domingo, 17 de marzo de 2013

El despertar de Kundalini de Janet Hardy



Acabo de leer un artículo que me ha dejado muy impresionado. Hay muchas cosas en él que me resultan lo suficientemente familiares para saber que lo que dice debe ser cierto. Por otro lado, conozco a Janet Hardy y Jossie Easton desde hace tiempo por sus libros. Son unas expertas en BDSM y poliamor; han explorado estos temas muy a fondo, son unas auténticas pioneras en esos campos. También han explorado la relación entre sadomasoquismo y espiritualidad. El resultado fue su último libro “Radical Ecstasy” y la increíble experiencia que Janet Hardy relata en este artículo en www.Salon.com. Aquí está el enlace…

 
A los que podáis leer en inglés, os aconsejo que lo leáis con calma. Para los que no sepáis inglés, y dado que éste es un blog en español, hago a continuación una traducción de los pasajes más importantes.
Durante casi dos décadas, mi vida social, sexual y filosófica ha girado en torno a la subcultura conocida como S/M, BDSM o “leather”. Pasaba cada fin de semana y muchas noches entresemana en fiestas en calabozos y grupos de discusión sobre S/M. (…) Escribí y publiqué libros sobre eso. Confiaba en su choque inigualable de excitación, endorfinas y adrenalina para sobrepasar mi mal humor, síndromes menstruales, bloqueos de creatividad y cualquier otra cosa que me deprimía. (…)


Se terminó. No con un gemido - el desgaste gradual que mucha gente en el mundo S/M experimenta cuando la edad y las relaciones le quitan el filo al deseo - sino con una explosión.

Mi coautora Dossie Easton y yo estábamos trabajando en un libro titulado “Radical Ecstasy”, delineando lo que se conoce en el mundo S/M como “espiritualidad”: el estado de trascendencia, éxtasis y conexión profunda que puede ocurrir durante y después una buena sesión de S/M. (…) En el espíritu de investigación, añadimos Tantra y otras prácticas quasi-religiosas a la mezcla y también recibimos clases en esas cosas. (…)

Cuando nos aproximábamos al final de nuestro trabajo empecé a deteriorarme un poco. Mi vida social se marchitaba y moría; lloraba por cualquier cosa o sin razón alguna. Por lo visto, algo dentro de mí empezaba a salir a la superficie. 


Entonces, en un taller de fin de semana sobre el Tantra, por fin ocurrió. Estábamos practicando respiraciones, contacto ocular, movimientos, visualizaciones y ejercicios de terapia con diferentes parejas durante día y medio. (…) Cada ejercicio pelaba una capa protectora más, así que estábamos todas completamente abiertas y temblando, desnudas como ostras, tan vulnerable como puedas estarlo en compañía de extraños.


Para el último ejercicio, en esa tarde templada de domingo, nos juntamos de nuevo con los compañeros con los que habíamos venido a la clase - en mi caso, Dossie. No había nada de particular en este ejercicio. Estábamos en “yabyum” - la posición tántrica en la que te sientas en el regazo del otro con las piernas enroscadas en torno a su cuerpo y nuestro cuerpos alineados corazón con corazón, ojos con ojos - y estábamos respirando y ondulando las caderas. (…) Y entonces, lo que fuera que había estado dentro de mí decidió salir.


Empecé a gritar, y seguí gritando. Me eché hacia atrás, me arqueé sobre el suelo, sujeta tan solo por la parte de arriba de mi cabeza y la planta de mis pies (con Dossie, atrapada, cabalgando sobre mí en el aire). Estaba completamente fuera de control, mi cuerpo recorrido por una ola tras otra de energía. (…) Era como el mayor éxtasis que he sentido nunca, como un orgasmo multiplicado por cien, desde la punta de mis cabellos a la uñas de mis pies. No recordaba qué hacer para para parar. Pensé que me iba a morir. (…)

Cuando terminó, me reí suavemente, maravillada. Y entonces, sin transición alguna, empecé a llorar. Lloré mucho, mucho tiempo.


