objetivos. Y cuando lo consiguen puede ser peor; el ver que ni aún eso los llena los puede ocasionar una gran frustración. Los famosos suelen morir jóvenes; muchos incluso se suicidan o se autodestruyen a base de alcohol o de drogas.

Esos mismos estudios de neurociencia sobre la felicidad (por ejemplo, los realizados por Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin) apuntan que cada persona tiene un punto fijo de felicidad. Al recibir una gran alegría nos sentimos muy felices, y una tragedia en nuestra vida nos hace sufrir, pero los dos son estados pasajeros, y al cabo de un tiempo volvemos a nuestro punto fijo de felicidad. Los más afortunados tienen un punto de felicidad alto y se las apañan para sentirse felices la mayor parte del tiempo. Pero también están aquellos que se pasan la vida en un permanente estado de melancolía. ¿No es eso, en definitiva, lo que es la depresión? Alguien que esté pasando una profunda depresión puede llegar a sentirse tan infeliz que decida suicidarse. Quizás entonces la felicidad dependa simplemente de determinados parámetros bioquímicos, de la particular mezcla de neurotransmisores que tengamos en el cerebro. La nueva escuela de materialistas a ultranza a los que les gusta negar el libre albedrío se apresurarán a afirmar que la felicidad es simplemente genética, y que podemos corregir nuestra deficiencia en ese sentido a base de pastillas.

Pero yo creo que eso es simplificar demasiado las cosas. Para empezar, aunque sea verdad lo del punto fijo de felicidad, es difícil saber si lo que lo fija son los genes o nuestras experiencias vitales (es decir, el entorno en el que hemos crecido). Seguramente será una mezcla de las dos cosas. En segundo lugar, hay un mínimo de circunstancias que parecen necesarias para ser feliz; es difícil alcanzar la felicidad cuando se vive en pobreza extrema, cuando se carece de libertad o cuando se vive en soledad, sin nadie que nos quiera. En tercer lugar, cada vez parece más claro que determinadas prácticas, como el ejercicio físico y la meditación, hacen aumentar el grado de felicidad de la gente. En cuarto lugar, una persona no puede ser feliz independientemente de la felicidad de las personas que lo rodean; existe algo llamado empatía que nos hace sufrir cuando vemos sufrir a otros y nos hace felices cuando estamos rodeados de felicidad.

Los seres humanos somos sumamente complejos y nuestro sufrimiento o nuestra felicidad no se pude explicar simplemente a base de genes y neurotransmisores en el cerebro. En realidad, no sabemos qué es la felicidad. La única manera que tenemos de medirla es preguntarle a la gente si es feliz. Y la respuesta que nos darán estará fuertemente condicionada por sus creencias. No se trata sólo de que algunas personas se sienten condicionadas a responder que son felices porque si no lo fueran eso se vería como un fracaso de su particular religión o ideología. Se trata también de que cada cual evalúa su felicidad en función de su sistema particular de valores. Para algunos, ser feliz es ser libres. Para otros, es vivir en una sociedad justa, o ser famosos, o poderosos. Si creemos que vivimos como hemos elegido vivir, o que hemos cumplido nuestros objetivos, nos recompensamos permitiéndonos ser felices. O quizás es que cuando creemos que somos felices, empezamos a serlo de verdad. Por lo tanto, la felicidad sería algo que está intrínsecamente condicionado con nuestras ideas y nuestro sistema de valores. ¿O no? Quizás sólo nos engañamos haciéndonos creer a nosotros mismos que somos felices cuando en realidad no lo somos. ¿Cómo podemos saber si somos tan felices como nuestro vecino, cuando nunca podemos experimentar lo que él experimenta?

¿Es la felicidad realmente el objetivo fundamental de nuestra vida? Tendemos a creer que es así, pero, ¿qué pasaría si nos ofrecieran ser completamente felices a cambio de volvernos tontos? ¿O de auto-engañarnos? No creo que fuera yo el único que no aceptaría la felicidad a cambio de la estupidez o de la ignorancia. O, dicho de otra manera, una felicidad que nos privara de algo esencial para ser humanos no debería ser tal felicidad. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

La guerra de los sexos en dos vídeos


El primer vídeo es de la canción "Blurred Lines" ("Líneas borrosas") de Robin Thicke (el guaperas con rizos y ojos azules), con Pharrell (el moreno de expresión dulce) y T.I. (el del coco afeitado que rapea). Tiene 17 millones de vistas en You Tube. Traducir la letra no me resultó nada fácil, pues tiene bastante slang, por lo que traducir literalmente al español no tiene mucho sentido. Así que lo he hecho un poco a mi aire, sustituyendo las frases hechas del inglés por expresiones parecidas del cheli madrileño.

Lo del “líneas borrosas” se refiere a lo que es permisible y lo que no lo es cuando se seduce a una mujer. Se trata de cómo Robin Thicke intenta seducir a una mujer que quiere serle fiel a su novio - ser una “buena chica”. Él le dice que la quiere liberar de ese novio carca (“square”) porque a él le gusta pervertir a las buenas chicas, sobre todo si tienen un buen culo y son “la perra más caliente de este sitio”… Bueno, ya pillas la idea. Aquí está el vídeo con la canción. Mi traducción de la letra está más abajo. Pondré la letra original en inglés en los comentarios.




¡Todo el mundo en pie!
¡Todo el mundo en pie!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey

[Robin Thicke]
Si no puedes oír lo que intento decid
Si no puedes leer de mi misma página
Puede que me esté volviendo sordo,
puede que me esté quedando ciego,
puede que esté perdiendo la cabeza.

