sábado, 18 de mayo de 2019

Para volverte loca 36: El Budismo y la felicidad

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-Cecilia me ha explicado algo de tu dedicación al budismo. También he leído algunos libros sobre budismo Zen. Pero hay algo no consigo entender… En el budismo se habla mucho de curar el sufrimiento, pero no se dice nada de alcanzar la felicidad. Es todo muy negativo, muy centrado en el sufrimiento. Y al final parece que la única forma de curar el sufrimiento es a través del ascetismo, de renunciar a los placeres que nos ofrece la vida. Y no hablo sólo de los placeres físicos, sino también del amor, de la amistad, del cariño por los hijos.

-Pero el budismo también nos hace apreciar todo eso, Julio. Es sólo que si nos dejamos atrapar por búsqueda del placer, o incluso del amor, quedamos atrapados por el deseo. La felicidad está bien, pero el sufrimiento nos hace más humanos.

-¿El sufrimiento nos hace más humanos? Eso me suena a lo que dicen los cristianos: que hay que sufrir para agradar a Dios. Pero si el sufrimiento es algo positivo porque nos hace más humanos, porque es la voluntad de Dios, o lo que quieras, entonces ¿por qué luchar  por evitarlo? Eso pone en cuestión tu punto de partida.

Yi Shen le sonrió.

-Tienes razón, Julio: no hay nada positivo en el sufrimiento. Me he expresado mal. Lo que quiero decir es que esa lucha por superar el sufrimiento es lo que nos hace humanos. Por el contrario, si buscamos la felicidad quedamos atrapados por el deseo de encontrarla. El budismo enseña que ese ansia genera sufrimiento, porque está basada en una ilusión, en nuestra ignorancia. Porque la felicidad es un espejismo, algo efímero que se desvanece a cada momento. Cuando creemos que la hemos encontrado se nos escurre entre los dedos, como quien quiere agarrar un puñado de agua.

-No sé si estoy de acuerdo con eso, Yi Shen. Aunque la felicidad que siento en un momento se desvanezca, siempre la puedo volver a hacer aparecer en el momento siguiente. Porque, en definitiva, si la felicidad es una ilusión, ¿no podemos decir lo mismo del sufrimiento? Entonces, luchar por liberarnos del sufrimiento es una quimera similar a buscar la felicidad.

-Sí, claro. Cuando nos liberamos del sufrimiento de verdad es cuando llegamos a comprender su naturaleza ilusoria.

-Pues a mí no me parecen ilusorios ni el sufrimiento ni la felicidad. Son reales, forman el tejido de nuestras vidas. No creo que el evitar el sufrimiento pueda separarse de buscar la felicidad, porque en definitiva son las dos caras de la misma moneda. En la medida en que dejamos de sufrir, empezamos a ser felices. Y en la medida que alcanzamos la felicidad, dejamos de sufrir. Además, yo no veo a la felicidad como algo momentáneo, como tú dices. Creo que la felicidad es algo que permea toda nuestra vida, pasado, presente y futuro, cuando vivimos en armonía con nosotros mismos y con los que nos rodean. Es lo que los filósofos griegos llamaban la eudamonía, el vivir de manera virtuosa.

El Chino le volvió a sonreír.

-Precisamente, Julio. Eso es lo mismo que los budistas llamamos vivir con integridad, que es en lo que consiste el Noble Óctuple Sendero. En realidad, para mí el compromiso de vivir con integridad fue el comienzo de mi camino espiritual. Cuando era muy joven, un adolescente apenas, fui reclutado a la fuerza para luchar en la guerra de Vietnam. Si hubiera estado los suficientemente alerta a lo que pasaba en Estados Unidos en aquella época, habría hecho lo imposible para no ir. Pero yo no era más que un jovenzuelo despreocupado en un barrio marginal de Los Ángeles. Sólo conocía a mi familia y a mi pandilla. En Vietnam me encontré en medio de un verdadero infierno. Nadie sabía muy bien por qué luchábamos, contra quién luchábamos, a quién teníamos que matar, y a quién no. Los aviones bombardeaban la selva con bombas de napalm, quemando a todo bicho viviente. Los soldados entrábamos a saco en las aldeas, disparando sin ton ni son. Para mis compañeros, los vietnamitas no eran personas, sino seres a los que había que exterminar. Para mí eso resultaba difícil de comprender, pues tenían los mismos rasgos que yo, mis hermanos y mis padres. Además, me fui dando cuenta de que al matar a los campesinos sin piedad, los soldados acumulaban un enorme sufrimiento interior que acababa por enloquecerlos, empujándolos a drogarse, incluso al suicidio. Decidí que era mejor morir que verme forzado a hacer esas cosas.

-¿Tuviste que matar a alguien en la guerra?

-La verdad es que no lo sé. Mi pelotón tuvo varias escaramuzas en la selva, dónde disparábamos al enemigo que se ocultaba al otro lado de los matorrales. Luego encontrábamos los cadáveres, pero era imposible saber si habían sido mis balas las que los habían matado. Lo que sí te puedo decir es que nunca maté a nadie a quemarropa, mirándolo a los ojos. Un día entramos en una aldea, le prendimos fuego a las chozas y mis compañeros se pusieron a matar a los campesinos indiscriminadamente. Yo quise salvar a un anciano, pero cuando intentaba ayudarlo apareció uno de los soldados de mi pelotón y le dio un tiro. Ese fue el momento en el que decidí desertar.

Julio asintió. Cecilia le había contado esa historia varias veces.

-Y te fuiste andando hasta Tailandia.

-Sí. Allí me recogieron en un monasterio, donde eventualmente me convertí en monje budista. Mi maestro Chi-Yié me hizo comprender que lo que me había llevado a desertar era mi espíritu de compasión. Me enseñó un tipo de meditación que hace crecer la compasión dentro de la mente. Ahora mi espíritu de compasión es tan fuerte que es lo que da sentido a mi vida. No tengo más remedio que seguir el camino que me indica.

-¿Pero tiene que ser precisamente ayudando a las prostitutas? Tiene que haber mil maneras de seguir ese espíritu de compasión, de luchar contra el sufrimiento. Por ejemplo, tienes Shaolin, donde hay muchos jóvenes para quienes te has convertido en un verdadero maestro, y no sólo de artes marciales. Tendrías que oír las cosas que dicen de ti…

-No sé por qué, pero mi karma siempre me llevó a ayudar a las prostitutas. Lo más normal hubiera sido pasar el resto de mi vida en ese monasterio, como un monje más. Pero cuando murió mi maestro Chi-Yié los otros monjes me obligaron a irme. En Bangkok encontré trabajo en un burdel, pensé que temporalmente, pero cuando empecé a ayudar a las mujeres que huían de la guerra de Vietnam y se prostituían para sobrevivir, mi compasión ya no me permitió abandonarlas… Hasta que las mafias que controlaban la prostitución empezaron a perseguirme y me vi obligado a huir de Tailandia. Siempre me he arrepentido de abandonar a esas pobres chicas a su suerte. Ahora se vuelve a repetir la situación y no estoy dispuesto a hacer lo mismo. Estoy dispuesto a luchar. 

-Sí, claro, pero la cuestión es cómo. Si vas a la cárcel viene a ser lo mismo que si abandonaras el país, desde el punto de vista de las prostitutas. No podrás hacer nada para ayudarlas. Por el contrario, si quedas en libertad eso te permitirá luchar. Tendrás que perder Angelique, pero tú eres el que dices que no hay que apegarse a nada, ¿no? Quizás desde fuera de Angelique puedas hacer más para ayudar a esas chicas. Y nos tendrás a Laura y a mí a tu lado.

-¿De verdad, Julio? ¿Te comprometes a ayudar a esas chicas?

-Haré lo posible, Yi Shen. Pero ya sabes que mi prioridad es encontrar a Cecilia. De todas formas, creo que la única forma de hacerlo es dando con don Francisco a través de esas prostitutas. Si logramos chafar sus planes lo obligaremos a aparecer. Y entonces nos tendrá que contar dónde tiene secuestrada a su hija.

El Chino asintió lentamente.

-Sí, yo también tengo un compromiso con Cecilia. Debo ayudarla. Muy bien, aceptaré la propuesta de Grijalva y entonces veremos lo que se puede hacer.

sábado, 11 de mayo de 2019

Para volverte loca 35: Proxeneta y desertor

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El Chino hizo otra pausa para pensar, mirándolo a los ojos.

-No aceptar el chantaje. Denunciarlo. Ir a juicio.

-Después de que se fuera Grijalva, Luis nos explicó por qué esa solución no puede funcionar. No hay ninguna prueba de lo que nos ha dicho Grijalva.

-Laura, Luis y tú sois testigos de lo que ha dicho. ¿No sería eso suficiente?

