viernes, 21 de junio de 2013

¿Quién le teme al Kindle feroz?

Estos días la prensa está llena de denuncias contra Amazon.com, la empresa de internet que en apenas un década ha conseguido hacerse con una parte importante del mercado mundial de libros. Primero fueron las críticas de la ministra de la Cultura de Francia, y enseguida los libreros británicos también criticaron a Amazon. La ministra francesa acusa a Amazon de monopolio y bajar mucho los precios (lo que se suele llamar “dumping”). ¿Su respuesta? Millonarias ayudas del estado a los libreros franceses. ¡Viva la libre competencia! Y los libreros británicos, ¿de qué se quejan? Pues de que ellos tienen que cobrar impuestos por cada libro que venden mientras que Amazon no lo hace. No digo que no les falte razón en esto, pero es un problema que ha existido desde que se empezaron a vender todo tipo de mercancías por internet, no sólo libros, y no sólo Amazon.

Sin embargo, yo veo todo este problema desde una perspectiva algo distinta: la del escritor incipiente que intenta hacer llegar sus libros al lector. Y, amigos míos, desde ese punto de vista Amazon se me antoja como una tabla de salvación en una situación que sin esta compañía sería insostenible.

Pero antes de pasar a enumerar lo que Amazon nos aporta a los escritores nóveles, quiero hablar de las auténticas razones por las que las compañías editoriales clásicas y los libreros se ven tan amenazados por Amazon. Esta compañía empezó como una simple red de distribución de libros y CDs por internet. La ventaja para el consumidor era bastante grande, pues en vez de tener que rebuscar los libros que queríamos leer en varias librerías, lo podíamos hacer desde el ordenador en casa, ¡y a precios muy competitivos! De todas formas, yo no he visto que sea verdad que Amazon practique “dumping”, pues el precio de sus libros siempre ha sido muy similar al de las librerías. Tampoco es verdad que se descuenten los gastos de envíos. Si tengo alguna queja de Amazon es que alguna vez me ha cobrado más de la cuenta por gastos de envío. Pero la auténtica revolución comenzó cuando Amazon sacó el Kindle y utilizó su red de compra por internet para vender libros digitales. Fue un doble golpe maestro: Amazon se beneficiaba al vender el Kindle y luego al vender libros digitales en formato MOBI, el utilizado por el Kindle. Pero la compañía tuvo el acierto de crear aplicaciones Kindle de lectura de ficheros MOBI para el iPod, iPad y otras tabletas. Sacrificaba así la venta de tabletas Kindle, pero conseguía afianzarse en el mercado de libros digitales. Su éxito en EE.UU. fue espectacular: hoy en día más de la mitad de los libros que se venden en este país son digitales, y de esos las mayoría son para Kindle. Si antes Amazon amenazaba con dejar a los libreros sin trabajo, ahora también empezaba a amenazar a las editoriales clásicas.

Supongo que a estas alturas algunos de los que me leéis empezaréis a cantar aquello del encanto especial del libro en papel y el romanticismo que tienen las librerías. Vale, si lo entiendo, a mí también me gustan las librerías, su olor, el sacar un libro de la estantería y empezar a hojearlo. Sin embargo, el mundo de las grandes editoriales no tiene nada de bonito ni de romántico. Como ha pasado en casi todas las esferas comerciales, las grandes compañías editoriales han ido comprando a las más pequeñas, ganando un control enorme sobre la parte más valiosa de la cultura. Por ejemplo, el gigante editorial americano Random House posee gran parte de las editoriales clásicas españolas, como Mondadori o Grijalbo. Esto contribuye al empobrecimiento de la oferta de libros: cada vez se leen más traducciones de un puñado de autores americanos o británicos. Los libros escritos originalmente en español son de unos pocos escritores bien establecidos. Las editoriales siempre le han cerrado las puertas a los escritores nóveles, imponiéndoles condiciones draconianas para publicar sus obras, y con su consolidación en un número decreciente de grandes empresas la situación tendía a empeorar. Como muchos otros productos de consumo, la tendencia era a la uniformidad, vendiendo cada vez menos títulos con cada vez mayor tirada.

La aparición del libro digital vino a cambiar todo eso. El coste de publicación de un libro se abarató enormemente, pues ya no hay que imprimirlo, almacenarlo y distribuirlo. Amazon supo ver las ventajas que esto ofrecía, y creó un modelo de venta de libros digitales que favorece enormemente tanto al lector como al escritor. El lector se beneficia de libros más baratos, una forma de distribución instantánea y una amplísima oferta. A los escritores nos ofrece una serie de grandes ventajas:

