domingo, 13 de octubre de 2013

El arte del “caning”

Perdonad el anglicismo, pero hay palabras en inglés que son imposibles de traducir de forma exacta al castellano. El “caning” es una de las prácticas más apreciadas por los conocedores del sadomasoquismo. Provoca un dolor particularmente erótico y se practica con un ritual con connotaciones muy severas y disciplinarias, que proviene de los antiguos colegios británicos. En realidad, el “caning”  es muy antiguo. Fue incluso experimentado por Donatién, Marqués de Sade, durante su educación en un colegio de París, y luego adoptado para su placer personal. Hoy en día aún se usa en los sistema legales de Singapur, Malasia y otros países donde aún se practica el castigo corporal y la tortura.
"Canes" de distintas formas y tamaños. La inferior de color negro es de fibra de vidrio, las otras son de ratán.

El “caning” consiste en golpear el culo con un vara especial llamada “cane”. Tradicionalmente, esas varas son de ratán, una madera muy elástica, parecida al mimbre pero más dura. Hoy en día también se hacen de plásticos como la fibra de vidrio, de aluminio y otros materiales, pero ninguno ha llegado a superar al ratán, que tiene la flexibilidad y la densidad justa. El grosor de la vara varía desde unos pocos milímetros hasta casi un centímetro, y su longitud desde medio metro hasta casi un metro. Curiosamente, las varas más finas suelen provocar más dolor que las más gruesas, pues concentran la energía del golpe sobre una superficie menor de piel. Claro que en los castigos judiciales que mencionaba antes se emplean varas muy gruesas que provocan efectos muy distintos a los que discutimos aquí: pueden ser enormemente dolorosos, hacer sangre y hasta dejar marcas permanentes.

La idea de sufrir un “caning” suele aterrorizar a las novatas. En “50 Sombras de Grey”, Anastasia Steely contempla varias de estas varas en el “Cuarto Rojo” y decide que jamás se someterá a un castigo tan cruel. Una vez más, E. L. James nos muestra su perfecto desconocimiento del sadomasoquismo, pues de hecho el “caning” se suele considerar una práctica más bien placentera y erótica. Dentro del BDSM, una sesión de “caning” puede variar desde algo sumamente agradable hasta un castigo severo, dependiendo de la fuerza con que se administre, el número de golpes y la capacidad de la masoquista de asimilar el dolor. Se todas formas, normalmente se utiliza como juego sadomasoquista de gran intensidad, pero disfrutado por el que lo recibe.

El “caning” es un verdadero arte que requiere un cierto conocimiento, habilidad y creatividad por parte del que lo administra. El “cane” no es un palo con el que se golpea el culo sin más, sino un instrumento que debe emplearse tomando ventaja de su gran flexibilidad. Esto requiere un giro rápido de la muñeca perfectamente coordinado con el movimiento más lento del brazo, con lo que se consigue que la vara alcance la piel a gran velocidad. La gran flexibilidad del ratán puede comprobarse cimbreando la vara el aire hasta oírla zumbar, un sonido que provoca expresiones de terror en más de una sumisa. El dolor que provoca el golpe de la vara es muy especial, distinto al de los azotes con la mano, la pala y otros instrumentos. Se siente como un afilado corte en la piel acompañado de un dolor muscular más sordo bajo la zona de impacto. El dolor puede ser intenso al principio, pero pronto declina hasta convertirse en una sensación de calor. La vara deja unas marcas muy características en la piel: dos estrías rojas perfectamente paralelas separadas por una banda blanca en el centro del golpe. Cuando el “caning” se administra en su forma más ritual, estas marcas cruzan el trasero de forma perfectamente horizontal, paralelas unas a otras, formando una serie de bandas desde lo alto de las nalgas hasta los muslos. Dependiendo de la severidad del “caning” y de la calidad de la piel del quien los recibe, estas marcas durarán desde menos de una hora hasta más de un día. Suelen ser muy apreciadas tanto por el dominante como por la sumisa, que las mostrarán con orgullo a quien sepan valorarlas.

Un buen caning se caracteriza por marcas paralelas y bien espaciadas 
El ritual es una parte muy importante del “caning”. Los golpes se suelen dar en múltiplos de seis. El administrador y la golpeada acuerdan de antemano cuántos golpes van a ser, quién efectuará el recuento y si el número se dirá antes o después del golpe. Lo más sencillo es que el administrador diga el número del golpe después de haberlo dado. También puede cantar el número justo antes del golpe, provocando anticipación en la que lo recibe. Si, por el contrario es la sumisa quien debe contar el golpe, deberá hacerlo mientras se debate de dolor, lo que añade una pizca de humillación al castigo. Una modalidad que se puede usar con las principiantes es hacer que pidan el golpe dando el número cuando estén preparadas para recibirlo. Con esto se les da el poder de espaciar los golpes a su gusto, con la contrapartida de tener que invocar su propio dolor.

La postura idónea para recibir los varazos es de pie con el torso doblado sobre una mesa o un pupitre, las manos y a veces la frente apoyados sobre su superficie, las piernas juntas y derechas. El culo se desnuda subiendo la falda y bajando las bragas hasta la mitad de los muslos. A la castigada se le advierte claramente que si abandona esa postura después de un golpe, este no se contará, con lo que recibirá un varazo adicional. El estar de pie permite mover la vara de forma horizontal, con lo que es más fácil de controlar. A veces se hace que la castigada adopte la postura un cierto tiempo antes del castigo, haciéndola sufrir la anticipación del mismo, o se la obliga a mantenerla cuando se ha finalizado, privándola del alivio de frotarse las nalgas y exponiendo las marcas de su trasero a todo el que quiera verlas.