OK, [tu novio] casi lo consigue, intentar domesticarte
Pero tú eres un animal, nena, es tu forma de ser.
Déjame liberarte.
Hey, hey, hey
No necesitas papeles.
Hey, hey, hey
Ese hombre no es tu creador.

Y es por eso por lo que voy a coger a una buena chica.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!

De qué están hechos los sueños
Cuando tienes puestos tus vaqueros
A quién le hace falta vapor
cuando eres la perra más caliente de este sitio.
Tengo mucha suerte, quieres abrazarme
Hey, hey, hey
¿Qué rima con “abrazarme”?
Hey, hey, hey

OK, casi lo consigue, intentar domesticarte
Pero tú eres un animal, nena, es tu forma de ser.
Déjame liberarte.
Hey, hey, hey
No necesitas papeles.
Hey, hey, hey
Ese hombre no es tu creador.
Hey, hey, hey

Y es por eso por lo que voy a coger a una buena chica.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
(Odio esas líneas)
Sé que lo quieres.
(Odio esas líneas)
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.

[T.I.]
Una cosa que te pido
Déjame ser el tipo al que le des ese culo.
¡Vamos! De Malibú a París, nena.
Sí, tengo una buena máquina, nena.
Así que dame un toque cuando pases por aquí
y te daré algo lo suficientemente grande para partirte el culo en dos.
Tal y como te contoneas, incluso cuando no vas muy bien vestida,
quiero decir, que no lo resisto…
Ni en cien años me atrevería
a hacerte un Pharcyde (“no hacerte caso”, referencia a un grupo musical), dejarte pasar.
No soy como tu último chico, él es demasiado carca para ti.
Ni te da un azote en el culo, ni te tira así del pelo.
Así que te observaré, te diré adiós con la mano, esperando a que me saludes.
Pero no me elegiste.
No hay muchas mujeres que puedan resistir un ataque como éste.
Soy un tipo agradable, pero te equivocarías si te lo montaras conmigo.

[Robin Thicke]
Mueve tu trasero, baja, sube
hazlo como si te doliera, como si te doliera
Aunque no te guste, funciona.
[Los globos en la pared dicen “Robin Thickie tiene una gran polla”]

Nena, ¿puedes respirar?
Me agencié esto en Jamaica
Siempre me ha funcionado, de Dakota a Decatur, uh huh
No finjamos más,
Hey, hey, hey
Porque ahora estás ganando
Hey, hey, hey
Este es nuestro comienzo.

Siempre quise una buena chica,
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Eres una buena chica.
No puedo dejar escapar la ocasión.
No eres, para nada, de plástico.
Menudo flechazo.
[Pharrell] ¡Todo el mundo en pie!
Odio esas líneas borrosas.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Sé que lo quieres.
Pero eres una buena chica.
La manera en que te agarras a mí
Seguro que quieres un revolcón.
Vale pues hazlo, consígueme.

¡Todo el mundo en pie!
¡Todo el mundo en pie!
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey

¿Qué? ¿Os parece un poco machista?

Quien sí piensa que sí que es una canción (y un vídeo) machista son Zoe Ellwood, Olivia Lubbock and Adelaide Dunn, tres estudiantas de Derecho de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, quienes compusieron una canción en respuesta titulada "Defined lines" ("Líneas definidas"). Con la ayuda de tres compañeros de buen ver la montaron en este segundo vídeo, que parodia al primero. Aquí las mujeres están vestidas (y muy bien vestidas, por cierto), y los hombres desnudos. Hay numerosos apuntes a un ambiente de dominatrices y sumisos, y referencias al BDSM mucho más explícitas que en el primer vídeo. Aunque éste vídeo está hecho en plan amateur, se hizo viral en You Tube, con más de 600,000 vistas. Fue censurado un tiempo por "contenido sexualmente inapropiado"; para luego reconocer You Tube que había cometido un error.

 

(Anuncio: "Ningún hombre fue dañado al hacer este vídeo")

¡Qué se callen todos los machistas!
¡Qué se callen todos los machistas!

Hey, hey, hey
Hey, hey, hey
Hey, hey, hey

Chico, más te vale dejar
todos tus hábitos sexistas
así que escucha nuestro manifiesto
de la era moderna.
Es hora de minar
los confines de la masculinidad
porque no queremos que nos jodan.

Te crees con mucho estilo
déjame emascularte
porque tu preciosa polla
puede ser mi vibrador.

Sentimos la frustración
de toda esa explotación
prepárate para tu castración
porque vamos a joder
este mundo de hombres
con toda sus patrañas
las chicas no se lo merecen
y por eso renunciamos a él.
¡No somos buenas chicas!
Somos escolásticas
astutas y sarcásticas.
No un puto plástico.
¡Escuchad, hombres!

Si quieres echar un polvo
no me acoses
no puedes simplemente llegar y agarrarme
¡Eso es un crimen sexual!
Sí, no queremos nada de eso
es chauvinista
y tú tan machista.

Lo que ves en televisión
no habla de igualdad
está lleno de misoginia.
¡No quiero que te corras en mi cara!
Te crees muy macizo
dices que quieres abrazarme
pero quieres decir follarme.

Te pido una cosa
no asumas que todas queremos follar
Tienes que respetarme si quieres que sea tu chica
No queremos ningún gilipollas a quien desaprobemos.
Necesitamos una inversión de roles universal
en la vida real
no como un ensayo.
Debemos resistir los roles de género
Tenemos que poner a la misoginia en libertad condicional
Y a la explotación en arresto domiciliario
Ya es hora de que seas testigo de nuestra liberación.
Hay más cosas en la vida que la penetración
y la discriminación sexual.

Así que esta noche ponemos en marcha nuestros derechos civiles
Resistimos el chauvinismo y ganamos la batalla
porque tu vivir a gusto
es sólo un montaje
de tú y tus amigos jugando al Entourage.
Pero no somos putas que te hagan las tareas domésticas
o te preparen un bocata
a cuatro patas.