Desde entonces he aprendido que lo que me pasó se llama un “despertar de kundalini” (o “crisis de kundalini” o “emergencia espiritual”). Muchos tantrikas y otros practicantes de la meditación consideran esta experiencia como muy deseable, un importante paso en el sendero espiritual. Unos pocos me advirtieron que puede ser terrorífico y cambiar tu vida, y que puede ocasionar síntomas que incluyen estados de trance impredecibles, vértigo, dolores de espalda y de cuello, cambios en el deseo sexual, etc. (He tenido todo eso, y más). 


Nunca he oído que en un cursillo de Tantra le adviertan a los principiantes como yo sobre el despertar de la kundalinin, porque es algo que no le suele pasara a los principiantes. Dado que el Tantra es tradicionalmente hostil hacia el S/M y otros caminos de sexualidad alternativa, quizás los tantrikas no tienen forma de saber que muchos practicantes avanzados del S/M están  de hecho muy avanzados en el camino que ellos enseñan. El S/M te enseña cómo encontrar placer en sensaciones de origen no genital y cómo apañártelas cuando las sensaciones y las emociones parecen insoportables - dos cosas que, creo yo, son maneras de abrir las compuertas a los orgasmos de cuerpo entero. (…)


Verás, yo no creo en la kundalini, al menos no de la manera en la creen los devotos. Acudí al Tantra porque estaba escribiendo un libro y quería aprender lo que saben los del Tantra. Y, después de mi primer orgasmo de cuerpo entero durante un taller introductorio de dos horas, descubrí que saben mucho - pero que encuadran ese conocimiento en un halo místico y abstracto pseudo-Oriental que no tiene ningún sentido para mí y no encaja en cómo pienso que funciona el mundo. La gente del Tantra cree que el kundalini es una manifestación de lo Divino, una energía que impregna el universo o una “fuerza que yace enroscada en la base de la espina dorsal” (lo que sea que eso signifique). Yo creo que es una simple energía física como la electricidad, o quizás un fenómeno neuroquímico, que todavía no podemos medir por carecer de instrumentos adecuados. (...)


Acabamos el libro. Se publicó en el 2004, y escribo esto en el 2013. Me ha llevado todo ese tiempo el ser capaz de contarle mis experiencias a cualquiera excepto mis más íntimas amigas. Puedo contar con los dedos de la mano las veces que he hecho algo sexual desde entonces. Quizás te alegre saber que estoy considerando la posibilidad de practicar el sexo otra vez este año.

jueves, 7 de marzo de 2013

Por qué soy feminista



Habrá quien diga que el término feminista ya no sirve, que está pasado de moda, que las mujeres de hoy en día ya no quieren o no necesitan ser feministas. Es verdad que hubo corrientes en el feminismo que tomaron posturas aberrantes, adoptando una visión negativa de la sexualidad y culpabilizando a los hombres… Pero no quiero hablar de eso ahora, será el tema de otro artículo de este blog. Sí, esas corrientes le hicieron mucho daño al feminismo, y todavía perduran en alguna que otra señora apoltronada en un cargo oficial o en una cátedra universitaria de feminismo académico. Pero eso no es el feminismo. El auténtico feminismo es simplemente la lucha por la igualdad de trato de la mujer con el hombre, por la desaparición del maltrato a la mujer y otras formas de sexismo. Y eso sigue siendo válido hoy en día, pues aún no sea han logrado esos objetivos.

Habrá mujeres que desconfíen de un hombre que se declara feminista. Quizás sospechen que quiero influenciar un movimiento que no me pertenece, que quiero llevar al feminismo las mismas actitudes de superioridad masculina contra las que están luchando. A ellas les diría que lo único que pretendo es apoyar su causa, por la misma razón por la que apoyo la lucha contra el racismo, la igualdad social y otras causas progresistas: porque es lo que debo hacer. No, no voy a dejar de dar mi opinión; pero no pretendo que cuente más que como eso: una opinión más.