-Sí, pero si Laura y yo declaramos a tu favor, lo que estamos dispuestos a hacer, eso nos implicaría en un caso de prostitución. Luis no puede declarar porque actúa como tu abogado. Por otro lado, tienen pruebas suficientes para procesarte por proxenetismo y a las chicas por prostitución. Te pueden caer varios años de cárcel, Yi Shen.

-¿Pero por qué a mí? Hay un montón de locales como Angelique por todo Madrid. Es injusto que me procesen a mí y no a los otros. Empezando por Funky Town.

-¡Así es como funcionan las cosas en este puto país, Yi Shen! En este asunto de la prostitución impera la corrupción. Si te procesan a ti, no sirve de nada que haya otra gente haciendo lo mismo. Encima, tu situación en España es irregular, no tienes papeles. Tú eres americano ¿no? ¿No podrías pedir amparo a la embajada de los Estados Unidos?

-Soy desertor de la guerra de Vietnam, Julio. Si los de mi país se enteran de dónde estoy, pedirán que me deporten a Estados Unidos. Por eso nunca pude regularizar mis papeles.

-¡Pues sí que estamos buenos!

-¿Y Cecilia? ¿Cómo le va a afectar a ella todo esto?

-Grijalva negó categóricamente saber nada sobre ella. Pero Laura y yo tenemos bastante claro a estas alturas que don Francisco está detrás de su secuestro. Cabe la esperanza de que si don Francisco y sus compinches se hacen con el control de Angelique, dejen en libertad a Cecilia. En definitiva, lo que don Francisco quería era que dejara de trabajar allí. Y ahora ya podrá obligarla a dejarlo.

-No sé, Julio… No creo que la vayan a dejar en libertad tan fácilmente. A este tipo de personas cuanto más poder les das, más quieren. Y lo que no le gusta a don Francisco no es sólo que Cecilia trabaje en Angelique, sino también que esté viviendo con Laura y contigo.

-De todas formas, yo no veo otra salida que aceptar la oferta de Grijalva. Es lo mejor para ti y para las chicas.

-No, no para las chicas. Hoy en día a los jueces no les gusta meter a mujeres en la cárcel por prostitución. Como mucho, les pondrán una multa. Eso será mucho mejor que la esclavitud a las que quiere condenarlas ese Grijalva.

-Pero tú irías a la cárcel, Yi Shen. Los cargos de proxenetismo son mucho más serios que los de prostitución. Todo el mundo tiene la imagen negativa del chulo explotador de mujeres. Y si eres extranjero, peor, porque te asociarán al tráfico de mujeres.

-Pues si ese es mi karma, tendré que aceptarlo, Julio. No puedo causarle sufrimiento a esas mujeres para librarme yo.

Julio se quedó mirándolo, sorprendido. Era una respuesta que no se esperaba en absoluto.

-¿Qué quieres decir?

-Soy un monje budista, Julio. Hice una solemne promesa de luchar para disminuir el sufrimiento de todas las personas. Mi karma me ha llevado a trabajar para proteger a las prostitutas, en Tailandia primero, luego aquí en Madrid. Al principio me desconcertó que ese fuera mi camino, pues pensaba que el trabajo de una prostituta carecía de integridad. Pero luego comprendí que no era así, que las prostitutas son las personas más indefensas del mundo. Yo sabía cómo defenderlas, así que acepté ese camino. No lo hice por ganar dinero, ni porque el ambiente de la prostitución satisfaciera mi lujuria, sino como una acto de servicio. Por eso no puedo abandonar a esas mujeres ahora que me necesitan.

-Ya veo… Me parece una actitud muy admirable, Yi Shen. Pero si de lo que se trata es de disminuir el sufrimiento, ¿no deberías disminuir también el tuyo? Porque no tengo nada claro que yendo a la cárcel vayas a poder ayudar mucho a esas mujeres. Quizás lo mejor sería que quedaras en libertad para que así puedas seguir luchando por ellas.

-Sí, de eso es de lo que se trata: de ver cómo puedo ser más eficaz para ayudar a la gente.

domingo, 5 de mayo de 2019

Nueva portada de "Escenas de poliamor"

Primera portada
Al principio creí que había tenido una suerte inmensa con la portada de mi novela "Escenas de poliamor". Contacté en Fetlife con un fotógrafo con el nick de Real-Books y con su novia Caperucita. Tenían unas fotos muy eróticas en sus perfiles, así que les pregunté si me podían vender una para la portada de la novela que estaba terminando. Me dijeron que si les interesaba el proyecto me la harían gratis, y si no, nada. Me mandaron una serie de fotos, las primeras con Cape bastante desnuda. Les dije que no creía que me publicaran un libro con una foto así en la portada, así que para la siguiente serie de fotos Cape se puso sujetador, unas braguitas muy sexy y zapatos de tacón.

Pronto fui a Madrid y tuve oportunidad de conocer a Cape y a su novio en persona. Llevaban el local El Garage de Madrid, donde me invitaron a dar un par de charlas. Como yo, Cape es científica; hizo su tesis doctoral investigando el cerebro. Yo los invité a cenar, como les había prometido, y acabamos siendo muy amigos. Cada vez que voy a Madrid quedamos para tomarnos unas cañas.

Enseguida me puse manos a la obra para hacer la portada. Elegí la tipografía Amienne para el título, que le da un cierto aire informal y juguetón. También decidí que esa novela sería la cuarta de la saga de Cecilia Madrigal, abandonando la idea de que las tres primeras novelas serían una trilogía titulada "Voy a romperte en pedacitos". Podéis ver esa primera portada aquí al lado. Con ella publiqué el libro electrónico en Amazon Kindle y en Smashwords.

Segunda portada para Smashwords y D2D
Segunda portada para Kindle
Tercera portada para Kindle
Desgraciadamente, no contaba con la censura de Amazon. Sin decirme nada, pusieron "Escenas de poliamor" en el calabozo de libros, una categoría en la que los libros no salen en las búsquedas. Incluso si buscabas en Kindle "Hermes Solenzol", esa novela no aparecía. Lo mismo le pasó a "Juegos de amor y dolor" y a "Desencadenada". Pasaron muchos meses hasta que me di cuenta de por qué mis novelas se vendían tan poco en Kindle. El acabar en el calabozo de libros no suele tener nada que ver con el contenido de los libros; la censura va dirigida sobre todo a las portadas. Así que me puse a rehacer todas las portadas de mis novelas, abandonando los dibujos eróticos originales. Sin embargo, cuando llegué a "Escenas de poliamor", me rompía el corazón el no poder usar la preciosa foto de Cape. Al final decidí conservarla en las ediciones de la novela para Smashwords y D2D (una nueva empresa de distribución de ebooks) y cortar la foto a lo salvaje para Kindle. Les escribí para asegurarme de que sacarían la novela del calabozo con esa portada. La composición, con la foto enmarcada en un fondo color sepia, coordinaba con la de las tres novelas anteriores de Cecilia. Podéis ver las portadas resultantes más arriba.

Tercera portada para Smashwords y D2D
Pasó el tiempo y se empezaron a aclarar algunas cosas. Primero, que la portada para Kindle es horrible. Segundo, que "Escenas de poliamor" no funciona como cuarta novela de una saga, es mejor presentarla como un libro independiente. Tercero, por lo tanto, es mejor no coordinar la portada con la de las novelas anteriores. Cuarto, el título de "Escenas de poliamor" no funcionó tan bien como yo pensaba, mejor dejarlo de subtítulo y usar "Contracorriente" como título, una idea que venía considerando desde que empecé a escribirla. Quinto, si Kindle censura la portada, quizás yo podría usar esa censura creativamente, denunciándola de forma sutil. Seguí con la idea de hacer dos portadas, una sin censura para Smashwords y D2D, y otra con censura para Kindle. Volví a usar la foto a formato completo, sin marco, e introduje rectángulos transparentes para enmarcar el título, el subtítulo y el autor. Sólo que para Kindle el rectángulo del título es negro, como los que se usan para censurar, y tapa el culo de Cape. Dentro está el título "Contracorriente", que empieza con la "C" de censura, en tipografía Courier para darle aspecto arcaico. Eso transmite la idea de que no se puede ver el culo de Cape porque va contracorriente de las ideas puritanas de Amazon.

Aun no he actualizado la portada en Kindle. Antes les voy a escribir para asegurarme de que la novela no acaba otra vez en el calabozo de libros. Quizás haya que hacer ese rectángulo negro más grande. A ver si hay suerte...



viernes, 3 de mayo de 2019

Para volverte loca 34: Un trato inaceptable

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Capítulo 6 - Habrá que echarle huevos

Miércoles 16 de abril, 1980

Precedido por el policía, Julio fue andando por el estrecho pasillo que había delante de las celdas. Apenas había nadie encerrado en ellas, sólo un par de tipos con pinta de borrachos durmiendo la mona. Yi Shen estaba en la última, que al hacer esquina tenía sólo dos paredes de rejas, en vez de tres como las otras. Cuando lo vio venir se levantó sin prisa y se acercó a los barrotes. Aunque estaba sin afeitar, parecía compuesto y aseado. Se movía con la dignidad y la fluidez de una pantera.