Desde la Historia de Él a la Historia de Ella
Ya sé que tienes opiniones que no compartimos
Necesito llamar a mi hermana Juana de Arco
¡Guisa un pastel feminista
Antonieta María!

Sí, tíos, tenemos espías
Y todo lo que vosotros queréis hacer es fertilizar.
Pero apartad la vista de nuestros muslos.
Nunca le digas a una perra que tiene que adelgazar
¿Quieres follar? Enséñame tu tableta
¿Quieres una “pista de aterrizaje”? Pues ponte cachas.

Pido disculpas si piensas que mis versos son vulgares
Dime, cómo te sienta cuando abusan verbalmente de ti

Este mundo de hombres
con toda sus patrañas
las chicas no se lo merecen
y por eso renunciamos.
¡No somos buenas chicas!
Somos escolásticas,
astutas y sarcásticas
no un puto plástico.
¡Escuchad, hombres!

Si quieres echar un polvo
no me acoses
no puedes simplemente llegar y meterme mano
¡Eso es un crimen sexual!
Sí, no queremos nada de eso
es chauvinista
y tú tan machista.

Bueno, ¿qué os parece? Francamente, a mí me gusta más el segundo vídeo, a pesar de que me van más las chicas semidesnudas del primero que los tipos musculosos del segundo. Al menos se entiende la letra. Pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con ella... Vamos, que las chicas se pasan cien pueblos con eso de "voy a emascularte, voy a castrarte". 

Pero creo que es muy importante reflexionar sobre esta canción porque señala que una cierta visión del feminismo anti-hombre y anti-sexo sigue viva y en boga. Uno de los mitos fundamentales de este tipo de feminismo es que los hombre desean más el sexo que las mujeres y buscan imponérselo continuamente. ¿Es esa la realidad, o son las mujeres tan sexuales como los hombres? 

¿Es el sexo un acto de violencia y dominación, que bien es perpetrado por el hombre sobre la mujer, o por la mujer sobre el hombre? 

¿Conlleva la liberación de la mujer la derrota del hombre? ¿O nuestros intereses comunes superan nuestras diferencias?

¿Somos los hombres los responsables de la opresión de la mujer? ¿O lo es una cultura sexista que se impone tanto a hombres como a mujeres? 

¿Es el feminismo una guerra entre los sexos? ¿O una visión común de una sociedad más igualitaria y más justa a la que aspiramos tanto hombres como mujeres?

lunes, 2 de septiembre de 2013

Indiferencia

Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia.

Después de una ruptura no hay que odiar a quien nos ha dejado, pues ese resentimiento significa que aún seguimos encadenados. Sólo la bendita indiferencia nos devuelve la libertad para amar otra vez.

sábado, 24 de agosto de 2013

Problemas de pareja: lucha de poder o colaboración

Hoy en día, siempre que se habla de problemas de pareja se ofrece la comunicación como el remedio absoluto. Pero bueno, ¿es que nadie se para a pensar que a veces lo que se comunica no hace sino empeorar la situación? Porque si lo que se siente es antipatía, hostilidad, aburrimiento, ganas de controlar o de no ser controlada… Cuanto más salgan a flor esos sentimientos, peor va a ser la situación, ¿o no?

Para empezar, hay que partir de la base de que hay parejas que no merecen la pena ser salvadas. Lo de “hasta que la muerte nos separe” puede ser una receta para la infelicidad de por vida. Peor todavía: hay personas que no se merecen nuestro amor. Sí, yo soy el primero al que le encantaría abonarse a eso de “too er mundo es güeno”, pero recientes encuentros con algún que otro horrible ejemplar de ser humano me han convencido de lo contrario. La vida es demasiado corta para malgastarla en gente posesiva, cruel, egocéntrica, maltratadora o incluso psicópata.

Pero pongamos el caso de que se trata de una pareja que sí merece la pena ser salvada. Que son dos personas que se quieren mucho pero que no encuentran la forma de llevarse bien. Que la relación está pasando por un bache que seguramente es temporal, pero que no se ve la forma de salir de él… Y que eso de la comunicación a destajo no hace sino empeorar las cosas.

Hace varios años, durante una crisis en mi propio matrimonio, hice un descubrimiento que transformó completamente la forma en que me relaciono, no sólo con mi pareja, sino con casi todas las personas cercanas a mí. Descubrí que cuando hablamos con nuestra pareja, incluso cuando nos relacionamos con ella de cualquier otra forma, lo hacemos en una de estas dos modalidades: lucha de poder o colaboración.

En la modalidad de lucha de poder (“power struggle” en inglés), lo que importa es ganar. La conversación se convierte enseguida en una discusión en la que cada cual toma una posición determinada. Abandonar esa posición supone, no el conceder que la otra persona tiene razón, sino una pérdida de prestigio, una humillación intolerable porque supone un desgaste de nuestro estatus dentro de la pareja. Es más, si perdemos la partida el ganador se apunta un tanto que luego nos recordará en discusiones posteriores: “Si es que no dices más que tonterías, como aquella vez que dijiste…” De esta forma, al no poder ceder terreno, se cae en la irracionalidad de tener que mantener que tenemos razón a toda costa. La única manera de bajarnos de una posición insostenible es conseguir que se olvide. En definitiva, es así como funcionan las pugnas entre los partidos políticos: nadie puede reconocer ante los votantes que ha perdido un debate. Cuando se convive en medio de una lucha de poder, todo puede dar origen a una confrontación, pues no se trata de resolver problemas, de buscar soluciones, sino de proteger el ego. La relación misma se percibe como un delicado equilibrio entre posiciones enfrentadas. Cada conversación se teme; supone un desgaste y un gran consumo de energía, pues no se puede bajar la guardia. Todo debe negociarse cuidadosamente para que nadie gane y nadie pierda, para repartir el pastel exactamente por la mitad. El conseguir poder sobre el otro se convierte en el objetivo primordial.