Habrá hombres que me verán como un traidor a nuestro sexo, porque piensan que el feminismo es una guerra entre los sexos. Desgraciadamente, han llegado a esta idea a causa de los desvaríos del feminismo aberrante del que hablaba más arriba, que ve en el hombre al enemigo, la causa de la opresión de la mujer. Pero no es verdad, no somos el enemigo. El enemigo es el sexismo: una serie de actitudes e ideas engranadas en lo más profundo de nuestra cultura que fuerzan a ambos sexos a adoptar unos roles determinados, a ocupar unas posiciones predeterminadas en la estructura social. Y, aunque el sexismo oprime de forma desmesurada a la mujer, también nos perjudica a los hombres. El machismo nos fuerza a ocultar nuestras emociones; nos impide expresar cariño y protección hacia nuestra pareja y nuestros hijos; nos obliga a no mostrar nunca nuestro lado débil y vulnerable, y, en tiempos que muchos aún recordamos, nos obligaba a empuñar las armas y esclavizarnos al ejército en contra de nuestra voluntad.

En el Día Internacional de la Mujer, es importante que todos, hombres y mujeres, declaremos nuestro apoyo a los objetivos feministas de la igualdad de la mujer y la desaparición del sexismo.

domingo, 3 de marzo de 2013

Sadomasoquismo y violencia de género



Viene en el periódico El Mundo que Rosario Ballester, la coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer en Huelva, acusa al sadomasoquismo, y en particular a la popular novela erótica “50 Sombras de Grey”, de promover la violencia de género. 

"El Instituto Andaluz de la Mujer vincula las 'Sombras de Grey' con la violencia de género"
http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/27/andalucia/1359302899.html
 
Afortunadamente, los comentarios de los lectores reflejan casi unánimemente su indignación ante semejante aserción. Una excepción, sin embargo, es la lectora que firma con el pseudónimo de LeeRemick (comentarios 22-25, 38-40). Dejando a un lado los ataques a los zapatos de tacón, que no vienen al caso, éstas son las cosas que dice LeeRemick sobre el sadomasoquismo:

“El s/m es una parafilia (sadismo y masoquismo sexual, respectivamente) por lo tanto no se debería hacer apología, como de la pedofilia o pederastia. Me ha llamado la atención en la Sexta una psicóloga diciendo que esto es distinto a la violencia machista porque es consentido ¿acaso el maltrato doméstico no es a menudo consentido durante años? Se están anteponiendo los deseos y fantasías sexuales de las personas en la industria del porno y la literatura erótica (que ya sabemos que incluyen violaciones, etc), en vez del bien común y la educación social dirigida a la prevención de delitos sexuales y eso es un grave error. Luego la gente se pregunta cómo hay tanto detenido en las operaciones de pornografía infantil... hombre, es que debe haber prevención (la apología de la pederastia en España no es delito), solo a base de cárcel o multas, no se hace nada. La gente no tendría las fantasías sexuales aberrantes que tiene si la industria del porno y la cultura sexual que hay (que en Europa arrastramos desde el marqués de Sade) fuera diferente. (…) No hay que olvidar que a veces ambos miembros de la pareja no son parafilicos en el sentido s/m (a veces uno es el sádico y empuja al otro a la sumisión); o sea, que la normalización social de las parafilas es un error en tanto que si tu pareja es sádica, no le puedes mandar a terapia (y menos con los psicólogos progres que tenemos ahora, que todo lo ven normal a menos que "no haya consentimiento" como si lo legal se equiparara a lo normal), si no que la única alternativa que te dan es la adaptación a su parafilia (masoquismo).”