-Hola, Julio, cómo estás -le dijo ofreciéndole la mano entre las rejas.

El policía que lo había acompañado se volvió por donde había venido.

-Yo, bien… Lo importante es cómo estás tú. Llevas cinco días encerrado aquí.

-No es tan malo como parece… Tengo un montón de tiempo para hacer meditación y hay suficiente espacio para hacer mis ejercicios de artes marciales. Siéntate, por favor.

Julio se sintió extrañado por el ofrecimiento. Era como si estuvieran en la sala de estar de la casa de Yi Shen, en vez de en las celdas de la comisaría de Tetuán. Decidió no hacerle caso y darle las importantes noticias que había venido a traerle.

-Laura y yo hemos estado hablando con un abogado para sacarte de aquí… Bueno, en realidad se trata de Luis Madrigal, el hermano de Cecilia. Nos han ofrecido un acuerdo…

-Siéntate, por favor -insistió Yi Shen, sentándose él mismo en el suelo de cara a las rejas.

Julio optó por hacerle caso. Se sentó en el suelo frente a él.

-¿Cómo están las cosas en Shiaolin? -le preguntó antes de que él pudiera seguir con su explicación.

-Bien… Fui a abrirlo el lunes. Le dije a la gente que no ibas a poder venir por unos días, y luego entre Rodrigo y yo los guiamos en el entrenamiento. Le dejé la llave a Rodrigo para que lo abriera ayer… Como vive tan cerca me dijo que no le importaba hacerlo todos los días. De todas formas, esta tarde me acercaré a ver cómo van las cosas, y entrenar un poco, de paso.

-Te lo agradezco, Julio… Estaba un poco preocupado de que se lo fueran a encontrar cerrado. Pero si pueden ir a entrenar allí, quizás no se desanimen. Por favor, diles que no les cobraré nada mientras no pueda ir personalmente a enseñarles. Pero que no abandonen el entrenamiento, eso es lo más importante.

-Claro, claro, por supuesto… Rodrigo y yo le estamos enseñando las cosas fundamentales a los nuevos. De todas formas, esperamos poder sacarte pronto de aquí. Así podrás volver a darles clase. Precisamente de eso quería hablarte.

Se interrumpió para ver si el Chino estaba ya receptivo a lo que quería decirle.

-¡Ah, sí, lo que empezaste a contarme antes! Perdona que te haya interrumpido.

-Pues eso… Luis estaba haciendo gestiones para sacarte de aquí, cuando de improviso lo llamó un tal Grijalva diciendo que podía ayudarnos a solucionar la situación.

-¡Ah, sí, Tomás Grijalva! Lo conozco. Fue el que me hizo una oferta por el traspaso de Angelique… Está relacionado con don Francisco, ¿no?

-Sí, aunque él se empeña en negarlo. Rehusó contestar cualquier pregunta que estuviera relacionada con don Francisco o con Cecilia. Nos dijo que venía a hablar con nosotros exclusivamente sobre Angelique.

-Seguirá insistiendo en el traspaso, supongo.

-Sí… Es un asunto realmente feo… Insistió en que tuviéramos una reunión con él en persona, pues no quería que quedara ningún testimonio escrito de lo que habláramos. Así que quedamos con él en su despacho, Luis, Laura y yo. Nos vino a decir que tenía suficientes contactos con la policía y los jueces para hacer desaparecer los cargos de proxenetismo contra ti… A cambio quieren el traspaso de Angelique por una cantidad irrisoria de dinero.

-Pero ya les dije a Grijalva y a don Francisco que yo no puedo traspasar Angelique. Johnny es el propietario nominal del negocio. Mi nombre no puede figurar en ningún papel porque no soy residente legal en España.

-Eso no parece importarles. Johnny se ha ido a Nueva York, y si vuelve amenazan con procesarlo por proxenetismo, como a ti. El acuerdo diría simplemente que renuncias a todo derecho sobre el local de Angelique y tu anterior puesto de trabajo.

-¿Y las chicas?

-También quedarían libres sin cargos, a cambio de que sigan trabajando en Angelique como hasta ahora. Para ellos.

-O sea, que me acusan a mí de proxenetismo pero ellos quieren seguir con el negocio de la prostitución.

-Ya te dije que era un asunto muy feo. Por lo visto, tienen sobornados a varios policías para que miren para otro lado. Ya lo hacen con otros burdeles, como Funky Town.

-Pero Funky Town está abierto veinticuatro horas al día, todos los días. ¿Van a obligar a trabajar a las chicas más horas? ¿No van a mantener las mismas condiciones que tenían antes en Angelique?

-Grijalva no nos quiso decir nada al respecto, sólo que negociarían las condiciones por separado con ellas. Por lo visto, piensan que tienen la sartén por el mango, ahora que han conseguido detenerte y tienen a las chicas acusadas de prostitución. Claramente, van a usar eso para extorsionarlas.

El Chino se quedó pensativo, mirando al suelo.

-No puedo consentir que hagan eso, Julio -dijo finalmente-. Lo que quieren es explotar a esas pobres chicas.

-¿Y qué otra solución hay, Yi Shen? Nos tienen entre la espada y la pared.

sábado, 27 de abril de 2019

Para volverte loca 33: el favor de la Leona


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Con la siguiente diapositiva erótica volvió a sentir una descarga eléctrica, pero ésta era de las placenteras, no de las dolorosas. La Leona quería hacer que se excitara. Cecilia la complació, dejándose deslizar a la zona del placer, motivada no tanto por las aburridas diapositivas sino por la situación en la que estaba: las piernas abiertas e inmovilizadas, electrodos en el coño y un instrumento diabólico de adivinar el deseo hundido en la vagina.

-¡Estupendo! ¡Funciona! ¡Es usted una experta, Leonor!

-¿Qué hacemos ahora, doctor?

Pudo oír la sonrisa de satisfacción en la voz de la Leona.

-Manténgala así un rato. Luego le volvemos a aplicar el condicionamiento negativo.

Decidió que sería mejor seguirles la corriente y no volver a imaginarse cosas asquerosas hasta que empezaran otra vez las descargas dolorosas. Pero cuando llegó el momento de volver a disminuir su excitación, las cosas empezaron a torcerse. Los calambres dolorosos no la dejaban concentrarse en las imágenes desagradables que antes le había resultado tan fácil evocar. Se vio atrapada en ese estado en el que el dolor alimentaba al deseo, al tiempo que le negaba todo control sobre sí misma. Era un hábito que se había ido reforzando con cada una de las sesiones de sadomasoquismo que había hecho con Julio, con Laura y con Johnny. Se veía incapaz de romperlo de buenas a primeras.

-¿Ve doctor? Ya estamos como el otro día: le aplico los choques eléctricos y en vez de perder la excitación, hasta parece que le aumenta.

-¡Insólito! Aumente un poco más el voltaje, a ver qué pasa.

La siguiente descarga la hizo chillar.

-¡No, por favor, doctor, pare! -gritó con la mayor sinceridad.

-Vamos bien, Leonor. Continúe, por favor. Es normal que los pacientes se quejen llegados a este punto.

 ¡Pescado podrido! … ¡Una babosa espachurrada! … ¡El delfín muerto que vi un día en la playa! … ¡Arrg! … ¡Malditas descargas! ¡No, no pienses en que estás atada con las piernas abiertas! ¡No pienses que te han puesto cables en el coño!

-Mire la lectura del pletismógrafo, doctor -dijo Leonor con voz preocupada-. Sigue excitada.

-Ya veo… Bueno, a grandes males, grandes remedios.

El doctor se metió entre sus piernas y le arrancó uno de los electrodos. Le quitó el adhesivo y la lengüeta de metal en la que terminaba, dejando el cable al desnudo. Cecilia adivinó de inmediato lo que se proponía.

-¡Doctor, ni se le ocurra! -gritó, debatiéndose inútilmente contra las correas que la inmovilizaban-. ¡Eso no, por favor!

El doctor se apartó un momento, pero fue solo para darle a un interruptor en el aparato del que salían los cables. Luego, sin ningún tipo de advertencia, le aplicó el metal desnudo de la punta del cable directamente al clítoris.

El dolor fue intensísimo, fulgurante como un relámpago. Cada uno de los músculos de su cuerpo se tensó con la agonía. Se oyó soltar un alarido largo y desgarrado.

-¿Ha bajado ahora la excitación? -oyó decir al doctor con el mismo tono con el que preguntaría la hora.

-Sí, ya está bajando -la voz de Leonor sonaba agitada-. Pero no entiendo lo que pretende hacer, no ha unido el estímulo a ninguna diapositiva.

-Además, está usted de por medio -dijo ella casi llorando-. La carne de burro no es transparente.

Todavía temblaba de forma descontrolada. Tenía la nariz llena de mocos y le bajaban lágrimas por las mejillas. Por eso, precisamente, le tenía que demostrar al doctor que no había podido con ella.