Pero en realidad esa confrontación es básicamente ilusoria, porque en la pareja los objetivos comunes superan con creces a los objetivos no compartidos. Si no fuera así, habría que plantearse si vale la pena continuar juntos. Por ejemplo, a los dos les interesa que a la pareja le vaya bien económicamente, que la casa esté limpia y ordenada, que se disfrute en el sexo, que haya buena comunicación y, fundamentalmente, que la otra persona sea feliz. Cuando los dos se dan cuenta de que conseguir los objetivos comunes es más importante que proteger el ego, entonces se produce una transición desde la lucha de poder a la colaboración.

Las conversaciones en la modalidad de colaboración no son discusiones, no existen posiciones demarcadas. Cada uno construye sus ideas sobre las ideas del otro, en una búsqueda conjunta de la verdad, de una solución. Se dan en un clima relajado, donde la conversación en sí produce bienestar. Sí, a veces hay que acceder a hacer algo que no nos gusta, pero a esa carga no se le añade la carga adicional de sacrificar el ego y el prestigio. Al contrario: queda claro que lo hacemos por amor, por hacer feliz a nuestra pareja. Y eso es lo que se recordará en el futuro, no el que hayamos perdido una partida.

Las modalidades de lucha de poder o colaboración son tan intrínsecamente incompatibles entre sí que una vez que se entra en ellas se extienden rápidamente a todo lo que ocurre dentro de la pareja, como el cambio de fase en un sistema físico. En realidad, están enraizadas en nuestra actitud interior, en cómo vivimos nuestra vida. Si sentimos inseguridad, complejo de inferioridad y paranoia, viviremos con la sospecha continua de que nos quieren controlar y que debemos de proteger nuestro ego. Entonces caeremos una y otra vez en la lucha de poder. Si, por el contrario, estamos seguros de nosotros mismos y sentimos placer en el hecho de dar, la colaboración surgirá espontáneamente. Al depender de nuestra actitud interior, estas dos modalidades de relacionarnos no se limitan a la pareja. Si prestamos atención, veremos cómo surgen en nuestra relación con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo. Es verdad que en interacciones que no se basan en el amor, donde el sistema social en el que vivimos impone sus normas de egoísmo obligatorio, no siempre es posible operar en modo de colaboración. Aun así, si vivimos con la actitud correcta podemos llevarnos sorpresas agradables. Cuando tratamos a la gente sin desconfianza, sin hostilidad, suelen responder de la misma forma. Y aunque no lo hagan, podemos llegar a descubrir que nuestra actitud interior es su propia recompensa.

viernes, 2 de agosto de 2013

Fisiología del sadomasoquismo (3)

Las hormonas sociales: oxitocina y vasopresina

Este breve estudio de la fisiología del sadomasoquismo no estaría completo sin hablar de las llamadas “hormonas sociales”: la oxitocina y la vasopresina. Cuando se liberan en la sangre, estas sustancias actúan como hormonas que regulan determinadas funciones fisiológicas. La oxitocina desencadena las contracciones del útero durante el parto y también la secreción de leche en la lactancia. Por su parte, la vasopresina aumenta la presión sanguínea constriñendo los vasos sanguíneos y aumentando la retención de agua en los riñones. Sin embargo, recientemente se ha descubierto que estos dos péptidos desempeñan funciones muy distintas dentro del cerebro. La oxitocina produce vinculación afectiva, aumentando los sentimientos de confianza y lealtad. Niveles altos de oxitocina y de sus receptores en el cerebro están relacionados con la monogamia en determinadas especies animales y seguramente también en los seres humanos. También se ha visto que la oxitocina aumenta la vinculación con personas que pertenecen a nuestro mismo grupo y el rechazo a personas fuera de ese grupo. Sin duda es así como regula el comportamiento monógamo: aumentando la lealtad a la pareja y el rechazo a miembros del otro sexo que no son nuestra pareja. Mientras que la función de la oxitocina es más importante en las hembras, la vasopresina prepondera en los machos, en los que promueve conductas territoriales y sentimientos de control y dominación. Podemos ver, por lo tanto, que la oxitocina y la vasopresina seguramente son liberadas durante una sesión sadomasoquista, y jugarán un papel importante en el estado mental tanto de la sumisa como del dominante. Sin ir más lejos, la estimulación de los pezones es uno de las formas más eficaces de liberar oxitocina. El llamado “subspace” - el espacio de sumisión - quizás esté relacionado con la liberación de oxitocina, que hace la sumisa le entregue su confianza total al dominante y sienta un profundo vínculo con él.

Los beneficios del masoquismo

Hemos visto que los juegos sadomasoquistas afectan de manera muy profunda al cerebro. No son efectos malsanos, sino comparables con los que producen otras actividades fuertemente excitantes, como los deportes extremos. Por el contrario, cabría enumerar una serie de efectos beneficiosos. Al poder explorar sus fantasías sexuales, la masoquista aprende a conocerse mejor. El entrenamiento en la dominación-sumisión puede llegar a convertirse en una auténtica ruta de transformación personal en la que se liman las asperezas del carácter, se eliminan emociones negativas y se aprende a tomar una actitud positiva ante las dificultades de la vida. El masoquismo lleva a una comprensión profunda del dolor, cómo afecta a la mente y cómo nuestra actitud frente a él puede regular su intensidad. Sin duda, esta comprensión ayudará al masoquista cuando inevitablemente la vida lo exponga a situaciones dolorosas.