Creo que vale la pena analizar cada una de estas afirmaciones por separado:

1.      La supuesta relación entre el sadomasoquismo y la pornografía infantil. No existe tal relación; ésta es una acusación falsa que se hace a menudo contras formas de sexualidad que se no se pueden condenar con otros argumentos. Cabe recordar que durante décadas se acusó a los homosexuales de ser pederastas. Ahora sabemos a ciencia cierta quienes son los auténticos pederastas: precisamente muchos de los curas que hacían tales acusaciones.

2.      La industria porno causa el sadomasoquismo. Esta es una simple confusión de causa y efecto. Si no existieran gente con fantasías sadomasoquistas, no habría pornografía sadomasoquista. Y a la inversa: a los que no tienen tendencias sadomasoquistas no les gusta este tipo de pornografía. Finalmente, si el sadomasoquismo no es malo, tampoco tiene porque serlo la pornografía S/M.

3.      Si uno de los miembros de una pareja es sádico eso condena al otro miembro a ser masoquista. No es verdad. Eso implicaría una relación S/M no consentida, lo que es condenado por la inmensa mayoría de los sadomasoquistas.

4.      “Si tu pareja es sádica, no le puedes mandar a terapia”. ¡Pues claro que no! Hacerlo sería una grave violación de su libertad personal.

5.      El maltrato doméstico a menudo es consentido, por lo que el consentimiento no disculpa las prácticas sadomasoquistas. He dejado esto para el final porque es quizás el argumento más convincente. Creo que esto es algo a lo que los que defendemos el S/M deberíamos prestar más atención.

Es cierto que en numerosos casos de violencia de género se crea una relación de codependencia donde la mujer disculpa o “perdona” al hombre que la maltrata. Sin embargo, esto es muy distinto del consentimiento que se requiere en las relaciones sadomasoquistas. En el S/M el consentimiento ha de darse antes de la sesión, y puede retirarse en cualquier momento con el uso de una palabra de seguridad. Por el contrario, el maltrato ocurre sin ningún consentimiento previo y la maltratada es incapaz de interrumpirlo.

Todos los que estamos en contacto con el mundo S/M sabemos que las sesiones S/M tienen lugar de una manera completamente distinta al maltrato. Se dan con un espíritu lúdico, ritual y controlado, no de ira, celos o venganza. El sádico no está enfadado con la sumisa, aunque a veces finja estarlo. Cada golpe está perfectamente estudiado para conseguir un determinado efecto, sin que se produzca daño grave o más dolor que el que quiera soportar el masoquista. Porque hay que recordar que el consentimiento es sólo uno de los tres parámetros que hacen que el S/M se desarrolle de una forma ética. Los otros dos parámetros son seguridad y cordura (“safe, sane and consensual” en inglés). La seguridad consiste precisamente en que no se produzcan lesiones graves (daño a los músculos, órganos internos, huesos o articulaciones). Para ello el sádico debe de aprender cómo realizar estas prácticas de forma segura: cómo pegar, cómo atar, cómo usar los distintos implementos. La cordura consiste en que tampoco debe haber daño emocional o psicológico. En particular, el dominante se abstendrá de usar las debilidades emocionales de la sumisa para coartar su libertad o crear dependencia. Los requisitos de seguridad y cordura deben cumplirse sobreañadidos al requisito de consentimiento del masoquista. Es decir, que no se debe hacer nada que no sea seguro o cuerdo aunque la sumisa consienta a ello, o incluso lo pida.

Por el contrario, en la violencia doméstica el maltratador pierde el control sobre sus actos; está presa de una ira irracional. A menudo está borracho, bajo el efecto de drogas o presa de un ataque de celos. Golpea sin ton ni son, sin preocuparse del daño que ocasiona o incluso deseando causar el mayor daño posible. Y las disculpas o el “perdón” de la maltratada no son más que evidencia de un abuso emocional que ha creado una situación de dependencia. No pueden confundirse con el consentimiento dado de antemano.

