jueves, 24 de noviembre de 2016

La violencia contra la mujer es un problema de los hombres

Las víctimas de la violación, abuso sexual y violencia en la pareja son mayoritariamente mujeres. Los agresores son mayoritariamente hombres. ¿Por qué digo, entonces, que la violencia contra la mujer es un problema de los hombres?

Porque la solución de este problema require la participación activa de los hombres. La triste realidad es que muchas personas justifican la violencia de género, como lo revela esta encuesta en países europeos. Aún cuando no la justifican, muchos hombres toman una actitud pasiva ante el problema, pensando que es un problema que concierne sólo a las mujeres y que deben solucionar las mujeres. Nada más lejos de la verdad. Una reciente iniciativa en universidades americanas reveló que cuando los estudiantes masculinos son educados en formas de combatir la violencia de género, los abusos sexuales en los campus disminuyen considerablemente. Los hombres pueden contribuir de gran manera a disminuir estos crímenes si dejan de tolerar que su amigos usen lenguaje machista o que disculpa la agresión sexual. También podemos intervenir directamente si somos testigos de una agresión sexual, o indirectamente si oímos hablar de ella.

Porque, aunque las víctimas directas sean las mujeres, los hombres también sufrimos indirectamente a consecuencia de estos crímenes. Las víctimas de la violencia de género son nuestras esposas, nuestras novias, nuestras hijas, nuestras madres, nuestras amigas, nuestras compañeras de trabajo. Cuando una mujer es víctima de una agresión, eso repercute en nuestro entorno inmediato. Nadie puede ser feliz cuando se maltrata a las personas que más quiere.

Porque una cultura sexo-positiva no es posible mientras siga habiendo violencia sexual. Muchas veces he tenido la triste experiencia de hacer el amor con una mujer que sufrió abuso sexual. En realidad, la mayor parte de las veces que he tenido relaciones sexuales en mi vida, ha sido así. Entonces me doy cuenta de que esa agresión sexual también ha sido contra mí, afecta a mi propia vida sexual. Porque no es fácil hacer el amor con una mujer que al hacerlo tiene que luchar continuamente con los traumas de su pasado. De hecho, la cultura sexo-positiva, sea LGTB, sea BDSM, sea de poliamor, ha estado siempre en la vanguardia de las relaciones sexuales consensuales, seguras y no-violentas.

Porque la violencia contra las mujeres es una afronta nuestros valores éticos más básicos. En los párrafos anteriores he tomado a propósito una perspectiva egoísta, para mostrar que aún desde la actitud más cínica es tremendamente urgente que los hombres luchemos contra la violencia de género. Pero, por supuesto, no somos ni tan cínicos ni tan egoístas. Todos queremos vivir en un mundo más justo, con menos violencia, donde la gente sufra menos y sea más feliz. Esa es la principal razón por la que los hombres debemos luchar contra la violencia de género.

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