El doctor se plantó delante de ella con los brazos en jarras, mirándola como si fuera un bicho raro.

-Es verdad… ¡Qué cabeza la mía! Habrá que repetirlo. Ponga una diapositiva erótica, Leonor.

Oía la respiración agitada de Leonor detrás de ella. No pareció moverse.

El doctor dio dos zancadas hacia el proyector de diapositivas y pasó varias hasta detenerse en una que mostraba una chica joven sentada desnuda en un sillón con las piernas abiertas dobladas sobre los reposabrazos. Otra mujer desnuda se arrodillaba frente a ella con la cara hundida en su coño.

-Perfecta. ¿No te parece, Cecilia? Ahora mírala con atención.

El doctor se colocó a su lado, empuñando el cable con el extremo desnudo. Cecilia giró la cabeza para míralo a él.

¡Voy a asociar ese dolor horrible con tu estúpido careto, hijo de puta!

A él pareció darle igual a dónde miraba. Le asestó una nueva estocada con el cable en el clítoris.

Nada. Sólo, un ligero pinchazo de los cables de cobre.

El doctor se volvió hacia Leonor, quien aún sostenía el enchufe del estimulador en la mano.

-¡Leonor, cómo se atreve!

-¡Pues sí que me atrevo, doctor! ¿Qué se cree, que me voy a quedar aquí cruzada de brazos mientras tortura a esa pobre chica? ¡Porque eso es lo que está haciendo: torturarla!

-¡Váyase! ¡Largo de aquí!

Pero en vez de marcharse, la Leona se puso a desatarle las correas que la ataban a la silla.

-¡Leonor! ¿Qué se cree que está usted haciendo? ¡Vuelva a atar ahora mismo a la paciente, si no quiere que…!

-Si no quiero que… ¿qué? ¿Qué va a hacer, despedirme? ¡Adelante, doctor! Hágalo y mañana leerá un artículo en el periódico describiendo en todo detalle lo que hace aquí.

La Leona acabó de desatarla y encendió las luces. Cecilia intentó ponerse en pie, pero se sintió desfallecer.

El doctor las miraba a las dos, muy pálido.

-Bueno… Quizás tenga usted razón… No se puede llevar el tratamiento a esos extremos. Llévese a la paciente a su cuarto, que descanse. Mañana hablaremos sobre cómo seguir la terapia aversiva.

* * *

Jueves 17 de abril, 1980

Al día siguiente a las diez, cuando Aparicio la condujo de vuelta a la sala de torturas, se encontró en ella sólo a la Leona.

-He tenido una larga conversación con el doctor Jarama -le dijo entrelazando los dedos mientras le dirigía una de sus miradas severas-. Hemos decidido que vamos a mantener el nivel de estimulación eléctrica a una intensidad desagradable, pero tolerable. También le he pedido al doctor que de ahora en adelante se abstenga de participar en las sesiones de terapia. Creo que es humillante que te veas expuesta a ese tratamiento delante de un hombre.

Cecilia asintió lentamente.

-Muchísimas gracias, Leonor. Debo decirle que admiro mucho su integridad y su valentía al enfrentarse ayer al doctor.

-El doctor es buena persona… Es sólo que a veces se deja llevar un poco por su entusiasmo por sus ideas.

-Lo que hace es completamente inhumano e ilegal, y usted lo sabe. Además, la terapia aversiva no sirve para nada. Como comprenderá, no voy a dejar de querer a las personas que quiero, hombres o mujeres, por muchos calambres que me den en el coño. Lo único que me está generando es una profundísima aversión a los médicos, a los enfermeros y a esa maldita religión que les mueve a hacer estas cosas.

-Escúchame bien, Cecilia, me debes una, así que lo menos que puedes hacer a partir de ahora es controlar tu lengua, que la tienes muy larga, ¿me entiendes?

-Sí, claro, Leonor. No quería ofenderla.

-Yo no sé si esta terapia sirve para algo o no, pero tengo que hacer mi trabajo. Tú estate callada y mira a las diapositivas, y así acabaremos lo antes posible. No creo que las descargas eléctricas te molesten demasiado, por lo que he visto.

-Bueno, si no son muy fuertes…

-Venga, desnúdate y siéntate en la silla.

La Leona la amarró, le puso los electrodos y comenzó el pase de diapositivas.

-Se le ha olvidado ponerme el pletismógrafo -dijo Cecilia.

-No hace falta. Me importa un rábano si te excitas o no, eso es cosa tuya.

-¿Pero entonces cómo van a saber si la terapia tiene efecto?

-Eso es cosa del doctor. Que se las apañe él para averiguarlo, que para eso es médico. Yo me limito a cumplir sus instrucciones al pie de la letra… ¡Y tú harías bien en callarte, si sabes lo que te conviene! Te lo he dicho mil veces: tienes la lengua muy larga.

sábado, 20 de abril de 2019

Para volverte loca 32: luchando contra la terapia aversiva

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Miércoles 16 de abril, 1980

Pletismógrafo vaginal
Se despertó de buen humor. Irene no estaba ya a su lado y de nuevo estaba atada a la cama, así que cuando Aparicio vino a despertarlas no pudo sospechar nada de su travesura nocturna.

Miró por la ventana. Volvía a nevar: una fina cellisca que había cubierto con una delgada capa blanca el hielo azulado en que se había transformado la nieve mojada del día anterior. Las chicas ya no estaban entusiasmadas por la nieve. Se dedicaban a hacer las camas hablando entre ellas con voz queda.

Irene se unió a ella frente a la ventana, le rodeó el talle con el brazo y le dio un estrujón, sin decir nada. Parecía fresca como una lechuga, sin señal alguna de haber pasado casi toda la noche en vela. Se ducharon juntas, como de costumbre, y bajaron a desayunar. Luego fueron juntas a la biblioteca, donde estuvieron leyendo hasta que apareció Aparicio para llevarla a una nueva sesión de terapia aversiva.

La condujo a la misma habitación del día anterior, donde le habían dado las descargas eléctricas. Sólo que esta vez la Leona estaba en compañía del doctor Jarama.

Mala señal.

-¡Doctor Jarama, qué honor que haya venido usted a ocuparse personalmente de mi caso! -dijo precipitadamente, para que no notara lo asustada que estaba.

-¡Faltaría más, Cecilia! En mi clínica cada paciente recibe un trato personalizado… Además, me dice Leonor que hubo algunos problemillas en tu sesión, así que creo que se requiere mi presencia.

Era difícil saber si el doctor había notado su sarcasmo o si es que le respondía con un tono igualmente irónico.

-¡Qué va, en absoluto! ¡Ningún problema! Las diapositivas eran de buena calidad, y los choques eléctricos en el coño eran exquisitamente dolorosos.

-Y sin embargo me dice Leonor que el pletismógrafo acusaba una considerable excitación sexual, aun con las descargas más fuertes. Como comprenderás, eso me preocupa. El tratamiento requiere que el dolor te impida mantener tu libido mientras estás viendo las fotos.

-Pues para mí que el pletismógrafo ese no funciona demasiado bien, porque yo lo pasé muy mal… ¡Vamos, que me dolía tanto que ya no veía ni las fotos!

-Ya hemos comprobado el pletismógrafo funciona perfectamente, así que tendrá que ser otra cosa… Pero no te preocupes, que enseguida averiguaré dónde está el problema. Haz el favor de desnudarte de la cintura para abajo y sentarte en el sillón.

Lo miró sorprendida. ¿A un meapilas como el doctor Jarama no le importa verme desnuda?

-¡Por favor, no sientas pudor, Cecilia! Los tratamientos médicos a menudo requieren estas cosas, ya lo sabes.

-¡Oh, no se preocupe! Ya sabe usted que a las chicas como yo no nos importa desnudarnos para lo que sea.

Con eso se bajó los pantalones de golpe. Deshacerse de las enrevesadas bragas le costó un poco más de esfuerzo. Se sentó en el sillón y abrió las piernas de par en par, sin dejar de mirar al doctor para ver su reacción. Él pretendió ocuparse de los cables, pero se le escaparon varias miradas de reojo y pronto Cecilia vio crecer un bulto revelador en la delantera de su pantalón.

La Leona se le acercó y se puso a amarrarle los muslos a los soportes para las piernas con las correas de cuero, sin dejar de mirarla ceñuda.

-Déjate de pamplinas que no está el horno para bollos -le dijo acercando la cara a la suya para que no la oyera del doctor.

-¿Qué me piensa hacer? -le susurró en respuesta.

-No lo sé, pero creo que no te va a gustar nada. Vas a estar bien jodida.

Como para acentuar lo último, le insertó el pletismógrafo en la vagina.

El doctor encendió la consola en la que terminaban los cables que le salían del coño y leyó las cifras con atención.