Por supuesto, no existen garantías de que todas las relaciones S/M cumplan estos requisitos. Pero la mayoría sí lo hacen, porque se ha creado una cultura y una comunidad BDSM a nivel internacional que lo exige. Y, de no cumplirse, la propia comunidad BDSM es la primera en marginalizar a los infractores y denunciarlos como maltratadores. A fin de cuentas, los masoquistas también forman parte de esa comunidad y es en su propio interés que se respeten estas normas.

domingo, 3 de febrero de 2013

El mantra de la compasión




Que seamos libres.

Que estemos a salvo.

Que tengamos salud.

Que seamos felices.

Que vivamos una vida fácil,

sin preocupaciones ni miedos.

Éste es el mantra de la compasión. Se utiliza en una forma de meditación basada en el Budismo Tibetano, que consiste en repetir estas frases mentalmente, buscando desarrollar las emociones asociadas con ellas. El sujeto de las frases es, al principio, uno mismo… Nos deseamos libertad, seguridad, salud, felicidad, etc., a nosotros mismos. Luego se va expandiendo a las personas a las que queremos, a las que conocemos, a nuestros enemigos, incluso… hasta abarcar toda la humanidad.

La palabra “compasión” tiene algo de mala prensa. A muchos le suena a algo que se siente por aquellos a quienes consideramos inferiores a nosotros, por ser más débiles e indefensos. En particular, está mal visto sentir compasión por uno mismo - autocompasión - porque eso equivaldría a vernos como seres débiles y lastimeros, en vez de los valientes luchadores que todos pretendemos ser. La psicología moderna enfatiza un modelo de persona basado en la seguridad en uno mismo, pero no nos explica demasiado bien lo que tenemos que hacer cuando sufrimos un revés a pesar de toda esa seguridad. Estudios recientes han mostrado que personas entrenadas en la compasión por uno mismo (“self-compassion” en inglés, que no es lo mismo que “autocompasión”, que se traduciría como “self-pity”) tienen más éxito que las personas con mucha seguridad en sí mismos.

El sentido original de la palabra compasión es el de “sufrir con alguien”, es decir, el sentir empatía por el sufrimiento de los demás. Ese es precisamente el significado de la compasión budista, “karuna” o “metta”. El sentir empatía por el sufrimiento de alguien no conlleva que nos sintamos superiores a esa persona, sólo se trata de darse cuenta de que todos sufrimos, tarde o temprano. No podemos ser felices si estamos rodeados de sufrimiento. Si somos capaces de serlo, es porque una parte esencial de nuestra humanidad se ha atrofiado: la parte que nos permite sentir empatía. Esta meditación sobre la compasión pretende conseguir lo contrario: entrenar nuestro sentido de empatía hasta conseguir que la emoción de la compasión se convierta en una constante en nuestras vidas.

¿Y la compasión por uno mismo? Paradójicamente, para disminuir nuestro sufrimiento primero debemos volvernos sensibles a él. Sólo así conseguiremos darnos cuenta de los hábitos mentales y las emociones negativas que nos hacen sufrir. Este darnos cuenta nos llevará de forma natural a modificar el funcionamiento de nuestra mente, de forma que aprendamos a existir en un estado de mayor felicidad.

El mantra de la compasión es dominio público, pero yo lo encontré en el libro “The Mindful Path to Self-Compassion”, por Christopher K. Germer, publicado por Guilford Press. Excepto el primer verso. Un día, al recitarlo con mi familia antes de comer, me di cuenta de que faltaba algo: la búsqueda de la libertad, que siempre debe contrarrestar nuestro deseo de seguridad.   

lunes, 14 de enero de 2013

¿Se pueden evitar los celos?


