sábado, 19 de noviembre de 2016

Ecuanimidad

La ecuanimidad es algo a lo que siempre aspiro. Significa no dejar que los acontecimientos externos influencien nuestro estado de ánimo. Desarrollar un centro de gravedad interior que nos permita ser nosotros mismos, hacer lo que hemos decidido hacer sin dejar que nos vapulee el caos de nuestro entorno. Accidentes inevitables. Personas que se cruzan con nosotros presas de sus propias emociones destructivas que intentan contagiarnos. Resultados decepcionantes a pesar del trabajo que pusimos en que las cosas salgan bien. Si dejamos que todo eso nos afecte nos volvemos ineficaces, perdemos la paz interior y no podemos ser felices. La ecuanimidad consiste en cultivar la calma, la paciencia y el desapego. No es lo mismo que la indiferencia. No significa no tener compasión. Debemos ser conscientes del sufrimiento de los que nos rodean, pero sólo podemos trabajar por eliminarlo desde un estado de fortaleza interior. No hay que perseguir emociones desmesuradas, aunque sean positivas. Una alegría muy grande, un amor muy intenso, usan nuestra energía y acaban por evaporarse. Por el contrario, un sentimiento de calmo bienestar, la amabilidad amorosa ("loving kindness") que predica el budismo, pueden acompañarnos durante mucho tiempo y hacer que nuestra vida dé sus frutos.

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