  1. Amazon nos da a los autores el 70% del precio de venta del libro, mientras que una editorial de papel nos da sólo el 10%. Ha montado un sistema transparente donde sabemos en cada momento lo que vendemos y lo que ganamos.
  2. Amazon nos deja quedarnos con los derechos de autor (copyright) de los libros, mientras que las editoriales te los quitan a cambio de "dejarte" publicar. Una vez que has cedido el copyright, cualquier ganancia adicional que aporte el libro (como el hacer una película basada en él) beneficia a la editorial y no al escritor.
  3. Una vez que tienen tu copyright, las editoriales ponen el libro en venta con la tirada que ellos deciden. Le dan a tu libro la oportunidad de que se venda durante unos meses, pasados los cuales dejan de imprimir tu libro y lo retiran del mercado para hacer espacio a otros libros que ellos quieren promocionar. El escritor no puede hacer nada al respecto, pues al no tener el copyright no puede publicar el libro en ninguna otra parte. En contraste, Amazon publica tu libro para siempre jamás. Si no se vende hoy, quizás lo haga en cinco años. No hay tiradas limitadas, el lector tiene siempre tu libro a su disposición.
  4. Amazon permite publicar a cualquier autor que cumpla un puñado de condiciones mínimas, por desconocido que sea, lo que es una auténtica bendición para los autores nóveles. Se acabó en mandar tu libro a un montón de editoriales mendigando que lo publiquen y gastándote un montón de pasta en el proceso. Se acabó el hacerles la coba a los agentes literarios. Eso sí, el libro te lo tienes que promocionar tú… pero no te creas que las editoriales se iban a gastar el dinero en hacerlo, sobre todo si eres un desconocido.
Las editoriales clásicas contemplan este fenómeno con sentimientos similares a los que debieron experimentar los dinosaurios viendo caer el meteorito que los llevó a la extinción. ¡No es de extrañar que arremetan contra Amazon! No sólo el Kindle les va quitando poco a poco a sus consumidores, la nueva hornada de escritores se iniciarán con libros electrónicos en los que ellos se quedan con el copyright; ya no tienen motivos para aceptar las condiciones draconianas de las editoriales. Incluso algún escritor establecido se apuntará al nuevo modelo. Por lo tanto, las editoriales se arriesgan a perder tanto a sus lectores como sus escritores. Pero no acaba ahí la cosa. A las editoriales aún les quedaba la esperanza de mantener la clientela que se resiste a abandonar el libro en papel. Pero ya ni siquiera esto, porque Amazon acaba de inventar el CreateSpace, un nuevo sistema por el que el escritor puede imprimir, distribuir y vender libros en papel con casi las mismas ventajas que al vender libros digitales en Kindle.

No soy un iluso. Sé perfectamente que una compañía como Amazon no es una institución benéfica al servicio de escritores y lectores. Sigue estando sujeta a las normas salvajes del capitalismo moderno. Pero existen razones objetivas que hacen que Amazon se siga portando bien. La más importante es que, siendo el libro digital tan fácil de producir, el escritor y el lector siempre tienen otra alternativas. Por ejemplo, la compañía Smashwords.com distribuye libros en todos los formatos digitales (MOBI, EPUB, PDF, etc) , y se los entrega tanto Amazon Kindle como a sus competidores de Apple, Nook, Kobe, etc, con lo que el escritor tiene en sus manos una red de distribución aún más amplia. Encima, Smashwords trata muy bien al escritor, ofreciéndole todo tipo de herramientas para mejorar y promocionar sus libros. Y, en última instancia, al escritor siempre le quedará el recurso de vender sus libros desde su propio sitio web.

En los próximos años vamos a asistir en España y en todo el mundo hispanoparlante a una gran batalla por el mercado del libro digital. Amazon Kindle se está posicionando muy bien, con filiales en España, Brasil y seguro que pronto en todos los países de América Latina. Las editoriales clásicas no han sabido reaccionar a tiempo y parecen vivir con la esperanza de que al final las cosas seguirán como siempre. Veremos quién tiene razón.

2 comentarios:

  1. Tengo un kindle, bueno se lo he prestigalado a alguien, así que no lo tengo en realidad. Hace unos 7-8 años empecé a leer en soportes como mp4 y en cuanto un móvil me dio la oportunidad, en él, aparte de leer en el ordenador de mi trabajo. Y menos mal, los ácaros del papel y mi gata conspiraban para matarme de alergia y tuve que liberar 6 metros cúbicos de libros. Una pena, solo salvé unos pocos ejemplares, sobrevivieron los de Gª Marquez y poco más. Para mi es una buena noticia tener la oportunidad de leer en digital, hay autores que se autoeditan de gran calidad.

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  2. Espero que tu gata no sufriera el mismo destino que los 6 metros cúbicos de libros. ¡Me encantan los gatos! La verdad es que también me da pena que te tuvieras que deshacer de todos esos libros. Yo también soy alérgico a los ácaros, pero por suerte no mucho, y por supuesto no lo suficiente para deshacerme de mis queridos libros. De todas formas, todo lo que leo últimamente es en el kindle. Cuando te acostumbras a él es lo más cómodo. Sobre todo para viajar... ¡se acabó lo de llenar la maleta de libros!

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