De todas las emociones negativas y destructivas que se pueden tener, los celos son sin duda la que cuenta con mejor prensa. Las novelas, las películas, las series de televisión… todas están de acuerdo en reafirmar la misma creencia: los celos son una parte inevitable de toda relación amorosa. Muchas veces se va incluso más lejos, para afirmar que los celos son una señal de amor. Sin embargo, los celos son la causa de una desmesurada cantidad de sufrimiento. Muchas parejas entran en una dinámica de celos, sospechas, prohibiciones y lucha por la libertad que a menudo llevan a la destrucción de la relación. Lo vemos por todas partes: infidelidad sexual que lleva inmediatamente al divorcio, dejando una estela de familias rotas y niños que tienen que aprender a luchar para mantener su relación con sus dos padres. En los casos más extremos, los celos son la causa de la violencia de género que produce un daño extremo, incluso la muerte, a muchas mujeres.

¿Es verdad que los celos son una parte inevitable de la naturaleza humana? ¿Que tenemos que aceptarlos como centinelas de la sacrosanta pareja monógama? ¿O es posible amar dejando que la persona que amamos sea amada por otros? Cada vez más gente elige vivir en relaciones que desafían al canon de la monogamia, como las parejas abiertas y el poliamor. Sí, es verdad que aún en este tipo de relaciones también se dan los celos, pero no se aceptan como algo positivo, sino como un obstáculo a vencer. 

El primer paso para evitar los celos es comprenderlos. Para empezar, hay varios tipos distintos de celos…

1.      Celos de sexo. Los más corrientes. Surgen cuando nuestra pareja tiene relaciones sexuales, o desea tenerlas, con otra persona. Se suelen manifestar como asco al imaginar a la persona amada follando con otro o con otra: nos fijamos en la repulsión que nos produce un cuerpo extraño en contacto con el cuerpo que deseamos. También provoca ira hacia el rival y hacia nuestro compañero o compañera, que puede llevar, como es bien sabido, hasta la violencia física y el asesinato. Hoy se especula que este tipo de celos se da más en los hombres que en las mujeres y pueden estar relacionados con la hormona social vasopresina, que produce un apego basado en la posesividad y la territorialidad.

2.      Celos de amor. Algunas personas pueden tolerar que su pareja tenga relaciones sexuales, siempre y cuando se mantengan en un nivel superficial y no lleven al enamoramiento. Otras veces los celos de amor se dan al mismo tiempo que los celos de sexo, sólo que el sexo con otra persona se rechaza más que nada porque tememos que es una señal de amor. Aunque también despiertan la ira, los celos de amor suelen venir acompañados de tristeza, desesperanza y pérdida de la seguridad en uno mismo. Cabe especular que son más propios de la mujer que del hombre y que están relacionados con la oxitocina que, como la vasopresina, motiva el comportamiento monógamo. Sin embargo, al contrario que la vasopresina, el apego que produce la oxitocina se basa más en el deseo de amparar que en la posesividad.

3.      Envidia. A veces es difícil distinguir la envidia de los celos. Por ejemplo, si a mí me gusta Fulanita y ella empieza a salir con otro, lo que siento hacia él se debería llamar envidia, ya que al no tener yo una relación con Fulanita, no habría celos propiamente dichos. Casos más claros serían, por ejemplo, cuando se envidia el amor que vemos en otra pareja.

Existen varias razones para pensar que los celos no son inevitables. La más convincente es que existen hoy en día miles de personas que practican la pareja abierta y la poliamoría, y que no sienten celos cuando su amado o amada tienes relaciones sexuales con otros (celos de sexo), o incluso cuando se enamora de otra (celos de amor). Pero, ¿no será esto porque algunas personas son naturalmente no-monógamas? Desde que se descubrió el papel que juegan la oxitocina y la vasopresina en la monogamia (véase mi blog anterior sobre la oxitocina), se ha especulado que hay personas que producen una mayor cantidad de estos péptidos (o de sus receptores) y son naturalmente monógamas, mientras que otras personas serían naturalmente “infieles” por la razón contraria. Personalmente, prefiero creer que el ser humano tiene la capacidad de controlar sus propios sentimientos y estilo de vida, y no es un simple esclavo de su bioquímica.