Sadismo, empatía y compasión

¿Y qué decir del sádico? ¿Qué cambios se producen en su cerebro durante la sesión sadomasoquista? ¿Son tan profundos y beneficiosos como los que tienen lugar en la masoquista? Habría que empezar por comprender por qué el sádico siente placer con el dolor que proporciona.

Determinados actos de crueldad son posibles porque existe una profunda desconexión emocional entre el torturador y su víctima, de forma que el primero consigue aislarse emocionalmente del sufrimiento que produce. La reacción natural es lo contario: la empatía. Ver sufrir a alguien nos produce sufrimiento a nosotros mismos. En experimentos que usan resonancia magnética nuclear y otras técnicas que permiten detectar las zonas del cerebro que se activan en determinadas situaciones, se ha comprobado que el ver sufrir a otra persona produce el mismo tipo de actividad en la ínsula y en el córtex del cíngulo anterior que el experimentar dolor uno mismo. Un paso fundamental en la evolución del ser humano fue la aparición de una facultad mental llamada “teoría de la mente”: la capacidad de atribuir pensamientos y emociones a otras personas análogos a los que tenemos nosotros mismos. Esta facultad es vital para la supervivencia, pues nos permite predecir las acciones de las personas que nos rodean. En ella participan las llamadas “neuronas espejo”, que se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando vemos a alguien ejecutar la misma acción. En la vida cotidiana nuestra mente realiza sin parar un simulacro del estado mental de la gente que nos rodea, y ajusta nuestras emociones de acuerdo con esa percepción.  La empatía, por lo tanto, es el reflejo en nuestra mente del sufrimiento de los demás, una de las propiedades más básicas del ser humano. Las personas que carecen de empatía desarrollan a menudo comportamientos sociopáticos, al ser incapaces de planear sus acciones teniendo en cuenta cómo afectan a las personas de su entorno.

Yo creo que el sádico hace daño, no porque carezca de empatía, sino justamente por lo contrario. No busca desconectar del dolor que produce, sino sentir ese dolor como propio, porque despierta en su cerebro las mismas reacciones que en el cerebro de la sumisa. Es quizás por eso que muchos sádicos, empezando por el propio Marqués de Sade, son también masoquistas. Sólo hay que fijarse en el comportamiento del típico sádico en una sesión: pone todo su esfuerzo en conectar emocionalmente con la masoquista. Quiere oírla gritar y quejarse. La mira a los ojos para beber su dolor. Le toca la piel para sentir el calor y el relieve de las laceraciones. El buen sádico, al contrario del torturador, busca por todos los medios aumentar su empatía con la sumisa. En la medida en que lo consiga, será capaz de guiar a la masoquista al estado mental en el que ella disfrutará plenamente de la sesión. Con esto no quiero decir que el cerebro del sádico experimente los mismos cambios fisiológicos que el de la masoquista. Lo más probable es que su cerebro permanezca en un estado de activación adrenérgica, de “pelea o huida”, lo que le permite experimentar el éxtasis del poder y el control mientras que la sumisa se sumerge en el abandono y la entrega que proporcionan las endorfinas.

Si todo esto es cierto, el camino del sádico es el de la profundización en la empatía. Su entrenamiento consiste en aprender a “leer” a la sumisa cada vez mejor, con la doble finalidad de acompañarla en sus sensaciones y de adecuar la sesión a sus necesidades. Esto no puede ser malo. Cabe pensar que una empatía creciente puede llegar a extenderse a otras personas, para al fin llegar a convertirse en una de las emociones más valiosas del ser humano: la compasión.

viernes, 26 de julio de 2013

Fisiología del sadomasoquismo (2)

Cómo el cerebro disminuye el dolor: las vías descendentes

Todo lo que he descrito hasta ahora forma la llamada vía ascendente del dolor, que va desde la piel al córtex cerebral, donde el dolor se hace consciente, se “siente” con su particular carga emocional. Pero también existen unas vías descendentes de regulación del dolor que bajan del cerebro a la médula espinal, y que son fundamentales para entender por qué el dolor que se siente disminuye conforme progresa una sesión sadomasoquista. Estas vías descendentes empiezan en una zona situada en el centro del cerebro, a los lados de un canal llamado el acueducto, por lo que se la llama substancia gris peri-acueductal (normalmente conocida por las siglas en inglés PAG). Las neuronas de la PAG mandan señales a una zona del bulbo raquídeo, el núcleo rafé magno, que a su vez manda axones por los lados de la médula espinal. Estas fibras nerviosas descendentes van penetrando el asta dorsal, que como vimos es la zona de llegada de los nervios que vienen de la piel. Las señales que transmiten desde el cerebro informan a las neuronas del asta dorsal de si deben aumentar o disminuir el dolor. El que lo hagan en una dirección u otra dependerá de nuestro estado mental, de las emociones que destilan la ínsula y el córtex del cíngulo anterior.

Es sabido que una sumisa puede llegar a aguantar mucho dolor durante una sesión sadomasoquista si el dominante es capaz de llevarla a un estado en el que se segreguen muchas endorfinas. Nos imaginamos que las endorfinas son como drogas que corren por la sangre y bañan todo el cerebro de la sumisa, inhibiendo el dolor. Sin embargo, a diferencia de la morfina y otros fármacos opiáceos, las endorfinas no son capaces de pasar de la sangre al cerebro, sino que son liberadas por fibras nerviosas en determinadas zonas del sistema nervioso. Una de esas zonas es el asta dorsal de la médula, donde la secreción de endorfinas es controlada por una vía descendente. Lo que se conoce popularmente por “endorfinas” son en realidad un grupo de casi 40 neuropéptidos distintos, que se agrupan en tres familias: las endorfinas propiamente dichas, las encefalinas y las dinorfinas. Estos neuropéptidos actúan como llaves que activan tres tipos de receptores de opiáceos, denominados con las letras griegas mu, delta y kappa. Las diminutas encefalinas son mucho más abundantes en el sistema nervioso que las endorfinas, y como ellas actúan sobre los receptores mu y delta para inhibir el dolor y producir sensaciones de calma y euforia. Las dinorfinas se unen a los receptores kappa y también disminuyen el dolor, pero en vez de producir euforia producen lo contrario: la disforia; un desagradable sentimiento de rechazo.

