viernes, 17 de abril de 2015

¡Qué brazos más fuertes tienes!

Esto es algo que he escrito recientemente para mi nueva novela: Contracorriente (escenas de poliamor)

Cuando entraron se encontraron a Beatriz bailando una danza frenética en medio de la mazmorra. Se había quitado el antifaz, había cogido un azote formado por dos correas de cuero y se dedicaba a pegarse con él por todo el cuerpo, insultándose con furia con cada golpe.

-¡Tonta! ¡Asquerosa! ¡Imbécil! ¡Cochina!

Julio se quedó mirándola consternado. ¡Joder! ¡Esta tía está como un cencerro!

Cecilia, sin embargo, no se dejó paralizar por la sorpresa. Se fue derecha a Beatriz y le sujetó la mano que blandía las correas.

-¡Pero bueno! ¿A ti qué coño te pasa?

Beatriz se quedó parada de repente, pero sin hacerle el menor caso a Cecilia. Lo miraba a él directamente.

-¡Guau! ¡Tu chico es muy guapo!

Decidió que debía hacer algo. Se acercó a ellas en un par de zancadas. Cecilia había agarrado a Beatriz con una mano en la cara y la forzaba a mirarla.

-¡Deja de mirarlo! Se supone que no deberías vernos hasta que te diéramos permiso. ¿Por qué te has quitado el antifaz?

-¡Ay, perdona! S-s-s-se me ha escapado… ¡Es que es muy guapo, de verdad! … T-t-t-tú también eres muy guapa… Martina ha sido muy buena conmigo, al dejarme jugar con vosotros… ¡Por favor! -Dijo con un súbito quiebro en la voz-. ¡Por favor! ¡No me echéis! ¡Prometo ser buena! ¡Haré todo lo que queráis!

Beatriz se desmoronó de rodillas. Cecilia se acuclilló a su lado.

-¿Ah, sí? ¡Pues no estás siendo nada buena! Te has quitado el antifaz sin permiso y te estabas pegando… ¿Lo has hecho antes? ¿Lo sabe Martina?

-Sí… -sollozó Beatriz-. Se enfada mucho conmigo cuando lo hago… Y me castiga. ¡Por favor, no se lo digas!

-¡Pues claro que se lo voy a decir! Y además te vamos a castigar nosotros.

-¿Sí? ¿Qué me vais a hacer? -dijo en tono incierto.

Julio encontraba toda esa conversación extrañamente infantil. No sabía hasta qué punto Beatriz hablaba en serio o era todo una especie de juego. La rabia con la que se pegaba cuando entraron parecía muy real, desde luego. Decidió seguirle la corriente, como hacía Cecilia.

-¡Por lo pronto, te voy a poner el culo como un tomate! -anunció.

Beatriz le dedicó una sonrisa beatífica.

-¡Ay, sí! ¡Qué bien!

-¿Qué bien? ¡A ver si dices lo mismo dentro de un rato!

-Julio tiene la mano muy dura -la advirtió Cecilia.

-Todo lo que tú me hagas me encantará -le dijo mirándolo embelesada.

Sin el antifaz, Beatriz parecía aún más joven e inocente. Debía tener la misma edad que Malena, puede que incluso menos. Había algo en sus gestos, en su forma de hablar, que resultaba muy extraño. Esa súbita adoración que parecía sentir por él no era nada normal, desde luego. Pero él ya estaba harto de que lo acusaran de tener demasiados escrúpulos. Además, le estaban entrando unas ganas locas de darle una tunda a esa mequetrefe.

-Pues vamos a ver lo que tardo en hacerte cambiar de opinión.

La levantó del suelo de un tirón. La obligó a inclinarse hacia su espalda, rodeándole las caderas con el brazo izquierdo, levantándola hasta que tuvo que estirar las piernas para poder apoyar los dedos de los pies en el suelo. Eso dejó su traserito completamente a tiro de su mano derecha, como si fuera un bombo. Le dio dos fuertes cachetes, uno en cada nalga. Beatriz se rio.

Cecilia, plantada delante de él, asintió con aprobación.

-Bueno, mientras que vosotros os divertís será mejor que ordene el desbarajuste que ha organizado ésta.

Julio reparó por primera vez en que todo el contenido de una estantería estaba esparcido por el suelo: dildos, tapones anales, y toda una serie de ataduras de cuero.