Aparte de este ritual clásico, se puede usar la vara de formas más placenteras. Una técnica muy apreciada consiste en imprimir a la vara un movimiento oscilatorio muy rápido y continuo mientras se la aproxima al trasero desnudo. Los golpes son muy rápidos, pero superficiales y de baja energía, con lo que la piel recibe un masaje continuo que la calienta y enrojece. El experto en el manejo de la vara sabrá variar la fuerza de los golpes, modulándola desde una agradable vibración hasta una dolorosa azotaina. Con técnicas similares, estas varas pueden usarse como instrumentos de masaje en otras zonas del cuerpo, sobre todo en los trapecios de los hombros, los laterales de la columna vertebral, las pantorrillas y las plantas de los pies.  

Otro ejemplo de las dobles marcas paralelas que deja la vara
En resumidas cuentas, el “caning” es una técnica muy recomendable para todos aquellos aficionados a los juegos sadomasoquistas. Es muy erótica, tanto si se usa para el placer como para el castigo. Como sucede con muchas prácticas BDSM, tiene su contrapartida en formas de tortura y castigos corporales muy crueles que desgraciadamente se usan todavía en muchos países. Su uso dentro del BDSM no debe entenderse nunca como el condonar estas prácticas inhumanas.

6 comentarios:

  1. ufff que miedo. Si algo me produce panico, si he dicho que NO a algo sin discusion de ninguna clase sin ser negociable es a esto.
    El Dolor que me produjo fue agudo y penetrrante que viajaba en ondas por toda mi carne hasta acabar sintiendolo en los huesos del craneo en los dientes en la punta de los delso ... que dije Basta, rojo, escarlta y magenta todo junto y despues me jure que JAMAS me volverian hacer nada parecido y asi ha sido.

    ResponderEliminar
  2. Me parece que el top que te dio ese caning no tenía mucha idea de como negociar una sesión. Tenía que haberse enterado de la cnatidad de dolor (o no dolor) que te resultaba adecuada en ese momento. Desgraciadamente, como suele pasar a menudo, un mal top te arruinó esa experiencia para siempre.

    El caning, bien hecho, puede ir desde dolor cero (yo lo hago como masage) a un dolor intenso. Todo depende de lo que se negocia para esa sesión.

    ResponderEliminar
  3. Una sesión de caning es muy erótica y muy excitante, también disciplinante, exigente, no puede practicarlo cualquiera. No creo que aficionarse o no a esta práctica sólo dependa del administrador, hay personas con umbrales de dolor muy alto ( y experimentan placer con él) y hay otras con umbrales de dolor muy bajos y entiendo que les resulte desagradable y muy doloroso. Desgraciadamente aunque lo encuentren morboso o atractivo, su capacidad de sacrificio, su tolerancia al dolor o su capacidad de entrega hacen que no sea una práctica para ellos. Yo soy un ejemplo de la típica novata que había fantaseado y me producía mucho morbo y también mucho temor. Entonces, al principio, ni me planteaba que incluyera el consentimiento para ser disciplinada con rigor, ni que tuviera que ser obediente y demás protocolos o juegos que rodean el caning y que a veces trascienden del " juego sexual". Son experiencias de entrega sexual a través del sometimiento a la caña que es muy disciplinante y claro que se teme, se teme su sola visión y su siseo en el aire antes de impactar en la piel es indescriptible. Obviamente se requiere, primero que te atraiga o te de morbo esa práctica, segundo que la toleres bien en los aspectos que he mencionado y tercero que el administrador sea experimentado. Entonces todo va bien y a medida que sigues adelante, sigue siendo aún mejor porque el caning se puede acompañar de otras técnicas como la inmovilización, la privación sensorial, el castigo o caning de senos, el bondage, juego de bolas, vibradores, plugs, etc. Es una foma de sexo genial. No diría que es una contrapartida, pero en ocasiones y me incluyo en ellas, no eres capaz de tener sexo a la manera tradicional, menos si tienes un compañero estable ( mas o menos, ya se saben estás cosas cada cual las lleva a su manera). En resumen si hay curiosidad, por lo menos hay que probarlo.

    ResponderEliminar
  4. Un Top experimentado de verdad en el arte del caning sabe usarlo con la fuerza justa para su Bottom. De hecho, una de las ventajas del caning es que permite ajustar la fuerza de los golpes mejor que otros implementos. Hay que saber, por supuesto. Sí, es verdad que esas varas dan miedo al principio, pero yo y mucha otra gente nos aficionamos rápidamente a ellas, tanto a dar como recibir golpes. Producen un dolor muy erótico, conozco casos de mujeres que hasta han tenido orgasmos con ello.

    Muchas gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  5. Lo siento, pero he tenido que eliminar las dos fotos de este artículo que mostraban las marcas que el caning deja en el trasero, debida a la nueva censura de fotos eróticas por parte de Google.

    ResponderEliminar
  6. He vuelto a poner las fotos, ya que Google ha cambiado su normativa. Menos mal, porque son de lo más erótico.

    ResponderEliminar