Las vías descendentes no sólo inhiben el dolor a base de endorfinas. Otra vía descendente paralela a la de las endorfinas, la vía adrenérgica, usa un neurotransmisor llamado noradrenalina, una molécula parecida a la hormona de la adrenalina. La vía de los opiáceos y la vía adrenérgica no suelen funcionar a la vez, sino que se alternan inhibiendo el dolor en estados mentales distintos. La vía adrenérgica se activa en situaciones llamadas de “pelea o huída”, donde tenemos que responder a algo que nos amenaza con una intensa actividad muscular, o bien luchando o bien escapándonos pies para que no nos pillen y nos hagan daño. La vía de los opiáceos, por el contrario, se activa cuando el miedo produce un comportamiento diametralmente opuesto: en vez de pelear o huir, nos quedamos paralizados y no podemos movernos; una respuesta que en inglés científico se llama  “freezing” - “congelarse”. En muchos animales, esta inmovilidad sirve para camuflarse y no ser vistos por un predador.

¿Cómo se aplica todo esto a una sesión sadomasoquista? La actitud amenazadora del dominante y los primeros atisbos de dolor seguramente activarán la vía adrenérgica, produciendo el llamado “subidón de adrenalina”, caracterizado por la sensación de estar más alerta y el deseo de debatirse y quejarse. Sin embargo, cuando la escena progresa y la sumisa se ve inmovilizada por las ataduras y el dolor es administrado de forma continua e inevitable, la vía adrenérgica se ve reemplazada por la vía de las endorfinas. La inhibición del dolor se ve ahora acompañada por un estado de relajación y abandono, y la sumisa se ve envuelta en sentimientos de calma y euforia tranquila. Seguramente no querrá abandonar ese estado de bienestar, y con su pasividad y sus gemidos de placer animará al dominante a seguir administrándole el dolor que la mantiene allí. En inglés, los sadomasoquistas llaman a ese estado “the forever place” - “el sitio de para siempre” - porque la sumisa protestará cuando finalmente el dominante la arranque de él. 

La vía del placer y la dopamina

Si bien las endorfinas y la noradrenalina causan inhibición del dolor en la vía descendente que va de la PAG al bulbo raquídeo y a la médula espinal, sus efectos sobre las emociones ocurren en otras zonas del cerebro. Tanto la ínsula como el córtex del cíngulo anterior tienen receptores de opiáceos que seguramente contribuirán a la euforia y la entrega que se siente en la sesión sadomasoquista. Pero  donde los opiáceos desempeñen uno de sus papeles más importantes es en la llamada “vía del placer”, que conecta el área ventral tegmental (VTA) con el núcleo accumbens. Hace tiempo se descubrió que si se implantan electrodos en esta vía en el cerebro de una rata, y luego se permite al animal estimularla presionando una palanca, lo hará continuamente, dejando hasta de comer y de beber para hacerlo. Estudios posteriores confirmaron que lo mismo pasa en los seres humanos. Además, se descubrió que esta vía produce euforia y bienestar al liberar el neurotransmisor dopamina en el núcleo accumbens, y que drogas como la morfina, la heroína, la cocaína, la nicotina y las anfetaminas producen adicción estimulando la secreción de dopamina en esta vía del placer. Y no sólo eso, sino que esta vía nerviosa también participa en la adicción al sexo, la ludopatía (adicción a los juegos de azar) y otras actividades adictivas. Lo que ocurre es que ésta es la parte del cerebro que dirige nuestras motivaciones, que nos hacer desear comida, sexo, amistad y diversión, y que cuando satisfacemos esas necesidades nos recompensa haciéndonos sentir bienestar. Cabe pensar, por lo tanto, que la liberación de dopamina en el núcleo accumbens también causa el placer que sentimos en los juegos sadomasoquistas.

¿Puede el masoquismo causar adicción?

Entonces, ¿puede llegar el masoquista a convertirse en un adicto al dolor? Aquí, lo primero que hay que matizar es que el masoquista no deriva placer del dolor en sí, sino de una situación compleja que forma la sesión sadomasoquista y en la que el dolor es sólo uno de los componentes. Fuera de ese contexto no se experimenta el dolor como placentero. En segundo lugar, se podría equiparar el sadomasoquismo a otras situaciones que producen un subidón de adrenalina, como ver películas de terror, las montañas rusas o los deportes extremos. No cabe duda que esas situaciones enganchan, pero no llegan a ser adictivas. En mis más de 30 años practicando el sadomasoquismo y participando en asociaciones de esta índole, no he conocido nunca a nadie adicto a él. Al contrario, la tónica general es que una gran parte de la gente que se apunta a asociaciones sadomasoquistas las suele dejar al cabo de unos años, como si se tratara de una afición más. Sí, hay sadomasoquistas de por vida, pero es porque lo viven como algo que es una parte esencial de su identidad personal. Se trata de una decisión consciente, de algo que cuesta trabajo aprender, cultivar y mantener. No manifiesta la irracionalidad y la compulsión de las adicciones.