-Veo que ya tienes un buen nivel de excitación -dijo

-Es que, como comprenderá, la situación en la que me ha puesto no es para menos. ¡Una no es de piedra! A usted mismo parece gustarle, a pesar de su castidad…

-¿Qué quieres decir? -dijo él enrojeciendo visiblemente.

-Que con los hombres no hace falta un pletismógrafo para darse cuenta de ciertas cosas.

La Leona soltó un resoplido. La vio apretar los labios para evitar reírse.

El doctor la encaró, ceñudo y rojo como un clavel.

-¡Habrase visto! ¡En mi vida había visto una mujer tan descarada como tú! -masculló.

-¿Descarada? No, yo simplemente le estoy hablando con franqueza. Intento cooperar, como usted me dijo el otro día. A fin de cuentas, este tratamiento es una cuestión sexual, ¿no? Usted me ha preguntado por qué estaba excitada y yo le he contestado honestamente.

-¡Pues basta ya de contestaciones! ¡Estate calladita o te pongo una mordaza!

-Lo que usted diga, doctor -dijo con voz dócil.

Mejor. Tengo que estar callada para concentrarme y bajar mi excitación en el momento adecuado. Si no, éste me fríe el coño a calambrazos.

-Póngale los electrodos, Leonor.

La Leona le pegó los electrodos a las ingles y comenzó el pase de diapositivas. Cecilia fijó la vista en un punto a la derecha de la pantalla e intentó hacer caso omiso de las imágenes.

Babosas… Gusanos en un perro muerto… Mierda… Un niño con mocos… Una navaja… Luis con su navaja, a punto de clavármela… Fue invocando cada una de esas imágenes en su mente con la mayor claridad posible, sobreponiéndolas a las de las diapositivas, aunque no pudo evitar ver la de una mujer abrazando a otra por detrás, pellizcándole el pezón. A continuación vino una descarga eléctrica bastante desagradable.

-Pues parece que funciona -dijo el doctor-. Ya le está bajando la excitación.

¡Victoria!

-Sí… demasiado rápido, diría yo -apuntó la Leona-. Sólo le hemos dado una descarga.

-Pues, es verdad, ahora que lo dice… Deberíamos dejar que se vuelva a excitar con las diapositivas y luego darle los choques.

La tía de la foto tiene la regla; se acaba de sacar un tampón ensangrentado… Esa otra mujer acaba de vomitar; el olor es repulsivo…

-Sigue sin excitarse -se quejó el doctor al cabo de un rato.

-Es ella. Debe de estar usando algún truco.

-¿Usted cree? ¿Qué truco?

-¡Cualquiera sabe! Es una paciente muy lista, con muchos recursos. ¿Me permite probar una cosa, doctor?

-A ver… adelante.

Lo estoy haciendo mal. Tendría que haberme dejado excitar, luego cortar la excitación cuando empezaran en serio con los calambres. Eso es lo que esperan que ocurra. Ahora están con la mosca detrás de la oreja… ¡A ver por dónde me sale ésta ahora!

miércoles, 17 de abril de 2019

El programa electoral del PSOE incluye un ataque frontal al trabajo sexual y a la libertad sexual

Pensaba que al final no se atreverían, pero han ido incluso más lejos de lo que yo me temía. El programa del PSOE para las próximas elecciones apuesta por el “modelo sueco” de prohibición de la prostitución, a base de perseguir a los clientes. Vuelven a remachar en la vieja mentira de que la prostitución es lo mismo que “la trata”. Pero, claro, cuando se trafican mujeres (y hombres) para esclavizarlos en la industria hotelera o el servicio doméstico, a eso no se lo incluye en el programa electoral. Sólo hay “trata” cuando es por sexo.

Y, por si quedaba alguna duda de quienes son los nuevos puritanos, también arremete contra la pornografía. Para ello se amparan en la consabida “defensa del menor”, como si lo que le hiciera más daño a los niños es que aparezcan parejas follando en las pantallas del ordenador. Si gana el PSOE, nos podemos esperar un ataque a la libertad de expresión sexual en internet como el que está teniendo lugar en el Reino Unido o en los Estados Unidos.

Aquí tenéis el contenido literal del programa del PSOE en estos dos temas.

Abolir la prostitución y erradicar la trata de seres humanos con fines de
explotación sexual
6.16. Trabajaremos para abolir la prostitución y erradicar la trata de seres
humanos con fines de explotación sexual, favorecer la dignidad de las mujeres,
garantizar alternativas y terminar con las redes y las mafias que se lucran con la
esclavitud. Para ello, debemos proteger y asistir a las víctimas, cooperar con los
países de origen y concienciar a la ciudadanía de que es un comercio ilícito y una
forma de esclavitud.
Por ello,
- Continuaremos los trabajos que ya hemos iniciado en estos meses
conducentes a aprobar la ley integral contra la trata de seres humanos
con fines de explotación sexual y contra la prostitución. La prostitución,
de la que nos hemos declarado abolicionistas, es uno de los rostros más
crueles de la feminización de la pobreza, así como una de las peores formas
de violencia contra las mujeres.
- Esta futura ley Integral contra la trata de seres humanos con fines
de explotación sexual, contemplará mecanismos adecuados para la
prevención y persecución de la trata, evitará la publicidad de servicios
de contenido sexual y reforzará los servicios y programas de protección
social y recuperación integral de las personas que han sido explotadas, con
atención específica a menores.
- Aprobaremos en nuestra legislación medidas encaminadas a la abolición
de la prostitución:
• Introduciendo una figura jurídica que permita sancionar penalmente
a quienes contribuyeran o se beneficiaran de la prostitución ajena, lo que
contribuirá a desmantelar la industria de la prostitución.
• Sancionando la demanda y compra de prostitución.
- Impulsar en foros internacionales la persecución de la trata de personas
con fines de explotación sexual.

Pornografía
6.17. Perseguiremos la trata y explotación sexual, especialmente de menores
y los protegeremos de la creación, difusión y exposición de pornografía.
6.18. Impulsaremos una protección reforzada de los menores para evitar
el acceso a la pornografía, sujeta a las medidas más estrictas en línea con la
nueva normativa audiovisual del Parlamento Europeo.

Creo que una persona que defienda la filosofía sexo-positiva no puede votar a este programa. Yo desde luego, no lo haré, y eso que he votado en numerosas ocasiones al PSOE desde la Transición. Claro que, viviendo en el extranjero, lo de votar en España me resulta casi imposible. Ya no son sólo los obstáculos del “voto rogado”, es que ni siquiera he podido conseguir hora en el Consulado General de España de Los Ángeles para que me renueven el pasaporte español. Me he acostumbrado a viajar con mi pasaporte americano. Pero ese es otro tema…

Sólo cabe esperar que el PSOE no consiga sacar los suficientes votos en las elecciones para aprobar estas leyes puritanas y retrógradas. Si necesita del apoyo sustancial de Podemos por la izquierda o Ciudadanos por la derecha, tal vez le hagan desistir. Pero lo cierto es que el panorama político de España esto días es completamente desolador.

En contraste, esto es lo que dice el programa de Unidas Podemos:

136. Ley Integral contra la Trata de Personas. Las víctimas de trata serán consideradas como sujetos de derecho. La ley asegurará la coordinación de todas las Administraciones, prohibirá la deportación o el encierro de víctimas en los CIE y las eximirá de responsabilidad penal si están en situación administrativa irregular. La ley irá acompañada de planes de formación para empleados públicos y, gracias a ella, se crearán mecanismos de atención integral a las víctimas con un enfoque integrador, transcultural y de protección efectiva en el caso de denuncia y más allá del juicio.

Podemos no equipara a la trata con la prostitución, la gran mentira que continúa perpetuando el PSOE. Además, la propuesta de Unidas Podemos es de protección de las personas al 100%, mientras que la del PSOE es 100% represiva. Este punto del programa del PSOE es lo mismo que propugna el Partido Republicado de Trump en Estados Unidos. Incluso se diferencia en poco de la Ley de Vagos y Maleantes del franquismo. 

sábado, 13 de abril de 2019

Para volverte loca 31: masturbaciones

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Cuando terminó de vestirse la Leona la condujo de vuelta a su dormitorio, sujetándola por los hombros.  La verdad es que no se sentía tan débil como el día anterior después de que le dieran el ipecac, pero mejor que la Leona creyera que lo estaba.

-Puedes meterte en la cama a descansar hasta que avisen para el Ángelus -le dijo la Leona cuando la dejó en la habitación.

Cecilia se acercó a la ventana. Había dejado de nevar, ahora llovía torrencialmente. La nieve del jardín, empapada de agua, había adquirido un sucio tono grisáceo. Delante de la puerta principal había dos grandes bolas blancas: los restos del muñeco de nieve que habían querido hacer las chicas. Debieron abandonar su proyecto cuando se puso a llover.

Era un panorama deprimente. Estaban a mediados de abril, en plena primavera. ¿Por qué coño se ponía a nevar ahora? El mundo estaba patas arribas, decididamente. Se alejó de la ventana, abrazándose a sí misma. Tenía frío. Decidió meterse en la cama como le había sugerido la Leona.