-¡Será gamberra! -masculló, y le dio otro par de fuertes azotes. Beatriz dio un gritito, luego se volvió a reír.

Empezó a picarse de ser incapaz de inspirarle miedo a esa pequeña mequetrefe. Levantando bien la mano en el aire, le dio una serie de sus mejores azotes, alternando de una nalga a otra. Los gritos de Beatriz pasaron de sonar divertidos a genuinos.

-¡Ya está bien de cachondeo, joder! -dijo tomándose un respiro momentario.

-¡Qué brazos más fuertes tienes! ¡Me encantan! -dijo Beatriz, acariciándole el brazo con el que la sujetaba contra su cadera.

-¡Son para pegarte mejor, Caperucita!

Cecilia soltó una carcajada desde donde se encontraba colocando objetos en la estantería.

¡Qué demonios, si ella se lo pasa bien, yo también! Dijo para sí, reanudando la azotaina.

Beatriz reaccionaba de una manera preciosa a los azotes, frotándose las piernas, dando pataditas, cruzando los pies, levantándolos en el aire, al tiempo que profería gritos y quejidos de lo más sexy. Su pompis había adquirido ya un precioso tono rosa oscuro; podía sentir el calor que desprendía con cada impacto de su mano.

-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Joder, qué pasadaaa! -gritaba Beatriz.

Cecilia se le acercó con un par de muñequeras y tobilleras de cuero en cada mano.

-Tampoco te pases, Julio -musitó.

Le dio un par de cachetes más y la enderezó. Para su sorpresa, había lágrimas en sus mejillas. Beatriz se puso a bailar una danza de dolor, frotándose las nalgas con las manos.

-¡Ay mi culito! ¡Cómo me duele!

Julio sintió su verga endurecerse aún más.

-¡Ven aquí, anda! -Le dijo, conduciéndola a uno de los taburetes. La sentó en su regazo, como antes, acariciándole el pompis. Estaba suave como la seda, caliente como una estufa. Con el nudillo de la otra mano le quitó una lagrima de la mejilla.

-¿Ves como sí que pego fuerte? Pórtate bien, si no quieres recibir más.

Beatriz le rodeó el cuello con los brazos y se arrebujó más contra él. Echó la cabeza hacia atrás y, antes de que se diera cuenta, lo estaba besando. La agarró del pelo, pensando quitársela de encima, cuando se dio cuenta de lo dulce que era su boca. Le apresaba los labios entre los suyos y luego entreabría la boca, invitando su lengua a entrar. Julio la besó un buen rato, sin dejar de acariciar el trasero que se había trabajado tan bien. Entreabriendo los ojos, vio a Cecilia sentada en sus talones frente a ellos, mirándolos con ojos lastimeros.

-Está surtiendo efecto, eso de darme envidia -observó.

2 comentarios:

  1. Madre mía Hermes,

    Me he puesto cardíaca con la excitación de leer tu texto: no sé si por lujuria, por morbo o por ya conocer la historia de Cecilia y tener curiosidad por descubrir las hazañas que han pasado por tu cabeza de mente calenturienta y maléfica, y que de deparan a nuestra protagonista.

    Lo perverso de leer retazos sueltos de tus próximos libros es que intuyes lo que pasa o lo puede pasar, pero no acabas de ligar cabos sueltos pq cada vez te encuentras con un personaje nuevo que no sé quien es; lo que da una rabia exasperante.

    A la gente que ya hemos leído tu trilogía nos abres el apetito, nos dejas con un hambre atroz pero para nada sacias nuestra curiosidad, sinó que la dejas más viva y candente que nunca.

    Espero que sigas en racha y lleno de ilusión por escribir y disfrutar haciendo lo que haces, pq eso es lo realmente importante!!!

    Y los que hemos disfrutado con tus libros esperamos pon ansia tus próximos escritos :-)

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  2. Muchas gracias... Sí, estoy en plena fiebre de escribir. Cada vez estoy más conectado con esta novela y cada momento que tengo libre me vuelco en ella. Me quedan por escribir tres de los 27 capítulos, y completar algunos. La estructura es bastante distinta a la de las otras novelas, ya verás...

    Voy colgando aquí algunas escenas para que se vea de qué va la cosa. Suelen ser escenas BDSM, pero no siempre las mejores, ya que tengo que evitar spoilers. La lista de todas las escenas de esta novela que han aparecido en el blog se puede encontrar en la pestaña "Contracorriente".

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