Una característica de las adicciones es el síndrome de abstinencia: el sufrimiento y las graves reacciones fisiológicas negativas que aparecen cuando se deja de consumir una droga. Habrá quien señale que en el sadomasoquismo ocurre algo parecido: el bajón de la sumisa (“sub-drop” en inglés). Esto se refiere a sentimientos de malestar o depresión que ocurren al finalizar una sesión, o al día siguiente. Hay quien dice que este bajón lo produce la prolactina, un neuropéptido que produce saciedad sexual y síntomas de depresión, y que sería segregado al final de la sesión, a veces durante días. Yo no he presenciado ningún caso de bajón de la sumisa, a pesar de haber hecho sesiones con bastantes mujeres durante muchos años. Lo que sí he visto en muchas ocasiones son crisis de ansiedad y ataques de pánico en mitad de una sesión, algunos muy fuertes y la mayoría lo suficientemente graves para hacerme finalizar la sesión. No cabe duda que las prácticas BDSM tienen la capacidad de remover contenidos traumáticos del subconsciente, sobre los causados por abusos sexuales. Cuando esas crisis se enfrentan de la manera adecuada, sobre todo con comprensión y cariño por parte del dominante, pueden tener un enorme efecto terapéutico, ayudado a la sumisa a recordar, comprender e integrar esos traumas del pasado. Quizás el bajón de la sumisa no sea más que la manifestación de ese tipo de traumas del pasado al finalizar la sesión, ya que durante la misma quedarían encubiertos por las endorfinas. Lo más probable es que este bajón no sea un único fenómeno, sino que responda a causas diversas dependiendo de la persona, ya que las sumisas o sumisos que dicen experimentarlo lo describen de formas muy distintas. En todo caso, parece más bien una reacción emocional debida al estado de vulnerabilidad que produce  la sesión, y no un síndrome de abstinencia. Se puede paliar con cuidados administrados por el dominante al final de la sesión.

viernes, 19 de julio de 2013

Fisiología del sadomasoquismo (1)

Sadismo, masoquismo y dolor erótico

Habría que rescatar la palabra “sádico”. En el mundo vainilla frecuentemente se toma como sinónimo de “cruel”, pero en el contexto del BDSM (Bondage-Dominación-Sumisión-Sadismo-Masoquismo) sabemos que no es así. Por origen etimológico, sadismo se refiere a la tendencia sexual del Marqués de Sade, que muchos compartimos. No somos crueles, no vamos por la vida haciendo sufrir a las personas o torturando animales indefensos. Simplemente, nos excita el dolor, como a nuestra contrapartida, los masoquistas. Y no cualquier tipo de dolor, sino un dolor especial, aplicado a la piel de las zonas erógenas: el culo, los muslos, los pies, los genitales, la espalda. Es un dolor que calienta y enrojece la piel, despertando su sensibilidad. A este tipo de dolor bien se le puede llamar “dolor erótico”.


Aparte de nuestra afición al dolor erótico, otra característica de muchos sadomasoquistas es el fetichismo por el castigo. Nos gusta la idea de castigar o ser castigados, quizás porque nos devuelve a la infancia, una época en la que padres y maestros ejercían sobre nosotros un poder incontestable. Las cosas eran más simples entonces: las decisiones se movían en una simple escala de bueno-malo establecida por la figura de autoridad de turno. En el fetiche de castigo el sadomasoquismo conecta con la dominación-sumisión. Le otorgamos a otra persona poder sobre nosotros, para que decida si lo que hacemos está bien o está mal. Y, si es lo último, para que nos castigue con maltratos físicos o imponiéndonos tareas desagradables.

El sádico y la masoquista danzan juntos un baile de intercambio de poder. El dolor tiene una propiedad que lo diferencia de las otras sensaciones: es inescapable, no permite que dejemos de prestarle atención. Curiosamente, la otra sensación que tiene esta propiedad es el placer. Como el dolor obliga a nuestra atención a concentrarse en él, cuando el sádico lo administra no sólo ejerce control sobre el cuerpo de la masoquista, sino también sobre su mente. Durante la sesión sadomasoquista este control se va profundizando, provocando cambios en las estructuras más profundas del cerebro de la subyugada, mareas de neurotransmisores y neuropéptidos que actúan sobre ella como una verdadera droga. Al mismo tiempo, la mente del sádico también se altera, quizás de forma más sutil, llevándolo también a él a satisfacer esos deseos inconfesables.

Pero, ¿son estos cambios en el cerebro sanos o malsanos? ¿Acaso no acabarán por deteriorar la fuerza de voluntad de la sumisa, convirtiéndola en el pelele del primer amo que la reclame? ¿Esa afición creciente al dolor, acaso no es autodestructiva? ¿No puede llegar a crear adicción, como una droga? Y en cuanto al sádico, ¿cómo puede estar bien el querer hacerle daño a alguien? ¿En su búsqueda del dolor ajeno, no acabará convirtiéndose en un degenerado, en un torturador como tantos personajes horrendos que llenan las páginas de los libros de historia? Quizás con el tiempo encuentre que el dolor que le causa a su sumisa no es suficiente, y se embarque en una búsqueda creciente de más y más sufrimiento, en la que la mujer que tiene debajo deja de ser una persona para convertirse en un mero objeto en el que puede desencadenar su perversión. Intuimos que no es así, que el sádico establece una profunda relación emocional con la masoquista que los realza a los dos como personas pero, ¿existe evidencia alguna de esto? Os invito a examinar detenidamente, a la luz de la ciencia, los cambios que se producen en el cerebro del sádico y la masoquista. Quizás así podamos encontrar pistas sobre lo que es en realidad el sadomasoquismo.