Estaba algo cansada, pero no sentía ningún dolor. Se bajó las bragas y se tocó el clítoris tentativamente. Esperaba que le doliera, pero por lo visto todas esas dolorosas descargas eléctricas no habían dejado secuela alguna. Había salido mejor librada de lo que pensaba. Sin embargo, no debía cantar victoria tan pronto; en cuanto el doctor Jarama se enterara de lo que había pasado tomaría medidas. Mejor sería intentar adelantarse a sus planes.

Al menos ahora sabía en qué consistía el tratamiento. ¿Podía utilizar sus conocimientos de física para evitar que las descargas eléctricas le hicieran daño? Si pudiera establecer un cortocircuito entre los electrodos… Consideró varias opciones, pero ninguna le pareció factible. Tendría que resignarse a sufrir el tormento… Y cuando el doctor descubriera que podía soportar el dolor, aumentaría la corriente hasta que se volviera insoportable. El problema era el pletismógrafo, que delataba su excitación por más que ella gritara y fingiera más dolor del que sentía. No había manera de engañar al dichoso aparatito. Pero, si se lo proponía, podía excitarse menos. Podía imaginarse cosas que le produjeran asco y la hicieran sentirse lo menos sexual posible. Babosas. Mierda. Su padre. Su hermano… empuñando una navaja, a punto de clavársela en el coño. Sí, eso desde luego sí que iba a funcionar.

Tampoco estaría mal si pudiera masturbarse, para así sentir menos deseo. Por la noche la ataban, pero ahora… La luz estaba encendida y la cámara espiaba todo lo que hacía. Era cuestión de ser discreta. Aún tenía las bragas bajadas bajo las sábanas. Se metió la mano en la entrepierna y se puso de costado. Si se estaba muy quieta pensarían que estaba dormida. Sería el orgasmo más discreto de su vida. Y uno de los más rápidos; ya estaba empapada. Sonrió.

¡Doctor Jarama, métase usted su terapia aversiva por el culo!

* * *

Esa noche la despertó un súbito movimiento en su cama.

-¡Shhh, no hagas ruido! -dijo la voz de Irene a su oído.

-¿Irene? -acertó a decir entre sueños-. ¿Qué haces aquí?

-No me podía dormir y me sentía muy sola en mi cama… ¿Te importa que me quede un rato contigo?

-No… al contrario.

Irene soltó las correas que inmovilizaban sus muñecas y tobillos. Luego se metió bajo las sábanas junto a ella, empujándola contra los barrotes al otro lado. La cama era tan estrecha que apenas cabían las dos. Se puso de medio lado y la abrazó para estar más cómoda.

-No me gustan las noches… -le susurró Irene al oído-. No tengo nadie con quién hablar y me vienen cosas muy chungas a la cabeza.

Eso la espabiló. Era la primera vez que Irene le hablaba de sus problemas mentales.

-¿No puedes dormir?

-Hay noches que duermo muy poco. Me desvelo y luego no consigo volver a dormirme. Entonces empiezan a salir a la luz todos mis miedos y mis angustias. Perdona que te haya despertado. Es que sentía muy sola, y como el otro día nos pediste que te desatáramos.

-¿Y si viene alguien?

-Pedro ya pasó haciendo su ronda. Seguro que no vuelve, se duerme en todas sus guardias.

-¡Aaah! O sea, que te conoces los hábitos de todos los enfermeros.

-Sobre todo lo que hacen por las noches. A veces, cuando me desvelo, me doy una vuelta por el sanatorio. He descubierto cosas muy interesantes…

Sentir el calorcito del cuerpo de Irene la excitaba.

-¿Oye, te importa si me masturbo?

-No… ¿Por qué me iba a importar?

-No sé… es que es algo un poco íntimo.

-¿A ti te importa? ¿Quieres que te deje sola un rato?

-No, al contrario, me gusta hacerlo contigo al lado -dijo deslizando un dedo en su raja-. Así tiene más morbo.

-Y tú eres morbosilla, ¿verdad?

-¡Uy, no te puedes hacer idea!

-Así que el doctor lleva algo de razón contigo.

-Sí… pero es un morbo sano, que comparto con mi marido… y con Laura, mi amante… mi mujer. Nos lo pasamos muy bien los tres.

-¡Los tres! No, si ya se ve que lo tuyo es de lo más normalito…

-Pues sí, es super-sano… Tendrías que vernos a los tres, como nos queremos.

-Los debes de echar mucho de menos.

-Muchísimo… No me lo recuerdes, a ver si en vez de correrme me voy a echar a llorar…

Irene la miraba con atención. Apreció su nariz delicada, sus labios finos, su mirada calma. En la penumbra su rostro parecía irradiar una luz propia.

-Eres muy guapa, Irene.

-¡Uy! No te me emociones, ¿eh? Que a mí no me van las tías, aunque estén tan buenas como tú. Piensa en otra cosa… en tu marido, o en la Laura esa.

Estaba realmente excitada. Los pezones se le había puesto tan duros que casi le dolían, y tenía el coño completamente encharcado.

-No, con ellos no, que me da pena acordarme de ellos… Pero a ti te tengo aquí al lado… Un día deberías dejar que te coma el coño… Cierras los ojos y te imaginas que soy un tío… Verás lo bien que te lo pasas.

-¿Quieres dejar de decir guarradas?

-¡Me encanta decir guarradas! … Quiero… comerte el coño… y lamerte el culo… Quiero verte cuando te corres… Porque eres muy buena, Irene… ¡Estás… muy… buena!

Con eso llegó a su clímax. Durante unos momentos maravilloso desapareció el doctor Jarama y su absurdo asilo mental, la cama donde la ataban y hasta Irene. Sólo quedó su cuerpo meciéndose al compás de las olas de placer que la iban empujando a una costa soleada, tranquila y feliz.

Al cabo de un rato abrió los ojos y se encontró con los de Irene, contemplándola con una mezcla de asombro y respeto.

-¡Joder! ¿Siempre te duran tanto los orgasmos? ¡Te has tirado casi cinco minutos corriéndote!

-¡Venga, no exageres! -dijo sin aliento.

-¡No exagero nada! ¡Joder, si hasta se te pusieron los ojos en blanco! Pensé que te ibas a poner a gritar. Ya estaba preparada con la almohada, para ponértela encima de la cara… ¡Con eso te lo he dicho todo!

Iba a decirle algo, pero se le cerraban los ojos de sueños.

En algún momento, durante la noche, entreabrió los ojos y vio a Irene, todavía a su lado, mirándola dormir.

sábado, 30 de marzo de 2019

Para volverte loca 30: terapia de conversion con descargas eléctricas

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Martes 15 de abril, 1980

La despertaron los gritos excitados de las chicas, que se agolpaban junto a la ventana.

-¡Está nevando! ¡Qué bonito! -oyó decir a Montse.

-Vamos a hacer un muñeco de nieve -dijo Lucía.

-Sí, pero esta vez uno tal alto como un tío -dijo Maite.

Le encantaba la nieve, pero tuvo que esperarse a que viniera Javier a desatarla para poder mirar por la ventana. Bajo un cielo plomizo, el jardín estaba cubierto de un manto blanco. La nieve seguía cayendo con intensidad en grandes copos que bailaban con el viento, impidiéndole ver más allá de las tapias del sanatorio. La danza de los copos de nieve tenía un efecto hipnótico en ella. Irene la sacó de su trance, metiéndole prisa para que la ayudara a ducharse.

Las chicas salieron a jugar con la nieve en cuanto acabaron el desayuno. Cecilia miró desconsolada a sus zapatillas y a esa especie de pijama amarillo que le habían dado por toda vestimenta. Esa ropa no abrigaba nada y se mojaría enseguida en contacto con la nieve. La idea de pasarse el día con los pies fríos y mojados la disuadió de salir.

Además, enseguida vino la Leona a buscarla para su sesión diaria de terapia aversiva.

La llevó a una habitación al lado de la del día anterior, donde le habían dado el ipecac. Dentro había una pantalla enrollable en su trípode, un proyector de diapositivas y una silla de ginecólogo con estribos. Una tarima junto a la pared sostenía varios aparatos electrónicos de los que salían un batiburrillo de cables.

Le Leona la ordenó desnudarse.

-Lo siento, pero me ha dicho el doctor Jarama que no me quite estas bragas tan monas bajo ningún concepto.

-No te hagas la graciosa conmigo, guapa. El doctor Jarama ha recetado este procedimiento y sabe perfectamente que tienes que estar desnuda para llevarlo a cabo. Así que quítate la ropa… Y date prisa, si no quieres que me siente encima de ti y te ponga en pelotas por las malas.

La perspectiva se le antojó poco apetecible, dada la envergadura del trasero de la Leona y la musculatura que se apreciaba bajo la grasa en sus brazos. Optó por obedecer.

