lunes, 31 de agosto de 2015

No, no me he olvidado del blog...

Una foto de mis vacaciones: puesta de sol en un puerto de Córcega
¡Cielos! Se termina agosto y no he escrito nada este mes. Ni tampoco en julio. No, no he abandonado el blog, pensaba seguir escribiendo al menos uno o dos artículos al mes, como siempre... Pero bueno, ya sabéis lo que pasa en verano: nos vamos de vacaciones, salimos al monte o a la playa los fines de semana, estamos más vagos... Le pasa a todos los blogeros, ¿no?

Bueno, todas esas razones cuentan pero debo ser sincero, hay una de más peso, algo que me ha tenido apartado del blog y de mis novelas desde el principio de verano. Una razón de mucho peso...

Me he enamorado.

Suena un poco raro, ¿verdad? El enamorarse es algo propio de la juventud, no algo que se espera de un hombre 58 años... ¡Y encima casado! Os preguntaréis si me he separado de mi mujer, si hemos iniciado ya los trámites del divorcio... Pues no, no hay nada de eso. De hecho, mi querida esposa acaba de llegar de su cita con mi amante. Por lo que me cuenta, salió bien. No es que se hayan hecho amigas, de momento, pero no ha habido celos ni se han agarrado de los pelos.

Son cosas del poliamor.

Veréis, cuando escribo aquí sobre poliamor no lo hago desde un punto de vista exclusivamente teórico. El poliamor es mi estilo de vida, mío y de mi mujer. No es que las cosas vayan siempre como la seda. Cuando conocí a mi nueva amante, en junio, el enamoramiento mutuo fue tan fuerte que a mi esposa se le descabalaron un poco las cosas. Es que el enamorarse tiene bastante de locura, y siempre es desconcertante ver a la persona que tienes más cerca perder un poco los cabales. Pero con mucha comunicación y mucho amor (que no es lo mismo que el enamoramiento, por cierto), todo se puede encauzar y las relaciones salen reforzadas.

Sin duda os estaréis preguntando quien es esta mujer capaz de llevarme a esta loca aventura. Lo siento pero no os puedo dar detalles de ella, ya que le importa mucho su privacidad. No os puedo decir lo guapa que es, hablaros de su fortaleza y de su inteligencia. Por muchas ganas que me entren.

Lo que sí puedo deciros es que me considero muy afortunado de poder enamorarme, de comprobar que las aventuras románticas y sexuales no se han acabado todavía para mí. Y me siento doblemente afortunado de tener una compañera de toda la vida a mi lado a quien le puedo contar lo que siento sin inspirarle celos, sino alegría y complicidad en poder compartir mi aventura conmigo. Como yo comparto sus aventuras.

El poliamor es algo verdaderamente maravilloso.


2 comentarios:

  1. interesante entrada, me encanta por su sinceridad y lo abiertamente que hablas de un tema del que poco se sabe yo creo. Tengo una curiosidad, ¿cuando conociste a tu mujer los dos ya practicabais el poliamor, o uno introdujo al otro en este mundo?

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  2. Gracias, Alba. Cuando conocí a mi mujer, en los 80, todavía no se había inventado la palabra poliamor, pero enseguida nos planteamos tener una relación abierta. Yo siempre fui un poco por delante, la verdad, pero ella aceptó la situación y empezó también a tener sus aventuras. Durante muchos años tuvimos una relación abierta con la regla de "no enamorarse". Luego, hace unos años, oí hablar del poliamor y hablé con mi mujer de establecer relaciones de ese tipo.

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