No nos confundamos, no estoy diciendo que las emociones se pueden controlar a base de un esfuerzo de la voluntad. Al contrario: una vez presente en nuestra mente, cualquier emoción es muy difícil de suprimir. Si estamos enfadados, o tristes, o asqueados, seguramente seguiremos así durante un tiempo. Pero también es verdad que las emociones se pueden controlar evitando que aparezcan en primer lugar, o acortando su duración a base de no alimentarlas si ya han aparecido. En el caso concreto de los celos, si hemos decidido vivir sin ellos podemos introducir una serie de cambios en nuestra forma de pensar que a la larga los hagan menos frecuentes y menos dolorosos, llegando incluso a hacerlos desaparecer. Esto es lo que yo aconsejaría…

1.      Examina tus creencias. Si sigues convencido de que tienes la obligación de estar celoso, de que los celos contribuyen a la estabilidad de la pareja, o de que son una señal de amor, difícilmente podrás evitarlos.

2.      Si te sientes celosa, reconócelo. Primero, delante de ti misma, y luego cuéntaselo a tu pareja. Pero esto no quiere decir que reacciones con ira o culpabilizándola. Al contrario, si le haces saber que a pesar de estar celoso luchas por evitarlo, la tendrás de tu lado.

3.      Si sientes celos de sexo, examina esa imágenes que te producen tanta repugnancia. A la mayor parte de la gente les excita la imagen de dos personas haciendo el amor. ¿Por qué no sentir lo mismo si la imagen incluye a la persona a la que quieres? ¿Qué detalles en la imagen de tu amada haciendo el amor con otro te dan asco? 

4.      Toma conciencia de toda esa propaganda encubierta a favor de los celos con las que se nos bombardea a diario. 

5.      Niégate a participar en esas convenciones sociales que refuerzan la idea de los celos como algo positivo: el hablar de “cuernos”, de “infidelidad”, de “engaño”, para referirse a las relaciones sexuales fuera del corsé de la monogamia.

6.       El sexo es sólo eso: sexo. No es engaño si no se miente sobre ello. No es infidelidad si mantenemos el amor y la lealtad a nuestra pareja, si la tratamos con respeto y con cariño.

7.      Los celos de amor suelen ser un síntoma de inseguridad. Ese miedo a ser abandonada, a que te dejen de querer, viene de una baja autoestima. Si estuvieras segura de que eres lo mejor para él, no tendrías tanto miedo a que te abandone.

8.      Nunca se te ocurra poner celosa a tu pareja para asegurarte su amor. Sólo conseguirás lo contrario: que la sospecha y la mentira se instalen en tu relación.

9.      ¿Qué hay de malo en que alguien quiera a la persona que tú quieres? Si es tan maravillosa, y tú la quieres, ¿por qué no la va a querer alguien más? 

10.  El amor no se rige por las leyes de la aritmética. No es que tengamos una cantidad fija de amor que haya que repartir entre varias personas. El amor no es cuantificable. Por lo tanto, cuando tu pareja le da a alguien su amor, no te lo quita a ti. 

11.  Existe una emoción positiva opuesta a los celos. En inglés se le ha llamado “compersion”, por lo que quizás la podamos traducir al castellano como “compersión”. Se refiere a la alegría que se siente cuando la persona a la que amamos es amada por otros. Incluso a excitarse sexualmente con la imagen de nuestra pareja haciendo el amor con otros. Si alguna vez sientes algo así, aprécialo. La compersión anuncia el fin de los celos. 

Quizás todo esto te parezca utópico, absurdo. Pero lo cierto es que cada vez somos más los que vivimos sin celos. Hablamos con nuestra mujer sin pudor de las chicas que nos gustan. Nos tomamos una cerveza con nuestra amante y sonreímos mientras ella nos cuenta su aventura sexual de la noche anterior. Es una forma bonita de vivir porque, en definitiva, vivir rodeados de amor no puede ser malo… aunque ese amor no vaya siempre dirigido a nosotros.