Una vez desnuda, la Leona la amarró a la silla de ginecólogo con correas de cuero. También le ató los muslos a los apoyabrazos para dejarle las piernas bien abiertas y el sexo expuesto. Luego cogió una barrita de plástico unida a un aparato por un cable, la untó de lubricante y se la introdujo sin miramientos en la vagina.

-¿Podría decirme qué es eso, por favor? -le preguntó con mucha educación.

-Un foto-pletismógrafo vaginal.

-¡Aaah! … ¿Y para qué sirve?

-Para saber cuándo te pones cachonda.

-¡Bueno, pues entonces no nos hace falta! Yo me doy cuenta perfectamente cuando me pongo cachonda.

-Sí, pero a mí no me lo ibas a contar -murmuró la Leona mientras desenredaba unos cables de aspecto siniestro.

-Bueno, pero podríamos llegar a un acuerdo. Yo se lo digo si promete no hacerme daño.

-No veo por qué tenemos que llegar a ningún acuerdo, el pletismógrafo funciona de maravilla. Además, el tratamiento consiste en hacerte un poco de daño.

-Eso es lo que me estaba temiendo…

La Leona se le acercó con una maquinilla de afeitar. Le aplicó jabón en el pubis y se puso a rasurárselo.

-¡Qué bien, muchas gracias! Necesitaba afeitarme el coño, me empezaba a picar. Pero claro, aquí no hay manera…

-Deja ya de decir estupideces. Ya verás como dentro de un momento se te va a quitar todo el cachondeo.

No tienes ni puta idea de lo que es el dolor y cómo manejarlo, Leona. Hay que mantener la moral alta y tomárselo todo con sentido del humor. Nadie lo sabe mejor que nosotras las masoquistas. 

Cuando terminó de afeitarla le pegó dos lengüetas de metal a los labios del coño, cada una unida a un cable. Cecilia se pudo imaginar perfectamente lo que la esperaba. Para algo había estudiado física.

-¡Bueno, ya estás lista! Ya podemos empezar el tratamiento.

La Leona apagó las luces y encendió el proyector de diapositivas. La primera era un paisaje de montaña. La segunda, un bebé. La tercera, el Cristo de Velázquez. La cuarta mostraba dos mujeres desnudas besándose y vino acompañada de una descarga eléctrica que le atravesó el clítoris. Sin embargo, el efecto no fue doloroso; más bien lo contrario. Dos diapositivas más adelante sufrió una descarga parecida mientras veía a una mujer penetrar a otra con un dildo. Esta vez no cupo ninguna duda: el estímulo era indudablemente placentero. A su pesar, estaba empezando a excitarse. No tanto por las diapositivas sino porque la postura en la que estaba, atada con la piernas abiertas con un chisme metido en el coño, despertaba su morbo. Además, llevaba varios días sin poder masturbarse.

-Veo que te está gustando… -observó la Leona-. Ya estás a punto de caramelo.

-Sí… ¡Hay que ver lo bien que funciona el pletismógrafo ese! Si no me lo llega a decir, no me hubiera dado cuenta. ¡Si es que la ciencia avanza una barbaridad!

-¡Pero qué graciosa eres! Vamos a ver si la siguiente descarga te parece tan divertida.

Pasaron tres diapositivas inocuas. La siguiente mostraba a una prostituta chupándosela a un cliente, y vino acompañada por una descarga eléctrica decididamente dolorosa. Soltó un grito de sorpresa y se tensó contra las correas que la inmovilizaban.

-Así que tú vas a ser de las gritonas, ¿eh? Menos mal que me he traído los tapones para los oídos.

-Pues póngaselos, por favor, que esto pinta muy mal y no me gustaría dejarla sorda -dijo con voz temblorosa.

Más diapositivas banales: paisajes y cuadros religiosos. Ahora que sabía que la descarga le iba a doler no osaba apartar los ojos de la pantalla para que no la pillara desprevenida. Eso desbarataba sus planes de no mirar las diapositivas. En la pantalla apareció una foto de un tipo dándole azotes a una chica en el culo. Esta vez, el choque eléctrico no le pareció tan desagradable. Decididamente menos doloroso que un buen varazo de los que le daba Julio. Y casi tan morboso. ¿Podría usar su masoquismo para librarse de los efectos del tratamiento? Decidió probar. En vez de luchar contra su excitación, se puso a animarla. Era una pena que las fotos eróticas no fueran de mejor gusto, pero había alguna bastante excitante. Por ejemplo, esta de una prostituta a la que estaban enculando. Volvió a gritar puntualmente con la descarga eléctrica, aunque la verdad era que apenas la molestó. Sin embargo, la Leona no tardó en darse cuenta de que la cosa no marchaba de acuerdo con sus planes.

-¡Qué raro! -gruñó-. El pletismógrafo sigue dando medidas de excitación muy altas. ¡A ver si ahora me vas a resultar dura de roer! Tendremos que aumentar la corriente.

-¡No, por favor! ¡Si lo estoy pasando fatal! ¿No me oye gritar?

-¡Tú lo que tienes es mucho cuento!

El siguiente calambrazo fue de no te menees, y sus gritos y contorsiones tuvieron poco de fingidas. A partir de entonces empezó el verdadero suplicio. Lo peor era la incertidumbre de cuándo iba a sufrir la descarga. Sin embargo, su excitación no disminuía. Tenía el coño chorreando. Cuando el dolor se disipaba se transformaba rápidamente en placer. Sus sentidos estaban agudizados al máximo. Los colores de las diapositivas eran nítidos y brillantes. Oía su respiración entrecortada y también la de la Leona a su lado, el clic del proyector al cambiar de diapositiva, el susurro de los ventiladores de los aparatos. Tenía el cuerpo empapado en sudor. Se encontraba en esa especie de infierno-paraíso de dolor al que la había llevado alguna vez Julio en sus sesiones de sadomasoquismo. La diferencia es que ahora la invadía el miedo porque no podía pedirle a la Leona que parara. No sabía si iba a seguir aumentando el dolor hasta que se hiciera insoportable.

No tengas miedo, oyó decir al Chino dentro de su cabeza. El miedo es como un veneno que hace que todo parezca mucho peor de lo que es en realidad. 

Eso la ayudó. El dolor es dolor es dolor. Y yo soy masoca y sé disfrutar de él.

-No me lo explico -masculló la Leona-. La excitación tendría que haberte bajado ya.

-Yo creo… que el pletismio… pletismógrafo ese… se ha debido de estropear -dijo con voz entrecortada-. Porque yo… desde luego… no estoy para nada excitada. ¡En mi vida lo he pasado tan mal!

-No puedo aumentar más la corriente -dijo la Leona hablando para sí misma-. Tengo miedo de que haya daños irreversibles. Habrá que ver lo que dice el doctor.

Cuando la desató temblaba incontrolablemente y apenas podía mantenerse en pie. La Leona la miraba perpleja. Le sacó el pletismógrafo y lo examinó cuidadosamente, sin duda preguntándose si había dejado de funcionar.

Cecilia se sentó en el borde de la silla de tormento, intentando no caerse mientras metía un pie en esas ridículas bragas descomunales. La Leona la vio y se las subió de un tirón. La  ayudó también a ponerse los pantalones.

domingo, 24 de marzo de 2019

Para volverte loca 29: cooperar con la terapia de conversión

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Irene la encontró tumbada en la cama, intentando recuperarse de esa horrible experiencia. Aparicio le había dado ropa limpia y la había dejado allí.

-Cecilia, ¿qué te han hecho? ¿No bajas a comer?

-¿Comer? ¡No me hables de comida! Me han dado un mejunje horrible para hacerme vomitar. Aún me duran las náuseas, no creo que pueda comer nada.

-Ya… Ha debido ser ipecac.

-¿Ipecac? ¿Qué coño es eso?

-Es el extracto de una planta que se usa para inducir el vómito. También se lo dieron a Bob. Se puso malísimo.

-¡Pues son unos hijos de puta!

-¡Y que lo digas!

-¿Me piensan hacer esto más veces?

-Quién sabe… Tienen otras técnicas, pero no sé yo qué es peor.

-¡Pues si es peor que esto, voy apañada!

En ese momento entraron las tres chicas embrazadas acompañadas por Bob.

-¿Qué pasa? ¿No bajáis a comer? -preguntó Montse.

-Cecilia no puede comer. Le han dado un mejunje como parte de su tratamiento que la ha hecho vomitar y la ha puesto mala -explicó Irene.

-¿Así que a ti también te han dado la mierda del ipecac? -dijo Bob-. Yo estuve dos días en la cama. Por lo visto, no lo debí vomitar todo y me intoxiqué.

-¿Nos obligan a beber un producto sabiendo que es tóxico? -dijo Maite, asustada.

-El doctor Jarama te dirá que no lo es, que se usa en muchos hospitales, pero lo cierto es que si no lo vomitas enseguida puede hacerte mucho daño -explicó Irene.