Las vías del dolor: de la piel al cerebro

El daño que producen varas, fustas, palas, correas o látigos es recogido por las fibras C, axones neuronales delicados y finos que, al contrario de la fibras A (que transmiten las señales táctiles), carecen de la vaina protectora de mielina. Las fibras A y la fibras C se agrupan por millones en haces: los nervios sensoriales. Muchas de las fibras C están especializadas en trasmitir señales de dolor provenientes principalmente de la piel, y en menor medida de los músculos, las articulaciones, los huesos y los órganos internos. Las fibras C transmiten señales a una velocidad lenta comparada con las fibras A, apenas un metro por segundo. También se encargan de liberar dentro de la dermis sustancias que producen hinchazón y aumentan el riego sanguíneo: la inflamación que pone el culo de la sumisa “rojo como un tomate”, deja esas bonitas estrías paralelas después de un “caning”, o causa las bandas de cebra de los correazos.

Las señales dolorosas que viajan por las fibras C alcanzan el asta dorsal de la médula espinal, donde hace sinapsis (conexiones) con neuronas capaces de regular el dolor, aumentándolo o disminuyéndolo en respuesta a señales de las vías descendentes de control del dolor, de las que hablaré más adelante. La señal dolorosa, una vez modificada, es recogida por neuronas especializadas del asta dorsal, que la mandan al cerebro. Después de atravesar nuevas conexiones sinápticas en el bulbo raquídeo y en el tálamo (la parte del cerebro encargada de recolectar y distribuir todas las sensaciones sensoriales), llega finalmente a su destino, tres zonas de la corteza cerebral: el córtex somatosensorial, el córtex del cíngulo anterior y la ínsula.

Quizás estos nombres os suenen a chino a los que no tengáis una afición particular por la neurociencia, pero si tenéis un poco de paciencia veréis que entender la función de estas partes del cerebro es fundamental para comprender el sadomasoquismo. El córtex somatosensorial es una banda que cruza el cerebro por los lados, de arriba abajo, como una diadema. Su función es la de localizar el sitio del cuerpo de dónde proviene el dolor: ¿es el culo, el coño o los pies? Pero no es allí donde nos duele el dolor, donde se nos hace desagradable (o paradójicamente placentero, en el caso de la masoquista). De eso se encarga la ínsula, así llamada porque forma una isla de sustancia gris al fondo de un profundo pliegue a los lados del cerebro. La ínsula es donde nos damos cuenta de cuánto nos duele. Allí es donde se genera esa propiedad del dolor de la que hablaba antes, que nos impide desviar nuestra atención de él. La ínsula controla todas las emociones asociadas al dolor, sean positivas o negativas, y también las asociadas al placer: la excitación sexual y el orgasmo. Así mismo participa en una gran variedad de emociones: la tristeza, el asco, la indignación, la ira, la alegría, la empatía y el amor. Por lo tanto, vemos como en una pequeña zona del cerebro se dan la mano el dolor y el placer, e invitan al baile a todas las demás emociones. Los pasos de esa danza estarán determinados por las características de cada individuo, por su historia personal y sus decisiones; pero es concebible que el dolor llame al placer, y que juntos invoquen a la alegría, quizás incluso al amor.
El córtex del cíngulo está en la superficie de contacto de los dos hemisferios cerebrales, formando un collar que rodea al cuerpo calloso, el haz de fibras nerviosas que conecta a los dos hemisferios. Su aspecto anterior (hacia la frente) realiza funciones parecidas a las de la ínsula, pero mientras que la ínsula es todo emoción, el córtex del cíngulo anterior (en la imagen figura con sus siglas en inglés: ACC) divide su tarea entre la emoción y el conocimiento. Otras de sus funciones incluyen detectar errores, resolver conflictos, mantener la atención y la motivación. Pero quizás la más importante es la de hacer que nos “demos cuenta” - la consciencia. Por lo tanto, podríamos decir que el córtex del cíngulo anterior es donde el dolor se hace consciente.

Nota aclaratoria

Pido disculpas por usar las palabras “dominante” y “sumisa” con ese género particular. No me gusta hacer malabarismos gramaticales en pos de la corrección política. Quiero dejar claro que todo lo dicho se aplica igualmente en los casos en que una mujer domina a un hombre, o a parejas del mismo sexo. Al usar esas palabras de forma intercambiable con “sádico” y “masoquista”, también he pasado por alto la diferencia fundamental entre sadomasoquismo y dominancia-sumisión. En inglés es posible englobar estos dos aspectos usando las palabras “top” para referirse tanto al sádico como al dominante (de los dos sexos) y “bottom” para referirse tanto a la masoquista como a la sumisa. Desgraciadamente, todavía no hay términos similares en castellano. De todas formas, este artículo se refiere específicamente al sadomasoquismo, y sólo de forma tangencial a los casos de dominancia-sumisión que no conlleven sadomasoquismo.

domingo, 14 de julio de 2013

¡De vacaciones!

Mañana cojo el avión para ir a España, donde espero pasar unas agradables vacaciones entre Mallorca, Galicia y Madrid. De todas formas, seguiré publicando en este blog una serie de artículos sobre la fisiología del sadomasoquismo que tengo preparados desde hace tiempo.

Lo malo es que, por mucho que lo he intentado, no he conseguido publicar "Amores imposibles", el tercer libro de la trilogía "Voy a romperte en pedacitos", antes de irme de vacaciones. El libro está escrito y formateado, pero aún no me han terminado el dibujo de la portada. Espero poder publicarlo nada más volver de vacaciones, a mediados de agosto.

Si escribís algún comentario, intentaré contestarlo lo antes posible, pero a lo mejor vais a tener que esperar un poco más de lo acostumbrado. Espero que todos tengáis también unas buenas vacaciones.