-¡Joder, me estáis acojonando! Bajad a comer, anda. Dentro de un rato estaré bien. Creo que conseguí vomitar todo el ipecac ese.

* * *

Se debió quedar dormida un rato. Se despertó con la idea aterradora de que iban a darle ipecac todos los días. No iba a poder soportarlo.

Mejor no pensarlo. Ya se encontraba mejor. Decidió ir a la biblioteca a leer un rato. Eso la ayudaría a recuperar la entereza. Sin embargo, cuando estaba a punto de levantarse el doctor Jarama entró en la habitación.

-Hola, Cecilia. ¿Cómo te encuentras? -le dijo el doctor con cara de circunstancias.

-¿Yo? ¡Perfectamente! Muy descansada después de mi siesta.

El doctor se sentó en la cama de al lado, apoyando los codos en las rodillas e inclinándose hacia ella. No lo acompañaba ningún enfermero. Cecilia sopesó la posibilidad de darle una buena sarta de puñetazos por lo que le había hecho. Decidió que eso sólo le traería más problemas. Le daría una excusa al doctor para clasificarla como una loca violenta.

-No me mientas, Cecilia. Sé perfectamente lo penoso que es el tratamiento con ipecac. Si decidí empezar con él fue para hacer comprender que estoy dispuesto a llegar a los extremos que haga falta para curarte de tus perversiones. Claro que si te muestras dispuesta a cooperar podemos seguir un tratamiento mucho más suave.

Cecilia se sentó en la cama con las piernas cruzadas. Los ojos del doctor la escrutaban desde detrás de sus gafas de alambre. Las lentes los hacían parecer más pequeños, pero eso no ocultaba el brillo fanático con que la miraban.

-¿Y en qué consistiría esa cooperación?

-Bueno, deberías empezar por aceptar la gravedad de tu estado. Tu obsesión sexual te ha llevado a cometer numerosos actos perversos y criminales. Hasta que reconozcas eso no podemos empezar un tratamiento verdaderamente eficaz.

-¿Actos criminales? Yo no he cometido ningún acto criminal.

-La prostitución es un crimen, Cecilia.

-Yo no practico la prostitución.

-Cuando te detuvo la policía estabas trabajando en un prostíbulo llamado Angelique. Llevabas trabajando allí varios años.

-De cajera y poniendo copas, no dedicándome a la prostitución.

-No me mientas, Cecilia. Estoy muy bien informado. Tengo pruebas de que te has acostado con varios puteros y que mantienes una relación muy estrecha con los proxenetas de Angelique. Verás, antes de empezar una terapia como la tuya hacemos acopio de información, porque es normal que los pacientes empiecen negando lo que han hecho. Incluso cuando lo reconocen siguen minimizando sus ofensas y omitiendo información importante sobre su caso. Todo eso es de esperar, forma parte de la fase inicial del tratamiento. Por eso, no me voy a creer que quieras cooperar hasta que reconozcas que eres una perversa y estés dispuesta a confesar tus crímenes.

Y hasta que vea que estoy cooperando seguirá dándome esa mierda de ipecac. Y si coopero, ese será el principio del lavado de cerebro. Me pone entre la espada y la pared. Sólo me cabe jugar a su juego e intentar ser más lista que él. Con un poco de suerte conseguiré salir de aquí antes de que la situación se me vuelva imposible. 

-Vale, es verdad que estuve un tiempo acostándome con los clientes, pero ya lo había dejado. Ahora sólo me dedicaba a poner copas y a hacer de cajera en Angelique.

El doctor frunció levemente el ceño.

-Cuando dices que hacías de cajera, ¿eso incluye recoger el dinero que pagaban los clientes por acostarse con las putas?

-Sí, claro…

-Eso es muy grave, Cecilia. ¿No te das cuenta de que se te puede acusar de proxeneta por hacerlo?

Había caído en la trampa. Ahora el doctor podría actuar de testigo si algún día la llevaban a juicio por eso.

-Pero no te desanimes -le dijo el doctor con una leve sonrisa-. Vas por buen camino. ¿Ves? cuando te enfrentas cara a cara con las consecuencias de tus crímenes te vas dando cuenta de lo ventajosa que va a ser la terapia para ti. Es un primer paso importante.

-¿Y cuáles serían los siguientes pasos?

No venía mal saber lo que se esperaba de ella. Quizás podría crear una fantasía que hiciera creer al doctor que la terapia estaba funcionando. Claro que el problema era que podía quedar atrapada en su propia fantasía. Y el doctor siempre tenía el recurso de darle drogas para hacerle confesar la verdad.

-Me gustaría que nos fueras revelando tus pensamientos perversos y tus fantasías sexuales, para que así podamos dirigirlas mejor hacia sus objetivos naturales. Una buena forma de hacerlo es llevando un diario, que yo leería periódicamente. Con tu permiso, yo expondría algunos de tus pensamientos menos lascivos en la asamblea, haciendo hincapié en los progresos que vas haciendo. Así podríamos movilizar un soporte comunitario que te ampare para seguir adelante.

La idea de dejar que el doctor y todos los pacientes del sanatorio se enteraran de sus fantasías sexuales era francamente horrible.

-Pero… Las películas que me puso hoy no tenían nada que ver con la prostitución. Eran para curarme del lesbianismo. Eso no es un crimen. No tiene nada de malo.

-En muchos países lo es, Cecilia. ¡Como tiene que ser! Y claro que tiene mucho de malo. ¿Acaso no has pensado alguna vez en las mujeres a las que has hecho víctima de tus perversiones?

¿Víctimas? ¿Laura y Malena son mis víctimas?

-¿Por qué iban a ser mis víctimas? Ellas sabían muy bien lo que hacían, lo eligieron libremente. Por el mismo razonamiento, yo podría ser víctima de ellas.

-Por supuesto, la victimización va en las dos direcciones ya que os estáis usando mutuamente para satisfacer vuestras perversiones. No os tratáis como personas sino como objetos de deseo. Volvemos a lo que te decía antes, Cecilia: sigues negando tus perversiones. Intentas justificarlas de cualquier manera. Mientras no dejes de hacerlo, no podremos avanzar en tu tratamiento.

El único remedio es seguirle la corriente. Si no, éste me vuelve a dar el ipecac mañana.

-Ya veo: tengo que reconocer que soy una lesbiana perversa y cooperar con usted para que dejen de gustarme las mujeres.

-¡Muy bien, Cecilia! Veo que hemos hecho un poquito de progreso. Claro que ya sé que no estás convencida de verdad de lo que dices, pero todo se andará.

-¿Y no sería mejor poner mi tratamiento en manos de un psicólogo?

-Yo soy psiquiatra y tengo los conocimientos necesarios para completar tu terapia con éxito. Los psicólogos te tumban en su diván y te hacen hablar y hablar, durante años, y nunca llegan a nada. Además, una mujer de tu inteligencia es capaz de manipular al mejor de los psicólogos, hacerle creer que el tratamiento funciona cuando en realidad no quieres hacer ningún progreso. Yo prefiero ir al meollo del problema, a los actos reflejos que están en la base de los deseos y de las perversiones. Es algo mucho más rápido y eficaz.

-¿Y cuánto tiempo suele durar su tratamiento?

-Eso depende de ti, Cecilia. He conseguido curar pacientes que cooperan completamente en seis meses. Pero si te empeñas en ofrecer resistencia esto nos puede llevar un año, tal vez más.

-¡Pero yo no puedo permitirme estar aquí tanto tiempo! Tengo una beca para hacer la tesis doctoral. Me la quitarán si no aparezco por el laboratorio durante meses.

-Nunca ibas a conseguir acabar la tesis con tus perversiones, Cecilia. Tienes que enfrentarte a esa realidad. Estabas en una espiral de autodestrucción en la que el sexo ya no te iba a ser suficiente. El siguiente paso son las drogas. Muy pronto dejarías de rendir en tus estudios y acabarías por perder esa beca que tanto aprecias. Tu única salida es completar tu tratamiento y luego intentar regenerar tu vida como puedas. Incluso cuando salgas de aquí tendremos que crear un plan de prevención de la reincidencia, purgar cuidadosamente de tu vida todas las situaciones de tentación. En mi experiencia, lo más eficaz es irte a vivir a otra ciudad donde puedas crear un círculo social más sano… ¡Pero bueno, todavía es muy pronto para hablar de eso!

La perspectiva no podía ser más horrorosa. Pasarse un año en ese sitio mientras le lavaban lentamente el cerebro. Perder la oportunidad de hacer la tesis doctoral. No volver a ver a Julio, ni a Laura, ni a Lorenzo, ni a Malena. Era mejor morirse.

-¡Venga, venga, no te deprimas! -dijo el doctor al ver su expresión-. Ya verás como todo va a salir bien. Por lo pronto, ya no te vamos a dar más ipecac. Mañana Leonor te aplicará un tratamiento más suave. Vete pensando en las cosas que te he dicho. Espero que pronto te decidas a cooperar.